El Salvador-Honduras: El camino de la reivindicación ciudadana
Por Guillermo Mejía
En El Salvador se cumplen dos años del arribo de la izquierda al gobierno por primera vez en la historia contemporánea, mientras en Honduras se concluye que con el regreso del ex presidente Manuel Zelaya Rosales, tras el golpe de Estado del 28 de junio de 2009, y el reintegro de esa nación a la OEA se posibilita el fortalecimiento de opciones políticas ciudadanas.
El Presidente Mauricio Funes publicitó ante la sociedad que, como nunca antes en la vida republicana salvadoreña, se ha priorizado en la agenda social a partir de la asistencia a los más pobres mediante entrega de estipendios, útiles escolares, uniformes, asistencia en salud, entre otras medidas, que han venido a paliar la crisis económica.
Sin embargo, los sondeos de opinión pública establecen que los salvadoreños resienten esa crisis económica, que tiene raíces estructurales y se profundizó por la crisis financiera internacional, además de la inseguridad ciudadana que arrastra al menos 10 muertes violentas diarias en una danza macabra que, por cierto, tampoco se puede decir que es de dos años para acá.
Dimes y diretes han ocupado la plataforma mediática en el marco del segundo aniversario del autodenominado “gobierno del cambio” que, sin que uno se pase de vivo, vale la pena que desde una postura autocrítica el gobierno como el partido oficial Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN), asuman los errores cometidos así como las deudas frente a la nación.
Eso sí, es tiempo que la sociedad salvadoreña reivindique su condición ciudadana y haga efectiva su demanda por lo que justamente le corresponde frente a los que ejercen el poder y de cara a las elites empresariales que se niegan a poner la cuota que les corresponde, para afianzar un Estado social de derecho cuyo centro de acción tiene que ser ese sujeto social.
Las resoluciones emanadas de la Sala de lo Constitucional de la Corte Suprema de Justicia referidas a ámbitos como partidos políticos, elecciones, libertad de expresión, entre otras, tienen que reconocerse como coadyuvante de primer orden a las luchas reivindicativas ciudadanas, a la par de las posturas críticas y propositivas de amplios sectores de la sociedad civil.
Por otro lado, es de destacar el retorno del ex presidente hondureño Manuel Zelaya Rosales, el “comandante vaquero”, tras casi dos años de exilio después que fue sacado en pijamas por la elite empresarial y los militares en una acción repudiada a nivel mundial y bochornosamente conocida como el “golpe de Estado del Siglo XXI”, que se creía impensable en nuestra región.
Ahora, con su reintegro como parte del Acuerdo de Cartagena, es de estar vigilantes en cuanto al compromiso adquirido por el gobierno de Porfirio Lobo frente a Zelaya Rosales y como testigos los presidentes de Venezuela, Hugo Chávez Frías, y de Colombia, Juan Manuel Santos, y el hecho de que Honduras regresa a la OEA de donde fue expulsada luego del golpe militar.
El acuerdo establece la vigilancia al respeto a los derechos humanos que han sido violentados sistemáticamente con el asesinato y la persecución de la oposición contra el golpe, la prensa crítica, y diversos sectores sociales y políticos que se han agrupado en torno al Frente Nacional de Resistencia Popular (FNRP).
El quid del asunto es que ahora el Frente Nacional de Resistencia Popular puede decidirse por convertirse en partido político y participar en las próximas elecciones, situación que tiene que ser repensada de cara a los riesgos de que un frente amplio asuma esa opción que podría encorsetar al movimiento que es expresión de la oposición de izquierda, intelectual y gremial.
Como bien señalan los críticos del Acuerdo de Cartagena, una de las deudas que quedan es la impunidad de los responsables intelectuales y materiales del golpe de Estado, entre ellos el ex gobernante de facto Roberto Micheletti, que aún amenaza con que están listos para actuar si consideran que con Zelaya Rosales de regreso se sienten amenazados.
También en el caso de Honduras hay que valorar los retos que a partir de la nueva coyuntura política la sociedad y el Frente Nacional de Resistencia Popular, como instrumento legítimo de lucha, asumen de cara a la construcción de ciudadanía en los diversos campos, entre ellos la reforma constitucional a fin de que se abra el camino a la democracia participativa.
Un encuentro de comunicación e información desde la perspectiva de un periodista centroamericano.
lunes, mayo 30, 2011
martes, mayo 24, 2011
De sabotaje y pérdida de tiempo
Por Guillermo Mejía
El presidente Mauricio Funes y el titular de la Administración Nacional de Acueductos y Alcantarillados (ANDA), Marco Antonio Fortín, calificaron como sabotaje el corte de la cañería madre que de la zona norte transporta agua potable hacia el Gran San Salvador. El gobierno pronto cumplirá dos años de ejercicio y, por eso, los señalamientos son graves.
El uno de junio entrante, el primer gobierno de izquierda –aunque al partido oficial no le gusta el nombre- tendrá otro aniversario con los respectivos señalamientos de que ha impulsado el cambio, tan complejo a partir de los veinte años de administraciones areneras, mientras la oposición asegura que son un fracaso.
De comprobarse la existencia de un sabotaje a la red de agua potable resultaría un hecho político lamentable, son cantidades de familias que han sufrido por casi una semana y sin deber nada. La derecha salió al paso de las denuncias cuando el ex presidente Alfredo Cristiani dijo con ironía: “Al rato no va a llover y va a decir (Funes) que Arena está saboteando a San Pedro (…)”.
El choque entre el gobierno y los areneros persiste, algo lógico, pero también una pérdida de tiempo sagrado, ya que la sociedad salvadoreña no encuentra el rumbo. El crimen organizado y el narcotráfico se hacen los bigotes, a la par de la inseguridad manifiesta con la existencia de la impunidad de las pandillas y los crímenes a la orden del día.
De hecho, el anuncio de un sacrificio fiscal por parte de los grandes empresarios no ha caído en suelo fértil. La verdad es que las elites empresariales no quieren poner su cuota de sacrificio, porque –como ellos mismos dicen- se la desquitarán con los consumidores. Vaya país que tenemos.
Los entendimientos sociales, económicos y políticos, aunque sean mínimos, se ve que no son posibles, pues cada quien jala por su lado. El legado de los Acuerdos de Paz, firmados en enero de 1992, cayó en saco roto desperdiciándose una oportunidad para un cambio social y crear un nuevo Estado, más orientado al bienestar.
El soñado cambio que prometió Funes y su partido todavía arrastra deudas, porque somos una nación periférica cuyas elites empresariales nunca entendieron su necesaria función social, además de los errores de la presente administración en cuestiones claves como, por ejemplo, la política sobre los combustibles.
El gobierno de turno enfatizó desde su inicio que los sectores privilegiados serían los marginados, en especial los de las comunidades que subsisten en la pobreza extrema; sin embargo, con eso demostró que no hizo mayor cambio a la política neo liberal traída por los gobiernos precedentes, sino que se puso a administrar un modelo fracasado y excluyente.
De ahí la cantaleta del partido oficial Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) de que para otra ocasión serán originales con su propuesta de gobierno y que alguien de hueso duro será quien dirija el Ejecutivo. Por tanto, la gente tiene que seguir esperando el cambio en medio de los golpes de la crisis.
El dicho popular es que “el tiempo perdido hasta los santos lo lloran”, más si, como es nuestro caso, no hay sentimientos de solidaridad en esta sociedad maltrecha que sigue exportando a su gente, a la vez que mantiene en claro abandono la productividad. El colmo es que ahora hasta los frijoles hay que acarrearlos desde China Continental y Etiopía. Siga esperando, compadre.
Por Guillermo Mejía
El presidente Mauricio Funes y el titular de la Administración Nacional de Acueductos y Alcantarillados (ANDA), Marco Antonio Fortín, calificaron como sabotaje el corte de la cañería madre que de la zona norte transporta agua potable hacia el Gran San Salvador. El gobierno pronto cumplirá dos años de ejercicio y, por eso, los señalamientos son graves.
El uno de junio entrante, el primer gobierno de izquierda –aunque al partido oficial no le gusta el nombre- tendrá otro aniversario con los respectivos señalamientos de que ha impulsado el cambio, tan complejo a partir de los veinte años de administraciones areneras, mientras la oposición asegura que son un fracaso.
De comprobarse la existencia de un sabotaje a la red de agua potable resultaría un hecho político lamentable, son cantidades de familias que han sufrido por casi una semana y sin deber nada. La derecha salió al paso de las denuncias cuando el ex presidente Alfredo Cristiani dijo con ironía: “Al rato no va a llover y va a decir (Funes) que Arena está saboteando a San Pedro (…)”.
El choque entre el gobierno y los areneros persiste, algo lógico, pero también una pérdida de tiempo sagrado, ya que la sociedad salvadoreña no encuentra el rumbo. El crimen organizado y el narcotráfico se hacen los bigotes, a la par de la inseguridad manifiesta con la existencia de la impunidad de las pandillas y los crímenes a la orden del día.
De hecho, el anuncio de un sacrificio fiscal por parte de los grandes empresarios no ha caído en suelo fértil. La verdad es que las elites empresariales no quieren poner su cuota de sacrificio, porque –como ellos mismos dicen- se la desquitarán con los consumidores. Vaya país que tenemos.
Los entendimientos sociales, económicos y políticos, aunque sean mínimos, se ve que no son posibles, pues cada quien jala por su lado. El legado de los Acuerdos de Paz, firmados en enero de 1992, cayó en saco roto desperdiciándose una oportunidad para un cambio social y crear un nuevo Estado, más orientado al bienestar.
El soñado cambio que prometió Funes y su partido todavía arrastra deudas, porque somos una nación periférica cuyas elites empresariales nunca entendieron su necesaria función social, además de los errores de la presente administración en cuestiones claves como, por ejemplo, la política sobre los combustibles.
El gobierno de turno enfatizó desde su inicio que los sectores privilegiados serían los marginados, en especial los de las comunidades que subsisten en la pobreza extrema; sin embargo, con eso demostró que no hizo mayor cambio a la política neo liberal traída por los gobiernos precedentes, sino que se puso a administrar un modelo fracasado y excluyente.
De ahí la cantaleta del partido oficial Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) de que para otra ocasión serán originales con su propuesta de gobierno y que alguien de hueso duro será quien dirija el Ejecutivo. Por tanto, la gente tiene que seguir esperando el cambio en medio de los golpes de la crisis.
El dicho popular es que “el tiempo perdido hasta los santos lo lloran”, más si, como es nuestro caso, no hay sentimientos de solidaridad en esta sociedad maltrecha que sigue exportando a su gente, a la vez que mantiene en claro abandono la productividad. El colmo es que ahora hasta los frijoles hay que acarrearlos desde China Continental y Etiopía. Siga esperando, compadre.
lunes, mayo 16, 2011
Otra forma de hacer política para la sociedad
Por Guillermo Mejía
Una serie de símbolos se han mostrado en la sociedad salvadoreña que anticipan que poco a poco va calando el derecho ciudadano de contar con otra forma de hacer política. Las resoluciones de la Sala de lo Constitucional de la Corte Suprema de Justicia y la permeabilidad del discurso sobre la importancia de la ética y la transparencia en la cosa pública son signos elocuentes.
Hay consenso en diversos sectores sobre el giro que han dando los magistrados de la Sala de lo Constitucional con sentencias en torno a la partida secreta, la libertad de expresión, las candidaturas independientes, el voto por personas no por banderas, la desautorización del PCN y PDC, y la nulidad de la elección de algunos magistrados en el Tribunal Supremo Electoral.
La misma sorpresa y consideración han tenido la promulgación de la Ley de Acceso a la Información Pública, además del impulso de las prácticas éticas y la transparencia del manejo de los fondos en la administración pública, que se convierten en herramientas para ejercer ciudadanía, aunque a algunos instrumentos les hagan falta colmillos.
La cosa es que –y es muy importante- llegaron ciertos discursos que han tenido, y van teniendo, cabida en la mentalidad de la ciudadanía, tal como sucedió con la creación de la Procuraduría para la Defensa de los Derechos Humanos o la Defensoría del Consumidor, y la necesidad de contar con un verdadero ente fiscalizador frente a la caricatura de Corte de Cuentas del la República.
La vergonzante existencia, por ejemplo, del PCN, partido surgido en las entrañas de la dictadura militar, o del PDC, entidad prostituida por seres ajenos a la ideología creada a la luz de la doctrina social de la iglesia, por componendas de los politiqueros secuestradores de los poderes del Estado por fin tendrá su punto y aparte.
Son buenos indicios en el panorama político a fin de ir construyendo esa otra forma de hacer política que vaya, a la vez, encarnando en la conciencia colectiva, porque la sociedad tiene que entrar en la dinámica de la participación ciudadana, heredera de la construcción de un futuro sobre las bases de la justicia social, la libertad y la paz.
De esa manera, también esa sociedad tiene que ir forzando la consolidación de un nuevo Estado, que se pretendió en alguna medida construir con los Acuerdos de Paz, firmados en 1992, pero que recibieron el torpedeo de sectores de poder que, aún ahora, siguen esgrimiendo los mismos argumentos con el fin de garantizar sus privilegios.
Sin embargo, el entusiasmo tampoco puede ser desmedido, todavía falta mucho por hacer.
En primer lugar, desde el gobierno de turno y el partido oficial Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (Fmln) debe existir coherencia entre lo hablado en su oferta electoral y lo que están haciendo, en muchos casos por ningún lado, en su período donde en temas cruciales no trascienden a los ejercicios presidenciales anteriores.
En segundo lugar, la consolidación de una estrategia para contrarrestar de manera urgente la crisis que abate a las familias salvadoreñas, tanto en lo económico como lo social, dada la ausencia de empleos, la carestía y la delincuencia que ha sobrepasado los esfuerzos estatales en su prevención y combate. Criminalidad que se torna la piedra en el zapato del gobierno.
En conclusión: buenos aires están llegando y las pruebas son fehacientes con el proceder de eximios ciudadanos como los magistrados de la Sala de lo Constitucional, el interés de muchos funcionarios de mostrar otra forma de administrar la cosa pública y los pasos de ciudadanos que exigen lo que les corresponde. Ojala construyamos Patria.
Por Guillermo Mejía
Una serie de símbolos se han mostrado en la sociedad salvadoreña que anticipan que poco a poco va calando el derecho ciudadano de contar con otra forma de hacer política. Las resoluciones de la Sala de lo Constitucional de la Corte Suprema de Justicia y la permeabilidad del discurso sobre la importancia de la ética y la transparencia en la cosa pública son signos elocuentes.
Hay consenso en diversos sectores sobre el giro que han dando los magistrados de la Sala de lo Constitucional con sentencias en torno a la partida secreta, la libertad de expresión, las candidaturas independientes, el voto por personas no por banderas, la desautorización del PCN y PDC, y la nulidad de la elección de algunos magistrados en el Tribunal Supremo Electoral.
La misma sorpresa y consideración han tenido la promulgación de la Ley de Acceso a la Información Pública, además del impulso de las prácticas éticas y la transparencia del manejo de los fondos en la administración pública, que se convierten en herramientas para ejercer ciudadanía, aunque a algunos instrumentos les hagan falta colmillos.
La cosa es que –y es muy importante- llegaron ciertos discursos que han tenido, y van teniendo, cabida en la mentalidad de la ciudadanía, tal como sucedió con la creación de la Procuraduría para la Defensa de los Derechos Humanos o la Defensoría del Consumidor, y la necesidad de contar con un verdadero ente fiscalizador frente a la caricatura de Corte de Cuentas del la República.
La vergonzante existencia, por ejemplo, del PCN, partido surgido en las entrañas de la dictadura militar, o del PDC, entidad prostituida por seres ajenos a la ideología creada a la luz de la doctrina social de la iglesia, por componendas de los politiqueros secuestradores de los poderes del Estado por fin tendrá su punto y aparte.
Son buenos indicios en el panorama político a fin de ir construyendo esa otra forma de hacer política que vaya, a la vez, encarnando en la conciencia colectiva, porque la sociedad tiene que entrar en la dinámica de la participación ciudadana, heredera de la construcción de un futuro sobre las bases de la justicia social, la libertad y la paz.
De esa manera, también esa sociedad tiene que ir forzando la consolidación de un nuevo Estado, que se pretendió en alguna medida construir con los Acuerdos de Paz, firmados en 1992, pero que recibieron el torpedeo de sectores de poder que, aún ahora, siguen esgrimiendo los mismos argumentos con el fin de garantizar sus privilegios.
Sin embargo, el entusiasmo tampoco puede ser desmedido, todavía falta mucho por hacer.
En primer lugar, desde el gobierno de turno y el partido oficial Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (Fmln) debe existir coherencia entre lo hablado en su oferta electoral y lo que están haciendo, en muchos casos por ningún lado, en su período donde en temas cruciales no trascienden a los ejercicios presidenciales anteriores.
En segundo lugar, la consolidación de una estrategia para contrarrestar de manera urgente la crisis que abate a las familias salvadoreñas, tanto en lo económico como lo social, dada la ausencia de empleos, la carestía y la delincuencia que ha sobrepasado los esfuerzos estatales en su prevención y combate. Criminalidad que se torna la piedra en el zapato del gobierno.
En conclusión: buenos aires están llegando y las pruebas son fehacientes con el proceder de eximios ciudadanos como los magistrados de la Sala de lo Constitucional, el interés de muchos funcionarios de mostrar otra forma de administrar la cosa pública y los pasos de ciudadanos que exigen lo que les corresponde. Ojala construyamos Patria.
lunes, mayo 09, 2011
Un festivo Día de la Madre
Por Guillermo Mejía
Soy desnanado le comenté a la periodista Patricia Rivera, de la Radio Mayavisión, también alumna de Periodismo de la Universidad Nacional y quien me ha confiado ser su asesor de tesina. Ni modo, cuando a la madrecita de uno ya no se encuentra en lo terrenal, pues, siempre perdurará en el corazón. Qué dicha para vos que tenés la fortuna de contar con ella.
La realidad es que el 10 de mayo, no lo tomo con tristeza ni desconsuelo, sino con alegría. Cuando escribo esto muy al contrario, se me viene a la mente el carácter de mi mamá y el legado que nos dejó a sus hijos, y a mi papá. Una mujer luchadora, solidaria, buena gente, aunque verguiadora porque agarró en serio su tarea educativa. Se lo agradezco, aunque no compartía las pijiadas que nos daba.
Junto a la mano de ella conocí el mar, lugar donde vivió su niñez, conocí las historias sacrificadas de la familia, sus papás y hermanos, conocí la música tropical, las bandas del swing, los quintetos de jazz, en fin. Tuve plena conciencia de que existía otra costa, en el caribe centroamericano, donde la familia puso la huella.
Los bellos recuerdos toman vida. El pretexto del Día de la Madre cobra fuerza. Hasta ahora, nunca he sentido más dolor en ese día de la madre ausente. Ya todo se volvió natural como cuando aparece en mis sueños agitados y aún me aconseja que me porte bien, que no sea echo leña con los demás, que siempre estará vigilante. Esos sueños preceden los días más hermosos de la vida.
Así que hermanos, amigos, familia disfruten la ocasión. Extraño a mi madrecita, porqué no decirlo. Sin embargo, como le comenté a la colega Patricia Rivera, no seamos egoístas, por allá está esperándome cuando llegue el final de mi vida. Con gusto espero mi reencuentro con el ser que me dio la vida, me enseñó tantas cosas, así como querer a la humanidad.
Para no cansarles me permito recordar parte de la letra de la canción que Lito Nebbia, el cantautor argentino de los famosos Gatos, dedicó a su madre, el adorable tormento.
“Madre, escúchame, quiero decirte algo que quizás jamás comprenderás… quiero andar rodando y rodando, sin volver quién sabe hasta cuándo, pero madre de ti me acordaré”.
“Madre, escúchame, en cualquier momento tú sabes que a tus brazos volveré… ya no importa ni cómo ni cuándo, si al lugar que yo vaya rodando, madre de ti me acordaré”.
“Ella me miró y me dijo así: hijo eres igual que los olas me besas y te vas…”
Reciban, entonces, un cordial saludo en esta fecha especial, denles de mi parte un fuerte abrazo a sus madrecitas y claro mis felicitaciones a las que ya son madres, y, por supuesto, a las madres postreras donde descansa el futuro de nuestra sociedad. Y también hagan espacio para disfrutar de la vida más si tienen a la par a una mamá que ahora yo guardo en el corazón.
Para que disfruten, estas también le gustaban a mi mamá:
http://www.youtube.com/watch?v=v7aQylt4NrA (Amor y control, Rubén Blades)
http://www.youtube.com/watch?v=Czv5MyxiumQ (Todo me gusta de ti, Alberto Beltrán)
http://www.youtube.com/watch?v=rXB33yd4KI0 (Aquellos ojos verdes, Nath “King” Cole)
Por Guillermo Mejía
Soy desnanado le comenté a la periodista Patricia Rivera, de la Radio Mayavisión, también alumna de Periodismo de la Universidad Nacional y quien me ha confiado ser su asesor de tesina. Ni modo, cuando a la madrecita de uno ya no se encuentra en lo terrenal, pues, siempre perdurará en el corazón. Qué dicha para vos que tenés la fortuna de contar con ella.
La realidad es que el 10 de mayo, no lo tomo con tristeza ni desconsuelo, sino con alegría. Cuando escribo esto muy al contrario, se me viene a la mente el carácter de mi mamá y el legado que nos dejó a sus hijos, y a mi papá. Una mujer luchadora, solidaria, buena gente, aunque verguiadora porque agarró en serio su tarea educativa. Se lo agradezco, aunque no compartía las pijiadas que nos daba.
Junto a la mano de ella conocí el mar, lugar donde vivió su niñez, conocí las historias sacrificadas de la familia, sus papás y hermanos, conocí la música tropical, las bandas del swing, los quintetos de jazz, en fin. Tuve plena conciencia de que existía otra costa, en el caribe centroamericano, donde la familia puso la huella.
Los bellos recuerdos toman vida. El pretexto del Día de la Madre cobra fuerza. Hasta ahora, nunca he sentido más dolor en ese día de la madre ausente. Ya todo se volvió natural como cuando aparece en mis sueños agitados y aún me aconseja que me porte bien, que no sea echo leña con los demás, que siempre estará vigilante. Esos sueños preceden los días más hermosos de la vida.
Así que hermanos, amigos, familia disfruten la ocasión. Extraño a mi madrecita, porqué no decirlo. Sin embargo, como le comenté a la colega Patricia Rivera, no seamos egoístas, por allá está esperándome cuando llegue el final de mi vida. Con gusto espero mi reencuentro con el ser que me dio la vida, me enseñó tantas cosas, así como querer a la humanidad.
Para no cansarles me permito recordar parte de la letra de la canción que Lito Nebbia, el cantautor argentino de los famosos Gatos, dedicó a su madre, el adorable tormento.
“Madre, escúchame, quiero decirte algo que quizás jamás comprenderás… quiero andar rodando y rodando, sin volver quién sabe hasta cuándo, pero madre de ti me acordaré”.
“Madre, escúchame, en cualquier momento tú sabes que a tus brazos volveré… ya no importa ni cómo ni cuándo, si al lugar que yo vaya rodando, madre de ti me acordaré”.
