Tuesday, June 11, 2019

Nayib Bukele en la Society Fast

Por Guillermo Mejía

La celeridad en los procesos ha llegado al grado que el ejercicio del poder está siendo revestido por la intempestiva respuesta –o propuesta- del líder del momento que ha encontrado su cancha a través de las redes sociales, especialmente Twitter, desde donde ordena, descalifica y pontifica acerca de la vida en común.

El presidente Nayib Bukele continúa en la práctica que le resultó exitosa desde cuando era candidato por el desprestigiado partido Gran Alianza por la Unidad Nacional (Gana), escisión de la no menos transparente Alianza Republicana Nacionalista (Arena), esfuerzo que desplazó de la presidencia al decadente Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (Fmln).

En apenas una semana, Bukele cambió la ceremoniosa forma de ir armando las piezas de la administración por la descarga de tuits en los que ha llegado al extremo de ordenar el despido de empleados públicos, especialmente familiares de ex miembros del anterior gobierno.

Si bien los seguidores del mandatario han celebrado sus acciones publicitarias y propagandísticas de un hecho que siempre se ha dado, el separar de los cargos a la gente de confianza del anterior gobierno, aún está por verse la legalidad en los casos en que los trabajadores han sido despedidos en masa luego de la clausura de varias secretarías.

La práctica del presidente Bukele se enmarca dentro de las formas en que se va desenvolviendo el ser humano: “Vivimos la Society Fast, de la comida rápida, de la distracción rápida, del compartir rápido con la familia, etcétera”, alerta el intelectual suramericano Atawallpa Oviedo Freire.

“Todo es rápido. Nada es profundo, sentido, disfrutado, asimilado. Lo que interesa es pasar rápido por todo, creyendo tener todo, pero a la final no se tiene nada. Si observamos a las personas con sus ‘smartphones inteligentes’, casi no se detienen en lo que miran, simplemente ven rápidamente algo, y pasan con su ‘dedo vital’ a otra imagen o texto, y siguen, y siguen...”, advierte.

“De vez en cuando se detienen y ven más en detalle, pero no terminan todo, sino que con un poco ya se contentan. Como hay tanto por mirar tienen que seguir moviendo el dedo vital para ‘no perderse nada’", agrega el especialista en comunicación alternativa.

“Cuando se detienen es para ver si hay algo divertido, algún entretenimiento, algo fuera de lo común; pero no para leer un texto, una crítica política, un análisis científico. Eso es aburrido, y todos repiten: La política es una porquería. Todos son unos corruptos. Todos son iguales. Las mismas historias de siempre. Ya sabemos que siempre será así y nada se puede hacer”, afirma.

Como han advertido muchos, a través de las mismas redes sociales o los medios de comunicación tradicionales, es temprano para concluir sobre lo que pasará en el período de Bukele, aunque está muy clara su visión de privilegiar a la empresa privada y a los intereses de Estados Unidos.

Resulta preocupante para otros que no se ven contrapesos políticos frente a su forma de gobernar ante el descalabro de los partidos, en especial Arena y el Fmln, caídos en desgracia por parecerse gemelos por los errores cometidos en su paso por la presidencia de la república.

Nos ilustra Atawallpa Oviedo Freire: “A este paso, los idiotas van a ir aumentando, solo repitiendo conceptos creados, agachando la cabeza a un trabajo para tener el ‘maldito dinero’, y aceptando de que así es la vida, de que la vida es una mierda y de que no se puede hacer nada”.

¿Quiénes sacan ventaja de esa condición?, dé su respuesta.

Tuesday, June 04, 2019

El turno del presidente Nayib Bukele

Por Guillermo Mejía

La administración del empresario Nayib Bukele arrancó con la ventaja que más de la mitad de los salvadoreños cree que sabrá responder a las demandas de bienestar económico y seguridad, tareas en las que fracasaron los cuatro gobiernos de Alianza Republicana Nacionalista (Arena) y los dos del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (Fmln).

