Thursday, August 22, 2019

El travestismo periodístico

Por Guillermo Mejía

En tiempos posmodernos parece ser que el periodismo va decayendo al verse contaminado por prácticas emparentadas con la comunicación institucional, la publicidad o la propaganda, potenciadas por las posibilidades que ofrecen las nuevas tecnologías de la información y la comunicación.

A su antojo, los funcionarios públicos o privados, representantes diplomáticos o de entidades no gubernamentales, entre otros, se dan el lujo de contar con “sus” periodistas –escogidos del mismo sistema de comunicación colectiva- con tan sólo ofrecerles condiciones de bienestar y la complicidad de las empresas periodísticas.

Para el caso, un grupo de comunicadores ha potenciado la imagen del alcalde de San Salvador, Ernesto Muyshondt, en su viaje a Washington, lo mismo que a los chinos continentales a lo largo de un año de relaciones diplomáticas con El Salvador. Antes le sirvió a China-Taiwán y desde siempre a los intereses gringos.

Al contrario de esa desviación, hay colegas y autores diversos que nos recuerdan el legado del periodismo en una sociedad democrática.

“El propósito principal del periodismo es proporcionar a los ciudadanos la información que necesitan para ser libres y capaces de gobernarse a sí mismos”, nos advierten Bill Kovach y Tom Rosenstiel en su libro Los elementos del periodismo (Ediciones El País, 2004) ante los retrocesos que se han dado en la profesión periodística.

Según los autores, son varias las razones para validar la teoría y la filosofía que definen a la información que surgen de la función que desempeñan las noticias:

“Los medios informativos nos ayudan a definir la comunidad y a elaborar un lenguaje y un conocimiento compartidos basados en la realidad. El periodismo también contribuye a identificar los objetivos de una comunidad, y reconocer sus héroes y villanos”.

“Los medios de comunicación actúan como un guardián, impiden que el ciudadano caiga en la complacencia y ofrecen voz a los olvidados.”

Agregan: “Esta definición ha mantenido su solidez a lo largo de la historia y ha demostrado estar tan profundamente incardinada en el pensamiento de aquellas personas que a lo largo de cualquier época han desempeñado el papel de transmisores de información, que casi nadie lo pone en duda”.

Como se nota, posturas muy alejadas de la conversión que, en muchos casos, se da en la práctica periodística por actividades que pertenecen a áreas de la comunicación institucional, la publicidad o la propaganda. Con la llegada de las nuevas tecnologías el cambio de casaca se ha facilitado en la lucha por las audiencias.

Recientemente, el periodista español Gervasio Sánchez, que cubrió las guerras civiles en Centroamérica, le dijo al periódico El Faro: “El periodismo está atravesando un momento muy crítico. Y hablo del periodismo en general, no de medios en particular. El periodismo que se hacía hace 40 o 50 años en Europa y en Estados Unidos era muchísimo mejor que el actual”.

Dado la inmensidad de intereses, que vienen a prostituir la función del periodista, hay una crisis de credibilidad que ha dañado la actitud crítica del ciudadano promedio. Según Sánchez: “Ese ciudadano está hoy peor informado, a pesar de la aparente gran avalancha de información. Hay una tendencia a no reflexionar sobre lo que se lee, a no profundizar en las historias”.

“Hay periodistas de las nuevas generaciones tan obsesionados con la presencia en redes sociales que a veces tienen una buena idea y, en vez de guardarla para escribir un buen reportaje, la airean en Twitter y la queman”, sentenció el periodista español.

El Faro le preguntó a Gervasio Sánchez:

“El Gobierno de China o el de Taiwán organizan un viaje con gastos pagados para periodistas. ¿Un periodista debería aceptarlo?”

Sánchez respondió: “Los diarios importantes, en sus libros de estilo, tienen delimitado que no se puede aceptar una invitación pagada por ningún país ni ninguna empresa si está implícito una especie de trabajo de relaciones públicas. Eso está escrito; otra cosa es cuántas veces el medio y los periodistas violan esa regla, porque muchas de las historias que se hacen hoy en día pasan por una invitación oficial de una fuente interesada. Y pasa igual con las oenegés. Lo lógico sería que los periodistas no viajaran invitados por las oenegés.”

