Monday, October 31, 2011

Remembranzas del Bicentenario

Por Guillermo Mejía

-Con mi amor para mi familia afrodescendiente-

Una de las deudas que tenemos los centroamericanos al cumplirse el 5 de noviembre de 2011 los 200 años del grito de la libertad que nuestros ancestros hicieron público esa jornada no exenta de conflictos es que nuestra centroamericanidad quedó sepultada en el mar de intereses mezquinos.

Qué podemos pedir a estas alturas de la historia frente a la fractura de nuestras siete naciones centroamericanas, más el sur indio de México que nos pertenece –el Soconusco histórico- que apelan a la relación económica y política, aunque en la realidad cotidiana de los pueblos queda en el vacío.

Como reconocimiento al aporte intelectual de mi estimado amigo y compañero de viaje periodístico, el historiador salvadoreño Roberto Turcios, director de la Revista Tendencias, de la etapa de esperanza luego de nuestra guerra patria, dejo algunos fragmentos de su investigación contenida en “Los primeros patriotas: San Salvador 1811” (Ediciones Tendencias; 1995).

Nos cuenta Turcios: “San Salvador estaba agitado y revuelto. A las siete de la mañana, las calles de la ciudad eran recorridas por grupos populares que capturaban comerciantes y apedreaban las casas de los españoles. Los ánimos estaban indispuestos, el tumulto en movimiento, la potestad dudosa, nadie manda, nadie obedece y solo el desorden reinaba, dice el Acta-convocatoria”.

“El acorralamiento en que se encontraba el Intendente, las capturas de españoles y las requisas de armas ponían de manifiesto que la ciudad se encontraba bajo el domino de un nuevo poder. La organización del pueblo había dado una sorpresa a las autoridades; si éstas creyeron que era definitivo el sosiego que siguió el tumulto del lunes, cometieron un error de cálculo y deben haber contemplado con espanto a los destacamentos movilizándose por las calles como Pedro en su casa”.

Más adelante Turcios nos cuenta: “Las autoridades coloniales se encontraban prácticamente depuestas y sin nadie que pudiera defenderlas. Así ocurrió en la reunión celebrada el mediodía de aquel martes 5 de noviembre, en que se produjo un nuevo brote de cólera popular cuando los españoles y funcionarios se hicieron presentes”.

Y prosigue: “En cuestión de horas, la fuerza del gobierno quedó notablemente reducida y sin posibilidades de responder militarmente porque las jefaturas fueron abandonadas”.

“La jornada del martes 5 de noviembre concluyó con una victoria patriótica que había dislocado por completo la lentitud del sistema político. El triunfo había sido producto de una alianza entre la organización comunal de los barrios y sus líderes, con los dirigentes criollos productores de añil y con destacadas personalidades religiosas”.

Pero aún faltaba mucho tiempo, hasta 1821, en que nuestra patria centroamericana se librara del yugo español.

Qué bueno para nuestro mundo común que ahora se vuelquen los historiadores e investigadores sociales al encuentro del aporte afrodescendiente centroamericano a la lucha por la Independencia, esos negros y pardos nuestros, que pusieron su cuota de dignidad en esa lucha por la liberación.

Gloria a nuestros ascendientes negros y pardos que nos legaron nuestro color, nuestro pelo ensortijado, nuestros labios gruesos y el orgullo de descender de Africa, la cuna de la civilización, nuestro amor por la música y la acuarela de la vida en nuestra patria centroamericana. Somos uno desde Belice hasta Panamá.

¿Estamos satisfechos? Jamás de la vida. La lucha continúa en la historia contemporánea. Blancos, indios, negros –y las diferentes mezclas- tenemos una deuda pendiente en la conquista de una sociedad más humana, solidaria y sin que perdamos el horizonte de que somos centroamericanos. No perdamos la historia.










Monday, October 24, 2011

La crisis demanda propuestas electorales serias

Por Guillermo Mejía

El luto y la destrucción que nos dejaron dos semanas de lluvia constante por efecto del cambio climático deben servir para demandar propuestas políticas de altura en el marco de las elecciones de alcaldes y diputados de 2012 y las presidenciales del 2014.

Nuestra región centroamericana sufrió 110 muertos, 34 solo en El Salvador, uno de los países más afectados, mientras miles de compatriotas resultaron damnificados y las pérdidas aún parciales ascienden a mil millones de dólares. Un 35 por ciento de la producción esperada en esta cosecha se perdió.

