Por Guillermo Mejía
Por la rendija del reciente estira y afloja entre el presidente electo Nayib Bukele y sus adversarios de los partidos Arena y Fmln, sobre el cambio de parte del destino de un crédito para construir el nuevo edificio de la Asamblea Legislativa, cabe preguntarse si caeremos en la tentación del caudillismo mesiánico.
No prosperó la iniciativa, que buscaba parte de 32 millones de dólares para educación. El Legislativo no era el camino, sino el Ejecutivo, según el organismo internacional proveedor de los recursos, máxime en un período de transición que se supone debe haber armonía entre el que le toca entregar el mando y el que lo recibe.
Sin embargo, no puede pasarse por alto la forma en que el presidente electo condujo el asunto frente al conglomerado, especialmente a través de las redes sociales y, por supuesto, con la atención automática de los medios de comunicación que velan cada mensaje –o más bien descarga emocional- de la fuente.
“Hagan su edificio de $32 millones si quieren… Antes de que lo terminen, tendremos mayoría en la @AsambleaSv y lo convertiremos en un nuevo hospital para niños. Con helipuerto para emergencias”, advirtió Nayib Bukele en su cuenta de Twitter. En buen salvadoreño, el salveque al no atenderse su demanda con prontitud.
Para ilustrar el caso, el caudillismo mesiánico fue abordado días atrás en The New York Times por el escritor argentino Diego Fonseca en su comentario “El mundo compartido de Donald Manuel López Trump”, donde ve en los presidentes de Estados Unidos y de México una versión corregida y aumentada del añejo hombre fuerte.
Donald Trump creó una emergencia nacional para tomar dinero federal, para construir su electorero muro fronterizo; mientras, Andrés Manuel López Obrador dio por acabada la guerra contra el narcotráfico en su búsqueda de la paz, decisiones puestas en escena en el teatro mediático para el consumo de las audiencias.
“El gusto de los dos líderes por la inventiva no es baladí: ambos son mesiánicos. Uno cree que es el tipo más listo del mundo. El otro ha bautizado a su brevísimo gobierno como la Cuarta Transformación de México, ubicándose —sin esperar al juicio histórico— en el mismo panteón que Benito Juárez”, señaló el escritor argentino.
Y agregó: “Este caudillismo mesiánico es un problema. En ambos está la idea de refundar la nación y en ambos predomina el amor por imponer hegemonías más que tejer consensos. Primero va el líder, luego las instituciones. Con matices, AMLO y Trump son la cabeza de movimientos enfebrecidos que han polarizado a México y Estados Unidos. En ocasiones, sus “bases” se parecen a un hato de fanáticos para los que no existe mayor verdad que la razón de sus líderes y que ven en cualquier crítica un gesto de alta traición”.
Fonseca cree que no son tiempos para estos comportamientos: “En un momento de discursos incendiarios y sociedades divididas, si Donald Manuel López Trump dicen que cambiarán las cosas, debieran empezar por lo imposible: cambiar ellos mismos. Esto es, menos caciques y, al menos, más políticos. Estos son tiempos para seres aburridos, diplomáticos y pausados no para la agitación de líderes que creen que el mundo debe ajustarse a sus caprichos”.
Y concluyó: “Si quieren salvar a Estados Unidos y transformar a México, su camino debiera ser el más aburrido de todos: el lento, imperfecto y agridulce escenario de las negociaciones institucionales, la inevitable convivencia con los otros, el farragoso —pero imprescindible— proceso de construcción de consensos. Si en cambio tiran de sus tácticas mesiánicas, la derrota —de ellos y de todos— es más cercana”.
En Brasil, se regodea el derechista Jair Messias Bolsonaro como otro de los caudillos mesiánicos de estos tiempos. Vale preguntarse: ¿cuál será el destino de Nayib Bukele en El Salvador?
Un encuentro de comunicación e información desde la perspectiva de un periodista centroamericano.
miércoles, febrero 27, 2019
martes, febrero 19, 2019
El buen periodismo como antídoto a la desinformación
Por Guillermo Mejía
Sumergidos en una atmósfera cargada de falsedades –fenómeno que para nada es nuevo- a periodistas, editores y académicos nos queda la obligación de no claudicar en el esfuerzo profesional que asegure a los públicos un periodismo de calidad, el antídoto contra el veneno de la desinformación.
El especialista mexicano Raúl Trejo Delarbre, que recién publicó su ensayo “La disputa por la verdad”, nos señala que “las noticias falsas, cuando tienen éxito, es porque resultan verosímiles. A veces quienes confían en ellas tienen necesidad de creer en algo. En otras ocasiones, las versiones falsas se ajustan a las tendencias o los prejuicios de las personas”.
En El Salvador, en la sucesión de hechos cotidianos, marcados por preocupaciones puntuales como la situación de inseguridad o la crisis económica, encontramos una descarga de informaciones falsas, rumores o chambres dependiendo el interés de grupos particulares o interesados que potencian sus acciones con la utilización de las redes sociales.
El problema quedó evidenciado aún más en el marco de las elecciones presidenciales, que ganó el ex alcalde capitalino Nayib Bukele con el partido derechista Gran Alianza por la Unidad Nacional (Gana) que, no obstante ser una agrupación formada por el ex presidente Elías Antonio Saca preso por corrupción, representó el azote para el binomio Arena-Fmln.
Señala Trejo Delarbre que “la avasalladora abundancia de información que recibimos nos aturde tanto que, con frecuencia, no acertamos a distinguir entre hechos ciertos y falsos. En las redes sociodigitales las informaciones más variadas se confunden y, así, se trivializan”.
Agrega: “Los medios de comunicación profesionales, que han tenido la función de autentificar y jerarquizar las noticias, han sido en parte —y en algunos casos totalmente— desplazados por las informaciones en Facebook, Twitter y otras redes. Gracias a internet y sus redes adquirimos la capacidad de tener voz ante los más variados asuntos. Pero en vez del concierto de puntos de vista que requeriría un intercambio en democracia lo que tenemos, en general, es un griterío en donde sobresalen las expresiones más altisonantes. Esa confusión facilita que circulen noticias falsas”.
De acuerdo con el autor mexicano, la trivialización de las informaciones auténticas y su entremezclamiento con noticias falsas se acentúa debido a tres rasgos propios de las redes sociodigitales: Primero, la velocidad que alcanza la propagación de cualquier tema, pero muy especialmente la rapidez con la que circulan noticias insólitas, extravagantes o sorprendentes.
Segundo, el carácter reticular de esa propagación. Las informaciones no circulan de manera uniforme (como sucede en los medios de comunicación convencionales) sino con mayor cobertura e intensidad entre las personas dispuestas a creerlas; y tercero, en algunos casos esa propagación es intencional. Qué mejor forma que utilizar las redes sociodigitales para tal propósito.
Según Trejo Delarbre, “el periodismo profesional es el mejor recurso que tenemos ante las noticias falsas. Las versiones improvisadas o falsas no resisten la prueba de una investigación periodística rigurosa”.
Y concluye: “En medio del torrente de datos e informaciones que recibimos todo el tiempo, los medios de comunicación profesionales, cuando hacen su trabajo, distinguen las noticias auténticas de las falsas, les asignan la relevancia que ameritan de acuerdo con sus criterios editoriales (que desde luego varían de un medio a otro), difunden tales informaciones y aportan datos, documentos u otras notas que permitan aquilatarlas”.
El periodismo, pues, no puede ser cualquier cosa, mucho menos el miasma que transita las redes sociales.
Sumergidos en una atmósfera cargada de falsedades –fenómeno que para nada es nuevo- a periodistas, editores y académicos nos queda la obligación de no claudicar en el esfuerzo profesional que asegure a los públicos un periodismo de calidad, el antídoto contra el veneno de la desinformación.
El especialista mexicano Raúl Trejo Delarbre, que recién publicó su ensayo “La disputa por la verdad”, nos señala que “las noticias falsas, cuando tienen éxito, es porque resultan verosímiles. A veces quienes confían en ellas tienen necesidad de creer en algo. En otras ocasiones, las versiones falsas se ajustan a las tendencias o los prejuicios de las personas”.
En El Salvador, en la sucesión de hechos cotidianos, marcados por preocupaciones puntuales como la situación de inseguridad o la crisis económica, encontramos una descarga de informaciones falsas, rumores o chambres dependiendo el interés de grupos particulares o interesados que potencian sus acciones con la utilización de las redes sociales.
El problema quedó evidenciado aún más en el marco de las elecciones presidenciales, que ganó el ex alcalde capitalino Nayib Bukele con el partido derechista Gran Alianza por la Unidad Nacional (Gana) que, no obstante ser una agrupación formada por el ex presidente Elías Antonio Saca preso por corrupción, representó el azote para el binomio Arena-Fmln.
Señala Trejo Delarbre que “la avasalladora abundancia de información que recibimos nos aturde tanto que, con frecuencia, no acertamos a distinguir entre hechos ciertos y falsos. En las redes sociodigitales las informaciones más variadas se confunden y, así, se trivializan”.
Agrega: “Los medios de comunicación profesionales, que han tenido la función de autentificar y jerarquizar las noticias, han sido en parte —y en algunos casos totalmente— desplazados por las informaciones en Facebook, Twitter y otras redes. Gracias a internet y sus redes adquirimos la capacidad de tener voz ante los más variados asuntos. Pero en vez del concierto de puntos de vista que requeriría un intercambio en democracia lo que tenemos, en general, es un griterío en donde sobresalen las expresiones más altisonantes. Esa confusión facilita que circulen noticias falsas”.
De acuerdo con el autor mexicano, la trivialización de las informaciones auténticas y su entremezclamiento con noticias falsas se acentúa debido a tres rasgos propios de las redes sociodigitales: Primero, la velocidad que alcanza la propagación de cualquier tema, pero muy especialmente la rapidez con la que circulan noticias insólitas, extravagantes o sorprendentes.
Segundo, el carácter reticular de esa propagación. Las informaciones no circulan de manera uniforme (como sucede en los medios de comunicación convencionales) sino con mayor cobertura e intensidad entre las personas dispuestas a creerlas; y tercero, en algunos casos esa propagación es intencional. Qué mejor forma que utilizar las redes sociodigitales para tal propósito.
Según Trejo Delarbre, “el periodismo profesional es el mejor recurso que tenemos ante las noticias falsas. Las versiones improvisadas o falsas no resisten la prueba de una investigación periodística rigurosa”.
Y concluye: “En medio del torrente de datos e informaciones que recibimos todo el tiempo, los medios de comunicación profesionales, cuando hacen su trabajo, distinguen las noticias auténticas de las falsas, les asignan la relevancia que ameritan de acuerdo con sus criterios editoriales (que desde luego varían de un medio a otro), difunden tales informaciones y aportan datos, documentos u otras notas que permitan aquilatarlas”.
El periodismo, pues, no puede ser cualquier cosa, mucho menos el miasma que transita las redes sociales.
miércoles, febrero 13, 2019
Condenados a cinco años más de neoliberalismo económico
Por Guillermo Mejía
Por los vientos que soplan, El Salvador tiene asegurado cinco años más de prácticas económicas neoliberales –siguiendo el guión del Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial- con lo que los sueños del cambio y prosperidad que vendió la campaña del presidente electo Nayib Bukele serán solamente eso, sueños.
Eso concluye la economista Julia Evelyn Martínez, catedrática de la Universidad Centroamericana “José Simeón Cañas” (UCA), en entrevista con la Radio YSUCA sobre la propuesta económica de Nayib Bukele, quien derrotó sin despeinarse y con amplio margen al binomio Arena-Fmln en las elecciones presidenciales recién pasadas.
Según la maestra, la gente atendió “con una gran esperanza que (viniera) un partido o un presidente como Nayib Bukele a romper este paradigma neoliberal y a mí lo que me preocupa, que (me) da tristeza al mismo tiempo, es que si uno se atiene a lo que está escrito en la propuesta económica” pues “yo le diría a la población que no coma ansias, que no se entusiasme tanto”.
Eso por dos razones: En primer lugar, Bukele habla en el preámbulo del plan económico que promoverá una economía anti neoliberal, “pero cuando leemos la propuesta económica llegamos a la contradicción que él propone romper con el neoliberalismo, pero dándole seguimiento, incluso ampliando, el neoliberalismo”, sentenció.
Por ejemplo, buscará una inversión de unos 3 mil millones de dólares, donde la empresa privada sea la responsable del 70 por ciento; se consoliden los asocios público-privados con otro 20 por ciento; el Estado con tan solo el 8 por ciento, mientras la inversión de los municipios con el 2 por ciento.
En el fuerte del programa económico encontraremos exenciones de impuestos a la empresa privada, la flexibilidad laboral tan dañina para los intereses de los trabajadores, además de una educación en función de la productividad económica, no para alimentar el espíritu crítico de la población. En otras palabras, más neoliberalismo.
En segundo lugar, según Martínez, la propuesta pretende ser la base para una nueva economía, pero tiene un problema porque pretende hacerlo a partir de viejas ideas económicas. El problema que tiene es que se rodea de asesores y un posible gabinete de gobierno que es, precisamente, formado en políticas económicas neoclásicas.
En ese sentido, buscará mayor recaudación con impuestos, pero sin reforma fiscal; un gasto público más eficiente, pero sin equidad. Es un plan económico que está basado en la añeja teoría del rebalse que pretende que según se eleve la productividad económica habrá más fondos al erario vía pago de impuestos al consumo, nunca se buscará que el que tenga más pague más.
“Al final del segundo año creo que nos vamos a dar cuenta que los discursos, que las selfies, que el Twitter, que el Facebook, no son suficientes para resolver la problemática de la gente”, afirmó Martínez. “Y la gente, me temo, va a caer nuevamente en la desesperación, en la desesperanza” pues se dará cuenta que no hay nueva economía, sino un discurso populista, remarcó.
De acuerdo con la catedrática de la UCA, lo que se necesita en El Salvador es refundar la sociedad, refundar la economía “y eso solo se puede hacer desde una visión popular, una visión que sea no neoliberal e impulsando nuevas ideas que no las viejas ideas que están en la propuesta económica de Nayib Bukele”. Así de simple, así de sencillo.
Por los vientos que soplan, El Salvador tiene asegurado cinco años más de prácticas económicas neoliberales –siguiendo el guión del Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial- con lo que los sueños del cambio y prosperidad que vendió la campaña del presidente electo Nayib Bukele serán solamente eso, sueños.
Eso concluye la economista Julia Evelyn Martínez, catedrática de la Universidad Centroamericana “José Simeón Cañas” (UCA), en entrevista con la Radio YSUCA sobre la propuesta económica de Nayib Bukele, quien derrotó sin despeinarse y con amplio margen al binomio Arena-Fmln en las elecciones presidenciales recién pasadas.
