Saturday, October 05, 2019

Remembranzas del siglo XX de cara al futuro

Por Guillermo Mejía

A través de la aguda mirada del historiador Roberto Turcios ha llegado un valioso texto sobre los acontecimientos que han marcado la historia contemporánea salvadoreña, titulado Siglo XX: Tendencias y coyunturas de cambio (2019), que se torna imprescindible para el que desee ilustrarse, reflexionar y comprometerse con el país.

“Los acontecimientos, las coyunturas y las tendencias del siglo no fueron tallados en mármol; al contrario, los forjaron las mujeres y los hombres que soñaron y sufrieron, sudando sus esperanzas y cóleras en jornadas memorables”, señala la introducción del aporte intelectual del que fuera director de la prestigiosa Revista Tendencias (1992-2000).

“Ojalá que estas páginas den lugar a intercambios, propuestas y correcciones que pongan de manifiesto el vigor intelectual de un nuevo siglo, pues está despuntando la tercera centuria de la República”, advierte al inicio del recorrido por cuatro etapas que comienzan con la expansión cafetalera y la evolución del régimen político hasta la transición luego de la guerra civil.

El libro pertenece a la Colección Bicentenario, proyecto editorial del Instituto de Formación Docente (INFOD) que articula, según sus directivos, reflexión crítica, investigación histórica y pensamiento pedagógico de cara a la conmemoración del Bicentenario de la Independencia centroamericana con el fin de potenciar la enseñanza de la historia en el sistema educativo.

“El texto tiene una narración de los hechos principales en las coyunturas de cambio seleccionadas, presentando para cada una, propuestas de interpretación. Las primeras se identificaron a partir de los momentos en los que hubo señales de viraje; las segundas se formularon tratando de que fueran claras, breves y se ajustaran a los indicios ofrecidos por las informaciones”, precisa.

El texto está integrado de la siguiente forma: El primer capítulo aborda la expansión cafetalera y la evolución de su régimen político; mientras el segundo se dedica a la crisis y la dictadura. El tercer capítulo desarrolla el régimen autoritario, su estrategia de desarrollo y sus coyunturas de cambio, hasta la configuración de la crisis histórica, en 1978. El proceso de la guerra y los planteamientos en torno a la solución política, junto a la disputa de tres bloques políticos ideológicos forman el contenido del cuarto capítulo. El quinto ofrece un panorama sobre las negociaciones, las características de los Acuerdos de Paz y la reforma constitucional. El último capítulo presenta la configuración del final de un siglo político; según esa propuesta la implementación de los Acuerdos de Paz impulsa el despliegue pleno de la transición a la democracia, con base en procesos inéditos, como la desmilitarización. Bajo ese enfoque, la transición y un nuevo modo de desarrollo, basado en las privatizaciones, constituyen la clausura de un siglo. (Pág. 13)

En la consideración final, Turcios afirma: “El siglo político terminó en forma impresionante, clausurando la mayor guerra con el reconocimiento al diálogo y a las negociaciones. El sedimento, sin embargo, siguió lleno de intolerancia. Otra etapa, otro siglo, comenzó con disputas por el Gobierno sin que los adversarios se agarraran a balazos”.

“Antes no había ocurrido nada igual. Así transcurrió la fundación de la democracia en El Salvador. A un lado, los jóvenes comenzaban a librar las disputas de sus pandillas con la fuerza de las armas. Así comenzó el futuro, entre nuevas violencias y viejas intolerancias; dejando en el pasado los giros políticos basados en asesinatos”, continúa.

“Después de dos siglos de irrespeto a los derechos de la gente, aquel fue un inicio prometedor, con la lucha política abierta, sin amenazas de cárcel ni de muerte. Por primera vez fue razonable la disputa electoral en libertad; por primera vez las mujeres y los hombres pudieron aspirar al respeto de sus derechos y al ejercicio de la crítica mordaz contra todos los poderes”, concluye.

