Thursday, January 19, 2017

Más deudas que esperanzas a 25 años de firmada la paz

Por Guillermo Mejía

Un estudio de opinión de la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas reveló que en más de la mitad de salvadoreños persiste una idea negativa del desarrollo democrático de la sociedad, tras un cuarto de siglo de haberse firmado la paz, y que sería oportuno buscar un nuevo acuerdo que favorezca la unidad nacional.

“La pesquisa reveló que solo una minoría considera que los Acuerdos de Paz se cumplieron mucho (11%), mientras que uno de cuatro cree que fueron cumplidos en algo (24%). Un balance similar se encuentra cuando se consulta de manera específica por algunos de los principales objetivos establecidos en los Acuerdos”, señala el estudio.

Al consultarle a los ciudadanos qué tanto se ha cumplido el objetivo de impulsar la democratización del país, el 66.5% de los indagados asegura que se cumplió poco o nada con ese propósito, mientras solo uno de cada tres cree que la democratización del país se logró en algo o mucho.

“Una evaluación todavía más desfavorable se encuentra cuando se consulta sobre el objetivo de reunificar a la sociedad salvadoreña. El 73.5% consideró que este objetivo se cumplió poco o nada, el 19.6% dijo que se logró en algo, mientras que solo el 6.9% asegura que la reunificación de la sociedad como un objetivo de los Acuerdos de Paz se cumplió mucho”, dice.

“Estos significa que, a 25 años de firmada la paz, la mayoría de la gente señala un pobre cumplimiento de los principales propósitos que buscó aquel proceso de negociación política. En esa misma línea, al preguntar sobre la situación actual del país respecto a hace 25 años, cerca de la mitad de la población (48.3%) asegura que el país está peor que antes, una tercera parte de los encuestados dijo que el país está mejor que antes que se firmara la paz. El grupo que sostiene que el país está peor que antes, lo adjudica principalmente a que hay más violencia y a que hay una nueva guerra con las pandillas (66.4%)”, agrega.

A fin de enriquecer los puntos de vista acerca de tan trascendente hecho histórico para la sociedad salvadoreña, tras 12 años de guerra fratricida con su secuela de sangre y destrucción, presento a continuación las posturas de personalidades del campo periodístico, académico y de las letras:

Veinticinco años después
(Fragmento)

Por Jacinta Escudos

Veinticinco años después todo es diferente, aunque no necesariamente mejor. Al inicio, recién terminada la guerra en El Salvador, vivimos la euforia de la esperanza de un nuevo comienzo, pese a que los acuerdos firmados provocaron en algunos una sensación de pérdida al no realizarse las transformaciones sociales necesarias para solucionar las desigualdades económicas y sociales que perviven en nuestro país, y que fueron, han sido y seguirán siendo la base de nuestros conflictos, el germen de nuestra sempiterna violencia.

Nadie nos advirtió de la dureza y de los peligros de la posguerra. No estábamos preparados para ello. Las esperanzas y las buenas intenciones se diluyeron demasiado pronto. La realidad nos abofeteó día a día. La violencia renació con otros rostros, otros bandos, en otros territorios, con otras consignas. Es una violencia rabiosa, cruel, más inclemente que la vivida en la guerra. Más desesperanzadora porque aparenta no tener objetivo, solución ni final. Un enfrentamiento con trincheras y fronteras invisibles. Un paso en falso y estás muerto.

Veinticinco años después de la firma de los Acuerdos de Paz de 1992, no habría que menospreciar o subvalorar sus logros. Examinado en perspectiva, ese evento es un punto coyuntural importante en las transformaciones históricas del país. Pero sería absurdo pensar que a partir de aquello íbamos a ser felices para siempre, como en los cuentos infantiles de antaño, y que todos, absolutamente todos nuestros problemas de país, que son numerosos y complejos, iban a solucionarse de forma rápida y sencilla.

Supongo que se espera que una escritora formule palabras de aliento en un aniversario como este, pero la verdad es que no las tengo. Tampoco voy a repetir las frases que la solemnidad o la corrección política exigen. No las siento. Veo cómo está el país en diferentes aspectos y me entristece mucho. Hay que ser muy mezquino o muy ciego para no sentir preocupación por el estado actual del país.

En vez de decir algo, en vez de balbucear un inútil y falso optimismo, prefiero detener el momento para pensar en los muertos de la guerra, en los desaparecidos, en los niños que fueron vendidos a familias en el extranjero, en los masacrados, en los amigos que murieron, en los indígenas y campesinos asesinados en 1932, en los que se volvieron tan locos que encontraron y encuentran placer en el acto de matar, en Monseñor, en los que siguen muriendo, en los que siguen matando y muriendo, en todos nosotros.

Que la paz nos habite pronto.

(Jacinta Escudos, escritora salvadoreña, es columnista de Séptimo Sentido, La Prensa Gráfica)

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Esos trillados nuevos acuerdos de paz

Por Irvin Marroquín

Soy de la generación de la postguerra, una generación que nos enteramos sobre las atrocidades cometidas durante la guerra civil a través de la literatura, noticias, internet y los testimonios de los que no formaron parte de esos más de 75,000 asesinados o esos más de 5,000 desparecidos, por decir algunos números.

25 años han pasado desde que se firmaron los Acuerdos de Paz que propiciaron la participación política incluyente real de todos los actores de la época. Entendimientos que permitieron una refundación institucional del Estado. La refundación de un El Salvador que no castigará a la palabra con la muerte, tal cual ocurrió con Monseñor Romero, los jesuitas de la UCA y tantos otros que a través de su voz denunciaron las violaciones a los derechos humanos.

A pesar de ello, en estos 25 años, mi generación ha visto la consolidación de un modelo económico excluyente, un país que expulsa entre 300 y 400 salvadoreños para que en otra nación encuentren lo que no les puede dar su patria, un país en donde se mató a más de cinco mil ciudadanos el año pasado. Hemos visto convertirse en pandilleros a nuestros familiares, vecinos o conocidos, a la fuerza o de manera voluntaria.

A los actores de los Acuerdos de Paz les debemos la renovación del Estado salvadoreño, pero también nos deben a esta generación los problemas actuales y no solo a ellos, sino que a ese poder económico que sigue empecinado en mantener estas estructuras económicas injustas, que ni si quiera permite tener un salario mínimo legal digno para los que trabajan en la formalidad puedan acceder a la canasta básica.

En los Acuerdos de Paz, se dejaron de lado los problemas económicos y sociales, no se podía incluir todo en estos acuerdos. Era una deuda que se debía enfrentar después del conflicto armado, deuda que todavía se mantiene frente a otros problemas que han surgido en este último cuarto de siglo.

En estos 25 años de la firma de los Acuerdos de Paz hemos visto pasar a un FMLN con un discurso antiimperialista, de justicia social y económica; contra la corrupción y de justicia para las víctimas del conflicto, a un partido en el Gobierno pragmático, tolerante en algunos casos de corrupción y de abandono a las víctimas.

Por otra parte, hemos visto la transformación de un partido ARENA que intenta abanderar la lucha contra la corrupción y criticando la manera pragmática de gobernar del FMLN, cuando por dos décadas hicieron en mayor escala esas acciones que hoy critican.

