Tuesday, December 27, 2005

Periodistas y políticos

Por Guillermo Mejía

Los periodistas y los políticos experimentan, por tradición, una de las peores relaciones que se dan dentro de la sociedad, independientemente que sea de países metrópolis –como Estados Unidos- o periféricos –como Centroamérica. Los políticos condenan, atacan, fustigan o, al revés, lisonjean, condecoran, premian.

Que en nuestro caso sea más salvaje es cierto, porque la prensa, en general, es una extensión de grupos de poder, especialmente los que se acomodan alrededor de gobiernos, y elites que utilizan al periodismo como una forma de presión o ideologización en detrimento de un servicio a la colectividad y el bien común.

Sin embargo, un vistazo a la que se considera la prensa seria de Estados Unidos, por ejemplo, también deja un sinsabor en cuanto a que responde a sectores dominantes, monopolios de la industria cultural y son la viva voz de un imperio que, aunque sofisticado, tampoco es la panacea. Si no veamos los reality shows tan en boga, donde la cursilería y la intrascendencia se vuelcan hacia la conquista de la masas en una relación mercantilista que obviamente deja millonarias ganancias, mientras aleja a la gente de su toma de conciencia ante los problemas que la abaten.

Cada vez más, y eso está muy documentado por intelectuales como Noam Chomsky, la prensa estadounidense va cediendo terreno al área de la publicidad y algo que a uno lo deja estupefacto es que ya nos podemos encontrar con reportajes donde los periodistas se desviven en alabanzas a empresas o productos (conocidos como publirreportajes).

De eso estamos cansados en Centroamérica. En Estados Unidos parecía que ya no existía tal práctica, pero la realidad indica lo contrario. Y en esas decisiones editoriales y empresariales encontramos la mano de los políticos, con nombre y apellido, sobre todo en lugares del planeta donde ostentar esa figura requiere tener dinero.

Y quienes gobiernan los medios de comunicación, en ese contexto, fácilmente sucumben ante los encantos del poder político que entre sus maravillas está el desborde de centavos en la compra de espacios en diarios, revistas, radios, televisoras, etc. a cambio de cobertura, adecuada a sus intereses, o al menos un trato equitativo.

Por eso encontramos en las salas de los medios, incluso en Estados Unidos, a periodistas que pretenden hacer su trabajo desde una trinchera profesional y en concordancia con la ética, así como a tantos (quizás la mayoría) que, a pesar de tener en su último sueño un desencanto, pasaron de periodistas a voceros de los políticos.

Dependiendo del grado de intromisión, al político le puede bastar una simple llamada telefónica, para quitarse del camino a un periodista molesto. O, al contrario, simples tres pesos para congraciarse con el periodista que le sirve en su función, en especial en tiempos de campaña o, para silenciarlo, en momentos de tensión por cualquier hecho que le afecte.

Pero independiente de que el periodista y el político lleguen a un acuerdo infame, asqueroso y denigrante, siempre existirá ese desprecio mutuo que se sienten por cuanto, en primer lugar, el periodista se vende al mejor postor –por infinidad de razones- y, en segundo lugar, al político le desencanta llenarle el buche para tenerlo tranquilo.

De ahí que luego de una cena de transacciones el político llegue al extremo de contar la cantidad de comida y guaro que se atraganta el periodista. Y, el periodista, también llegue al extremo de contar que el político es tan agarrado que quizás no valga la pena seguirle ayudando.

¿Y en Estados Unidos? Es la misma historia, pero con matices. Para el caso, un periodista estadounidense no podría caer en la desgracia de darse a conocer tan vilmente frente a sus compañeros, en la búsqueda de una transa con el político. Es decir, el mecanismo es más sofisticado, aunque al final la razón siempre sea la del que tiene el poder.

