Tuesday, May 26, 2020

El ejercicio de la política en la postpandemia

Por Guillermo Mejía

La sociedad no será igual una vez pasada la pandemia por el coronavirus –de hecho ya no lo es- y cabe preguntarnos sobre la forma que adquirirá el ejercicio de la política, sobre todo en países como el nuestro en el que hemos experimentado el abuso y la exclusión desde el ejercicio del poder.

Abuso y exclusión, una vez en el ejercicio del poder, también de quienes buscan ansiosamente arribar a controlar los órganos del Estado, pues realmente no se ha producido un cambio en la forma de hacer política en una sociedad en la que pasamos de experimentar con sectores conservadores a sectores de izquierda.

En la actual coyuntura, la reciente encuesta de LPG-Datos otorgó más del 90 por ciento de reconocimiento popular a la gestión de Nayib Bukele, tanto en su primer año de gobierno como en el manejo de la cuarentena por la Covid-19, hecho que contrasta con la serie de críticas que ha recibido por su creciente autoritarismo y débil transparencia.

Sin embargo, en una proyección a futuro, difícilmente tanto Bukele como sus adversarios podrán seguir actuando de la misma manera, ya que la pandemia desnudó las históricas carencias de la sociedad salvadoreña como la marginación de amplios sectores y la ausencia de vivencia democrática.

Para muestra un botón, como dicen. Hemos sido testigos del encontronazo entre el gobierno y la Asamblea Legislativa por la vigencia de la cuarentena, motivos de salud, por un lado, motivos de producción, por el otro, en un país donde la mayoría de la población no cuenta con un trabajo formal y vive de la rebusca. Las banderas blancas por el hambre lo muestran.

¿Cuál debería ser la práctica política de ahora en adelante?, ¿qué papel deben jugar los sectores populares en la configuración de una nueva forma de hacer política?, ¿y los demás sectores?, son preguntas que salen a relucir en un momento en que reina la incertidumbre y el pesimismo, incluso en sociedades más avanzadas.

El filósofo español Daniel Innerarity –que lanzó esta semana su libro Pandemocracia (Galaxia Gutenberg)- dijo a la prensa que “no se acaba el mundo, pero sí un mundo de certezas, individuos autosuficientes, varones, por cierto, y de comportamientos estancos. Entramos en un espacio que da vértigo pero nos obliga a una evolución del pensamiento”.

“Primero, a una revolución en los conceptos para comprender la sociedad, que aún son newtonianos.Y segundo, a cambios en nuestra manera de entender nuestras interacciones. Debemos pensarnos más como sujetos que se protegen colectivamente de riesgos muy diferentes a los de la sociedad industrial y que deben entrar en lógicas de poder más cooperativas y menos competitivas”, señaló al periódico catalán La Vanguardia.

Y remató: “En la sucesión de crisis que nos asaltan desde finales del siglo pasado, climática, ecológica, migratoria, financiera, europea y ahora sanitaria, hay un hilo común: entramos en horizontes de ignorancia insuprimible y debemos entendernos como sujetos cuya clave es organizar bien su interacción.”

-¿Qué pasa con el populismo?, le preguntaron al filósofo español.

Daniel Innerarity contestó: “Es una situación muy ambivalente. Podemos salir en una dirección y en la opuesta. Hay gente que cree que hay que salir con un green new deal y otros se reconfortan por la efectividad del cierre de fronteras. La pandemia da un golpe duro al populismo por despreciar tres cuestiones que se revalorizan: el saber experto, la lógica institucional y la idea de comunidad global. Pero a la vez se produce un caldo de cultivo, una turbulencia, que pueden aprovechar.”

La sociedad salvadoreña debe hacer un esfuerzo de pensamiento y reflexión para el mundo que nos tocará vivir a partir de que la pandemia llegue a su fin, pues la vida ya no será igual –no lo es ya- tanto a nivel local como global. De ahí la importancia de apostarle a otra forma de hacer política en la postpandemia.