Desde hace unos años he escuchado esta frase de construir unos nuevos acuerdos de paz, casi siempre en el marco del aniversario de la firma de los entendimientos de 1992. Lo he escuchado tanto, que ya parece un estribillo trillado y no es porque no sean necesarios, sino que simplemente suenan a frases o planteamientos que se deben de hacer solo en esa fecha.

En estos 25 años de la firma de los Acuerdos de Paz ha surgido nuevamente el planteamiento de unos nuevos entendimientos, los cuales serán organizados por la ONU para buscar soluciones a los problemas reales de El Salvador. Ojalá que esto no sea nuevamente un discurso retórico trillado.

Si eso es no es así, que en estos nuevos acuerdos se escuchen y se atiendan a las personas de las comunidades que sufren la violencia de las pandillas y de los cuerpos de seguridad pública, a los excluidos de este modelo económico; a las víctimas de ese conflicto que siguen pidiendo justicia; y a esta generación.

Para ello, es indispensable que los grupos económicos y políticos de la izquierda y la derecha abandonen sus intereses mezquinos que han propiciado la exclusión económica y política de las grandes mayorías. Si esto no es así, de nada vale ese monumento a la reconciliación y ese concierto a la paz en donde solo fueron invitados unos cuantos.

(Irvin Marroquín, periodista salvadoreño, es director de InformaTVX.com)

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Conmemoración a la desmemoria

Por Rodolfo Cardenal

La finalización de la guerra en 1992 mediante una negociación política es trascendental y amerita ser conmemorada. Pero una conmemoración realista no es autocomplaciente. Por lo tanto, no exalta a sus protagonistas ni sus anécdotas, sino que rinde homenaje a los caídos, a los que entregaron su vida, a los que no vieron la victoria ni disfrutaron de ventajas políticas y económicas. Una conmemoración realista coloca en el centro a las víctimas y les restituye su dignidad, arrebatada por los violadores de derechos humanos. Pero los caídos y las víctimas son los grandes ausentes en la conmemoración de este año, olvidados por unos sobrevivientes interesadamente desmemoriados, malagradecidos y poco generosos.

El triunfalismo de la celebración, orquestado tanto por el Gobierno como por las empresas mediáticas, oculta el alcance real de aquellos acuerdos. Aparte de terminar con la guerra, no pusieron fin a la militarización del país, de nuevo militarizado por otra guerra, tan perniciosa como aquella; no sometieron a la Fuerza Armada al poder político, pues ninguno de sus comandantes en jefe ha podido mandarla desde 1992, ni siquiera Cristiani, que encubrió los asesinatos en la UCA y detuvo la depuración de su oficialidad para evitar un golpe militar; la reforma de la cúpula del sistema judicial ha resultado insuficiente, porque todavía depende de intereses espurios como las cuotas partidarias; la Policía, que debiera haber sido civil y comunitaria, se encuentra cada vez más enfrentada con la ciudadanía a la que debía proteger, abusa de su fuerza y de nuevo favorece la operación de escuadrones de la muerte. La conmemoración ofrecía una oportunidad para redimensionar el alcance de los acuerdos de 1992, para reconocer los fallos en su cumplimiento y comprometerse a corregir el rumbo adoptado. Lo demás es simple autocomplacencia.

Es muy fácil levantar corpulentos monumentos a la reconciliación. Pero de nada sirven si no se hace justicia a las víctimas de violaciones a derechos humanos. Los discursos ni siquiera se detuvieron en ellas. Por eso, la conmemoración sufre de falsedad. Sin la verdad sobre lo ocurrido, sin justicia y sin reparación, no existe posibilidad alguna de reconciliación. Todos los Gobiernos han pactado con la impunidad. Ninguno ha tenido el coraje ni la entereza para derogar la ley que protegía a los criminales. Al contrario, han hecho todo lo posible para preservarla hasta que la Sala de lo Constitucional, para su consternación, la declaró nula. La fecha era propicia para comprometerse políticamente con el tránsito de la mentira a la verdad y de la impunidad a la justicia. Por eso, el voluminoso monumento a la reconciliación tiene fundamentos de barro. Las primeras demandas judiciales, como la de El Mozote, son el pedrusco que lo derrumbará.

La fijación en un pasado ya ido privó a la conmemoración de contenido sustancial. En los eventos y en los medios solo descollaron los protagonistas sobrevivientes. El pueblo salvadoreño fue el gran ausente, así como también lo fue en la negociación de los acuerdos. Mientras funcionarios, políticos, diplomáticos y unos cuantos estudiantes celebraban, la gente bregaba con un tráfico infernal, pues no le dieron el día feriado. El único toque de realismo fue el anuncio de una nueva negociación, de nuevo solo entre cúpulas partidarias, para intentar alcanzar un acuerdo sobre cómo superar la crisis financiera del Estado. La racionalidad, la sensatez y el sentido político básico brillan por su ausencia como hace veinticinco años. Por eso, los políticos han vuelto a recurrir a la mediación internacional.

Mientras los festejantes se vestían de pulcro blanco para celebrar el pasado, el pueblo salvadoreño viste de luto por los homicidios causados por la guerra social que devasta al país. Esta grave cuestión no parece figurar en la agenda de la negociación anunciada, pese a la propuesta presentada por una de las pandillas. Los argumentos gubernamentales para rechazar dicha propuesta son idénticos a los que hace poco más de veinticinco años aducían militares y políticos para descartar como absurda la negociación del final de la guerra con una guerrilla, decían, desleal, criminal y terrorista. Otro caso de desmemoria.

La celebración tiene mucho de conmemoración de la desmemoria. Olvido de los caídos y los veteranos de guerra; olvido de las víctimas de violaciones a derechos humanos y de sus asesinos; olvido del pueblo salvadoreño, reducido a concepto vago, y su lucha para sobrevivir; olvido del absurdo de la solución represiva y violenta. Cómo invocar la reconciliación con tantos olvidos.

(Rodolfo Cardenal, es sacerdote jesuita, director del Centro Monseñor Romero)

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La cultura de postguerra: Decálogo discrecional y arbitrario

Por Amparo Marroquín Parducci

Ese pensador místico y pesimista que fue Walter Benjamin dijo, una vez, que aunque parezca muy bueno luchar por la cultura, hay que evitar que esta nos lleve a construir documentos de barbarie, de imposición. Para escapar un poco de ello, invita a cepillar la historia a contrapelo y sacar las historias que no habíamos visto. Quizá así la cultura sea (por fin) de todos.

Me interesa que esa propuesta benjaminiana sea mi punto de partida, al identificar algunos sucesos de los últimos veinticinco años de historia cultural salvadoreña.

1992 fue declarado por la Naciones Unidas como el Año Internacional del Espacio. Un nombre que puede convocar muchos sentidos. Para la ONU, la idea era reflexionar sobre el uso del espacio ultraterrestre con fines pacíficos. La sociedad salvadoreña no lo hizo.

1992 fue un año de permitirse la esperanza. Fue un año de alumbramientos. Apenas teníamos acceso a computadoras, el Internet empezaba, los noticieros eran los programas más vistos en la televisión nacional y la finca El Espino era todavía un pulmón verde donde los pericos descansaban cada tarde. Los años que siguieron vieron nuevas propuestas, al regreso del exilio, mujeres y hombres salvadoreños crearon sueños como Tendencias, Primera Plana, o Sentir con la Iglesia. Duraron poco. ¿Las esperanzas? Esas se fueron desgastando.

