Thursday, March 13, 2014

El Salvador: La hora del comandante

Por Guillermo Mejía

A partir del uno de junio, el ex comandante guerrillero Salvador Sánchez Cerén –actual vicepresidente de la República- ocupará la silla presidencial al ganar la segunda vuelta electoral del 9 de marzo pasado, con una apretada diferencia de más de seis mil votos sobre su contrincante de la derecha, Norman Quijano.

De entrada, Sánchez Cerén ya habló de que gobernará para los salvadoreños por igual, que no existe odio en su corazón, a la vez tendió su mano incluso a su rival Alianza Republicana Nacionalista para que participe en la construcción de un plan de nación. Al revés, Arena no aceptó la derrota e incluso ha cometido una serie de torpezas políticas para mostrar su desencanto.

En mi artículo anterior señalé que sería inadecuado dejar de lado el contexto en que se desarrolló el proceso electoral en medio de una crisis económica galopante y una situación de inseguridad, que son los temas en que todos los gobiernos en los últimos 25 años han fracasado, y sin que existieran al menos promesas de campaña concretas y realistas.

Tras las elecciones, el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (Fmln) se encuentra parejo con Arena, de acuerdo con los resultados: 50.11 por ciento frente a 49.89 por ciento. Mas ahora caminará solo, más allá de las alianzas que pueda asegurar, y no puede equivocarse. El presidente es de las filas, no hay excusas. Es la hora del comandante.

A continuación les presento fragmentos de posturas que han sido publicadas por intelectuales salvadoreños luego de celebrados los comicios a fin de enriquecer el análisis y la interpretación:

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Sensatez

Por José M. Tojeira

Un buen político debe saber controlar sus emociones. Y más cuando pierde una elección, si la pierde. Por supuesto, quien decide si ganó o no, no es el que participa, sino la institución oficial que controla los procesos electorales. En El Salvador, el Tribunal Supremo Electoral ha venido desde hace varios años, en conjunto, dando pruebas de un mejoramiento técnico y ético. Sigue cometiendo de vez en cuando algunos fallos. Pero la dinámica no es hacia la corrupción, sino hacia la honestidad. Por sus problemas internos, Arena ha perdido al que consideraba su representante en el Tribunal, y eso pone tenso a este partido político. Pero así son las cosas. Y la persona que propone cada uno de los dos partidos principales no está ahí por ser miembro de un partido, sino por sus supuestas cualidades. Si Arena piensa que se equivocó al designar repetidas veces a Walter Araujo, es su problema. De todos modos, de ese problema deberían aprender todos los partidos y nombrar para esos puestos reservados no a personas conocidas por la fidelidad partidaria, sino por su fidelidad a la ética. Porque esta es más difícil de traicionar que la fidelidad a un partido. Si no nombran a ese tipo de personas, los problemas consecuentes son de los partidos, no del Tribunal.

Desde fuera del proceso, los ciudadanos podemos entender que a los políticos se les escapen frases incorrectas, más si han participado como candidatos a la presidencia. Schafik Handal también se equivocó y no manejó bien sus emociones tras su derrota ante Saca. Pero después debe venir la aceptación de la realidad y la expresión de disculpas. El lenguaje es muy traicionero y uno debe estar dispuesto a corregirlo cuando las expresiones son fruto de emociones mal controladas. Que el candidato Quijano haya sugerido y, en cierto modo, invocado una especie de presión de la Fuerza Armada para solucionar su conflicto electoral es un error garrafal. Se lo ha dicho gente independiente, e incluso antiguos colaboradores de su propio partido, conocidos como personas de una derecha civilizada y culta.

Ya en otra ocasión invocó la militarización de la seguridad en El Salvador y tuvo que desdecirse asegurando que no había querido decir exactamente lo que las palabras pronunciadas significaban. En un político, y en El Salvador en particular, referirse a la Fuerza Armada de cualquier manera que suene a salirse de la Constitución es una irresponsabilidad grave. Hacerlo muestra poca capacidad para asumir la Presidencia de la República. Presentar disculpas a la ciudadanía es la única manera de corregir el desafuero. Pero pedir disculpas no está dentro de la tradición autoritaria de nuestros partidos. Tradición que la ciudadanía debe contribuir a que se rompa en beneficio del país y de la decencia democrática. A parte de que nada honra más a una persona pública que pedir perdón por sus errores. (Tojeira, Universidad Centroamericana)

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Un día después

Por Carlos Gregorio López Bernal

Los resultados hasta hoy conocidos muestran que, por una u otra razón, el escenario político cambió, y que aún en el caso de que el FMLN terminara ganando, como la lógica indicaría, asumirá el poder en un escenario muy diferente al que avizoraban en febrero. Podría decirse que el FMLN perdió al ganar y ARENA ganó al perder. Legalmente, en una segunda ronda, la presidencia se puede ganar por un voto. Políticamente, una victoria contundente (como fue la de la primera vuelta) y una por una mínima diferencia, como será esta, tienen significados diferentes. ARENA lo sabe y el FMLN debiera saberlo.