En una cita de la Asociación Médica Británica, que reunió a asesores militares, médicos, economistas y académicos, en días recientes en Londres concluyó que por el cambio climático el precio de los combustibles, la escasez de alimentos y las pérdidas humanas se incrementarán.

Los países tropicales pobres, donde aparecemos los centroamericanos y caribeños, serán los que tendrán los embates más severos como ya lo estamos sufriendo en la zona del Pacífico donde a partir del año 2000 han proliferado las tormentas y huracanes que antes se esperaban solo en el Caribe.

Ante esa situación tan grave, que algunas llaman apocalíptica como si fuera exageración, nos debemos preguntar cuáles son las propuestas de los políticos domésticos que esperan seguir en los cargos públicos o colarse como “nuevas figuras” si con poco que vivimos se notó su angustia o asquerosa manipulación.

Con lo que se espera de aquí en adelante –que ya estamos soportando- sabremos si el marketing de las libertades que pregona la derecha o el de la justicia social que vende la izquierda gobernante nos alcanza para enfrentar con medidas adecuadas la profundización de la crisis integral que se avecina.

Ni vale la pena mencionar lo que dicen otros traficantes y tinterillos que se escudan en otros “partidos políticos” hediondos a ciprés o puestos a la gana.

El punto es que vivimos en la zona más vulnerable y en uno de los países más violentos del mundo, con una población en carestía que subsiste en condiciones pésimas en medio de barrancos, paredones o en el delta del río Lempa que, como bien dice Dagoberto Gutiérrez, ni nace en El Salvador sino en otro país hermano.

Al final, solo el despertar de la ciudadanía podría propiciar el golpe de timón, porque de los políticos domésticos no se espera nada. Lo contrario fuera si desde hace tiempo el eje de acción política fuera la participación de la gente como condición elemental de ejercicio del poder.

Lástima que de quienes se esperaba una actuación más coherente con su discurso –la izquierda que se asume revolucionaria- no se haya tenido mayor compromiso político con las comunidades que urgen de educación política y organización. Hablar de la derecha sería perder el tiempo.










Monday, October 17, 2011

La cobertura mediática del desastre

Por Guillermo Mejía

Con mucha preocupación sobre el desastre que dejó más de 30 muertos, miles de damnificados y pérdidas millonarias, la ciudadanía en general siguió la cobertura de los medios de comunicación que en esta oportunidad hicieron uso combinado de su trabajo en el terreno con las posibilidades que otorgan las nuevas tecnologías de la información y la comunicación (TIC).

También, hay que resaltar el valioso esfuerzo que constituye el que las autoridades respectivas hayan colocado al menos seis radares meteorológicos a lo largo del territorio salvadoreño, los cuales constituyen dos bases importantes, una en cuanto al conocimiento inmediato de las lluvias en el terreno para los expertos y otra para el conocimiento de la población.

En ese sentido, en radios, televisoras, páginas web, entre tantos, las audiencias tuvieron la posibilidad de enterarse de primera mano lo que los periodistas y reporteros, fotoperiodistas, camarógrafos, en fin el contingente de colegas, enviaron a cada instante en una larga y triste jornada de trabajo acompañada de las nuevas tecnologías que rompieron barreras.

Esos recursos digitales promovieron, a la vez, que los espectadores de siempre –acostumbrados al verticalismo mediático- en esta ocasión también asumieran su papel protagónico con su participación en la cobertura tradicional de los medios de comunicación y entraran en escena por medio de las redes sociales que fueron una base sustentable de información para los periodistas.

Resultó muy significativo y loable esa actitud mostrada por muchos que asumieron su compromiso y probaron una muestra de las posibilidades que en momentos críticos -como el de las lluvias que se prolongaron por más de una semana- otorgan las nuevas tecnologías, acción que debería pasar a otros niveles en cuanto a la necesaria participación ciudadana en los asuntos públicos.

Tal como han reseñado diversos organismos ecologistas, locales y extranjeros, ahora más que nunca hay que prestarle atención al territorio salvadoreño y centroamericano, por cuanto somos la parte más vulnerable del planeta, sujeta a modelos de desarrollos fincados en la explotación desmesurada de los recursos naturales y, por ende, condenada a su desgracia.

Los titulares de la cartera del Medio Ambiente han explicado con mucha propiedad sobre el antes y el ahora de los fenómenos que nos trae el invierno. Si antes la preocupación eran las tormentas y huracanes que llegaban del Caribe, ahora se suman las tormentas y huracanes que se forman en el Pacífico, y cada vez más cerca de las costas salvadoreñas –como en este octubre.