Thursday, December 01, 2005

(E)lecciones de Honduras

Por Guillermo Mejía

El ascenso del liberal Manuel Zelaya a la presidencia de la República de Honduras, la forma en que llegó, los miedos que venció y la típica respuesta del nacionalismo, dejan huellas bien marcadas que ilustran a los actores de la vida socio-económica y política salvadoreña.

Pepe Lobo, el derrotado contrincante del partido Nacional, tuvo mucho que copiar de la estrategia electoral del partido Alianza Republicana Nacionalista (Arena), de El Salvador, con la diferencia que su discurso de terror no pegó en la mentalidad de los hondureños.

Aún nos recordamos cuando en la campaña que dio el gane al presidente Elías Antonio Saca se utilizaron como “chivos expiatorios” a los delincuentes de las “maras”, bajo el criterio represivo de la “mano dura”.

Además, siempre lo han hecho desde los años 30 del siglo pasado, también los gobernantes salvadoreños trajeron a la cola el “fantasma del comunismo”, máxime que la ex guerrilla les puso a Schafick Handal como candidato presidencial.

Pepe Lobo acusó a Manuel Zelaya de ser el representante de las “maras” y señaló que el problema de los delincuentes pasaba por aprobar la pena de muerte frente a la cadena perpetua propuesta por su adversario liberal.

También, como parte del guión, el nacionalista dijo que la promesa de “poder ciudadano” de Zelaya era una copia desgastada de los sandinistas nicaragüenses, durante su gobierno de una década en los ochenta, con lo que también apareció el “fantasma del comunismo”.

Pero Honduras no es El Salvador en el quehacer político, aunque se compartan similares problemas socio-económicos con la galopante delincuencia juvenil y el alza desmedida de los productos básicos.

Honduras todavía vive envuelta en una dictadura de dos partidos políticos de derecha, tradicionales, que llevan un siglo repartiéndose el ejercicio del poder junto a los militares: los partidos Nacional y Liberal, cachurecos y colorados, como se conocen.

En este período le toca a los liberales suceder a los nacionalistas que tienen hasta el 27 de enero al empresario Ricardo Maduro, aliado de la oligarquía salvadoreña. Pero llega Manuel Zelaya, a quien Tony Saca ya llamó su amigo personal y aliado geopolítico.

Cuando fue el huracán “Mitch”, en 1998, gobernaba el liberal Carlos Flores Facussé, quien también –como ahora le pasa a Maduro- salió parchado por actos de corrupción, profundización de la pobreza y expulsión de la gente hacia el exterior en busca de mejores condiciones de vida.

Queremos no hacerle de “agoreros” de la mala suerte, pero vamos a ver cuánto va a prosperar Honduras con la llegada de “Mel” Zelaya a la presidencia, en un país donde la izquierda prácticamente no existe y la derecha se reparte el poder a su antojo.

Eso sí, el arribo de Zelaya pasa por la bronca de sus adversarios que, como ocurre cada vez más en Centroamérica, siguen sin aceptar los dictados de las consultas públicas periódicas donde parte de la gente –porque hay mucho abstencionismo- pretende “nuevas” repuestas desde más de lo mismo.

De "Raíces".

Wednesday, November 16, 2005

El Salvador:
La ciudadanía como referencia hacia un cambio en el periodismo

Por Guillermo Mejía

Resumen:
La sociedad salvadoreña necesita un viraje en su práctica periodística que tome como punto central a la ciudadanía. La forma adecuada de lograr el objetivo está en el cambio de mentalidad de los profesionales del periodismo; es decir, la toma de conciencia frente a su papel responsable con esa ciudadanía que aún les da el beneficio de la duda, pero que en algún momento también pedirá cuentas frente a un mandato tácito incumplido.

