Wednesday, November 16, 2005

El Salvador:
La ciudadanía como referencia hacia un cambio en el periodismo

Por Guillermo Mejía

Resumen:
La sociedad salvadoreña necesita un viraje en su práctica periodística que tome como punto central a la ciudadanía. La forma adecuada de lograr el objetivo está en el cambio de mentalidad de los profesionales del periodismo; es decir, la toma de conciencia frente a su papel responsable con esa ciudadanía que aún les da el beneficio de la duda, pero que en algún momento también pedirá cuentas frente a un mandato tácito incumplido.

Una revisión a la pauta periodística o a la forma de estructurar la información en El Salvador, ya sea en medios de comunicación impresos o audiovisuales, basta para concluir que aún se perciben ciertas precariedades.
Generalmente, asistimos a una entrega informativa/opinativa que muestra como actores a prominentes integrantes de las entidades de gobierno, organismos políticos y económicos tradicionales, aderezados con descarga publicitaria.
El discurso periodístico, enfoques, fuentes, relaciones, casi siempre va contaminado por intereses particulares de jerarquías que ordenan a direcciones, jefaturas y editores a disponer de periodistas para su elaboración.
Por mucho que se ha hablado sobre los supuestos avances en el ejercicio periodístico, en medio de la guerra interna (1980-1992) o la etapa posterior a la firma de la paz, no se logra trascender a formas que privilegien a la ciudadanía.
En esa dirección, expuse en años recientes esas precariedades en el ensayo “La prensa engañosa”, publicado en la edición 18 de la web http://www.probidad.org/, que traigo a cuenta para insistir en que no existen variantes.
En aquella oportunidad dije que no me parecía acertado que El Salvador fuera “baluarte de la libertad de expresión y difusión del pensamiento”, mucho menos “pretender mostrar a los medios de difusión como garantes del derecho a la información”. (Mejía: 2002)
Señalé que estamos sometidos a una descarga de información, en cuantía des informadora y dependiente del poder económico y político –de ahí la limitante que parte de quiénes son los dueños-, que muestra la naturaleza de los medios de difusión dentro de una sociedad sometida a la intolerancia, atraso y menosprecio por la verdad y el conocimiento.
“A lo que se puede llegar en una sociedad, como la salvadoreña, en la actualidad es a rescatar niveles de tolerancia y debate, que sí los hay, como es el trabajo honesto que cumplen, por ejemplo, Canal 12 en sus espacios informativos y de opinión, el diario Co Latino, en medio de las adversidades, y algunas radios de naturaleza comunitaria”. (Mejía: 2002)
Ironías de la vida, casi tres años después de haber expuesto esas ideas resulta que el periodista Mauricio Funes, conductor de la entrevista y responsable de los espacios informativos de Canal 12, fue despedido junto a otros siete periodistas sin que les dieran explicación.
Es decir, una aproximación al fenómeno en el 2005 nos indica que la situación se muestra peor tomando en cuenta que, por ejemplo, Canal 12 había asegurado un espacio que, poco a poco, se fue perdiendo mientras llegaba más publicidad.
Los otros medios de difusión tradicionales (El Diario de Hoy, La Prensa Gráfica, El Mundo, TCS-Noticias, etc.) siempre han estado encantados con los regímenes de turno, sobre todo con el presidente Elías Antonio Saca, reconocido locutor deportivo de la farándula conservadora.
De ahí que se imponga en el país la urgente necesidad de que los profesionales del periodismo reflexionen a fondo sobre el papel que les corresponde. Además de estar organizados ante las adversidades, los periodistas deben apostarle a un cambio de mentalidad para acercarse a la ciudadanía con otras propuestas.
A la vez, esa ciudadanía también debe corresponder al periodista para asistirle en su compromiso constante para asegurar el cumplimiento del derecho a la información. Por eso, fue de mucho provecho para el país que diversos sectores se pronunciaran por el despido de los periodistas de Canal 12.

