Tuesday, August 15, 2017

Las prácticas políticas nauseabundas

Por Guillermo Mejía

Las recientes revelaciones de un testigo criteriado, perteneciente a las maras, durante el juicio que se sigue en torno a la tregua entre el gobierno del ex presidente Mauricio Funes y esas pandillas, ha causado una indignación generalizada principalmente hacia los partidos Arena y Fmln, acusados de pactar con la delincuencia.

Según Carlos Eduardo Burgos Nuila, alias “Nalo”, presentado por la Fiscalía General, entre Arena y Fmln habrían entregado unos 350 mil dólares a la Ms-13 y las dos facciones del Barrio-18, para facilitar elecciones, evitar sabotajes como recaudar votos, en lo que algunos ven acciones típicas de fraude electoral.

Además, reveló cómo producto de la tregua pandilleril se violentaron las leyes en una serie de actos arbitrarios facilitados por las autoridades judiciales.

Críticos del proceso judicial afirman que en el banquillo están personajes que fueron ejecutores de decisiones de alto nivel y que es notable la ausencia del ex presidente Mauricio Funes y el actual ministro de Defensa, general David Munguía Payés (quien en aquellas fechas era ministro de Justicia y Seguridad) en calidad de imputados.

La Universidad Centroamericana “José Simeón Cañas” afirmó que “la hipocresía de Arena y el Fmln ha quedado, por enésima vez, en evidencia: mientras se mantiene un discurso en contra de la tregua y de todo acercamiento a las pandillas, emisarios de los partidos políticos negocian votos a cambio de dinero.”

Desde la cobertura periodística al sonado caso de la tregua, sea por omisión o por otros criterios, se ha obviado uno de los ángulos que ha pesado en la esfera internacional: Detrás del pacto ha estado el crimen organizado y el narcotráfico, al grado que, además de convertirse en actores políticos, las pandillas han evolucionado y cuentan con mayores recursos económicos, así como mejores armas.

El sombrío comportamiento de los políticos, en especial de los partidos Arena y Fmln, ha dado pie para que diversas voces se manifiesten sobre la nauseabunda partidocracia.

“El país se encuentra dividido entre dos fuerzas políticas que no ofrecen ninguna propuesta convincente y, mientras tanto, los ciudadanos parece que nos hemos acomodado a la mediocridad de lo que hay: Dos partidos retrógrados y adormecidos por la falta de propuestas convincentes con liderazgos creíbles”, opinó la comunicadora salvadoreña Leda Romero, residente en Chile.

Por su parte, Carlos Abrego, intelectual salvadoreño residente en Francia, afirmó que nos encontramos ante un vacío político, “no existe un partido que pueda encarnar hoy por hoy las aspiraciones populares. No existe y no se ve a corto plazo, ni a mediano plazo la posibilidad de que surja. Esto significa que por el momento la tarea no es llamar a votar, tomar partido por uno o por el otro, pues el resultado, el que sea, será la agravación de lo que venimos padeciendo.”

Según Abrego, la única salida viable a la crisis está al interior de la población, en su organización y trabajo tesonero: “Tenemos que salir de esa falsa alternativa, Arena o Fmln, ambos partidos están al servicio de la oligarquía y buscan gozar del dinero del Estado. Las crónicas de los diarios y televisiones están repletas de noticias sobre la corrupción pestilente.”

Como aderezo, una nueva alza de crímenes, al menos 68 entre viernes y domingo pasados, pone otra vez en tela de juicio los planes oficiales de seguridad, ya que la delincuencia demuestra que tiene condiciones para llevar la iniciativa, así como es un hecho que ejercen control territorial en el país.

Monday, July 24, 2017

Un presidente que demuestra ser más de lo mismo

Por Guillermo Mejía

Desde diversos sectores se esperaba que el presidente Salvador Sánchez Cerén mostrara dotes de estadista, para vetar los recientes decretos aprobados por la Asamblea Legislativa referente a las reformas a las pensiones y la controversial ley de extinción de dominio, en especial en esta última por el riesgo de que promueven mayor impunidad.

Sin embargo, el mandatario salvadoreño afirmó durante su acostumbrado encuentro sabatino que sus abogados ya revisaron ambas decretos y no encuentran violaciones a la Constitución de la República, con lo que asumió una conducta legalista –si es demostrable-, muy distante de una postura ético-moral a favor de sus gobernados.