Por consiguiente, la vida ya no será igual, las lluvias llegadas desde el mar nos confirmaron que podemos ser víctimas de fenómenos prolongados en tiempo y espacio. De ahí la importancia que desde el Estado y la sociedad civil organizada –donde sería muy oportuna la labor de los medios de comunicación- se hiciera un esfuerzo integral para afrontar las circunstancias.

El gobierno debe asumir el papel que le corresponde ante la gravedad del asunto. Los ejemplos sobran, tenemos a miles de familias que habitan a la orilla de quebradas o a la sombra de paredones, así como los que subsisten en condiciones extremas en el Bajo Lempa que año con año son víctimas de las inundaciones. Hay que hacer algo, el tiempo apremia.

Hay que reconocer, pues, la labor de los colegas periodistas en su inmensa cobertura sobre el desastre dejado por las lluvias, la experimentación con las nuevas tecnologías y el arrojo de la ciudadanía que en esta vez se sumo mediante los recursos de la red de Internet para mantener y mantenerse al tanto de los acontecimientos. Nuestras condolencias a las familias de las víctimas.










Monday, October 10, 2011

La tarea de democratizar los medios

Por Guillermo Mejía

En el reciente encuentro sobre la democratización de los medios de comunicación se puso otra vez en colación la tarea urgente de romper las barreras que impiden el acceso y producción comunicativa desde el derecho a la comunicación, que incluye el de información y el de la información, en una sociedad víctima del corporativismo y la instrumentalización de la conciencia.

Bajo la dirección de los colegas de la Asociación de Radios y Programas Participativos de El Salvador (ARPAS) expusieron el Relator de Libertad de Expresión de Naciones Unidas, Frank La Rue; el Presidente del Consejo Federal de Comunicación de Argentina, Néstor Busso; el Secretario de Comunicaciones, David Rivas; y el académico José Luis Benítez, entre otros.

Más que consignar los valiosos aportes de los comunicadores, creo importante evidenciar la ardua campaña en busca de que los sujetos sociales sean partícipes y constructores de mensajes liberadores, críticos y propositivos en un contexto donde ese corporativismo, local y global, impide ese derecho ciudadano que tan solo nos convierte en consumidores.

En estas naciones inmersas en la exclusión, la violencia y la enajenación, que vulneran nuestros derechos sagrados, es una lástima que apenas se vislumbre el croquis del derecho a la comunicación, que se convierte necesariamente en una discusión marginal y aislada frente a otros temas que de repente entran en agenda ante necesidades insatisfechas.

De ahí la importancia de que en estas sociedades se construya ciudadanía, máxime en tiempos de globalización que impone cambios económicos y culturales, que confunde las fronteras que hasta hace poco reconocíamos, además del ir y venir de valores y antivalores que trascienden de lo local a lo global y viceversa.

Como bien dice el radioapasionado José Ignacio López Vigil, la labor invaluable de la “ciudadanización” debe comenzar por “ciudadanizar” nuestro cerebro: “La ciudadanización tiene que ver con las capas superiores donde residen las funciones cognoscitivas, las que nos permitieron trascender los impulso irracionales”. La fórmula, entonces, es la educación.

El mentor recuerda al filósofo Sócrates que en una labor educadora: “Se trataba de descubrir, a base de preguntas bien orientadas y ejerciendo el raciocinio propio, la verdad que está dormida en la mente de cada persona. Igual que la partera ‘educe’ y saca a la luz a la nueva criatura, el que educa ayuda a extraer las ideas más honestas, los mejores conceptos, de otras personas”.

Y agrega: “Cuando hablamos de democratizar la cabeza, nos referimos, claro está, a la educación en valores. En los tres valores fundacionales de la concepción ciudadana –libertad, igualdad y fraternidad- que nos permitirán asumir una actitud nueva ante la vida, una manera desprejuiciada de relacionarnos con los demás”.

De esa manera cobran vigencia los intentos que desde la década de los 70 buscaron la democratización de los medios y la posibilidad de encontrar un nuevo orden informativo dadas las prácticas antidemocráticas, excluyentes, consumistas e imperialistas de los centros de poder hegemónico. La sociedad merece también justicia informativa y comunicativa.

“Desde esta perspectiva, la tarea de los comunicadores, y en particular de los periodistas, se ubica en la comprensión de estos nuevos escenarios, en la necesidad de ayudar a formar conciencia política frente a ellos, y, especialmente, en una tarea de resguardo y construcción democrática donde el diálogo social y la vigencia de la palabra compartida se impone”, escribió en el primer lustro de los años 80 el especialista chileno, Fernando Reyes Matta.