“Ella me miró y me dijo así: hijo eres igual que los olas me besas y te vas…”
Reciban, entonces, un cordial saludo en esta fecha especial, denles de mi parte un fuerte abrazo a sus madrecitas y claro mis felicitaciones a las que ya son madres, y, por supuesto, a las madres postreras donde descansa el futuro de nuestra sociedad. Y también hagan espacio para disfrutar de la vida más si tienen a la par a una mamá que ahora yo guardo en el corazón.
Para que disfruten, estas también le gustaban a mi mamá:
http://www.youtube.com/watch?v=v7aQylt4NrA (Amor y control, Rubén Blades)
http://www.youtube.com/watch?v=Czv5MyxiumQ (Todo me gusta de ti, Alberto Beltrán)
http://www.youtube.com/watch?v=rXB33yd4KI0 (Aquellos ojos verdes, Nath “King” Cole)
martes, mayo 03, 2011
Reflexiones en el Día Mundial de la Libertad de Prensa
Por Guillermo Mejía
La coincidencia generalizada es que hubo muy poco que celebrar el 3 de mayo en que se conmemoró el Día Mundial de la Libertad de Prensa, fecha instaurada hace 18 años por la Asamblea General de las Naciones Unidas a iniciativa de los países que conforman la UNESCO. A los 60 periodistas asesinados en 2010 se unen otros en 2011, incluido un colega salvadoreño.
Está fresco el crimen del camarógrafo Alfredo Hurtado, del Canal 33, que murió por heridas de bala, supuestamente a manos de miembros de pandillas en la zona de San Bartolo, Ilopango, pero aún las autoridades policiales no tienen detenidos. En los últimos años son varios compañeros que han corrido similar suerte bajo el manto de la impunidad.
La conmemoración del Día Mundial de la Libertad de Prensa y el crimen de Hurtado dan pie para soltar algunas ideas sobre lo que sucede con el ejercicio periodístico en El Salvador, sin desmérito de que las cosas han ido y van de mal en peor en la región centroamericana, además de otras áreas consideradas calientes.
Nuestra región, desgraciadamente puente del tráfico de drogas que va de Sur a Norte del continente, anomalía aderezada con la presencia de pandilleros que sirven también al negocio del crimen organizado, se ha vuelto vulnerable frente a la incapacidad de las autoridades respectivas para combatir con efectividad el flagelo además del nivel de salvajismo paralizante.
Es común que los colegas sean asesinados impunemente en México, Colombia, Honduras, Guatemala y El Salvador, entre otros, porque los narcos y el crimen organizado consideran a los periodistas como parte de la contienda. La historia reciente ilustra que esos crímenes antes fueron por motivos políticos -algunos casos aún tienen ese cariz si no veamos el ejemplo hondureño.
En el asesinato del salvadoreño Alfredo Hurtado, algunos medios que toman en cuenta opiniones de la policía y algunos familiares asumen que fue porque el colega cubría la fuente policial en operativos nocturnos donde se apresan a extorsionistas y criminales. De ser correcta esa versión se debe pensar que se ha dado un salto cualitativo en el accionar de los delincuentes.
Con la presencia de carteles de la droga en El Salvador, Honduras y Guatemala, junto a los delincuentes que les sirven a sus propósitos, es lógico que se haya dado esa situación, gravedad que se compara con el asesinato colectivo durante la quema del microbús en Mejicanos, San Salvador, en años recientes. Qué bueno sería que fuera solo una hipótesis.
Pero cuando nos referimos a la situación de la libertad de prensa, en el marco del derecho a la información y del derecho de información, también debemos tomar en cuenta la forma precaria en que todavía se desenvuelven los periodistas, dado los intereses mercantilistas o ideológicos que priman en los medios de comunicación sin importar su postura política.
Lamentablemente, en El Salvador los periodistas aún no toman como prioritario la necesidad de que periódicamente haya reflexión sobre esas condiciones precarias en que se trabaja en el sistema mediático nacional, peor cuando se estima que es urgente que los periodistas tengan una legislación que garantice la libertad de prensa a la luz de los derechos humanos.
Como hemos sostenido en otras oportunidades, realmente el problema de la libertad de prensa –y la comunicación social- no es cosa privativa de los medios de comunicación, editores, periodistas, académicos, etc., sino de toda la sociedad en un enfoque complejo que se centre en el reconocimiento del ciudadano como titular del derecho a la comunicación. Nos falta camino por andar. Saludos colegas.
Por Guillermo Mejía
La coincidencia generalizada es que hubo muy poco que celebrar el 3 de mayo en que se conmemoró el Día Mundial de la Libertad de Prensa, fecha instaurada hace 18 años por la Asamblea General de las Naciones Unidas a iniciativa de los países que conforman la UNESCO. A los 60 periodistas asesinados en 2010 se unen otros en 2011, incluido un colega salvadoreño.
Está fresco el crimen del camarógrafo Alfredo Hurtado, del Canal 33, que murió por heridas de bala, supuestamente a manos de miembros de pandillas en la zona de San Bartolo, Ilopango, pero aún las autoridades policiales no tienen detenidos. En los últimos años son varios compañeros que han corrido similar suerte bajo el manto de la impunidad.
La conmemoración del Día Mundial de la Libertad de Prensa y el crimen de Hurtado dan pie para soltar algunas ideas sobre lo que sucede con el ejercicio periodístico en El Salvador, sin desmérito de que las cosas han ido y van de mal en peor en la región centroamericana, además de otras áreas consideradas calientes.
Nuestra región, desgraciadamente puente del tráfico de drogas que va de Sur a Norte del continente, anomalía aderezada con la presencia de pandilleros que sirven también al negocio del crimen organizado, se ha vuelto vulnerable frente a la incapacidad de las autoridades respectivas para combatir con efectividad el flagelo además del nivel de salvajismo paralizante.
Es común que los colegas sean asesinados impunemente en México, Colombia, Honduras, Guatemala y El Salvador, entre otros, porque los narcos y el crimen organizado consideran a los periodistas como parte de la contienda. La historia reciente ilustra que esos crímenes antes fueron por motivos políticos -algunos casos aún tienen ese cariz si no veamos el ejemplo hondureño.
En el asesinato del salvadoreño Alfredo Hurtado, algunos medios que toman en cuenta opiniones de la policía y algunos familiares asumen que fue porque el colega cubría la fuente policial en operativos nocturnos donde se apresan a extorsionistas y criminales. De ser correcta esa versión se debe pensar que se ha dado un salto cualitativo en el accionar de los delincuentes.
Con la presencia de carteles de la droga en El Salvador, Honduras y Guatemala, junto a los delincuentes que les sirven a sus propósitos, es lógico que se haya dado esa situación, gravedad que se compara con el asesinato colectivo durante la quema del microbús en Mejicanos, San Salvador, en años recientes. Qué bueno sería que fuera solo una hipótesis.
Pero cuando nos referimos a la situación de la libertad de prensa, en el marco del derecho a la información y del derecho de información, también debemos tomar en cuenta la forma precaria en que todavía se desenvuelven los periodistas, dado los intereses mercantilistas o ideológicos que priman en los medios de comunicación sin importar su postura política.
Lamentablemente, en El Salvador los periodistas aún no toman como prioritario la necesidad de que periódicamente haya reflexión sobre esas condiciones precarias en que se trabaja en el sistema mediático nacional, peor cuando se estima que es urgente que los periodistas tengan una legislación que garantice la libertad de prensa a la luz de los derechos humanos.
Como hemos sostenido en otras oportunidades, realmente el problema de la libertad de prensa –y la comunicación social- no es cosa privativa de los medios de comunicación, editores, periodistas, académicos, etc., sino de toda la sociedad en un enfoque complejo que se centre en el reconocimiento del ciudadano como titular del derecho a la comunicación. Nos falta camino por andar. Saludos colegas.
lunes, abril 25, 2011
Los ruidos de San Salvador en la lente de Arturo Ambrogi
Por Guillermo Mejía
No hay mejor salida de vacaciones de Semana Santa que leer un texto literario, escuchar música predilecta o encontrar una maravillosa conversación en medio del San Salvador del Siglo XXI. Dejemos por ahora las preocupaciones por la comunicación, la información y la vida cotidiana en nuestro suelo centroamericano.
A continuación como muestra de nuestras letras presento “Los ruidos de San Salvador”, de Arturo Ambrogi (1874-1936), para los críticos el mejor cronista en la historia de la literatura nacional y el más riguroso estilista. Ambrogi dejó su huella en una serie de libros, además de periódicos de su época en El Salvador, Chile y Argentina.
************
Los ruidos de San Salvador
Por Arturo Ambrogi
I
Los de Antaño
Dichosos tiempos aquellos en que San Salvador era asiento apacible de reposo; en que nuestra vida, como en la copla de Jorge Manrique se deslizaba.
Tan callando…
Como San Salvador se acostaba temprano, casi casi con las gallinas, estaba con los ojos abiertos antes de la del alba.
El primer ruido que sacudía la atmósfera matinal, era del paso de los machos de los lecheros que llegaban de las finquitas y chacras de los alrededores trayendo la leche. Trotaban los machos, al estímulo de los aciales; y el golpear de sus cascos en el empedrado, resonaba con estrépito.
Momentos después, la esquila de la ermita de Santo Domingo principiaba a tañer, convocando a los fieles a la primera misa. ¡Dulce tañido que llegaba hasta nuestra cama a sacudirnos, y a darnos los buenos días!
Martes, jueves y sábado de cada semana, ocurría algo extraordinario.
Eran los días en que las diligencias de don Pedro Manzano, al sonido de los cascabeles de las colleras de sus mulas, el restallido de sus látigos y el grito gutural de sus aurigas, recorrían las calles capitalinas recogiendo los pasajeros para el puerto, para Santa Tecla o Cojutepeque.
Ya en pie el pacífico ciudadano de la urbe en embrión, era el traqueteo de las carretas las que aturdían las calles. Las carretas que traían de los zacatales aledaños los manojos de pará, de zacatón, o de leña para las cocinas.
Recuerdo perfectamente a don Rafael Izaguirre, bajito, timboncito, parado en la esquina de la Botica Nicbecker, comprando el zacate para su mula, o a don Jorge Lardé, en el zaguán del Hotel de Europa contando las rajas de leña que el carretero iba descargando y amontonando en la acera.
¡Las ocho!
Fuera de alguna carreta que se cruzara, de algún jinete que pasara trotando, del chirrido de la rueda de algún carretón de mano que el sirviente de una casa llevara la basura de casa a botarla al Castillo, ningún ruido turbaba la tranquilidad de la ciudad.
Ya en la tarde, empalideciéndose el cielo, venía la hora de prender los faroles.
Pasaba el farolero, el negro Nico, con su escalerita al hombro y en encendedor de gas, cuyo escapa resonaba como émbolos de tren. Iba prendiendo uno a unos los faroles, los escasos faroles de cristales empañados que alumbraban mezquinamente las calles desempedradas y llenas de hoyos.
La ciudad, así alumbrada, entraba en la tranquilidad nocturna.
Después de la comida, que era la más tardada, a las seis, por las calles solitarias comenzaban a discurrir unas cuantas medradas sombras. Sombras que al pasar bajo el reflejo rojizo de los faroles, se precisaban un tanto. Eran los que se dirigían a la retreta en el Parque Central, sumido en la penumbra de sus viejos naranjos llenos de golondrinas que defecaban tranquilamente sobre los paseantes, y de sus viejos mameyes cargados de parásitas. Era el Parque Central un delicioso bosquecillo, con su kiosco y sus glorietas, fresco y aromoso en medio de la aridez poblana de la capital.
Terminada la retreta con las últimas campanadas de las ocho en la torre de Santo Domingo y Catedral (hoy el Rosario) los asistentes desfilaban, como habían venido, en silencio, y se recluían en sus casas.
La ciudad entonces, entraba en la noche cerrada. Los faroles, consumido el gas que les alimentaba, se habían ido apagando uno a uno. Reinaba la obscuridad en las calles. Sólo el brochazo rojo de las lámparas de los serenos rasgaba las tinieblas.
Dormía la ciudad su sueño pesado y tranquilo.
Y como no existía reloj público alguno, era la voz desabrida de los serenos la que anunciaba la hora y el estado del tiempo.ç
-¡Alabado!
¡La una ha dado, y nublado!
II
Los de hogaño
Rememoraba días ha, y en este mismo sitio, la vida patriarcal, la sosegada vida, que llevábamos antes en este San Salvador, hoy convertido en una insufrible Estruendópolis.
Y más de uno de mis amigos, tanto o menos sesentón, como yo, me decía, después de haber leído mi crónica:
-Viejo: ¡qué tiempos aquellos!
Y yo, tomándome la voz, murmuré:
-Viejo: ¡qué tiempos aquellos!
Tiempos estos, efectivamente, tan “sosegados”, tan “apacibles”, que más da ganas de “hacer su tanate y tomar el portante” que empeñarse en vivirlos, digo… en soportarlos.
Así, ¡tal vez!, en la paz del Cementerio podamos disfrutar de ese inalterado reposo que nos niega la vida moderna que se gasta el San Salvador de ahora.
Se acuesta uno temprano, renegando. Se acuesta con el desalado bocineo de los autos. Pasa el día entero con la misma musiquita aturdiéndole los oídos, quitándole la atención para realizar cualquier acto que la requiera. Y con el odioso ruido se acuesta y con el mismo odioso ruido se levanta.
Y si sólo fueran los autos, las camionetas, los camiones, las motocicletas, toda la confabulación del estruendo mecánico, la que llenara de ruido el corazón de la ciudad.
A esas “silentes” manifestaciones, se amalgaman, ¡y de qué manera!, los pregones de toda clase.
Grita, primero, la quezadillera. Es el suyo un grito gutural, que suena como una clarinada:
-La quéezaaiilláaa.
Antes que el grito rasgara el ambiente matinal, ya el olorcito penetrante de la hornada, asalta el olfato.
Ese pregón alterna con el de una mujeruca que lleva un cántaro de lata en la cabeza, y deteniendo el paso ante los zaguanes abiertos ya, ahueca la voz y grita:
-¡La lechéee!
Momentitos después, es un clamoreo el que resuena. Voces de cipotes que corren, blandiendo una hoja impresa:
-¡Diario Nuevo, de hoy!
-¡Diario Nuevo! –añadiéndole una letanía que nadie alcanza a descifrar.
Es el diario matutino que lleva, todavía oloroso a tinta de imprenta, el reciente radio, la nota de actualidad, al citadino que se acuesta tarde y se levanta temprano. Es algo, con el café, imprescindible.
Conforme el tiempo transcurre, surge un grito nuevo.
Grita el sorbetero ambulante.
Grita el del carretoncito de los frescos.
Grita, y suena su triángulo de hierro, el del tubo de los barquillos.
Grita el que vende leche helada por vasos.
Rayando el mediodía, los voceros pregonan:
-¡“La Prensa”!
(que se está poniendo muy seria, muy sesuda. ¡Como que ya está entrando a vieja!...)
Suenan los pitos de las fábricas. Suenan las campanas de las iglesias. Se lamenta, largo, largo, una falaz sirena. Las oficinas vomitan turbas de empleados. Las calles se llenan del murmullo de una muchedumbre suelta, que camina presurosa, camino de sus casas.
Mediodía. La modorra paraliza, momentáneamente, la vida de la ciudad. Se amortiguan los ruidos. Pero de tal manera han impregnado éstos el ambiente y han aturdido los oídos de la gente, que se les sigue escuchando por largo espacio en el silencio de esta Estruendópolis criolla.
(De “Muestrario”, Primera Edición, 1955, San Salvador, El Salvador, C.A.)
Por Guillermo Mejía
No hay mejor salida de vacaciones de Semana Santa que leer un texto literario, escuchar música predilecta o encontrar una maravillosa conversación en medio del San Salvador del Siglo XXI. Dejemos por ahora las preocupaciones por la comunicación, la información y la vida cotidiana en nuestro suelo centroamericano.
A continuación como muestra de nuestras letras presento “Los ruidos de San Salvador”, de Arturo Ambrogi (1874-1936), para los críticos el mejor cronista en la historia de la literatura nacional y el más riguroso estilista. Ambrogi dejó su huella en una serie de libros, además de periódicos de su época en El Salvador, Chile y Argentina.
************
Los ruidos de San Salvador
Por Arturo Ambrogi
I
Los de Antaño
Dichosos tiempos aquellos en que San Salvador era asiento apacible de reposo; en que nuestra vida, como en la copla de Jorge Manrique se deslizaba.
Tan callando…
Como San Salvador se acostaba temprano, casi casi con las gallinas, estaba con los ojos abiertos antes de la del alba.
El primer ruido que sacudía la atmósfera matinal, era del paso de los machos de los lecheros que llegaban de las finquitas y chacras de los alrededores trayendo la leche. Trotaban los machos, al estímulo de los aciales; y el golpear de sus cascos en el empedrado, resonaba con estrépito.
Momentos después, la esquila de la ermita de Santo Domingo principiaba a tañer, convocando a los fieles a la primera misa. ¡Dulce tañido que llegaba hasta nuestra cama a sacudirnos, y a darnos los buenos días!
Martes, jueves y sábado de cada semana, ocurría algo extraordinario.
Eran los días en que las diligencias de don Pedro Manzano, al sonido de los cascabeles de las colleras de sus mulas, el restallido de sus látigos y el grito gutural de sus aurigas, recorrían las calles capitalinas recogiendo los pasajeros para el puerto, para Santa Tecla o Cojutepeque.
Ya en pie el pacífico ciudadano de la urbe en embrión, era el traqueteo de las carretas las que aturdían las calles. Las carretas que traían de los zacatales aledaños los manojos de pará, de zacatón, o de leña para las cocinas.
Recuerdo perfectamente a don Rafael Izaguirre, bajito, timboncito, parado en la esquina de la Botica Nicbecker, comprando el zacate para su mula, o a don Jorge Lardé, en el zaguán del Hotel de Europa contando las rajas de leña que el carretero iba descargando y amontonando en la acera.
¡Las ocho!
Fuera de alguna carreta que se cruzara, de algún jinete que pasara trotando, del chirrido de la rueda de algún carretón de mano que el sirviente de una casa llevara la basura de casa a botarla al Castillo, ningún ruido turbaba la tranquilidad de la ciudad.
Ya en la tarde, empalideciéndose el cielo, venía la hora de prender los faroles.
Pasaba el farolero, el negro Nico, con su escalerita al hombro y en encendedor de gas, cuyo escapa resonaba como émbolos de tren. Iba prendiendo uno a unos los faroles, los escasos faroles de cristales empañados que alumbraban mezquinamente las calles desempedradas y llenas de hoyos.
La ciudad, así alumbrada, entraba en la tranquilidad nocturna.
Después de la comida, que era la más tardada, a las seis, por las calles solitarias comenzaban a discurrir unas cuantas medradas sombras. Sombras que al pasar bajo el reflejo rojizo de los faroles, se precisaban un tanto. Eran los que se dirigían a la retreta en el Parque Central, sumido en la penumbra de sus viejos naranjos llenos de golondrinas que defecaban tranquilamente sobre los paseantes, y de sus viejos mameyes cargados de parásitas. Era el Parque Central un delicioso bosquecillo, con su kiosco y sus glorietas, fresco y aromoso en medio de la aridez poblana de la capital.
Terminada la retreta con las últimas campanadas de las ocho en la torre de Santo Domingo y Catedral (hoy el Rosario) los asistentes desfilaban, como habían venido, en silencio, y se recluían en sus casas.
La ciudad entonces, entraba en la noche cerrada. Los faroles, consumido el gas que les alimentaba, se habían ido apagando uno a uno. Reinaba la obscuridad en las calles. Sólo el brochazo rojo de las lámparas de los serenos rasgaba las tinieblas.
Dormía la ciudad su sueño pesado y tranquilo.
Y como no existía reloj público alguno, era la voz desabrida de los serenos la que anunciaba la hora y el estado del tiempo.ç
-¡Alabado!
¡La una ha dado, y nublado!
II
Los de hogaño
Rememoraba días ha, y en este mismo sitio, la vida patriarcal, la sosegada vida, que llevábamos antes en este San Salvador, hoy convertido en una insufrible Estruendópolis.
Y más de uno de mis amigos, tanto o menos sesentón, como yo, me decía, después de haber leído mi crónica:
-Viejo: ¡qué tiempos aquellos!
Y yo, tomándome la voz, murmuré:
-Viejo: ¡qué tiempos aquellos!
Tiempos estos, efectivamente, tan “sosegados”, tan “apacibles”, que más da ganas de “hacer su tanate y tomar el portante” que empeñarse en vivirlos, digo… en soportarlos.
Así, ¡tal vez!, en la paz del Cementerio podamos disfrutar de ese inalterado reposo que nos niega la vida moderna que se gasta el San Salvador de ahora.
Se acuesta uno temprano, renegando. Se acuesta con el desalado bocineo de los autos. Pasa el día entero con la misma musiquita aturdiéndole los oídos, quitándole la atención para realizar cualquier acto que la requiera. Y con el odioso ruido se acuesta y con el mismo odioso ruido se levanta.
Y si sólo fueran los autos, las camionetas, los camiones, las motocicletas, toda la confabulación del estruendo mecánico, la que llenara de ruido el corazón de la ciudad.
A esas “silentes” manifestaciones, se amalgaman, ¡y de qué manera!, los pregones de toda clase.
Grita, primero, la quezadillera. Es el suyo un grito gutural, que suena como una clarinada:
-La quéezaaiilláaa.
Antes que el grito rasgara el ambiente matinal, ya el olorcito penetrante de la hornada, asalta el olfato.
Ese pregón alterna con el de una mujeruca que lleva un cántaro de lata en la cabeza, y deteniendo el paso ante los zaguanes abiertos ya, ahueca la voz y grita:
-¡La lechéee!
Momentitos después, es un clamoreo el que resuena. Voces de cipotes que corren, blandiendo una hoja impresa:
-¡Diario Nuevo, de hoy!
-¡Diario Nuevo! –añadiéndole una letanía que nadie alcanza a descifrar.
Es el diario matutino que lleva, todavía oloroso a tinta de imprenta, el reciente radio, la nota de actualidad, al citadino que se acuesta tarde y se levanta temprano. Es algo, con el café, imprescindible.
Conforme el tiempo transcurre, surge un grito nuevo.
Grita el sorbetero ambulante.
Grita el del carretoncito de los frescos.
Grita, y suena su triángulo de hierro, el del tubo de los barquillos.
Grita el que vende leche helada por vasos.
Rayando el mediodía, los voceros pregonan:
-¡“La Prensa”!
(que se está poniendo muy seria, muy sesuda. ¡Como que ya está entrando a vieja!...)
Suenan los pitos de las fábricas. Suenan las campanas de las iglesias. Se lamenta, largo, largo, una falaz sirena. Las oficinas vomitan turbas de empleados. Las calles se llenan del murmullo de una muchedumbre suelta, que camina presurosa, camino de sus casas.
Mediodía. La modorra paraliza, momentáneamente, la vida de la ciudad. Se amortiguan los ruidos. Pero de tal manera han impregnado éstos el ambiente y han aturdido los oídos de la gente, que se les sigue escuchando por largo espacio en el silencio de esta Estruendópolis criolla.