Lamentablemente, la reflexión constante de periodistas y sociedad en general sobre una función social de primer nivel en una democracia parece ser materia olvidada por estos lares. El travestismo periodístico navega a sus anchas.










Wednesday, August 14, 2019

La esquizofrenia informativa y sus causas

Por Guillermo Mejía

Si en tiempos pasados los seres humanos se desarrollaron en un espacio público sin estar dominados por la tiranía de los hechos, como en la sociedad contemporánea, sería muy oportuno que los hacedores de la información, especialmente los periodistas, asumieran una visión integral de los fenómenos y le apostaran a la ética informativa.

“Los hombres y las mujeres vivieron y convivieron socialmente sin los hechos, y sin la tiranía de los hechos, durante muchos más siglos de los que no pensamos. No existía ninguna palabra para significar lo que nosotros entendemos por hecho ‘mediático’ (el factum latino era otra cosa)”, afirma el profesor José Francisco Serrano Oceja.

En ese sentido, ese mundo pasado no era “un conjunto de hechos”, sino una armonía, un orden, una sintonía marcada por la batuta de la heteronomía de la realidad, según nos ilustra el catedrático español; en cambio, ahora lo que prima es la posmodernidad o la tardomodernidad, en la que los hechos resultan aburridos.

“La recuperación ética, y de la ética, en el ámbito de la información, en clave de contribución clarificadora, no camina por otros derroteros diferentes de los del encantamiento de la realidad por la realidad, los de la recuperación del saber periodístico informativo como auténtico saber social”, afirma Serrano Oceja.

“La lógica de la información se ha hecho demasiado simple respecto a la complejidad de la historia y ha abierto las espuertas a unos procesos más complejos de manipulación de la información y de la historia”, advierte, al tiempo que señala cómo en el presente lo que impera es la visión mecanicista del hecho por parte de los seres humanos.

A partir de constatar la esquizofrenia informativa en que nos vemos envueltos en la sociedad contemporánea –según Serrano Oceja-, es necesario traer sus causas:

Uno: El cambio de estatuto de la información en nuestra sociedad: la inflación de la información, dentro de un sistema de polución comunicativa en donde todo el mundo se expresa, tiene algo que decir, afirmar, aportar, produce que el público tenga dificultades a la hora de la criba, a la hora de establecer los criterios que definan la información y los efectos de la información. En ese sentido se genera un oscurecimiento de la información y el valor de la información para el receptor. Los actores, además, presentan cartas de legitimidad informativa sólo con el hecho de estar presentes, o de poseer, los medios de la difusión de esa supuesta información.

Dos: Hay un oscilamiento en el estatuto de la comunicación y de la información causado por la banalización de las nuevas lógicas de la comunicación. En las sociedades abiertas todo el mundo quiere aparecer en el espacio público, que es donde parece jugarse el desarrollo y la autodeterminación social. Los que dan el paso, seleccionan y modulan las presencias se convierten en los protagonistas por lo que asumen un papel que no siempre está legitimado por una función, sino por los intereses de quienes controlan ese espacio público. No existe, para mayor agudización del problema, una correspondencia entre los criterios de selección de las informaciones que aparecen en el espacio con los de recepción por parte de los receptores. Con lo que se otorga una excesiva legitimidad a los que forman parte de ese círculo de la actividad pública en un sistema en el que los seleccionadores y seleccionados se autoprotegen.