Pero estos veinticinco años nos han dejado todavía algunos desafíos, sueños, certezas, provocaciones… yo escojo diez de manera arbitraria, a contrapelo de las historias protagonistas. Y recuerdo que en este país la cultura ha entrado muchas veces por la puerta de atrás. Divido este arbitrario listado en dos: algunos acontecimientos significativos y otros que faltan, como provocaciones posibles para seguir avanzando.

Acontecimientos
El primer suceso que coloco tiene que ver con contar la memoria. En 1993, la Comisión de la Verdad publicó un informe y recomendó al Estado salvadoreño construir un monumento para la reconciliación. El novelista Robert Musil dijo alguna vez que “no hay nada tan invisible como un monumento”, y parece que al gobierno le pareció muy bien esta reflexión, porque hasta hoy poco se ha ocupado de colocar altares, huellas, monumentos que sean, para todos, rememoración e historia. Han sido otros, como Probúsqueda, el Museo de La Palabra y la Imagen, o investigadoras como Georgina Hernández y Evelyn Galindo Pohl, quienes construyen con empeño estas memorias. Un movimiento desde la sociedad civil fue quien, después de muchos esfuerzos, consiguió inaugurar en 2003 el Monumento a la memoria y la verdad. Situado en el Parque Cuscatlán, es uno de los pocos monumentos vivos de nuestra capital. Dice, convoca, junta en un mismo movimiento víctimas civiles de todos los espectros políticos. He visitado muchas veces el monumento y siempre encuentro gente que va ahí como se va a un cementerio. A rendir un homenaje, a dejar una flor, a rezar, a estar simplemente. Si hay un muro que no divide, sino que une; si hay un muro indispensable es este, el que nos nombra.

Mi segundo acontecimiento recoge a su vez una larga sucesión vinculada al arte en el país. Varias de las manifestaciones que hubo en la década de 1970, como ha investigado Ricardo Roque, se silenciaron durante la guerra. Pervivieron en otro tipo de proyectos estéticos, a veces más militantes. Mi primera experiencia después de los Acuerdos la formaron las sucesivas ediciones de los Festivales Centroamericanos de Teatro, que cada año lanzaban propuestas y contaminaban de entusiasmo a muchos municipios, cuando la Caravana de Teatro se volvió una realidad.

El tercer acontecimiento que rescato en la construcción de procesos de simbolización cultural es la incipiente industria cultural. A pesar de los procesos adversos, la industria de la música y el cine se ha venido posicionando lentamente. Una nueva generación de cineastas emerge y promete contar nuestras propias historias en voz alta, con nuestros propios miedos y acentos.

El cuarto acontecimiento voy a denominarlo la irrupción de lo popular. En realidad, no es algo nuevo, pero es una persistencia que muchas veces no queremos ver. Durante estos años, lo popular ha adquirido visos de legitimidad en el canon cultural nacional. Más allá de festividades religiosas, estas décadas trajeron iniciativas novedosas. El INAR consiguió institucionalizar en 2001 el Museo de Arte Popular, y desde el Ministerio de Turismo se impulsaron festivales gastronómicos y otros aportes de lo local a lo nacional. En 2011, Elena Salamanca y Javier Ramírez convocaron apoyos y terquedades para llevar a cabo el Festival Ecléctico de las Artes (FEA), que desde la calle, el performance, la música o la memoria visibilizó formas de simbolización, gusto y consumo de la sociedad salvadoreña. Y lo popular sigue ahí.

El quinto acontecimiento es mucho más cotidiano y al mismo tiempo global. Ha cambiado las formas de comunicarnos, decirnos, imaginar nuestro mundo y habitarlo: la llegada del celular y su instalación al centro de nuestra vida. Ya en 2009, las estadísticas de la SIGET mostraron que había más celulares registrados que habitantes. Algunos estudios muestran que las personas entran en pánico, si piensan que han perdido su celular. Esta pequeña tecnología se ha colocado al centro de nuestra vida y define mucho de lo que somos. Desde ahí significamos. Nosotros hacemos mucha más cultura con un celular que con un piano. Y esta constatación debería ser un punto de partida para pensar nuestro sistema educativo.

Desafíos
Mi decálogo coloca cinco procesos más que aún no son, pero que en este contexto se vuelven urgentes.

Primero. El Salvador ha enfrentado procesos de urbanización acelerada, y el primer desafío que coloco es el de transformar nuestras ciudades en un proyecto educativo, convirtiéndolas en un texto para ser descifrado. Un reto podría ser que algunas de nuestras ciudades formaran parte de la Asociación Internacional de Ciudades Educadoras . Hay mucho por inventar e intervenir.

Segundo desafío: debemos trabajar intencionadamente por recuperar el tejido social. ¿De qué sirve una ley de cultura, si no nos vuelve capaces de mirarnos a los ojos y reconocernos? Hace más de diez años, Miguel Huezo Mixco y William Pleitez señalaron que la cultura debía llevarnos al encuentro del nuevo nosotros. Todavía estamos en camino.

Tercer desafío de la cultura: crearnos nuevas razones para la esperanza. Toda sociedad necesita creer y crear. Tener voz. Soñar. El arte juega un papel fundamental; si bien ya hay un camino, todavía falta mucho más. Los movimientos sociales son otro espacio para creer, desde el #YoSoy132 mexicano, pasando por la #NuitDebout francesa, hasta el #JusticiaYa de Guatemala. Los movimientos ciudadanos dan razones para soñar, aunque aquí seguimos sin encontrar una voz potente que, desde las calles y las redes sociales, reclame derechos que son de todos.

Un cuarto desafío es volver a la educación. Una educación que abandone el autoritarismo y apueste por la tolerancia y el diálogo. Que deje de preocuparse por la memorización de los conceptos y muestre que debemos enfrentarnos al mundo con mirada crítica. Sigue pendiente esa reforma educativa, la que nos enseñe a simbolizar, la que no piensa solo en contenidos, sino en maneras de aprender-saboreando, esa raíz común de saber y sabor que parecemos haber olvidado.

Finalmente, es necesario enfrentar este país en fuga que cada día pierde ciudadanos formados, soñadores. Los expertos llaman a este proceso fuga de cerebros, y quizá deberíamos hacer la operación contraria, la de un anclaje de cerebros. Jóvenes que estén en muchos sitios, pero que sepan dónde está su raíz y mantengan un vínculo activo. El desafío es esa ciudadanía nueva.
Todo listado es siempre discrecional, arbitrario. Así es el mío; pero es, además, un sueño. Que los próximos veinticinco años las maneras de construir cultura sean capaces de darnos abrigo, memoria, esperanza.