(De “Muestrario”, Primera Edición, 1955, San Salvador, El Salvador, C.A.)
lunes, abril 18, 2011
Estampas coloridas en Semana Santa
Por Guillermo Mejía
Una gira espectacular. El recorrido tradicional dentro del Triángulo del Norte al comenzar Semana Santa –eufemísticamente llamada por la publicidad vacaciones de verano- cuando degustamos los platillos tradicionales, el sabor del pescado seco, los dulces, las torrejas, jugamos con el agua, disfrutamos de la montaña y aprovechamos momentos de reflexión.
El recorrido familiar, algunos hermanos, sobrinos, primos, mi padre, una de las tías, en fin, el grupo que parte a temprana hora en la Ford conocida con cariño como “la chanchona”, testigo de batallas motorizadas por carreteras centroamericanas, al igual que otro microbús crema que sobrevivió a la inclemencia del tiempo y sirvió para vagabundear hasta en México.
Ahí te encuentras, en medio del desorden, el calor y la fregadera de la gente en la frontera Anguiatú, en Santa Ana, pero Migración ha dado un salto atrás al “paso fácil” del CA-4. Ahora hay que llenar un formulario con los datos de cada viajero, sacar una fotocopia y hacer una fila que no avanza como se debe. Al final, los oficiales anuncian que es mejor que cada quien agarre viaje.
La algarabía popular se enciende. Cada cual toma su transporte y de repente estás camino a Esquipulas, la ciudad que luce hermosa, en especial concurrida por visitantes de El Salvador, Honduras y Guatemala, los del triángulo norteño centroamericano, máxime en Domingo de Ramos, el campanazo del inicio de la Semana Mayor.
La tradición cultural del catolicismo arrastra a cientos de devotos que van a las iglesias en esa fecha que conmemora la entrada triunfal de Jesús, reciben sus bendiciones, junto a los ramos y el agua, mientras en otras iglesias cristianas evangélicas la gente entona sus himnos o coritos en ese domingo que se torna brillante en medio de una atmósfera caliente de verano.
Indígenas y mestizos hacen largas filas para entrar a la catedral de esta ciudad guatemalteca. Muchos se aglomeran en un sinnúmero de negocios –de todo tipo- para paliar la sed y el calor sofocante, otros buscan su respectiva comida al llegar el mediodía, en ese mercado abierto que ocupa calles y avenidas del lugar.
Los jóvenes utilizan motocicletas para deambular por la ciudad. Las mototaxis circulan hacia cualquier punto a un costo de tres quetzales, mientras los indígenas, que lucen sus refajos, caminan penitentes hasta la punta del cerro que domina la ciudad, para recibir la bendición. Cuando bajan se azotan con chilillos en señal de que están limpios. Típica herencia cultural.
Al bordear Esquipulas encuentras muchos centros que visitar, el turismo es floreciente en la ciudad. De ahí sales con rumbo a la frontera Aguas Calientes, en el límite con Honduras, donde pasas sin problemas y arribas a los bosques de pino, en medio de tierras blancas, que también te invitan a disfrutar de sus manjares y de los balnearios que lucen alegres con sus visitantes.
Y, claro, esta zona suroccidental de Honduras, donde comparten vida e historia los departamentos de Ocotepeque, Copán y Lempira, tiene innumerables bellezas naturales y la amistad de su gente. La cantidad de platillos tradicionales, con sus tamales, cerdo horneado, dulces, entre tantos, donde no pueden faltar las baleadas y los tacos catrachos con su respectiva salsa especial.
Ni hablar de los refrescos que están a la orden, a precios cómodos y bien helados. Si quieres meter el acelerador llegas hasta la montaña, conocida como El Güisayote, camino a Santa Rosa de Copán, donde el clima a plenas doce del día es sumamente sabroso. Por estos caminos boscosos encuentras las famosas Ruinas Mayas de Copán. Herencia de nuestros antepasados.
Ya de regreso, te espera la frontera El Poy, en el límite con El Salvador, donde de entrada el paso se da sin ningún contratiempo. Buena ocasión para disfrutar, cuanto se pueda, de las bellezas naturales, las comidas y la amistad de los habitantes de muchos poblados del departamento de Chalatenango, que comparte similares características de las tierras montañosas de Honduras.
Bonito visitar El Refugio, complejo turístico nacional ubicado en las afueras de La Palma, en medio del clima fresco, los pinares y la quietud natural, donde cae muy bien comer cuajadas recién hechas y tortillas de comal. Bajando de la montaña hay muchas localidades que visitar a lo largo de la Troncal del Norte, donde hay más estampas coloridas de Semana Santa.
Por Guillermo Mejía
Una gira espectacular. El recorrido tradicional dentro del Triángulo del Norte al comenzar Semana Santa –eufemísticamente llamada por la publicidad vacaciones de verano- cuando degustamos los platillos tradicionales, el sabor del pescado seco, los dulces, las torrejas, jugamos con el agua, disfrutamos de la montaña y aprovechamos momentos de reflexión.
El recorrido familiar, algunos hermanos, sobrinos, primos, mi padre, una de las tías, en fin, el grupo que parte a temprana hora en la Ford conocida con cariño como “la chanchona”, testigo de batallas motorizadas por carreteras centroamericanas, al igual que otro microbús crema que sobrevivió a la inclemencia del tiempo y sirvió para vagabundear hasta en México.
Ahí te encuentras, en medio del desorden, el calor y la fregadera de la gente en la frontera Anguiatú, en Santa Ana, pero Migración ha dado un salto atrás al “paso fácil” del CA-4. Ahora hay que llenar un formulario con los datos de cada viajero, sacar una fotocopia y hacer una fila que no avanza como se debe. Al final, los oficiales anuncian que es mejor que cada quien agarre viaje.
La algarabía popular se enciende. Cada cual toma su transporte y de repente estás camino a Esquipulas, la ciudad que luce hermosa, en especial concurrida por visitantes de El Salvador, Honduras y Guatemala, los del triángulo norteño centroamericano, máxime en Domingo de Ramos, el campanazo del inicio de la Semana Mayor.
La tradición cultural del catolicismo arrastra a cientos de devotos que van a las iglesias en esa fecha que conmemora la entrada triunfal de Jesús, reciben sus bendiciones, junto a los ramos y el agua, mientras en otras iglesias cristianas evangélicas la gente entona sus himnos o coritos en ese domingo que se torna brillante en medio de una atmósfera caliente de verano.
Indígenas y mestizos hacen largas filas para entrar a la catedral de esta ciudad guatemalteca. Muchos se aglomeran en un sinnúmero de negocios –de todo tipo- para paliar la sed y el calor sofocante, otros buscan su respectiva comida al llegar el mediodía, en ese mercado abierto que ocupa calles y avenidas del lugar.
Los jóvenes utilizan motocicletas para deambular por la ciudad. Las mototaxis circulan hacia cualquier punto a un costo de tres quetzales, mientras los indígenas, que lucen sus refajos, caminan penitentes hasta la punta del cerro que domina la ciudad, para recibir la bendición. Cuando bajan se azotan con chilillos en señal de que están limpios. Típica herencia cultural.
Al bordear Esquipulas encuentras muchos centros que visitar, el turismo es floreciente en la ciudad. De ahí sales con rumbo a la frontera Aguas Calientes, en el límite con Honduras, donde pasas sin problemas y arribas a los bosques de pino, en medio de tierras blancas, que también te invitan a disfrutar de sus manjares y de los balnearios que lucen alegres con sus visitantes.
Y, claro, esta zona suroccidental de Honduras, donde comparten vida e historia los departamentos de Ocotepeque, Copán y Lempira, tiene innumerables bellezas naturales y la amistad de su gente. La cantidad de platillos tradicionales, con sus tamales, cerdo horneado, dulces, entre tantos, donde no pueden faltar las baleadas y los tacos catrachos con su respectiva salsa especial.
Ni hablar de los refrescos que están a la orden, a precios cómodos y bien helados. Si quieres meter el acelerador llegas hasta la montaña, conocida como El Güisayote, camino a Santa Rosa de Copán, donde el clima a plenas doce del día es sumamente sabroso. Por estos caminos boscosos encuentras las famosas Ruinas Mayas de Copán. Herencia de nuestros antepasados.
Ya de regreso, te espera la frontera El Poy, en el límite con El Salvador, donde de entrada el paso se da sin ningún contratiempo. Buena ocasión para disfrutar, cuanto se pueda, de las bellezas naturales, las comidas y la amistad de los habitantes de muchos poblados del departamento de Chalatenango, que comparte similares características de las tierras montañosas de Honduras.
Bonito visitar El Refugio, complejo turístico nacional ubicado en las afueras de La Palma, en medio del clima fresco, los pinares y la quietud natural, donde cae muy bien comer cuajadas recién hechas y tortillas de comal. Bajando de la montaña hay muchas localidades que visitar a lo largo de la Troncal del Norte, donde hay más estampas coloridas de Semana Santa.
lunes, abril 11, 2011
La globalización en la mira de Chris Hedges
Por Guillermo Mejía
El descontento en varios puntos del planeta, la crisis alimentaria, el problema ecológico, la inseguridad, entre tantos males, anuncian el “colapso de la globalización”, de acuerdo con el escritor y periodista estadounidense, Chris Hedges, que demanda una ética nueva y radical, así como la reconstrucción de movimientos socialistas radicales que luchen por la ciudadanía.
“Se presagia un mundo donde los recursos vitales, incluyendo la comida y el agua, el empleo y la seguridad, están llegando a ser cada vez más escasos y difíciles de obtener. Ello presagia la creciente miseria de cientos de millones de personas que se encuentran atrapados en Estados fallidos, sufriendo la escalada violenta y la pobreza agobiante”, advierte el veterano colega.
Hedges, que inició su carrera periodística internacional precisamente en El Salvador de los 80 en medio de la guerra interna que duró 12 años, pone de ejemplo las sublevaciones en el Medio Oriente, los disturbios que desgarran naciones como Costa de Marfil, el descontento social en Grecia, Irlanda y Gran Bretaña, además de conflictos laborales en el mismo Estados Unidos.
“Debemos abrazar, y abrazar con rapidez, una ética nueva y radical de la simplicidad y la protección rigurosa de nuestro ecosistema, especialmente el clima, o todos tendremos la vida en nuestras propias manos”, señala. “Debemos reconstruir los movimientos socialistas radicales que demandan que los recursos del Estado y la nación proveen bienestar a todos los ciudadanos y la pesada mano del poder del Estado sea empleada para prohibir el saqueo de la elite del poder empresarial”.
Y añade: “Debemos ver a los capitalistas corporativos que han tomado el control de nuestro dinero, nuestra comida, nuestra energía, nuestra educación, nuestra prensa, nuestro sistema de salud y nuestro gobierno como mortal enemigo que debe ser vencido”.
Hedges escribe en su columna publicada en el sitio web Truthdig que la mitad de la población planetaria no tiene acceso a una adecuada alimentación, agua limpia y la seguridad básica, mientras los precios de los alimentos han aumentado 61 por ciento a nivel mundial desde fines del 2008, según cifras del Fondo Monetario Internacional.
“Como el costo de los combustibles fósiles sube, como el cambio climático sigue perjudicando la producción agrícola y como las poblaciones y los desempleados aumentan, nos encontraremos convulsionados en más disturbios nacionales y globales. Los amotinamientos por alimentos y protestas políticas serán inevitables”, anuncia el autor y periodista.
Como desde las instituciones liberales, incluida la prensa, las universidades, el trabajo y el Partido Demócrata (de Estados Unidos), no desafían los supuestos utópicos que el mercado debe determinar el comportamiento humano que permita los desmanes a las corporaciones y firmas de inversión continuará el asalto impune hacia los ciudadanos.
“Friedrich von Hayek y Milton Friedman, dos de los más importantes arquitectos del capitalismo no regulado, nunca debieron haber sido tomados en serio. Pero las maravillas de la propaganda corporativa y la financiación empresarial volvieron esas figuras marginales en profetas venerados en nuestras universidades, centros de investigación, la prensa, los órganos legislativos, los tribunales y salas de juntas corporativas”, afirma Hedges.
“Todavía soportamos la hipocresía de sus teorías económicas desacreditadas a pesar de que Wall Street aspira secar el tesoro de los Estados Unidos y se comprometen una vez más en la especulación que hasta la fecha ha evaporado unos 40 billones de dólares de la riqueza mundial. Se nos ha enseñado por todos los sistemas de información a cantar el mantra de que el mercado conoce la mejor”, agrega.
Mientras eso sucede, son invisibles las decenas de millones de estadounidenses pobres, porque no aparecen en las pantallas, ni los miles de millones de pobres en el mundo hacinados en tugurios fétidos. Tampoco se ve a los que mueren por beber agua contaminada o por no poder pagar la atención médica, ni a los excluidos de sus hogares.
Los encargados de los reality shows “difunden el sueño auto-delirante del inevitable progreso humano”, pero nada de eso es cierto.
“Es un mensaje que desafía la naturaleza humana y la historia humana. Pero es lo que muchos quieren creer desesperadamente. Y hasta que no despertemos de nuestro colectivo auto-engaño, hasta que se lleven a cabo sostenidos actos de desobediencia civil contra el Estado corporativo y nos apartemos de las instituciones liberales que sirven al gigante corporativo (…) nos continuaremos moviendo rápida y poderosamente hacia una catástrofe global”, concluye Hedges.
Por Guillermo Mejía
El descontento en varios puntos del planeta, la crisis alimentaria, el problema ecológico, la inseguridad, entre tantos males, anuncian el “colapso de la globalización”, de acuerdo con el escritor y periodista estadounidense, Chris Hedges, que demanda una ética nueva y radical, así como la reconstrucción de movimientos socialistas radicales que luchen por la ciudadanía.
“Se presagia un mundo donde los recursos vitales, incluyendo la comida y el agua, el empleo y la seguridad, están llegando a ser cada vez más escasos y difíciles de obtener. Ello presagia la creciente miseria de cientos de millones de personas que se encuentran atrapados en Estados fallidos, sufriendo la escalada violenta y la pobreza agobiante”, advierte el veterano colega.
Hedges, que inició su carrera periodística internacional precisamente en El Salvador de los 80 en medio de la guerra interna que duró 12 años, pone de ejemplo las sublevaciones en el Medio Oriente, los disturbios que desgarran naciones como Costa de Marfil, el descontento social en Grecia, Irlanda y Gran Bretaña, además de conflictos laborales en el mismo Estados Unidos.
“Debemos abrazar, y abrazar con rapidez, una ética nueva y radical de la simplicidad y la protección rigurosa de nuestro ecosistema, especialmente el clima, o todos tendremos la vida en nuestras propias manos”, señala. “Debemos reconstruir los movimientos socialistas radicales que demandan que los recursos del Estado y la nación proveen bienestar a todos los ciudadanos y la pesada mano del poder del Estado sea empleada para prohibir el saqueo de la elite del poder empresarial”.
Y añade: “Debemos ver a los capitalistas corporativos que han tomado el control de nuestro dinero, nuestra comida, nuestra energía, nuestra educación, nuestra prensa, nuestro sistema de salud y nuestro gobierno como mortal enemigo que debe ser vencido”.
Hedges escribe en su columna publicada en el sitio web Truthdig que la mitad de la población planetaria no tiene acceso a una adecuada alimentación, agua limpia y la seguridad básica, mientras los precios de los alimentos han aumentado 61 por ciento a nivel mundial desde fines del 2008, según cifras del Fondo Monetario Internacional.
“Como el costo de los combustibles fósiles sube, como el cambio climático sigue perjudicando la producción agrícola y como las poblaciones y los desempleados aumentan, nos encontraremos convulsionados en más disturbios nacionales y globales. Los amotinamientos por alimentos y protestas políticas serán inevitables”, anuncia el autor y periodista.
Como desde las instituciones liberales, incluida la prensa, las universidades, el trabajo y el Partido Demócrata (de Estados Unidos), no desafían los supuestos utópicos que el mercado debe determinar el comportamiento humano que permita los desmanes a las corporaciones y firmas de inversión continuará el asalto impune hacia los ciudadanos.
“Friedrich von Hayek y Milton Friedman, dos de los más importantes arquitectos del capitalismo no regulado, nunca debieron haber sido tomados en serio. Pero las maravillas de la propaganda corporativa y la financiación empresarial volvieron esas figuras marginales en profetas venerados en nuestras universidades, centros de investigación, la prensa, los órganos legislativos, los tribunales y salas de juntas corporativas”, afirma Hedges.
“Todavía soportamos la hipocresía de sus teorías económicas desacreditadas a pesar de que Wall Street aspira secar el tesoro de los Estados Unidos y se comprometen una vez más en la especulación que hasta la fecha ha evaporado unos 40 billones de dólares de la riqueza mundial. Se nos ha enseñado por todos los sistemas de información a cantar el mantra de que el mercado conoce la mejor”, agrega.
Mientras eso sucede, son invisibles las decenas de millones de estadounidenses pobres, porque no aparecen en las pantallas, ni los miles de millones de pobres en el mundo hacinados en tugurios fétidos. Tampoco se ve a los que mueren por beber agua contaminada o por no poder pagar la atención médica, ni a los excluidos de sus hogares.
Los encargados de los reality shows “difunden el sueño auto-delirante del inevitable progreso humano”, pero nada de eso es cierto.
“Es un mensaje que desafía la naturaleza humana y la historia humana. Pero es lo que muchos quieren creer desesperadamente. Y hasta que no despertemos de nuestro colectivo auto-engaño, hasta que se lleven a cabo sostenidos actos de desobediencia civil contra el Estado corporativo y nos apartemos de las instituciones liberales que sirven al gigante corporativo (…) nos continuaremos moviendo rápida y poderosamente hacia una catástrofe global”, concluye Hedges.
lunes, abril 04, 2011
La lógica perversa de vernos las caras de tontos
Por Guillermo Mejía
Con la puesta en marcha del nuevo precio del tambo de gas, sólo subsidiado para quienes consumen por debajo de los 200 Kws/h, cayó de sopapo el aumento en los precios de los alimentos –con razón o sin ella- con la complicidad del gobierno de Mauricio Funes que no dio los pasos certeros ante una decisión tan compleja.
Como recordamos, el malestar popular se reflejó en un estudio de opinión elaborado por un matutito local que estimó que al menos un 70 por ciento de los consultados rechazaba la disposición oficial que fue vendida como la última coca-cola en el desierto por parte de las autoridades de Economía. Ahora se dispararon los precios.
Era una “fórmula de genios” de cara a la existencia de casos en América Latina donde la crisis internacional, con la subida en los precios de los combustibles, obligó a ciertos gobiernos a arriesgarse con medidas impopulares que les causaron desgaste político y descontento de los pobladores en las calles.
El gobierno salvadoreño vendió su idea a partir de martillar que ahora se hará justicia, por un lado, ya que el subsidio llegará a quienes verdaderamente lo necesitan y que la medida evitará el contrabando que se da del producto para Guatemala y Honduras donde el gas cuesta entre unos 18 y 13 dólares el tambo de 25 libras.
Lógicamente, las autoridades tenían que hacer algo para contener el costo de este tipo de combustibles para las arcas del Estado, eso es comprensible, pero el problema es que la gente no entiende de las “buenas intenciones” del gobierno a partir de que se aducen costos inmediatos y no solo en el precio del gas, sino en el de los productos básicos por el efecto cascada.
Como siempre, la lógica perversa de vernos la cara de tontos actuó de inmediato. Aquí, desde los grandes, los medianos, hasta los pequeños negociantes, no se tientan los hígados para sacar el costo y su ganancia a como de lugar, en la mayoría de veces victimizándose al extremo, a la vez que desde el Estado no existen mecanismos de control de precios.
Sin embargo, es necesario consignar que las mismas autoridades no hicieron lo propio. Por eso mismo fue que ya habían aplazado la puesta en marcha de la medida controversial.
El presidente Mauricio Funes había recibido cantidad de advertencias de sectores de derecha como de izquierda por la pretendida jugada, máxime que este año es pre-electoral dado que los comicios para alcaldes y diputados serán en el 2012. Obvio que el problema es serio pues las arcas estatales ya no aguantan y los organismos internacionales también presionan al país.
Los espejos recientes del descontento popular se tuvieron de los gobiernos de Chile y Bolivia que, por presiones internacionales, en el primer caso dispuso quitar el subsidio al gas licuado en la región sur del país donde la gente dice que para ellos es como el oxígeno debido a que sobreviven en el hielo y necesitan el combustible para calefacción, además para cocinar. El régimen se echó para atrás.
En Bolivia, en tanto, el gobierno de Evo Morales dispuso elevar el costo de los combustibles hasta casi el 100 por ciento, fenómeno apodado como “el gasolinazo”, que como es sabido originó una jornada de protestas populares que obligó a las autoridades a levantar la medida y pedir el diálogo con los sectores populares que calificaron a Morales como traidor.
La analista argentina Isabel Rauber afirmó sobre el caso boliviano que: “Los pueblos no están solo para aceptar, apoyar, convalidar o materializar (ejecutar) ideas y decisiones, sino ante todo para protagonizarlas. Esto quiere decir: participar del proceso de toma de decisiones y de la realización posterior de las mismas, compartiendo responsabilidades”.
“Si se hubiese discutido el problema del precio de la gasolina y petróleo, etc., con las organizaciones sociales, si hubiese consensuado una medida y los pasos para su implementación, nada de lo ocurrido hubiese pasado. No sé cual habría sido la propuesta, pero los resultados habrían sido diferentes: nadie sale a protestar contra lo que acordó”, añadió.
En fin, cuánto nos falta frente a esta lógica perversa de fregar al que se deja, de querer inventar el agua, que es la misma lógica que impone la globalización económica con sus consecuencias fatales en la carestía y la desgracia en que sobreviven millones de habitantes en la aldea global, a la vez que nos impone pautas culturales que privatizan nuestra vida y nos programan al consumismo.
Por Guillermo Mejía
Con la puesta en marcha del nuevo precio del tambo de gas, sólo subsidiado para quienes consumen por debajo de los 200 Kws/h, cayó de sopapo el aumento en los precios de los alimentos –con razón o sin ella- con la complicidad del gobierno de Mauricio Funes que no dio los pasos certeros ante una decisión tan compleja.
Como recordamos, el malestar popular se reflejó en un estudio de opinión elaborado por un matutito local que estimó que al menos un 70 por ciento de los consultados rechazaba la disposición oficial que fue vendida como la última coca-cola en el desierto por parte de las autoridades de Economía. Ahora se dispararon los precios.
Era una “fórmula de genios” de cara a la existencia de casos en América Latina donde la crisis internacional, con la subida en los precios de los combustibles, obligó a ciertos gobiernos a arriesgarse con medidas impopulares que les causaron desgaste político y descontento de los pobladores en las calles.
El gobierno salvadoreño vendió su idea a partir de martillar que ahora se hará justicia, por un lado, ya que el subsidio llegará a quienes verdaderamente lo necesitan y que la medida evitará el contrabando que se da del producto para Guatemala y Honduras donde el gas cuesta entre unos 18 y 13 dólares el tambo de 25 libras.