Según la maestra, la gente atendió “con una gran esperanza que (viniera) un partido o un presidente como Nayib Bukele a romper este paradigma neoliberal y a mí lo que me preocupa, que (me) da tristeza al mismo tiempo, es que si uno se atiene a lo que está escrito en la propuesta económica” pues “yo le diría a la población que no coma ansias, que no se entusiasme tanto”.
Eso por dos razones: En primer lugar, Bukele habla en el preámbulo del plan económico que promoverá una economía anti neoliberal, “pero cuando leemos la propuesta económica llegamos a la contradicción que él propone romper con el neoliberalismo, pero dándole seguimiento, incluso ampliando, el neoliberalismo”, sentenció.
Por ejemplo, buscará una inversión de unos 3 mil millones de dólares, donde la empresa privada sea la responsable del 70 por ciento; se consoliden los asocios público-privados con otro 20 por ciento; el Estado con tan solo el 8 por ciento, mientras la inversión de los municipios con el 2 por ciento.
En el fuerte del programa económico encontraremos exenciones de impuestos a la empresa privada, la flexibilidad laboral tan dañina para los intereses de los trabajadores, además de una educación en función de la productividad económica, no para alimentar el espíritu crítico de la población. En otras palabras, más neoliberalismo.
En segundo lugar, según Martínez, la propuesta pretende ser la base para una nueva economía, pero tiene un problema porque pretende hacerlo a partir de viejas ideas económicas. El problema que tiene es que se rodea de asesores y un posible gabinete de gobierno que es, precisamente, formado en políticas económicas neoclásicas.
En ese sentido, buscará mayor recaudación con impuestos, pero sin reforma fiscal; un gasto público más eficiente, pero sin equidad. Es un plan económico que está basado en la añeja teoría del rebalse que pretende que según se eleve la productividad económica habrá más fondos al erario vía pago de impuestos al consumo, nunca se buscará que el que tenga más pague más.
“Al final del segundo año creo que nos vamos a dar cuenta que los discursos, que las selfies, que el Twitter, que el Facebook, no son suficientes para resolver la problemática de la gente”, afirmó Martínez. “Y la gente, me temo, va a caer nuevamente en la desesperación, en la desesperanza” pues se dará cuenta que no hay nueva economía, sino un discurso populista, remarcó.
De acuerdo con la catedrática de la UCA, lo que se necesita en El Salvador es refundar la sociedad, refundar la economía “y eso solo se puede hacer desde una visión popular, una visión que sea no neoliberal e impulsando nuevas ideas que no las viejas ideas que están en la propuesta económica de Nayib Bukele”. Así de simple, así de sencillo.
martes, febrero 05, 2019
El triunfo del voto del despecho, el desencanto y la frustración
Por Guillermo Mejía
El gane de la presidencia en primera vuelta por parte del ex alcalde Nayib Bukele, bajo la bandera de un oscuro partido de derecha, reflejó el voto del despecho, el desencanto y la frustración de un electorado que le dio la espalda a la cimentada dupla Arena-Fmln desde hace treinta años.
Según el Tribunal Supremo Electoral, la votación también mostró una participación popular a medias, por un poco más del 50 por ciento del padrón. Del total, Bukele se agenció el 53 por ciento, seguido por Carlos Calleja con un 31 por ciento, Hugo Martínez con el 14 por ciento y Josué Alvarado con casi uno por ciento.
Se traduce en 1.3 millones de votos para Gana; 831 mil votos para Arena y la coalición; 377 mil votos para el Fmln; y 20 mil votos para el partido Vamos.
La gente consultada por periodistas, así como los analistas coincidieron en que –como en pasados procesos electorales- se resiente la crisis de inseguridad y la crisis económica, seguido de las malas prácticas políticas, evidenciadas en la corrupción y el nepotismo, vibrantes en diversos gobiernos de Arena como en los del Fmln.
Bukele, que corrió por el partido derechista Gran Alianza por la Unidad Nacional (Gana) creado ni más ni menos por el ex presidente Tony Saca –ladrón confeso, preso por corrupción-, si bien ganó la partida a políticos en crisis, frente a la necesaria gobernabilidad no tiene un cheque en blanco, al contrario debe bajar la voz y buscar entendimientos.
Sus votantes, además de los de Gana que no es un partido de arrastre popular, provinieron sobre todo del izquierdista Fmln y de clasemedieros volátiles que aún resienten la enganchada que les propinó Arena y también el ex presidente Mauricio Funes con su “nace la esperanza, viene el cambio”. De ahí que se debe considerar la ausencia de casi la mitad del electorado.
El cardenal Gregorio Rosa Chávez comentó que “yo creí que (la votación) iba a ser masiva, pero dicen que no, andamos por el 50 por ciento, es un mensaje de quienes no quisieron ir a las urnas, me sorprende, pero quizá de rechazo, de desilución. Yo esperaba más. La gente fue de manera pacífica a la urnas, las mesas funcionaron bien, son buenas lecciones de lo que son buenas sociedades”.
Pero pasados los comicios presidenciales, según el prelado católico, a Bukele se le vienen desafíos muy grandes, el principal es la violencia homicida que hay que atacar de raíz, no solo con parches, con mucha inteligencia y que todos nos podamos involucrar, es el principal desafío.
“Segundo es despolarizar el país, estamos polarizados, esta campaña desató agresividad, ofensas, mentiras, eso no es bueno para una democracia. Esperemos que en su nueva posición dé un ejemplo de cómo llevar un país reconciliado en paz. Tercero, el país es de todos, debemos trabajar para que el proyecto político que necesitamos se haga presente cuanto antes, no podemos esperar más, ahí está el tema de la juventud, como dijo el papa (Francisco) en Panamá, necesita raíces, familias fuertes, oportunidades, un grupo de apoyo”, agregó Rosa Chávez.
Otro punto destacado de los resultados es que se cierra el episodio de la post guerra, ya que desde los Acuerdos de Paz, firmados en 1992, tanto Arena como el Fmln se habían repartido la presidencia. Sin embargo, no se puede decir que Bukele y Gana son nuevos, sin pasado.
Es de esperar el rumbo que tomarán los perdedores, especialmente Arena y el Fmln, frente a los desafíos que presuponen los nuevos tiempos y el hastío de la gente que los rechazó en las urnas. Y, por supuesto, hay que atender a la futura administración de Bukele, que también tiene señalamientos de prácticas corruptas, al igual que el partido que lo cobija, Gana. Buena oportunidad de los periodistas para contarle las costillas al poder.
El gane de la presidencia en primera vuelta por parte del ex alcalde Nayib Bukele, bajo la bandera de un oscuro partido de derecha, reflejó el voto del despecho, el desencanto y la frustración de un electorado que le dio la espalda a la cimentada dupla Arena-Fmln desde hace treinta años.
Según el Tribunal Supremo Electoral, la votación también mostró una participación popular a medias, por un poco más del 50 por ciento del padrón. Del total, Bukele se agenció el 53 por ciento, seguido por Carlos Calleja con un 31 por ciento, Hugo Martínez con el 14 por ciento y Josué Alvarado con casi uno por ciento.
Se traduce en 1.3 millones de votos para Gana; 831 mil votos para Arena y la coalición; 377 mil votos para el Fmln; y 20 mil votos para el partido Vamos.
La gente consultada por periodistas, así como los analistas coincidieron en que –como en pasados procesos electorales- se resiente la crisis de inseguridad y la crisis económica, seguido de las malas prácticas políticas, evidenciadas en la corrupción y el nepotismo, vibrantes en diversos gobiernos de Arena como en los del Fmln.
Bukele, que corrió por el partido derechista Gran Alianza por la Unidad Nacional (Gana) creado ni más ni menos por el ex presidente Tony Saca –ladrón confeso, preso por corrupción-, si bien ganó la partida a políticos en crisis, frente a la necesaria gobernabilidad no tiene un cheque en blanco, al contrario debe bajar la voz y buscar entendimientos.
Sus votantes, además de los de Gana que no es un partido de arrastre popular, provinieron sobre todo del izquierdista Fmln y de clasemedieros volátiles que aún resienten la enganchada que les propinó Arena y también el ex presidente Mauricio Funes con su “nace la esperanza, viene el cambio”. De ahí que se debe considerar la ausencia de casi la mitad del electorado.
El cardenal Gregorio Rosa Chávez comentó que “yo creí que (la votación) iba a ser masiva, pero dicen que no, andamos por el 50 por ciento, es un mensaje de quienes no quisieron ir a las urnas, me sorprende, pero quizá de rechazo, de desilución. Yo esperaba más. La gente fue de manera pacífica a la urnas, las mesas funcionaron bien, son buenas lecciones de lo que son buenas sociedades”.
Pero pasados los comicios presidenciales, según el prelado católico, a Bukele se le vienen desafíos muy grandes, el principal es la violencia homicida que hay que atacar de raíz, no solo con parches, con mucha inteligencia y que todos nos podamos involucrar, es el principal desafío.
“Segundo es despolarizar el país, estamos polarizados, esta campaña desató agresividad, ofensas, mentiras, eso no es bueno para una democracia. Esperemos que en su nueva posición dé un ejemplo de cómo llevar un país reconciliado en paz. Tercero, el país es de todos, debemos trabajar para que el proyecto político que necesitamos se haga presente cuanto antes, no podemos esperar más, ahí está el tema de la juventud, como dijo el papa (Francisco) en Panamá, necesita raíces, familias fuertes, oportunidades, un grupo de apoyo”, agregó Rosa Chávez.
Otro punto destacado de los resultados es que se cierra el episodio de la post guerra, ya que desde los Acuerdos de Paz, firmados en 1992, tanto Arena como el Fmln se habían repartido la presidencia. Sin embargo, no se puede decir que Bukele y Gana son nuevos, sin pasado.
Es de esperar el rumbo que tomarán los perdedores, especialmente Arena y el Fmln, frente a los desafíos que presuponen los nuevos tiempos y el hastío de la gente que los rechazó en las urnas. Y, por supuesto, hay que atender a la futura administración de Bukele, que también tiene señalamientos de prácticas corruptas, al igual que el partido que lo cobija, Gana. Buena oportunidad de los periodistas para contarle las costillas al poder.
martes, enero 29, 2019
Elecciones presidenciales: La hora decisiva
Por Guillermo Mejía
El ambiente que rodea a las elecciones presidenciales de febrero no es para nada optimista, pues sin mayor esfuerzo se constata en la gente el desencanto, la desesperanza y el temor por vivir inmersa en una crisis de inseguridad y en su economía familiar. Además, lo que proponen los políticos no está a la altura de los desafíos.
Quedará en deuda la presidencia de Salvador Sánchez Cerén ante el fracaso de su gestión frente a los mismos problemas de inseguridad y economía que, cuando llegó, mantenían los ánimos del pueblo caídos, más allá del acostumbrado ilusionismo de las encuestas de opinión, los seudo debates mediáticos y las promesas recicladas.
Esa desesperanza y enojo se le debe primordialmente al otro fiasco que se llevaron los salvadoreños con la presidencia de Mauricio Funes, prófugo de la justicia bajo cargos de corrupción, que en 2009 logró, como nunca antes, inyectar un espíritu de cambio a la sociedad que venía de soportar veinte años de administración de la derecha con sus tropelías.
Precisamente es en ese contexto que agarró fuerza la candidatura del ex alcalde Nayib Bukele bajo la bandera del partido Gran Alianza por la Unidad Nacional (Gana) que, no obstante que es una agrupación creada por el ex presidente Elías Antonio Saca, ladrón confeso que cumple una condena de 10 años por corrupción, no le significó mayor costo al aspirante de la golondrina.
Y, al revés, es lo que le han facturado tanto a Carlos Calleja, de Alianza Republicana Nacionalista (Arena), como a Hugo Martínez, del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (Fmln), dado que llevan el lastre de representar a partidos que han estado o están en el Ejecutivo y acusados de haberse corrompido.
Al final, frente al ardor, desesperanza y hastío con los partidos que han gobernado desde la firma de los Acuerdos de Paz, en 1992, no importó que Nayib Bukele haya rehuido el debate, presentara un plan con plagios, mantuviera poco contacto físico con sus seguidores y fuera acusado de cometer algunas fechorías.
Sin duda, tanto Calleja como Martínez, fueron al reencuentro de su gente a lo largo y ancho del país a fin de enamorar a sus bases contaminadas con la atmósfera de frustración y pesimismo que se ha visto reflejada en los estudios de opinión pública que se dieron a conocer en su oportunidad.
Inmenso reto enfrentaron los especialistas en el marketing político para tratar de levantar partos helados, gran esfuerzo de seducción tuvieron que hacer a fin de resucitar a estos candidatos de partidos políticos que ya estuvieron o están el poder, sin que dieran resultados; sin embargo, la hora decisiva es el tres de febrero.
“Durante la presente campaña hemos visto y escuchado de todo. Destapes, acusaciones, golpes, insultos, amenazas, agresividad, populismo, ‘trolles’, arrogancia, evasivas, ridiculeces, todo ello mientras el panorama nacional sigue desangrándose con la violencia y con la salida del país de cientos de compatriotas que no ven otra escapatoria a la situación que vivimos”, afirmó la escritora Jacinta Escudos.
Y agregó: “Quizás lo más indignante es que los diseñadores de las campañas políticas insultan la inteligencia de la ciudadanía pensando que basta enfocarse en el descontento generalizado para vendernos a su correspondiente candidato. Los partidos políticos no asumen como obligación hablar con claridad, pero sobre todo con objetividad sobre sus propuestas”.
Como sabemos, pues, elecciones van y elecciones vienen.
Al fondo, hay que lamentar la ausencia de una ciudadanía crítica que haga valer sus derechos y asuma sus deberes políticos.
El ambiente que rodea a las elecciones presidenciales de febrero no es para nada optimista, pues sin mayor esfuerzo se constata en la gente el desencanto, la desesperanza y el temor por vivir inmersa en una crisis de inseguridad y en su economía familiar. Además, lo que proponen los políticos no está a la altura de los desafíos.
Quedará en deuda la presidencia de Salvador Sánchez Cerén ante el fracaso de su gestión frente a los mismos problemas de inseguridad y economía que, cuando llegó, mantenían los ánimos del pueblo caídos, más allá del acostumbrado ilusionismo de las encuestas de opinión, los seudo debates mediáticos y las promesas recicladas.
Esa desesperanza y enojo se le debe primordialmente al otro fiasco que se llevaron los salvadoreños con la presidencia de Mauricio Funes, prófugo de la justicia bajo cargos de corrupción, que en 2009 logró, como nunca antes, inyectar un espíritu de cambio a la sociedad que venía de soportar veinte años de administración de la derecha con sus tropelías.