(Amparo Marroquín Parducci es profesora e investigadora en la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas. El artículo apareció en el periódico digital El Faro)

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La perspectiva de Horacio Castellanos Moya
(Fragmento)


–¿Cómo es tu relación política y literaria con El Salvador?
–Es una relación un poco lejana, porque si bien sigo en la prensa lo que sucede, voy poco. El Salvador actual como materia literaria no es mi propósito; yo sigo escribiendo sobre el país de los 80 y 90, el de hoy me produce mucha tristeza porque siento que hay un aspecto de inviabilidad, es como un perro que da vueltas para morderse la cola. Hubo una guerra civil y una guerra revolucionaria para deshacerse de sesenta años de régimen militar. Es un país donde se lograron unos acuerdos de paz admirables, que permitieron construir una institucionalidad democrática muy buena, con alternancia en el poder donde las dos fuerzas beligerantes políticas –armadas– se convirtieron en fuerzas políticas. Resolvieron sus problemas por la vía pacífica y democrática, la división de poderes, la alternancia. Sin embargo, el país no sólo no sale de su circuito de violencia, sino que se intensifica. Ya no es política, sino que es una violencia absurda, de las pandillas, de las maras, del crimen. Hay un asunto que yo no logro entender que tiene que ver con esa cultura del crimen: todos los esfuerzos políticos rebotan porque no tienen un sustento cultural, es algo que da mucha tristeza. Es un país que produce tantos crímenes ahora como durante la guerra civil, o más. Sólo que ahora son crímenes absurdos, nada más por la criminalidad. No sé si una muerte ocurrida de una manera es mejor que una muerte de otra, pero no importa. La violencia con un sentido es más fácil de entenderla; la irracional no, es muy difícil de comprender.

–Aquí en Guadalajara participás de una mesa titulada: “De dolor también se escribe...”.
–Sí, sí, un título bastante particular. Se escribe desde el dolor, pero se vive desde el dolor. Es decir, yo creo que cuando uno nace, llora no para jalar aire, llora porque no hubiera querido quedarse ahí adentro. Llora por el desarraigo, por venir al mundo. Al mundo se entra llorando, con dolor. Todo despertar y todo nacimiento es doloroso. Y el dolor sigue siendo el factor, el gran fantasma del hombre, que está ahí, recurrimos a toda la ciencia y la tecnología para evitarlo, pero el dolor y la muerte, que es su jefe, son parte de nuestra humanidad. En los momentos alegres, felices tratamos de olvidar el dolor, pero luego vuelve. ¿Verdad? Nos inventamos las drogas que sean para poder subsanar, para poder olvidar el dolor, para poder curarlo. Pero el mayor dolor es la muerte y ahí no hay manera, estamos absolutamente vencidos. La literatura occidental está escrita desde el dolor. Por eso en la base de la literatura occidental están los dos poemas épicos griegos y la tragedia: la mejor representación del dolor.

–Norman Manea hablaba de la necesidad de recurrir al humor para superar diversas situaciones...
–Un escape, una válvula. El humor es una válvula. Y no es una válvula literaria. Se infiltra en la literatura si pertenece a la vida. Allí, uno se burla del dolor en una sociedad opresiva, tremenda. El humor permite relativizar las cosas horribles que nos pasan, es un mecanismo de resistencia ante las crueldades de la vida que padece el ser humano desde siempre, que se inflige a sí mismo. En mi caso el humor se infiltra en la literatura. Yo no quiero ser humorístico, es una forma de ser en mi país seguramente, uno se burla de las cosas que le pasan y eso lleva a cierto tipo de actitud sardónica ante la vida. Pero evidentemente el humor significa que la crueldad y la dureza con que la vida trata al ser humano ya se ha convertido en una rutina. El primer choque de la crueldad, del dolor, de la dureza de la vida, de la violencia, no se responde con humor, se responde con otro tipo de emoción. Pero una vez que estos sistema spolíticos autoritarios, dictatoriales, en los que se produce esta actitud ya como algo cultural nacional, ese impacto de la vida que se convierte en rutina, entonces el mecanismo para hacerle frente es el humor, la sátira, la ironía.

–En relación con el pasado reciente de la región, ¿uno puede tomarse con humor a los narcos, las maras, las fuerzas de seguridad?
–Hay muchos seres humanos que para vivir en poblaciones controladas por la mara tienen que reírse de alguna manera de la vida, o hacer chistes, poner apodos al poder, burlarse. Porque el poder es la mara. La verdad es que el ser humano utiliza el humor como un mecanismo de defensa y de resistencia ante el poder, pero el poder no necesariamente es el Estado. El poder puede ser una pandilla que controla una zona, un grupo de narcos que controla otra. Puede ser poder formal del Estado o un poder construido a partir de la informalidad. Es así.

(Entrevista al escritor salvadoreño Horacio Castellanos Moya por Héctor Pavón, publicada en Revista Ñ, Diario Clarín, Argentina)

Friday, November 25, 2016

Javier Darío Restrepo: La ética periodística para la próxima década

Por Guillermo Mejía

El maestro, periodista y referente de la ética periodística a nivel internacional, el colombiano Javier Darío Restrepo, recién vuelve a la carga para ilustrarnos acerca de lo que considera son los retos de tan importante e insoslayable materia en medio de la profunda crisis en que se desarrolla el periodismo.

Según testimonia la también maestra y periodista peruana Esther Vargas, Restrepo participó junto a otros colegas latinoamericanos en la mesa “La ética periodística para la próxima década”, en la Universidad Icesi de la ciudad de Cali, Colombia, en un encuentro de la Fundación Gabriel García Márquez para el Nuevo Periodismo Iberoamericano (FNPI).

El maestro colombiano exige volver a definir “qué diablos es ética”, dada su importancia en la profesión periodística y las dificultades que permean una labor tan necesaria como importante para el desarrollo integral de la sociedad, máxime cuando se habla de romper las barreras a la información y la comunicación.

“El periodismo no se puede considerar como se venía mirando. Hay condicionamientos y exigencias nuevas. Debemos mantener los principios de siempre, pero pensar en un nuevo periodismo”, dijo Restrepo, a la vez que advirtió en la necesaria independencia de los periodistas.

Señaló que “los periodistas perdimos el monopolio de la información, pero hay mucha parte de verdad oculta que debemos buscar. Hoy todos pueden informar, pero no todo el mundo pueda dar información que nadie se quiera perder y que todo el mundo quiera conservar. El periodismo debe ser productor de una información tan valiosa que nadie la quiera perder”.

“En la medida en que el periodismo creyó que era un poder, el periodismo se corrompió porque comenzó a usar todo en su propio beneficio y a la vez se puso al servicio de los poderosos, algunas veces desvergonzadamente, la más de las veces con cierto pudor. Pero siempre al lado del poder”, denunció Restrepo.

Gracias a la colega peruana Esther Vargas, que participó del encuentro en la Universidad Icesi de Cali, presento a continuación las lecciones del maestro Javier Darío Restrepo:

1. El periodismo no se puede considerar como se venía mirando. Hay condicionamientos y exigencias nuevas. Debemos mantener los principios de siempre, pero pensar en un nuevo periodismo.

2. Hay que cambiar la estructura financiera de los medios. La actual ya no es aplicable y conspira contra la credibilidad de los medios.

3. Medios sin credibilidad se convierten en algo descartable.

4- Antes que los medios tengan independencia, los periodistas deben tener independencia.

5. Es importante volver a definir qué diablos es ética.

6. Los periodistas perdimos el monopolio de la información, pero hay mucha parte de verdad oculta que debemos buscar. Hoy todos pueden informar, pero no todo el mundo pueda dar información que nadie se quiere perder y que todo el mundo quiera conservar. El periodismo debe ser productor de una información tan valiosa que nadie la quiera perder.