Monday, May 18, 2020

El Salvador: Una sociedad víctima del doble virus

Por Guillermo Mejía

En medio del miedo y la incertidumbre –incluso pasando hambre en cautiverio- la sociedad salvadoreña vive presa de otro virus tan contaminante como el Covid-19, el de la desinformación y la mentira que invade los espacios mediáticos y las redes sociales sin que se vislumbre vacuna que la inmunice.

Verónica Yazmín García Morales, profesora de la Universidad de Barcelona, dice en la Revista CIDOB d’afers internacionals que “la mentira está presente en el discurso político de nuestros días. El ejemplo paradigmático es el discurso que agita de un modo tóxico las emociones políticas de una sociedad que cada vez responde más desde el miedo, la desinformación, el rechazo al distinto y a la frustración”.

Y agrega: “En este escenario –el de una democracia que se debilita por la desinformación y la falta de confianza-, encuentran cabida la polarización, los extremismos y la radicalización”, que bien ilustra la crisis que golpea al viejo continente europeo no tiene nada que envidiarle a la atmósfera miserable que se respira en nuestro suelo.

Solo basta acercarse a los discursos políticos –sea del presidente Nayib Bukele, sus funcionarios y políticos afines o detractores del mandatario- para constatar la gravedad del caso, a lo que lamentablemente se unen, muy apasionados, por cierto, hasta colegas periodistas que no escatiman esfuerzos en participar de la jodienda.

Desde dentro o fuera de la sociedad salvadoreña se han escuchado las advertencias sobre el giro autoritario adoptado desde hace meses por Bukele, puesto de manifiesto hasta el hartazgo a raíz de la pandemia por el coronavirus, lo que ha abierto espacio también a la falta de información y transparencia en el ejercicio del poder.

Todo ese escenario contaminado también por ser éste un año preelectoral, dado que a principios del próximo se tendrán elecciones para escoger diputados y alcaldes. O se descabezan los partidos políticos contrarios al gobernante con el arribo de una Asamblea Legislativa proclive al gobierno o se le ponen las amarras con una oposición fortalecida.

Para ilustrar la desgracia, la profesora García Morales nos dice que “la velocidad para difundir mentiras y falsedades hoy, en el contexto de las redes sociales, es abrumadora. El contagio del miedo en el estado de alarma por el coronavirus se explica, en buena medida, por la desinformación, la hiperinformación y la mentira sobre la realidad sanitaria de Covid-19.”

“El discurso político se caracteriza en no pocas ocasiones por las mentiras. Mentiras que generan odio, como cuando se habla del ‘virus chino’. De ahí que, quizá, otra tarea que persiste para este siglo sea la de descubrir mentiras, aunque ello no ha de suponer la creación de un Ministerio de la Verdad que se encargue de las mentiras, en términos de la distopía orwelliana”, sentencia.

Según la profesora, el discurso que miente deliberadamente para manipular la realidad está en las palabras de políticos de diferentes ideologías, en las campañas electorales, en el discurso político y mediático en general, aunque no en el mismo grado ni responsabilidad. El problema es que la mentira en el discurso en un escenario de polarización, posiblemente, hoy no tiene el rechazo ético, social y político que debería o que podría contrarrestarla.

Los mentirosos no se inmutan, solo mienten porque saben que tienen la polarización a su favor, tal es el caso de cualquier funcionario de gobierno o representante político –seguidor o detractor del discurso oficial- que sabe que cuenta con el espacio mediático a su servicio o el de las redes sociales donde amplifican los troles.

En fin, la sociedad salvadoreña, como tantas otras, agobiada por el ascenso del Covid-19 que camina dejando muerte a su paso, el inminente colapso del sistema de salud, el hambre y la destrucción económica, mientras en los medios de comunicación y los espacios cibernéticos se difumina mucha mentira y desinformación.