Roberto Turcios cuenta con una amplia producción sobre historiografía salvadoreña, entre sus están: La concentración económica en El Salvador: Un esbozo histórico (1990); Autoritarismo y modernización (1994); Los primeros patriotas (1995); Guillermo Manuel Ungo: Una vida por la democracia y la paz (2012); y su obra más reciente Rebelión. San Salvador, 1960 (2017).

Saturday, September 28, 2019

Más allá de la foto de Nayib Bukele en las Naciones Unidas

Por Guillermo Mejía

El presidente Nayib Bukele se hizo un selfie y luego reprochó lo obsoleto de las Naciones Unidas en el marco de la revolución que imprimen constantemente las nuevas tecnologías de la información y la comunicación, hecho que ha dado de qué hablar -a favor o en contra- del mandatario que no se refirió a los problemas cruciales del mundo.

“El nuevo mundo ya no está en esta Asamblea General, sino en el lugar a donde irá esta foto, a la red más grande del mundo, donde miles de millones de personas están conectadas prácticamente todo el tiempo y casi en todas las facetas de la vida”, dijo Bukele frente al asombro de quién sabe cuánta gente.

Pero, para ser justos en la medida, también es pertinente decir que el presidente no solo descansó su estrategia mediática en las redes sociales, sino que cargó un grupo de periodistas de esos “medios obsoletos” que lo siguieron a cada paso, al igual que a su esposa Gabriela y su hija Layla.

Los acontecimientos que han dado mucho de qué hablar en la sociedad salvadoreña, dan pie para reflexionar acerca de los nuevos escenarios políticos que se han abierto con la presencia de las redes sociales en la vida cotidiana, desde las visiones optimistas o del encanto hasta las pesimistas o demonizadoras de las nuevas tecnologías.

El especialista argentino Luciano Galup, que ha escrito el libro “Big data & política” (Penguin Random House, 2019), considera que en sí no son las redes sociales las que han provocado el descrédito de las instituciones, al grado que han prosperado propuestas autoritarias al mejor estilo de Donald Trump en Estados Unidos o Nayib Bukele en El Salvador.

“(…) no son las redes quienes debilitaron a las instituciones tradicionales, me parece que tiene que ver con una etapa política, económica, más vinculada a la globalización y a la etapa del neoliberalismo de los últimos 30 años”, contestó Galup en una entrevista reciente con el periódico argentino elciudadanoweb.com

“Y las redes sociales se insertan en ese contexto y no son las que polarizan a las sociedades. Sí, obviamente, contribuyen a acelerar esa polarización, a darle combustible, pero lo que termina dividiendo y generando esas polarizaciones son las exclusiones, las injusticias y los grandes segmentos de la población que están excluidos de la economía y de la política”, añadió.

Sin embargo, aclaró que no es cierto que las redes sociales han generado mayor participación y democratización en la sociedad actual, ya que históricamente estuvimos polarizados, inundados de información falsa: “Las redes reproducen jerarquías, diferencias y desigualdades, no son una profundización de la experiencia democrática, ni mucho menos”.

Una mirada de lo que es vivir la política en nuestra sociedad la ha dado Alvaro Rivera Larios, intelectual salvadoreño residente en España, quien comentó precisamente en las redes sociales que se ha puesto de moda burlarse de la pobreza argumentativa de los simpatizantes del presidente Bukele sin considerar que es reflejo de “nuestra cultura política”.

“En vez de la burla fácil, habría que intentar comprender ‘las estructuras’ que llevan a los nayilibers hasta esos juicios que producen rubor. Al igual que las maras, los nayilibers son síntomas de nuestra sociedad y nuestra cultura. Sus pendejadas pertenecen a un horizonte que entre todos hemos engendrado”, afirmó.

“Hay que salvarse de ese partidismo fácil en que muchos ‘pensantes’ han caído y que los hace verse como muy inteligentes y ver a los otros como muy pendejos. Mejorarán de verdad, cuando comprendan que el suyo es también un marco interpretativo pendejo”, agregó Rivera Larios en un reflexión titulada “Semos pendejos”.

“Dichas luminarias antibukelianas están presas de un juego amigo-enemigo que es como la otra cara del juego de Bukele y sus nayilibers”, sentenció Rivera Larios.