7. Debemos cambiar la relación con el lector: se debe pasar de lo vertical a lo horizontal.

8. En la medida en que el periodismo creyó que era un poder, el periodismo se corrompió porque comenzó a usar todo en su propio beneficio y a la vez se puso al servicio de los poderosos, algunas veces desvergonzadamente, la más de las veces con cierto pudor. Pero siempre al lado del poder.

9. Uno de los defectos del periodista actual es eso de la entrevistita. El periodista considera que ha hecho una cobertura cuando trae dos o tres entrevistas -a un inspector o a cualquiera.

10. La esencia del periodismo es la de un servidor público, todo lo demás es paja. Por lo tanto, debe ser un fiscal del poder sin sentirse el poder.

11. Nuestra dependencia del lector tiene que ser a la vez independiente. Yo no estoy para satisfacer los caprichos del lector.

12. La mayoría de los problemas éticos de los periodistas derivan de una débil identidad profesional. El periodista no tiene claro para qué carajos está. Muchos están insatisfechos, pero no saben por qué.

Friday, October 07, 2016

La sociedad insatisfecha

Por Guillermo Mejía

La expresión sociedad insatisfecha es un rasgo de la modernidad occidental que aspira a la comprensión de la época contemporánea desde la perspectiva de las necesidades o, a decir de la filósofa húngara Agnes Heller, de “la creación de necesidades, de la percepción de necesidades, de la distribución de necesidades y la satisfacción de necesidades”.

“Sugiere que la forma moderna de creación de necesidad, percepción de necesidad, distribución de necesidad, aumenta la insatisfacción independientemente de que cualquier necesidad concreta se vea realmente satisfecha. Además, sugiere que una insatisfacción general opera como potente fuerza motivadora en la reproducción de la sociedad moderna”, afirma.

De ahí deriva: (…) que si las personas dejan de sentirse insatisfechas con su lote, con su riqueza material, su posición social, sus relaciones personales o con sus obras, por una parte; y con sus instituciones, sus acuerdos políticos y sociales y con el estado general de cosas en el mundo, por otra, la sociedad moderna ya no podría reproducirse a sí misma.

Cómo mínimo, entraría en una era de decadencia o descomposición, y sin duda alguna acabaría por desmoronarse.

Heller agrega que incluso si la insatisfacción no es la “única esencia” de la sociedad moderna, es verdaderamente esencial a ella. Y que contemplar la modernidad desde el punto de vista de las necesidades tiene dos grandes ventajas:

Primera: Nos permite ver la modernidad de una manera holística sin que ello se convierta en una perspectiva totalizadora. Es holística en tanto que se puede afirmar que la insatisfacción mantiene en funcionamiento todas las instituciones y que es inherente en cada una de ellas. Pero no totalizadora porque también se puede afirmar que ni una sola institución moderna o acuerdo social y político está, necesariamente, entrelazado con todos los demás. Se puede incluso afirmar, como yo hago, que hay tres lógicas de desarrollo distintas en la modernidad occidental: industrialización, capitalismo y democracia. Además, se puede afirmar que las tres lógicas pueden, y de hecho lo hacen, contradecirse entre sí, y que cualquiera de las tres puede subordinarse a las otras dos en mayor o menor grado. Entendida de este modo, la modernidad occidental no aparece como una única “totalidad”. Sin embargo, el avance de las tres lógicas requiere la fuerza motivadora de la insatisfacción. Los que están comprometidos con la lógica de la democracia estarán insatisfechos con el presente estado de cosas, en el que la lógica democrática está aún limitada en un grado muy importante, y subordinada a la lógica de la industrialización y a la del capitalismo. Impulsados por esa insatisfacción, unos se volverán contra otros, igualmente insatisfechos, con una democracia inmovilizada, para instarles a una radicalización de la democracia. Sin embargo, dado que el punto de vista holístico no es totalizador, se puede optar por uno u otro campo de interacción humana, pero no por todos ellos. Para decirlo de otro modo, se puede movilizar un tipo de insatisfacción sin movilizar los otros.

Segunda: (Esta) ventaja de contemplar la modernidad desde la perspectiva de las necesidades presenta en sí misma la posibilidad de combinar dos discursos distintos: el discurso de la filosofía social y el discurso de la filosofía existencial. Se puede tematizar la creación social, la distribución, percepción y satisfacción de necesidades, y se puede igualmente tematizar la relación subjetiva del individuo con el sistema de necesidades, esto es, aspiraciones, gozos, sufrimientos y expectativas de personas como personas, sus vínculos entre sí, sus vulnerabilidades, sus deseos, su felicidad e infelicidad.

En la realidad salvadoreña hay una riqueza de casos para ilustrar la perspectiva, máxime dentro de un estado de cosas en que se ve casi imposible la alternativa dialógica para resolver los problemas cruciales sociales, económicos, políticos y culturales, y que, aunque no existen mayores diferencias en sus planteamientos, las fuerzas principales se muestran polarizadas.

Para aquellos que siguen los medios sobre aspectos de la realidad local y global no son extrañas las palabras contundentes de un dirigente de los miembros del Fmln-Histórico en declaraciones sobre su lucha por las reivindicaciones de ex combatientes guerrilleros y efectivos de la Fuerza Armada: “Funes asesinó la esperanza y Sánchez Cerén la enterró”.

Para nadie es secreto el robo de millones de dólares enviados por la cooperación internacional, para programas de atención a ex combatientes y sus familiares conforme a lo establecido en los Acuerdos de Paz, firmados por el gobierno de entonces y dirigentes rebeldes en Chapultepec, México, en enero de 1992.

Tanto los gobiernos de Alianza Republicana Nacionalista (Arena) como del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (Fmln) abandonaron a su suerte a los ex combatientes, pues son unos pocos los que se han visto beneficiados con programas, por ejemplo una raquítica pensión, situación que causa indignación.

Las frustraciones de diversos sectores es un hecho. Las deudas de los señores de la guerra son inmensas desde que paró el conflicto armado que dejó unos 75 mil muertos, miles de desaparecidos y desplazados, a los que se suman millones de connacionales que tuvieron que huir –y lo siguen haciendo- como indocumentados frente a la precariedad reinante.

Si volvemos a la sentencia del ex combatiente del Fmln-Histórico, pues cabe recordar el ambiente de esperanza en que triunfó el ex presidente Mauricio Funes. Como nunca antes, la izquierda lograba derrotar a la derecha reaccionaria bajo la promesa del “gobierno del cambio”, condición que poco a poco se fue perdiendo frente al despilfarro y acusaciones de corrupción.

El crimen organizado y el narcotráfico, que encontraron camino fértil en medio de la proliferación de las maras que se fortalecieron con la tregua pandilleril negociada por el gobierno de Funes, se hicieron sentir con su presencia en todos los niveles de la sociedad, mientras se incrementaron los crímenes por el control del tráfico de drogas hacia el Norte y el consumo interno.

Como bien señalaba un apreciado colega periodista salvadoreño el gobierno de Sánchez Cerén, que vino de relevo, resultó ser más inepto que el de Funes. Además de mantener personajes nefastos como herencia del gobierno anterior que por lo se aprecia siguen con las mismas prácticas del pasado.