Tres: Hay, también, un cambio de las relaciones entre información e historia. No existe identidad sin historia, ni identidad sin información. La disolución de la información social, como saber constructivo, es y significa la disolución de la historia. Por otra parte, la violencia y sus formas siempre han estado ligadas a la ausencia de información, a la ignorancia. Una de las mayores contribuciones de la información ha sido la reducción de la ignorancia para limitar la violencia. Hoy este fenómeno se vuelve más complejo a causa de la injerencia mediática. Saber todo rápidamente es una solución demasiado simple para reducir la violencia en la historia con lo que los medios planifican situaciones más sutiles de injerencia mediática. Entre otras manifestaciones de este hecho está la práctica de los medios de señalar los lugares de acción política y militar, y crear el rol de “media-diplomacia”.

Cuatro: Hay una mutación en la relación entre información y confianza del público. Esta confianza es clave para la legitimación periodística. Si se tiene la confianza del público los periodistas pueden ejercer el contra-poder. No se pierde la relación en la medida en que los periodistas contribuyen de forma decisiva a la estructuración del tiempo de hoy de los ciudadanos, pero sí en cuanto al contenido de esa estructuración que se deriva, inexorablemente, hacia el entretenimiento y sus formas híbridas, como el denominado info-entretenimiento.

Concluye Serrano Oceja: “Vivimos en el frágil triunfo de la información que nos lleva, como se ha afirmado últimamente, a la crisis del periodismo. A partir de la presión demasiado fuerte de los hechos debido al presencialismo de la información, de la tentación del conformismo y de la reducción de la producción de la información a una gigantesca pirámide invertida, nos encontramos con que los acontecimientos siempre le ganan la partida al análisis”.

Se necesita una preparación integral de los periodistas bajo la perspectiva de la ética, más allá de las destrezas y rutinas técnicas, para una comprensión del significado de la realidad informativa.

Wednesday, August 07, 2019

La necesidad de recuperar el valor de la información

Por Guillermo Mejía

La ciudadanía permanece alienada con respecto al valor de la información en la sociedad contemporánea, ya que ese producto –que corresponde a un derecho humano- sigue atrapado dentro de la lógica capitalista que lo subordina a los intereses de la publicidad, según el antropólogo Mauro Cerbino.

Según el investigador de Flacso-Ecuador, se trata de un “uso por atracción”, en el cual opera principalmente la función fáctica, la de forzar la atención permanente y no –o no tanto- las funciones referencial y metalingüística. Prevalece el valor de cambio como el valor que se extrae del tránsito de la información a la publicidad.

“La información queda en posición de subordinación, al ser un medio cuyo fin es acaparar y acumular un agregado numérico de meras individualidades como consumidores de publicidad”, afirma el experto, que advierte la pérdida de saberes y conocimiento de los ciudadanos.

En ese contexto, encontramos el papel enajenado de los trabajadores de los medios de comunicación social que reproducen rutinariamente de manera irreflexiva la lógica mediática capitalista de producción de bienes de consumo masivo más allá de que tengan posiciones axiológicas e ideológicas.

“El inmediatismo en el pasaje de la información al consumo de la publicidad está garantizado por una oferta cada vez renovada y de cortísima duración de los acontecimientos informativos, para lo cual no hace falta un trabajo diligente, pausado y reflexivo de parte de los trabajadores”, afirma Cerbino.

“Esos contenidos no son elaborados para traducirse en un conocimiento efectivo de una porción de la realidad o de un acontecimiento –del cual se extrae un valor de uso-; su propósito no es trazar o establecer una historia, sino ofrecer ‘pastillas’ de rápida asunción, aunque no necesariamente de efectiva absorción”, agrega.

De esa forma, los medios de comunicación social administran la ignorancia y el olvido de la realidad y de los acontecimientos, según el autor. “El olvido, porque con este tipo de información se borra cualquier profundidad o perspectiva histórica: la información es lo opuesto de un saber historizado”, advierte.

“De ahí que el contenido informativo elaborado según los criterios de los valores-noticia termina por ser un contenido sin relevancia, porque es el reemplazo sin pausa de uno anterior y el antecesor de uno venidero, todos con las mismas características: afirmar algo y hacerlo sin profundidad argumentativa para volverlo inmediatamente efímero y caduco”, añade.