Precisamente es en ese contexto que agarró fuerza la candidatura del ex alcalde Nayib Bukele bajo la bandera del partido Gran Alianza por la Unidad Nacional (Gana) que, no obstante que es una agrupación creada por el ex presidente Elías Antonio Saca, ladrón confeso que cumple una condena de 10 años por corrupción, no le significó mayor costo al aspirante de la golondrina.
Y, al revés, es lo que le han facturado tanto a Carlos Calleja, de Alianza Republicana Nacionalista (Arena), como a Hugo Martínez, del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (Fmln), dado que llevan el lastre de representar a partidos que han estado o están en el Ejecutivo y acusados de haberse corrompido.
Al final, frente al ardor, desesperanza y hastío con los partidos que han gobernado desde la firma de los Acuerdos de Paz, en 1992, no importó que Nayib Bukele haya rehuido el debate, presentara un plan con plagios, mantuviera poco contacto físico con sus seguidores y fuera acusado de cometer algunas fechorías.
Sin duda, tanto Calleja como Martínez, fueron al reencuentro de su gente a lo largo y ancho del país a fin de enamorar a sus bases contaminadas con la atmósfera de frustración y pesimismo que se ha visto reflejada en los estudios de opinión pública que se dieron a conocer en su oportunidad.
Inmenso reto enfrentaron los especialistas en el marketing político para tratar de levantar partos helados, gran esfuerzo de seducción tuvieron que hacer a fin de resucitar a estos candidatos de partidos políticos que ya estuvieron o están el poder, sin que dieran resultados; sin embargo, la hora decisiva es el tres de febrero.
“Durante la presente campaña hemos visto y escuchado de todo. Destapes, acusaciones, golpes, insultos, amenazas, agresividad, populismo, ‘trolles’, arrogancia, evasivas, ridiculeces, todo ello mientras el panorama nacional sigue desangrándose con la violencia y con la salida del país de cientos de compatriotas que no ven otra escapatoria a la situación que vivimos”, afirmó la escritora Jacinta Escudos.
Y agregó: “Quizás lo más indignante es que los diseñadores de las campañas políticas insultan la inteligencia de la ciudadanía pensando que basta enfocarse en el descontento generalizado para vendernos a su correspondiente candidato. Los partidos políticos no asumen como obligación hablar con claridad, pero sobre todo con objetividad sobre sus propuestas”.
Como sabemos, pues, elecciones van y elecciones vienen.
Al fondo, hay que lamentar la ausencia de una ciudadanía crítica que haga valer sus derechos y asuma sus deberes políticos.
martes, enero 22, 2019
A propósito de la recta final del proceso electoral
Por Guillermo Mejía
El asesinato de miembros de la Policía Nacional Civil (PNC), de la Fuerza Armada y la incontenible hemorragia que desangra a los salvadoreños componen el escenario del proceso que arribó a su etapa final, y el próximo 3 de febrero se elijará al presidente de la República entre cuatro figuras políticas cuyos perfiles distan del estadista que necesitamos.
De lo que Carlos Calleja, de Alianza Republicana Nacionalista (Arena); Hugo Martínez, del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (Fmln); Nayib Bukele, de la Gran Alianza por la Unidad Nacional (Gana); y Josué Alvarado, de Vamos; han expuesto ante los problemas nacionales, pues, a leguas se nota que nos quedaron en deuda.
Sobre violencia y seguridad, así como situación económica y crisis fiscal, que son cuestiones que vienen socavando los programas de gobierno de la posguerra, los candidatos presidenciales poco o nada han propuesto con mayúscula, más bien –como les han señalado voces críticas- quizás respondieron para salir del compromiso más que tener alternativas viables y justificadas, especialmente en lo financiero.
La campaña electoral, pobre y deslucida, nos deja tantas deudas. Para el caso:
En primer lugar, y como siempre, la incidencia de las pandillas o maras en los procesos electorales se volvió a sentir en la sociedad salvadoreña. A la vez, tras bambalinas, la anuencia de los partidos políticos hacia esos grupos para no verse limitados en su proyección pública. Son cuestiones que no podemos obviar y que van para largo.
El asesinato de nueve miembros de la PNC, integrantes de la Fuerza Armada y la imparable muerte de pobladores a lo largo y ancho del país, han demostrado que el crimen organizado sigue teniendo la iniciativa frente al caduco discurso oficial que anuncia que existen mejoras sustanciales en seguridad pública.
En ese sentido, me solidarizo con la familia de Bryan Alexander Castro, estudiante de Periodismo de la Universidad de El Salvador (UES), asesinado en medio de la vorágine que nos agobia en este país.
En segundo lugar, fuimos testigos de una pobre campaña proselitista y el alineamiento mediático que dista de corresponder a las necesidades informativas de la población para que asuma el compromiso ciudadano con el ejercicio del poder, a lo que se agregó la presencia tóxica de trolles -de todos los colores- que inundaron las redes sociales con su pestilencia.
Por ejemplo, el personaje que concentró la atención y animó el imparable ataque con motivaciones electoreras en las redes sociales fue el ex presidente Tony Saca, condenado por corrupción y que purga una pena de 10 años en el penal de Mariona: Desde el olvido Carlos Calleja, cuando Saca fue presidente bajo la bandera de Arena, pasando por la negación de Nayib Bukele, candidato de Gana -precisamente el partido político creado por Saca- hasta el ataque de Hugo Martínez siendo Saca y Gana la tabla de salvación de los últimos dos gobiernos presididos por el partido Fmln. ¿Pueden Arena, el Fmln o Nayib Bukele (con Gana) asumir demencia en el caso de Tony Saca?
En tercer lugar, todavía estamos lejos de optar por el debate consciente y enriquecedor de los ciudadanos como herramienta de discusión, menos si hablamos de transparencia en el ejercicio del poder. Aunque, en esta ocasión hubo conversatorios con los candidatos en la Universidad Centroamericana “José Simeón Cañas” (UCA) e intentos de debate en la Universidad de El Salvador (UES) y la Asociación de Radiodifusores (Asder), estos dos últimos a los que no asistieron los candidatos por el partido Gana que pregonan no ser más de lo mismo.
Ojala que más temprano que tarde los que participan en procesos electorales para arribar al poder asuman el compromiso de poner en discusión sus planteamientos, justificarlos y demostrar su viabilidad financiera, como amerita toda democracia. Y que, por cierto, no caigan en el error de poner cualquier cosa en busca de votos -dado que el papel aguanta con todo- mucho menos cometer plagio bajo la mala costumbre del “copy-paste”.
El asesinato de miembros de la Policía Nacional Civil (PNC), de la Fuerza Armada y la incontenible hemorragia que desangra a los salvadoreños componen el escenario del proceso que arribó a su etapa final, y el próximo 3 de febrero se elijará al presidente de la República entre cuatro figuras políticas cuyos perfiles distan del estadista que necesitamos.
De lo que Carlos Calleja, de Alianza Republicana Nacionalista (Arena); Hugo Martínez, del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (Fmln); Nayib Bukele, de la Gran Alianza por la Unidad Nacional (Gana); y Josué Alvarado, de Vamos; han expuesto ante los problemas nacionales, pues, a leguas se nota que nos quedaron en deuda.
Sobre violencia y seguridad, así como situación económica y crisis fiscal, que son cuestiones que vienen socavando los programas de gobierno de la posguerra, los candidatos presidenciales poco o nada han propuesto con mayúscula, más bien –como les han señalado voces críticas- quizás respondieron para salir del compromiso más que tener alternativas viables y justificadas, especialmente en lo financiero.
La campaña electoral, pobre y deslucida, nos deja tantas deudas. Para el caso:
En primer lugar, y como siempre, la incidencia de las pandillas o maras en los procesos electorales se volvió a sentir en la sociedad salvadoreña. A la vez, tras bambalinas, la anuencia de los partidos políticos hacia esos grupos para no verse limitados en su proyección pública. Son cuestiones que no podemos obviar y que van para largo.
El asesinato de nueve miembros de la PNC, integrantes de la Fuerza Armada y la imparable muerte de pobladores a lo largo y ancho del país, han demostrado que el crimen organizado sigue teniendo la iniciativa frente al caduco discurso oficial que anuncia que existen mejoras sustanciales en seguridad pública.
En ese sentido, me solidarizo con la familia de Bryan Alexander Castro, estudiante de Periodismo de la Universidad de El Salvador (UES), asesinado en medio de la vorágine que nos agobia en este país.
En segundo lugar, fuimos testigos de una pobre campaña proselitista y el alineamiento mediático que dista de corresponder a las necesidades informativas de la población para que asuma el compromiso ciudadano con el ejercicio del poder, a lo que se agregó la presencia tóxica de trolles -de todos los colores- que inundaron las redes sociales con su pestilencia.
Por ejemplo, el personaje que concentró la atención y animó el imparable ataque con motivaciones electoreras en las redes sociales fue el ex presidente Tony Saca, condenado por corrupción y que purga una pena de 10 años en el penal de Mariona: Desde el olvido Carlos Calleja, cuando Saca fue presidente bajo la bandera de Arena, pasando por la negación de Nayib Bukele, candidato de Gana -precisamente el partido político creado por Saca- hasta el ataque de Hugo Martínez siendo Saca y Gana la tabla de salvación de los últimos dos gobiernos presididos por el partido Fmln. ¿Pueden Arena, el Fmln o Nayib Bukele (con Gana) asumir demencia en el caso de Tony Saca?
En tercer lugar, todavía estamos lejos de optar por el debate consciente y enriquecedor de los ciudadanos como herramienta de discusión, menos si hablamos de transparencia en el ejercicio del poder. Aunque, en esta ocasión hubo conversatorios con los candidatos en la Universidad Centroamericana “José Simeón Cañas” (UCA) e intentos de debate en la Universidad de El Salvador (UES) y la Asociación de Radiodifusores (Asder), estos dos últimos a los que no asistieron los candidatos por el partido Gana que pregonan no ser más de lo mismo.
Ojala que más temprano que tarde los que participan en procesos electorales para arribar al poder asuman el compromiso de poner en discusión sus planteamientos, justificarlos y demostrar su viabilidad financiera, como amerita toda democracia. Y que, por cierto, no caigan en el error de poner cualquier cosa en busca de votos -dado que el papel aguanta con todo- mucho menos cometer plagio bajo la mala costumbre del “copy-paste”.
miércoles, enero 16, 2019
Los desaparecidos: Olvidados por los candidatos presidenciales
Por Guillermo Mejía
A pesar que los desaparecidos de la violencia social son miles cada año, los candidatos de los partidos políticos que buscan la presidencia no los han tomado en cuenta dentro de sus promesas de campaña. Si al caso, se han referido marginalmente a la situación de inseguridad reinante donde básicamente prometen más de lo mismo.
Cifras ofrecidas por la Fiscalía General registran cuando menos 3 mil 514 denuncias de personas desaparecidas durante 2018, cifra superior a los crímenes que sumaron 3 mil 340 durante el mismo periodo, de acuerdo con la Policía Nacional Civil (PNC). Al sumar las estadísticas resulta dantesco.
Las desapariciones de personas se dispararon durante el periodo de tregua del gobierno del presidente Mauricio Funes con las pandillas cuando se solaparon los crímenes para que artificialmente se mostrara una baja sensible de un promedio de unos 20 asesinatos a seis o cinco por día, situación que mientras no se conoció a fondo dio para proclamar un rotundo éxito en los planes de seguridad.
Desde esa fecha y, en coyunturas especiales como las electorales, las pandillas han tenido a bien utilizar sus estrategias a fin de sacar ventajas con funcionarios en ejercicio o políticos que buscan arribar a puestos de poder al grado que, por ejemplo, miembros de los principales partidos contendientes en los comicios de 2019, Arena, Fmln y Gana, han participado de negociaciones turbias.
De cara a las elecciones presidenciales de febrero próximo, los candidatos han coincidido en buscar alternativas que no sean “manoduristas”, utilizadas tanto por gobiernos de Arena como del Fmln, calificadas como fracasadas porque en lugar de resolver el grave problema de violencia social solo significaron echarle más leña al fuego.
El ministro de Justicia y Seguridad, Mauricio Ramírez Landaverde, recientemente señaló que no ve cambios sustanciales en las propuestas de los candidatos frente a los desafíos que representa la violencia social, más que todo buscan humanizar el tratamiento del caso y que en el actual gobierno ya han dado pasos concretos. El programa “Yo cambio”, según él, es prueba de ello.
Sin embargo, de los candidatos presidenciales no se ha escuchado nada sobre el desaparecimiento y menos del desplazamiento interno forzado por la violencia.
Una encuesta del Instituto Universitario de Opinión Pública (IUDOP) de la Universidad Centroamericana “José Simeón Cañas” (UCA) dada a conocer con Cristosal reveló que 8 de cada 10 salvadoreños considera que el Estado debe reconocer el desplazamiento interno forzado por la violencia.
Son al menos 235 mil compatriotas que se vieron obligados a dejar su lugar de residencia, por la violencia imperante, durante el año pasado.
Asimismo, el estudio concluyó que el 75.7 por ciento de los encuestados indicó que las medidas extraordinarias de seguridad había permitido al gobierno recuperar en poco o nada los territorios controlados por las pandillas, mientras que el 75.1 por ciento de los encuestados consideró que las restricciones habían reducido la delincuencia en poco o nada.
Los participantes también mostraron en un 65.5 por ciento su apoyo en mucho o algo la promulgación de una ley de rehabilitación de pandilleros como respuesta integral al problema.
El abogado de Cristosal, David Morales, dijo que “esta es la voz de la opinión pública que deben escuchar las candidaturas y los equipos que están trabajando por obtener la presidencia de la república y el futuro gobierno”. Como dicen, el vivo a señas y el tonto a palos.
A pesar que los desaparecidos de la violencia social son miles cada año, los candidatos de los partidos políticos que buscan la presidencia no los han tomado en cuenta dentro de sus promesas de campaña. Si al caso, se han referido marginalmente a la situación de inseguridad reinante donde básicamente prometen más de lo mismo.
Cifras ofrecidas por la Fiscalía General registran cuando menos 3 mil 514 denuncias de personas desaparecidas durante 2018, cifra superior a los crímenes que sumaron 3 mil 340 durante el mismo periodo, de acuerdo con la Policía Nacional Civil (PNC). Al sumar las estadísticas resulta dantesco.
Las desapariciones de personas se dispararon durante el periodo de tregua del gobierno del presidente Mauricio Funes con las pandillas cuando se solaparon los crímenes para que artificialmente se mostrara una baja sensible de un promedio de unos 20 asesinatos a seis o cinco por día, situación que mientras no se conoció a fondo dio para proclamar un rotundo éxito en los planes de seguridad.