Lógicamente, las autoridades tenían que hacer algo para contener el costo de este tipo de combustibles para las arcas del Estado, eso es comprensible, pero el problema es que la gente no entiende de las “buenas intenciones” del gobierno a partir de que se aducen costos inmediatos y no solo en el precio del gas, sino en el de los productos básicos por el efecto cascada.
Como siempre, la lógica perversa de vernos la cara de tontos actuó de inmediato. Aquí, desde los grandes, los medianos, hasta los pequeños negociantes, no se tientan los hígados para sacar el costo y su ganancia a como de lugar, en la mayoría de veces victimizándose al extremo, a la vez que desde el Estado no existen mecanismos de control de precios.
Sin embargo, es necesario consignar que las mismas autoridades no hicieron lo propio. Por eso mismo fue que ya habían aplazado la puesta en marcha de la medida controversial.
El presidente Mauricio Funes había recibido cantidad de advertencias de sectores de derecha como de izquierda por la pretendida jugada, máxime que este año es pre-electoral dado que los comicios para alcaldes y diputados serán en el 2012. Obvio que el problema es serio pues las arcas estatales ya no aguantan y los organismos internacionales también presionan al país.
Los espejos recientes del descontento popular se tuvieron de los gobiernos de Chile y Bolivia que, por presiones internacionales, en el primer caso dispuso quitar el subsidio al gas licuado en la región sur del país donde la gente dice que para ellos es como el oxígeno debido a que sobreviven en el hielo y necesitan el combustible para calefacción, además para cocinar. El régimen se echó para atrás.
En Bolivia, en tanto, el gobierno de Evo Morales dispuso elevar el costo de los combustibles hasta casi el 100 por ciento, fenómeno apodado como “el gasolinazo”, que como es sabido originó una jornada de protestas populares que obligó a las autoridades a levantar la medida y pedir el diálogo con los sectores populares que calificaron a Morales como traidor.
La analista argentina Isabel Rauber afirmó sobre el caso boliviano que: “Los pueblos no están solo para aceptar, apoyar, convalidar o materializar (ejecutar) ideas y decisiones, sino ante todo para protagonizarlas. Esto quiere decir: participar del proceso de toma de decisiones y de la realización posterior de las mismas, compartiendo responsabilidades”.
“Si se hubiese discutido el problema del precio de la gasolina y petróleo, etc., con las organizaciones sociales, si hubiese consensuado una medida y los pasos para su implementación, nada de lo ocurrido hubiese pasado. No sé cual habría sido la propuesta, pero los resultados habrían sido diferentes: nadie sale a protestar contra lo que acordó”, añadió.
En fin, cuánto nos falta frente a esta lógica perversa de fregar al que se deja, de querer inventar el agua, que es la misma lógica que impone la globalización económica con sus consecuencias fatales en la carestía y la desgracia en que sobreviven millones de habitantes en la aldea global, a la vez que nos impone pautas culturales que privatizan nuestra vida y nos programan al consumismo.
lunes, marzo 28, 2011
La espectacularidad a la carta: Escenario o invisibilización
Por Guillermo Mejía
Algunos eventos acontecidos en días recientes comprueban en la práctica periodística el robo del escenario o la invisibilización, de acuerdo con intereses particulares, ideológicos, mercantiles, entre tantos, con lo que el sistema mediático nacional sigue atrapado en la instrumentalización de los receptores, amén de la ausencia de estos últimos en los procesos de información y opinión.
De hecho, la espectacularidad llegó al clímax con la visita del presidente de Estados Unidos, Barack Obama, el 22 y 23 de marzo pasados, si no veamos la forma en que los medios de comunicación en general le dieron cobertura. Sin mayor profundidad, en menoscabo del meollo del asunto tratado, como una estrella que contagia con su propia luz.
En cambio, la invisibilización mediática llegó al punto más álgido con la nula o escasa cobertura de lo que pasa desde hace dos semanas con las protestas rurales y urbanas de los maestros de Honduras, en la lucha que mantienen por la pérdida de reivindicaciones y el estatuto docente. Al grado que murió una profesora, mientras otros han sido vapuleados y reprimidos en las calles.
A nadie escapa –y los periodistas sabemos muy bien eso- que hubo y hay una forma determinada de atención o desatención de los medios según el cristal con que miran. Claro que con eso no estoy diciendo que la visita de Obama era algo secundario para la sociedad salvadoreña, lo que sí no podemos apartar del análisis es la manera del tratamiento informativo y opinativo.
Al prestar atención al fenómeno en el caso de Obama se infiere que si bien los medios de comunicación tradicionales mantuvieron la expectativa antes y en el primer día de visita, la intencionalidad posterior cambio al grado que hubo recelo por la visita a la cripta del obispo mártir, Monseñor Oscar Arnulfo Romero, mientras concluyeron que hubo mucho ruido y pocas nueces.
En la misma dirección, el caso de las protestas y su represión en Honduras –de lo que poquísimo se conoce en los medios de comunicación nacionales, por no decir nada- de forma deliberada o se esconde o se deforma, tal como ocurrió cuando la derecha y los militares sacaron en pijamas al derrocado presidente Manuel Zelaya, hace casi dos años.
Para nadie es secreto la crisis profunda en que se desenvuelve la sociedad hondureña desde aquella madrugada del 28 de junio de 2009 cuando Zelaya fue expulsado en un avión hacia Costa Rica, pero lo que pretenden los políticos y los medios de comunicación tradicionales hondureños precisamente es la invisibilización del problema, al igual que sucede en El Salvador.
En eso también hay que tomar en cuenta el papel que ha jugado la política exterior de El Salvador, encargado por Estados Unidos, sobre la “necesidad” de que el gobierno de Honduras sea reconocido por la comunidad internacional y regional a fin de que el país llegue a la “normalidad” en momentos de descontento social y la explosión de la violencia delincuencial.
Con eso podemos decir que desde el espacio mediático existe muy poco aporte a la comprensión de nuestra realidad nacional y centroamericana, y es una lástima que en pleno Siglo XXI sigamos atrapados en conceptualizaciones añejas, en lugar de dar un salto por la misma obligación de los medios y los periodistas hacia sus auditorios y el derecho a la información que debe prevalecer.
En suma, muy caro pagan los receptores la condición en que están gracias a la espectacularidad o la invisibilización que se reparte desde el sistema mediático, así como esa ausencia manifiesta de esos receptores en el mismo espacio también gracias a la falta de responsabilidad y consciencia sobre la necesaria presencia en la discusión pública de los asuntos que competen a la ciudadanía.
Por Guillermo Mejía
Algunos eventos acontecidos en días recientes comprueban en la práctica periodística el robo del escenario o la invisibilización, de acuerdo con intereses particulares, ideológicos, mercantiles, entre tantos, con lo que el sistema mediático nacional sigue atrapado en la instrumentalización de los receptores, amén de la ausencia de estos últimos en los procesos de información y opinión.
De hecho, la espectacularidad llegó al clímax con la visita del presidente de Estados Unidos, Barack Obama, el 22 y 23 de marzo pasados, si no veamos la forma en que los medios de comunicación en general le dieron cobertura. Sin mayor profundidad, en menoscabo del meollo del asunto tratado, como una estrella que contagia con su propia luz.
En cambio, la invisibilización mediática llegó al punto más álgido con la nula o escasa cobertura de lo que pasa desde hace dos semanas con las protestas rurales y urbanas de los maestros de Honduras, en la lucha que mantienen por la pérdida de reivindicaciones y el estatuto docente. Al grado que murió una profesora, mientras otros han sido vapuleados y reprimidos en las calles.
A nadie escapa –y los periodistas sabemos muy bien eso- que hubo y hay una forma determinada de atención o desatención de los medios según el cristal con que miran. Claro que con eso no estoy diciendo que la visita de Obama era algo secundario para la sociedad salvadoreña, lo que sí no podemos apartar del análisis es la manera del tratamiento informativo y opinativo.
Al prestar atención al fenómeno en el caso de Obama se infiere que si bien los medios de comunicación tradicionales mantuvieron la expectativa antes y en el primer día de visita, la intencionalidad posterior cambio al grado que hubo recelo por la visita a la cripta del obispo mártir, Monseñor Oscar Arnulfo Romero, mientras concluyeron que hubo mucho ruido y pocas nueces.
En la misma dirección, el caso de las protestas y su represión en Honduras –de lo que poquísimo se conoce en los medios de comunicación nacionales, por no decir nada- de forma deliberada o se esconde o se deforma, tal como ocurrió cuando la derecha y los militares sacaron en pijamas al derrocado presidente Manuel Zelaya, hace casi dos años.
Para nadie es secreto la crisis profunda en que se desenvuelve la sociedad hondureña desde aquella madrugada del 28 de junio de 2009 cuando Zelaya fue expulsado en un avión hacia Costa Rica, pero lo que pretenden los políticos y los medios de comunicación tradicionales hondureños precisamente es la invisibilización del problema, al igual que sucede en El Salvador.
En eso también hay que tomar en cuenta el papel que ha jugado la política exterior de El Salvador, encargado por Estados Unidos, sobre la “necesidad” de que el gobierno de Honduras sea reconocido por la comunidad internacional y regional a fin de que el país llegue a la “normalidad” en momentos de descontento social y la explosión de la violencia delincuencial.
Con eso podemos decir que desde el espacio mediático existe muy poco aporte a la comprensión de nuestra realidad nacional y centroamericana, y es una lástima que en pleno Siglo XXI sigamos atrapados en conceptualizaciones añejas, en lugar de dar un salto por la misma obligación de los medios y los periodistas hacia sus auditorios y el derecho a la información que debe prevalecer.
En suma, muy caro pagan los receptores la condición en que están gracias a la espectacularidad o la invisibilización que se reparte desde el sistema mediático, así como esa ausencia manifiesta de esos receptores en el mismo espacio también gracias a la falta de responsabilidad y consciencia sobre la necesaria presencia en la discusión pública de los asuntos que competen a la ciudadanía.
martes, marzo 22, 2011
Más allá de los gestos de la visita de Barack Obama
Por Guillermo Mejía
La visita del presidente estadounidense Barack Obama a la cripta del asesinado Arzobispo de San Salvador, Monseñor Oscar Arnulfo Romero, durante su estadía en el país fue un acto simbólico apreciable, pero más allá de los gestos queda en el fondo el cumplimiento de una serie de compromisos que afiancen el proceso democrático.
Romero fue ejecutado el 24 de marzo de 1980 por un tirador que, según el informe de la Comisión de la Verdad, surgida de los Acuerdos de Paz, recibió las órdenes del líder ultraderechista, mayor Roberto d’Aubuisson, cuando Obama tenía 19 años, por lo que sabe del martirio del prelado y su significado como defensor de los derechos humanos.
Obama, acompañado por Funes, llegó a Catedral Metropolitana al final de la tarde del martes 22, donde fue recibido por el Arzobispo de San Salvador, Monseñor José Luis Escobar Alas, que habló al mandatario estadounidense sobre de la figura del obispo mártir. Seguido, los presidentes encendieron velas en homenaje a Romero.
Sin embargo, hay que ver otros ángulos de la visita.
Que tanto el presidente Obama como su homólogo salvadoreño, Mauricio Funes, hablen de relación de socios estratégicos es parte del discurso, porque tenemos que ser conscientes sobre el fondo de la gira del mandatario norteamericano por Latinoamérica –Brasil, Chile y El Salvador- además de las limitantes que se presentan en la política doméstica de Estados Unidos.
Obviamente, no se puede dejar de lado la oportunidad, para que las autoridades expusieran la necesidad de mayores compromisos sociales, económicos y políticos que aseguren el bienestar de los salvadoreños y de la diáspora en Estados Unidos como la obtención de residencia de miles de compatriotas, y relaciones justas y soberanas entre los dos países.
Obama ha anunciado mayores niveles de cooperación en la lucha contra el narcotráfico y el crimen organizado, prometió 200 millones de dólares a la región, apertura de programas de desarrollo social y económico, una reforma migratoria que regularice la estadía de indocumentados y el estrechamiento con El Salvador que tiene unos 2.5 millones de compatriotas en Estados Unidos.
El presidente norteamericano pidió a los salvadoreños que también pongan su cuota de sacrificio, porque no se puede esperar que el desarrollo socio-económico y la profundización de la democracia vengan del exterior. El presidente Funes respondió con la necesidad de mayor recaudación fiscal, una de las ronchas de sectores económicamente poderosos.
El color lo puso el hecho que el gobierno salvadoreño es conducido por un presidente que llegó con el partido de izquierda Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (Fmln), antigua guerrilla que se enfrentó a las fuerzas militares apoyadas ni más ni menos por Estados Unidos que, además de otras prebendas, les otorgaba un millón de dólares diarios en armas.
Además, la sutilidad del discurso de la izquierda gobernante, especialmente de la dirigencia del partido, a lo que significa estar en el Poder Ejecutivo y su relación con el gobierno de Estados Unidos representado por un presidente demócrata en muchas cosas diferente a los republicanos con quienes el Frente tuvo que lidiar en el pasado reciente.
En ese sentido, es lógico que la postura del partido Fmln, que celebró la visita de Barack Obama, fuera distante de las críticas de parte de diversos movimientos sociales que demandaron, entre otras cosas, la reforma migratoria, la revisión del tratado de libre comercio, la no intervención militar en Libia, y el desmontaje de bases y de la escuela de policía de Estados Unidos en El Salvador.
Ahora, si bien es importante que El Salvador procure mejorar sus relaciones con Estados Unidos desde un marco de respeto a la soberanía y a la libre determinación de los pueblos, está claro que la profundización del proceso que se inició con la firma de los Acuerdos de Paz, en 1992, también involucra el esfuerzo de la propia sociedad salvadoreña.
Más allá de los discursos de buenas intenciones, como los que hemos escuchado en torno a la visita del presidente estadounidense, Barack Obama, la sociedad salvadoreña también necesita ser reivindicada por quienes ejercen el poder de turno o representan a grupos de poder que, por siempre, se han negado a que seamos una sociedad justa, democrática y participativa.
Por Guillermo Mejía
La visita del presidente estadounidense Barack Obama a la cripta del asesinado Arzobispo de San Salvador, Monseñor Oscar Arnulfo Romero, durante su estadía en el país fue un acto simbólico apreciable, pero más allá de los gestos queda en el fondo el cumplimiento de una serie de compromisos que afiancen el proceso democrático.
Romero fue ejecutado el 24 de marzo de 1980 por un tirador que, según el informe de la Comisión de la Verdad, surgida de los Acuerdos de Paz, recibió las órdenes del líder ultraderechista, mayor Roberto d’Aubuisson, cuando Obama tenía 19 años, por lo que sabe del martirio del prelado y su significado como defensor de los derechos humanos.
Obama, acompañado por Funes, llegó a Catedral Metropolitana al final de la tarde del martes 22, donde fue recibido por el Arzobispo de San Salvador, Monseñor José Luis Escobar Alas, que habló al mandatario estadounidense sobre de la figura del obispo mártir. Seguido, los presidentes encendieron velas en homenaje a Romero.
Sin embargo, hay que ver otros ángulos de la visita.
Que tanto el presidente Obama como su homólogo salvadoreño, Mauricio Funes, hablen de relación de socios estratégicos es parte del discurso, porque tenemos que ser conscientes sobre el fondo de la gira del mandatario norteamericano por Latinoamérica –Brasil, Chile y El Salvador- además de las limitantes que se presentan en la política doméstica de Estados Unidos.
Obviamente, no se puede dejar de lado la oportunidad, para que las autoridades expusieran la necesidad de mayores compromisos sociales, económicos y políticos que aseguren el bienestar de los salvadoreños y de la diáspora en Estados Unidos como la obtención de residencia de miles de compatriotas, y relaciones justas y soberanas entre los dos países.
Obama ha anunciado mayores niveles de cooperación en la lucha contra el narcotráfico y el crimen organizado, prometió 200 millones de dólares a la región, apertura de programas de desarrollo social y económico, una reforma migratoria que regularice la estadía de indocumentados y el estrechamiento con El Salvador que tiene unos 2.5 millones de compatriotas en Estados Unidos.
El presidente norteamericano pidió a los salvadoreños que también pongan su cuota de sacrificio, porque no se puede esperar que el desarrollo socio-económico y la profundización de la democracia vengan del exterior. El presidente Funes respondió con la necesidad de mayor recaudación fiscal, una de las ronchas de sectores económicamente poderosos.
El color lo puso el hecho que el gobierno salvadoreño es conducido por un presidente que llegó con el partido de izquierda Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (Fmln), antigua guerrilla que se enfrentó a las fuerzas militares apoyadas ni más ni menos por Estados Unidos que, además de otras prebendas, les otorgaba un millón de dólares diarios en armas.
Además, la sutilidad del discurso de la izquierda gobernante, especialmente de la dirigencia del partido, a lo que significa estar en el Poder Ejecutivo y su relación con el gobierno de Estados Unidos representado por un presidente demócrata en muchas cosas diferente a los republicanos con quienes el Frente tuvo que lidiar en el pasado reciente.
En ese sentido, es lógico que la postura del partido Fmln, que celebró la visita de Barack Obama, fuera distante de las críticas de parte de diversos movimientos sociales que demandaron, entre otras cosas, la reforma migratoria, la revisión del tratado de libre comercio, la no intervención militar en Libia, y el desmontaje de bases y de la escuela de policía de Estados Unidos en El Salvador.
Ahora, si bien es importante que El Salvador procure mejorar sus relaciones con Estados Unidos desde un marco de respeto a la soberanía y a la libre determinación de los pueblos, está claro que la profundización del proceso que se inició con la firma de los Acuerdos de Paz, en 1992, también involucra el esfuerzo de la propia sociedad salvadoreña.
Más allá de los discursos de buenas intenciones, como los que hemos escuchado en torno a la visita del presidente estadounidense, Barack Obama, la sociedad salvadoreña también necesita ser reivindicada por quienes ejercen el poder de turno o representan a grupos de poder que, por siempre, se han negado a que seamos una sociedad justa, democrática y participativa.
lunes, marzo 14, 2011
Cotidianas en el paraíso que espera a Barack Obama
Por Guillermo Mejía
Los pandilleros siguen súper conectados en los penales. Recientemente, desde uno de esos centros, contactaron con varios colegas periodistas para anunciar sus medidas reivindicativas que incluyeron una visita de sus familiares a la Procuraduría para la Defensa de los Derechos Humanos donde denunciaron las condiciones infrahumanas en que se encuentran.
Algunas fuentes policiales admiten que los integrantes de las maras “hacen conferencias” telefónicas a plena luz del día con sus pares distribuidos en otros centros de detención, similares a las convocatorias a la prensa que se están volviendo comunes, y que eso pasa en las barbas de las autoridades respectivas.
El gobierno del presidente Mauricio Funes, aunque aceptó un día de estos que los crímenes han aumentado, se ha mantenido con el discurso que las cosas mejoraron con los controles en los penales, sobre todo por la presencia de la Fuerza Armada, y dada la efectividad los pandilleros han optado por la eliminación de soldados y policías en represalia.
El accionar de las maras nos sugiere que no están de brazos cruzados. Además del control territorial que ejercen en las comunidades y las extorsiones, se han dispuesto a “comprar voluntades” de diversas formas, en especial de quienes trabajan en las instituciones que pertenecen a la seguridad pública, el ejército, los penales, en fin, en el corazón del sistema.
Los especialistas consideran que los pandilleros han logrado emular formas de organización y operación de grupos irregulares, aunque es un hecho que carecen de propuestas políticas. El contacto con carteles de la droga les ha significado un salto cualitativo. Estiman que unos 4.500 mareros están semi armados.
En esa misma dirección, desde muchos sectores de la sociedad salvadoreña se resiente que el territorio nacional sirve para el tránsito de la droga que mueven los carteles con la complicidad de personas y personitas de los más diversos estratos, incluida gente vinculada con la institucionalidad del país.
De nuevo, cualquiera con dos dedos de frente se preguntará qué pasa con la seguridad pública. Hay muchas cosas tan obvias sobre las que no se necesita mayor instrucción para concluir que algo anda mal o ¿será que no se entienden?, ¿o no están interesados?, ¿o resulta que la infiltración de la institucionalidad por el crimen organizado es un éxito?
Cuando afirman en el gobierno que los carteles de la droga y el crimen organizado “anda explorando” las condiciones para su desarrollo en El Salvador uno piensa en un chiste de mal gusto. Si el país no es una isla, sino es parte del enclave de la droga que socava a nuestra región, además de México y Colombia. Decir que no andamos tan mal como otros es consuelo de tontos.
Esa es la cotidianeidad que espera al presidente estadounidense, Barack Obama, en su visita programada para estos días. Muchas cosas se andan diciendo del porqué escogió a El Salvador, junto a Brasil y Chile, para su gira latinoamericana. Pero, en especial, a nuestro país en tiempos de tráfico y violencia descarnada.
Está claro que hay temas de cajón como, por ejemplo, la necesidad de una reforma migratoria que favorezca a los compatriotas en Estados Unidos, donde viven más de dos millones de salvadoreños, la presencia de bases en nuestro suelo, los tratados comerciales, lo que pasa en el país y la región, etcétera. Sin embargo, hay cosas que quedarán en las penumbras.
En ese marco, aceptar la condición que tenemos es elemental para la sociedad salvadoreña. Dejémonos de mentiras y hagamos bien las cosas. Ya no robemos cámara, no desgastemos los instrumentos que nos pueden servir para encontrarle rumbo al país. Sería mejor, eso sí, si la ciudadanía tuviera presencia real en la construcción de su destino.
Por Guillermo Mejía
Los pandilleros siguen súper conectados en los penales. Recientemente, desde uno de esos centros, contactaron con varios colegas periodistas para anunciar sus medidas reivindicativas que incluyeron una visita de sus familiares a la Procuraduría para la Defensa de los Derechos Humanos donde denunciaron las condiciones infrahumanas en que se encuentran.
Algunas fuentes policiales admiten que los integrantes de las maras “hacen conferencias” telefónicas a plena luz del día con sus pares distribuidos en otros centros de detención, similares a las convocatorias a la prensa que se están volviendo comunes, y que eso pasa en las barbas de las autoridades respectivas.
El gobierno del presidente Mauricio Funes, aunque aceptó un día de estos que los crímenes han aumentado, se ha mantenido con el discurso que las cosas mejoraron con los controles en los penales, sobre todo por la presencia de la Fuerza Armada, y dada la efectividad los pandilleros han optado por la eliminación de soldados y policías en represalia.
El accionar de las maras nos sugiere que no están de brazos cruzados. Además del control territorial que ejercen en las comunidades y las extorsiones, se han dispuesto a “comprar voluntades” de diversas formas, en especial de quienes trabajan en las instituciones que pertenecen a la seguridad pública, el ejército, los penales, en fin, en el corazón del sistema.
Los especialistas consideran que los pandilleros han logrado emular formas de organización y operación de grupos irregulares, aunque es un hecho que carecen de propuestas políticas. El contacto con carteles de la droga les ha significado un salto cualitativo. Estiman que unos 4.500 mareros están semi armados.
En esa misma dirección, desde muchos sectores de la sociedad salvadoreña se resiente que el territorio nacional sirve para el tránsito de la droga que mueven los carteles con la complicidad de personas y personitas de los más diversos estratos, incluida gente vinculada con la institucionalidad del país.