El ex comandante guerrillero Salvador Sánchez Cerén dejó la presidencia de la República como el mandatario peor evaluado desde la firma de la paz, en 1992, según los resultados de la última encuesta de la Universidad Centroamericana “José Simeón Cañas” (UCA). Su nota fue de 4.38 puntos, la menor de su gestión, con el reproche del 59.6 por ciento de los salvadoreños.

De acuerdo con las cifras, los consultados esperan un cambio en la política económica y la de seguridad (más del 80 por ciento) y creen que el nuevo gobierno tendrá voluntad política para combatir la corrupción (el 74 por ciento) y para combatir el narcotráfico y el crimen organizado (el 65.8 por ciento). Los retos son inmensos.

Una de las situaciones sobre las que existen expectativas es la relación que mantendrá el presidente Bukele con los periodistas, dado los recientes enfrentamientos con algunos medios de comunicación que le demandan respuestas en nombre del derecho a la información de los ciudadanos más que su presencia en las redes sociales.

El estira y encoje entre algunos colegas y el mandatario salvadoreño trajo a mi memoria reflexiones sobre la difícil relación entre periodistas y políticos en una sociedad, como la nuestra, que se abre camino en medio de las diversas caras de la violencia e injustica estructural sobre las que poco o nada han hecho los políticos en el ejercicio del poder.

Escribí que los periodistas y los políticos experimentan, por tradición, una de las peores relaciones que se dan dentro de la sociedad, independientemente que sea de países metrópolis –como Estados Unidos- o periféricos –como El Salvador. Los políticos condenan, atacan, fustigan o, al revés, lisonjean, condecoran, premian.

Que en nuestro caso sea más salvaje es cierto, porque la prensa, en general, es una extensión de grupos de poder, especialmente los que se acomodan alrededor de gobiernos, y elites que utilizan al periodismo como una forma de presión o ideologización en detrimento de un servicio a la colectividad y el bien común.

Pero encontramos a periodistas que pretenden hacer su trabajo desde una trinchera profesional y en concordancia con la ética, así como a tantos (quizás la mayoría) que, a pesar de tener en su último sueño un desencanto, pasaron de periodistas a voceros de los políticos.

Dependiendo del grado de intromisión, al político le puede bastar una simple llamada telefónica, para quitarse del camino a un periodista molesto. O, al contrario, simples tres pesos para congraciarse con el periodista que le sirve en su función, en especial en tiempos de campaña o, para silenciarlo, en momentos de tensión por cualquier hecho que le afecte.

Pero independiente de que el periodista y el político lleguen a un acuerdo infame, asqueroso y denigrante, siempre existirá ese desprecio mutuo que se sienten por cuanto, en primer lugar, el periodista se vende al mejor postor –por infinidad de razones- y, en segundo lugar, al político le desencanta llenarle el buche para tenerlo tranquilo.

Habrá tiempo para ver si las promesas del presidente Nayib Bukele no son más de lo mismo.

Tuesday, May 28, 2019

El Salvador: La actualización del código de ética periodística

Por Guillermo Mejía

A pesar de la invisibilización de la prensa tradicional, que por lo general no promueve la discusión y reflexión sobre aspectos ético-morales de la información y la comunicación, resulta muy alentador que la Asociación de Periodistas de El Salvador (APES) haya actualizado el código de ética periodística con la ayuda de profesionales y la academia.

Sobre todo muy oportuna la presentación de la nueva versión del código en momentos de transición en el poder Ejecutivo, a partir del uno de junio, en medio de acusaciones entre el presidente electo Nayib Bukele y algunos medios de prensa que le achacan el incumplimiento de su deber de responder al derecho a la información de la ciudadanía.

Nos recuerda la APES que “la ética periodística es el conjunto de principios que rigen la consciencia moral del profesional que ejerce el periodismo” establecidas en el código para periodistas y profesionales de la comunicación, los cuales son adoptados por convicción personal y no por obligatoriedad legal.

“En el proceso de informar y comunicar, la ética periodística, de la mano de la búsqueda de una mayor transparencia en todos los órdenes, tiende cada vez más a formar parte de la agenda pública en escala global. La ética de la profesión se fundamenta en unos principios dirigidos a establecer la responsabilidad del periodista frente a la sociedad”, agrega.