Subir el techo de 45 al 50 por ciento de los fondos de los cotizantes que puede tomar prestados el gobierno, a bajo interés y en detrimento de los ahorrantes, para pagar a los que ya gozan de su pensión es lesivo y resulta una salida olímpica a un problema que todos sabemos que, es cierto fue creado en gobiernos areneros, merece una respuesta que tiene que ver con una reforma fiscal integral.

Asimismo, las reformas a la ley de extinción de dominio, aprobadas por los diputados de los partidos Fmln, Gana, dos del PCN y una de Arena, realmente desde antes fueron promovidas especialmente por Arena, Fmln, Gana y PCN, coincidentemente instituciones políticas donde algunos de sus ex funcionarios o en ejercicio están siendo investigados por enriquecimiento ilícito.

“Nuestro equipo técnico ha analizado las reformas y no encontramos inconstitucionalidad; por lo tanto, las voy a sancionar. No existen vicios de inconstitucionalidad”, afirmó tácitamente Sánchez Cerén dando la espalda a una opinión dominante sobre la necesidad del veto presidencial a unas reformas que quitan los dientes a la ley que busca perseguir a los corruptos.

La Universidad Centroamericana “José Simeón Cañas” (UCA) en una reciente postura editorial estimó que “el innegable sesgo antiético de esta actuación de los diputados vuelve obligatorio el veto del Presidente de la República. Y se verá si aún quedan defensores públicos de la decencia y de la igual ante la ley.”

La UCA sentenció que “gracias a la reforma, el trato a los políticos que le roben al Estado será diferente al que se le da a pandilleros, narcotraficantes y miembros del crimen organizado. Por ejemplo, para los pandilleros, la prescripción de la extinción de domino es de 30 años después de adquirido el bien, mientras que en el caso de los bienes obtenidos por delitos de cuello blanco será de solo 10”.

Como nos ilustra el profesor español Javier del Rey Morató, especialista en comunicación política, la democracia es un sistema en el que hay una tensión entre los hechos y los valores, tensión en la que no es infrecuente que triunfen los hechos, con sacrificio para los valores: “Ese sacrificio admite la posibilidad de juzgar la marcha de la democracia, en la medida en que se aleja y traiciona esos valores, o en la medida en que se acerca a ellos, desde la imperfección que se le supone a toda organización social de la convivencia”.

Por lo que se aprecia, pues, los demandantes de una postura de Sánchez Cerén más consecuente con principios que ha enarbolado su partido de izquierda se ven obligados a esperar otra oportunidad a ver si el presidente salvadoreño realmente muestra cualidades de un estadista, que es lo que necesitan los pueblos sufridos como el nuestro, más que un mandatario que resulta ser más de lo mismo.

Tuesday, July 18, 2017

La responsabilidad de gobernantes y periodistas más allá de cantos de sirena

Por Guillermo Mejía

Periodistas y editores de medios tradicionales han lanzado la alerta sobre la posible aprobación de una ley mordaza en la Asamblea Legislativa, por iniciativa del Vice-ministerio de Prevención Social, bajo la premisa de que la prensa debe contribuir en la promoción de la prevención de la violencia, la convivencia y la cultura de paz.

Salvo excepciones, no existe lugar donde los gobernantes de turno no busquen imponer controles a la información, elemento estratégico de la sociedad, al igual que como respuesta los periodistas y editores aducen que ellos sabe cómo hacer su trabajo, que no hay mejor ley que la que no existe, en suma dos posturas irreconciliables.

En el caso salvadoreño, en el proyecto de Ley del Sistema Nacional de Prevención de la Violencia se estipula el rol de los medios de comunicación a través del Artículo 30, donde contribuirán “procurando la autorregulación ética de la información y contenidos no violentos, para no afectar la salud mental de la población, sin perjuicio del respeto a la libertad de expresión, de prensa y de información”.

Para asegurar el cumplimiento de la ley se integrará la Dirección General de Prevención Social de la Violencia y Cultura de Paz, adscrita al ramo de Justicia y Seguridad Pública, y será la encargada de ejecutar las políticas, planes, lineamientos, programas y acciones encaminadas al fin determinado, con las instancias que regula la ley.