De nuevo, cualquiera con dos dedos de frente se preguntará qué pasa con la seguridad pública. Hay muchas cosas tan obvias sobre las que no se necesita mayor instrucción para concluir que algo anda mal o ¿será que no se entienden?, ¿o no están interesados?, ¿o resulta que la infiltración de la institucionalidad por el crimen organizado es un éxito?
Cuando afirman en el gobierno que los carteles de la droga y el crimen organizado “anda explorando” las condiciones para su desarrollo en El Salvador uno piensa en un chiste de mal gusto. Si el país no es una isla, sino es parte del enclave de la droga que socava a nuestra región, además de México y Colombia. Decir que no andamos tan mal como otros es consuelo de tontos.
Esa es la cotidianeidad que espera al presidente estadounidense, Barack Obama, en su visita programada para estos días. Muchas cosas se andan diciendo del porqué escogió a El Salvador, junto a Brasil y Chile, para su gira latinoamericana. Pero, en especial, a nuestro país en tiempos de tráfico y violencia descarnada.
Está claro que hay temas de cajón como, por ejemplo, la necesidad de una reforma migratoria que favorezca a los compatriotas en Estados Unidos, donde viven más de dos millones de salvadoreños, la presencia de bases en nuestro suelo, los tratados comerciales, lo que pasa en el país y la región, etcétera. Sin embargo, hay cosas que quedarán en las penumbras.
En ese marco, aceptar la condición que tenemos es elemental para la sociedad salvadoreña. Dejémonos de mentiras y hagamos bien las cosas. Ya no robemos cámara, no desgastemos los instrumentos que nos pueden servir para encontrarle rumbo al país. Sería mejor, eso sí, si la ciudadanía tuviera presencia real en la construcción de su destino.
lunes, marzo 07, 2011
Un diálogo social que siente las bases de la sociedad democrática
Por Guillermo Mejía
La necesidad y urgencia de que los ciudadanos participen activamente del encuentro, que debería ser correspondido por los políticos y potenciado por los medios de comunicación, cabe resaltarse desde la dimensión moral, más allá que resulte trillado el ofrecimiento oficial a cada instante de que la crisis debe resolverse en un diálogo social.
Para el caso, el gobierno de Mauricio Funes ofreció su apertura a ese encuentro desde el día en que se proclamó ganador de las elecciones presidenciales y ha seguido haciéndolo en cada momento en que afloran las contradicciones en la sociedad, así con el partido oficial, con los trabajadores organizados y últimamente con los políticos (y empresarios).
Al verlo desde esa dimensión moral, cabe considerar la actitud dialógica tomando como base a la ética comunicativa con las propuestas de los maestros alemanes Jürgen Habermas y Otto Apel, por ser congruentes –y mejor dotadas- con las exigencias morales de lo que se asume como sociedad democrática y pluralista.
“La ética discursiva se propone, en principio, responder a una pregunta que cualquier persona ha formulado alguna vez: ¿por qué hay que comportarse moralmente? Intentar responder a ella es intentar fundamentar el comportamiento moral, que es una de las tareas esenciales de la ética”, afirma la catedrática española de Filosofía del Derecho, Moral y Política, Adela Cortina.
Por otro lado, la ética discursiva parte también de un hecho referido al lenguaje considerando que todos los seres humanos realizan acciones comunicativas, por medio de las cuales un hablante y un oyente “tratan de entenderse” sobre algo para organizar sus vidas. A pesar de que pueden tener diferentes fines se comunican para entenderse y, desde ahí, pueden alcanzar acuerdos.
Según Cortina, profesora de la Universidad de Valencia, el punto de partida son las acciones comunicativas.
A partir de éstas, se establecen: 1. Personas como interlocutores válidos. El hecho de que hablante y oyente realicen actos de habla significa también que, aunque no lo digan, están aceptando implícitamente muchas cosas. 2. Las cuatro pretensiones de validez del habla: inteligibilidad, veracidad, verdad y corrección.
A la vez, las reglas del discurso práctico que son tomadas en cuenta si los interlocutores argumentan en serio:
-Desde el punto de vista lógico, la argumentación ha de cumplir las reglas de una lógica mínima, imprescindibles para que sea lógicamente coherente, para que haya un mínimo de entendimiento entre los interlocutores.
-Han de considerar la argumentación como un procedimiento, que consiste en la búsqueda cooperativa de la corrección, y no como un medio para persuadir a otros de que se tiene razón o para lucirse desplegando una gran capacidad retórica.
-Si consideramos el discurso argumentativo como un proceso de comunicación, esto significa que los interlocutores quieren llegar a un acuerdo que no venga motivado por la fuerza o por impulsos más o menos viscerales, sino por el mejor argumento, y para eso han de satisfacer unas condiciones muy difíciles de cumplir, porque han de dejar participar en el diálogo a todos aquellos cuyos intereses están afectados porque la norma se ponga en vigor o no, ya que, en caso contrario, estamos decidiendo arbitrariamente que algunos no son interlocutores válidos.
Se agrega el principio de universalización, con gran tradición en el ámbito de la ética: tener en cuenta este principio significa tomar como morales normas que yo creo que cualquier ser racional debería cumplir para actuar de acuerdo con su racionalidad. Mentir, matar, torturar no son acciones propias de seres humanos, según la maestra Cortina, por ende son inmorales.
Además, el principio de la ética del discurso: que sólo pueden pretender validez las normas que encuentran (o podrían encontrar) aceptación por parte de todos los afectados, como participantes en un discurso práctico.
“Por lo tanto, para que la norma sea correcta tienen que haber participado en el diálogo todos los afectados por ella, y no sólo los representantes o algunos que han podido acudir; tienen que haberlo hecho según las reglas que ya hemos mencionado, es decir, en condiciones de simetría; y la norma se tendrá por correcta sólo cuando todos –y no los más poderosos o la mayoría- la acepten porque les parece que satisfacen intereses universalizables”, estima Cortina.
Finalmente, la catedrática española establece una actitud dialógica pero sin confundir “diálogo” con “negociación” y “acuerdo” con “pacto”, pues las negociaciones y los pactos son estratégicos, mientras que los diálogos y los acuerdos son propios de una racionalidad comunicativa.
En otras palabras, quienes entablan una negociación se contemplan como medios para sus fines individuales y buscan, por tanto, instrumentalizarse. Se comportan entonces estratégicamente con la mira puesta cada uno de ellos en conseguir su propio beneficio, lo cual suele acontecer a través de un pacto.
Por el contrario, quien entabla un diálogo considera al interlocutor como una persona con la que merece la pena entenderse para intentar satisfacer intereses universalizables. Por eso no intenta instrumentalizarle, tratarle estratégicamente como un medio para sus propios fines, sino respetarle como una persona en sí valiosa.
La reflexión y el compromiso son loables. La sociedad salvadoreña, inmersa en la injusticia y la violencia desenfrenada, necesita enrumbarse por otros caminos con mayor consciencia y voluntad de cambio a fin de establecer condiciones que aseguren convivencia democrática. Qué tarea de gobernantes y gobernados.
Por Guillermo Mejía
La necesidad y urgencia de que los ciudadanos participen activamente del encuentro, que debería ser correspondido por los políticos y potenciado por los medios de comunicación, cabe resaltarse desde la dimensión moral, más allá que resulte trillado el ofrecimiento oficial a cada instante de que la crisis debe resolverse en un diálogo social.
Para el caso, el gobierno de Mauricio Funes ofreció su apertura a ese encuentro desde el día en que se proclamó ganador de las elecciones presidenciales y ha seguido haciéndolo en cada momento en que afloran las contradicciones en la sociedad, así con el partido oficial, con los trabajadores organizados y últimamente con los políticos (y empresarios).
Al verlo desde esa dimensión moral, cabe considerar la actitud dialógica tomando como base a la ética comunicativa con las propuestas de los maestros alemanes Jürgen Habermas y Otto Apel, por ser congruentes –y mejor dotadas- con las exigencias morales de lo que se asume como sociedad democrática y pluralista.
“La ética discursiva se propone, en principio, responder a una pregunta que cualquier persona ha formulado alguna vez: ¿por qué hay que comportarse moralmente? Intentar responder a ella es intentar fundamentar el comportamiento moral, que es una de las tareas esenciales de la ética”, afirma la catedrática española de Filosofía del Derecho, Moral y Política, Adela Cortina.
Por otro lado, la ética discursiva parte también de un hecho referido al lenguaje considerando que todos los seres humanos realizan acciones comunicativas, por medio de las cuales un hablante y un oyente “tratan de entenderse” sobre algo para organizar sus vidas. A pesar de que pueden tener diferentes fines se comunican para entenderse y, desde ahí, pueden alcanzar acuerdos.
Según Cortina, profesora de la Universidad de Valencia, el punto de partida son las acciones comunicativas.
A partir de éstas, se establecen: 1. Personas como interlocutores válidos. El hecho de que hablante y oyente realicen actos de habla significa también que, aunque no lo digan, están aceptando implícitamente muchas cosas. 2. Las cuatro pretensiones de validez del habla: inteligibilidad, veracidad, verdad y corrección.
A la vez, las reglas del discurso práctico que son tomadas en cuenta si los interlocutores argumentan en serio:
-Desde el punto de vista lógico, la argumentación ha de cumplir las reglas de una lógica mínima, imprescindibles para que sea lógicamente coherente, para que haya un mínimo de entendimiento entre los interlocutores.
-Han de considerar la argumentación como un procedimiento, que consiste en la búsqueda cooperativa de la corrección, y no como un medio para persuadir a otros de que se tiene razón o para lucirse desplegando una gran capacidad retórica.
-Si consideramos el discurso argumentativo como un proceso de comunicación, esto significa que los interlocutores quieren llegar a un acuerdo que no venga motivado por la fuerza o por impulsos más o menos viscerales, sino por el mejor argumento, y para eso han de satisfacer unas condiciones muy difíciles de cumplir, porque han de dejar participar en el diálogo a todos aquellos cuyos intereses están afectados porque la norma se ponga en vigor o no, ya que, en caso contrario, estamos decidiendo arbitrariamente que algunos no son interlocutores válidos.
Se agrega el principio de universalización, con gran tradición en el ámbito de la ética: tener en cuenta este principio significa tomar como morales normas que yo creo que cualquier ser racional debería cumplir para actuar de acuerdo con su racionalidad. Mentir, matar, torturar no son acciones propias de seres humanos, según la maestra Cortina, por ende son inmorales.
Además, el principio de la ética del discurso: que sólo pueden pretender validez las normas que encuentran (o podrían encontrar) aceptación por parte de todos los afectados, como participantes en un discurso práctico.
“Por lo tanto, para que la norma sea correcta tienen que haber participado en el diálogo todos los afectados por ella, y no sólo los representantes o algunos que han podido acudir; tienen que haberlo hecho según las reglas que ya hemos mencionado, es decir, en condiciones de simetría; y la norma se tendrá por correcta sólo cuando todos –y no los más poderosos o la mayoría- la acepten porque les parece que satisfacen intereses universalizables”, estima Cortina.
Finalmente, la catedrática española establece una actitud dialógica pero sin confundir “diálogo” con “negociación” y “acuerdo” con “pacto”, pues las negociaciones y los pactos son estratégicos, mientras que los diálogos y los acuerdos son propios de una racionalidad comunicativa.
En otras palabras, quienes entablan una negociación se contemplan como medios para sus fines individuales y buscan, por tanto, instrumentalizarse. Se comportan entonces estratégicamente con la mira puesta cada uno de ellos en conseguir su propio beneficio, lo cual suele acontecer a través de un pacto.
Por el contrario, quien entabla un diálogo considera al interlocutor como una persona con la que merece la pena entenderse para intentar satisfacer intereses universalizables. Por eso no intenta instrumentalizarle, tratarle estratégicamente como un medio para sus propios fines, sino respetarle como una persona en sí valiosa.
La reflexión y el compromiso son loables. La sociedad salvadoreña, inmersa en la injusticia y la violencia desenfrenada, necesita enrumbarse por otros caminos con mayor consciencia y voluntad de cambio a fin de establecer condiciones que aseguren convivencia democrática. Qué tarea de gobernantes y gobernados.
lunes, febrero 28, 2011
Chantaje, cinismo y frustración
Por Guillermo Mejía
La denuncia del empresario de autobuses Catalino Miranda que detrás de los accidentes motorizados hay mano peluda, al igual que la ganga de que se les “ayude” para negociar lo que deben por multas policiales so pena de hacer inviable la sociedad llegó al colmo. Hasta ahora la respuesta oficial es que se les aplicará la ley. Veremos.
El costo de la irresponsabilidad da cuenta de al menos 20 muertos y casi 200 lesionados en varios hechos registrados en días recientes. El cinismo llegó al grado que la misma policía admite que los buseros conducen sin licencia, por vencimiento o decomiso, en un 80 por ciento de los casos, mientras deben al Estado una suma millonaria por esquelas.
Como es costumbre, los ciudadanos víctimas del atropello constante de los cafres han avalado la postura del gobierno en que, como dijo el ministro de Obras Públicas, Gerson Martínez, se les acabará la ley de la selva o la fiesta. Al menos, la promesa y las acciones que hemos visto del fin de semana para acá siguen en pie. Otras 975 multas fueron impuestas en la jornada policial.
Para la gente resulta frustrante el comportamiento de los buseros que siempre han gozado de impunidad y prerrogativas de los gobiernos de turno dentro del clientelismo político y de trances de las autoridades u otros dirigentes de partidos con estos irresponsables, que tienen hasta representantes en la Asamblea Legislativa.
Al verle el lado amable, diremos que si se cumple con que se les acabará la fiesta será otra oportunidad del gobierno de Mauricio Funes y el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (Fmln) de apostarle al también frustrado –aunque anhelado- cambio, tal como establecieron en las promesas electorales.
Es una realidad incuestionable que con esas actitudes y comportamientos los cafres se han pasado del límite; es decir, lograron ganar la categoría de delincuentes motorizados, mientras las autoridades han pecado por omisión ante la existencia de una legislación al respecto y la tembladera que les ha dado para cumplir con lo previsto.
Sin duda que la problemática del transporte público tiene varias aristas y, por ende, así focalizado sólo resalta a quién hay que pedirle cuentas; sin embargo, hay muchas cuestiones que se tienen que poner en orden dentro de la casa, una de ellas también –como hemos dicho con anterioridad- se refiere a la necesidad de mayor tributación al fisco para corresponder con la crisis.
A la vez, está el problema de la inseguridad que ya no aguanta con el discurso de las autoridades policiales de que los crímenes han ido bajando de tanto en tanto cuando la sociedad tiene asegurado el “honor” de ser una de las más violentas del mundo, mucho más que la mexicana y la colombiana. Es innegable que en la vorágine el transporte ha puesto su cuota de sangre.
Y la verdad es que nadie se siente seguro con la forma en que pretenden atajar el problema, por cierto un problema que tampoco es nuevo, pero que amerita de parte del gobierno la mayor atención posible si no veamos que, junto a la crisis económica, galopa como el principal dolor de cabeza de los ciudadanos. Es frustrante.
Esperemos esta vez que las autoridades cumplan con lo que dijeron frente al chantaje de los buseros, porque la ley tiene que aplicarse parejo. Qué bueno sería para el país que la ciudadanía adoptara, a la vez, su papel como constructora de su futuro, cómo urge esa toma de conciencia y la acción política respectiva. Animo.
Por Guillermo Mejía
La denuncia del empresario de autobuses Catalino Miranda que detrás de los accidentes motorizados hay mano peluda, al igual que la ganga de que se les “ayude” para negociar lo que deben por multas policiales so pena de hacer inviable la sociedad llegó al colmo. Hasta ahora la respuesta oficial es que se les aplicará la ley. Veremos.
El costo de la irresponsabilidad da cuenta de al menos 20 muertos y casi 200 lesionados en varios hechos registrados en días recientes. El cinismo llegó al grado que la misma policía admite que los buseros conducen sin licencia, por vencimiento o decomiso, en un 80 por ciento de los casos, mientras deben al Estado una suma millonaria por esquelas.
Como es costumbre, los ciudadanos víctimas del atropello constante de los cafres han avalado la postura del gobierno en que, como dijo el ministro de Obras Públicas, Gerson Martínez, se les acabará la ley de la selva o la fiesta. Al menos, la promesa y las acciones que hemos visto del fin de semana para acá siguen en pie. Otras 975 multas fueron impuestas en la jornada policial.
Para la gente resulta frustrante el comportamiento de los buseros que siempre han gozado de impunidad y prerrogativas de los gobiernos de turno dentro del clientelismo político y de trances de las autoridades u otros dirigentes de partidos con estos irresponsables, que tienen hasta representantes en la Asamblea Legislativa.
Al verle el lado amable, diremos que si se cumple con que se les acabará la fiesta será otra oportunidad del gobierno de Mauricio Funes y el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (Fmln) de apostarle al también frustrado –aunque anhelado- cambio, tal como establecieron en las promesas electorales.
Es una realidad incuestionable que con esas actitudes y comportamientos los cafres se han pasado del límite; es decir, lograron ganar la categoría de delincuentes motorizados, mientras las autoridades han pecado por omisión ante la existencia de una legislación al respecto y la tembladera que les ha dado para cumplir con lo previsto.
Sin duda que la problemática del transporte público tiene varias aristas y, por ende, así focalizado sólo resalta a quién hay que pedirle cuentas; sin embargo, hay muchas cuestiones que se tienen que poner en orden dentro de la casa, una de ellas también –como hemos dicho con anterioridad- se refiere a la necesidad de mayor tributación al fisco para corresponder con la crisis.
A la vez, está el problema de la inseguridad que ya no aguanta con el discurso de las autoridades policiales de que los crímenes han ido bajando de tanto en tanto cuando la sociedad tiene asegurado el “honor” de ser una de las más violentas del mundo, mucho más que la mexicana y la colombiana. Es innegable que en la vorágine el transporte ha puesto su cuota de sangre.
Y la verdad es que nadie se siente seguro con la forma en que pretenden atajar el problema, por cierto un problema que tampoco es nuevo, pero que amerita de parte del gobierno la mayor atención posible si no veamos que, junto a la crisis económica, galopa como el principal dolor de cabeza de los ciudadanos. Es frustrante.
Esperemos esta vez que las autoridades cumplan con lo que dijeron frente al chantaje de los buseros, porque la ley tiene que aplicarse parejo. Qué bueno sería para el país que la ciudadanía adoptara, a la vez, su papel como constructora de su futuro, cómo urge esa toma de conciencia y la acción política respectiva. Animo.
lunes, febrero 21, 2011
Déjà vu
Por Guillermo Mejía
Algo “ya visto”, aunque tenemos que entender el sentido metafórico de la definición que le doy a la expresión francesa, derivada de la sicología. En este caso, vale aclarar que el “ya visto” se refiere a la conducta añeja reaccionaria de la empresa privada salvadoreña frente a la necesidad de aportar –tal cual establece la ley- al fisco para decir que son socialmente responsables.
Para todos, está claro que con estos empresarios no vamos muy lejos, porque para ellos es mejor que nos sigamos desangrando entre hermanos, en medio de la delincuencia, el crimen organizado y el narcotráfico, pues ellos se sienten cachimbones. Mientras, el gobierno teme entrarle de lleno para corregir esa situación y entonces que se profundice la miseria y la violencia.
Como algo “ya visto”, comparto en esta oportunidad un material que publiqué en medios de prensa internacionales en el año 2000 cuando, pese a todo, existía una pequeña esperanza de corregir muchas cosas que salieron torcidas de los Acuerdos de Paz, firmados en enero de 1992, entre ellas el fracaso anunciado del Foro para la concertación Económica-Social.
Ahora el turno le corresponde al Consejo Económico y Social, ojala que esa situación se revierte de la mano de la inteligencia de sus representantes, en especial de sectores labores y académicos, porque de estos empresarios “gorrones” poco podemos esperar, es como pedir –como reza el dicho- peras al olmo.
***************************
Lecciones de una revolución que no fue
Por Guillermo Mejía
Los cambios esperados en El Salvador, sobre todo en el área socio-económica, se frustraron. La parte específica puesta en los Acuerdos de Paz, suscritos en 1992, no pasaron de ser letra muerta al igual que el tiempo invertido en la matanza fratricida.
Son lecciones que los centroamericanos debemos tomar muy en cuenta y así evitar errores futuros.
La violencia que se experimenta en la actualidad tiene mucho que ver con esa oportunidad perdida. La Asociación Nacional de la Empresa Privada (ANEP) denunció que los secuestros están a la orden del día y se estima que por los últimos plagios se ha pagado sumas millonarias.
Pero, ¿qué pasó? Sin duda la transición aseguró la participación política de la izquierda, aglutinada en el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN), que cada vez disfruta de su ascenso en las esferas del poder legislativo y municipal, e incluso saborea su llegada a la presidencia.
Sin embargo, esa ganancia temporal no lo es todo. La marginación social y económica, en que subsiste gran parte de salvadoreños, se profundiza en medio de la implantación del sistema neoliberal y sin que existan opciones para los sectores populares.
Si los empresarios y los políticos, especialmente del partido Alianza Republicana Nacionalista (Arena), hubieran sido futuristas estaríamos en otra situación. Claro que también hay que hablar de la inconsecuencia de un acomodado FMLN que no hizo un esfuerzo serio para se cumplieran los Acuerdos de Paz.
En ese sentido, el oscurantismo político y los empresarios hicieron sucumbir, en 1993, la única salida civilizada que quedaba a la crisis: el Foro para la Concertación Económica y Social, donde estaban representados los patronos, trabajadores y el gobierno. Aseguraba ese foro una serie de acuerdos tendientes al desarrollo económico y social en beneficio de los ciudadanos.
A estas alturas, tal como refiere el diseño, se contaría con un marco legal en materia laboral para promover y mantener un clima de armonía en las relaciones de trabajo, así mismo propuestas concretas para superar la marginación urbana y rural.
Al contrario, la ceguera ha llevado a más confrontación social, si no veamos los eternos conflictos obrero-patronales. Caso patético es lo ocurrido en el Instituto Salvadoreño del Seguro Social (ISSS) que luego de ocho meses del estallido de una huelga aún no se solventan los problemas que llevaron a los trabajadores a protestar.
Tampoco se han dado pasos concretos para contrarrestar la marginación social y económica. Cada quien tiene que salvarse como pueda, jamás se ha experimentado la solidaridad con los más desamparados, al final lo que está de moda es endurecer las leyes para castigar a la galopante delincuencia como si naciera de la nada, como que no tuviera raíces profundas en esa marginación.
En otras palabras, la sociedad salvadoreña involuciona hacia un Estado que supuestamente fue superado con los Acuerdos de Paz. Con tono nostálgico el ex-comandante guerrillero Leonel González se lamentó que el FMLN erró al entregar las armas sin que se cumplieran al pie de la letra los Acuerdos de Paz.
Pese al momento político en que lo dijo, en la efervescencia electoral pasada, quizás tenga razón, y mucho más al ver a una izquierda complaciente que sueña con llegar a la presidencia en el 2004. ¿Qué país irá a gobernar?, es la pregunta.