Tuesday, January 28, 2020

El efecto búmeran ante las malas prácticas políticas

Por Guillermo Mejía

Los malos procedimientos gubernamentales, así como las malas prácticas políticas de camarillas partidarias y otras instancias estatales, son confrontados desde el hartazgo ciudadano que utiliza las redes sociales para mostrar su descontento en una especie de búmeran político.

En medio de la crisis del agua potable por situaciones aún no muy claras, pero que se le achacó a la contaminación por algas, el presidente Nayib Bukele tuiteó: “Pareciera más fácil solo dar la información. Pero a veces hay que sopesar otras cosas. No es fácil gobernar”.

Cuando reunió a su gabinete frente a los periodistas que buscaban una respuesta, Bukele se mostró muy inseguro, su hablar era atropellado y, como nunca antes, su rostro reflejó la preocupación de un mandatario al que se le escapó el sentido irónico y desafiante que luce cuando se refiere a “los mismos de siempre”.

Venía de guardar silencio frente a la falta de agua potable en amplios sectores de la población o la distribución de agua turbia con mal olor que, quizás también como nunca antes, causó que perdiera la iniciativa frente a la avalancha de quejas, condenas y memes que ciudadanos coléricos destilaron a través de las redes sociales.

El líder populista de las redes sociales había caído víctima de su propia medicina. Mínimo tuvo que haber reflexionado al verse confrontado y, por supuesto, agradecido el salvavidas que le lanzaron desde los medios de comunicación complacientes.

Y claro, no es sólo el mandatario y su gobierno los que ha soportado el embate ciudadano. Ni la derecha, ni la izquierda partidarias levantan cabeza frente a las acusaciones de corrupción y nepotismo que inundan las redes sociales y que, en más de alguna ocasión, son retomados por algunos medios de comunicación, en especial los digitales.

La tormenta ha azotado, por ejemplo, al diputado oficialista Guillermo Gallegos, del partido Gana; al diputado Norman Quijano, del partido Arena; o a Sigfrido Reyes, ex funcionario y miembro del partido Fmln, actualmente procesado bajo cargos de lavado de activos y que es prófugo de la justicia.

En el cuaderno Opinión pública en democracia: De la información a la participación en la era digital (La Laguna, Tenerife, 2019), Milena Trenta y otros nos recuerdan que “la tecnología podría estar cambiando la naturaleza misma de la participación” frente a los tradicionales boicots y protestas de calle.

“En ese sentido, las organizaciones físicas como partidos políticos, sindicatos o asociaciones, que tradicionalmente determinaban el éxito de acciones directas a partir de la movilización de sus militantes, afiliados y simpatizantes, podrían estar perdiendo peso en favor de modelos de participación ad hoc, estructurados en torno a las redes sociales (Facebook, Twitter) y otras plataformas online”, advierten los autores.

Y agregan: “La participación ciudadana en estos modelos alternativos, denominados de acción conectiva (en lugar de colectiva) no estaría tan ligada a una militancia comprometida, sino que tendría un carácter más fluido, orientado a una actividad concreta, y a menudo sin continuidad temporal más allá de esa actividad”.

Estamos viendo en el mundo actual la participación de la ciudadanía que va más allá de la identidad partidaria y la consigna de una directriz verticalista. Aflora la cooperación entre los participantes que incluso superan el ámbito digital y se movilizan en las calles, los casos sobran.

De hecho, los gobernantes populistas y que se asumen como reyes de las redes sociales también son víctimas del búmeran político.

Thursday, January 16, 2020

Los Acuerdos de Paz y la desmemoria

Por Guillermo Mejía

La conmemoración de los 28 años de la firma de los históricos Acuerdos de Paz, entre el gobierno de turno y la otrora guerrilla el 16 de enero de 1992, en Chapultepec, México, en un ambiente social frío y sin mayor interés oficial comprueba una vez más el culto a la desmemoria en la sociedad salvadoreña.