Los productos periodísticos tienen tan corta duración que después dejan de existir, según señala Cerbino, para quien una de las consecuencias de la desaparición de la historia es que permite a los medios presentarse como si estuvieran “ahí” desde siempre, como una presencia sin historia.

“El presentismo es entonces el modo de construcción de una realidad que no puede o no debe tener relación alguna con la explicación, la contextualización y la mirada retrospectiva. La información se da a conocer sin conocimiento de lo que dice representar”, afirma el investigador de Flacso-Ecuador.

Se cumple el círculo de la producción informativa de tipo comercial que extrae su valor económico desde el negocio de lo abstracto, del cual participan los consumidores distribuidos por todos los rincones del mundo. “La supremacía del tiempo sobre el espacio convertida en rapidez es la gestiona mediáticamente la ignorancia, no el saber”, remata.

El antropólogo Mauro Cerbino aclara los puntos en su libro Por una comunicación del común: Medios comunitarios, proximidad y acción (Ediciones Ciespal, 2018).

Tuesday, July 30, 2019

El Salvador: En el Día del Periodista

Por Guillermo Mejía

El 31 de julio, Día del Periodista salvadoreño, nos encontramos ante situaciones incómodas para el cuerpo de prensa nacional, por cuanto no resultan fáciles las relaciones profesionales con la presidencia y los diputados no dan respuesta ante las demandas de una ley que proteja a los trabajadores de los medios de comunicación social.

Desde gremios locales, como la Asociación de Periodistas de El Salvador (APES) y la Mesa de Protección de los Periodistas –que agrupa a varias instancias de la sociedad civil- se denunciaron las condiciones en que se labora en las empresas periodísticas, así como la urgencia de que se apruebe la ley que proteja a los comunicadores.

Como he sostenido en varias ocasiones, los problemas que enfrentamos los periodistas son sumamente reconocidos. La sociedad cuenta con una variedad de documentos, en especial de periodistas y académicos, pero hace falta meterle más de lleno al análisis, la interpretación y la reflexión a fin de propiciar el cambio.

Si bien el país no se queda atrás en el desarrollo tecnológico, no pasa lo mismo en cuanto a la madurez de los periodistas ni en la de la mayoría de dueños de los medios, gremios empresariales y políticos. La cerrazón ideológica da al traste con el interés por reivindicar la profesión.

Los problemas de la comunicación social no solo son de los periodistas, sino de la ciudadanía, ya que están en juego los derechos a la información y a la comunicación, que son pilares para profundizar el proceso de democratización, luego de firmada la paz, en enero de 1992, tras doce años de guerra civil que dejó por lo menos 80 mil muertos y ocho mil desaparecidos.

Años atrás elaboramos con el periodista Raúl Gutiérrez el “Ensayo: Deudas del periodismo salvadoreño frente al proceso democrático” donde abordamos el problema desde diferentes ángulos.

Los problemas del periodismo, los periodistas y los medios de comunicación se mantienen al igual que el atrincheramiento ideológico de patrocinadores y empresarios; mientras, el desinterés ciudadano por participar en los temas que le incumben es obvio y lo cívico no está en la agenda del grueso de la prensa.

Algunos problemas de los periodistas y la comunicación en El Salvador que reseñamos con el colega Gutiérrez fueron:

La injerencia político-ideológica de los propietarios inunda los medios. El ejercicio periodístico no está garantizado por las distintas condicionantes a las que se ve sometido el periodista. Cualquier intento por reivindicar la función social de la prensa se enfrenta con: censura, autocensura, amenazas de despido y marginación.

Necesariamente y debido a esa misma situación, la sociedad se ve expuesta a muchos productos periodísticos deficientes, descargas de propaganda que en nada contribuyen a la construcción de ciudadanía. En esa dirección, los periodistas –por negligencia o sometimiento- dejan de lado los preceptos elementales de la ética periodística.

Pese a estas circunstancias, siempre existe un incipiente movimiento periodístico interesado en promover el buen hacer en el periodismo nacional, además de reivindicar el sentido de pertenencia gremial y a partir de ello la defensa del derecho a la información y la comunicación.