Una revisión a la pauta periodística o a la forma de estructurar la información en El Salvador, ya sea en medios de comunicación impresos o audiovisuales, basta para concluir que aún se perciben ciertas precariedades.
Generalmente, asistimos a una entrega informativa/opinativa que muestra como actores a prominentes integrantes de las entidades de gobierno, organismos políticos y económicos tradicionales, aderezados con descarga publicitaria.
El discurso periodístico, enfoques, fuentes, relaciones, casi siempre va contaminado por intereses particulares de jerarquías que ordenan a direcciones, jefaturas y editores a disponer de periodistas para su elaboración.
Por mucho que se ha hablado sobre los supuestos avances en el ejercicio periodístico, en medio de la guerra interna (1980-1992) o la etapa posterior a la firma de la paz, no se logra trascender a formas que privilegien a la ciudadanía.
En esa dirección, expuse en años recientes esas precariedades en el ensayo “La prensa engañosa”, publicado en la edición 18 de la web http://www.probidad.org/, que traigo a cuenta para insistir en que no existen variantes.
En aquella oportunidad dije que no me parecía acertado que El Salvador fuera “baluarte de la libertad de expresión y difusión del pensamiento”, mucho menos “pretender mostrar a los medios de difusión como garantes del derecho a la información”. (Mejía: 2002)
Señalé que estamos sometidos a una descarga de información, en cuantía des informadora y dependiente del poder económico y político –de ahí la limitante que parte de quiénes son los dueños-, que muestra la naturaleza de los medios de difusión dentro de una sociedad sometida a la intolerancia, atraso y menosprecio por la verdad y el conocimiento.
“A lo que se puede llegar en una sociedad, como la salvadoreña, en la actualidad es a rescatar niveles de tolerancia y debate, que sí los hay, como es el trabajo honesto que cumplen, por ejemplo, Canal 12 en sus espacios informativos y de opinión, el diario Co Latino, en medio de las adversidades, y algunas radios de naturaleza comunitaria”. (Mejía: 2002)
Ironías de la vida, casi tres años después de haber expuesto esas ideas resulta que el periodista Mauricio Funes, conductor de la entrevista y responsable de los espacios informativos de Canal 12, fue despedido junto a otros siete periodistas sin que les dieran explicación.
Es decir, una aproximación al fenómeno en el 2005 nos indica que la situación se muestra peor tomando en cuenta que, por ejemplo, Canal 12 había asegurado un espacio que, poco a poco, se fue perdiendo mientras llegaba más publicidad.
Los otros medios de difusión tradicionales (El Diario de Hoy, La Prensa Gráfica, El Mundo, TCS-Noticias, etc.) siempre han estado encantados con los regímenes de turno, sobre todo con el presidente Elías Antonio Saca, reconocido locutor deportivo de la farándula conservadora.
De ahí que se imponga en el país la urgente necesidad de que los profesionales del periodismo reflexionen a fondo sobre el papel que les corresponde. Además de estar organizados ante las adversidades, los periodistas deben apostarle a un cambio de mentalidad para acercarse a la ciudadanía con otras propuestas.
A la vez, esa ciudadanía también debe corresponder al periodista para asistirle en su compromiso constante para asegurar el cumplimiento del derecho a la información. Por eso, fue de mucho provecho para el país que diversos sectores se pronunciaran por el despido de los periodistas de Canal 12.