El desconsuelo en mucha gente que le ha apostado a la izquierda desde siempre es abrumador. Dentro de las filas del mismo partido de izquierda se escucha el sentir y pensar de muchos militantes al ver el secuestro de una marca que, al final, ha servido para escalar posiciones dentro la institucionalidad mediante alianzas oscuras, tanto políticas como económicas.

Wednesday, July 06, 2016

El pop-ulismo por encima de la ideología

Por Guillermo Mejía

Los periodistas persiguen a los políticos, los políticos buscan la atención de los periodistas más allá de que los adulen o critiquen, en un espectáculo continuo donde la imagen y los discursos vacíos atiborran a los públicos que mantienen la sintonía, aunque renieguen de la política y carezcan de certezas ideológicas.

Son apreciaciones en torno al libro Política pop: De líderes populistas a telepresidentes (Ariel, 2016) de la profesora e investigadora argentina Adriana Amado, recientemente presentado en Buenos Aires, y que –como era de esperarse- ha sido bien recibido en círculos intelectuales y periodísticos.

“Cuando Andy Warhol, el rey de la cultura pop, sentenció que en estos tiempos todos tendrían derecho a sus quince minutos de fama no imaginaba que la forma más expedita para lograrlo era convertirse en político. O, más precisamente, en presidente, de esos que usan dinero de los ciudadanos para cumplir el sueño de ser celebridades con programa propio”, reza el prólogo.

“Hasta el más revolucionario sucumbe a la seducción de verse en pantalla aclamado por multitudes y adulado en campañas publicitarias que repiten incansablemente que son los líderes que la patria necesita. Llegan a contratar encuestas que dibujan números que ratifican el encantamiento”, agrega.

“Para colmo, no nos dejan ni ver tranquilos la televisión, tan empeñados en interrumpir la programación a cualquier hora con aviso de autoelogios o cadenas oficiales. Así los políticos se comen sus mentiras mientras los ciudadanos se indigestan de mensajes edulcorados o mastican sin tragar, su desencanto”, denuncia.

Según declaraciones de la autora a los periodistas, América Latina ha sido propicia para los políticos populistas obsesionados por sus apariciones públicas “que diseminan una millonaria red de relaciones públicas sostenida con recursos estatales”, lo cual evidencia que la comunicación es prioridad en el ejercicio del poder y en la búsqueda de gobernabilidad.

En su afán ha estudiado la comunicación gubernamental en Argentina, Colombia, Ecuador, México, entre otros países: “Y vi que era una forma de gobernar que no se restringía a una cuestión ideológica. Encontré rasgos comunes entre Uribe y Cristina. O entre Peña Nieto y Ollanta Humala en cuanto a cómo se comunicaba”.

Se propuso analizar cómo las políticas estuvieron marcadas por la lógica del espectáculo: “Esta lógica es poderosa porque genera mucha adhesión y entusiasmo pero al mismo tiempo es vacía y efímera. Esto explica por qué estos líderes que tenían una adhesión que parecía mayoritaria y prometían cambios estructurales terminaron diluyendo su capital político”.

“Estos líderes populistas que analizo en el libro tienen rasgos comunes: Dedican más tiempo a comunicar que a gestionar, gastan más dinero en medios de comunicación que en educación y suponen que los medios pueden cambiar las sociedades cuando en realidad es la sociedad la que transforma a los medios”, señaló Amado a los periodistas.

“En lo pop entra el Papa, que es la gran estrella pop de este siglo, y no es casual que se haya forjado en la Latinoamérica de siglo XXI. El toma todos esos grandes recursos. De hecho, todas sus espontaneidades están grabadas y eso es muy cercano a esa narrativa de los medios de comunicación de este siglo, de ese reality show, o del You Tube, o de la supuesta viralización, que parece espontánea…”, afirmó la investigadora argentina.

Caudillos pop y periodistas pop

“Los periodistas se convirtieron en groupies que siguen a la celebridad de turno como si fueran estrellas del espectáculo. Una inauguración aquí, un desfile allá, selfies con el pueblo invitado al acto nuestro de cada día, no menos de tres discursos diarios, si no televisados, por lo menos registrados por un séquito con rango de secretarios de Estado que asiste semejante exigencia escénica”, se lee en el ensayo.

“El líder pop necesita una prensa que lo venere o lo critique pero que jamás lo ignore, y que hable más de su imagen que de sus hechos. El caudillo obtiene del periodista repercusión y el periodista, del caudillo, temas de qué hablar. El periodista pop alardea de ser intérprete privilegiado de la voz de la gente igual que el caudillo pop se erige como vicario del pueblo”, se añade.

Como si pueblo y gente no fueran las mismas personas, según la obra referida, estos políticos y periodistas son oportunistas, acomodadizos a los cambios de clima, personalistas de esos que suponen que después de ellos solo viene el diluvio, efímeros –como demuestra la historia reciente- e inocultablemente ambiciosos, tanto más sensibles son a la conveniencia que a las ideologías. Como cualquier popstar.

Los políticos invierten más tiempo en comunicar que en gestionar, y a invertir más dinero en medios que en escuelas. ¿Y los ciudadanos?: “Los hay encantados de presenciar el espectáculo más importante que hayan visto y de ser parte de un grupo exultante. Hay otros inmunizados o fastidiados de tantos mensajes que contrastan con sus realidades cotidianas”, se advierte.

Los tiempos del pop-ulismo

“El populismo latinoamericano resulta, casi siempre, pop-ulismo: El personalismo que usa la demagogia y el espectáculo para encantar a multitudes que se miden en votos o índices de audiencia, según corresponda. El pop-ulismo es lo popular mediático al servicio de la construcción del político-celebridad, la comunicación política como una de las industrias culturales más promisorias de estos tiempos.

“Su maquinaria de comunicación es un gran negocio para medios, periodistas y consultores que se convierten en principales beneficiarios del régimen mediático, generoso para sus defensores y funcional para sus detractores. La política pop construye una máquina que se autolegitima para garantizar su subsistencia.

“No hay en Latinoamérica artista o empresa que maneje un presupuesto tan alto como el que insume la comunicación del líder pop ni que disponga de la cantidad de medios para divulgarlo. Sin embargo, el éxito del político pop-ular se explica mejor por la apropiación de los ritos globales del consumo, la religión, la exclusión, la ignorancia, que disimulan con mensajes insustanciales pero irresistibles.

“El caudillo pop cimienta su popularidad en la ritualidad de las prácticas sociales como el espectáculo y el entretenimiento; aunque en apariencia reñida con las pretensiones revolucionarias de estos líderes, resultan más efectivas que los mensajes publicitarios”.

Thursday, May 05, 2016

La comunicación alternativa, un sombrero para la cabeza de la sociedad civil

Por Guillermo Mejía

Con mucha atención he leído el libro “La Comunicación Alternativa desde la Perspectiva de la Sociedad Civil” (Ediciones Calle del Convento, El Salvador, 2016) del periodista y profesor universitario José Eduardo Cubías Colorado, quien tuvo la amabilidad de facilitármelo a fin de compartir criterios sobre uno de los temas de suma importancia en el presente y del cual hace falta mayor proyección literaria.

Como bien lo estima el autor, este material procede de su experiencia como profesional de las comunicaciones y de la docencia; por lo tanto, más que academicista en cuanto a su metodología se rige por los cánones de la investigación periodística, pues incorpora la indagación documental con fuentes precisas y ejemplos de escritos relacionados con el tema.