Los periodistas nos enfrentamos a una deuda con nosotros mismos y con la sociedad en general. La reivindicación de nuestros derechos frente a los propietarios de los medios continúa pendiente. Sin embargo, la solución al problema del ejercicio periodístico y la naturaleza de los medios de comunicación no sólo está en manos de los periodistas, sino que en ella deben participar los diferentes sectores de la sociedad.

Y es ahí donde también existe indiferencia, falta de comprensión y ausencia de crítica, porque la gente consume los productos periodísticos sin reflexionar sobre la calidad de estos y el daño que recibe. Bajo estas circunstancias es difícil la construcción de ciudadanía, además se coarta la participación activa de la población en el afianzamiento de la democracia.

Muchas de las preocupaciones tienen actualidad. Aún falta concretar cambios cualitativos en el periodismo, la información y la comunicación. Por eso tenemos que potenciar la reflexión crítica entre periodistas, entre académicos, entre los ciudadanos comprometidos.

En la actual coyuntura, el problema se complejiza por varias situaciones que resultan preocupantes.

La presencia cada vez notoria de las nuevas tecnologías de la comunicación y la información que –frente al analfabetismo digital y el irrespeto a aspectos morales- facilitan prácticas nefastas en periodistas, líderes de opinión y ciudadanía, en general, debido a que fácilmente se cae en vicios como calumnia, difamación e injuria.

Por eso, es frecuente encontrar malas prácticas periodísticas que promueven las Fake News, materia prima de las industrias culturales, máxime con la presencia de figuras políticas como el presidente Donald Trump, de Estados Unidos; Jair Bolsonaro, de Brasil; a los que se unió Nayib Bukele, de El Salvador.

En ese marco, dentro de las denuncias se encuentra los enfrentamientos de Bukele con algunos periodistas que han criticado su forma de gobernar, en especial su disposición a no comparecer formalmente ante la prensa y privilegiar las redes sociales para “informar” sobre su gestión o exponer sus puntos de vista.

Por lo que se ve, hay materia pendiente. Feliz Día del Periodista.

Tuesday, July 23, 2019

La prensa incómoda ante el ejercicio del poder

Por Guillermo Mejía

Son frecuentes los casos en que los gobernantes se molestan por el tratamiento informativo de los periodistas sobre lo que hacen o dejan de hacer –conforme a sus planes o vicisitudes del momento- cayendo en la tentación, muchas veces, de interpretar el papel de la prensa como una extensión del ejercicio del poder.

Es más, confunden el trabajo de los comunicadores con el de amanuenses al servicio del monarca, desde una visión maniquea, entre el bien y el mal, menospreciando el derecho a la información de las sociedades que requieren conocer a fondo los asuntos públicos, a la vez que tienen derecho a dar a conocer sus opiniones.

Hay que advertir que ese tipo de aberración no es de los últimos tiempos, ni tampoco una respuesta del poder a la presencia de las nuevas tecnologías en la vida cotidiana o la incursión de los medios de comunicación en la esfera digital, sino ha sido una vieja tentación que demuestra el menosprecio hacia la transparencia, el acceso a la información y el debate democrático.

Cuando nos referimos que hay casos frecuentes vale recordar el comportamiento de gobernantes como Donald Trump, en Estados Unidos; Nayib Bukele, en El Salvador; Andrés Manuel López Obrador, en México, entre otros, que, por ejemplo, adoptan posturas autocráticas, xenofóbicas, el primero; excluyentes y descalificadoras, el segundo; y mesiánicas, el tercero.

Eso sí, han sabido utilizar a su favor los recursos de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación, en especial las redes sociales Twitter y Facebook, donde –hay que asumirlo de manera crítica- han “atrapado” a los periodistas, que convierten en noticia cualquier expresión, sin importar su trascendencia.