Desde esa fecha y, en coyunturas especiales como las electorales, las pandillas han tenido a bien utilizar sus estrategias a fin de sacar ventajas con funcionarios en ejercicio o políticos que buscan arribar a puestos de poder al grado que, por ejemplo, miembros de los principales partidos contendientes en los comicios de 2019, Arena, Fmln y Gana, han participado de negociaciones turbias.
De cara a las elecciones presidenciales de febrero próximo, los candidatos han coincidido en buscar alternativas que no sean “manoduristas”, utilizadas tanto por gobiernos de Arena como del Fmln, calificadas como fracasadas porque en lugar de resolver el grave problema de violencia social solo significaron echarle más leña al fuego.
El ministro de Justicia y Seguridad, Mauricio Ramírez Landaverde, recientemente señaló que no ve cambios sustanciales en las propuestas de los candidatos frente a los desafíos que representa la violencia social, más que todo buscan humanizar el tratamiento del caso y que en el actual gobierno ya han dado pasos concretos. El programa “Yo cambio”, según él, es prueba de ello.
Sin embargo, de los candidatos presidenciales no se ha escuchado nada sobre el desaparecimiento y menos del desplazamiento interno forzado por la violencia.
Una encuesta del Instituto Universitario de Opinión Pública (IUDOP) de la Universidad Centroamericana “José Simeón Cañas” (UCA) dada a conocer con Cristosal reveló que 8 de cada 10 salvadoreños considera que el Estado debe reconocer el desplazamiento interno forzado por la violencia.
Son al menos 235 mil compatriotas que se vieron obligados a dejar su lugar de residencia, por la violencia imperante, durante el año pasado.
Asimismo, el estudio concluyó que el 75.7 por ciento de los encuestados indicó que las medidas extraordinarias de seguridad había permitido al gobierno recuperar en poco o nada los territorios controlados por las pandillas, mientras que el 75.1 por ciento de los encuestados consideró que las restricciones habían reducido la delincuencia en poco o nada.
Los participantes también mostraron en un 65.5 por ciento su apoyo en mucho o algo la promulgación de una ley de rehabilitación de pandilleros como respuesta integral al problema.
El abogado de Cristosal, David Morales, dijo que “esta es la voz de la opinión pública que deben escuchar las candidaturas y los equipos que están trabajando por obtener la presidencia de la república y el futuro gobierno”. Como dicen, el vivo a señas y el tonto a palos.
miércoles, enero 09, 2019
Las elecciones presidenciales: Una cita a ciegas
Por Guillermo Mejía
Más que adentrar de forma crítica al ciudadano al proceso electoral y sus protagonistas, como reza el deber ser de los periodistas, el sistema de comunicación colectiva salvadoreño se decantó otra vez por la acostumbrada espectacularización informativa con lo que queda en evidencia su falta de compromiso con la profundización de la democracia.
De esa manera, carentes de información valiosa, escogeremos al futuro presidente entre Carlos Calleja, del partido Alianza Republicana Nacionalista (Arena); Hugo Martínez, del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (Fmln); Nayib Bukele, de Gran Alianza por la Unidad Nacional (Gana); y Josué Alvarado, del partido Vamos.
Como he expresado en otras oportunidades, en el periodismo nacional no se trasciende de prestar micrófono y, algo lamentable, de convertirse en cajas de resonancia de la propaganda política de los candidatos presidenciales y sus partidos, sin que se asuma una postura consecuente con los intereses de la sociedad.
Nos hace falta información trabajada con responsabilidad, el abordaje a profundidad de temas que aclaren el panorama para los ciudadanos y las respuestas oportunas a situaciones comprometedoras por parte de los que buscan la silla presidencial; es decir, cumplir con una misión trascendental que han depositado los ciudadanos en los periodistas.
En realidad, ¿quiénes están detrás de las candidaturas presidenciales?, ¿a qué intereses responden los que manejan los hilos del poder en los partidos contendientes?, ¿de dónde provienen las millonarias inversiones de los políticos en la campaña electoral?, son preguntas que merecen ser respondidas para transparentar el proceso.
Y, claro, por respeto a la ciudadanía, los candidatos presidenciales tienen que presentar planes concretos de la forma en que tratarán los problemas nacionales, por ejemplo crisis económica y deuda externa, las pandillas y la violencia social, la precaria educación y el decadente sistema de salud, entre otros, más que dejar todo al marketing y las encuestas electorales.
En ese sentido, es necesario también que en la sociedad salvadoreña se instaure de una vez por todas el debate de los postulantes sobre temas de interés colectivo y ante tal mecanismo no es posible que los candidatos rehúyan participar, porque demuestran el irrespeto a los electores. El ejercicio del poder amerita la discusión libre y oportuna.
En consecuencia, la ciudadanía salvadoreña debe ser respetada en su derecho a la información por parte de dueños, editores y periodistas de cara a las elecciones presidenciales de 2019; mientras, los candidatos y sus partidos tienen que respetar la autonomía del trabajo periodístico a fin de estar en sintonía con la profundización de la democracia.
“El paso de la microdemocracia a la macrodemocracia, o democracia de las sociedades industriales, supone la invención de algunos instrumentos para salvar la brecha abierta entre los pocos que hacen la política y aquellos sobre los que esa política se ejecuta”, señala el maestro español Javier del Rey Morató.
“Y esos instrumentos no son otros que los medios de comunicación, que hacen posible la comunicación política, ese fenómeno cultural que se produce desde el subsistema de la comunicación social, y cuya autonomía relativa hace posible una realidad bien distinta de la que genera en una dictadura, en la que está atrapado en la redes del subsistema político, que lo acapara todo”, afirma el especialista.
Tanto en el proceso electoral, que culmina el próximo 3 de febrero, como en otros órdenes de la vida nacional, es urgente que los medios de comunicación den un salto de calidad, para corresponder a los derechos ciudadanos. Si bien es válido que los medios perfilen sus críticas al ya caduco sistema político nacional, también es necesario que hagan lo propio en el sistema de comunicación colectiva.
Más que adentrar de forma crítica al ciudadano al proceso electoral y sus protagonistas, como reza el deber ser de los periodistas, el sistema de comunicación colectiva salvadoreño se decantó otra vez por la acostumbrada espectacularización informativa con lo que queda en evidencia su falta de compromiso con la profundización de la democracia.
De esa manera, carentes de información valiosa, escogeremos al futuro presidente entre Carlos Calleja, del partido Alianza Republicana Nacionalista (Arena); Hugo Martínez, del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (Fmln); Nayib Bukele, de Gran Alianza por la Unidad Nacional (Gana); y Josué Alvarado, del partido Vamos.
Como he expresado en otras oportunidades, en el periodismo nacional no se trasciende de prestar micrófono y, algo lamentable, de convertirse en cajas de resonancia de la propaganda política de los candidatos presidenciales y sus partidos, sin que se asuma una postura consecuente con los intereses de la sociedad.
Nos hace falta información trabajada con responsabilidad, el abordaje a profundidad de temas que aclaren el panorama para los ciudadanos y las respuestas oportunas a situaciones comprometedoras por parte de los que buscan la silla presidencial; es decir, cumplir con una misión trascendental que han depositado los ciudadanos en los periodistas.
En realidad, ¿quiénes están detrás de las candidaturas presidenciales?, ¿a qué intereses responden los que manejan los hilos del poder en los partidos contendientes?, ¿de dónde provienen las millonarias inversiones de los políticos en la campaña electoral?, son preguntas que merecen ser respondidas para transparentar el proceso.
Y, claro, por respeto a la ciudadanía, los candidatos presidenciales tienen que presentar planes concretos de la forma en que tratarán los problemas nacionales, por ejemplo crisis económica y deuda externa, las pandillas y la violencia social, la precaria educación y el decadente sistema de salud, entre otros, más que dejar todo al marketing y las encuestas electorales.
En ese sentido, es necesario también que en la sociedad salvadoreña se instaure de una vez por todas el debate de los postulantes sobre temas de interés colectivo y ante tal mecanismo no es posible que los candidatos rehúyan participar, porque demuestran el irrespeto a los electores. El ejercicio del poder amerita la discusión libre y oportuna.
En consecuencia, la ciudadanía salvadoreña debe ser respetada en su derecho a la información por parte de dueños, editores y periodistas de cara a las elecciones presidenciales de 2019; mientras, los candidatos y sus partidos tienen que respetar la autonomía del trabajo periodístico a fin de estar en sintonía con la profundización de la democracia.
“El paso de la microdemocracia a la macrodemocracia, o democracia de las sociedades industriales, supone la invención de algunos instrumentos para salvar la brecha abierta entre los pocos que hacen la política y aquellos sobre los que esa política se ejecuta”, señala el maestro español Javier del Rey Morató.
“Y esos instrumentos no son otros que los medios de comunicación, que hacen posible la comunicación política, ese fenómeno cultural que se produce desde el subsistema de la comunicación social, y cuya autonomía relativa hace posible una realidad bien distinta de la que genera en una dictadura, en la que está atrapado en la redes del subsistema político, que lo acapara todo”, afirma el especialista.
Tanto en el proceso electoral, que culmina el próximo 3 de febrero, como en otros órdenes de la vida nacional, es urgente que los medios de comunicación den un salto de calidad, para corresponder a los derechos ciudadanos. Si bien es válido que los medios perfilen sus críticas al ya caduco sistema político nacional, también es necesario que hagan lo propio en el sistema de comunicación colectiva.
martes, diciembre 18, 2018
Los fantasmas del general Munguía Payés
Por Guillermo Mejía
Con asombro se escucharon las advertencias del ministro de la Defensa, general David Munguía Payés, sobre la posibilidad de un levantamiento popular producto de un fraude en las elecciones presidenciales del próximo tres de febrero, situación que no ha sido tema de discusión salvo las denuncias de uno de los candidatos que incluso fue corregido por su propio partido político.
“Ha habido en el pasado algunos llamados de políticos a la institución armada precisamente porque no se encuentran satisfechos con el resultado; entonces nosotros esperamos, creemos en el sistema, que nada va a suceder y que no tengamos que intervenir en caso de que haya un levantamiento popular en función de que la gente crea que las elecciones no se han desarrollado como deben desarrollarse”, advirtió el funcionario.
“La FAES se va a mantener fiel al mandato constitucional, esperamos que no nos vayan a comprometer, en el sentido de que yo pedí juego limpio al sistema político del país porque si aquí no se juega limpio podemos tener una conmoción social”, afirmó en abierta contradicción con el Artículo 211 de la Constitución de la República que señala a la Fuerza Armada como apolítica y no beligerante.
Sin embargo, el general justificó sus declaraciones en que “yo soy político y debo emitir opinión”; es decir, “soy el político de la Fuerza Armada de El Salvador porque soy un miembro del gabinete del Gobierno”.
De inmediato, se escucharon las opiniones contrarias a la postura del militar, dado lo delicado de enredar a la institución armada en asuntos políticos, característica del estamento hasta la firma de los Acuerdos de Paz, en 1992, cuando quedó establecido su papel a la defensa de la soberanía nacional.
El diputado arenero, Mauricio Vargas, contestó que “aunque el ministro sea un ingrediente político, tiene que sopesar todos los componentes de la institución, porque no es a su persona, es a la institucionalidad”.
“Adicionalmente, no se puede venir a decir de esta manera cuando él ha jugado un papel con el Fmln, con Mauricio Funes, y se habla entre rumores y entre corrillos que está jugando un papel con Nayib Bukele siendo complaciente con concepciones políticas y en visiones institucionales”, remató el diputado.
Y, precisamente, fue el candidato Bukele, del partido derechista Gran Alianza por la Unidad Nacional (Gana), quien habló sobre un posible fraude en el Tribunal Supremo Electoral (TSE) por el cambio de intensidad en el color de la bandera del partido en la papeleta, a la vez que llamó a sus seguidores a una protesta callejera.
Empero, dirigentes de su mismo partido Gana descalificaron las denuncias y negaron que sus bases hayan participado en la protesta.
Las actuaciones controversiales del general Munguía Payés no son nuevas. Durante el gobierno de Mauricio Funes, prófugo de la justicia por denuncias de corrupción y asilado en Nicaragua, fue el “padre de la tregua” del gobierno con las pandillas, situación que disparó la violencia con el incremento de los desaparecidos y los respectivos cementerios clandestinos y la consolidación de las maras.
Además, aunque le debe obediencia al presidente de la República, son recordadas las palabras nada afortunadas sobre la inferioridad militar de El Salvador frente a Honduras que –según él- le bastaban minutos para destruir la infraestructura nacional. El ex presidente Funes en esa oportunidad lo apañó diciendo que era una apreciación personal del general.
Hay que agregar la gravedad de que en ambos gobiernos del Fmln, en los cuales ha sido funcionario de seguridad y de la defensa, se ha militarizado al extremo la seguridad pública con el incremento de casos de violaciones a los derechos humanos. En el fondo, cabe preguntarse: ¿A las cabales quién es el ventríloco que se expresa mediante la figura del general David Munguía Payés? Póngale coco.
Con asombro se escucharon las advertencias del ministro de la Defensa, general David Munguía Payés, sobre la posibilidad de un levantamiento popular producto de un fraude en las elecciones presidenciales del próximo tres de febrero, situación que no ha sido tema de discusión salvo las denuncias de uno de los candidatos que incluso fue corregido por su propio partido político.
“Ha habido en el pasado algunos llamados de políticos a la institución armada precisamente porque no se encuentran satisfechos con el resultado; entonces nosotros esperamos, creemos en el sistema, que nada va a suceder y que no tengamos que intervenir en caso de que haya un levantamiento popular en función de que la gente crea que las elecciones no se han desarrollado como deben desarrollarse”, advirtió el funcionario.
“La FAES se va a mantener fiel al mandato constitucional, esperamos que no nos vayan a comprometer, en el sentido de que yo pedí juego limpio al sistema político del país porque si aquí no se juega limpio podemos tener una conmoción social”, afirmó en abierta contradicción con el Artículo 211 de la Constitución de la República que señala a la Fuerza Armada como apolítica y no beligerante.
Sin embargo, el general justificó sus declaraciones en que “yo soy político y debo emitir opinión”; es decir, “soy el político de la Fuerza Armada de El Salvador porque soy un miembro del gabinete del Gobierno”.
De inmediato, se escucharon las opiniones contrarias a la postura del militar, dado lo delicado de enredar a la institución armada en asuntos políticos, característica del estamento hasta la firma de los Acuerdos de Paz, en 1992, cuando quedó establecido su papel a la defensa de la soberanía nacional.
El diputado arenero, Mauricio Vargas, contestó que “aunque el ministro sea un ingrediente político, tiene que sopesar todos los componentes de la institución, porque no es a su persona, es a la institucionalidad”.