Nos reclaman los más de 70 mil muertos, unos 8 mil desaparecidos y miles de desplazados y exiliados que provocaron los 12 años de conflicto armado en el marco de décadas de dictadura militar –iniciada con el general Maximiliano Hernández Martínez, sus trece años en el poder y el genocidio de unos 30 mil indígenas, en 1932.

Apenas un acto solemne del partido de izquierda Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN), una que otra entrevista en radio o televisión donde habló parte de los firmantes de la paz hace casi tres décadas y sin ningún acto oficial, ni tan siquiera un tuit del presidente Nayib Bukele, el “presidente millennial” de la perenne estrategia mediática.

Pareciera traslucir de parte del mandatario su desdén hacia la conmemoración del acto en que fueron protagonistas el FMLN y Alianza Republicana Nacionalista (Arena), que era el partido de gobierno, sus dos centros de ataque constante que le permitió arribar al poder y que espera también derrotar en las elecciones de alcaldes y diputados, de 2021.

Pero hay que ver la trascendencia de los Acuerdos de Paz. El historiador salvadoreño Roberto Turcios, en su libro Siglo XX: Tendencias y coyunturas de cambio (2019) afirma “El contenido de los Acuerdos tuvo un alcance tan extenso y profundo que dio lugar a una reestructuración del Estado, pues cambió la forma histórica del poder y su distribución real”.

“En la forma y el fondo los poderes del siglo XX tuvieron una mutación. Los aspectos relevantes de los Acuerdos fueron las indicaciones del cambio de la ruta política nacional, que estaba virando hacia la democracia y el Estado de derecho”, añade Turcios.

Los Acuerdos, auspiciados por la ONU, reestructuraron la Fuerza Armada, el sistema judicial, el sistema electoral, crearon la Policía Nacional Civil, entre otras medidas, así como propiciaron la participación política del FMLN y lograron el ansiado cese del enfrentamiento armado.

Se abrieron nuevas posibilidades para la vivencia democrática, con todo y frustraciones y retrocesos que hemos experimentado en casi treinta años de la firma de la paz, que tienen que hacernos reflexionar y coadyuvar en el reencuentro de la sociedad salvadoreña en un contexto de la violencia social y el éxodo cotidiano que representa.

Si los empresarios y los políticos, en especial de Arena, hubieran sido futuristas otro gallo nos cantara. Se suma la inconsecuencia del FMLN que no se esforzó para se cumplieran los Acuerdos. Hay que revisar los treinta años en que ambos estuvieron en la presidencia.

No olvidemos, por ejemplo, el oscurantismo político y la rapacidad empresarial que frustraron, en 1993, la única salida civilizada que quedaba a la crisis: el Foro para la Concertación Económica y Social, donde estaban representados los patronos, trabajadores y el gobierno. Aseguraba ese foro una serie de acuerdos tendientes al desarrollo económico y social.

A estas alturas, tal como era el diseño, se contaría con un marco legal en materia laboral para promover y mantener un clima de armonía en las relaciones de trabajo, así mismo propuestas concretas para superar la marginación urbana y rural, a la vez que una reforma previsional que se enfocara en los derechos de los pensionados y no en las ganancias de las afps.

Hay que apostarle a la profundización de esos Acuerdos de Paz, con la corrección de los errores cometidos, y el compromiso por el rescate de la memoria histórica, máxime que –como estima La Prensa Gráfica- “más de la mitad de salvadoreños no había nacido o estaba en pañales cuando se firmó la paz”.

Tuesday, December 17, 2019

Las tensiones entre el poder y la ciudadanía

Por Guillermo Mejía

Las diferencias entre sectores tradicionales que ejercen el poder e iniciativas sobre diferentes tópicos como la participación política, la perspectiva de género, la educación sexual, el aborto terapéutico, entre otras, nos muestran las tensiones que se dan en la sociedad en el seno de la extensión de la definición de ciudadanía.