Desde el análisis de los medios de comunicación y el ejercicio del poder se ha llegado a concluir que las Fake News o noticias falsas (sobre todo difundidas por gobernantes u otros líderes de opinión) alcanzan mayor alcance gracias a que los mismos periodistas se encargan de sacarlas de las cuentas que las producen. Eso dice mucho de la práctica periodística que valdría una revisión a consciencia.

Recordemos que, además de escudriñar el ejercicio del poder, favorecer el debate sobre los temas de interés público y aclarar el rumbo de las sociedades, en el marco del ejercicio democrático, el periodismo honesto debe preocuparse por ser exacto, justo e incluyente. Y no puede caer en el error de sacrificar los postulados éticos en la carrera por la primicia.

Hay que decir, a la vez, que el comportamiento de los gobernantes de turno –como los que citamos- es planificado, de ninguna manera es improvisado, son prácticas en abierta sintonía con las estrategias del marketing político que ha venido a menospreciar los derechos ciudadanos en la búsqueda de ganar mentes y corazones del conglomerado.

Si no, no tendríamos a Donald Trump tuiteando ofensas a cualquier hora, sin importar las madrugadas; ni a Nayib Bukele hablando de su “gobierno 24/7” a la par de cualquier disparo en las redes sociales; ni a Andrés Manuel López Obrador, con sus “mañaneras” donde incluso se pelea con periodistas que se salen del guion de apostarle a “las transformaciones”.

Las sociedades actuales necesitan más que nunca el papel escrutador de los periodistas, para acercar a los ciudadanos a los temas de interés público y el ejercicio del poder que constitucionalmente les pertenece, ya que los funcionarios –comenzando por los presidentes de turno- son servidores públicos que tienen que dar cuenta de sus actos.

A las quejas de los gobernantes ante la prensa incómoda, pues, la única respuesta es que los periodistas profundicen su papel crítico ante el ejercicio del poder.

Tuesday, July 16, 2019

El adormecimiento popular en la esfera digital

Por Guillermo Mejía

Si bien la esfera digital es la innovación que ha generado más cambios en la vida social del colectivo y en las formas de comunicar entre los seres humanos, es necesario subrayar que en ese espacio se configuran redes de poder económico en un mundo digital que es concatenado con el discurso de la libertad, pero que esconde el sometimiento de la sociedad.

Son conclusiones a las que han llegado los maestros Carola García Calderón y Raul Anthony Olmedo Neri de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) en el ensayo “El nuevo opio del pueblo: Apuntes desde la economía política de la comunicación para (des)entender la esfera digital” aparecido en Iberoamérica Social: Revista-red de estudios sociales.

El ser humano se esclaviza por su propia voluntad: “Es decir, el individuo cede su libertad a cambio de la seguridad en su vida y bienes que el Estado le garantiza; no obstante, la esfera digital requiere de un nuevo contrato, y con ello de un intercambio diferente: se cede la esencia del individuo a cambio de su existencia en dicho mundo”, señalan los autores.

“Así, las redes digitales en particular y la internet en general, se han convertido en el nuevo opio del pueblo ya que su fascinación es la fuerza que ata a los sujetos y los condiciona a ingresar en ese nuevo mundo. Esta es la otra cara de la libertad digital: la acumulación de información del individuo para fines comerciales y políticos”, advierten.

Al volverse digital, según los académicos de la UNAM, el individuo identificado en sus rasgos más básicos (nombre, edad, fecha de nacimiento, entre otros) comienza a ser analizado y después de ser segmentado a través de su interacción digital pasa a formar parte de los bancos de datos que son vendidos al mejor postor.

“Se ha pasado del Big Brother al Big Data en el que ‘la entrega de datos no sucede por coacción, sino por una necesidad interna’ (…), la cual es interna tanto para el individuo en su intento por adaptarse al nuevo mundo virtual, como para el sistema capitalista en su proceso de transición al capitalismo cognitivo”, agregan.

Para García Calderón y Olmedo Neri es la primera falacia digital donde se configura la hipersegmentación del mercado para las empresas que intentan incrementar sus ventas ante consumidores que son cada vez más intolerantes a la publicidad. La esfera digital se vuelve un mundo donde la información se vuelve mercancía y la identidad dinamiza el capitalismo.