“Hay que salirse de este juego y no perder el tiempo burlándose de lo que es fácil burlarse. Hay que dirigir nuestras energías a la construcción de nuevas formas de hacer política y a la construcción de nuevos sujetos políticos que puedan realizar esas nuevas formas de hacer política”, concluyó.

En síntesis, qué importa volverse viral en las redes sociales.

Saturday, September 21, 2019

Una sociedad envuelta en la desinformación y la propaganda

Por Guillermo Mejía

La sociedad salvadoreña vive presa de la desinformación o envuelta en la propaganda, especialmente la generada desde fuentes oficiales dentro de las que sobresale el presidente Nayib Bukele que ha sabido capitalizar el uso de las redes sociales y asegurar su estrategia publicitaria dentro de un sistema mediático nacional complaciente.

La reciente encuesta de la Universidad Centroamericana (UCA) reflejó que los espacios que los ciudadanos han utilizado para saber de las acciones del gobierno en los primeros 100 días de gestión han sido las redes sociales (48.6%) y la televisión (40.2%), precisamente en los que Bukele ha invertido el esfuerzo y más de la mitad del pastel publicitario (TCS).

Llama la atención que de las redes sociales ha sido Facebook (73%) y Twitter (19.2%) las que los salvadoreños buscan para conocer sobre la gestión gubernamental. A lo que se suma que consideran muy adecuado (43.9%) o algo adecuado (23.2%) que el presidente haga uso de Twitter para informar de sus acciones y de las de su gobierno.

Hay que decir que dentro de las otras opciones utilizadas para informarse en los primeros 100 días están los periódicos impresos (4.6%), los periódicos digitales (3.7%) y la radio (2.9%). Y de estos puntean El Diario de Hoy y La Prensa Gráfica, en los primeros; La Página y La Prensa Gráfica, en los segundos; y la YSKL y la Nacional, en los terceros.

En general, es preocupante confirmar “por enenésima vez” que la gente respira artificialmente dentro de una supuesta atmósfera de libertad, donde están protegidos sus derechos a la información y a la opinión, mientras es conocido cómo el gobierno se mueve a su antojo en las redes sociales y dentro de un sistema mediático complaciente por diversas razones.

El comunicólogo boliviano Raúl Rivadeneira Prada nos recuerda que “dentro del contexto comunicacional, América Latina es un campo de experiencias donde una pequeña parte de su población actúa protagónicamente en la toma de decisiones y una gran mayoría hace de espectadora, respecto de dichas decisiones”.

“No puede haber acción participativa sin pleno acceso a la información. Sin embargo, en la medida en que la información clave sea monopolizada, encerrada en sistemas de dominio sectario, la participación será anulada y ésa es, entre otras cosas, una de las causas del adormecimiento general y de la disociación que cumplen los grandes medios masivos”, añade.

Según Rivadeneira Prada, es necesario arribar a la condición de autonomía del ser a fin de superar ese estado de cosas. De ahí que nos propone una serie de respuestas:

En primer lugar, reconocer que el problema de la comunicación es esencialmente educativo y que la educación es sobre todo un problema comunicacional. Dentro de este criterio, el analfabetismo es el primer gran escollo de la democratización informativa; pero, un plan de alfabetización integral y de contenido liberador puede ser el comienzo para articular y sentar las bases de una democratización real.

En segundo lugar, el problema educativo y el comunicacional tienen sus raíces estructurales en el campo de la economía y en la correlación de fuerzas productivas. La dependencia económica de América Latina determina el tiempo de dependencia cultural y viceversa.

En tercer lugar, la participación, con vistas a la democracia, tendrá que ser integral y de ningún modo sectaria. Esto representa acceso pleno de todos los sectores políticos, sociales, religiosos, deportivos, de grupos formales, informales, cuasigrupos, grupos reales e imaginarios, etc., en la información disponible.

Es un “huevo de cuatro yemas” en el que está metida la sociedad salvadoreña, víctima de la desinformación y la propaganda.

