Sunday, March 21, 2010

Las imágenes de la discordia y la publicidad

Por Guillermo Mejía

Las quejas de la prensa, en especial de empresarios y editores, han calado con la decisión de la jueza Segunda de Menores, María Isabel Ponce, de iniciar una investigación por la publicación del rostro y la identidad de un menor infractor que asesinó al estudiante Carlos Garay a plena luz del día.

La Ley Penal Juvenil no da pie para interpretaciones antojadizas. En uno de sus artículos prohíbe que los medios de comunicación publiciten las generales y el rostro de menores de edad, por debajo de los 18 años, aunque eso choca con el derecho a la información que ventila el conocimiento de los asuntos de interés público.

Y esa es la defensa de los colegas periodistas, en especial de La Prensa Gráfica, medio en el que apareció la secuencia del hecho de sangre. Como dicen, la labor periodística estima como conveniente la oportuna información y denuncia de sucesos que alteran la convivencia ciudadana.

El antecedente de hace unos años fue el del menor conocido como “El directo” que también fue presentado en el espacio público por la mayoría de medios de comunicación salvadoreños. En aquella oportunidad, periodistas, fotoperiodistas y editores fueron llamados por los tribunales. Al final, los administradores de justicia se retractaron.

Más allá de las razones que expongan abogados y periodistas, en el meollo del asunto debe estar la discusión sobre derechos y deberes de los comunicadores, la legislación respectiva y la situación excepcional que se vive en El Salvador donde al menos 13 compatriotas son asesinados cada día.

No vivimos en una situación normal, el país es uno de los más violentos del mundo que supera en la vorágine a México y Colombia, por ejemplo. De ahí que la discusión pública debe tomar en cuenta ese contexto. El aparato jurídico también debe estar acorde a la excepcionalidad sin caer en la simpleza de que con leyes duras se acabará la violencia.

Que el crimen organizado y el narcotráfico hayan invadido las diferentes instancias del Estado nos obliga a repensar un ataque integral de las causas y efectos de la delincuencia. Ya caímos en el vacío, no se puede negar. El gobierno de la República, junto a los demás sectores, tiene la obligación de responderle al conglomerado.

Desde el espacio mediático que nos corresponde, sería sumamente oportuno que se estableciera un estatuto profesional del periodista donde se recojan legalmente las posibilidades del buen hacer de la comunicación colectiva; es decir, las reglas claras, máxime en circunstancias tan excepcionales como las que vivimos.

Tampoco creemos oportuno que la prensa, en general, se haga la víctima. Más que enviar de manera sensacional una denuncia a foros internacionales sería de mayor provecho para la sociedad salvadoreña que los actores del proceso se sienten, discutan y den los cambios prudentes que amerita la situación.

A raíz del acontecimiento, es un hecho que los medios de comunicación hacen lo posible por publicitarse, por aparentar que son la mejor propuesta comunicativa, etc., con un deje de manipulación. Más de algún colega ha dicho que –tal como está la ley- bien pudieron los editores ocultar el apellido del menor infractor y desvanecer su imagen.

Entonces, bien podemos interpretar que en la mente de algunos colegas periodistas y editores cabe el criterio de oportunidad por el espectáculo más que la consecuencia de presentar un trabajo que, además de respetar a los ciudadanos, englobe la misión moralizadora que debe atender cada medio de comunicación.

Monday, March 15, 2010

Un año del triunfo electoral de la izquierda

Por Guillermo Mejía

Hace un año -por primera vez desde la década de los ochenta- la izquierda aglutinada en el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (Fmln) ganó las elecciones presidenciales con lo que se puso fin a veinte años de gobiernos de la derechista Alianza Republicana Nacionalista (Arena).

El periodista Mauricio Funes celebró el triunfo junto a la cúpula del partido que lo llevó al Ejecutivo, en medio de llamados a la unidad nacional que levantaron muchas expectativas en sectores políticos, económicos y sociales. El programa de gobierno de Funes-Fmln trajo a cuenta necesidades muy sentidas del pueblo salvadoreño.

Hasta ahí las cosas resultaron novedosas, pero hay que revisar, aunque de manera amplia, los saltos y sobresaltos que han ocurrido a lo largo de 10 meses desde el uno de junio cuando Funes asumió el cargo. Las baterías no han faltado desde diversos ángulos, en especial de sus enemigos de la derecha y de sectores desconfiados de la izquierda.

Así las cosas, desde la derecha política y económica resalta el machaqueo mediático en torno a que existen diferencias claras entre el presidente Funes y el Fmln, máxime que desde un principio el mandatario se ha dado el lujo de regañar a miembros de su gabinete, algunos de los cuales ha desautorizado de manera pública.