“Adicionalmente, no se puede venir a decir de esta manera cuando él ha jugado un papel con el Fmln, con Mauricio Funes, y se habla entre rumores y entre corrillos que está jugando un papel con Nayib Bukele siendo complaciente con concepciones políticas y en visiones institucionales”, remató el diputado.
Y, precisamente, fue el candidato Bukele, del partido derechista Gran Alianza por la Unidad Nacional (Gana), quien habló sobre un posible fraude en el Tribunal Supremo Electoral (TSE) por el cambio de intensidad en el color de la bandera del partido en la papeleta, a la vez que llamó a sus seguidores a una protesta callejera.
Empero, dirigentes de su mismo partido Gana descalificaron las denuncias y negaron que sus bases hayan participado en la protesta.
Las actuaciones controversiales del general Munguía Payés no son nuevas. Durante el gobierno de Mauricio Funes, prófugo de la justicia por denuncias de corrupción y asilado en Nicaragua, fue el “padre de la tregua” del gobierno con las pandillas, situación que disparó la violencia con el incremento de los desaparecidos y los respectivos cementerios clandestinos y la consolidación de las maras.
Además, aunque le debe obediencia al presidente de la República, son recordadas las palabras nada afortunadas sobre la inferioridad militar de El Salvador frente a Honduras que –según él- le bastaban minutos para destruir la infraestructura nacional. El ex presidente Funes en esa oportunidad lo apañó diciendo que era una apreciación personal del general.
Hay que agregar la gravedad de que en ambos gobiernos del Fmln, en los cuales ha sido funcionario de seguridad y de la defensa, se ha militarizado al extremo la seguridad pública con el incremento de casos de violaciones a los derechos humanos. En el fondo, cabe preguntarse: ¿A las cabales quién es el ventríloco que se expresa mediante la figura del general David Munguía Payés? Póngale coco.
martes, diciembre 11, 2018
El Salvador: Un país símbolo de lo fallido
Por Guillermo Mejía
“Oscuro como la tumba donde yace mi amigo”, respondió el escritor y periodista salvadoreño Horacio Castellanos Moya a la pregunta formulada por el periódico El País, de España, sobre el futuro de El Salvador, por ahora sumergido en una contienda electoral presidencial que culmina el próximo tres de febrero.
“¿Hay algún candidato que lo convenza?”, le interrogaron. “No”, respondió. Enseguida, la periodista le formuló la pregunta: “¿Qué le diría al presidente salvadoreño Salvador Sánchez Cerén?”, a lo que dijo de manera contundente: “Tanto esfuerzo, ¿para qué?”
El laureado escritor, cuya última novela se titula “Moronga” donde se perfila siempre la sociedad marcada por la violencia, resulta una muestra de una coincidencia de la población sobre la cada vez más lejana posibilidad de encontrar una solución a la grave situación marcada por la violencia, la huida y la crisis económica.
No por gusto, el arzobispo de San Salvador, monseñor José Luis Escobar Alas, volvió a utilizar la expresión de Estado fallido para referirse a El Salvador, pese a que –como la última vez- le sobrevinieron críticas desde el gobierno y la Fiscalía General de la República por lo que consideraron una calificación muy desproporcionada.
“Una cosa es Estado fallido en términos rigurosos, que eso no es lo que estamos viviendo, ciertamente. Pero en el sentido amplio sí, porque el Estado le habría fallado a la gente humilde, al pobre, al del campo, al del suburbio, al del barrio pobre”, denunció el religioso.
“Los gobiernos, y no me refiero a un partido o a otro, no han resuelto el problema, no sé por qué. Probablemente han tenido voluntad y no han podido, o no sé por qué. Es una lástima que el pueblo siga sufriendo el embate de la violencia”, agregó.
En cuanto a los candidatos presidenciales, el arzobispo de San Salvador demandó “que nos digan cómo van a resolver el problema de la violencia. Eso es lo que el pueblo quiere saber y ya no aguanta, es demasiado. Y esta violencia no ayuda a nadie, a nadie”.
Uno de los que respondieron fue el ministro de Justicia y Seguridad Pública, Mauricio Ramírez Landaverde: “Utilizar el término de Estado Fallido es una categoría muy fuerte, esto hay que entenderlo. Yo no puedo dar otro criterio que no sea lo que los organismos internacionales que hacen este tipo de mediciones”, dijo.
“El Salvador es el país más estable de la región, veamos cómo ha estado la región centroamericana, el Triángulo Norte en particular. Hay un total y pleno ejercicio de las libertades democráticas en nuestro país”, añadió.
El gobierno afirma que desde principios del año hasta inicios del mes en curso, el país contabiliza cerca de 3 mil 100 asesinatos, con un promedio de nueve crímenes diarios, menor al promedio de 11 asesinatos diarios ocurridos en 2017. Y también argumenta que es producto del éxito de sus medidas.
Sin embargo, la violencia es un problema latente en el territorio nacional. Producto de ello, por ejemplo, fueron asesinados tres policías en días pasados. Que en un país los encargados de la seguridad estén con sus vidas en peligro dice mucho de la gravedad del problema. Qué se puede esperar del común de los mortales.
Ante eso, algunos estudiosos del fenómeno de la violencia afirman que más bien lo que se tiene en estos países son Estados criminalizados, donde los gobiernos –y los políticos en general- se ven en la necesidad de negociar con los delincuentes organizados, para el caso con las “maras”, a fin de llevar a cabo sus planes. Se favorecen, pero también favorecen al crimen organizado. Un pasito más y te encuentras con un Estado fallido.
“Oscuro como la tumba donde yace mi amigo”, respondió el escritor y periodista salvadoreño Horacio Castellanos Moya a la pregunta formulada por el periódico El País, de España, sobre el futuro de El Salvador, por ahora sumergido en una contienda electoral presidencial que culmina el próximo tres de febrero.
“¿Hay algún candidato que lo convenza?”, le interrogaron. “No”, respondió. Enseguida, la periodista le formuló la pregunta: “¿Qué le diría al presidente salvadoreño Salvador Sánchez Cerén?”, a lo que dijo de manera contundente: “Tanto esfuerzo, ¿para qué?”
El laureado escritor, cuya última novela se titula “Moronga” donde se perfila siempre la sociedad marcada por la violencia, resulta una muestra de una coincidencia de la población sobre la cada vez más lejana posibilidad de encontrar una solución a la grave situación marcada por la violencia, la huida y la crisis económica.
No por gusto, el arzobispo de San Salvador, monseñor José Luis Escobar Alas, volvió a utilizar la expresión de Estado fallido para referirse a El Salvador, pese a que –como la última vez- le sobrevinieron críticas desde el gobierno y la Fiscalía General de la República por lo que consideraron una calificación muy desproporcionada.
“Una cosa es Estado fallido en términos rigurosos, que eso no es lo que estamos viviendo, ciertamente. Pero en el sentido amplio sí, porque el Estado le habría fallado a la gente humilde, al pobre, al del campo, al del suburbio, al del barrio pobre”, denunció el religioso.
“Los gobiernos, y no me refiero a un partido o a otro, no han resuelto el problema, no sé por qué. Probablemente han tenido voluntad y no han podido, o no sé por qué. Es una lástima que el pueblo siga sufriendo el embate de la violencia”, agregó.
En cuanto a los candidatos presidenciales, el arzobispo de San Salvador demandó “que nos digan cómo van a resolver el problema de la violencia. Eso es lo que el pueblo quiere saber y ya no aguanta, es demasiado. Y esta violencia no ayuda a nadie, a nadie”.
Uno de los que respondieron fue el ministro de Justicia y Seguridad Pública, Mauricio Ramírez Landaverde: “Utilizar el término de Estado Fallido es una categoría muy fuerte, esto hay que entenderlo. Yo no puedo dar otro criterio que no sea lo que los organismos internacionales que hacen este tipo de mediciones”, dijo.
“El Salvador es el país más estable de la región, veamos cómo ha estado la región centroamericana, el Triángulo Norte en particular. Hay un total y pleno ejercicio de las libertades democráticas en nuestro país”, añadió.
El gobierno afirma que desde principios del año hasta inicios del mes en curso, el país contabiliza cerca de 3 mil 100 asesinatos, con un promedio de nueve crímenes diarios, menor al promedio de 11 asesinatos diarios ocurridos en 2017. Y también argumenta que es producto del éxito de sus medidas.
Sin embargo, la violencia es un problema latente en el territorio nacional. Producto de ello, por ejemplo, fueron asesinados tres policías en días pasados. Que en un país los encargados de la seguridad estén con sus vidas en peligro dice mucho de la gravedad del problema. Qué se puede esperar del común de los mortales.
Ante eso, algunos estudiosos del fenómeno de la violencia afirman que más bien lo que se tiene en estos países son Estados criminalizados, donde los gobiernos –y los políticos en general- se ven en la necesidad de negociar con los delincuentes organizados, para el caso con las “maras”, a fin de llevar a cabo sus planes. Se favorecen, pero también favorecen al crimen organizado. Un pasito más y te encuentras con un Estado fallido.
martes, diciembre 04, 2018
Los riesgos de ejercer la política como transacción económica
Por Guillermo Mejía
En la actual coyuntura electoral de cara a las presidenciales del próximo año, existe el peligro que las fuerzas contendientes asuman compromisos de poder alejados de visiones de la filosofía política y vulgarmente se decanten por pactos bajo la mesa a fin de asegurarse protección mutua, autodefensa y protección de intereses particulares.
Es la advertencia que hace el periodista norteamericano Douglas Farah, asesor y consultor en seguridad nacional en Estados Unidos, en declaraciones a La Prensa Gráfica, donde una vez más habló sobre la presencia de las mafias, el narcotráfico, el crimen organizado, que han convertido a El Salvador en un “Estado criminalizado”.
“Lo que estamos viendo, no solo en El Salvador sino en toda la región es que ya la política es una transacción económica: quién está en el Congreso, quién va a ser fiscal, quién va a ser presidente, quiénes van a ser los candidatos son resultados de pactos que no son en el fondo políticos o ideológicos, sino pactos de protección mutua, de autodefensa y de protección de intereses más grandes que los propios partidos”, afirmó Farah.
Según él, hay razones para pensar que el modelo funciona, por ejemplo, se dio en la transición del ex presidente Tony Saca al ex presidente Mauricio Funes, es decir de Arena al Fmln: “Ahí se puede ver que se pueden hacer pactos para mantener las estructuras criminales sólidas de administración en administración”, señaló.
“Dentro de ese paquete hay muchas alianzas económicas entre gente del Frente, entre areneros, los del PCN y de todo mundo que están metidos en negocios conjuntos que buscan alianzas para perpetuar ciertas estructuras que no dependen de la ideología de la administración, sino de la voluntad de ciertos individuos de mantener esas estructuras funcionando”, advirtió.
“Para una democracia es peligrosísimo. Estamos ya en un proceso, desde hace un rato ya, donde la democracia está muy amenazada”, afirmó Farah, que en la pasada guerra civil salvadoreña fue corresponsal para el periódico The Washington Post y la agencia internacional de noticias UPI.
Por otro lado, el experto internacional se refirió a que las cosas se le facilitan al crimen organizado porque El Salvador está dolarizado y hay falta de control del gobierno de turno en temas bancarios: lo más fácil si uno quiere lavar dinero es tener los dólares, meterlos en dólares, sacarlos en dólares y moverlos offshore en dólares.
“Y eso es algo que ofrece El Salvador”, dijo Farah. “Con una preocupación mayor hemos visto que el presidente vetó la ley sobre la Unidad de Investigación Financiera, donde no hay mínimo interés del gobierno de Salvador Sánchez Cerén de realmente controlar esos flujos. Cuando se van cortando diferentes accesos a grupos a nivel internacional, la mafia rusa, algunos grupos mexicanos buscan los lugares más fáciles donde mover su dinero. Y El Salvador, lamentablemente, está dentro de ese grupo”, agregó.
En cuanto al proceso electoral salvadoreño, Farah afirmó que la mayoría de la gente entiende que lo que ve no es todo lo real. “Eso va en desgaste de los partidos tradicionales y el nacimiento de grupos como ha hecho Nayib Bukele, diciendo ‘yo soy distinto, no soy de la clase política’. Tanto Arena como el Frente, el PCN o la democracia cristiana están totalmente desgastados, nadie cree en ellos, salvo su base sólida de 20 por ciento cada uno”, sentenció.
“La gente está harta y está buscando soluciones. En este momento en donde todo es transaccional, se corre un peligro real de comprar y vender votos, sin pensar realmente en la democracia y sin que la gente pueda decir algo de su propio futuro”, advirtió Farah.
En la actual coyuntura electoral de cara a las presidenciales del próximo año, existe el peligro que las fuerzas contendientes asuman compromisos de poder alejados de visiones de la filosofía política y vulgarmente se decanten por pactos bajo la mesa a fin de asegurarse protección mutua, autodefensa y protección de intereses particulares.
Es la advertencia que hace el periodista norteamericano Douglas Farah, asesor y consultor en seguridad nacional en Estados Unidos, en declaraciones a La Prensa Gráfica, donde una vez más habló sobre la presencia de las mafias, el narcotráfico, el crimen organizado, que han convertido a El Salvador en un “Estado criminalizado”.
“Lo que estamos viendo, no solo en El Salvador sino en toda la región es que ya la política es una transacción económica: quién está en el Congreso, quién va a ser fiscal, quién va a ser presidente, quiénes van a ser los candidatos son resultados de pactos que no son en el fondo políticos o ideológicos, sino pactos de protección mutua, de autodefensa y de protección de intereses más grandes que los propios partidos”, afirmó Farah.
Según él, hay razones para pensar que el modelo funciona, por ejemplo, se dio en la transición del ex presidente Tony Saca al ex presidente Mauricio Funes, es decir de Arena al Fmln: “Ahí se puede ver que se pueden hacer pactos para mantener las estructuras criminales sólidas de administración en administración”, señaló.
“Dentro de ese paquete hay muchas alianzas económicas entre gente del Frente, entre areneros, los del PCN y de todo mundo que están metidos en negocios conjuntos que buscan alianzas para perpetuar ciertas estructuras que no dependen de la ideología de la administración, sino de la voluntad de ciertos individuos de mantener esas estructuras funcionando”, advirtió.
“Para una democracia es peligrosísimo. Estamos ya en un proceso, desde hace un rato ya, donde la democracia está muy amenazada”, afirmó Farah, que en la pasada guerra civil salvadoreña fue corresponsal para el periódico The Washington Post y la agencia internacional de noticias UPI.