Por otro lado, el nuevo espacio se caracteriza por una sobrecarga de información de diversas fuentes en las que fluye un nivel amplio de datos, fechas, hechos y acontecimientos que dejan de ser información y se vuelven ruidos, según los autores, lo que evita escuchar la otredad. Además, se desdibuja la división entre el espacio público y privado para dar cabida al espacio digital.

“El ejemplo de esta situación son las redes sociodigitales, en las que existe un proceso de socialización replicado de la realidad social, en donde se expresan los procesos de la vida cotidiana aunque en un modo narcisista en el que se busca la atención (…) llegando a la pornografía de la comunicación y a la inanición social (…)”, precisan.

“Así, la aparente socialización que se da en la esfera digital es, de hecho, su segunda falacia toda vez que no es comunicación, sino interconexión. Es decir, no es el intercambio de mensajes o códigos lo que caracteriza la comunicación en lo digital, por el contrario, la comunicación se condiciona a una conexión, reduce la acción a una vigilancia pasiva entre los individuos y se inhibe el sentido humano por el afectivo que emana del narcisismo”, añaden.

Se completa el cuadro con la tercera falacia que -para los catedráticos universitarios- se encuentra en las redes sociodigitales ya que la movilización social, la protesta, la ruptura, la lucha reivindicativa se inhiben ante la simulación de participación en lo virtual, porque “la indignación digital no puede cantarse. No es capaz de acción ni de narración (…)” en tanto no alcanza incidencia en la realidad.

Y concluyen: “Sólo se limita a la reproducción al infinito de la simulación. Por esto las redes sociodigitales en particular y la esfera digital en general responden a la misma acción de los medios de comunicación tradicionales: la simulación de la participación y consecuente (in)acción de los individuos. Una baja participación, con una simulación a partir de asentir con un like, o con la brevedad de los caracteres de twitter, generalmente recubierto con la replicación de contenidos más que con la generación de un diálogo”. Es, de acuerdo con Byung-Chul Han, el espacio del me gusta, donde la explotación no reprime, sino que genera consenso y dependencia.

Para García Calderón y Olmedo Neri, la Economía Política de la Comunicación se presenta como un cuerpo teórico-conceptual que da herramientas de análisis crítico para reconceptualizar la esfera digital en general y los procesos que se van generando en ese espacio, habrá que esperar en qué medida dicha evaluación puede trascender lo académico para dar paso a la reestructuración política y a la verdadera apropiación social.


Tuesday, July 09, 2019

Los desórdenes informativos en los tiempos de la posverdad

Por Guillermo Mejía

La ilusión de que con la llegada de las nuevas tecnologías se democratizó la comunicación por la presencia de otras voces, así como se cualificó la información con el acceso a productos periodísticos más refinados no pasó de ser eso, dado la inmensa oferta de lo que se categoriza como “desórdenes informativos”.

“Lo que sucede con los conceptos ómnibus en la comunicación post internet es que acaban siendo utilizados como equivalentes y, en su proceso de extensión social se solapan significados y sentidos. Esto sucede con desinformación, fake news, hechos alternativos, posverdad, deepfakes, etc., como desórdenes informativos”, afirma el maestro Miguel Del-Fresno-García.

Según él, la producción de desórdenes informativos de forma intencional no es una novedad estricta de nuestro tiempo, por mucho que lo sean algunos conceptos, ya que la tecnología de cada época ha jugado un papel crítico a la hora de cambiar la escala e impacto de estos desórdenes en las sociedades. Ejemplos son las elecciones en Estados Unidos y el referéndum del Brexit en Reino Unidos, en 2016.

“(…)la posverdad consiste en la subordinación y reorganización de los hechos desde una voluntad ideológica y política concreta, lo que necesita de un mecanismo de legitimación en el que se persigue naturalizar una epistemología basada en las emociones políticas, dado que las emociones y sentimientos son reales lo hechos que los provocan, los desórdenes informativos, tienen que ser reales…”, señala.