El profesor Cubías Colorado parte de colocar cada cuestión en su lugar: aclara que Comunicación Popular, que muchos confunden con Comunicación Alternativa, trata de criticar, analizar, transformar y mejorar la sociedad, pero el líder es el “pueblo” el que sufre al grado máximo por causas estructurales de la sociedad (José Martínez Terrero).

En cambio, la Comunicación Alternativa adopta el concepto de “Sociedad Civil” para referirse a los mismos públicos (“el pueblo”) y a las organizaciones que buscan una opción diferente de comunicar fuera de la potestad del Mercado y del Estado, por lo cual crean sus propios medios.

“En la praxis pudimos comprobar que la Comunicación Alternativa ‘no es el sombrero elástico que en cualquier cabeza cabe’. El sombrero tiene la justa medida para la cabeza de la Sociedad Civil, no para la cabeza del Estado ni del Mercado, ya que estos sectores tienen sus propios medios”, advierte el autor.

De ahí concluye:
*Si no es democrática no es Comunicación Alternativa: La Comunicación Alternativa pretende ser democrática desde el momento que se busca el pluralismo de ideas y el debate democrático. Presenta igualdad de oportunidades para ser involucrados a todos los sectores de la sociedad sin exclusión ni discriminación.

*La Comunicación Alternativa es propositiva: Adopta como suyo el lema “más que la protesta, la propuesta”. Con ello se desvirtúa el viejo paradigma “si no es de oposición no es alternativa”. Ser propositiva en el entendido de ser parte del colectivo y que participe en la organización, producción y emisión del mensaje, que procure su retroalimentación en un proceso continuo de comunicación. Requiere la propiedad del medio.

*La Comunicación Alternativa supone un medio de contrainformación y de formación de conciencia crítica: Este es el punto más fuerte de unión con la Comunicación Popular. Ambas conciben de la misma forma la parte educativa del receptor. Bajo esta dirección el receptor cuestiona el mensaje, sobre todo si proviene del Estado o del Mercado, en el sentido de no ser un mero consumista de información o de publicidad de marcas de productos y/o servicios transnacionales.

*La Comunicación Alternativa basa su programación o su agenda en la Cultura de Paz y el respeto de los Derechos Humanos y a la dignidad del ciudadano y de la ciudadana: Los ejes transversales del Periodismo Alternativo se fundamentan en estos principios, adoptados en El Salvaldor luego de la firma de los Acuerdos de Paz en 1992, bajo la tutela de la Organización de las Naciones Unidas.

En cuanto a su estructura, el libro consta de once capítulos con sus conclusiones, citas, bibliografía y apéndices. Parte del contexto histórico de la Comunicación Alternativa para dar paso a la propia vivencia del autor en la edición del semanario “La Crónica” y la política editorial del que fuera uno de los iconos periodísticos de nuevo tipo a finales de los años 60’s.
Continúa con el marco conceptual de la Comunicación Alternativa y la experiencia de post-guerra en radios comunitarias participativas. Además, nos hace un recuento de las experiencias de cátedra en el área de Periodismo Alternativo como profesor en el Departamento de Periodismo de la Universidad de El Salvador (UES).

Sigue con la Comunicación Popular como objeto de controversia, los cuadros comparativos de las formas de Comunicación Social, y el papel de las radios guerrilleras “Venceremos” y “Farabundo Martí”. Particular mención merece el capítulo sobre la figura del valor de las letras nacionales Ítalo López Vallecillos, editor y promotor cultural. Y culmina con los medios de Comunicación Alternativa frente a la globalización de la información.

Queda en sus manos este aporte de primer orden del profesor Cubías Colorado, para el rescate de la memoria histórica del periodismo salvadoreño y la formación de futuros periodistas y comunicadores que hagan gala de la toma de conciencia crítica frente a la realidad en la búsqueda de cristalizar el derecho a la comunicación de los ciudadanos y ciudadanas.

Uno de los prólogos del libro “La Comunicación Alternativa desde la Perspectiva de la Sociedad Civil” del periodista y profesor universitario José Eduardo Cubías Colorado, presentado por el autor en la Semana del Periodista (2 al 6 de mayo de 2016) organizada en conmemoración del 61 aniversario de fundación del Departamento de Periodismo de la Universidad de El Salvador (UES).







Thursday, March 31, 2016

Gilles Lipovetsky: Una mirada a la crisis de la política

Por Guillermo Mejía

La desconfianza en la política, pensar que la derecha y la izquierda no harán nada diferente y la aparición de otras temáticas más de preocupación académica y ciudadana configuran el escenario de la hipermodernidad actual donde también la intelectualidad ha perdido su peso, pues las nuevas generaciones se abocan a la lógica técnica y mercantil.

Son algunas de las apreciaciones del sociólogo francés Gilles Lipovetsky, que nos ha heredado su conceptualización sobre la hipermodernidad, para dibujar a la sociedad contemporánea donde los metarrelatos perdieron fuerza y pasaron a microrrelatos –el mesianismo caduco, por ejemplo, frente a las posibilidades de construir sentido a partir de intereses de grupos específicos.

Este prestigioso académico es profesor de la Universidad de Grenoble, Francia, y autor de los libros La era del vacío, El imperio de lo efímero: La moda y su destino en las sociedades modernas; La tercera mujer: Permanencia de revolución de lo femenino y La estilización del mundo: Vivir en la era del capitalismo artístico, entre otros.

En conversación reciente con el Diario Tiempo, de Colombia, Lipovetsky aseguró que “la política sigue, sí, pero también hay cambios. Lo que caracteriza la hipermodernidad es el fin de la confianza. Ya no les creemos como antes. Hoy vemos en las encuestas que la gente ya no confía en el Congreso, en el presidente, en los sindicatos…”

¿Razones?: “La gente se ha distanciado de la política por razones de fondo: Porque los políticos no cumplen con sus promesas, escasean las ideas que pongan a soñar y porque hoy es el capitalismo el que está liderando la danza”, agrega. Además, la gente está más informada, hay menos ideologías fuertes y más crítica. Los partidos políticos tienen menos militantes.

Según el sociólogo francés, el poder de la política es poca, en la actualidad “nadie cree que ella pueda cambiar el mundo” y, aunque le queda algo de poder, el que ejerce el capitalismo hace retroceder la autonomía de lo político.

“Entonces, los ciudadanos no son imbéciles y dicen ‘bueno, derecha e izquierda va a hacer lo mismo, que es cuidar a los grandes capitales’. No quiero decir que los ciudadanos hayan perdido el interés en la cosa pública, pero ya no creen tanto en la política. Francia es un gobierno socialista, pero el Ministro de Finanzas es un hombre traído de la banca”, advierte.

Sin embargo, la existencia de desconfianza en los políticos de antes no quiere decir que las personas se hayan negado a apoyar y defender causas, ya que se trata más bien de ver que no es lo político la aspiración, sino que existen nuevos escenarios para expresar el pensamiento: Hoy se debate sobre energías renovables y el cambio climático en la esfera académica no en la política.