Dentro de las novedades de la actualización del código están artículos referentes al compromiso de los periodistas con los deberes relacionados a la promoción de la no violencia por razones de género y la cobertura de sucesos de violencia y discriminación contra la mujer.

Las personas que se dediquen al ejercicio periodístico deberán adecuar el vocabulario haciendo uso del lenguaje no sexista en las diferentes notas, tal como se establece en la Ley de Igualdad, Equidad y Erradicación de la Discriminación contra las Mujeres. Además, al abordar temas de violencia contra las mujeres, deben utilizar los términos aplicando los tipos establecidos en la Ley Especial para una Vida Libre de Violencia para las Mujeres.

La otra novedad se refiere a los deberes del periodismo digital y nuevas tecnologías que establecen que los periodistas y profesionales de la comunicación deberán cumplir lo estipulado en la Ley Especial contra los Delitos Informáticos y Conexos, y promover la transparencia de las plataformas digitales de información.

“Los periodistas y profesionales de la comunicación deben aplicar principios de ética al contenido publicado en sus plataformas digitales, incluyendo redes sociales. Evitar publicar contenido que pueda violentar los derechos, dignidad o reputación de personas e instituciones; y, previo a compartir una noticia, el periodista deberá verificar si la fuente o la noticia no es ‘fake news’ o noticias falsas”, reza el artículo 37.

La existencia del código de ética de los periodistas y profesionales de la comunicación representa un salto cualitativo en la sociedad salvadoreña, por cuanto se cuenta con un referente sobre el buen hacer en la comunicación e información que sirve a los diversos sectores nacionales, además de los trabajadores de los medios de comunicación.

“El periodista necesita una formación ética”, nos dice el maestro Manuel Ocampo Ponce. “La libertad de prensa es un derecho humano, pero ha de interpretarse en el sentido de servicio al público en la verdad y en el bien”, precisa. Sería beneficioso para la ciudadanía que también asumiera un papel activo en la conquista de su derecho a la información y la comunicación.

Tuesday, May 21, 2019

La ética en Internet frente a los abusos en nombre de la libertad

Por Guillermo Mejía

Un grupo de diputados de la Asamblea Legislativa ha propuesto reformar la Ley Especial contra los Delitos Informáticos y Conexos, para penalizar de cuatro a ocho años de cárcel a quienes utilizando perfiles falsos cometan los delitos de difamación, calumnia, injuria, daños al honor y apología del delito.

Los legisladores de Alianza Republicana Nacionalista (Arena), Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (Fmln), Concertación Nacional (PCN) y Democracia Cristiana (PDC) buscan incorporar al Artículo 24 el literal “A” a fin de regular el uso de perfiles falsos o troles en las redes sociales, periódicos, revistas digitales sin autores responsables.

De inmediato, el presidente electo Nayib Bukele (quien ha sido acusado de utilizar troles) denunció lo que considera “ley mordaza” de los políticos frente a la crítica. En la lista de los firmantes aparecen algunos legisladores que permanecen molestos porque en sitios web y redes sociales son señalados de corruptos.

Sin embargo, algunos de esos firmantes, como Rodolfo Parker, del PDC, aclararon que no se legislará contra la libertad de expresión, más bien es en contra de los troles que aprovechan la oscuridad para atacar. Además, las leyes ya contemplan penas para la difamación, calumnia, injuria, daños al honor y apología del delito.

Vale recordar que con la llegada de las nuevas tecnologías y la revolución de Internet no pocos especialistas han insistido en la necesidad de armar un modelo ético de cara al libertinaje que representa para muchos el acceso y difusión en la red. La ética se enfrenta al desafío de la velocidad de los cambios en la era digital.

El maestro español Juan Pedro Ortuño advierte que “más que un ente dinámico, la ética es un modelo (o modelos) permanente de referencia. Independientemente del progreso o avances tecnológicos, la persona sigue siendo ser trascendente y sujeto de dignidad en sí mismo considerado”.

En ese sentido, expone una serie de retos éticos que plantea Internet:
Primero, la “brecha digital” o el progresivo distanciamiento entre los países ricos y los países pobres. Se deriva de la desigual distribución de la riqueza en el mundo.