“Esto es, aquello que se siente –no sólo se siente- es, además, la verdad. Con la posverdad nos enfrentamos a una nueva forma de supremacía ideológica como herencia del totalitarismo –con rasgos evolutivos y adaptativos- en el seno de las democracias liberales en tiempos de internet”, agrega el profesor de la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED), de Madrid, España.

De acuerdo con Del-Fresno-García, los desórdenes informativos nos permiten advertir: a) la guerra contra la ciencia desde el ámbito corporativo; b) la crisis de los medios de comunicación nacionales y locales post internet; c) el desarrollo de plataformas tecnológicas que han socializado la capacidad de publicar y distribuir contenidos a bajo coste; d) la crisis de los expertos y los avances en psicología para comprender las bases sicológicas, a través de diferentes sesgos cognitivos; e) lo que ha provocado un cambio en la forma de entender el poder en el siglo XXI, como la capacidad de establecer las relaciones de definición de la realidad misma.

Nos advierte el autor que una de las causas del impacto social de los desórdenes informativos ha sido la crisis de los medios impresos de comunicación tras la emergencia de Internet, que provocó que su modelo de negocio, basado en la publicidad, se haya desmoronado arrastrando al modelo editorial, por cuanto ha habido recortes de personal, sacrificio de la calidad y rigor profesional, entre otros.

“Pero otra causa de los desórdenes informativos se remonta al tiempo en el que los medios de comunicación dejaron de perseguir la información basada en verdades fácticas a favor de dar satisfacción a una objetividad o equilibrio de las diferentes versiones de la realidad, en muchos casos contrapuestas por completo”, añade.

Y sentencia: “Al renunciar a la búsqueda y presentación de hechos verdaderos contrastados los medios de comunicación profesionales llevaron –de forma progresiva buscando su propia imparcialidad o fairness- a las audiencias los debates de opiniones pero también los pseudo debates. La imparcialidad mediática degeneró en equilibrio con sesgo cuando pasó de aplicarse de la presentación de opiniones divergentes a enfrentar los hechos científicos con el negacionismo intencional. Esto es, presentando ante la opinión pública como interlocutores legítimos, como equivalentes e equipotentes, a científicos e ideólogos. Así, se acabó haciendo equivalente lo que no lo era y eliminando en la agenda pública la frontera entre verdades fácticas y desórdenes informativos”.

El colmo es que se facilitó que cualquiera que reclamase ser un interlocutor legítimo pudiese reclamar su derecho a espacio y tiempo en los medios para defender su posición, según Del-Fresno-García, y de no conseguirlo, acusar a medios de comunicación profesionales y periodistas de parcialidad o desacreditarlos por ello. Los medios se convirtieron en una herramienta de los promotores de desórdenes informativos desde la esfera corporativa, propagandistas y promotores de teorías conspirativas o sin base científica.

Se completa el cuadro con la presencia de “cientos de miles de individuos (que) pueden convertirse en productores de desórdenes informativos utilizando plataformas tecnológicas ordinarias, que incluso con simples motivaciones económicas pueden tener consecuencias políticas globales como ocurrió en la carrera electorales entre Hillary Clinton y Donald Trump”, advierte el maestro español.

“La socialización tecnológica de la producción de contenidos tiene como consecuencia la creciente dificultad para establecer las líneas entre el periodismo profesional y la información partisana entre medios de comunicación profesionales y medios alternativos. Muchos de ellos eficaces a la hora de activar emocionalmente a grandes audiencias”, subraya el autor.

Lo expuesto es parte de las excelentes reflexiones del profesor Miguel Del-Fresno-García contenidas en el ensayo “Desórdenes informativos: sobreexpuestos e infrainformados en la era de la posverdad”, aparecido en la revista digital española “El profesional de la información”, vol. 28, núm. 3, correspondiente a los meses de mayo-junio de 2019.