Exclusión mediática

Como bien coinciden teóricos latinoamericanos, a la marginación de los ciudadanos en términos sociales, económicos y políticos, se une también la exclusión mediática dado que se les ve sobre todo como consumidores.
En ese marco, los medios “no son sino la expresión más visible o un elemento más de una estructura de desigualdad que tiene que ver no solo con indicadores económicos, sino fundamentalmente con las maneras en que los seres humanos se construyen a sí mismos en su relación con los otros, en condiciones de respeto mutuo y de equidad”. (Reguillo: 1998)
Según la especialista, poco se ganará con la apertura de los medios de comunicación o con la creación y fortalecimiento de redes comunicativas al proyecto dominante, sin un trabajo previo para el desmontaje crítico de los dispositivos, discursos y mecanismos que naturalizan la exclusión y expropian la posibilidad de la palabra, a los seres comunes, que dé sentido a un presente siempre pospuesto por las glorias de un futuro que siempre está en fuga.
Desde ese perspectiva, se pueden reconocer tres formas específicas de tratamiento inadecuado dentro de la sociedad.
En primer lugar, al fortalecimiento del discurso triunfalista del mercado y el neoliberalismo se une la desaparición paulatina del papel benefactor del Estado, a la vez que los pueblos cada vez son sumidos en la pobreza.
En segundo lugar, los pobres son presentados como “directamente productores de la violencia, de la inseguridad y el deterioro de las sociedades” (Reguillo: 1998). Los medios “establecen para cada acontecimiento una sola verdad, un solo ángulo de interpretación, deshistorizando los procesos que propician el inmediatismo y la lectura simplista de acontecimientos que requerirían marcos de intelección profundos y reflexivos”.
En tercer lugar, las mujeres, los indígenas y los jóvenes pobres se convierten en las tres figuras sobre las que se descarga toda forma de discriminación bajo prejuicios o estereotipos.
Un caso patético en El Salvador es que en medio del proceso electoral de 2004, los jóvenes integrantes de las “maras” fueron presentados como “demonios” por el gobierno a fin de conquistar mentes y corazones.
Los respectivos planes “mano dura” y “súper mano dura” se lograron vender, ante muchos ciudadanos, definitivamente en los medios de difusión. Tomando en cuenta que nos dirigimos hacia otro proceso electoral, vemos que la campaña continúa.
De esa forma, no se garantiza el sentido de responsabilidad en el ejercicio periodístico, condición que va más allá de la simple retórica mediática que habla de “objetividad” y “equilibrio”, pero que en el fondo es una estratagema de quienes anteponen intereses particulares a una función social.
El intelectual José Joaquín Brunner asegura que en Latinoamérica se confirma que “en efecto, la esfera pública, en vez de ser un espacio neutral al cual todos acceden libremente y en iguales condiciones, se ha transformado en un mercado de las comunicaciones y la información”.
Un mercado “estructurado desde el lado de la oferta como un sistema industrial y, desde el lado de la demanda, como un agregado de públicos que consumen noticias, interpretaciones y entretención”. (Brunner: 1999)
Según el académico, la discusión sobre el bien público es asimétrica pues se halla determinada por la oferta. Y la distribución de oportunidades para acceder al debate es desigual, porque el poder del público se limita a expresar su lealtad a un medio o a ejercer su opción de elegir entre medios competidores.
Más allá del simple moralismo, es una realidad lo que Ramón Reig (1995) llama “efecto de hibernación” sobre los ciudadanos que se ven sometidos al “oleaje” informativo continuo, que en el fondo los confunde y adormece.