Si bien desde el actual gobierno se propaga la idea de la construcción de medios públicos, con la Radio Nacional y el Canal 10, además de una agencia de noticias, no está fuera de contexto exigir desde la sociedad civil que el Estado haga un verdadero esfuerzo por el derecho a la comunicación, la eticidad en el periodismo y la posibilidad de medios ciudadanos.

En conclusión, falta mucho por hacer, apenas aparece un intento serio por debatir eso de la democratización de los medios. La única esperanza, al final, radica en los esfuerzos de lo que el periodista y maestro Ignacio Ramonet llamó el “quinto poder” ciudadano que combata ese corporativismo mediático que socava las aspiraciones de libertad y justicia en el mundo de hoy.










Monday, October 03, 2011

Hugo Chávez y el morbo mediático

Por Guillermo Mejía

El presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Hugo Chávez, fue puesto al borde de la muerte por la seria enfermedad que padece, esta vez por un periódico estadounidense que no tentó tablitas al informar sobre este caso que desde la responsabilidad periodística tiene que ser abordado con el cuidado de no dañar la dignidad de la persona.

El Nuevo Herald, de Miami, se defendió considerando que tiene fuentes fidedignas, aunque anónimas, para haber lanzado su primicia, aunque Chávez desmintió la versión que consideró “mensajes de laboratorios de guerra sicológica dada la posición política que tenemos en Venezuela”. Dijo que sería el primero en informar si su estado de salud empeora.

El problema del asunto con Chávez, dado lo que representa él y su gobierno, se ha dado en infinidad de ocasiones en la historia contemporánea, si no hay que recordar la cantidad de veces, por ejemplo, que ha muerto –incluso por asesinato- el Comandante Fidel Castro de Cuba. Hay una alerta para no dejar escapar la “primicia” de la muerte de Chávez y Castro. ¡Vaya tarea!

Es ahí donde cabe la reflexión sobre este tipo de conductas periodísticas. Desde la profesión se asume que el dolor y el sufrimiento se tornan de interés informativo, máxime si la persona es de interés público, como en el caso de Chávez como presidente de Venezuela, aunque una cosa es informar con honestidad y otra actuar de forma irresponsable.

“El sufrimiento puede pasar a formar parte de la intimidad del sujeto, en mayor medida cuanto más considere que afecta a su identidad, a su yo”, dice la profesora española María del Mar López Talavera, de la Universidad Antonio de Nebrija, Madrid. Sobre Chávez el abuso ha sido tal que se ha llegado a informar que ya casi, casi se muere. O sea pasó a ser una obsesión.

La catedrática López Talavera nos da una guía de lo que sería una forma responsable de informar sobre el dolor y el sufrimiento:

En primer lugar, además de las exigencias que afectan a cualquier profesional, el informador –ante el dolor- debe mostrar un escrupuloso sentido de discernimiento y discreción en la selección de sus mensajes. No debe olvidar el respeto a la persona que sufre, minimizando el daño de la información que ofrezca, mostrándose claramente humano en su espíritu de servicio.

En segundo lugar, el periodista ha de ser muy severo en el proceso de selección del material informativo que se haya recogido; para eso ha de tener muy claro qué es lo que pretende con su mensaje; cuál es la finalidad de la información y cuáles les partes que se pueden ver afectadas por su difusión.

En tercer lugar, el comunicador debe anteponerse a las consecuencias previsibles que sus decisiones tendrán en los ya debilitados dolientes. Resulta, por ello, muy útil intentar predecir algunas de las posibles reacciones de las víctimas, de modo que el informador sepa en todo momento cómo actuar en caso que se produzcan.

“Será la compasión, el sentido común y el buen hacer profesional del periodista lo que decidirá la conveniencia de difundir o no esa comunicación involuntaria del dolor. La meta del comunicador debería ser minimizar siempre el daño, nunca aumentarlo con su labor informativa, al tiempo que procure hacer todo el bien que le sea posible”, advierte la profesora López Talavera.

Tal como vemos el tratamiento de la seria enfermedad del presidente venezolano, Hugo Chávez, en el sistema mediático tradicional, muchos de los principios esgrimidos desde la academia les salen sobrando. Al menos, los motivos de esta reflexión intentan poner en situación una especie común de mala praxis que vulnera la dignidad de la persona.