Thursday, September 12, 2019

Los renglones torcidos de Nayib Bukele

Por Guillermo Mejía

La arremetida del presidente Nayib Bukele contra los periodistas, que incluye despidos en medios de comunicación estatales, así como la exclusión de medios de prensa digitales de conferencias, representa uno de tantos errores estratégicos del nuevo gobierno a cien días de arribar al poder.

Desde diversas instancias, tanto nacionales como internacionales, se han escuchado voces contrarias a las prácticas autoritarias de un mandatario cuya imagen se instaló en el imaginario como la solución que esperaban los salvadoreños tras seis mandatos de los partidos herederos de la guerra civil.

La Mesa de Protección a Periodistas, que reúne a colectivos de prensa, organismos no gubernamentales y entidades oficiales, demandó corregir las tropelías del gobernante contra los colegas de El Faro y Factum, además de otras violaciones al derecho a la información y el despido de más de treinta trabajadores de Canal Diez y Radio Nacional.

Los de El Faro, agraviados por la exclusión, escribieron: “A partir de ahora, el Gobierno de Nayib Bukele tendrá que mostrar su verdadera naturaleza, y si de verdad quiere abrir una nueva etapa para El Salvador haría bien en escuchar más allá del coro de aduladores, hacer lectura autocrítica de sus primeros cien días, aceptar que en democracia se convive con cuestionamientos, voces discordantes y otras visiones políticas del Estado”.

“Y trabajar en función de su propia visión de Estado, confiando en que la tiene, sin esconderla -menos aún subordinarla- en una estrategia de marketing”, agregaron.

Ante los atropellos sistemáticos de parte de Nayib Bukele y compañía, la mayoría de medios de comunicación social, radio, prensa, televisión y digitales, guardan un silencio cómplice o mezclado con el otorgamiento de la pauta publicitaria estatal, a lo que se suma la marginación de los medios estatales como señal piloto frente a medios privados.

Ante la gravedad de los acontecimientos, la Universidad Centroamericana “José Simeón Cañas” (UCA) consideró en su postura editorial que: “Para distanciarse de sus predecesores, el presidente debería aprender de estos 100 primeros días de gobierno y escuchar lo que dicen sus críticos, no solo los aplausos de sus seguidores y aduladores”.

“Si en verdad le interesa informar a la población sobre su gestión, no puede seguir limitando la participación de los medios de comunicación en las ruedas de prensa, no puede abstraerse a las preguntas incómodas o los señalamientos, no puede pretender que solamente se le escuche a él”, añadió.

El catedrático Javier del Rey Morató ha advertido el riesgo para la democracia que representaría ya sea la desaparición del papel mediador de los periodistas entre los gobernantes y el pueblo o, como parece ser la estrategia oficial, la cooptación de la prensa por parte del gobierno.

“Si la sociedad se queda sin intermediarios, sin aquellas instituciones y grupos que median entre el poder y el pueblo, con tecnologías que permiten alocuciones no mediadas, como las del General De Gaulle –constructor de la representación social, constructor de la realidad-, sólo nos queda ese rol mediador de los periodistas, sin los cuales quedaríamos indemnes, indefensos, a merced de los poderosos”, afirma el maestro español.

Frente a los reclamos, Bukele rectificó la decisión de excluir a los periodistas de El Faro y Factum y permitió su ingreso a su última conferencia: “Yo dije: bueno, dejémoslos que entren y veamos si se pueden comportar; y, pues, hoy entraron y se comportaron y los felicito”, expresó.

Ojala, Bukele, corrija los renglones torcidos a cien días del inicio de su gestión presidencial.

Thursday, September 05, 2019

El populismo y los cien días del gobierno de Nayib Bukele

Por Guillermo Mejía

Cuando se cumplen los primeros cien días del gobierno de Nayib Bukele, parece oportuno hacer una puntualización del fenómeno del populismo dentro del quehacer político en medio del fracaso contundente de los políticos tradicionales y alternativos en la sociedad contemporánea.