A la vez, ha delimitado su accionar, especialmente en sus relaciones internacionales, en abierta sintonía con la política estadounidense y bajo el aura del gobierno brasileño, pero a distancia de gobiernos de izquierda como los de Venezuela, Bolivia, Ecuador y Nicaragua, agrupados en la Alianza Bolivariana, algo que disgusta al Fmln.

Para el caso, es obvia la contradicción entre Funes y el partido frente al golpe de Estado en Honduras, el 28 de junio pasado, pues el presidente salvadoreño asumió la tarea de lograr que la comunidad internacional reconozca al gobierno de Pepe Lobo, pese a que la dirigencia del Fmln asegura que aún no se cumplen las condiciones.

Desde sectores de izquierda, se achaca al presidente Funes y a su gobierno un alejamiento de posiciones tradicionales del Fmln sobre el ejercicio del poder desde la gente –tal como fue la promesa de campaña- frente al privilegio por alianzas con familias pudientes y el abandono de medidas que minimicen la carga de los más pobres.

Sin embargo, el gobierno tiene como respuesta la eliminación de cuotas en los hospitales, la entrega de uniformes y útiles a los escolares, las pensiones a personas de la tercera edad, la entrega de títulos de propiedad a campesinos y gestos políticos como, por ejemplo, el perdón por el asesinato de los padres jesuitas y del Arzobispo Oscar Arnulfo Romero.

El dolor de cabeza del gobierno de Funes realmente lo representa la incontrolable espiral de violencia cotidiana (con 13 muertes al día) y la crisis económica que abate a los salvadoreños. Si bien en las encuestas el mandatario aparece con puntajes altos, los rubros de seguridad y economía familiar son las asignaturas pendientes.

La penetración del crimen organizado y el narcotráfico a las esferas del Estado salvadoreño es otro ingrediente que preocupa al gobierno de izquierda. El espaldarazo reciente del presidente Barack Obama en su encuentro con Funes también está sujeto a acciones concretas de combate frontal del narco, un trago amargo en Centroamérica.

Mientras algunos sectores de la derecha local y la estadounidense insisten en que debe investigar el manejo de fondos en el gobierno de Elías Antonio Saca, desde la izquierda del Fmln le demandaron en un acto especial por el aniversario del triunfo electoral que trabaje cerca del partido y que escuche a la dirigencia. Funes ni asistió al acto.

Pero Mauricio Funes apareció desafiante en una carta dirigida “al pueblo de El Salvador” donde afirma: “El 52% de los votantes que me dieron el triunfo hace un año se ha transformado en una inmensa mayoría que aprueba los pasos dados por el gobierno y el desempeño de este Presidente”.

Y sigue: “Este respaldo me reafirma en mi decisión de ser el Presidente de todos los salvadoreños y salvadoreñas, gobernar para todos y con todos, por encima de banderas políticas y de los intereses de sectores”. Al final, agradece al pueblo salvadoreño y le reafirma que “mi único compromiso es precisamente con el pueblo”.

Tuesday, March 09, 2010

El Salvador urge respuestas concretas de Estados Unidos

Por Guillermo Mejía

Celebrado el encuentro de los presidentes Mauricio Funes y Barack Obama, de El Salvador y Estados Unidos, respectivamente, es necesario pasar de la foto oficial y de los reconocimientos mutuos a hechos. La agenda salvadoreña incluye la renovación de los permisos de trabajo, ayuda para el desarrollo y el combate al narcotráfico.

Obama, como todo político calculador, alabó a Funes, y el presidente salvadoreño también se puso a la par. Los gestos diplomáticos inundaron la Casa Blanca. Ahora vamos a la realidad, el presidente estadounidense fue muy reservado ante las peticiones concretas de Funes y la oferta de que Estados Unidos puede ser “socio estratégico” queda en el aire.

Hasta la cita -primera de Obama con un presidente centroamericano-, Funes ha guardado el mismo discurso con que llegó al Ejecutivo. Más que pensar en otros gobiernos, la relación con los estadounidenses es estratégica, por cuanto en ese país viven al menos 2.5 millones de compatriotas que oxigenan la economía nacional y es el principal socio comercial.

En la práctica, ha limitado el interés que el gobierno salvadoreño pueda tener en otros esfuerzos de la comunidad internacional como la recién instalada unidad hemisférica –sin Estados Unidos ni Canadá- o la renuencia a entrarle en serio a la propuesta de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (Alba).