Y es tan atrasada la derecha, reitero, que no da pasos en la búsqueda de un mejor horizonte.
Persiste en su empecinamiento, su voracidad, es decir no posibilita soluciones a los problemas que se tornan incontrolables. De poco sirve, en ese contexto, que derecha, izquierda, religiosos, empresarios, etc. se unan en el clamor porque termine la violencia cotidiana. El poder está en manos de ciegos.
En conclusión, se fue la oportunidad, se truncaron los cambios, habrá que esperar a saber qué para volver al sendero. La crisis social y económica que afronta la mayoría de salvadoreños evidencia la revolución que no fue. Y cuidado, centroamericanos, que el futuro es incierto en la región... quiérase o no, guste o no, compartimos los mismos males y similar clase de políticos. (FIN)
¿Déjà vu?, compatriotas. Ustedes juzguen.
Por Guillermo Mejía
Algo “ya visto”, aunque tenemos que entender el sentido metafórico de la definición que le doy a la expresión francesa, derivada de la sicología. En este caso, vale aclarar que el “ya visto” se refiere a la conducta añeja reaccionaria de la empresa privada salvadoreña frente a la necesidad de aportar –tal cual establece la ley- al fisco para decir que son socialmente responsables.
Para todos, está claro que con estos empresarios no vamos muy lejos, porque para ellos es mejor que nos sigamos desangrando entre hermanos, en medio de la delincuencia, el crimen organizado y el narcotráfico, pues ellos se sienten cachimbones. Mientras, el gobierno teme entrarle de lleno para corregir esa situación y entonces que se profundice la miseria y la violencia.
Como algo “ya visto”, comparto en esta oportunidad un material que publiqué en medios de prensa internacionales en el año 2000 cuando, pese a todo, existía una pequeña esperanza de corregir muchas cosas que salieron torcidas de los Acuerdos de Paz, firmados en enero de 1992, entre ellas el fracaso anunciado del Foro para la concertación Económica-Social.
Ahora el turno le corresponde al Consejo Económico y Social, ojala que esa situación se revierte de la mano de la inteligencia de sus representantes, en especial de sectores labores y académicos, porque de estos empresarios “gorrones” poco podemos esperar, es como pedir –como reza el dicho- peras al olmo.
***************************
Lecciones de una revolución que no fue
Por Guillermo Mejía
Los cambios esperados en El Salvador, sobre todo en el área socio-económica, se frustraron. La parte específica puesta en los Acuerdos de Paz, suscritos en 1992, no pasaron de ser letra muerta al igual que el tiempo invertido en la matanza fratricida.
Son lecciones que los centroamericanos debemos tomar muy en cuenta y así evitar errores futuros.
La violencia que se experimenta en la actualidad tiene mucho que ver con esa oportunidad perdida. La Asociación Nacional de la Empresa Privada (ANEP) denunció que los secuestros están a la orden del día y se estima que por los últimos plagios se ha pagado sumas millonarias.
Pero, ¿qué pasó? Sin duda la transición aseguró la participación política de la izquierda, aglutinada en el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN), que cada vez disfruta de su ascenso en las esferas del poder legislativo y municipal, e incluso saborea su llegada a la presidencia.
Sin embargo, esa ganancia temporal no lo es todo. La marginación social y económica, en que subsiste gran parte de salvadoreños, se profundiza en medio de la implantación del sistema neoliberal y sin que existan opciones para los sectores populares.
Si los empresarios y los políticos, especialmente del partido Alianza Republicana Nacionalista (Arena), hubieran sido futuristas estaríamos en otra situación. Claro que también hay que hablar de la inconsecuencia de un acomodado FMLN que no hizo un esfuerzo serio para se cumplieran los Acuerdos de Paz.
En ese sentido, el oscurantismo político y los empresarios hicieron sucumbir, en 1993, la única salida civilizada que quedaba a la crisis: el Foro para la Concertación Económica y Social, donde estaban representados los patronos, trabajadores y el gobierno. Aseguraba ese foro una serie de acuerdos tendientes al desarrollo económico y social en beneficio de los ciudadanos.
A estas alturas, tal como refiere el diseño, se contaría con un marco legal en materia laboral para promover y mantener un clima de armonía en las relaciones de trabajo, así mismo propuestas concretas para superar la marginación urbana y rural.
Al contrario, la ceguera ha llevado a más confrontación social, si no veamos los eternos conflictos obrero-patronales. Caso patético es lo ocurrido en el Instituto Salvadoreño del Seguro Social (ISSS) que luego de ocho meses del estallido de una huelga aún no se solventan los problemas que llevaron a los trabajadores a protestar.
Tampoco se han dado pasos concretos para contrarrestar la marginación social y económica. Cada quien tiene que salvarse como pueda, jamás se ha experimentado la solidaridad con los más desamparados, al final lo que está de moda es endurecer las leyes para castigar a la galopante delincuencia como si naciera de la nada, como que no tuviera raíces profundas en esa marginación.
En otras palabras, la sociedad salvadoreña involuciona hacia un Estado que supuestamente fue superado con los Acuerdos de Paz. Con tono nostálgico el ex-comandante guerrillero Leonel González se lamentó que el FMLN erró al entregar las armas sin que se cumplieran al pie de la letra los Acuerdos de Paz.
Pese al momento político en que lo dijo, en la efervescencia electoral pasada, quizás tenga razón, y mucho más al ver a una izquierda complaciente que sueña con llegar a la presidencia en el 2004. ¿Qué país irá a gobernar?, es la pregunta.
Y es tan atrasada la derecha, reitero, que no da pasos en la búsqueda de un mejor horizonte.
Persiste en su empecinamiento, su voracidad, es decir no posibilita soluciones a los problemas que se tornan incontrolables. De poco sirve, en ese contexto, que derecha, izquierda, religiosos, empresarios, etc. se unan en el clamor porque termine la violencia cotidiana. El poder está en manos de ciegos.
En conclusión, se fue la oportunidad, se truncaron los cambios, habrá que esperar a saber qué para volver al sendero. La crisis social y económica que afronta la mayoría de salvadoreños evidencia la revolución que no fue. Y cuidado, centroamericanos, que el futuro es incierto en la región... quiérase o no, guste o no, compartimos los mismos males y similar clase de políticos. (FIN)
¿Déjà vu?, compatriotas. Ustedes juzguen.
lunes, febrero 14, 2011
El sentido de la solidaridad y el sacrificio
Por Guillermo Mejía
Por el discurso que manejan en el gobierno y la empresa privada, los salvadoreños están condenados a manifestar su solidaridad con sus conciudadanos, pero sin esperar algo a cambio. Es más, ese sentimiento solamente puede ser expresado entre la misma gente pobre, porque de los que detentan el poder no hay esperanzas.
Eso se puede concluir de las respuestas que ha dado el mismo presidente Mauricio Funes y miembros de su gabinete ante los reclamos de los trabajadores estatales porque han sido excluidos de los aumentos salariales a que da lugar la ley. Lo grave es que Funes prometió desde el comienzo su compromiso con respetar el Estado de derecho.
Y, ese marco legal, tiene establecido que los salarios de los trabajadores tienen que estar acordes al alto costo de la vida, ya sea que estén o no escalafonados. Además, que todo aumento que existe por parte del Estado debe ser automáticamente aplicado a todos los trabajadores, el único margen será los topes que pongan en cuanto al salario asignado.
Para todos es conocido que, como advierte el mismo gobierno, los fondos escasean en las arcas estatales, por eso insisten en que la gente trabajadora tiene que reconocer el problema y solidarizarse con los demás, pero, por ejemplo, ese mismo reconocimiento no existe con respecto a la empresa privada que, como todos sabemos, también se vale de trucos para no pagar impuestos como se debe.
Como dice la sabiduría popular: o todos en la cama o todos en el suelo; sin embargo, ni las autoridades ni los empresarios privados dan pasos en concreto. No es necesario ser economista para saber que una forma adecuada para reactivar la economía es potenciar el consumo y eso solamente se puede a partir de los aumentos salariales. Los empresarios ni en sueño asumen el reto.
Uno de los esfuerzos del gobierno que podría tomarse como verdadero cambio sería lograr que los empresarios privados cumplan con lo que establece la ley sobre los impuestos. Todavía resuena en la sociedad salvadoreña las acusaciones que hizo un ex embajador estadounidense en años pasados sobre los “empresarios gorrones” que se roban lo que les toca pagar al Estado.
Si bien en los veinte años de gobiernos de Alianza Republicana Nacionalista (Arena) la gente no vio nada claro en medio de las chucherías empresariales y el despilfarro en las arcas estatales, al grado que un ex presidente se convirtió en magnate de los medios de la noche a la mañana, será el colmo que la situación siga igual con este gobierno que se asume de izquierda y que dice estar por el cambio.
Los trabajadores no pueden conformarse con las promesas oficiales, muy al contrario, tiene que ejercer la presión adecuada para hacerse sentir y conseguir lo que les corresponde. Como bien señaló el politólogo Alvaro Artiga, de la Universidad Centroamericana (UCA), de cara al gobierno solamente tendrá respuesta el trabajador que proteste. El que no lo haga que se lo coma el león.
Por eso mismo, el partido oficial Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (Fmln) debería sopesar lo que dice con respecto a las reivindicaciones sindicales, porque las recientes acusaciones que lanzó al movimiento vienen a confundir a la gente. Ese partido no puede estar en contra de la lucha de los trabajadores, al menos debería aclarar los conceptos con respecto a las formas de lucha.
En conclusión: El sentido del sacrificio también pasa porque todos los ciudadanos pongan su cuota. No sólo se debe mirar hacia las mayorías que ya sufren con la escasez y la carestía, y sobreviven dentro de un modelo de desarrollo deshumanizado que, a partir de la máxima ganancia al menor esfuerzo, ha esquilmado a la gente. Seamos realmente solidarios y eso pasa por el sacrificio de todos, no solamente de los pobres.
Por Guillermo Mejía
Por el discurso que manejan en el gobierno y la empresa privada, los salvadoreños están condenados a manifestar su solidaridad con sus conciudadanos, pero sin esperar algo a cambio. Es más, ese sentimiento solamente puede ser expresado entre la misma gente pobre, porque de los que detentan el poder no hay esperanzas.
Eso se puede concluir de las respuestas que ha dado el mismo presidente Mauricio Funes y miembros de su gabinete ante los reclamos de los trabajadores estatales porque han sido excluidos de los aumentos salariales a que da lugar la ley. Lo grave es que Funes prometió desde el comienzo su compromiso con respetar el Estado de derecho.
Y, ese marco legal, tiene establecido que los salarios de los trabajadores tienen que estar acordes al alto costo de la vida, ya sea que estén o no escalafonados. Además, que todo aumento que existe por parte del Estado debe ser automáticamente aplicado a todos los trabajadores, el único margen será los topes que pongan en cuanto al salario asignado.
Para todos es conocido que, como advierte el mismo gobierno, los fondos escasean en las arcas estatales, por eso insisten en que la gente trabajadora tiene que reconocer el problema y solidarizarse con los demás, pero, por ejemplo, ese mismo reconocimiento no existe con respecto a la empresa privada que, como todos sabemos, también se vale de trucos para no pagar impuestos como se debe.
Como dice la sabiduría popular: o todos en la cama o todos en el suelo; sin embargo, ni las autoridades ni los empresarios privados dan pasos en concreto. No es necesario ser economista para saber que una forma adecuada para reactivar la economía es potenciar el consumo y eso solamente se puede a partir de los aumentos salariales. Los empresarios ni en sueño asumen el reto.
Uno de los esfuerzos del gobierno que podría tomarse como verdadero cambio sería lograr que los empresarios privados cumplan con lo que establece la ley sobre los impuestos. Todavía resuena en la sociedad salvadoreña las acusaciones que hizo un ex embajador estadounidense en años pasados sobre los “empresarios gorrones” que se roban lo que les toca pagar al Estado.
Si bien en los veinte años de gobiernos de Alianza Republicana Nacionalista (Arena) la gente no vio nada claro en medio de las chucherías empresariales y el despilfarro en las arcas estatales, al grado que un ex presidente se convirtió en magnate de los medios de la noche a la mañana, será el colmo que la situación siga igual con este gobierno que se asume de izquierda y que dice estar por el cambio.
Los trabajadores no pueden conformarse con las promesas oficiales, muy al contrario, tiene que ejercer la presión adecuada para hacerse sentir y conseguir lo que les corresponde. Como bien señaló el politólogo Alvaro Artiga, de la Universidad Centroamericana (UCA), de cara al gobierno solamente tendrá respuesta el trabajador que proteste. El que no lo haga que se lo coma el león.
Por eso mismo, el partido oficial Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (Fmln) debería sopesar lo que dice con respecto a las reivindicaciones sindicales, porque las recientes acusaciones que lanzó al movimiento vienen a confundir a la gente. Ese partido no puede estar en contra de la lucha de los trabajadores, al menos debería aclarar los conceptos con respecto a las formas de lucha.
En conclusión: El sentido del sacrificio también pasa porque todos los ciudadanos pongan su cuota. No sólo se debe mirar hacia las mayorías que ya sufren con la escasez y la carestía, y sobreviven dentro de un modelo de desarrollo deshumanizado que, a partir de la máxima ganancia al menor esfuerzo, ha esquilmado a la gente. Seamos realmente solidarios y eso pasa por el sacrificio de todos, no solamente de los pobres.
lunes, febrero 07, 2011
Tercera crónica del uno de febrero de 1992*
---------------------------------------------------
La juramentación de COPAZ
Vivas y abucheos: La difícil tarea de aprender a convivir
Primero de febrero de 1992. Día histórico: Inicio del cese de fuego, instalación de COPAZ y punto de partida de la vida política legal del Fmln.
Por Guillermo Mejía
Una rareza. Por primera vez la seguridad no se mete ni con los periodistas. Es casi inexistente.
Tranquilos, sin problemas, ingresan guerrilleros, militares, políticos, religiosos, diplomáticos y sus respectivas barras dispuestas a ganarse los espacios.
El Pabellón Centroamericano de la Feria Internacional aguanta con cinco mil invitados especiales. La juramentación de los miembros de la Comisión para la Consolidación de la Paz (COPAZ) no debe esperar, pero han pasado cuarenta minutos de la hora prevista.
Hay llamados de atención, mas nadie obedece. “Hacéte el suizo”, advierte un colega, mientras se abre paso en el escenario donde se mezcla la derecha con la izquierda. Aprenden a convivir.
“Cualquier cosa que necesités, llamáme. Para eso estamos nosotros, oíste…”, recuerda uno de los prominentes miembros del partido Alianza Republicana Nacionalista (Arena) a la comandante Nidia Díaz. Ella sonríe.
El presidente Alfredo Cristiani está por llegar, se escucha la marcha, sigue el alboroto. Otra vez el maestro de ceremonia a la carga, otra vez la marcha, casi pasa desapercibido…
No hay duda, “Arena ha logrado esto”, afirma el presidente del partido gubernamental y alcalde capitalino, Armando Calderón Sol. “Si no hubiera llegado al poder, a saber qué habría pasado…”
El general René Emilio Ponce, ministro de Defensa, es más directo: “En estos momentos estamos unidos, significa la muerte del comunismo en el mundo, estoy optimista”.
Tanto así que “la palabra terrorista debe quedar encerrada y olvidada”, reitera el alcalde capitalino.
Para los rebeldes no es otra cosa que el deseo de la mayoría y ésta quiere la paz, a pesar que “siempre existe un sector minoritario que buscará obstaculizar”, precisa Nidia Díaz.
Son casi las 10:00 a.m., es decir una hora de estura y encoje en el escenario; ahora los asistentes entonan las “sagradas notas de nuestro himno nacional”.
Ahí están de cara a la nación, juntitos, adornador con crisantemos ámbar y colas de ardilla. Elegantes, tirados dirían, como si no mataran una mosca.
Cristiani sonríe al frente. A su derecha, Roberto Angulo, presidente de la Asamblea Legislativa, y Francisco Merino. A su izquierda, Mauricio Gutiérrez Castro, presidente de la Corte Suprema de Justicia… serios.
“Amanece al esperanza para la nación salvadoreña”, se escucha en las bocinas.
El comandante Joaquín Villalobos rompe capote y su barra estremece el lugar: “¡Joaquín, Joaquín, Joaquín!...” Aplausos. Cristiani contento; Merino continúa serio.
El podio está a la izquierda del escenario, al lado de la mesa que el jefe rebelde comparte con su compañero Roberto Roca; el general Orlando Zepeda, vice ministro de Defensa; el coronel Juan Martínez Varela, ministro del Interior; Rubén Zamora y Carlos Díaz Barrera, de la Convergencia Democrática; Gerardo Le Chevalier y Fidel Chávez Mena, de la Democracia Cristiana.
Atrás, los integrantes de la Comisión de Diálogo gubernamental.
“Si realmente cumplimos todos los compromisos adquiridos, más temprano que tarde el pasado será historia y le tocará a futuras generaciones emitir su juicio sobre éste”, advierte.
Sus enemigos lo observan desde diversos ángulos. En la mesa situada a la derecha del escenario se encuentran Guillermo Guevara Lacayo y Pedro Hernández, del Movimiento Auténtico Cristiano (MAC); Rafael Machuca y Ciro Cruz Zepeda, del Partido de Conciliación Nacional (PCN); Armando Calderón Sol y José Francisco Guerrero, de Arena; Mario Aguiñada Carranza y Norma Guevara, de la Unión Democrática Nacionalista (UDN). Atrás de estos últimos, sus compañeros de lucha, entre ellos, Schafik Jorge Handal, Leonel González, Nidia Díaz, Ana Guadalupe Martínez, Sonia Medina, Salvador Samayoa.
“En un mundo cambiante y en una realidad económica social tan compleja, quien crea tener la verdad absoluta y el modelo perfecto aferrándose a dogmas, está equivocado”, sentencia. Su barra irrumpe en aplausos. El general Zepeda sonríe.
“Con el fin de la guerra asistimos a la primera revolución que no divide, sino que une a una nación y que nace insertada y aprobada por todo el mundo”, afirma Villalobos.
“Estamos concientes que cometimos errores, que no fuimos infalibles y que este es el momento de decirle a la nación que lo reconocemos”, admite.
Es una dura prueba. El líder guerrillero reivindica a Roque Dalton, asesinado por el propio grupo de Villalobos el Día de la Madre de 1975, como “nuestro valor nacional”, quien en su Poema de Amor hizo el retrato exacto del ser salvadoreño. El aplauso más largo de las 24 interrupciones del auditorio a su discurso.
El general Zepeda no le quita los ojos de encima en medio de una leve sonrisa. Villalobos suspira…
El pabellón resulta un embutido al revisar la amplia representación de la sociedad que reúne.
Así lo aprecia Rubén Zamora. Detalla los retos: construir la democracia, desmilitarizar la sociedad, eliminar la impunidad y el predominio de la fuerza sobre la ley; cumplir con los acuerdos socio-económicos y asistir a los lisiados de guerra.
“Aquí estamos hoy los afortunados, los que empezamos a ver los frutos, pero lo somos porque hay otros muchos de nuestros hermanos en uno y otro bando (que) ofrendaron su vida”.
Hace una lista de los constructores de la “nueva sociedad”. Comienza con Monseñor Oscar Arnulfo Romero. Menciona a Guillermo Ungo, Héctor Oquelí y Enrique Alvarez. Más aplausos y vivas.
Pero también “…está con nosotros nuestro amigo el doctor (Francisco) Peccorini y nuestro oponente político el licenciado (Edgar) Chacón, están aquí todos los combatientes del Fmln, todos los soldados de la Fuerza Armada que han caído en esta lucha”, asegura.
Vienen las coincidencias. A Fidel Chávez Mena le falta la barra, apenas anima cuando menciona al ex presidente Napoleón Duarte que “inició en las Naciones Unidas el histórico proceso de negociación en circunstancias en que el país estaba tan radicalizado que ‘diálogo’ era mala palabra”.
Peor les va a Guillermo Guevara Lacayo t a Ciro Cruz Zepeda, el saludo es formal, aplausos de entrada y salida. Barras ausentes.
Ahora el turno es de Calderón Sol, quien resalta que “continuamos sin atender las voces contrarias que juzgaban de inalcanzable nuestra valiosa finalidad”.
Silencio sepulcral. El dirigente arenero elogia a Cristiani, quien “ostenta la meritoria labor de haber procurado y hacer efectiva esa aspiración de paz mediante el advenimiento de un auténtico Estado de derecho y tranquilidad en el pueblo salvadoreño”.
La barra de Calderón Sol la compone el mismo Cristiani, Merino, Angulo, Gutiérrez Castro, Guerrero. La refuerzan la primera dama de la nación, Margarita Llach, y los miembros del gabinete de gobierno, entre otros.
“Estamos ratificando ante el mundo nuestro repudio a la violencia como medio para resolver nuestras diferencias”, dice. Más aplausos en el ambiente.
“No podría terminar sin mencionar a nuestro fundador, el mayor Roberto D’Aubuisson Arrieta”. Descontrol total, las barras se enfrentan, la del Fmln abuchea al orador, la de Arena se levanta de su asiento y responde: “D’Aubuisson, D’Aubuisson, D’Aubuisson…”
El rostro de Calderón Sol se enrojece, pero continúa: “Quien ha sido un incansable constructor de la democracia”. De nuevo la rechifla y el “no, no, no…” de la barra contraria. “Y ha apoyado incansablemente el proceso de pacificación de nuestra querida patria”. Otro enfrentamiento de palabras… los nombres de D’Aubuisson y Joaquín resuenan.
La conflictividad baja cuando Aguiñada Carranza llega al podio.
“No vemos todavía ninguna razón para estar pesimistas o escépticos, pero sí es necesario estar vigilantes de aquellos que quieren torcer el rumbo de la historia”, manifiesta.
Por el momento: “los que firmaron la paz están cumpliendo”.
Camino al mediodía, el momento esperado por los participantes y espectadores, Cristiani juramenta a los miembros de la COPAZ y estos se comprometen a ser fieles a la república.
Señores, el retiro del pabellón nacional.
También fue negociado, esta vez los cadetes lucen su traje de gala rojo y blanco y guardaron el tradicional azul marino. Pasos de desmilitarización, según dice un guerrillero presente.
Otra vez el alboroto, pero la derecha se muestra recelosa de lo que ha presenciado. Mira de reojo a los guerrilleros, en especial a Villalobos, quien saluda al embajador estadounidense William Walter.
Así querían el final los norteamericanos, según dice el diplomático, ahora lo que viene es profesionalizar al ejército.
La barra hace de las suyas. Captura a los dirigentes rebeldes, los apretuja. Autógrafos a diestra y siniestra, besos y abrazos, el pabellón centroamericano está en manos del Fmln.
Pasan los minutos, continúa el acoso de la masa y los líderes insurgentes van abandonando el lugar con dificultad, ayudados por su propia seguridad.
Villalobos lleva un crisantemo maltratado en su mano derecha, sale del pabellón. Ahora sí están en el ruedo… (FIN)
*Material periodístico publicado en la Revista Tendencias, edición número 7, correspondiente al mes de febrero de 1992. San Salvador, El Salvador, C.A.