Hasta hoy, parecería que el FMLN, y sobre todo sus candidatos, son conscientes de las implicaciones políticas de este resultado. Tenían que celebrar, no les quedaba otra opción, pero seguro después de su celebración tendrán que analizar y pensar mucho en lo que se avecina. Si su triunfo se confirma, tendrán que enfrentar al país y todos los problemas que el marketing de su campaña obvió. Y además deberán ser conscientes de que ARENA sigue siendo una fuerza política importante, con la que tarde o temprano deberán negociar y llegar a acuerdos.

Esta jornada electoral deja, más bien debería dejar, algunas lecciones a los salvadoreños:
Al FMLN: que cuando la democracia funciona y los procesos electorales son libres y transparentes, no es conveniente dar por segura ninguna victoria. A ARENA, que la entereza para superar un primer resultado adverso no da derecho a ignorar que también se puede perder un margen extremadamente estrecho y que también ese resultado es válido y legítimo. A los analistas políticos: hay que ser más humildes. Pocos reconocieron que los resultados los sorprendieron, y en el fondo estaban realmente sorprendidos. Al presidente Funes: algo ayuda; demasiado desespera. No sería extraño que su arrogancia y prepotencia hayan terminado por hartar a muchos votantes, que al votar por ARENA le dijeron: No más. Usted no está por encima de la ley.

Mucho podría haber de positivo en todo esto. Si los partidos en contienda son suficientemente maduros y aceptan y reconocen los resultados que dé el TSE, la democracia salvadoreña se fortalecerá. Ambos partidos tiene razones para sentirse orgullosos de los resultados, pero tienen muchas más razones para ser humildes, para dejar de lado discursos triunfalistas y excluyentes y sentarse a reflexionar sobre lo actuado y sobre todo sobre los grandes retos que el país debe enfrentar y que ellos, al pretender dirigirlo, deben asumir con plena responsabilidad. (López Bernal, El Faro)

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La dialéctica entre lo electoral y lo político

Por Roberto Pineda

Ante nuestra mirada sorprendida, el panorama político salvadoreño se modificó profundamente durante el transcurso de este 9 de marzo, cambiando radicalmente la segura expectativa de una victoria demoledora sobre la derecha oligárquica representada por ARENA, por la cruda realidad de un claro desenlace en el cual la derecha recupera su caudal electoral y la izquierda pierde el margen de 10 puntos obtenidos en la votación del 2 de febrero.

Las cosas han cambiado. Aunque al final el FMLN gane la presidencia, será una victoria electoral frágil y comprometida ante una derecha que se ha fortalecido, se ha recuperado. Políticamente para la izquierda hay un retroceso y electoralmente en cinco semanas se pasa de 300,000 votos a una diferencia de 6,000 votos, que probablemente incluso al final sea menor. Y es preciso como izquierda asumirlo e indagar sobre sus causas para poder revertirlo, ya que pretender ocultarlo o maquillarlo, únicamente va contribuir a prolongarlo.

Ante este irreversible hecho político es importante revisar nuestras premisas e intentar una explicación. ¿Qué fue lo que pasó? Para enfocar la segunda vuelta de marzo partíamos de la premisa que era para la derecha altamente improbable aunque no imposible remontar una ventaja de 10 puntos, equivalentes a cerca de 300,000 votantes. Era una premisa que resultó falsa ya que ARENA logró remontar esas cifras y colocarse de nuevo a la par del FMLN.

El 9 de marzo señala un desplazamiento del electorado hacia la derecha como resultado de la debilidad del movimiento popular. Comprueba que necesitamos no solo una maquinaria electoral poderosa como lo es el FMLN sino también un movimiento popular amplio y ramificado. Amplios sectores que el 2 de febrero votaron por el FMLN cambiaron su voto el 9 de marzo y votaron por ARENA. Esto tiene que ver con que estos sectores populares carecen de organización y de conciencia acerca de luchar por sus intereses. Son sectores fácilmente manipulables por la derecha.