Exclusión mediática

Como bien coinciden teóricos latinoamericanos, a la marginación de los ciudadanos en términos sociales, económicos y políticos, se une también la exclusión mediática dado que se les ve sobre todo como consumidores.
En ese marco, los medios “no son sino la expresión más visible o un elemento más de una estructura de desigualdad que tiene que ver no solo con indicadores económicos, sino fundamentalmente con las maneras en que los seres humanos se construyen a sí mismos en su relación con los otros, en condiciones de respeto mutuo y de equidad”. (Reguillo: 1998)
Según la especialista, poco se ganará con la apertura de los medios de comunicación o con la creación y fortalecimiento de redes comunicativas al proyecto dominante, sin un trabajo previo para el desmontaje crítico de los dispositivos, discursos y mecanismos que naturalizan la exclusión y expropian la posibilidad de la palabra, a los seres comunes, que dé sentido a un presente siempre pospuesto por las glorias de un futuro que siempre está en fuga.
Desde ese perspectiva, se pueden reconocer tres formas específicas de tratamiento inadecuado dentro de la sociedad.
En primer lugar, al fortalecimiento del discurso triunfalista del mercado y el neoliberalismo se une la desaparición paulatina del papel benefactor del Estado, a la vez que los pueblos cada vez son sumidos en la pobreza.
En segundo lugar, los pobres son presentados como “directamente productores de la violencia, de la inseguridad y el deterioro de las sociedades” (Reguillo: 1998). Los medios “establecen para cada acontecimiento una sola verdad, un solo ángulo de interpretación, deshistorizando los procesos que propician el inmediatismo y la lectura simplista de acontecimientos que requerirían marcos de intelección profundos y reflexivos”.
En tercer lugar, las mujeres, los indígenas y los jóvenes pobres se convierten en las tres figuras sobre las que se descarga toda forma de discriminación bajo prejuicios o estereotipos.
Un caso patético en El Salvador es que en medio del proceso electoral de 2004, los jóvenes integrantes de las “maras” fueron presentados como “demonios” por el gobierno a fin de conquistar mentes y corazones.
Los respectivos planes “mano dura” y “súper mano dura” se lograron vender, ante muchos ciudadanos, definitivamente en los medios de difusión. Tomando en cuenta que nos dirigimos hacia otro proceso electoral, vemos que la campaña continúa.
De esa forma, no se garantiza el sentido de responsabilidad en el ejercicio periodístico, condición que va más allá de la simple retórica mediática que habla de “objetividad” y “equilibrio”, pero que en el fondo es una estratagema de quienes anteponen intereses particulares a una función social.
El intelectual José Joaquín Brunner asegura que en Latinoamérica se confirma que “en efecto, la esfera pública, en vez de ser un espacio neutral al cual todos acceden libremente y en iguales condiciones, se ha transformado en un mercado de las comunicaciones y la información”.
Un mercado “estructurado desde el lado de la oferta como un sistema industrial y, desde el lado de la demanda, como un agregado de públicos que consumen noticias, interpretaciones y entretención”. (Brunner: 1999)
Según el académico, la discusión sobre el bien público es asimétrica pues se halla determinada por la oferta. Y la distribución de oportunidades para acceder al debate es desigual, porque el poder del público se limita a expresar su lealtad a un medio o a ejercer su opción de elegir entre medios competidores.
Más allá del simple moralismo, es una realidad lo que Ramón Reig (1995) llama “efecto de hibernación” sobre los ciudadanos que se ven sometidos al “oleaje” informativo continuo, que en el fondo los confunde y adormece.