A simple vista, se puede observar una especie de “arroz con mango”, ya que por un lado apelan a la autorregulación, es decir al papel de los medios de comunicación a partir de su propias consideraciones éticas de la información, y, por el otro lado, a la regulación por la presencia de mecanismos legales que aseguren el cumplimiento de la ley, que para los denunciantes abre una puerta a la mordaza.

El Subjefe de Información de La Prensa Gráfica, Luis Laínez, consideró en un comentario que: “Esto, en una palabra, es mordaza. ¿Cómo se puede hablar de autorregulación si habrá un censor verificando que se cumpla, autorizado, además, de tomar ‘cualquier acción que sea indispensable y conveniente’?”

“Por decreto no puede haber paz y armonía. Y por decreto tampoco se puede crear un paraíso en la Tierra”, advirtió.

Para evitar este tipo de controversias, el colombiano Javier Darío Restrepo, veterano periodista y experto en ética, se decanta por la autorregulación de la profesión a través de códigos deontológicos que aseguren el cumplimiento de los preceptos, normas y principios, y apela a lo establecido por las Naciones Unidas en cuanto a que los gobiernos no tienen que regular a los periodistas.

En perspectiva, considero que el problema de la inseguridad, el crimen organizado y el narcotráfico no se resuelve solamente teniendo el favor de los medios de comunicación o cayendo en tentaciones de imponer mordazas, sino con actos firmes y consecuentes, de cara a la ciudadanía, situación que no ha estado a la altura ni en los gobiernos de Arena, ni en los del Fmln.

Tampoco se puede dejar de lado la falta de un periodismo honesto que realmente muestre a la ciudadanía los entretelones de esa inseguridad, crimen organizado y narcotráfico, por encima de coyunturas políticas, especialmente pre-electorales y electorales, en función de intereses particulares y de grupos de poder.

En otras palabras, urge responsabilidad por parte de gobernantes y también de periodistas y editores más allá de cantos de sirena.

Wednesday, July 12, 2017

Una partidocracia en crisis

Por Guillermo Mejía

Si en los sectores de derecha se habían creado esperanzas de un triunfo conservador en las elecciones municipales y legislativas de 2018, y en las presidenciales de 2019, por el mal desempeño del gobierno de izquierda, las disputas al interior de Arena por la forma autoritaria de escoger sus candidatos han abierto interrogantes.

Hay que recordar que, de acuerdo a la última encuesta de la Universidad Centroamericana (UCA), si bien una mayoría considerable afirmó que no desea que vuelva a gobernar el Fmln, también esa importante porción de la ciudadanía estimó que tampoco desea que regrese Arena a conducir los destinos de los salvadoreños.

En medio de la crisis generalizada, potenciada por una economía alicaída y la inseguridad con su estela de muerte, El Salvador se presenta como el país menos viable a nivel centroamericano, con el agravante que si bien Guatemala y Honduras presentan similares problemas es obvio que mantienen perfiles económicos de mayor auge.

Arena sigue mostrando su carácter autoritario y clasista, pues por un lado su dirigencia partidaria no da apertura a nuevas caras –aunque en realidad no representen nuevos planteamientos- por otro lado, en la disputa aparecen como posibles candidatos presidenciales personajes del empresariado que controla el partido.

Con sus propias especificidades, similares problemas se presentan al interior del partido Fmln donde el ejercicio político de escoger a sus candidatos no tiene nada que envidiarle a la derecha. Además de que presentan listas de ungidos por parte de la dirigencia de izquierda, cuentan con personajes que no tienen contrincantes sino que son impuestos por “consenso”, es decir impera el dedazo.

Uno de los puntos dramáticos de la izquierda es que son escasas sus propuestas frente a las elecciones presidenciales, dado el descrédito de muchos de sus dirigentes o la falta de consenso frente a figuras más potables, al grado que dependen de personajes externos al partido, como el caso del alcalde capitalino Nayib Bukele, a quien incluso tienen que aguantarle rabietas.

Recientemente, sostenía uno de los opinantes cotidianos de programas de radio y televisión que la única diferencia que encontraba entre los problemas que enfrenta Arena y el Fmln es que en los primeros es más fácil que afloren contradicciones, porque los que buscan sus candidaturas tienen solvencia económica, situación que los vuelve más independientes de la cúpula del partido. Mientras, en el Fmln, al contrario, la dependencia económica, el hecho que tienen que sobrevivir a partir de una candidatura o un puesto en alguna instancia del Estado, les obliga a guardar silencio aunque no estén conformes con las decisiones de la cúpula de un partido que, al igual que Arena, es autoritario.