La perspectiva ciudadana

Trabajar con la gente en la práctica periodística, desde una forma de inclusión, significa un compromiso en la construcción de ciudadanía; es decir, el medio de difusión como garante de la expresión popular bajo criterios de responsabilidad frente a derechos y deberes.
La comunicóloga Ana María Miralles (1999), de la Universidad Pontificia Bolivariana, de Colombia, sostiene que sería “fortalecer el papel de la sociedad civil y revitalizar el sentido de lo público”.
Hasta ahora, la relación medios-ciudadanos es al revés: la presencia muy pasiva de la gente a expensas de una oferta mediática adormecedora (con raras excepciones) propuesta por unos profesionales que trabajan en una dirección o vía.
Difícilmente, se puede hablar de intercambio o comunicación por la sencilla razón de que los medios descargan un torrente informativo/opinativo desde el poder, bajo los criterios y intereses de éste.
Al contrario, el trabajar desde la gente, sería “tener más en cuenta el punto de vista de los ciudadanos para hacer la agenda informativa y ofrecer elementos para que esos temas de iniciativa ciudadana encuentren canales hacia la acción, a partir de la información y la convocatoria de los medios a la deliberación pública”. (Miralles: 1999)
A partir de la categorización teórica, estamos hablando de un periodismo que se ubica en lo ciudadano, en lo público, en lo cívico. Uno de los presupuestos es que al que se le delega poder tiene que ejercerlo, pero en función de la gente.
La profundización de la democracia necesita urgentemente de información que otorgue vida no que cause frustración, apatía, indiferencia, fatalismo o conformismo.
Los medios al no responder al interés ciudadano, sino a los intereses del poder, donde se conjugan funcionarios y expertos, han producido indiferencia, alejamiento y cinismo en la ciudadanía.
En ese sentido, ejercer desde la ciudadanía equivaldría a sacarla de su condición de espectadora y pasarla a la condición de actora de su destino, mediante la participación activa en la búsqueda de un mejor porvenir.
“La idea de bien común se construye por medio de la deliberación. Es decir, no se parte del supuesto de un bien común pre-establecido y por eso de cierto modo se trata de una búsqueda abierta de los consensos básicos, la misma en que está empeñada el periodismo cívico, que no busca imponer los contenidos de la agenda ciudadana sino facilitar su configuración, cualquiera sea la orientación que tenga”. (Miralles: 1999)
¿Cuáles son los contenidos? La información obviamente es la materia prima del periodismo, lo que cambia es la perspectiva. El compromiso ciudadano implica hablar desde la gente, conocer su ambiente e integrarla en la construcción de la agenda periodística.
Claro que, como buen periodismo, necesita investigación, claridad en la exposición, argumentación, a la vez que formas creativas para dar a conocer con detalles esa riqueza informativa que está ausente en el periodismo tradicional.
Es más que contrastar promesas políticas con obras cumplidas como algunos medios de difusión conciben su papel frente a la ciudadanía. Es darle voz en todo momento a la gente, que tiene el derecho de participar en la comunicación.
Es un modelo que tiene que irse construyendo paulatinamente con la presencia de la ciudadanía. El avance que en algunos medios presenciamos aún no ha pasado de abrir cierto debate con la participación de diversas corrientes políticas o de expertos consagrados por esos mismos medios.
De ahí que hemos visto, leído o escuchado opiniones diversas pero, sobre todo, de quienes ejercen poder a partir de una entidad que ha sido legitimada por los periodistas. La gran ausente es la ciudadanía de a pie.
“Dar voz pública a la ciudadanía, pasa necesariamente por procesos deliberativos de formación de opinión pública, que se constituyen en toda una práctica pedagógica, con un sentido renovado de la política que ya no estará exclusivamente en manos de los ‘políticos profesionales’ y que no necesariamente tiene que pasar por las instrucciones creadas en el sistema representativo (tales como el parlamento, las asambleas o los concejos), sino que se mueve en espacios más abiertos y definidos desde un punto de vista predominantemente cultural, más cerca de los sistemas simbólicos de la gente”. (Miralles: 1998)
Pero la tarea es ardua y llena de retos. Teóricamente, se han definido de la siguiente manera:
-Necesidad de un compromiso mayor con lo público desde el periodismo. La existencia de una vida pública fuerte tiene una relación directa con las propias condiciones de existencia de los medios.
-Es imperativa la sintonía con la participación ciudadana debido a los cambios que se han dado en la propia esfera política. Esta participación deberá hacerse extensiva a la elaboración de la agenda de los medios que, así sean algunos de ellos empresas privadas, están cumpliendo un servicio de responsabilidad que se enmarca en el terreno de lo público. La polifonía de voces solo será posible si hay apertura en la configuración de la agenda.
-Cada vez se hace más evidente la necesidad de hacer más transparente lo público. La lucha contra la corrupción requiere no solamente de la clásica prensa fiscalizadora, sino de ciudadanos participantes que no solo denuncien sino que impidan el fraude público. Ese ciudadano participante tendrá que contar con el respaldo del periodismo, sin que ciudadanos y medios acaben usurpando las funciones propias de la justicia.
-La comunicación entre los políticos y la gente, la formación consensuada de las decisiones deben ocupar hoy un lugar destacado. Hay abundancia de información, pero es preciso reforzar las formas comunicativas: es cuestión de gobernabilidad democrática. (Miralles: 1998)
Qué bueno sería para la profundización de la democracia que contáramos con periodistas comprometidos con lo que el filósofo alemán Jürgen Habermas (1986) llama formación de una opinión pública crítica (o real) frente a una opinión pública manipulada.
La primera definida como la que permite hablar de un auténtico Estado de derecho democrático, la segunda es la realidad de la ciudadanía atrapada por el incansable bombardeo informativo-publicitario-propagandístico que la aleja de su verdadera realidad.
Ignacio Ramonet (2004) piensa que “estamos en un sistema que poco a poco considera que hay valores importantes (instantaneidad, masificación) y valores menos importantes, es decir menos rentables (los criterios de la verdad). La información se ha convertido ante todo en una mercancía. Ya no tiene una función cívica”.
Y también está conciente de que la ciudadanía tiene la responsabilidad de prepararse para dilucidar la oferta mediática con sentido crítico.
En el caso de esta reflexión el énfasis es que los periodistas caminen hacia el cambio haciendo el trabajo que les corresponde desde la ciudadanía. El periodismo es un vehículo idóneo para reivindicar a la gente.