La perspectiva ciudadana

Trabajar con la gente en la práctica periodística, desde una forma de inclusión, significa un compromiso en la construcción de ciudadanía; es decir, el medio de difusión como garante de la expresión popular bajo criterios de responsabilidad frente a derechos y deberes.
La comunicóloga Ana María Miralles (1999), de la Universidad Pontificia Bolivariana, de Colombia, sostiene que sería “fortalecer el papel de la sociedad civil y revitalizar el sentido de lo público”.
Hasta ahora, la relación medios-ciudadanos es al revés: la presencia muy pasiva de la gente a expensas de una oferta mediática adormecedora (con raras excepciones) propuesta por unos profesionales que trabajan en una dirección o vía.
Difícilmente, se puede hablar de intercambio o comunicación por la sencilla razón de que los medios descargan un torrente informativo/opinativo desde el poder, bajo los criterios y intereses de éste.
Al contrario, el trabajar desde la gente, sería “tener más en cuenta el punto de vista de los ciudadanos para hacer la agenda informativa y ofrecer elementos para que esos temas de iniciativa ciudadana encuentren canales hacia la acción, a partir de la información y la convocatoria de los medios a la deliberación pública”. (Miralles: 1999)
A partir de la categorización teórica, estamos hablando de un periodismo que se ubica en lo ciudadano, en lo público, en lo cívico. Uno de los presupuestos es que al que se le delega poder tiene que ejercerlo, pero en función de la gente.
La profundización de la democracia necesita urgentemente de información que otorgue vida no que cause frustración, apatía, indiferencia, fatalismo o conformismo.
Los medios al no responder al interés ciudadano, sino a los intereses del poder, donde se conjugan funcionarios y expertos, han producido indiferencia, alejamiento y cinismo en la ciudadanía.
En ese sentido, ejercer desde la ciudadanía equivaldría a sacarla de su condición de espectadora y pasarla a la condición de actora de su destino, mediante la participación activa en la búsqueda de un mejor porvenir.
“La idea de bien común se construye por medio de la deliberación. Es decir, no se parte del supuesto de un bien común pre-establecido y por eso de cierto modo se trata de una búsqueda abierta de los consensos básicos, la misma en que está empeñada el periodismo cívico, que no busca imponer los contenidos de la agenda ciudadana sino facilitar su configuración, cualquiera sea la orientación que tenga”. (Miralles: 1999)
¿Cuáles son los contenidos? La información obviamente es la materia prima del periodismo, lo que cambia es la perspectiva. El compromiso ciudadano implica hablar desde la gente, conocer su ambiente e integrarla en la construcción de la agenda periodística.
Claro que, como buen periodismo, necesita investigación, claridad en la exposición, argumentación, a la vez que formas creativas para dar a conocer con detalles esa riqueza informativa que está ausente en el periodismo tradicional.
Es más que contrastar promesas políticas con obras cumplidas como algunos medios de difusión conciben su papel frente a la ciudadanía. Es darle voz en todo momento a la gente, que tiene el derecho de participar en la comunicación.
Es un modelo que tiene que irse construyendo paulatinamente con la presencia de la ciudadanía. El avance que en algunos medios presenciamos aún no ha pasado de abrir cierto debate con la participación de diversas corrientes políticas o de expertos consagrados por esos mismos medios.
De ahí que hemos visto, leído o escuchado opiniones diversas pero, sobre todo, de quienes ejercen poder a partir de una entidad que ha sido legitimada por los periodistas. La gran ausente es la ciudadanía de a pie.
“Dar voz pública a la ciudadanía, pasa necesariamente por procesos deliberativos de formación de opinión pública, que se constituyen en toda una práctica pedagógica, con un sentido renovado de la política que ya no estará exclusivamente en manos de los ‘políticos profesionales’ y que no necesariamente tiene que pasar por las instrucciones creadas en el sistema representativo (tales como el parlamento, las asambleas o los concejos), sino que se mueve en espacios más abiertos y definidos desde un punto de vista predominantemente cultural, más cerca de los sistemas simbólicos de la gente”. (Miralles: 1998)
Pero la tarea es ardua y llena de retos. Teóricamente, se han definido de la siguiente manera:
-Necesidad de un compromiso mayor con lo público desde el periodismo. La existencia de una vida pública fuerte tiene una relación directa con las propias condiciones de existencia de los medios.
-Es imperativa la sintonía con la participación ciudadana debido a los cambios que se han dado en la propia esfera política. Esta participación deberá hacerse extensiva a la elaboración de la agenda de los medios que, así sean algunos de ellos empresas privadas, están cumpliendo un servicio de responsabilidad que se enmarca en el terreno de lo público. La polifonía de voces solo será posible si hay apertura en la configuración de la agenda.
-Cada vez se hace más evidente la necesidad de hacer más transparente lo público. La lucha contra la corrupción requiere no solamente de la clásica prensa fiscalizadora, sino de ciudadanos participantes que no solo denuncien sino que impidan el fraude público. Ese ciudadano participante tendrá que contar con el respaldo del periodismo, sin que ciudadanos y medios acaben usurpando las funciones propias de la justicia.
-La comunicación entre los políticos y la gente, la formación consensuada de las decisiones deben ocupar hoy un lugar destacado. Hay abundancia de información, pero es preciso reforzar las formas comunicativas: es cuestión de gobernabilidad democrática. (Miralles: 1998)
Qué bueno sería para la profundización de la democracia que contáramos con periodistas comprometidos con lo que el filósofo alemán Jürgen Habermas (1986) llama formación de una opinión pública crítica (o real) frente a una opinión pública manipulada.
La primera definida como la que permite hablar de un auténtico Estado de derecho democrático, la segunda es la realidad de la ciudadanía atrapada por el incansable bombardeo informativo-publicitario-propagandístico que la aleja de su verdadera realidad.
Ignacio Ramonet (2004) piensa que “estamos en un sistema que poco a poco considera que hay valores importantes (instantaneidad, masificación) y valores menos importantes, es decir menos rentables (los criterios de la verdad). La información se ha convertido ante todo en una mercancía. Ya no tiene una función cívica”.
Y también está conciente de que la ciudadanía tiene la responsabilidad de prepararse para dilucidar la oferta mediática con sentido crítico.
En el caso de esta reflexión el énfasis es que los periodistas caminen hacia el cambio haciendo el trabajo que les corresponde desde la ciudadanía. El periodismo es un vehículo idóneo para reivindicar a la gente.