Para ambas agrupaciones políticas, tan importantes pero sumidas en crisis, el otro escenario que no pueden desconocer, y de una u otra forma tienen que darle respuesta, es la inobjetable variable interviniente que representan las “maras” como actores políticos a partir de que ejercen control territorial y que, en otros procesos electorales, han tenido muchísimo que ver.

Llama la atención el hecho que personajes tanto de Arena como del Fmln que en otras ocasiones han dialogado e incluso llegado a acuerdos con las “maras” vuelvan a aparecer como candidatos a diputados y alcaldes. Aunque realmente no es una novedad, ya que por mucho que se ha dicho al respecto algunos de ellos aún tienen su lugar asegurado en las mismas instancias o en el gobierno de turno.

La ausencia es de la ciudadanía que no trasciende de su apatía y malestar frente al quehacer de los políticos, es decir desmovilizada y sin esperanzas, a lo que se suma una precaria cobertura mediática de tan elementales acontecimientos que significa falta de ejercicio profesional en la búsqueda de crear consciencia crítica o compromiso político-partidario que va en desmedro de un periodismo honesto.

Tuesday, July 04, 2017

La ciudadanización de los procesos electorales

Por Guillermo Mejía

Los dirigentes de los partidos políticos se muestran conformes con el remedo de consulta de sus bases militantes para la elección de candidatos a alcaldes y diputados de cara a las elecciones de 2018. Si esas bases partidarias, en particular, y la sociedad en general, fueran verdaderamente exigentes tendríamos procesos electorales democráticos y transparentes.

Las candidaturas –de dedo- se componen de quienes gozan del visto bueno de las cúpulas partidarias, se llega al descaro de llevar a personajes involucrados o acusados de participar en actos delictivos como, por ejemplo, el diputado Ernesto Muyshondt y el alcalde Salvador Ruano, por Arena, o el asesor de seguridad Benito Lara y el Vice-ministro José Luis Merino, por el Fmln.

En ese marco, la ciudadanía solamente sirve de pretexto más que de sujeto activo de un proceso que le corresponde por derecho en cuanto vive en una sociedad que se perfila como democrática y en constante cambio, luego de haber pasado doce años de conflicto armado y que mutó a una guerra social con su estela de muerte y desplazamiento.

Resulta común, pues, que las cúpulas partidarias preparan con antelación sus listas de escogidos, algunos de los cuales llevan años incrustados en la Asamblea Legislativa o en las alcaldías municipales, se las pasan a sus bases militantes y de esa forma justifican los requerimientos de ley conforme a lo que establece el Tribunal Supremo Electoral.

Contrario sería que la población salvadoreña ciudadanizara los procesos electorales, tal como se estima en las democracias modernas a fin de hacer partícipe de dichos procesos a las bases militantes y ciudadanía en general. Se correspondería con aquello de que el soberano es el pueblo y el que elige, pide cuentas y reconoce al que le sirve desde el poder.

Para ciudadanizar los procesos electorales también es necesario ciudadanizar la comunicación. Es decir, empoderar al ciudadano para que participe activamente en los procesos comunicativos a fin de que sea interpelado y de esa forma recupere el control de la agenda temática superando la idea tradicional de que lo público es sinónimo del Estado como si no fuese la persona el eje de la acción política.

Entonces, una perspectiva ciudadana de la política y la comunicación implicaría que los partidos políticos ya no impongan candidaturas, sino esas candidaturas se construyan desde la ciudadanía con las personas idóneas y también se elaboren programas de gobierno que reflejen los intereses de la colectividad.

Los periodistas deben involucrar al ciudadano en los procesos electorales completos, no solamente encantarlo para que emita el voto. Es necesario que el ciudadano se encuentre con los candidatos para que discutan sobre temas de gobierno más allá de los temas de campaña; es decir, trascender de las cancioncitas o las camisetas al debate ciudadano.

La periodista colombiana Ana María Miralles, experta en comunicación y ciudadanía, afirma que en la actualidad “la máxima aspiración que tiene la población es que los candidatos no sean ladrones, sin darnos la oportunidad de analizar a fondo cada una de sus intenciones o propuestas; es decir, partir del candidato y averiguar quiénes son sus aliados”.