Por otro lado, el experto internacional se refirió a que las cosas se le facilitan al crimen organizado porque El Salvador está dolarizado y hay falta de control del gobierno de turno en temas bancarios: lo más fácil si uno quiere lavar dinero es tener los dólares, meterlos en dólares, sacarlos en dólares y moverlos offshore en dólares.
“Y eso es algo que ofrece El Salvador”, dijo Farah. “Con una preocupación mayor hemos visto que el presidente vetó la ley sobre la Unidad de Investigación Financiera, donde no hay mínimo interés del gobierno de Salvador Sánchez Cerén de realmente controlar esos flujos. Cuando se van cortando diferentes accesos a grupos a nivel internacional, la mafia rusa, algunos grupos mexicanos buscan los lugares más fáciles donde mover su dinero. Y El Salvador, lamentablemente, está dentro de ese grupo”, agregó.
En cuanto al proceso electoral salvadoreño, Farah afirmó que la mayoría de la gente entiende que lo que ve no es todo lo real. “Eso va en desgaste de los partidos tradicionales y el nacimiento de grupos como ha hecho Nayib Bukele, diciendo ‘yo soy distinto, no soy de la clase política’. Tanto Arena como el Frente, el PCN o la democracia cristiana están totalmente desgastados, nadie cree en ellos, salvo su base sólida de 20 por ciento cada uno”, sentenció.
“La gente está harta y está buscando soluciones. En este momento en donde todo es transaccional, se corre un peligro real de comprar y vender votos, sin pensar realmente en la democracia y sin que la gente pueda decir algo de su propio futuro”, advirtió Farah.
martes, noviembre 27, 2018
Una lección histórica de la justicia contra la impunidad
Por Guillermo Mejía
Recientemente, conocimos la condena de un militar guatemalteco a más de cinco mil años por un crimen colectivo ocurrido durante la guerra civil y, aunque resulta simbólica porque la pena máxima a cumplir es de 50 años en la nación centroamericana, hay que reconocer el hecho frente a la impunidad reinante en El Salvador.
El soldado Santos López Alonzo, de 66 años, quien fue miembro del batallón contrainsurgente kaibiles, participó en el asesinato de 171 civiles, entre hombres, mujeres y niños, en el poblado rural de Dos Erres, ocurrido el siete de diciembre de 1982. El militar fue condenado luego de ser deportado de Estados Unidos.
“Fue sentenciado a treinta años por crímenes contra la humanidad y treinta años adicionales por casa una de las 171 víctimas”, relató The New York Times, además de ser acusado de secuestro y de adoptar a un niño de cinco años, Ramiro Osorio Cristales, cuya familia fue asesinada en la masacre. Osorio Cristales testificó en el juicio del ahora condenado a 5 mil 160 años de cárcel.
Según los relatos, López Alonzo participó en el operativo en busca de guerrilleros, pero “cuando la patrulla fracasó en encontrar a la guerrilla o a las armas, sacaron a los pobladores de sus hogares y violaron a muchas niñas, de acuerdo con los fiscales. Para encubrir las violaciones, asesinaron a casi todas las personas que vivían ahí”, publicó el rotativo.
Por si fuera poco, la masacre sucedió durante el régimen del genocida general Efraín Ríos Montt, que gobernó Guatemala de facto durante uno de los períodos más sangrientos dentro de la guerra civil de 36 años que culminó con un Acuerdo de Paz, entre el gobierno de turno y la guerrilla, en 1996.
Durante el conflicto armado guatemalteco se estima que murieron al menos 200 mil personas, mientras unas 45 mil quedaron desparecidas. La mayoría a manos de los militares y en menor cuantía de la guerrilla.
En El Salvador, este tipo de hechos debe hacernos reflexionar de cara al futuro frente a las deudas con la justicia que no han sido saldadas luego de 26 años del fin del conflicto armado que dejó unos 75 mil muertos y unos 8 mil desaparecidos, más la actual vorágine de violencia que cuenta cuando menos 4 mil muertes anuales y también miles de desaparecidos.
Al contrario de ciertos hechos ilustrativos en Guatemala, como la condena del soldado López Alonzo, en El Salvador han sido más las maniobras a favor de la impunidad. Ejemplo ha sido el crimen de los sacerdotes jesuitas y sus dos colaboradoras que, tras la derogatoria de la ley de amnistía, aún no se hace justicia.
Si bien el coronel Orlando Montano, quien fue extraditado de Estados Unidos hacia España para que responda por el crimen colectivo, en nuestro país solamente guarda prisión el coronel Guillermo Benavides y se llegó al extremo que durante el gobierno de Mauricio Funes, prófugo por delitos de corrupción y asilado en Nicaragua, escondieron en una guarnición militar a otros de los señalados en la masacre.
Es tan grave el caso de la impunidad en este país que en la actualidad de cara a la elección del nuevo fiscal general de la República, que iniciará su período en 2019, los partidos políticos, en especial Arena, Fmln y Gana, andan tras la búsqueda de un fiscal que les haga el favor de esconder las fechorías por las que algunos han sido señalados.
Y si pretenden que queden en la impunidad delitos como enriquecimiento ilícito, narcotráfico y lavado de activos, entre otros, ¿qué puede pasar con los crímenes de lesa humanidad arrastrados desde el conflicto armado e incluso muchos años antes de la guerra civil? Sépalo, los políticos salvadoreños sí le apuestan a la impunidad.
Recientemente, conocimos la condena de un militar guatemalteco a más de cinco mil años por un crimen colectivo ocurrido durante la guerra civil y, aunque resulta simbólica porque la pena máxima a cumplir es de 50 años en la nación centroamericana, hay que reconocer el hecho frente a la impunidad reinante en El Salvador.
El soldado Santos López Alonzo, de 66 años, quien fue miembro del batallón contrainsurgente kaibiles, participó en el asesinato de 171 civiles, entre hombres, mujeres y niños, en el poblado rural de Dos Erres, ocurrido el siete de diciembre de 1982. El militar fue condenado luego de ser deportado de Estados Unidos.
“Fue sentenciado a treinta años por crímenes contra la humanidad y treinta años adicionales por casa una de las 171 víctimas”, relató The New York Times, además de ser acusado de secuestro y de adoptar a un niño de cinco años, Ramiro Osorio Cristales, cuya familia fue asesinada en la masacre. Osorio Cristales testificó en el juicio del ahora condenado a 5 mil 160 años de cárcel.
Según los relatos, López Alonzo participó en el operativo en busca de guerrilleros, pero “cuando la patrulla fracasó en encontrar a la guerrilla o a las armas, sacaron a los pobladores de sus hogares y violaron a muchas niñas, de acuerdo con los fiscales. Para encubrir las violaciones, asesinaron a casi todas las personas que vivían ahí”, publicó el rotativo.
Por si fuera poco, la masacre sucedió durante el régimen del genocida general Efraín Ríos Montt, que gobernó Guatemala de facto durante uno de los períodos más sangrientos dentro de la guerra civil de 36 años que culminó con un Acuerdo de Paz, entre el gobierno de turno y la guerrilla, en 1996.
Durante el conflicto armado guatemalteco se estima que murieron al menos 200 mil personas, mientras unas 45 mil quedaron desparecidas. La mayoría a manos de los militares y en menor cuantía de la guerrilla.
En El Salvador, este tipo de hechos debe hacernos reflexionar de cara al futuro frente a las deudas con la justicia que no han sido saldadas luego de 26 años del fin del conflicto armado que dejó unos 75 mil muertos y unos 8 mil desaparecidos, más la actual vorágine de violencia que cuenta cuando menos 4 mil muertes anuales y también miles de desaparecidos.
Al contrario de ciertos hechos ilustrativos en Guatemala, como la condena del soldado López Alonzo, en El Salvador han sido más las maniobras a favor de la impunidad. Ejemplo ha sido el crimen de los sacerdotes jesuitas y sus dos colaboradoras que, tras la derogatoria de la ley de amnistía, aún no se hace justicia.
Si bien el coronel Orlando Montano, quien fue extraditado de Estados Unidos hacia España para que responda por el crimen colectivo, en nuestro país solamente guarda prisión el coronel Guillermo Benavides y se llegó al extremo que durante el gobierno de Mauricio Funes, prófugo por delitos de corrupción y asilado en Nicaragua, escondieron en una guarnición militar a otros de los señalados en la masacre.
Es tan grave el caso de la impunidad en este país que en la actualidad de cara a la elección del nuevo fiscal general de la República, que iniciará su período en 2019, los partidos políticos, en especial Arena, Fmln y Gana, andan tras la búsqueda de un fiscal que les haga el favor de esconder las fechorías por las que algunos han sido señalados.
Y si pretenden que queden en la impunidad delitos como enriquecimiento ilícito, narcotráfico y lavado de activos, entre otros, ¿qué puede pasar con los crímenes de lesa humanidad arrastrados desde el conflicto armado e incluso muchos años antes de la guerra civil? Sépalo, los políticos salvadoreños sí le apuestan a la impunidad.
martes, noviembre 20, 2018
La lucha por la conquista política de los jóvenes en el espacio digital
Por Guillermo Mejía
En el panorama que se vive en la sociedad contemporánea, inmersa en la mediatización de la política y la presencia de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación en la vida cotidiana, los políticos han tenido que asumir los retos que conlleva conquistar a los jóvenes utilizando las herramientas digitales.
Los especialistas argentinos Lucas Malaspina y Mercedes Larosa señalan, en un artículo de opinión de la revista Nueva Sociedad, que en América Latina los jóvenes representan el 30 por ciento de la población y toman en cuenta al estrato de entre los 18 y 35 años, conocidos como la “generación de los Millennnials”, por los cuales se pelean los políticos.
“La tecnología tiene un rol primordial en sus vidas a la hora de interactuar socialmente, de consumir y de manifestar sus opiniones. Inevitablemente, esta nueva manera de socializar afecta su manera de politizar(se)”, afirman los investigadores.
“Se trata de una generación que se moldea a través de lo instantáneo y que, al mismo tiempo, parece tendiente a involucrarse con causas puntuales. Una generación que establece relaciones con los partidos y con estructuras orgánicas más laxas y equívocas”, agregan.
Según los autores, la vanguardia en la exploración y utilización de las nuevas herramientas en la política la desplegó Barack Obama en las elecciones de Estados Unidos, en 2008. Quedó demostrada la eficacia del uso de redes sociales como un factor importante para expandir mensajes y comunicarse con la ciudadanía de forma directa y dinámica.
“Además de tejer redes entre sus propios seguidores para fortalecer al núcleo duro en el que se basaban sus votos seguros. Mientras que el eje central en 2008 estaba enfocado en el uso de las redes sociales, en las elecciones de 2012 todo giró alrededor del big data, con el trabajo de un equipo multidisciplinario que analizó los datos demográficos, etarios, socioculturales y económicos de los probables electores de Obama con el fin de utilizar la microsegmentación”, explican.
En la primera elección obtuvo 66 por ciento de los votos de los jóvenes de 18 a 29 años, mientras que cuatro años después consiguió 60 por ciento, concluyen los estudiosos argentinos.
En América Latina, Malaspina y Larosa ponen como ejemplos los resultados electorales presidenciales en Argentina, Brasil y México, donde los jóvenes –una vez apáticos frente a la política- participaron activamente utilizando herramientas digitales: redes sociales y el canal de mensajería Whatsapp.
Pero, en América Latina, son sobre todo los partidos de derecha los que tienen mayor claridad sobre el uso de las redes sociales para enamorar a los jóvenes y, por ende, han incursionado con éxito.
“En cambio, los sectores de izquierda, progresistas o nacional populares, en general llegan con retraso a disputar poder en este terreno. Y es que este campo de acción estaba muy desestimado, por lo que quedó librado a las iniciativas individuales de sus propios militantes. Una razón posible por la que la derecha absorbió más rápido este know how puede hallarse quizás en la mayor cercanía de sus cuadros con el mundo corporativo”, advierten los expertos argentinos.
Sin embargo, no se puede caer en la ingenuidad de creer que las redes de por sí tienen que ver con la democracia y con una visión progresista de la sociedad, basta ver el caso brasileño donde triunfó Jair Bolsonaro, un racista, homofóbico y machista, que supo utilizar las herramientas digitales.
Sería muy interesante ver lo que pasa con los jóvenes y la apuesta de los políticos a través del entorno digital en el actual proceso electoral presidencial salvadoreño.
En el panorama que se vive en la sociedad contemporánea, inmersa en la mediatización de la política y la presencia de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación en la vida cotidiana, los políticos han tenido que asumir los retos que conlleva conquistar a los jóvenes utilizando las herramientas digitales.
Los especialistas argentinos Lucas Malaspina y Mercedes Larosa señalan, en un artículo de opinión de la revista Nueva Sociedad, que en América Latina los jóvenes representan el 30 por ciento de la población y toman en cuenta al estrato de entre los 18 y 35 años, conocidos como la “generación de los Millennnials”, por los cuales se pelean los políticos.
“La tecnología tiene un rol primordial en sus vidas a la hora de interactuar socialmente, de consumir y de manifestar sus opiniones. Inevitablemente, esta nueva manera de socializar afecta su manera de politizar(se)”, afirman los investigadores.
“Se trata de una generación que se moldea a través de lo instantáneo y que, al mismo tiempo, parece tendiente a involucrarse con causas puntuales. Una generación que establece relaciones con los partidos y con estructuras orgánicas más laxas y equívocas”, agregan.
Según los autores, la vanguardia en la exploración y utilización de las nuevas herramientas en la política la desplegó Barack Obama en las elecciones de Estados Unidos, en 2008. Quedó demostrada la eficacia del uso de redes sociales como un factor importante para expandir mensajes y comunicarse con la ciudadanía de forma directa y dinámica.
“Además de tejer redes entre sus propios seguidores para fortalecer al núcleo duro en el que se basaban sus votos seguros. Mientras que el eje central en 2008 estaba enfocado en el uso de las redes sociales, en las elecciones de 2012 todo giró alrededor del big data, con el trabajo de un equipo multidisciplinario que analizó los datos demográficos, etarios, socioculturales y económicos de los probables electores de Obama con el fin de utilizar la microsegmentación”, explican.
En la primera elección obtuvo 66 por ciento de los votos de los jóvenes de 18 a 29 años, mientras que cuatro años después consiguió 60 por ciento, concluyen los estudiosos argentinos.
En América Latina, Malaspina y Larosa ponen como ejemplos los resultados electorales presidenciales en Argentina, Brasil y México, donde los jóvenes –una vez apáticos frente a la política- participaron activamente utilizando herramientas digitales: redes sociales y el canal de mensajería Whatsapp.
Pero, en América Latina, son sobre todo los partidos de derecha los que tienen mayor claridad sobre el uso de las redes sociales para enamorar a los jóvenes y, por ende, han incursionado con éxito.