Para eso es necesario acercar a los lectores las reflexiones de la politóloga María Esperanza Casullo, catedrática de la Universidad Nacional de Río Negro, Argentina, registradas en el ensayo “Líder, héroe y villano: los protagonistas del mito populista”, publicado en la Revista Nueva Sociedad, edición número 282, correspondiente a julio-agosto de 2019.

“El líder populista se autopercibe como un redentor del pueblo, que con coraje y abandono de sí acude a su rescate. El uso de la palabra ‘redentor’ no es casual, porque el liderazgo populista se plantea como algo más que la representación transaccional de intereses comunes”, afirma Casullo.

“El tipo de vínculo que propone el líder populista se basa en hacer presentes a los seguidores dentro del espacio político que les estaba vedado. El líder no pide el voto como contraprestación de una promesa de campaña; promete encarnar en sí mismo la lucha del pueblo contra el opresor”, agrega.

Según la autora, uno de los rasgos centrales de la movilización populista es la presencia de un líder personalista y carismático, además la autoridad de éste frente a sus seguidores no proviene de una fuente externa, sino de un lazo directo establecido entre ambos sin mediaciones. Al líder se le reconoce como una persona excepcional, y de allí deriva su poder.

“En sus discursos, los líderes populistas siempre se presentan como outsiders, es decir, como alguien que viene ‘de afuera’, incontaminado por los vicios de la ‘partidocracia’ o el establishment, y que se ha visto casi forzado a entrar en la política debido a la indignación moral que el sufrimiento del pueblo y la traición de la elite generan”, señala Casullo.

Y añade: “Un líder populista está forzado a elaborar una narración que lo presente como alguien que se volcó a la política acicateado por un deseo de servir al pueblo, no por simple cálculo de conveniencia. La verdad factual que subyace a la autopresentación del líder es secundaria a la potencia que adquiera la narración del viaje personal desde la pasividad apolítica hasta el compromiso total redentor con el pueblo”.

En ese sentido, un líder populista se diferencia de uno no populista por la continua referencia a su historia personal y privada, según la catedrática argentina, los líderes populistas hablan de sí mismos: de sus infancias, de sus valores, de sus familias; entretejen lo público, lo privado y lo biográfico de una y mil maneras.

“El lazo representacional entre seguidores y líder está fundamentado en esa dación de lealtad que, por su propia fuerza, transforma al líder persona en un símbolo, un significante y un programa. Y esta entrega genera la necesaria autoridad performativa en función de la cual el líder pasa a ser el único hablante con poder para narrar o alterar ese mismo mito originario, lo cual, a su vez, posibilita transformar el discurso en un repertorio de prácticas políticas concretas al dicotomizar el espacio político entre un ‘nosotros’ y un ‘ellos’”, dice Casullo.

La finalidad de un mito populista es movilizar, identificad un adversario, esbozar y legitimar posibles cursos de acción; su objetivo no es ficcional, sino político.

“Esta narración pretende llevar a un colectivo hacia una acción política práctica. La principal motivación para la acción es entonces el enojo (incluso el resentimiento) suscitado en el pueblo contra aquellos que lo han traicionado. Y las políticas públicas que se adoptan estarán directamente relacionadas con la cuestión de a quién se designe como elite y a quién como traidor”, sentencia la politóloga argentina.

Thursday, August 29, 2019

La mala hora del periodismo

Por Guillermo Mejía

Mientras camina una versión trastocada de la democracia a nivel global –la punta de lanza sigue siendo la irrupción de Donald Trump en Estados Unidos- el periodismo serio, otrora una luz esclarecedora ante los abusos del poder, cae estrepitosamente ante las formas espurias de confeccionar la información en sociedades donde prima la falsedad.

El senador demócrata gringo Bernie Sanders reflexionó en la paradigmática Columbia Journalism Review que asistimos a la “destrucción del periodismo” por parte de gigantes empresariales y ejecutivos multimillonarios, lo cual representa una amenaza para la democracia.