El 2 de febrero dieron su voto en agradecimiento a los programas sociales que desde el Gobierno los han beneficiado, pero no era un voto ideológico, era un voto político. El 9 de marzo votaron acorde a su ideología, que todavía esta condicionada por la derecha. Pensar que porque la gente recibe uniformes y zapatos para sus niños ya son de izquierda es una ingenuidad y un error. Y en política los errores se pagan caros. Este es el factor principal que explica lo que sucedió, además de otros aspectos que también abordaremos. Pero, repito, este es el factor principal.

Y mientras la izquierda no le dedique tiempo, recursos y pensamiento a reconstruir el movimiento popular y solo se dedique a pensar en los candidatos para la próxima elección, la derecha, que cuenta en lo ideológico, con medios de comunicación, iglesias y universidades, se verá fortalecida y seguirá desarrollándose y puede llegar a desplazarnos. (Pineda, Agencia Latinoamericana de Información)

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Volvamos a la realidad

Por Carlos Abrego

La gran taleguiada que los efemelenistas les prometían a los areneros no tuvo lugar. Por ahora solo podemos hacer conjeturas sobre los factores que hicieron que ARENA recobrara los votos e igualara al FMLN. Se alude mucho a la situación en Venezuela y al trato que le dieron los media en el país. Esta "explicación" fue evocada desde ayer, otros han hablado de la fuerte campaña de terror que arreció ARENA en los últimos días. No hay tampoco que olvidar que muchos medios le dan mayor visibilidad a las declaraciones de la derecha.

No se puede tampoco asegurar que el FMLN no supo movilizar entre los abstencionista pues tuvo también crecimiento en votos, mucho menos que ARENA, pero este partido tuvo además de manera indudable las preferencias de los votantes de UNIDAD, en su gran mayoría. Estos resultados nos hablan más de la polarización electoral que se desarrolló durante toda la campaña.

La divisa de profundizar los cambios no tuvo el efecto esperado, tal vez porque en el fondo la gente no siente tan profundamente esos cambios, aunque este fue uno de los temas principales de la campaña y el de "ARENA nunca más", todo esto como se ve tiene un contenido ideológico muy pobre, mientras que al contrario las promesas de alianza con Saca e incluso de "pactos de país" incluyendo a ARENA y al patronato si tiene un contenido pro-capitalista, con el remachado "no vamos a cambiar las reglas del juego". Lo que le ponía un límite a esa "profundización" de los cambios.

El punto central de "sepultar" definitivamente a ARENA no funcionó. Creo que los dirigentes del FMLN en vez de recapacitar su entreguismo al patronato, persisten y ahora se anuncia ya compromisos con la derecha y el patronato. La presión de los comentaristas de derecha y socialdemócratas por promover "un plan de nación" es fuerte. ¿Qué significa este tipo de planes? Pues simplemente buscar "soluciones" dentro del cuadro del actual sistema neoliberal, buscar entendimientos con el patronato, desdeñando la necesidad de promover luchas populares para profundizar realmente los cambios antioligárquicos que urge el país.

La experiencia real de estas últimas décadas nos habla que los grandes problemas nacionales no encuentran solución dentro del marco de dominación de la oligarquía, que en vez de progresar el país se hunde bajo el peso de la deuda que sigue agravándose; el mantenimiento del dólar también tiene su peso en el estancamiento nacional.

Tenemos pues que darle nueva dinámica a nuestras protestas, es necesario organizarse en un organismo que se plantee claramente la salida del sistema, que demuestre también la caducidad de la sociedad tal cual funciona hoy en día. Todos los problemas sociales tienen su origen en la vida precaria de millares y millares de salvadoreños, ante los que la huida del país se presenta como única solución a sus problemas personales y familiares. Los bajos salarios, las condiciones de trabajo embrutecedoras, el ambiente totalitario y despótico que hacen reinar en los talleres los patrones es totalmente insoportable sobre todo cuando no existen sindicatos combativos, ni un Código de Trabajo que garantice derechos y preste amparo a los trabajadores.

Los resultados electorales reflejan la falta de esperanza entre los trabajadores. El FMLN no pudo, no puede llevar a cabo una campaña entusiasmante, pues le falta el motor de la lucha cotidiana por mejores condiciones de vida y de trabajo. (Abrego, Cosas tan pasajeras)