En ese sentido, los activistas –que incluyen a la opción alternativa de la comunicación- encuadran sus diferentes luchas en la tercera, cuarta y quinta generaciones de derechos humanos que abarcan, por ejemplo, los derechos de las mujeres, de los niños, el derecho a la información y la comunicación, y el derecho a vivir en paz y con justicia.

“La ciudadanía alude a un proyecto social y político construido históricamente y que continúa en permanente elaboración. Es un proyecto de emancipación humana y conquista de humanidad que se expresa a través de aquellas y aquellos que luchan por más derechos, mayor libertad, mejores condiciones de vida y por garantías individuales y colectivas, y que no se acomodan frente a la dominación de las instituciones y de la propia acción del Estado”

Esa es la postura de los autores Jiani Adriana Bonin y Valdir José Morigi en sus reflexiones sobre “Ciudadanía en las interrelaciones entre comunicación, medios y culturas”, integradas en el libro Un nuevo mapa para investigar la mutación cultural: Diálogo con la propuesta de Jesús Martín-Barbero, editado por Ciespal, en 2019.

Agregan: “Para que la ciudadanía sea ejercitada, es necesario que los ciudadanos estén informados sobre sus derechos y, también, sobre sus deberes. La práctica de la ciudadanía es un instrumento imprescindible para la construcción de una sociedad más democrática e igualitaria, capaz de promover la justicia social. Más allá de eso, la ciudadanía envuelve un sentimiento de pertenencia a la comunidad y, también, implica prácticas que promueven la inclusión social de todos”.

Según los autores, con la configuración de la sociedad global, dirigida por la velocidad de las redes de comunicación, por la convergencia tecnológica y por las apropiaciones de las tecnologías de información, es posible percibir algunos impactos y transformaciones sociales en los diferentes ámbitos.

“La sociedad en red posibilitó el surgimiento de la cultura digital, que ha traído nuevos problemas y formas de abordar el tema de la ciudadanía. Sin embargo, la visión tradicional de concebir la ciudadanía como un conjunto de derechos y deberes de los ciudadanos no fue abandonada, más bien fue ampliada debido a las interacciones entre el ser humano y la máquina”, afirman.

Es notable la influencia y mediación de las nuevas tecnologías a través de blogs, sitios oficiales, redes sociales, entre tantas opciones, que han puesto en discusión nuevos temas, como la inclusión digital, que ha generado otras formas de entender la ciudadanía, con la mediación de la información, como ciudadanía digital y ciudadanía comunicativa.

Tomando en cuenta los aportes del profesor Jesús Martín-Barbero, los autores recuerdan que los nuevos movimientos sociales, étnicos, de género y ecológicos, más que ser partidaria o ideológicamente representados, lucha por ser socioculturalmente reconocidos, en otras palabras, ser “‘ciudadanamente’ ‘visibles en su diferencia; lo que abre espacio a un nuevo modo de ejercer políticamente sus derechos, pues la nueva visibilidad cataliza el surgimiento de nuevos individuos políticos”, como dice Martín-Barbero.

Cuán difícil se le pone a los sectores de poder y las instituciones del Estado tan acostumbrados a dictar la pauta de lo que consideran potable y aceptable frente a la irrupción de propuestas alternativas de la sociedad civil, enmarcadas en la extensión de lo que hemos considerado históricamente como ciudadanía. Es necesario hacer otras miradas al fenómeno.

Sunday, November 10, 2019

La prostitución de la opinión pública

Por Guillermo Mejía

Las revelaciones que los periodistas han hecho en los últimos días acerca de la prostitución de la opinión que se genera en el sistema de medios de comunicación colectiva vuelve a descascarar la pretendida idea -vendida por empresarios mediáticos, periodistas, editores y políticos- que en el país reina la libertad de información y de opinión.

De acuerdo con la pesquisa de los periodistas Efren Lemus y Gabriela Cáceres, de elfaro.net, la revisión de miles de mensajes del celular del ex fiscal general, Luis Martínez, preso por corrupto, establece que una red de “opinadores” al mando del operador político Porfirio Chica ha desfilado, mediante pago, difuminando escoria a través de los medios.