“En cambio, los sectores de izquierda, progresistas o nacional populares, en general llegan con retraso a disputar poder en este terreno. Y es que este campo de acción estaba muy desestimado, por lo que quedó librado a las iniciativas individuales de sus propios militantes. Una razón posible por la que la derecha absorbió más rápido este know how puede hallarse quizás en la mayor cercanía de sus cuadros con el mundo corporativo”, advierten los expertos argentinos.
Sin embargo, no se puede caer en la ingenuidad de creer que las redes de por sí tienen que ver con la democracia y con una visión progresista de la sociedad, basta ver el caso brasileño donde triunfó Jair Bolsonaro, un racista, homofóbico y machista, que supo utilizar las herramientas digitales.
Sería muy interesante ver lo que pasa con los jóvenes y la apuesta de los políticos a través del entorno digital en el actual proceso electoral presidencial salvadoreño.
miércoles, noviembre 14, 2018
La Radio YSUCA de cumpleaños
Por Guillermo Mejía
Creada como un proyecto de radio universitaria y de vocación cristiana, especialmente por el recordado padre jesuita Ignacio Ellacuría, asesinado junto a sus hermanos de fe y dos mujeres integrantes de la comunidad por militares, en 1989, la emisora YSUCA cumplió 27 años de estar al aire bajo el lema “la voz con vos”.
Como integrante del primer grupo de profesionales de la comunicación que sentó las bases prácticas del proyecto en noviembre de 1991, y ahora como colaborador de artículos de opinión, me siento muy contento por la madurez que ha logrado la radio que insisto fue un sueño del ex rector Ellacuría que vio la luz dos años después del múltiple crimen.
En aquel equipo editorial y de producción estuvieron Walter Martínez Raudales, Oscar Venancio Ramírez, Fidel Toloza, Silvia Cartagena, Mirna Martínez, Otto Salamanca, Carlos Ayala, Guillermo Mejía. Obviamente, hay otros colegas y amigos que se escapan a la memoria a casi treinta años de los acontecimientos que dieron vida a la frecuencia 1420 de la Amplitud Modulada (AM).
La emisora surgió en los albores de la firma de la paz, que se concretó en enero de 1992 entre el gobierno de turno y la ex guerrilla del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN). Luego del fin del conflicto armado de doce años, llegaron nuevos proyectos de comunicación alternativa como Revista Tendencias, el semanario Primera Plana, radios participativas, etcétera.
Se señaló a la YSUCA como una radio con perfil cultural universitario y de inspiración cristiana. “Nos definimos como una radio al servicio de las mayorías, las que por lo general han sido excluidas de los beneficios y han cargado con los sacrificios en la sociedad salvadoreña”, reza un documento donde se comprometieron con fomentar la participación y la expresión ciudadanas.
Durante los festejos por los 27 años de la emisora, fue coincidencia generalizada el deseo de periodistas, amigos y colaboradores porque se profundicen los cambios que se han perfilado de cara al futuro a fin de cristalizar ese compromiso con la sociedad salvadoreña en el marco del proceso de democratización y el respeto a los derechos humanos.
Particularmente, considero muy oportuno que YSUCA enriquezca su quehacer comunicativo e informativo con énfasis en un verdadero papel mediador donde se fomente la participación ciudadana -tan deficitaria en nuestra sociedad- se le apueste a la pluralidad de voces y se luche por los derechos a la comunicación y a la información.
Como bien señala el maestro español Javier del Rey Morató en las sociedades actuales y gracias a la presencia de los medios en la vida cotidiana, con lo que nos encontramos en democracias mediáticas, el periodista se torna en un ser legitimado por los ciudadanos para conocer de primera mano el ejercicio del poder.
Sin embargo, el problema, según Morató, es de desarrollo democrático de los medios de comunicación social. “En ese sentido, entre más profesionales y libres sean esos medios de comunicación social la influencia será reflejo de las demandas de los sectores sociales”, dice el profesor español.
La hoja de ruta está señalada para YSUCA. Confiamos en el trabajo tesonero del equipo editorial y de producción dirigido por el periodista Alberto Barrera que durante los festejos también anunció nuevos bríos a la radio y el mejoramiento del equipo técnico a fin de consolidar los presupuestos de una emisora comprometida con la sociedad salvadoreña. Felicidades a la YSUCA, “la voz con vos”.
Creada como un proyecto de radio universitaria y de vocación cristiana, especialmente por el recordado padre jesuita Ignacio Ellacuría, asesinado junto a sus hermanos de fe y dos mujeres integrantes de la comunidad por militares, en 1989, la emisora YSUCA cumplió 27 años de estar al aire bajo el lema “la voz con vos”.
Como integrante del primer grupo de profesionales de la comunicación que sentó las bases prácticas del proyecto en noviembre de 1991, y ahora como colaborador de artículos de opinión, me siento muy contento por la madurez que ha logrado la radio que insisto fue un sueño del ex rector Ellacuría que vio la luz dos años después del múltiple crimen.
En aquel equipo editorial y de producción estuvieron Walter Martínez Raudales, Oscar Venancio Ramírez, Fidel Toloza, Silvia Cartagena, Mirna Martínez, Otto Salamanca, Carlos Ayala, Guillermo Mejía. Obviamente, hay otros colegas y amigos que se escapan a la memoria a casi treinta años de los acontecimientos que dieron vida a la frecuencia 1420 de la Amplitud Modulada (AM).
La emisora surgió en los albores de la firma de la paz, que se concretó en enero de 1992 entre el gobierno de turno y la ex guerrilla del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN). Luego del fin del conflicto armado de doce años, llegaron nuevos proyectos de comunicación alternativa como Revista Tendencias, el semanario Primera Plana, radios participativas, etcétera.
Se señaló a la YSUCA como una radio con perfil cultural universitario y de inspiración cristiana. “Nos definimos como una radio al servicio de las mayorías, las que por lo general han sido excluidas de los beneficios y han cargado con los sacrificios en la sociedad salvadoreña”, reza un documento donde se comprometieron con fomentar la participación y la expresión ciudadanas.
Durante los festejos por los 27 años de la emisora, fue coincidencia generalizada el deseo de periodistas, amigos y colaboradores porque se profundicen los cambios que se han perfilado de cara al futuro a fin de cristalizar ese compromiso con la sociedad salvadoreña en el marco del proceso de democratización y el respeto a los derechos humanos.
Particularmente, considero muy oportuno que YSUCA enriquezca su quehacer comunicativo e informativo con énfasis en un verdadero papel mediador donde se fomente la participación ciudadana -tan deficitaria en nuestra sociedad- se le apueste a la pluralidad de voces y se luche por los derechos a la comunicación y a la información.
Como bien señala el maestro español Javier del Rey Morató en las sociedades actuales y gracias a la presencia de los medios en la vida cotidiana, con lo que nos encontramos en democracias mediáticas, el periodista se torna en un ser legitimado por los ciudadanos para conocer de primera mano el ejercicio del poder.
Sin embargo, el problema, según Morató, es de desarrollo democrático de los medios de comunicación social. “En ese sentido, entre más profesionales y libres sean esos medios de comunicación social la influencia será reflejo de las demandas de los sectores sociales”, dice el profesor español.
La hoja de ruta está señalada para YSUCA. Confiamos en el trabajo tesonero del equipo editorial y de producción dirigido por el periodista Alberto Barrera que durante los festejos también anunció nuevos bríos a la radio y el mejoramiento del equipo técnico a fin de consolidar los presupuestos de una emisora comprometida con la sociedad salvadoreña. Felicidades a la YSUCA, “la voz con vos”.
martes, noviembre 06, 2018
Estados Unidos no puede asumir demencia en la crisis de los migrantes centroamericanos
Por Guillermo Mejía
Los Estados Unidos no puede negar su responsabilidad en el hecho de que miles de centroamericanos huyan en caravanas sorteando todo tipo de calamidades, dado la continua intervención de las administraciones norteamericanas, especialmente en El Salvador, Honduras y Guatemala, donde reina la corrupción, la violencia, el terror y la pobreza.
Es la denuncia del académico y crítico estadounidense Noam Chomsky en declaraciones al sitio informativo Democracy Now! al reaccionar contra la campaña antiinmigrante del presidente Donald Trump, que habló de una invasión de centroamericanos y amenazó con responder con fuerzas militares a lo largo de la frontera con México.
“Es interesante ver este delirio histérico junto a otra asombrosa campaña de propaganda que (John) Bolton y sus colegas están llevando a cabo con respecto a la caravana de gente pobre y miserable que huye de la opresión severa, la violencia, el terror y la pobreza extrema de tres países: Honduras –principalmente Honduras, en segundo lugar Guatemala, en tercer lugar El Salvador y no Nicaragua-”, dijo Chomsky.
“Por cierto, tres países que han estado bajo la dura dominación de Estados Unidos, desde hace mucho tiempo, pero particularmente desde la década de 1980, cuando las guerras de terror de (Ronald) Reagan devastaron particularmente El Salvador y Guatemala, en segundo lugar Honduras. Nicaragua fue atacada por Reagan, por supuesto, pero Nicaragua era el único país que tenía un ejército para defender a la población. En los demás países, el ejército eran los terroristas de estado, respaldados por los Estados Unidos”, recordó el académico.
Según el profesor de la Universidad de Arizona, es lógico que la mayoría de migrantes sean de Honduras –de donde se estima unos 8 mil- porque el país se volvió ingobernable desde el golpe de Estado propiciado por Estados Unidos, en 2009. A ellos se han unido cerca de 2 mil salvadoreños y un sinnúmero de guatemaltecos.
“Y tú tienes esta increíble farsa en marcha, que el mundo está mirando con total asombro: Pobres, miserables, familias, madres, niños, huyendo del terror y la represión, de los que somos responsables, y en reacción, están enviando miles de tropas a la frontera. Las tropas enviadas a la frontera superan en número a los niños que huyen. Y con una notable campaña de relaciones públicas, están asustando a gran parte del país al creer que estamos a punto de ser invadidos por, ya sabes, terroristas de Oriente Medio financiados por George Soros, etcétera”, denunció Chomsky.
Y sentenció: “Quiero decir, todo esto me recuerda a algo que pasó hace 30 años. Tal vez recuerden que en 1985, Ronald Reagan se ató sus botas de vaquero y se puso en frente de la televisión, llamando a emergencia nacional, porque el ejército nicaragüense estaba a dos días de marcha de Harlingen, Texas, a punto de abrumarnos y destruirnos. Y funcionó. Quiero decir, este espectáculo es casi indescriptible. Incluso aparte de notar de dónde vienen, los países en los que hemos estado involucrados de manera crucial en la destrucción”.
La coincidencia generalizada de expertos, observadores y periodistas que cubren el drama de los centroamericanos que huyen de sus países es que es la respuesta de la gente en naciones donde reina la corrupción, la violencia, el terror y la pobreza, frente a la incapacidad de las autoridades de contener las acciones de pandillas, narcotraficantes y el crimen organizado.
La Universidad Centroamericana “José Simeón Cañas” (UCA) afirmó recientemente que “las caravanas no son del agrado de los Gobiernos de sus países de origen, porque muestran sus fracasos e incapacidades. Por eso, tanto el Gobierno hondureño como el salvadoreño recurren a justificaciones similares para eximirse de responsabilidad por el éxodo de su gente”.
Los Estados Unidos no puede negar su responsabilidad en el hecho de que miles de centroamericanos huyan en caravanas sorteando todo tipo de calamidades, dado la continua intervención de las administraciones norteamericanas, especialmente en El Salvador, Honduras y Guatemala, donde reina la corrupción, la violencia, el terror y la pobreza.
Es la denuncia del académico y crítico estadounidense Noam Chomsky en declaraciones al sitio informativo Democracy Now! al reaccionar contra la campaña antiinmigrante del presidente Donald Trump, que habló de una invasión de centroamericanos y amenazó con responder con fuerzas militares a lo largo de la frontera con México.
“Es interesante ver este delirio histérico junto a otra asombrosa campaña de propaganda que (John) Bolton y sus colegas están llevando a cabo con respecto a la caravana de gente pobre y miserable que huye de la opresión severa, la violencia, el terror y la pobreza extrema de tres países: Honduras –principalmente Honduras, en segundo lugar Guatemala, en tercer lugar El Salvador y no Nicaragua-”, dijo Chomsky.
“Por cierto, tres países que han estado bajo la dura dominación de Estados Unidos, desde hace mucho tiempo, pero particularmente desde la década de 1980, cuando las guerras de terror de (Ronald) Reagan devastaron particularmente El Salvador y Guatemala, en segundo lugar Honduras. Nicaragua fue atacada por Reagan, por supuesto, pero Nicaragua era el único país que tenía un ejército para defender a la población. En los demás países, el ejército eran los terroristas de estado, respaldados por los Estados Unidos”, recordó el académico.
Según el profesor de la Universidad de Arizona, es lógico que la mayoría de migrantes sean de Honduras –de donde se estima unos 8 mil- porque el país se volvió ingobernable desde el golpe de Estado propiciado por Estados Unidos, en 2009. A ellos se han unido cerca de 2 mil salvadoreños y un sinnúmero de guatemaltecos.
“Y tú tienes esta increíble farsa en marcha, que el mundo está mirando con total asombro: Pobres, miserables, familias, madres, niños, huyendo del terror y la represión, de los que somos responsables, y en reacción, están enviando miles de tropas a la frontera. Las tropas enviadas a la frontera superan en número a los niños que huyen. Y con una notable campaña de relaciones públicas, están asustando a gran parte del país al creer que estamos a punto de ser invadidos por, ya sabes, terroristas de Oriente Medio financiados por George Soros, etcétera”, denunció Chomsky.
Y sentenció: “Quiero decir, todo esto me recuerda a algo que pasó hace 30 años. Tal vez recuerden que en 1985, Ronald Reagan se ató sus botas de vaquero y se puso en frente de la televisión, llamando a emergencia nacional, porque el ejército nicaragüense estaba a dos días de marcha de Harlingen, Texas, a punto de abrumarnos y destruirnos. Y funcionó. Quiero decir, este espectáculo es casi indescriptible. Incluso aparte de notar de dónde vienen, los países en los que hemos estado involucrados de manera crucial en la destrucción”.
La coincidencia generalizada de expertos, observadores y periodistas que cubren el drama de los centroamericanos que huyen de sus países es que es la respuesta de la gente en naciones donde reina la corrupción, la violencia, el terror y la pobreza, frente a la incapacidad de las autoridades de contener las acciones de pandillas, narcotraficantes y el crimen organizado.