En ese sentido, Miralles insiste en que “se necesita ciudadanizar la política y politizar la ciudadanía”… en otras palabras “somos los ciudadanos los que debemos rescatar la palabra política”.

Tuesday, May 02, 2017

Periodismo y poscensura

Por Guillermo Mejía

El uso indiscriminado de las redes sociales y el descrédito del periodismo en la sociedad contemporánea, entre otros aspectos, hacen difícil el debate racional y dan cabida en el escenario a personajes como el presidente estadounidense Donald Trump, en un fenómeno llamado poscensura.

Según el columnista español Juan Soto Ivars, autor del libro “Arden las redes”, los algoritmos de Instagram, Facebook y Twitter “ahondan la división creando islas ideológicas cerradas donde los usuarios tienden a recibir solamente opiniones políticas afines” e informaciones –reales o falsas- que corroboren sus prejuicios.

“Trump se ha aprovechado de la poscensura, un fenómeno nuevo y peligroso, producto de nuestro tiempo, que surge de la alineación de las redes sociales, la crisis de credibilidad de la prensa y una combinación de corrección política y guerra cultural”, dice Soto Ivars.

“La poscensura genera linchamientos, pero sobre todo destruye la posibilidad de un debate racional, y crea las condiciones perfectas para que un discurso como el de Trump tenga credibilidad”, agrega.

En ese sentido, la poscensura es un “sistema represivo que no requiere leyes ni estado censor, y que impone sus prohibiciones infundiendo el miedo a ser catalogados como traidores”: Los izquierdistas tienen miedo de que una multitud les llame machistas, racistas u homófobos, mientras que los derechistas temen etiquetas como buenista, relativista o progre.

“La poscensura mata el debate racional y exacerba los insultos y las acusaciones”, señala el autor español. A partir del fenómeno, se entiende el éxito de las posiciones radicales y el desmérito de la sutileza, y se comprende el hecho de que pese a los ataques de la izquierda haya salido victorioso el ahora presidente de Estados Unidos.

Soto Ivars nos ilustra:
“Los progresistas políticamente correctos y los puritanos conservadores tienen en común la alergia a la libertad de expresión de sus adversarios. Los izquierdistas imponen sus trigger warmings (avisos de que un texto contiene expresiones potencialmente ofensivas para las minorías), y los conservadores llevan a los tribunales a quienes mancillan los símbolos nacionales.”

“Unos construyen eufemismos para los negros o los enfermos y se los imponen al resto, mientras que otros logran que un pitido sustituya la palabra fuck en la televisión. Unos consiguen que se expediente a un profesor que cuestionó la existencia de la cultura de la violación, mientras que otros logran el despido de Ward Churchill de la Universidad de Colorado porque sugirió que el 11-S fue consecuencia de los ataques norteamericanos contra países musulmanes.”

Soto Ivars considera que la hiperconexión de las sociedades democráticas nos ha sumido en una guerra intransigente de puntos de vista, en una batalla cultural de batallones líquidos, a los que uno se adscribe sin más compromiso que la necesidad de que el grupo le dé la razón, a lo que se une la prensa irresponsable.

Así: Las redes sociales se han convertido en un canal por el que la ofensa corre libremente hasta infectar a los periódicos, la radio y la televisión, mientras las masas exigen –según se sientan afectadas- recortar la libertad de expresión.

Por ende: El proceso nos hace a todos menos libres por miedo a que una multitud de desconocidos venga a decirnos que somos malas personas. A medida que la ofensa se vuelve libre, el pensamiento se acobarda.

Al final: La concepción clásica de la censura requería un poder totalitario y unas leyes que la sustentasen, pero lo que Soto Ivars llama «poscensura» es un fenómeno desordenado de silenciamiento en medio del ruido que provoca la libertad.

Friday, February 24, 2017

Periodismo y posverdad

Por Guillermo Mejía

Para muchos la palabra de moda es posverdad, traída del vocablo inglés post-truth que, según el Diccionario Oxford, denota circunstancias en que los hechos objetivos influyen menos en la formación de la opinión pública, que los llamamientos a la emoción y a la creencia personal. Los casos más ejemplarizantes de esto son el gane de Donald Trump en Estados Unidos y el Brexit en Europa.