Publicaron los colegas Lemus y Cáceres:
“El Faro analizó un total de 7,155 mensajes que Martínez recibió o envió entre la noche del 22 de febrero de 2015 y la noche del 22 de agosto de 2016, el día de su captura por corrupción, acusado de favorecer desde la Fiscalía al empresario Enrique Rais. Hace un año, este periódico publicó el primer vaciado telefónico que la Fiscalía hizo al celular del exfiscal Martínez. Ahora, nuevos mensajes hablan de una red de personas (entre las que hay varios exfuncionarios públicos), habituales analistas y opinadores en medios de comunicación que, según los mensajes de Chica, acordaban con él cómo referirse a la labor del exfiscal, que entonces buscaba su reelección. Esta red era coordinada por Chica, un operador político y de medios de comunicación que durante las dos últimas décadas ha sido hombre de confianza de altos funcionarios como René Figueroa o Antonio Saca, y actualmente cercano al gobierno de Nayib Bukele.”

Se menciona a Geovani Galeas, el diputado Juan José Martell, el ex fiscal Garrid Safie, el ex viceministro Julio Valdivieso e incluso el vicepresidente Félix Ulloa, entre otros, como parte del equipo de “analistas pre pago” que han bailado al son que les toca el interesado mediante la red que incluso llevaba en el portafolio a Gabriel Trillos, editor de La Prensa Gráfica, y los activistas Bessy Ríos y Ramón Villalta.

Algunos de los integrantes de la lista negaron su participación, otros no atendieron al llamado de los periodistas investigadores.

Por supuesto, el tema es “más viejo que el tufo”, pero hay que celebrar el trabajo que los colegas Lemus y Cáceres nos han dado sobre la forma en que esa prostitución de la opinión y de la información se genera en plena sociedad salvadoreña del siglo XXI. Obvio, los mecanismos no han variado a lo largo de las últimas décadas.

Ante tal situación bochornosa sería una buena oportunidad que los medios de comunicación social, en general, hicieran una limpia de su agenda de “analistas” y “opinadores” a fin de corresponder con el derecho a la información y la comunicación de los salvadoreños. Y, claro, los medios de comunicación social comprometidos en estas revelaciones, pues, dejar de ofertar a sus “colaboradores” que están en la lista de meretrices de la opinión –que sin duda incluye más de un conductor de entrevistas.

Sería bueno para la vida democrática del país, que pasa por democratizar los espacios de información y de opinión que tienen relegada a la ciudadanía. Se torna también en un llamado de atención hacia el gobierno de Nayib Bukele que sigue con el secuestro de la pauta publicitaria con lo que se convierte en un botín para “los mismos de siempre” al igual que ocurrió en las administraciones de Arena y del FMLN.

Nos dice Pascual Serrano, periodista y académico español, que “igual que los medios de comunicación gustan de presentarse como el simple reflejo de la realidad en cuanto a su cobertura informativa, cuando opinan o editorializan intentan hacer entender a los ciudadanos que esa opinión o posición ideológica solo es un reflejo del sentir mayoritario, ‘un clamor’, como suelen señalar con frecuencia”.

Pero, “se trata de un claro ejemplo de cobardía intelectual y de engaño a la audiencia, puesto que no lo anuncian como su ideario o propuesta política, sino que intentan hacernos creer que es la ciudadanía quien participa de esa posición y demanda acciones, sin que existan elementos informativos rigurosos que lo sostengan”, sentencia.

Las revelaciones sobre la prostitución que se da en los espacios de opinión de los medios de comunicación social me reconfirma la validez de la decisión que tomé hace muchísimo tiempo atrás: no pierdo el tiempo en consumir la chatarra con que nos encontramos en esa “oferta” de discusión de los temas de interés público.