Segundo, el colonialismo cultural, que es un problema que afecta fundamentalmente a los gobiernos y centros de decisión de poder. Va unido a otro problema no exclusivo de Internet, que es la concentración de medios.

Tercero, la difusión inmediata de noticias sin estar debidamente contrastadas. Este hecho que venía dándose ya en todo el periodismo conforme mejoraban las tecnologías, ahora se ve acentuado. Internet supone un flujo constante de información, mucha de ella con errores.

Cuarto, la difusión de pornografía y la apología del racismo. El problema de controlar los contenidos. De hecho, en Internet es posible encontrar prácticamente de todo. Unido a este hecho, está que Internet se ha convertido en un mercado para adquirir cualquier cosa.

Quinto, el problema de la privacidad y el anonimato. Una parte de este problema está claro por su carácter delictivo.

Sexto, la realidad virtual. Internet está siendo objeto de experimentación de simulaciones de la realidad. La realidad virtual puede sumergir a la persona en una ilusión funcional de lo real.

“Internet es una buena herramienta. Y más que plantear nuevos retos éticos, o una ‘contemporización’ de la ética a las nuevas tecnologías, de lo que se trata es de la práctica de una mayor responsabilidad por parte del usuario”, señala el profesor Ortuño. No hay que buscarle tres patas al gato, pero eso sí hay que estar atentos frente a las tentaciones autoritarias.

Tuesday, May 14, 2019

La lucha histórica por el derecho a la información y la comunicación

Por Guillermo Mejía

Cuando se produce en la sociedad un enfrentamiento entre los políticos y los periodistas sobre el tratamiento informativo, especialmente en temáticas de importancia ciudadana como la política y la justicia, es necesario traer a la memoria la existencia de una lucha histórica por el derecho a la información y la comunicación.

Desde 1948 quedó plasmado en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, en su Artículo 19 y ratificado en 1963 por las mismas Naciones Unidas en lo que se considera “etapa universalista” de la lucha histórica que ha representado y representa para la humanidad jornadas inclusive teñidas con sangre de mártires.

Es trascendental, pues, el papel de los periodistas, para el traslado de la información y en abrir los espacios a fin de que los ciudadanos participen del diálogo conforme a sus derechos y obligaciones cívicas que presuponen las sociedades democráticas.

Frente al malestar de los políticos con los periodistas –para el caso el presidente electo Nayib Bukele que privilegia el uso de redes sociales frente a la necesidad de que hable directo con la prensa- es oportuno recordar las etapas principales que componen el esfuerzo político por el ejercicio de la libertad en materia de información y comunicación.

En primer lugar, la fase de la negación absolutista del derecho a la comunicación. Durante el “viejo régimen” fue el Estado absoluto el único sujeto libre para comunicar, el titular exclusivo y excluyente de las facultades del derecho a comunicar. Todo tipo de comunicación no estatal fue objeto de licencias, concesiones y censuras previas. El sujeto primordial estaba reducido a la condición de súbdito.

En segundo lugar, la fase de limitación burguesa que se divide en el preludio revolucionario, es decir, el asalto histórico al “viejo régimen” por parte de los revolucionarios que establecen la libertad de expresión y de opinión en la Declaración del Hombre y del Ciudadano, en 1789; y el desenlace burgués, el que la burguesía, a partir de la ausencia del derecho a la comunicación en la legislación francesa de 1799, se erige como titular privilegiado del derecho a comunicar.

En tercer lugar, la fase de control intervencionista. Se da a partir de la Primera Guerra Mundial y los problemas económicos y sociales en los años veinte del siglo pasado con la intervención del Estado en algunas naciones y, por otro lado, la asunción de todos los poderes en otras. Desde una concepción totalitaria, el derecho a la comunicación sufre las consecuencias por cuanto los medios de comunicación son apetecidos como instrumentos de propaganda.

En cuarto lugar, la fase de reconocimiento normativo universal. Tras la Segunda Guerra Mundial, la reflexión democrática se proyecta sobre la comunicación social. Entramos entonces a la etapa del derecho a la información, la más importante etapa histórica en el derecho a la comunicación.