Fuentes consultadas:

-Brunner, José Joaquín. “Medios, Poder y Globalización en América Latina”. En: Seminario Internacional “Periodismo, Etica y Poder, [En línea]. 6 de mayo de 1999. Disponible en: <http://www.geocities.com/brunner_cl/prensa.html>

-Habermas, Jürgen (1986) Historia y Crítica de la Opinión Pública, México, Ediciones Gustavo Gili.

-Mejía, Guillermo. “La Prensa Engañosa”. En: Revista Probidad, [En línea]. Marzo de 2002. Disponible en: <http://www.revistaprobidad.info/018/003.html>

-Miralles, Ana María. “El Periodismo Cívico como Comunicación Política”. En: Revista Nómadas, edición 9. Septiembre de 1998. Bogotá, Colombia.

---“Qué es el Periodismo Cívico”. En: Revista Foro, Sociedad y Comunicación. 1999. Bogotá, Colombia.

-Ramonet, Ignacio. “El Periodismo del Nuevo Siglo”. En: Revista Etcétera, [En línea]. Julio de 2004. Disponible en: <http://www.etcetera.com.mx/pag52ne37.asp>

-Reig, Ramón (1995) “El Control de la Comunicación de Masas: Bases Estructurales y Psicosociales”. Madrid, Ediciones Libertarias/Prodhufi.

-Reguillo, Rossana. “Un Malestar Invisible: Derechos Humanos y Comunicación”. En: Revista Chasqui, [En línea]. Diciembre de 1998. Disponible en: http://www.comunica.org


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Guillermo Mejía es docente del Departamento de Periodismo, Facultad de Ciencias y Humanidades, Universidad de El Salvador, y editor del periódico virtual “Raíces” [www.raices.com.sv].

Wednesday, October 05, 2005

Las víctimas de la tempestad y nuestra prensa

Por Guillermo Mejía

Con más de medio centenar de muertes, miles de damnificados, destrucción y dolor a flor de piel en El Salvador, las voces consagradas de esta pequeña nación ocupan la espectacularidad mediática para insistir en que volvimos a salir adelante.

Las lluvias por varios días, con esa estela de muerte, y la incertidumbre de muchos pobladores de las falda del volcán Ilamatepec, de Santa Ana, muestran –como siempre- que la condena cae en los pobres pero que su condición, inhumana y vergonzosa, no está en el discurso dominante.

Los medios de difusión –comunicación es una cosa aún inexistente en el país- mucho menos están interesados en discutir y prestar la guitarra para que la gente despierte. Las dos formas insultantes que dominan su labor volvieron a mostrarse a los salvadoreños.