De todos es conocido que los espacios mediáticos están contaminados de posverdad en línea de imponer visiones de mundo y es precisamente con las nuevas tecnologías que prolifera un seudo periodismo –que lamentablemente contamina hasta los medios considerados más serios- en un sinsentido que va en detrimento del derecho a la información.

El Salvador no es la excepción. Aparte de las formas antiéticas e inmorales que proliferan en la mayor parte de medios de comunicación social por intereses particulares –sean políticos o comerciales- existe una gama de espacios dizque independientes o que se amparan en ser expresiones de periodismo digital, pero lo que menos trabajan es información fidedigna.

Más que indagar sobre el fondo de los casos de corrupción en los gobiernos de los últimos 25 años, que comparten los partidos Arena y Fmln, nos encontramos con una plataforma mediática donde se conjugan medias verdades, medias mentiras, derroches emocionales, en fin, una cadena de acusaciones y justificaciones de acuerdo a intereses determinados.

Por otro lado, la violencia social, que se enfoca sobre todo en el fenómeno de las pandillas, se aborda desde la superficialidad donde roba espacio el discurso oficial que pretende imponer el exterminio como forma de solución de un problema tan complejo, al gusto de lo que la gente quiere oír, y cargado a partir de que estamos en una año pre-electoral.

Solamente desde voces y espacios marginales se escucha la denuncia de que subsistimos en una Estado criminalizado, que no tiene mucho que envidiarle a un Estado fallido, donde la institucionalidad está prostituida y se sostiene bajo directrices de personajes contaminados en el pasado reciente con hechos de corrupción, triquiñuelas electorales y menosprecio por la ciudadanía.

La transparencia y acceso a la información, por ejemplo, son palabras vacías.

“La posverdad es el mejor caldo de cultivo para la mentira instrumentalizada al servicio del juego sucio. Y no es verosímil creer que con el juego sucio ni la libertad ni la convivencia ni el progreso puedan salir beneficiados. Al contrario, no hay libertad que no descanse en la protección de la verdad, ni convivencia posible si la verdad no es respetada, ni progreso real sin verdades contrastadas”, dice el abogado español Miquel Roca Junyent.

“Ciertamente, la verdad puede ser poliédrica; puede tener muchas caras. Pero cada una de estas se construye desde la ambición de respetar la verdad. Puede ser interpretada de formas diversas, pero se busca hacerlo desde la fidelidad a la verdad. La posverdad neglige la verdad, no la interpreta, simplemente la considera irrelevante. Cree que puede prescindir de ella”, agrega.

Bill Kovach y Tom Rosenstiel en su libro “Los elementos del periodismo” afirman que en los últimos trescientos años, los profesionales de la información han desarrollado un código no escrito de principios y valores que configuran la actividad informativa. El más importante de esos principios es el siguiente: La primera obligación del periodismo es la verdad.

“El deseo de que la información sea fiel a la verdad es elemental. Puesto que las noticias son el material que utiliza el ciudadano para informarse y reflexionar sobre el mundo que le rodea, su cualidad más importante consiste en que sean útiles y fiables”, nos dicen, “El deseo de la verdad es básico, y tan poderoso que todas las pruebas indican que, además, es innato”.

La posverdad se combate con el compromiso con la verdad. Y ese compromiso no puede verse sin sustancia, pues pasa por la responsabilidad, en especial con los públicos que son los dueños o titulares de la información. Ya no es tiempo ni de periodistas estrellas, ni de consumir cualquier producto como informativo.

Desde los periodistas y los medios de comunicación debe haber un compromiso ético moral con un tratamiento adecuado de la información, de la separación de la información de otros intereses que vayan en detrimento de la ciudadanía que tiene derecho a estar informada de manera adecuada y suficiente.

Y, uno de los retos más sentidos, esa ciudadanía cada vez tiene que corresponsabilizarse también con su derecho a la información –y a la comunicación- frente a las tropelías del seudo periodismo que le apuesta a la posverdad por intereses particulares; es decir, hacer valer su voz como titulares de esos derechos.

Los periodistas y los medios de comunicación también necesitan del esfuerzo y acompañamiento ciudadano, puesto que los problemas del periodismo no pueden verse independientes de la sociedad en que se desarrolla. Una ciudadanía crítica, empoderada, coadyuva a cualificar ese periodismo tan necesario en toda sociedad que se dice democrática.