Por lo tanto, es necesario el compromiso de los políticos de participar del derecho de los ciudadanos a la información y la comunicación dando la cara en cuanto a los temas de interés público frente a sus acostumbradas estrategias de marketing político que buscan persuadir a los ciudadanos especialmente a través de las redes sociales.

En consonancia, también es pertinente que los colegas periodistas asuman el compromiso de servir la información y tender los puentes para que los ciudadanos participen de la comunicación conforme las normas éticas de la profesión periodística y sin caer –como en algunos casos- en agendas mediadas por intereses particulares.

Wednesday, May 08, 2019

La degradación de la política en las redes sociales

Por Guillermo Mejía

Las advertencias sobre la pérdida de la capacidad de debate y argumentación en las redes sociales por el derroche de posturas irracionales se hace cada vez más frecuente en la sociedad contemporánea y las vicisitudes de la política muestran la contaminación de lo superfluo y egocéntrico frente al ejercicio de la reflexión.

“Los textos más pausados y pensados, también a menudo más extensos –en los que una tesis se desdobla en párrafos argumentales, ejemplos, estudios, consecuencias lógicas y conclusiones-, nos son frecuentes en Twitter y Facebook. Ni los límites de extensión en la primera ni la dinámica en ambas lo permiten”, afirmó hace poco el escritor argentino-canadiense Alberto Manguel.

“Y es que las redes obedecen a una lógica de la ocurrencia y no a una de debate sustancial. Hay una paciencia en el desarrollo de los textos de largo aliento (no todos y no siempre) que implica un valioso ejercicio intelectual que corre el riesgo de perderse con la brevedad ingeniosa y la inmediatez que recompensan las redes sociales”, escribió en The New York Times.

“Este no es, o no quiere ser, un lamento nostálgico por el pasado”, agregó Manguel, “pero sí un llamado de atención sobre los riesgos que entrañan las formas de comunicación que caracterizan nuestro siglo: la brevedad y la falta de argumentación puede reducir la conversación a una frase tuitable. ¿Qué peligros hay en una sociedad de lectores de formas tan sucintas, a menudo vehementes y generalmente escasas de argumentos y datos verificados? Los 280 caracteres que permiten los tuits pueden simplificar la complejidad de una reflexión y, por lo tanto, empobrecer el debate público”.

Según el autor, las reglas retóricas en las redes sociales han masificado la tendencia al desarrollo de argumentos remplazado por el filo de la condensación, frases muchas veces ingeniosas pero casi siempre vacías o triviales, al grado que el prestigio de la labor intelectual se ha erosionado y se ha tendido a desdeñar los ejercicios que implican pensar y argumentar.

Manguel pone como ejemplos de esas prácticas preocupantes en la política a algunos presidentes como el estadounidense Donald Trump, el mexicano Andrés Manuel López Obrador y el brasileño Jair Bolsonaro: “Estos políticos han sabido entender bien la dinámica del lenguaje de las redes: menos propuestas estructurales y más declaraciones lapidarias”, sentenció.

Y agregó: “Sus discursos incitan a la reacción irreflexiva y visceral de los ciudadanos y menosprecian la labor analítica de sus críticos, a los que llaman ‘fifis’ o ‘enemigos del pueblo’. Estos gobernantes populistas se benefician del empobrecimiento del debate público que las redes facilitan: la crítica se debilita, el debate se dispersa. Como el eslogan del franquismo: ‘¡Muera la inteligencia, viva la muerte!’”.

Qué decir en El Salvador. Por lo que venimos observando desde antes del triunfo del presidente electo Nayib Bukele, éste ha privilegiado las redes sociales para dirigirse al conglomerado y, a su favor, encender la confrontación con sus adversarios y parte de los periodistas a quienes acusa de andar en el búsqueda de “el pelo en la sopa”.

La estrategia de marketing político diseñada incluye que sus oponentes y los periodistas molestos caigan en su tela de araña para desatar, con frases contundentes y que apelan a la irracionalidad, la furia de su ejército de seguidores dispuestos a destruir a quien se atreva a criticar la figura de su líder.