Las corporaciones “controlan casi todo lo que miran, leen y descargan”, advirtió Sanders, a lo que se suma la insana presencia de Facebook y Google que ha socavado las informaciones independientes e investigaciones periodísticas con la presencia del infoentretenimiento y los publirreportajes en función del capital.

Espacios alternativos retomaron las palabras del presidenciable: "Precisamente en el momento en que necesitamos más periodistas que cubran la crisis de salud, la emergencia climática y la desigualdad económica tenemos expertos de televisión que pagaron decenas de millones de dólares para pontificar sobre chismes políticos frívolos, como noticias locales".

Según Jake Johnson, de Common Dreams, Sanders señaló que “desde 2008, hemos visto que las redacciones pierden 28,000 empleados, y solo en el último año, 3,200 personas en la industria de los medios han sido despedidas. Hoy, por cada periodista que trabaja, hay seis personas que ahora trabajan en relaciones públicas, a menudo empujando una línea corporativa”.

Y agregó: "El asalto de hoy al periodismo por parte de Wall Street, empresarios multimillonarios, Silicon Valley y Donald Trump presenta una crisis… No podemos sentarnos y permitir que las corporaciones, los multimillonarios y los demagogos destruyan el Cuarto Patrimonio, ni podemos permitir que reemplacen los informes serios con información y entretenimiento".

Sanders propuso una serie de medidas antimonopolios y antidiscriminatorias a fin de contener la rapacidad de las corporaciones y de los gigantes Facebook y Google.

En la misma dirección, la profesora argentina Adriana Amado, investigadora en medios y periodismo, escribió en el diario La Nación que ante las noticias falsas y la desinformación existe el riesgo –que corren periodistas y políticos- de caer en el escepticismo paralizador de no creer en nada.

“Se trata de una epidemia devastadora para los medios y el sistema político, principales implicados en la acusación de que todos mienten y los primeros que las sociedades escépticas ponen en cuarentena. La desinformación es un problema, pero el escepticismo es el mal de época”, afirmó Amado.

“Los medios que cuentan con controles de calidad antes de la publicación conviven con oportunistas que aprovechan el contexto digital para publicar sin garantías de verificación previa. Son los principales beneficiados con la confusión entre noticias genuinas y versiones adulteradas, entre medios serios y operadores disimulados”, advirtió la maestra.

Pero no basta la advertencia ante las fake news y la desinformación, ya que la mayoría de la gente no pasa los filtros a los productos que consumen y dan la razón a los escépticos.

“Medios y periodistas se pasan hablando de noticias falsas, de fuentes que mienten, de datos espurios, de instituciones poco confiables. Al final, terminan coincidiendo con los políticos en que es mejor no creer en nada, advertencia que algunos académicos ratifican, confundiendo irresponsablemente cinismo con pensamiento crítico. Así y todo, esperan que la ciudadanía vaya y consuma noticias, dando por sentado que va a distinguir a las puras de las espurias”, advirtió Amado.

Al final, “se cierra la espiral de desconfianza que enrosca a la sociedad, asfixia a los medios y va mellando la democracia”, dijo.

Muy al contrario, según la catedrática e investigadora, la sociedad necesita fortalecer el diálogo con los periodistas como vía para reconstruir la confianza entre la información y sus destinatarios. El valor social percibido de la información colectiva es más fuerte que la lealtad a la verdad de una parte.

“La información es un insumo vital para el funcionamiento social. Como pasa con los recursos naturales, a la conciencia de los daños derivados de su manejo negligente hay que sumar el compromiso de todos para su recuperación. Un trabajo colaborativo entre fuentes responsables, periodistas conscientes, ciudadanos atentos y verificadores integrados a los nuevos flujos informativos puede recuperar la integridad de la información a partir de una nueva ética de la conversación responsable”, sentenció.




Thursday, August 22, 2019

El travestismo periodístico

Por Guillermo Mejía

En tiempos posmodernos parece ser que el periodismo va decayendo al verse contaminado por prácticas emparentadas con la comunicación institucional, la publicidad o la propaganda, potenciadas por las posibilidades que ofrecen las nuevas tecnologías de la información y la comunicación.