---------------------------------------------------
La juramentación de COPAZ
Vivas y abucheos: La difícil tarea de aprender a convivir
Primero de febrero de 1992. Día histórico: Inicio del cese de fuego, instalación de COPAZ y punto de partida de la vida política legal del Fmln.
Por Guillermo Mejía
Una rareza. Por primera vez la seguridad no se mete ni con los periodistas. Es casi inexistente.
Tranquilos, sin problemas, ingresan guerrilleros, militares, políticos, religiosos, diplomáticos y sus respectivas barras dispuestas a ganarse los espacios.
El Pabellón Centroamericano de la Feria Internacional aguanta con cinco mil invitados especiales. La juramentación de los miembros de la Comisión para la Consolidación de la Paz (COPAZ) no debe esperar, pero han pasado cuarenta minutos de la hora prevista.
Hay llamados de atención, mas nadie obedece. “Hacéte el suizo”, advierte un colega, mientras se abre paso en el escenario donde se mezcla la derecha con la izquierda. Aprenden a convivir.
“Cualquier cosa que necesités, llamáme. Para eso estamos nosotros, oíste…”, recuerda uno de los prominentes miembros del partido Alianza Republicana Nacionalista (Arena) a la comandante Nidia Díaz. Ella sonríe.
El presidente Alfredo Cristiani está por llegar, se escucha la marcha, sigue el alboroto. Otra vez el maestro de ceremonia a la carga, otra vez la marcha, casi pasa desapercibido…
No hay duda, “Arena ha logrado esto”, afirma el presidente del partido gubernamental y alcalde capitalino, Armando Calderón Sol. “Si no hubiera llegado al poder, a saber qué habría pasado…”
El general René Emilio Ponce, ministro de Defensa, es más directo: “En estos momentos estamos unidos, significa la muerte del comunismo en el mundo, estoy optimista”.
Tanto así que “la palabra terrorista debe quedar encerrada y olvidada”, reitera el alcalde capitalino.
Para los rebeldes no es otra cosa que el deseo de la mayoría y ésta quiere la paz, a pesar que “siempre existe un sector minoritario que buscará obstaculizar”, precisa Nidia Díaz.
Son casi las 10:00 a.m., es decir una hora de estura y encoje en el escenario; ahora los asistentes entonan las “sagradas notas de nuestro himno nacional”.
Ahí están de cara a la nación, juntitos, adornador con crisantemos ámbar y colas de ardilla. Elegantes, tirados dirían, como si no mataran una mosca.
Cristiani sonríe al frente. A su derecha, Roberto Angulo, presidente de la Asamblea Legislativa, y Francisco Merino. A su izquierda, Mauricio Gutiérrez Castro, presidente de la Corte Suprema de Justicia… serios.
“Amanece al esperanza para la nación salvadoreña”, se escucha en las bocinas.
El comandante Joaquín Villalobos rompe capote y su barra estremece el lugar: “¡Joaquín, Joaquín, Joaquín!...” Aplausos. Cristiani contento; Merino continúa serio.
El podio está a la izquierda del escenario, al lado de la mesa que el jefe rebelde comparte con su compañero Roberto Roca; el general Orlando Zepeda, vice ministro de Defensa; el coronel Juan Martínez Varela, ministro del Interior; Rubén Zamora y Carlos Díaz Barrera, de la Convergencia Democrática; Gerardo Le Chevalier y Fidel Chávez Mena, de la Democracia Cristiana.
Atrás, los integrantes de la Comisión de Diálogo gubernamental.
“Si realmente cumplimos todos los compromisos adquiridos, más temprano que tarde el pasado será historia y le tocará a futuras generaciones emitir su juicio sobre éste”, advierte.
Sus enemigos lo observan desde diversos ángulos. En la mesa situada a la derecha del escenario se encuentran Guillermo Guevara Lacayo y Pedro Hernández, del Movimiento Auténtico Cristiano (MAC); Rafael Machuca y Ciro Cruz Zepeda, del Partido de Conciliación Nacional (PCN); Armando Calderón Sol y José Francisco Guerrero, de Arena; Mario Aguiñada Carranza y Norma Guevara, de la Unión Democrática Nacionalista (UDN). Atrás de estos últimos, sus compañeros de lucha, entre ellos, Schafik Jorge Handal, Leonel González, Nidia Díaz, Ana Guadalupe Martínez, Sonia Medina, Salvador Samayoa.
“En un mundo cambiante y en una realidad económica social tan compleja, quien crea tener la verdad absoluta y el modelo perfecto aferrándose a dogmas, está equivocado”, sentencia. Su barra irrumpe en aplausos. El general Zepeda sonríe.
“Con el fin de la guerra asistimos a la primera revolución que no divide, sino que une a una nación y que nace insertada y aprobada por todo el mundo”, afirma Villalobos.
“Estamos concientes que cometimos errores, que no fuimos infalibles y que este es el momento de decirle a la nación que lo reconocemos”, admite.
Es una dura prueba. El líder guerrillero reivindica a Roque Dalton, asesinado por el propio grupo de Villalobos el Día de la Madre de 1975, como “nuestro valor nacional”, quien en su Poema de Amor hizo el retrato exacto del ser salvadoreño. El aplauso más largo de las 24 interrupciones del auditorio a su discurso.
El general Zepeda no le quita los ojos de encima en medio de una leve sonrisa. Villalobos suspira…
El pabellón resulta un embutido al revisar la amplia representación de la sociedad que reúne.
Así lo aprecia Rubén Zamora. Detalla los retos: construir la democracia, desmilitarizar la sociedad, eliminar la impunidad y el predominio de la fuerza sobre la ley; cumplir con los acuerdos socio-económicos y asistir a los lisiados de guerra.
“Aquí estamos hoy los afortunados, los que empezamos a ver los frutos, pero lo somos porque hay otros muchos de nuestros hermanos en uno y otro bando (que) ofrendaron su vida”.
Hace una lista de los constructores de la “nueva sociedad”. Comienza con Monseñor Oscar Arnulfo Romero. Menciona a Guillermo Ungo, Héctor Oquelí y Enrique Alvarez. Más aplausos y vivas.
Pero también “…está con nosotros nuestro amigo el doctor (Francisco) Peccorini y nuestro oponente político el licenciado (Edgar) Chacón, están aquí todos los combatientes del Fmln, todos los soldados de la Fuerza Armada que han caído en esta lucha”, asegura.
Vienen las coincidencias. A Fidel Chávez Mena le falta la barra, apenas anima cuando menciona al ex presidente Napoleón Duarte que “inició en las Naciones Unidas el histórico proceso de negociación en circunstancias en que el país estaba tan radicalizado que ‘diálogo’ era mala palabra”.
Peor les va a Guillermo Guevara Lacayo t a Ciro Cruz Zepeda, el saludo es formal, aplausos de entrada y salida. Barras ausentes.
Ahora el turno es de Calderón Sol, quien resalta que “continuamos sin atender las voces contrarias que juzgaban de inalcanzable nuestra valiosa finalidad”.
Silencio sepulcral. El dirigente arenero elogia a Cristiani, quien “ostenta la meritoria labor de haber procurado y hacer efectiva esa aspiración de paz mediante el advenimiento de un auténtico Estado de derecho y tranquilidad en el pueblo salvadoreño”.
La barra de Calderón Sol la compone el mismo Cristiani, Merino, Angulo, Gutiérrez Castro, Guerrero. La refuerzan la primera dama de la nación, Margarita Llach, y los miembros del gabinete de gobierno, entre otros.
“Estamos ratificando ante el mundo nuestro repudio a la violencia como medio para resolver nuestras diferencias”, dice. Más aplausos en el ambiente.
“No podría terminar sin mencionar a nuestro fundador, el mayor Roberto D’Aubuisson Arrieta”. Descontrol total, las barras se enfrentan, la del Fmln abuchea al orador, la de Arena se levanta de su asiento y responde: “D’Aubuisson, D’Aubuisson, D’Aubuisson…”
El rostro de Calderón Sol se enrojece, pero continúa: “Quien ha sido un incansable constructor de la democracia”. De nuevo la rechifla y el “no, no, no…” de la barra contraria. “Y ha apoyado incansablemente el proceso de pacificación de nuestra querida patria”. Otro enfrentamiento de palabras… los nombres de D’Aubuisson y Joaquín resuenan.
La conflictividad baja cuando Aguiñada Carranza llega al podio.
“No vemos todavía ninguna razón para estar pesimistas o escépticos, pero sí es necesario estar vigilantes de aquellos que quieren torcer el rumbo de la historia”, manifiesta.
Por el momento: “los que firmaron la paz están cumpliendo”.
Camino al mediodía, el momento esperado por los participantes y espectadores, Cristiani juramenta a los miembros de la COPAZ y estos se comprometen a ser fieles a la república.
Señores, el retiro del pabellón nacional.
También fue negociado, esta vez los cadetes lucen su traje de gala rojo y blanco y guardaron el tradicional azul marino. Pasos de desmilitarización, según dice un guerrillero presente.
Otra vez el alboroto, pero la derecha se muestra recelosa de lo que ha presenciado. Mira de reojo a los guerrilleros, en especial a Villalobos, quien saluda al embajador estadounidense William Walter.
Así querían el final los norteamericanos, según dice el diplomático, ahora lo que viene es profesionalizar al ejército.
La barra hace de las suyas. Captura a los dirigentes rebeldes, los apretuja. Autógrafos a diestra y siniestra, besos y abrazos, el pabellón centroamericano está en manos del Fmln.
Pasan los minutos, continúa el acoso de la masa y los líderes insurgentes van abandonando el lugar con dificultad, ayudados por su propia seguridad.
Villalobos lleva un crisantemo maltratado en su mano derecha, sale del pabellón. Ahora sí están en el ruedo… (FIN)
*Material periodístico publicado en la Revista Tendencias, edición número 7, correspondiente al mes de febrero de 1992. San Salvador, El Salvador, C.A.
lunes, enero 31, 2011
Crónicas del uno de febrero de 1992 *
---------------------------------------------
El Te Deum y “El Puma”
Por Guillermo Mejía
Es mediodía del primero de febrero y las chicas se disputan el mejor puesto para disfrutar de su ídolo.
El esfuerzo es meritorio. Resulta privilegio de pocas escuchar al venezolano José Luis Rodríguez “El Puma” sin pagar un centavo.
Así vale la pena el advenimiento de la paz, piensan algunas de las “niñas bien”. Ahí está el tipo, tan cerca, sería una locura que se quedaran encerradas. “¿Y a qué horas, pues?”, es la interrogante de las féminas.
Pero hay que respetar el programa, viene la ceremonia oficial para dar “gracias a Dios” por el inicio formal del cese de fuego luego de 12 años de conflicto armado.
“El Puma” preside los actos en la Plaza Las Américas, junto al mandatario Alfredo Cristiani y la alta cúpula gubernamental. Están las esposas de algunos de ellos; las chicas muestran envidia.
Las 14 antorchas, que representan a igual número de departamentos del país, ingresan portadas por jovencitos atléticos. En su camisa tienen estampada la leyenda: “Unidos por la paz, 1 de febrero de 1992”.
Encienden la llama votiva que arderá eternamente, hay júbilo en las autoridades presentes, incluida la alta jerarquía de la Iglesia Católica. Las chicas esperan impacientes, el calor es sofocante.
Además de las “fans” del susodicho y los funcionarios, hacen presencia los curiosos de siempre que no pierden oportunidad y agitan banderas azul y blanco.
Al fondo del estado, sobre la calle que conduce al centro de la ciudad, el panorama es diferente. Una marcha de militantes y simpatizantes de la guerrilla baja de la juramentación de COPAZ.
Varios camiones atestados de campesinos circulan por la vía, en sus barandales llevan pancartas con pintas como “Gracias FMLN por darnos la paz”.
Van de paso. El gobierno no permitió que el acto fuera ecuménico, sino oficial, con la bendición del Papa, y que gozara del beneplácito de la Asociación Salvadoreña de Radiodifusores (ASDER) que transmite la señal en cadena.
“Qué emoción…”, se oye. Aplausos, euforia. El ídolo toma el micrófono y canta el Himno de la Alegría…
Vuelan las palomas y se elevan los globos azules y blancos. Dos ancianas de aspecto humilde, acompañadas de una niña, muestran un cuadro de Monseñor Oscar Arnulfo Romero, mientras tres jovencitos agitan banderas rojas con las siglas FMLN.
¡Qué contraste! Pareciera que camina sobre ruedas la reconciliación nacional.
Bajan los ánimos, ahora Cristiani se refiere a la tarea de reconstruir el tejido social y la infraestructura económica. “Es la hora propicia para hacer un enorme y profundo esfuerzo para superar odios, los rencores y los recelos indiscriminados”, dice. “Los salvadoreños tenemos que estar unidos para enfrentar los difíciles retos de la reconstrucción nacional”. Y advierte: “Si seguimos insistiendo en la dinámica amigo-enemigo seguirá la guerra”.
Las chicas, que se recogen el cabello, hacen una segunda espera.
La Coral Salvadoreña entona las “bienaventuranzas por la paz”; la gente aprovecha para comprar helados o perritos calientes.
Los periodistas están confinados en dos palomares, la seguridad presidencial saca las uñas e impide que se acerquen hasta la mesa que preside los actos. Es una ceremonia oficial, aducen.
En medio de esos contratiempos aparece el Nuncio Apostólico, Monseñor Manuel Monteiro de Castro, con el mensaje de Su Santidad Juan Pablo Segundo con ocasión de la finalización de la guerra.
Como devotas de la paciencia, las niñas, que no entienden el discurso, se ven en la necesidad de soportar el “Te Deum” cantado en latín por La Coral Salvadoreña y los obispos.
Una periodista extranjera exclama: “Me avisan cuando haya que decir amén, por favor”.
Al fin, los religiosos dicen amén.
“Tal vez ahora. Si yo vine por ver al Puma”, se queja una de las jovencitas. Señores, ha finalizado el “Te Deum”, anuncia el maestro de ceremonia, retiro del Señor Presidente…
Sueños frustrados para muchas, el cantante de “Amalia Rosa”, “Culpable soy yo”, “Agárrense de las manos” y el “Pavo real” solamente les tira besos y saluda con sus manos.
Una hora de espera.
“Qué mala onda, el man nos dejó plantadas…”, una nueva queja.
A estas alturas, las chicas abandonan el lugar.
La llama votiva se vuelve la atracción del momento.
Foto por aquí y foto por allá; las cámaras de vídeo captan impresiones.
Hay interrogantes.
Algunos esperaban una masiva concurrencia.
Una señora pregunta a su esposo: “¿Y qué no iban a venir los de la Comandancia, vos?”. El hombre se encoje de hombros.
Las ancianas, acompañadas de la niña, continúan mostrando el retrato de Monseñor Romero. Hay quienes no se dan cuenta. (FIN)
*************************************
Los comandantes en la plaza
Por Guillermo Mejía
Gritos, consignas y aplausos. Es hora que las bases pasen revista a quienes dirigieron la guerra.
Los miembros de la Comandancia General, la Comisión Político-Diplomática y del Comité Político están al frente.
Un enjambre de periodistas, ubicados en la tarima que sirve de estrado, estorba a la gente. “Bajen a la prensa”, demandan.
Los comandantes levantan sus brazos, saludan a la multitud que espera desde el mediodía bajo el sol, apretujada, sin mayores posibilidades de movimiento. La Plaza Cívica luce abarrotada.
De cara a una imagen del obispo mártir. Monseñor Oscar Arnulfo Romero, extendida sobre la fachada de la Catedral Metropolitana, inicia la ceremonia:
-Comandante Leonel González. Se emociona, recuerda que la sociedad es la garantía de cumplimiento. Sonríe. “Profe, profe, profe”, responde el auditorio. Aplausos.
-Comandante Roberto Roca. Serio, dirige su discurso, recibe vivas de los presentes, algunos con uniforme verde olivo.
-Comandante Joaquín Villalobos. Enciende a la masa. Nervioso, sonríe, advierte sobre las tareas futuras. “Joaquín, Joaquín, Joaquín”, se escucha al unísono.
-Comandante Schafik Jorge Handal. Tranquilo. En medio de los aplausos se oye “Schafik, Schafik, Schafik”. Envía su mensaje.
-Comandante Fermán Cienfuegos. Solo aprovecha la ocasión para afirmar que el nuevo político debe caracterizarse por discursar menos. Se retira. Aplausos.
El acto se reviste con la presencia de las comandantes Ana Guadalupe Martínez, Nidia Díaz y Mercedes del Carmen Letona. Su saludo mueve al auditorio, sobre todo cuando la segunda expresa “nunca estuvimos solos…”
La fiesta continúa. La Banda Tepehuani y el nicaragüense Luis Enrique Mejía Godoy amenizan el ambiente. “Denme la F de fuerza insobornable, denme la M de muerte o libertad, denme la L de lucha inclaudicable, denme la N de no retroceder”, canta Mejía Godoy.
A estas alturas las únicas lucen provienen de plantas eléctricas. La alcaldía tomó represalias, afirman. Cantidad de fósforos encendidos aparece desde la oscuridad en señal de que no importa.
La algarabía se extiende hasta la Plaza Libertad y el Teatro Nacional, donde están ubicados otros actos alusivos. Una pancarta que tiene la leyenda “Roque y Alfonso poetas de la Resistencia”, se observa a lo lejos.
La mara también hace cola, para celebrar… (FIN)
*Materiales periodísticos publicados en la Revista Tendencias, edición número 7, correspondiente al mes de febrero de 1992. San Salvador, El Salvador, C.A. (En una próxima entrega pondré otra crónica referida a la juramentación de COPAZ, aparecida en esa misma edición).
---------------------------------------------
El Te Deum y “El Puma”
Por Guillermo Mejía
Es mediodía del primero de febrero y las chicas se disputan el mejor puesto para disfrutar de su ídolo.
El esfuerzo es meritorio. Resulta privilegio de pocas escuchar al venezolano José Luis Rodríguez “El Puma” sin pagar un centavo.
Así vale la pena el advenimiento de la paz, piensan algunas de las “niñas bien”. Ahí está el tipo, tan cerca, sería una locura que se quedaran encerradas. “¿Y a qué horas, pues?”, es la interrogante de las féminas.
Pero hay que respetar el programa, viene la ceremonia oficial para dar “gracias a Dios” por el inicio formal del cese de fuego luego de 12 años de conflicto armado.
“El Puma” preside los actos en la Plaza Las Américas, junto al mandatario Alfredo Cristiani y la alta cúpula gubernamental. Están las esposas de algunos de ellos; las chicas muestran envidia.
Las 14 antorchas, que representan a igual número de departamentos del país, ingresan portadas por jovencitos atléticos. En su camisa tienen estampada la leyenda: “Unidos por la paz, 1 de febrero de 1992”.
Encienden la llama votiva que arderá eternamente, hay júbilo en las autoridades presentes, incluida la alta jerarquía de la Iglesia Católica. Las chicas esperan impacientes, el calor es sofocante.
Además de las “fans” del susodicho y los funcionarios, hacen presencia los curiosos de siempre que no pierden oportunidad y agitan banderas azul y blanco.
Al fondo del estado, sobre la calle que conduce al centro de la ciudad, el panorama es diferente. Una marcha de militantes y simpatizantes de la guerrilla baja de la juramentación de COPAZ.
Varios camiones atestados de campesinos circulan por la vía, en sus barandales llevan pancartas con pintas como “Gracias FMLN por darnos la paz”.
Van de paso. El gobierno no permitió que el acto fuera ecuménico, sino oficial, con la bendición del Papa, y que gozara del beneplácito de la Asociación Salvadoreña de Radiodifusores (ASDER) que transmite la señal en cadena.
“Qué emoción…”, se oye. Aplausos, euforia. El ídolo toma el micrófono y canta el Himno de la Alegría…
Vuelan las palomas y se elevan los globos azules y blancos. Dos ancianas de aspecto humilde, acompañadas de una niña, muestran un cuadro de Monseñor Oscar Arnulfo Romero, mientras tres jovencitos agitan banderas rojas con las siglas FMLN.
¡Qué contraste! Pareciera que camina sobre ruedas la reconciliación nacional.
Bajan los ánimos, ahora Cristiani se refiere a la tarea de reconstruir el tejido social y la infraestructura económica. “Es la hora propicia para hacer un enorme y profundo esfuerzo para superar odios, los rencores y los recelos indiscriminados”, dice. “Los salvadoreños tenemos que estar unidos para enfrentar los difíciles retos de la reconstrucción nacional”. Y advierte: “Si seguimos insistiendo en la dinámica amigo-enemigo seguirá la guerra”.
Las chicas, que se recogen el cabello, hacen una segunda espera.
La Coral Salvadoreña entona las “bienaventuranzas por la paz”; la gente aprovecha para comprar helados o perritos calientes.
Los periodistas están confinados en dos palomares, la seguridad presidencial saca las uñas e impide que se acerquen hasta la mesa que preside los actos. Es una ceremonia oficial, aducen.
En medio de esos contratiempos aparece el Nuncio Apostólico, Monseñor Manuel Monteiro de Castro, con el mensaje de Su Santidad Juan Pablo Segundo con ocasión de la finalización de la guerra.
Como devotas de la paciencia, las niñas, que no entienden el discurso, se ven en la necesidad de soportar el “Te Deum” cantado en latín por La Coral Salvadoreña y los obispos.
Una periodista extranjera exclama: “Me avisan cuando haya que decir amén, por favor”.
Al fin, los religiosos dicen amén.
“Tal vez ahora. Si yo vine por ver al Puma”, se queja una de las jovencitas. Señores, ha finalizado el “Te Deum”, anuncia el maestro de ceremonia, retiro del Señor Presidente…
Sueños frustrados para muchas, el cantante de “Amalia Rosa”, “Culpable soy yo”, “Agárrense de las manos” y el “Pavo real” solamente les tira besos y saluda con sus manos.
Una hora de espera.
“Qué mala onda, el man nos dejó plantadas…”, una nueva queja.
A estas alturas, las chicas abandonan el lugar.
La llama votiva se vuelve la atracción del momento.
Foto por aquí y foto por allá; las cámaras de vídeo captan impresiones.
Hay interrogantes.
Algunos esperaban una masiva concurrencia.
Una señora pregunta a su esposo: “¿Y qué no iban a venir los de la Comandancia, vos?”. El hombre se encoje de hombros.
Las ancianas, acompañadas de la niña, continúan mostrando el retrato de Monseñor Romero. Hay quienes no se dan cuenta. (FIN)
*************************************
Los comandantes en la plaza
Por Guillermo Mejía
Gritos, consignas y aplausos. Es hora que las bases pasen revista a quienes dirigieron la guerra.
Los miembros de la Comandancia General, la Comisión Político-Diplomática y del Comité Político están al frente.
Un enjambre de periodistas, ubicados en la tarima que sirve de estrado, estorba a la gente. “Bajen a la prensa”, demandan.
Los comandantes levantan sus brazos, saludan a la multitud que espera desde el mediodía bajo el sol, apretujada, sin mayores posibilidades de movimiento. La Plaza Cívica luce abarrotada.
De cara a una imagen del obispo mártir. Monseñor Oscar Arnulfo Romero, extendida sobre la fachada de la Catedral Metropolitana, inicia la ceremonia:
-Comandante Leonel González. Se emociona, recuerda que la sociedad es la garantía de cumplimiento. Sonríe. “Profe, profe, profe”, responde el auditorio. Aplausos.