Pero, al contrario, Funes ha encabezado los esfuerzos diplomáticos por el retorno de Honduras a los organismos internacionales, luego del antidemocrático golpe de Estado que depuso al presidente Manuel Zelaya, el 28 de junio pasado, en alineamiento directo con el gobierno norteamericano.

Obama le recordó a Funes el compromiso que tienen, junto a Brasil, de desarrollar los biocombustibles, además del combate al narcotráfico. Funes no escondió prenda: “Le he dicho al presidente Obama que comparto sus valores democráticos y comparto la nueva visión que está intentando construir con el hemisferio, con el continente, pero particularmente con la región centroamericana”.

Obama lo felicitó por su pragmatismo. Funes espera el trago, ojala no sea amargo, de la renovación de los permisos de trabajo para más de 200 mil salvadoreños en septiembre, la extensión de ayuda para el desarrollo y la lucha contra el narcotráfico que cada vez más inunda al Estado tal como sucede en Guatemala y México.

El primer gobierno de izquierda en la historia salvadoreña está bien claro sobre el papel frente a Estados Unidos, pero Obama tiene los leones amarrados. Otro gesto: el nuevo embajador salvadoreño será el empresario Francisco Altschul, que ha sido el encargado de negocios de la embajada, una persona de la izquierda rosada.

Monday, March 01, 2010

El Salvador en la coyuntura política internacional

Por Guillermo Mejía

Los consejos del presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, a su homólogo salvadoreño, Mauricio Funes, que cuente antes de tomar sus decisiones han puesto a pensar a muchos por lo original y pertinente del caso. Empero, hay otros dos elementos que no pueden pasar por alto en la actual coyuntura política internacional.

“Sé la carga que tienes que soportar en tus espaldas para gobernar, sé de las presiones que sufres. Pero hay algo que te va hacer tener el éxito que nosotros tuvimos: jamás pierdas la paciencia, jamás tomes ninguna actitud precipitada; si puedes cuenta siempre hasta 10 si no cuenta de nuevo y ahí tomas una decisión”, es lo que de Lula ha sonado en lo mediático.

También el mandatario brasileño hizo énfasis en que, como fue su experiencia, Funes recibe presiones de muchos lados, en especial de los empresarios y su partido Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (Fmln), por eso la paciencia que le atañe para generar confianza y lograr el cambio. El presidente Funes asumió el reto.

El momento es oportuno dada las características del primer gobierno de izquierda salvadoreño; es decir, la forma en que asume sus papeles y despacha. Mientras desde sectores de derecha se le intenta demostrar que existen contradicciones Funes/partido, en sectores de izquierda se ha llegado a señalar que gobierna para la derecha.

Lula da Silva vino en buen momento, ahora le toca al presidente Funes asumir con mayor certeza los retos que aseguren que valió la pena que los salvadoreños optaran por el cambio. Y, ojo, que la impaciencia no sea mala consejera en el conglomerado, porque El Salvador puede que esta vez siente las bases de la transición, para lo mejor se necesita tiempo.

En ese marco, es bueno referirse a la ausencia por malestares de salud que tuvo el mandatario salvadoreño en la reciente cumbre latinoamericana y caribeña en Cancún, México, donde se asumió la tarea trascendental de integrar la comunidad latinoamericana y caribeña, pero sin la presencia de Estados Unidos y Canadá.

El afianzamiento del Grupo de Río y el CARICOM frente a la maltrecha OEA es una acción en la que no puede extrañarse a El Salvador. Al contrario, puede ser la mejor y justa relación de la hermandad social, política, económica y cultural de nuevo tipo, en la que no prevalezca la hegemonía del Norte proteccionista.

Pese a los motivos del presidente se pueden inferir otras cosas, entre ellas la cautela de su gobierno por lo simbólico de asumir una nueva organización sin la presencia, en especial de Estados Unidos, país que él ha advertido será prioridad dada la presencia de al menos 2.5 millones de compatriotas en la nación del Norte.

El otro punto de importancia es la visita que hará el presidente Funes a su homólogo estadounidense, Barack Obama, el próximo ocho de marzo. La oportunidad es esencial para que Funes pida otra extensión al Programa de Protección Temporal (TPS, en inglés), además que presentará al nuevo embajador salvadoreño en Estados Unidos.

De esa manera, la coyuntura política internacional se muestra interesante y el gobierno salvadoreño tiene que atinarle de cara al futuro. Por el lado doméstico, amerita más y contundentes acciones después del esfuerzo por vender sus planes de seguridad pública y las tareas que conlleven alivio a la ciudadanía en su salud y economía.