A su antojo, los funcionarios públicos o privados, representantes diplomáticos o de entidades no gubernamentales, entre otros, se dan el lujo de contar con “sus” periodistas –escogidos del mismo sistema de comunicación colectiva- con tan sólo ofrecerles condiciones de bienestar y la complicidad de las empresas periodísticas.

Para el caso, un grupo de comunicadores ha potenciado la imagen del alcalde de San Salvador, Ernesto Muyshondt, en su viaje a Washington, lo mismo que a los chinos continentales a lo largo de un año de relaciones diplomáticas con El Salvador. Antes le sirvió a China-Taiwán y desde siempre a los intereses gringos.

Al contrario de esa desviación, hay colegas y autores diversos que nos recuerdan el legado del periodismo en una sociedad democrática.

“El propósito principal del periodismo es proporcionar a los ciudadanos la información que necesitan para ser libres y capaces de gobernarse a sí mismos”, nos advierten Bill Kovach y Tom Rosenstiel en su libro Los elementos del periodismo (Ediciones El País, 2004) ante los retrocesos que se han dado en la profesión periodística.

Según los autores, son varias las razones para validar la teoría y la filosofía que definen a la información que surgen de la función que desempeñan las noticias:

“Los medios informativos nos ayudan a definir la comunidad y a elaborar un lenguaje y un conocimiento compartidos basados en la realidad. El periodismo también contribuye a identificar los objetivos de una comunidad, y reconocer sus héroes y villanos”.

“Los medios de comunicación actúan como un guardián, impiden que el ciudadano caiga en la complacencia y ofrecen voz a los olvidados.”

Agregan: “Esta definición ha mantenido su solidez a lo largo de la historia y ha demostrado estar tan profundamente incardinada en el pensamiento de aquellas personas que a lo largo de cualquier época han desempeñado el papel de transmisores de información, que casi nadie lo pone en duda”.

Como se nota, posturas muy alejadas de la conversión que, en muchos casos, se da en la práctica periodística por actividades que pertenecen a áreas de la comunicación institucional, la publicidad o la propaganda. Con la llegada de las nuevas tecnologías el cambio de casaca se ha facilitado en la lucha por las audiencias.

Recientemente, el periodista español Gervasio Sánchez, que cubrió las guerras civiles en Centroamérica, le dijo al periódico El Faro: “El periodismo está atravesando un momento muy crítico. Y hablo del periodismo en general, no de medios en particular. El periodismo que se hacía hace 40 o 50 años en Europa y en Estados Unidos era muchísimo mejor que el actual”.

Dado la inmensidad de intereses, que vienen a prostituir la función del periodista, hay una crisis de credibilidad que ha dañado la actitud crítica del ciudadano promedio. Según Sánchez: “Ese ciudadano está hoy peor informado, a pesar de la aparente gran avalancha de información. Hay una tendencia a no reflexionar sobre lo que se lee, a no profundizar en las historias”.

“Hay periodistas de las nuevas generaciones tan obsesionados con la presencia en redes sociales que a veces tienen una buena idea y, en vez de guardarla para escribir un buen reportaje, la airean en Twitter y la queman”, sentenció el periodista español.

El Faro le preguntó a Gervasio Sánchez:

“El Gobierno de China o el de Taiwán organizan un viaje con gastos pagados para periodistas. ¿Un periodista debería aceptarlo?”

Sánchez respondió: “Los diarios importantes, en sus libros de estilo, tienen delimitado que no se puede aceptar una invitación pagada por ningún país ni ninguna empresa si está implícito una especie de trabajo de relaciones públicas. Eso está escrito; otra cosa es cuántas veces el medio y los periodistas violan esa regla, porque muchas de las historias que se hacen hoy en día pasan por una invitación oficial de una fuente interesada. Y pasa igual con las oenegés. Lo lógico sería que los periodistas no viajaran invitados por las oenegés.”

Lamentablemente, la reflexión constante de periodistas y sociedad en general sobre una función social de primer nivel en una democracia parece ser materia olvidada por estos lares. El travestismo periodístico navega a sus anchas.