Wednesday, October 30, 2019

Las redes sociales y la nueva comunicación política

Por Guillermo Mejía

Las redes sociales han provocado cambios sustanciales en la relación de la comunicación con la política a partir de generar nuevas posibilidades ciudadanas, más allá del monopolio que hasta tiempo reciente mantenía el sistema de comunicación colectiva en agendar los temas que consideraba de importancia para el debate en la sociedad.

Como sabemos, la comunicación política se refiere a la relación que mantienen gobernantes y gobernados, en un flujo de mensajes de ida y vuelta, a través de los medios de comunicación social, y con el trabajo de periodistas especializados en cubrir la información generada por las instituciones y los protagonistas del hecho político.

En la sociedad contemporánea, ya no es posible que dejemos de lado el aporte –para bien o para mal- de las redes sociales en la interacción de la comunicación y la política si no veamos la forma de actuación de un sinnúmero de líderes políticos, como Donald Trump, Nayib Bukele, Miguel Díaz-Canel, entre otros, que no pierden la oportunidad de activar en la red.

Según el uruguayo Daniel Eskibel, especialista del tema, hay que tomar los casos de las redes sociales, como WhatsApp y Facebook, fenómenos sociales “que son un verdadero desafío para la comunicación política, pero también para la propia política y al final del día también para la salud democrática de los países”.

“Porque se pueden convertir en compartimientos sociales, comunicacionales, psicológicos y políticos totalmente aislados unos de otros, donde ocurren comunicaciones y se generan percepciones que en ocasiones pueden llegar a extremos de manipulación sorprendentes”, añade.

Para el caso, según el investigador, la primera red es un medio de comunicación masivo, aunque no lo parezca, a la vez que es una red social, aunque tampoco lo parezca: “Por WhatsApp circulan mensajes políticos, mensajes personales, noticias reales, noticias falsas, textos, vídeos, audios y todo un enorme torrente de contenidos”, afirma.

“También podemos incluir a Facebook dentro de este contexto de redes sociales clandestinas por las cuales circulan mensajes que están ocultos para el público en general, pero que causan gran impacto en los segmentos sociales hacia los que se apunta en cada caso”, agrega Eskibel.

De acuerdo con el especialista uruguayo, la nueva comunicación política debe considerar la importancia de las redes sociales, así como la presencia de las Fake News en la sociedad contemporánea, sin dejar de lado el marketing político, la agenda setting y las estrategias políticas –estos últimos siempre presentes en el análisis.

Según Eskibel, en el establecimiento de la agenda, los medios tuvieron siempre una posición relevante y casi sin competidores, pero “esa dinámica cambió al ritmo de los cambios en los medios, del surgimiento de nuevas vías y canales, y de la profunda transformación de las comunicaciones que se origina en la revolución tecnológica”.

“El impacto de internet y en particular de las redes sociales sacudió con fuerza aquel paradigma de agenda setting. Y afectó profundamente la posición de los medios tradicionales que tanta influencia tenían en la definición del menú de temas de comunicación política”, advierte.

Aunque, “estos últimos siguen conservando, o más bien re-creando, una posición importante a la hora de fijar agenda. Y son vitales para que la comunicación política no sea desnaturalizada por las Fake News que crecen y se reproducen a velocidad de vértigo”, sentencia.

Al final, en la sociedad contemporánea resulta un desafío saber si realmente se está informado y es “vital el trabajo de medios periodísticos serios, de redacciones de prensa con oficio, de periodistas profesionales que investiguen y verifiquen, y en general de una prensa libre, rigurosa e independiente”, señala el especialista uruguayo Daniel Eskibel.

“La lucha por instalar los temas políticos continuará siempre porque está en la base misma de la acción política. Pero la profesionalidad periodística ayudará a que las reglas del juego sean más estables, a que los partidos políticos tengan mayores garantías, a que la discusión pública sea sobre asuntos reales y a que los ciudadanos tomen decisiones con información de mayor calidad”, concluye.