Lipovetsky señala el crecimiento del fanatismo religioso, por ejemplo el caso de los jóvenes europeos que se enrolan en el yihadismo y que crecieron escuchando rock and roll, música pop y jugando videojuegos: “…es el individualismo hipermoderno, hay una pérdida de identidad y buscan formas de valorización y de legitimación de su propia vida para justificarse…”

Por otro lado, habla de un empobrecimiento cultural, pero quizás en las élites: “Cuando vemos la manera en la cual las élites europeas fueron educadas a principios de siglo (latín, griego, lectura de los clásicos, cultura humanista), la realidad hoy es diferente. Ahora la gente va a escuelas de ingeniería y a las escuelas de negocios, básicamente. Es una cultura del cálculo operativos”.

“No obstante, nunca ha habido tanta gente que escucha música. Me dirán ‘bueno, pero no es la misma música’. De acuerdo. Pero es cultura igual. ¡No escuchan Wagner! ¡No escuchan Debussy, no Mozart! ¡Ni siquiera jazz, al parecer! Igual es música. Puede parecer menos sofisticado, trascendental, y probablemente lo es, pero igual es cultura.”

¿La mentalidad del corto plazo de hoy puede cambiar?

Gilles Lipovetsky responde:

“El cortoplacismo está en el consumo, pero también en el sistema de la bolsa, en el bancario. Estoy convencido de que la educación tiene un papel fundamental. Hay que ofrecerles una educación digna a los jóvenes, que incluya otras perspectivas diferentes a ganar dinero y consumir.”

“Creo que la educación artística es insuficiente. Hemos considerado que la educación artística era lo último: Primero las matemáticas, las ciencias, un poquito de arte, ahí, salpicado… Y creo que es un error. Es un error porque el hombre del mañana tendrá cada vez más aspiraciones estéticas: El amor por la belleza y la necesidad de expresarse.”

“Por eso, la expresión artística, el amor al arte, a la fotografía, al video, al cine, le dan a la gente felicidad, una felicidad más personal, algo que se siente adentro.”

“Uno como consumidor no progresa: Uno compra una cosa hoy y otro mañana. En el arte sí. La política democrática real debe trabajar en pro de la autoestima de los ciudadanos, que se sientan orgullosos de sus vidas. La información se puede conseguir en internet, pero ese amor se cultiva con la educación.”

Thursday, January 28, 2016

Los delitos informáticos y un modelo ético en Internet

Por Guillermo Mejía

La urgencia de combatir los delitos informáticos conforme a una ley especial ha abierto una discusión entre legisladores que se reparten entre los que creen conveniente sancionar a quienes difundan información perjudicial contra la dignidad y el honor de las personas en el espacio virtual o, al revés, conformarse con las ya existentes en los códigos.

Las denuncias sobre la clonación de las páginas virtuales de La Prensa Gráfica y El Diario de Hoy, las campañas difamatorias contra personalidades públicas o la existencia de centros de troles de todos los colores animaron a las autoridades respectivas a concretar esa legislación especial a fin de ir en sintonía con los tiempos.

Desde la academia se plantea que más que nuevos retos éticos o una “contemporización” de la ética a las nuevas tecnologías, se trata de una mayor responsabilidad por parte de los usuarios, porque la red está modificando a la sociedad y los problemas están a la orden (analfabetismo progresivo, denigración en el uso del lenguaje, contenidos perniciosos, espectacularidad, etc.)

Con la llegada de las nuevas tecnologías y la revolución de Internet no pocos especialistas han insistido en la necesidad de armar un modelo ético de cara al libertinaje que representa para muchos el acceso y difusión en la red de redes. Los planteamientos éticos se enfrentan al desafío de la velocidad de los cambios que muestra la plataforma digital.

Sin embargo, el maestro Juan Pedro Ortuño, de la Facultad de Teología San Dámaso, de Madrid, advierte que “más que un ente dinámico, la ética es un modelo (o modelos) permanente de referencia. Independientemente del progreso o avances tecnológicos, la persona sigue siendo ser trascendente y sujeto de dignidad en sí mismo considerado”.

En ese sentido, el catedrático español da una serie retos éticos que plantea Internet, entre otros:

Primero, la “brecha digital” o gran desigualdad respecto a la implantación de Internet en diferentes áreas del planeta. Se entiende por brecha digital el progresivo distanciamiento entre los países ricos y los países pobres. Se deriva de la desigual distribución de la riqueza en el mundo.

Segundo, el colonialismo cultural, que es un problema que afecta fundamentalmente a los gobiernos y centros de decisión de poder. Va unido a otro problema no exclusivo de Internet, que es la cada vez mayor concentración de medios en pocas manos.

Tercero, la difusión inmediata de noticias sin estar debidamente contrastadas. Este hecho que venía dándose ya en todo el periodismo conforme mejoraban las tecnologías, ahora se ve acentuado. Internet supone un flujo constante de información, mucha de ella con errores.

Cuarto, la difusión de pornografía y la apología del racismo. El problema de controlar los contenidos. De hecho, en Internet es posible encontrar prácticamente de todo. Unido a este hecho, está que Internet se ha convertido en un mercado para adquirir cualquier cosa.

Quinto, el problema de la privacidad y el anonimato. Una parte de este problema está claro por su carácter delictivo. El tratamiento ético debería ser el mismo que el que se daría a quien interviniera un teléfono.

Sexto, la realidad virtual. Internet está siendo objeto de experimentación de simulaciones de la realidad. La realidad virtual puede sumergir a la persona en una ilusión funcional de lo real –a diferencia de las representaciones clásicas, que sólo adoptan la forma de su modelo.

“Internet es una buena herramienta. Y más que plantear nuevos retos éticos, o una ‘contemporización’ de la ética a las nuevas tecnologías, de lo que se trata es de la práctica de una mayor responsabilidad por parte del usuario. El uso de Internet está modificando a la sociedad”, señala el profesor Ortuño.

“Hay problemas que empiezan a vislumbrarse de forma dramática, como puede ser la progresiva analfabetización de la población, la denigración en el uso del lenguaje, la pérdida de contenidos culturales sólidos, y una cada vez mayor cultura del juego o ‘cultura espectáculo’ (…) Internet sirve para trabajar con mayor eficiencia, pero también para perder multitud de horas en navegaciones absurdas”, agrega el catedrático español.

Ortuño nos orienta sobre cómo podemos actuar con responsabilidad frente a la red de redes:

Así, llama a estar atentos a las verdaderas necesidades que puedan surgir en nuestro entorno vital como usuarios de Internet. A la vez, detectar y organizar contenidos, personalmente o en común con otros usuarios, con transparencia. Y analizar y discernir algunas de las realidades presentes en Internet, desde una visión constructiva de la sociedad y del bien común.

También, colaborar con la tarea educativa y formativa, existente ya desde plataformas universitarias u otro tipo de escuelas, y que garantizan el desarrollo integral de la persona. Discernir con claridad si los contenidos divulgados en Internet son acertados en conformidad al bien común social y crear grupos de noticias y foros para el conjunto de contenidos en Internet.

“Los grandes principios éticos universales pueden ser aplicados a Internet, sin necesidad de inventar una ética de carácter ‘virtual’; es decir, inexistente, o sujeta al libre capricho de los que ostentan el poder económico o político coyunturalmente”, sentencia el maestro Ortuño sobre la base del respeto a la dignidad de la persona.