Primero, lo que bien se ilustra en las críticas que solemos hacer en esta página, asistimos minuto a minuto al show mediático por ver quién es el que lleva la ofensiva o desgarrada imagen, irrespetuosa con las víctimas, para ganar raiting.

Segundo, la indulgencia y entrega de estos medios de difusión con el aparato oficial agrupado en el ministerio de Gobernación con su Comité de Emergencia Nacional (COEN) y su figura, el ministro René Figueroa. Con el presidente Elías Antonio Saca obvio que es desde antes de iniciar su mandato.

Bien adelantados, como todo gobierno, escondieron la figura de Mauricio Ferrer, director del COEN, por algunas metiditas de pata, pero salieron adelante con Figueroa y Saca, este último con su peculiar manejo del micrófono frente a la orquesta mediática.

Para colmo de males, el presidente Saca nombró a las figuras prominentes de la gran empresa privada, entre ellos ANEP, ASI, Cámara de Comercio, entre otros, porque son transparentes y responsables para manejar la asistencia a las víctimas de la tempestad.

Saca insistió una y otra vez que nadie se puede comparar a la gran empresa privada en el país en cuanto a esa transparencia, responsabilidad y honorabilidad.

Ni el presidente salvadoreño, ni los medios de difusión, ni los gobernantes en general (en especial los encargados de velar por el medio ambiente), tienen la fineza de recordar, además de la pobreza responsable de las víctimas, el problema de las construcciones en El Salvador.

Vamos muy bien y, aunque venga otro huracán, saldremos adelante (según el gobierno). Para mientras, volverán nuestros hermanos desposeídos a las quebradas a esperar otra tragedia y la clase media a sus casas sin garantía de vida por la acción de honorables que hacen negocio a ultranza.

Así, El Salvador ¡vale la pena! (reza el eslogan vacío).

Monday, October 03, 2005

Emergencia nacional: Muerte y destrucción en El Salvador

Por Guillermo Mejía

Una treintena de muertes y daños considerables han dejado los torrenciales aguaceros que se suscitan en el territorio salvadoreño desde el fin de semana, por lo que el gobierno mantiene una alerta roja.

Las autoridades coordinadas en el Comité de Emergencia Nacional (COEN) informaron que al menos 31 personas perecieron en medio de derrumbes e inundaciones en diferentes puntos del país centroamericano.

A la par, existe la emergencia por los movimientos que se generan en el volcán Ilamatepec, ubicado en Santa Ana, donde han sido evacuadas miles de personas ante el peligro de erupción, según el COEN.

El informe oficial estima que los evacuados por ambas emergencias rondan las 15 mil personas, mientras que los derrumbes y deslizamientos de tierra en unos 300. Los ríos importantes, como Lempa y Grande, han inundado propiedades.

Algunas carreteras principales tienen tramos cerrados por efectos de las lluvias y también se han suscitado accidentes de tránsito. Las clases han sido suspendidas en todos los niveles y se llama a los salvadoreños a refugiarse en sus casas.

El presidente Elías Antonio Saca advirtió a residentes de sectores de San Ramón y Santa Tecla que deben evacuar sus casas ante la amenaza de deslizamientos de tierra en lugares como El Picacho y Las Colinas, respectivamente, por la constante lluvia.

El COEN advirtió a la ciudadanía que el temporal que azota El Salvador continuará por más tiempo y existe el peligro de nuevos derrumbes e inundaciones porque el suelo está saturado de agua.

Como nunca antes, El Salvador es azotado por las lluvias que se generan por la tormenta tropical Stan, ubicada en el caribe mexicano, y la posibilidad de que el volcán Ilamatepec haga erupción.

Desde diversos puntos del territorio salvadoreño habitantes han mostrado su malestar frente a lo que llaman abandono de las autoridades en la emergencia nacional, aunque el gobierno señaló que hace lo que puede para prestar auxilio.