-Comandante Roberto Roca. Serio, dirige su discurso, recibe vivas de los presentes, algunos con uniforme verde olivo.
-Comandante Joaquín Villalobos. Enciende a la masa. Nervioso, sonríe, advierte sobre las tareas futuras. “Joaquín, Joaquín, Joaquín”, se escucha al unísono.
-Comandante Schafik Jorge Handal. Tranquilo. En medio de los aplausos se oye “Schafik, Schafik, Schafik”. Envía su mensaje.
-Comandante Fermán Cienfuegos. Solo aprovecha la ocasión para afirmar que el nuevo político debe caracterizarse por discursar menos. Se retira. Aplausos.
El acto se reviste con la presencia de las comandantes Ana Guadalupe Martínez, Nidia Díaz y Mercedes del Carmen Letona. Su saludo mueve al auditorio, sobre todo cuando la segunda expresa “nunca estuvimos solos…”
La fiesta continúa. La Banda Tepehuani y el nicaragüense Luis Enrique Mejía Godoy amenizan el ambiente. “Denme la F de fuerza insobornable, denme la M de muerte o libertad, denme la L de lucha inclaudicable, denme la N de no retroceder”, canta Mejía Godoy.
A estas alturas las únicas lucen provienen de plantas eléctricas. La alcaldía tomó represalias, afirman. Cantidad de fósforos encendidos aparece desde la oscuridad en señal de que no importa.
La algarabía se extiende hasta la Plaza Libertad y el Teatro Nacional, donde están ubicados otros actos alusivos. Una pancarta que tiene la leyenda “Roque y Alfonso poetas de la Resistencia”, se observa a lo lejos.
La mara también hace cola, para celebrar… (FIN)
*Materiales periodísticos publicados en la Revista Tendencias, edición número 7, correspondiente al mes de febrero de 1992. San Salvador, El Salvador, C.A. (En una próxima entrega pondré otra crónica referida a la juramentación de COPAZ, aparecida en esa misma edición).
lunes, enero 24, 2011
La coyuntura pre-electoral y la necesidad de otra comunicación
Por Guillermo Mejía
La coyuntura pre-electoral, con promesas insatisfechas y acciones de efervescencia social, es una buena ocasión para repensar el papel de la comunicación a fin de analizar e interpretar el entorno con vistas a posibilitar verdaderos escenarios de cambio, aunque las tareas son arduas y nos hace falta mayor compromiso político.
De entrada, la forma en que se presenta la situación nacional nos remite a la urgencia de actuaciones responsables a fin de corresponder con los intereses colectivos, por parte de los gobernantes de turno, como de ejercer nuestros derechos ciudadanos inalienables, pero tomando en cuenta también nuestros deberes.
La reciente crisis en el sistema judicial, así como los amagos en el magisterio y salud pública, entre otros, nos advierten sobre ciertas deudas de parte del gobierno del presidente Mauricio Funes con respecto a los empleados públicos y su compromiso de cumplir con la ley, promesa que recibió beneplácito popular por su ausencia en el ejercicio del poder.
Se suman ciertas actuaciones de los trabajadores organizados, más allá de los derechos por lo que vale la pena luchar, que desdicen mucho de su compromiso con el interés público. Por ejemplo, a la vista de mucha gente resultó controversial el cierre de medicina legal, así como la liberación de presuntos delincuentes por incumplimiento de los plazos que otorga la ley.
El gobierno aduce que las arcas del Estado no andan bien -y es cierto- para corresponder con las peticiones de los trabajadores y que hay que socarse el cincho todavía más porque la prioridad son los relegados del sistema, razón comprensible. Sin embargo, los ciudadanos se dan cuenta que hay sectores privilegiados sobre los que no existe mayor rigor, sino tolerancia.
Lamentable que aún no se experimenta, como se prometió hasta la saciedad, otra forma de hacer política, porque de todos es conocido que persisten muchas prácticas bochornosas en la gestión pública, mientras en la organización popular no se pasa del discurso deslucido y de ciertos redentores que andan en la rebusca de huesos.
La comunicación como herramienta política
En ese contexto, cabe recordar que la comunicación masiva puede ser una herramienta política para aclarar las cosas y buscar nuevos horizontes bajo propuestas participativas con respecto a las formas tradicionales en el sistema de comunicación colectiva como, para el caso, la ausencia de mediación entre la gente y sus autoridades (incluidos, por supuesto, los poderes fácticos).
La maestra Ana María Miralles, experta en periodismo cívico y periodismo urbano, señala que, más que una moda o un método, estas propuestas participativas promueven traspasar las fronteras del periodismo tradicional en dirección a la deliberación pública; en otras palabras, la discusión pública más allá del simple registro de hechos.
Una comunicación masiva al encuentro del denominado “tercer espacio” en la sociedad, que está representado por la ciudadanía que, bajo el modelo de comunicación tradicional, ha quedado relegada a simple espectadora y consumidora del discurso dominante sin posibilidades de concreción de su derecho a la información y a la comunicación.
Según Miralles, los propósitos “giran en torno a la idea de reconectar a los ciudadanos a la vida pública, potenciar la capacidad de deliberación de la ciudadanía, ofrecer información con miras a la participación, apoyar los procesos ciudadanos con un buen cubrimiento y especialmente un adecuado seguimiento, dar elementos para la creación de capital social”.
Claro que cuando se habla de participación y deliberación se entra en una amplia discusión filosófica y, por ende, en las formas en que se estructura –o puede estructurarse- la sociedad. Eso sí, independientemente del sistema, el punto es que los ciudadanos tienen derecho a construir su destino en un marco de justicia social y de paz.
Miralles sostiene que esta propuesta “lo que ofrece es hacer visibles otras voces en los procesos de deliberación y en la figura de la polifonía encontrar la voz pública o, si se quiere, las voces públicas. La des-elitización de las discusiones interpela el concepto predominante de opinión pública en la cultura occidental, de modo que sitúa a los ciudadanos en la posibilidad de asumir su propia agenda”.
Como se aprecia, las tareas son arduas y se necesita mayor compromiso político en los trabajadores de la comunicación colectiva (y la gente). Empero, en esta sociedad existe la ausencia de cultura política en las bases y la presencia de un modelo de comunicación excluyente. Así, una opción válida y urgente lo representa la comunicación alternativa con las propuestas participativas e incluyentes.
Por Guillermo Mejía
La coyuntura pre-electoral, con promesas insatisfechas y acciones de efervescencia social, es una buena ocasión para repensar el papel de la comunicación a fin de analizar e interpretar el entorno con vistas a posibilitar verdaderos escenarios de cambio, aunque las tareas son arduas y nos hace falta mayor compromiso político.
De entrada, la forma en que se presenta la situación nacional nos remite a la urgencia de actuaciones responsables a fin de corresponder con los intereses colectivos, por parte de los gobernantes de turno, como de ejercer nuestros derechos ciudadanos inalienables, pero tomando en cuenta también nuestros deberes.
La reciente crisis en el sistema judicial, así como los amagos en el magisterio y salud pública, entre otros, nos advierten sobre ciertas deudas de parte del gobierno del presidente Mauricio Funes con respecto a los empleados públicos y su compromiso de cumplir con la ley, promesa que recibió beneplácito popular por su ausencia en el ejercicio del poder.
Se suman ciertas actuaciones de los trabajadores organizados, más allá de los derechos por lo que vale la pena luchar, que desdicen mucho de su compromiso con el interés público. Por ejemplo, a la vista de mucha gente resultó controversial el cierre de medicina legal, así como la liberación de presuntos delincuentes por incumplimiento de los plazos que otorga la ley.
El gobierno aduce que las arcas del Estado no andan bien -y es cierto- para corresponder con las peticiones de los trabajadores y que hay que socarse el cincho todavía más porque la prioridad son los relegados del sistema, razón comprensible. Sin embargo, los ciudadanos se dan cuenta que hay sectores privilegiados sobre los que no existe mayor rigor, sino tolerancia.
Lamentable que aún no se experimenta, como se prometió hasta la saciedad, otra forma de hacer política, porque de todos es conocido que persisten muchas prácticas bochornosas en la gestión pública, mientras en la organización popular no se pasa del discurso deslucido y de ciertos redentores que andan en la rebusca de huesos.
La comunicación como herramienta política
En ese contexto, cabe recordar que la comunicación masiva puede ser una herramienta política para aclarar las cosas y buscar nuevos horizontes bajo propuestas participativas con respecto a las formas tradicionales en el sistema de comunicación colectiva como, para el caso, la ausencia de mediación entre la gente y sus autoridades (incluidos, por supuesto, los poderes fácticos).
La maestra Ana María Miralles, experta en periodismo cívico y periodismo urbano, señala que, más que una moda o un método, estas propuestas participativas promueven traspasar las fronteras del periodismo tradicional en dirección a la deliberación pública; en otras palabras, la discusión pública más allá del simple registro de hechos.
Una comunicación masiva al encuentro del denominado “tercer espacio” en la sociedad, que está representado por la ciudadanía que, bajo el modelo de comunicación tradicional, ha quedado relegada a simple espectadora y consumidora del discurso dominante sin posibilidades de concreción de su derecho a la información y a la comunicación.
Según Miralles, los propósitos “giran en torno a la idea de reconectar a los ciudadanos a la vida pública, potenciar la capacidad de deliberación de la ciudadanía, ofrecer información con miras a la participación, apoyar los procesos ciudadanos con un buen cubrimiento y especialmente un adecuado seguimiento, dar elementos para la creación de capital social”.
Claro que cuando se habla de participación y deliberación se entra en una amplia discusión filosófica y, por ende, en las formas en que se estructura –o puede estructurarse- la sociedad. Eso sí, independientemente del sistema, el punto es que los ciudadanos tienen derecho a construir su destino en un marco de justicia social y de paz.
Miralles sostiene que esta propuesta “lo que ofrece es hacer visibles otras voces en los procesos de deliberación y en la figura de la polifonía encontrar la voz pública o, si se quiere, las voces públicas. La des-elitización de las discusiones interpela el concepto predominante de opinión pública en la cultura occidental, de modo que sitúa a los ciudadanos en la posibilidad de asumir su propia agenda”.
Como se aprecia, las tareas son arduas y se necesita mayor compromiso político en los trabajadores de la comunicación colectiva (y la gente). Empero, en esta sociedad existe la ausencia de cultura política en las bases y la presencia de un modelo de comunicación excluyente. Así, una opción válida y urgente lo representa la comunicación alternativa con las propuestas participativas e incluyentes.
lunes, enero 17, 2011
Las responsabilidades del receptor en la comunicación masiva
Por Guillermo Mejía
La comunicación masiva ha sido preocupación de antaño con diversas propuestas teóricas que van desde el control autoritario, la concepción libertaria, la responsabilidad social, hasta la tradición normativa comunitaria. El problema es que en la actualidad estamos inmersos en la perspectiva de la globalización neoliberal que menosprecia al ser humano y prioriza la eficiencia y la competencia.
Obvio, eficiencia en cuanto al “éxito” de las empresas bajo criterios de menor costo y competencia centrada en el reconocimiento de los sujetos “más aptos” para desarrollar las actividades comunicativas que, en la mayoría de casos, implica su pérdida de humanidad, solidaridad y entrega, por ver quién sobrevive en la jungla mediática.
La sociedad contemporánea, inmersa en la posmodernidad, nos trae a la cola la sociedad de la información donde el supuesto optimista es que los sujetos de la comunicación –los receptores- deberían convertirse en centrales de los procesos de comunicación, algo que se dificulta en países centrales y, por tanto, en periféricos como nuestra región.
Las cosas no son como las pintan: “La informatización de la sociedad es un influyente refuerzo de las estructuras económicas existentes, y permite, en nombre de la competencia y de la optimización de los beneficios, un aumento sustancial de las tasas de productividad y de eficacia”, sostiene el profesor José Martínez de Toda, de la Universidad Pontificia Gregoriana, en Roma, Italia.
La lucha por lograr el sentido que debería tener la comunicación masiva, donde los sujetos participaran activamente en los procesos, de repente ser torna cuesta arriba bajo paradigmas dominantes centrados, además de la mencionada globalización neoliberal, en la propuesta informacional que vincula desarrollo tecnológico con calidad de vida. Las diosas máquinas frente a los seres humanos.
Martínez de Toda nos recuerda que de cara a los aspectos positivos y negativos de los medios de comunicación, a partir de una producción y consumo responsables de esos medios, ha habido ciertas propuestas de solución:
•Los problemas de los medios quedarían solucionados si sus dueños, administradores y comunicadores cumplieran los criterios éticos. Pero éstos no se cumplen.
•Y “cuando la ética no es suficiente, se necesitan reglas”. Pero éstas no se cumplen.
•También se ha hecho autorreglas. Por desgracia, tampoco éstas se cumplen.
•Se ha acudido también al Defensor del Espectador, importante ante problema tan grave, pero inoperante a pesar de su buena voluntad.
•Y, así, la última solución es la responsabilidad de los ciudadanos en el uso de los medios, lo que exige su formación y educación en ellos.
“Como se ve, se arranca de la responsabilidad individual de quienes están detrás de los medios. Se pasa también por la responsabilidad de quienes hacen las reglas y las deben exigir. Al fracasar todos estos intentos, se recurre de nuevo a la doble responsabilidad, la del comunicador y la del ciudadano usuario”, recalca el catedrático.
Sin embargo, esto no quiere decir que la lucha se deba abandonar, pues, muy al contrario, su exigencia es necesaria a fin de conquistar el verdadero sentido de la comunicación masiva.
En ese marco, la responsabilidad del receptor en la comunicación masiva considera –conforme a la propuesta teórica de Martínez de Toda- en primer lugar la formación y educación de los usuarios en medios a fin de que los sujetos tengan diversas dimensiones de esos procesos:
1. El sujeto alfabetizado mediáticamente: Los medios masivos tienen lenguajes propios. Conviene conocerlos para saber lo que quieren decir sus autores. Esto se logra estudiando los planos, campos, estereotipos, símbolos, la estructura narrativa, y los valores éticos y estéticos.
2. El sujeto consciente: Los medios son un gran negocio y son poderosos. Su objetivo principal es aumentar audiencia para así ganar más dinero y poder. Aquí se estudian los medios como instituciones sociales.
3. El sujeto crítico: Los medios esconden ideologías y las tratan de imponer. El sujeto debe pasar de ser ingenuo ante los medios y sus mitos a ser crítico con ellos.
4. El sujeto activo: La audiencia re-elabora los significados propuestos por los medios. El ciudadano debe pasar de ser pasivo y espectador de los medios a activo e interlocutor con ellos de forma que pueda crear su propia cultura.
5. El sujeto social: La interpretación de los mensajes depende también de las mediaciones sociales. Además las actividades con los medios deben tener objetivos sociales, como el desarrollo humano y social, la plenitud ciudadana, la democracia…
6. El sujeto creativo: La cultura se crea a través de los medios. Es la gran oportunidad de incluir nuestros valores en las nuevas producciones o en las reelaboraciones.
En segundo lugar, está la educación para la comunicación. La clave es que la verdadera educación para los medios no muere en sí misma, sino que pone en marcha actividades de comunicación y organización a favor de proyectos sociales de diverso tipo, estima el autor.
La relación educación-comunicación requiere de tres pasos concretos: 1. Integración de educación y medios de comunicación; 2. Educación para la comunicación; y 3. Educación y comunicación para objetivos sociales. En otras palabras, asumir que la educación y la comunicación son instrumentos básicos que tenemos para la conquista de una sociedad más humana.
En tercer lugar, la educación para la organización. No se puede desdeñar el proyecto mediador que debe estar implícito en la educación para los medios como acto social, así debe sustentarse en ser educativo, cultural y político.
“En este proyecto tanto educadores como padres, como trabajadores culturales y como educandos, se reconocen políticamente como sujetos históricos en situaciones específicas, desde donde tienen que ejercer las transformaciones de sus condiciones de existencia hacia condiciones más democráticas”, explica Martínez de Toda.
“La educación, que pretende objetivos sociales, debe impulsar la comunicación para poder organizarse y así llegar a resultados concretos. Por eso, el proyecto político pasa por la organización”, afirma.
En cuarto lugar, está la educación para el desarrollo, o sea la meta social de la educación para los medios: una educación para la vida, que eche una mirada a la sociedad que lleve a reconocer las situaciones conflictivas e injustas, y una educación para la democracia, que conlleve la formación cívica de los alumnos para tener ciudadanos con mayor consciencia democrática.
En conclusión, lograr un desarrollo humano y sostenido dentro de un “contexto de globalización solidaria y democrática”. La sociedad necesita de comunicadores democráticos para que los ciudadanos asuman su responsabilidad frente a los medios. Habría que revisar en nuestro contexto cuál es el compromiso que tenemos desde las propuestas tradicionales y alternativas de la comunicación.
Por Guillermo Mejía
La comunicación masiva ha sido preocupación de antaño con diversas propuestas teóricas que van desde el control autoritario, la concepción libertaria, la responsabilidad social, hasta la tradición normativa comunitaria. El problema es que en la actualidad estamos inmersos en la perspectiva de la globalización neoliberal que menosprecia al ser humano y prioriza la eficiencia y la competencia.
Obvio, eficiencia en cuanto al “éxito” de las empresas bajo criterios de menor costo y competencia centrada en el reconocimiento de los sujetos “más aptos” para desarrollar las actividades comunicativas que, en la mayoría de casos, implica su pérdida de humanidad, solidaridad y entrega, por ver quién sobrevive en la jungla mediática.
La sociedad contemporánea, inmersa en la posmodernidad, nos trae a la cola la sociedad de la información donde el supuesto optimista es que los sujetos de la comunicación –los receptores- deberían convertirse en centrales de los procesos de comunicación, algo que se dificulta en países centrales y, por tanto, en periféricos como nuestra región.
Las cosas no son como las pintan: “La informatización de la sociedad es un influyente refuerzo de las estructuras económicas existentes, y permite, en nombre de la competencia y de la optimización de los beneficios, un aumento sustancial de las tasas de productividad y de eficacia”, sostiene el profesor José Martínez de Toda, de la Universidad Pontificia Gregoriana, en Roma, Italia.
La lucha por lograr el sentido que debería tener la comunicación masiva, donde los sujetos participaran activamente en los procesos, de repente ser torna cuesta arriba bajo paradigmas dominantes centrados, además de la mencionada globalización neoliberal, en la propuesta informacional que vincula desarrollo tecnológico con calidad de vida. Las diosas máquinas frente a los seres humanos.
Martínez de Toda nos recuerda que de cara a los aspectos positivos y negativos de los medios de comunicación, a partir de una producción y consumo responsables de esos medios, ha habido ciertas propuestas de solución:
•Los problemas de los medios quedarían solucionados si sus dueños, administradores y comunicadores cumplieran los criterios éticos. Pero éstos no se cumplen.
•Y “cuando la ética no es suficiente, se necesitan reglas”. Pero éstas no se cumplen.
•También se ha hecho autorreglas. Por desgracia, tampoco éstas se cumplen.
•Se ha acudido también al Defensor del Espectador, importante ante problema tan grave, pero inoperante a pesar de su buena voluntad.
•Y, así, la última solución es la responsabilidad de los ciudadanos en el uso de los medios, lo que exige su formación y educación en ellos.
“Como se ve, se arranca de la responsabilidad individual de quienes están detrás de los medios. Se pasa también por la responsabilidad de quienes hacen las reglas y las deben exigir. Al fracasar todos estos intentos, se recurre de nuevo a la doble responsabilidad, la del comunicador y la del ciudadano usuario”, recalca el catedrático.
Sin embargo, esto no quiere decir que la lucha se deba abandonar, pues, muy al contrario, su exigencia es necesaria a fin de conquistar el verdadero sentido de la comunicación masiva.
En ese marco, la responsabilidad del receptor en la comunicación masiva considera –conforme a la propuesta teórica de Martínez de Toda- en primer lugar la formación y educación de los usuarios en medios a fin de que los sujetos tengan diversas dimensiones de esos procesos:
1. El sujeto alfabetizado mediáticamente: Los medios masivos tienen lenguajes propios. Conviene conocerlos para saber lo que quieren decir sus autores. Esto se logra estudiando los planos, campos, estereotipos, símbolos, la estructura narrativa, y los valores éticos y estéticos.
2. El sujeto consciente: Los medios son un gran negocio y son poderosos. Su objetivo principal es aumentar audiencia para así ganar más dinero y poder. Aquí se estudian los medios como instituciones sociales.
3. El sujeto crítico: Los medios esconden ideologías y las tratan de imponer. El sujeto debe pasar de ser ingenuo ante los medios y sus mitos a ser crítico con ellos.
4. El sujeto activo: La audiencia re-elabora los significados propuestos por los medios. El ciudadano debe pasar de ser pasivo y espectador de los medios a activo e interlocutor con ellos de forma que pueda crear su propia cultura.
5. El sujeto social: La interpretación de los mensajes depende también de las mediaciones sociales. Además las actividades con los medios deben tener objetivos sociales, como el desarrollo humano y social, la plenitud ciudadana, la democracia…
6. El sujeto creativo: La cultura se crea a través de los medios. Es la gran oportunidad de incluir nuestros valores en las nuevas producciones o en las reelaboraciones.
En segundo lugar, está la educación para la comunicación. La clave es que la verdadera educación para los medios no muere en sí misma, sino que pone en marcha actividades de comunicación y organización a favor de proyectos sociales de diverso tipo, estima el autor.
La relación educación-comunicación requiere de tres pasos concretos: 1. Integración de educación y medios de comunicación; 2. Educación para la comunicación; y 3. Educación y comunicación para objetivos sociales. En otras palabras, asumir que la educación y la comunicación son instrumentos básicos que tenemos para la conquista de una sociedad más humana.
En tercer lugar, la educación para la organización. No se puede desdeñar el proyecto mediador que debe estar implícito en la educación para los medios como acto social, así debe sustentarse en ser educativo, cultural y político.
“En este proyecto tanto educadores como padres, como trabajadores culturales y como educandos, se reconocen políticamente como sujetos históricos en situaciones específicas, desde donde tienen que ejercer las transformaciones de sus condiciones de existencia hacia condiciones más democráticas”, explica Martínez de Toda.
“La educación, que pretende objetivos sociales, debe impulsar la comunicación para poder organizarse y así llegar a resultados concretos. Por eso, el proyecto político pasa por la organización”, afirma.
En cuarto lugar, está la educación para el desarrollo, o sea la meta social de la educación para los medios: una educación para la vida, que eche una mirada a la sociedad que lleve a reconocer las situaciones conflictivas e injustas, y una educación para la democracia, que conlleve la formación cívica de los alumnos para tener ciudadanos con mayor consciencia democrática.
En conclusión, lograr un desarrollo humano y sostenido dentro de un “contexto de globalización solidaria y democrática”. La sociedad necesita de comunicadores democráticos para que los ciudadanos asuman su responsabilidad frente a los medios. Habría que revisar en nuestro contexto cuál es el compromiso que tenemos desde las propuestas tradicionales y alternativas de la comunicación.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)