¿La solución? Manguel no cree necesario abandonar las redes sociales, pero sí retomar la lectura: leer ficción, leer periodismo, leer más. Pero no solo eso: debemos evitar la tentación de reproducir la dinámica de las redes sociales que funciona a partir de la indignación y el instinto en los debates de nuestra vida política, económica y social. Manos a la obra, pues.

Tuesday, April 30, 2019

Reflexiones en el Día Mundial de la Libertad de Prensa

Por Guillermo Mejía

El 3 de mayo se conmemora el Día Mundial de la Libertad de Prensa a iniciativa de las Naciones Unidas en un esfuerzo para evaluar su aplicación, la defensa de los medios de comunicación de los ataques sobre su independencia, así como de rendir homenaje a los periodistas que han perdido sus vidas en el ejercicio profesional.

La fecha fue proclamada en 1993 a solicitud de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) en respuesta al llamado de los periodistas africanos que dos años antes elaboraron la Declaración de Windhoek sobre el pluralismo y la independencia de los medios de comunicación.

Dice la UNESCO: “Sirve para recordar a los gobiernos la necesidad de respetar su compromiso con la libertad de prensa y es también un día de reflexión entre los profesionales de los medios de comunicación sobre cuestiones relacionadas con la libertad de prensa y la ética profesional”.

“Igualmente importante, el Día Mundial de la Libertad de Prensa es un día de apoyo a los medios de comunicación que son objeto de la restricción o la abolición de la libertad de prensa. También es un día de recuerdo para los periodistas que perdieron la vida en la búsqueda de una historia”, agrega.

En la actual coyuntura nacional, la conmemoración se da en el marco del desencuentro del presidente electo Nayib Bukele con algunos periodistas a raíz de la insistencia de los colegas porque el futuro mandatario dé la cara ante los medios de comunicación más allá de su estrategia publicitaria que descansa en las redes sociales.

Además, que explique ante la sociedad las contradicciones en sus pasos hacia el cargo. Por ejemplo, el aliarse con figuras políticas de lo que ha llamado “los mismos de siempre”, y la negativa de presentar la nómina de miembros del futuro Gabinete de Gobierno.

El choque de Bukele contra algunos medios ha sido frontal. El presidente electo ha denunciado la estrategia de “el pelo en la sopa” por parte de periodistas que se esfuerzan por buscar lo malo de sus actuaciones, mientras esconden lo bueno. Mientras, los periodistas se vuelven sensibles ante las críticas que les formula.

“¿No serán ellos los antidemocráticos, al pretender ser inmunes a la crítica? Porque la libertad de expresión es un derecho fundamental y universal. No es solo para periodistas o plumas pagadas, sino para todos. Y esa palabra ‘todos’, incluye al presidente”, afirmó Nayib Bukele a través de las redes sociales.

“El objetivo de los que nos critican no es que mejoremos, no es darnos un consejo, es lograr post electoralmente lo que no pudieron en las elecciones. ¿O alguien creería que las críticas de Paolo Lüers, de (Miguel) Fortín Magaña, de La Prensa Gráfica o de (la Revista) Factum son constructivas?”, añadió.

Ante los señalamientos, la Revista Factum en su editorial titulado “No le tema al periodismo, presidente” afirmó que el comportamiento de Bukele se parece a la estrategia que utilizaron cuando candidatos los presidente Donald Trump, Nicolás Maduro, Jimmy Morales o Vladimir Putin.

“Uno de los ingredientes más comunes en esta fórmula, la de calificar a la prensa crítica como una institución social al servicio de intereses espurios y no del bien común, es tan viejo como el fascismo, el estalinismo, el maoísmo, el trumpismo y todos los que vinieron antes. Y está, ese ingrediente, basado en una falacia: el único interés auténtico es el mío, el del que gobierna, porque en mí reside el interés del pueblo. Del pueblo, ese término que izquierdas, centros y quienes nacieron de ellas pero ya no lo son, han banalizado tanto”, remató.

En consonancia con el derecho a la información de la ciudadanía y la libertad de prensa, ojalá tanto Bukele como los colegas periodistas cumplan su papel con madurez, honestidad y en la búsqueda del bien común.