El ministro de Gobernación, René Figueroa, afirmó que en dos días ha caído la lluvia correspondiente a un mes de invierno y se esperan más aguaceros por un tiempo de 48 horas. El funcionario estimó que en la historia salvadoreña no cuentan con una situación similar.

Las lluvias y la crecida de ríos también mantienen en alerta máxima a Honduras y Guatemala, afectadas también por el fenómeno atmosférico. Ambas naciones hermanas también han informado de muertes y destrucción en sus respectivos territorios.

De "Raíces".

Sunday, October 02, 2005

La manía de “agradar”

Msc. Guillermo Mejía

Pretender ejercer la libertad de pensamiento –y tratar de publicar las ideas- es un ejercicio que comienza con la osadía, transita por el camino de la intolerancia y termina en la indiferencia (o muchas veces en el reproche).

Al menos eso encontramos en la realidad, víctimas de la ignorancia, la arrogancia y la inescrupulosa e imperiosa “necesidad” de querer quedar bien. Son muchos los casos en que prevalecen las ideas, desgraciadamente, de quienes pretenden “agradar”.

Y tal parece que el problema estriba en que enfrentamos un monopolio de los canales de pensamiento –en especial si se pretende llegar a los ciudadanos-, con el agravante que los que manipulan los mismos buscan negarlo. Asistimos de esa forma a un escenario donde muchos supuestos libres pensadores caen hechizados por el poder.

Intelectuales americanos y europeos ya han abundado en señalar esa forma depravada de censura (o autocensura). Como bien estipulan, máxime si alguien es (o ha sido) de oposición, cuando por “necesidad” de mostrar “democracia” les otorgan espacio en esos canales son los número uno en silenciarse o tener el máximo cuidado para no caer mal.

Son las clásicas mentalidades vergonzantes. En su mísera condición de velones del poder de inmediato se encuentran con el espanto de que ya no podrán ser “consentidos” por quienes los utilizan, los leen, los escuchan, los ven, etc., porque no hay nada más temible para un “intelectual” de esa talla que perder su condición de privilegiado por un espacio.

“No deseas aparecer excesivamente politizado; te preocupa parecer liante; necesitas la aprobación de un jefe o de una figura con autoridad; quieres conservar la reputación de ser una persona equilibrada, objetiva, moderada; esperas que se te llame para una consulta, para formar parte de un consejo o comisión prestigiosa y, de esa manera, seguir dentro del grupo que representa la corriente principal; esperas que algún día te harás acreedor a una distinción honorífica, un premio importante, tal vez incluso una embajada”.

Con esas palabras explica el problema Edward W. Said, catedrático de Literatura Inglesa y Comparada recién fallecido, quien agrega: “Para un intelectual estos hábitos mentales son corruptores par excellence. Si algo puede desnaturalizar, neutralizar y, finalmente, matar una vida intelectual apasionada es la interiorización de tales hábitos”.

Considero que vale citar otra de sus ideas: “El intelectual no escala una montaña o se sube a un púlpito y proclama desde las alturas. Como es obvio, deseas pronunciar tu discurso donde mejor pueda ser oído; y también deseas que la presentación de dicho discurso se produzca de tal manera que influya con un proceso continuo y actual, por ejemplo, a favor de la paz y la justicia”.

Por las situaciones en que vivimos es imperiosa la necesidad de que elaboremos un discurso que no tenga como principal objetivo esa manía de “agradar”. Y si las voces que propugnamos por nuevas situaciones, donde prevalezca el apego a la verdad y a la justicia, la fraternidad y la decencia, no encontramos eco en los canales de pensamiento oficiales, pues es urgente seguir creando nuestros propios espacios.

Una forma válida, la mejor forma hasta la actualidad, es la utilización de los canales de pensamiento en la red de internet. Hay claros ejemplos de esa experiencia revolucionaria, es la vía alterna de comunicación en la que podemos apreciar la realidad desde otras perspectivas.

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*Msc. Guillermo Mejía, periodista y docente del Departamento de Periodismo de la Universidad de El Salvador.