Fuentes consultadas:

-Brunner, José Joaquín. “Medios, Poder y Globalización en América Latina”. En: Seminario Internacional “Periodismo, Etica y Poder, [En línea]. 6 de mayo de 1999. Disponible en: <http://www.geocities.com/brunner_cl/prensa.html>

-Habermas, Jürgen (1986) Historia y Crítica de la Opinión Pública, México, Ediciones Gustavo Gili.

-Mejía, Guillermo. “La Prensa Engañosa”. En: Revista Probidad, [En línea]. Marzo de 2002. Disponible en: <http://www.revistaprobidad.info/018/003.html>

-Miralles, Ana María. “El Periodismo Cívico como Comunicación Política”. En: Revista Nómadas, edición 9. Septiembre de 1998. Bogotá, Colombia.

---“Qué es el Periodismo Cívico”. En: Revista Foro, Sociedad y Comunicación. 1999. Bogotá, Colombia.

-Ramonet, Ignacio. “El Periodismo del Nuevo Siglo”. En: Revista Etcétera, [En línea]. Julio de 2004. Disponible en: <http://www.etcetera.com.mx/pag52ne37.asp>

-Reig, Ramón (1995) “El Control de la Comunicación de Masas: Bases Estructurales y Psicosociales”. Madrid, Ediciones Libertarias/Prodhufi.

-Reguillo, Rossana. “Un Malestar Invisible: Derechos Humanos y Comunicación”. En: Revista Chasqui, [En línea]. Diciembre de 1998. Disponible en: http://www.comunica.org


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Guillermo Mejía es docente del Departamento de Periodismo, Facultad de Ciencias y Humanidades, Universidad de El Salvador, y editor del periódico virtual “Raíces” [www.raices.com.sv].

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