La Universidad Centroamericana “José Simeón Cañas” (UCA) afirmó recientemente que “las caravanas no son del agrado de los Gobiernos de sus países de origen, porque muestran sus fracasos e incapacidades. Por eso, tanto el Gobierno hondureño como el salvadoreño recurren a justificaciones similares para eximirse de responsabilidad por el éxodo de su gente”.
martes, octubre 30, 2018
La caravana de salvadoreños hacia Estados Unidos
Por Guillermo Mejía
La caravana de salvadoreños inició su recorrido hacia Estados Unidos bajo la consigna del pueblo “cansado de la decadencia en este país manejado por corruptos ladrones”, pese a los llamados a desistir de parte del gobierno de Salvador Sánchez Cerén como de la embajadora norteamericana, Jean Manes.
Los migrantes, que se suman a los más de siete mil hondureños que rompieron capote hace días, se concentraron en el Salvador del Mundo –donde pasaron lluvia y frío- y caminaron rumbo a la frontera con Guatemala en busca del Norte dado que en el país no hay trabajo, abunda la corrupción y la violencia.
“Aquí no hay nada que hacer”, dijo uno de los migrantes, aunque de todos son conocidas las condiciones infrahumanas que les toca vivir a los migrantes hondureños, tanto en Guatemala como en México, con el agravante que son víctimas de una campaña de desinformación de la administración Trump.
Aunque el presidente Sánchez Cerén dijo que apoyaba a la caravana de hondureños y que Estados Unidos no les ha ayudado a evitar la migración de salvadoreños, su gobierno exhortó a “a nuestros compatriotas a no arriesgar sus vidas emigrando de forma irregular y, de manera especial, les llamamos a no exponer la vida de niñas, niños y adolescentes en un viaje de esta magnitud”.
Esa postura, unida a la aplicación de la ley a hondureños –muchos de los cuales tuvieron que lanzarse al río Goascorán-, se enmarca dentro del alineamiento de los gobiernos de El Salvador, Honduras y Guatemala a la política discriminatoria de Donald Trump, que incluso amenazó con quitarles la asistencia económica.
Por su parte, la embajadora Jean Manes llamó a desistir del viaje, porque “el presidente Donald Trump ha advertido que todas las personas que entren de manera ilegal a los Estados Unidos serán detenidas y procesadas para su deportación. La ley migratoria de los Estados Unidos está siendo aplicada más que nunca”.
Al contrario, “El Salvador no tiene que emigrar por un futuro mejor, lo mejor es crear su futuro aquí en El Salvador”, señaló Manes, a la vez que reiteró el compromiso de su gobierno “a trabajar con el pueblo salvadoreño para encontrar soluciones a los desafíos que enfrentan”.
Sobre la migración hacia el Norte, el periodista norteamericano David Brooks, columnista del diario La Jornada, de México, alertó recientemente que “no hay una crisis migratoria en Estados Unidos”.
“Tal vez el peor error de políticos en México y América Latina –tanto de derecha como progresistas- es aceptar la narrativa del gobierno estadounidense y responder con promesas de cooperación para buscar soluciones a un problema que no existe. Al aceptar la ficción y participar dentro de ella, se hacen cómplices de un complot político derechista con tintes fascistas aquí”, escribió David Brooks.
Todo se trata, según el periodista, de una estrategia de Donald Trump que está utilizando a los inmigrantes dentro de su campaña republicana que busca defender su control de ambas cámaras del Congreso en los comicios intermedios del próximo seis de noviembre.
Ilustró Brooks: “Veamos: la inmigración indocumentada a Estados Unidos está hoy día en uno de sus puntos más bajos desde 2000, y el año pasado llegó a su nivel más bajo en casi medio siglo. Los cálculos sobre flujos de inmigración indocumentada generalmente se miden con base en el número de detenciones por las autoridades en la frontera con México”.
Y remató: “En 2000 se registraron aproximadamente un millón 600 mil detenciones, bajaron un poco a mediados de esa década a poco más de un millón, y desde entonces se han desplomado. Durante el gobierno de Obama se registró un promedio de medio millón de detenciones cada año, y en el año fiscal de 2017 fueron sólo 310 mil 531; la cifra más baja desde 1971”.
La caravana de salvadoreños inició su recorrido hacia Estados Unidos bajo la consigna del pueblo “cansado de la decadencia en este país manejado por corruptos ladrones”, pese a los llamados a desistir de parte del gobierno de Salvador Sánchez Cerén como de la embajadora norteamericana, Jean Manes.
Los migrantes, que se suman a los más de siete mil hondureños que rompieron capote hace días, se concentraron en el Salvador del Mundo –donde pasaron lluvia y frío- y caminaron rumbo a la frontera con Guatemala en busca del Norte dado que en el país no hay trabajo, abunda la corrupción y la violencia.
“Aquí no hay nada que hacer”, dijo uno de los migrantes, aunque de todos son conocidas las condiciones infrahumanas que les toca vivir a los migrantes hondureños, tanto en Guatemala como en México, con el agravante que son víctimas de una campaña de desinformación de la administración Trump.
Aunque el presidente Sánchez Cerén dijo que apoyaba a la caravana de hondureños y que Estados Unidos no les ha ayudado a evitar la migración de salvadoreños, su gobierno exhortó a “a nuestros compatriotas a no arriesgar sus vidas emigrando de forma irregular y, de manera especial, les llamamos a no exponer la vida de niñas, niños y adolescentes en un viaje de esta magnitud”.
Esa postura, unida a la aplicación de la ley a hondureños –muchos de los cuales tuvieron que lanzarse al río Goascorán-, se enmarca dentro del alineamiento de los gobiernos de El Salvador, Honduras y Guatemala a la política discriminatoria de Donald Trump, que incluso amenazó con quitarles la asistencia económica.
Por su parte, la embajadora Jean Manes llamó a desistir del viaje, porque “el presidente Donald Trump ha advertido que todas las personas que entren de manera ilegal a los Estados Unidos serán detenidas y procesadas para su deportación. La ley migratoria de los Estados Unidos está siendo aplicada más que nunca”.
Al contrario, “El Salvador no tiene que emigrar por un futuro mejor, lo mejor es crear su futuro aquí en El Salvador”, señaló Manes, a la vez que reiteró el compromiso de su gobierno “a trabajar con el pueblo salvadoreño para encontrar soluciones a los desafíos que enfrentan”.
Sobre la migración hacia el Norte, el periodista norteamericano David Brooks, columnista del diario La Jornada, de México, alertó recientemente que “no hay una crisis migratoria en Estados Unidos”.
“Tal vez el peor error de políticos en México y América Latina –tanto de derecha como progresistas- es aceptar la narrativa del gobierno estadounidense y responder con promesas de cooperación para buscar soluciones a un problema que no existe. Al aceptar la ficción y participar dentro de ella, se hacen cómplices de un complot político derechista con tintes fascistas aquí”, escribió David Brooks.
Todo se trata, según el periodista, de una estrategia de Donald Trump que está utilizando a los inmigrantes dentro de su campaña republicana que busca defender su control de ambas cámaras del Congreso en los comicios intermedios del próximo seis de noviembre.
Ilustró Brooks: “Veamos: la inmigración indocumentada a Estados Unidos está hoy día en uno de sus puntos más bajos desde 2000, y el año pasado llegó a su nivel más bajo en casi medio siglo. Los cálculos sobre flujos de inmigración indocumentada generalmente se miden con base en el número de detenciones por las autoridades en la frontera con México”.
Y remató: “En 2000 se registraron aproximadamente un millón 600 mil detenciones, bajaron un poco a mediados de esa década a poco más de un millón, y desde entonces se han desplomado. Durante el gobierno de Obama se registró un promedio de medio millón de detenciones cada año, y en el año fiscal de 2017 fueron sólo 310 mil 531; la cifra más baja desde 1971”.
martes, octubre 23, 2018
Alma Guillermoprieto: Los periodistas hacemos falta
Por Guillermo Mejía
La reconocida periodista mexicana Alma Guillermoprieto reivindicó la profesión periodística y reconoció a los colegas periodistas asesinados en el cumplimiento de sus tareas informativas, durante un emotivo discurso al recibir el Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades 2018.
Guillermoprieto, nacida en México, en 1949, se inició como periodista “freelance” en La Habana, en 1978, donde impartía clases de danza, y se consagró como reportera cubriendo los conflictos de América Central para los diarios The Guardian y The Washington Post, siendo muy recordada por su trayectoria en El Salvador.
“Desde ese mismo día del anuncio del premio supe también que en mi caso no me tocaba cargar yo sola con este galardón gigante, sino que se me daba como reportera que soy, una entre muchos”, dijo la periodista.
“Y me alegra infinitamente este reconocimiento a un oficio al que solo se entra con grandes sueños e ilusiones: ver el mundo, cambiar la historia, ser heroicos. La realidad es más estrecha: se gana poco; en estos tiempos en que el mundo ha entrado en revolución tecnológica, cibernética, científica, no tenemos certezas en que apoyarnos y el mundo nos quiere mal; se trabaja de sol a sol—aunque eso nos gusta, en realidad—hay una gran confusión en cuanto a cuál debe de ser nuestro papel, y en todo esto, somos el fiel reflejo de la sociedad en general. Y sin embargo, y por lo mismo que existe tanta confusión, hacemos falta”, añadió Guillermoprieto.
Según la Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades, vivimos en un mundo en el que las grandes potencias se involucran en las decisiones de países más pequeños, se trafica con niños; a los migrantes que llegan desesperados a nuestras fronteras se les vuelve a lanzar de una patada al mar o al desierto, es un mundo en el que hacen falta los periodistas para contar los horrores.
“También es un mundo en el que urge prepararnos para tomar decisiones éticas terribles: la vida generada en un laboratorio, ¿es vida? ¿Se deben regular las investigaciones que llevarán a la creación de una inteligencia artificial superior a la humana?”, se preguntó.
“¿Cómo se enterarían ustedes de estos y todos los demás hechos y retos que ocurren fuera de su entorno inmediato sin nosotros, los reporteros? Sin los medios, el mundo viviría en una especie de siglo XI, aislado cada quién en su villorrio o su castillo, igual de ignorantes los dos, convencidos de que son tan reales las sirenas como los rinocerontes. Sin un periodismo poderoso, bien financiado, respetado por los gobiernos, el mundo moderno, el mundo entrelazado, sería imposible”, continuó.
“Este año han sido asesinados 45 reporteros, porque a alguien no le gustó lo que dijeron de él”, denunció, entre estos su amigo Javier Valdez. “Estos asesinatos, siempre impunes, matan un poco no sólo a la víctima sino a todos los que lo rodean, y claro, esa es también la intención. Matan a uno para intimidar a todos”.
“Sin embargo, estoy aquí para decir que donde matan a uno, a la larga suelen surgir dos, o por lo menos otro. Y que si antes intentaba disuadir a los jóvenes que me decían que querían ser periodistas, porque el peligro es mucho, porque los cambios tecnológicos, porque se gana poco, porque... ay, por qué no hacer algo más fácil y vivir tranquilos. Hoy sin embargo les digo, háganle, dénle nomás, porque contamos la historia del mundo todos los días. Porque dejamos constancia de lo que otros quieren tapar. Porque somos el antídoto de las redes sociales con su inmediatez y su potenciación de la rabia. Porque hacemos falta. Porque sí se puede ver el mundo, porque no podremos enderezar la historia, pero sí contarla, ser heroicos. Porque el futuro de este oficio lo están inventando hoy los colegas que vienen llegando, y a ustedes les aguarda un oficio generosísimo, que les ofrecerá tesoros a cada vuelta”, expresó emocionada Alma Guillermoprieto.
La reconocida periodista mexicana Alma Guillermoprieto reivindicó la profesión periodística y reconoció a los colegas periodistas asesinados en el cumplimiento de sus tareas informativas, durante un emotivo discurso al recibir el Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades 2018.
Guillermoprieto, nacida en México, en 1949, se inició como periodista “freelance” en La Habana, en 1978, donde impartía clases de danza, y se consagró como reportera cubriendo los conflictos de América Central para los diarios The Guardian y The Washington Post, siendo muy recordada por su trayectoria en El Salvador.
“Desde ese mismo día del anuncio del premio supe también que en mi caso no me tocaba cargar yo sola con este galardón gigante, sino que se me daba como reportera que soy, una entre muchos”, dijo la periodista.
“Y me alegra infinitamente este reconocimiento a un oficio al que solo se entra con grandes sueños e ilusiones: ver el mundo, cambiar la historia, ser heroicos. La realidad es más estrecha: se gana poco; en estos tiempos en que el mundo ha entrado en revolución tecnológica, cibernética, científica, no tenemos certezas en que apoyarnos y el mundo nos quiere mal; se trabaja de sol a sol—aunque eso nos gusta, en realidad—hay una gran confusión en cuanto a cuál debe de ser nuestro papel, y en todo esto, somos el fiel reflejo de la sociedad en general. Y sin embargo, y por lo mismo que existe tanta confusión, hacemos falta”, añadió Guillermoprieto.
Según la Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades, vivimos en un mundo en el que las grandes potencias se involucran en las decisiones de países más pequeños, se trafica con niños; a los migrantes que llegan desesperados a nuestras fronteras se les vuelve a lanzar de una patada al mar o al desierto, es un mundo en el que hacen falta los periodistas para contar los horrores.
“También es un mundo en el que urge prepararnos para tomar decisiones éticas terribles: la vida generada en un laboratorio, ¿es vida? ¿Se deben regular las investigaciones que llevarán a la creación de una inteligencia artificial superior a la humana?”, se preguntó.
“¿Cómo se enterarían ustedes de estos y todos los demás hechos y retos que ocurren fuera de su entorno inmediato sin nosotros, los reporteros? Sin los medios, el mundo viviría en una especie de siglo XI, aislado cada quién en su villorrio o su castillo, igual de ignorantes los dos, convencidos de que son tan reales las sirenas como los rinocerontes. Sin un periodismo poderoso, bien financiado, respetado por los gobiernos, el mundo moderno, el mundo entrelazado, sería imposible”, continuó.
“Este año han sido asesinados 45 reporteros, porque a alguien no le gustó lo que dijeron de él”, denunció, entre estos su amigo Javier Valdez. “Estos asesinatos, siempre impunes, matan un poco no sólo a la víctima sino a todos los que lo rodean, y claro, esa es también la intención. Matan a uno para intimidar a todos”.
“Sin embargo, estoy aquí para decir que donde matan a uno, a la larga suelen surgir dos, o por lo menos otro. Y que si antes intentaba disuadir a los jóvenes que me decían que querían ser periodistas, porque el peligro es mucho, porque los cambios tecnológicos, porque se gana poco, porque... ay, por qué no hacer algo más fácil y vivir tranquilos. Hoy sin embargo les digo, háganle, dénle nomás, porque contamos la historia del mundo todos los días. Porque dejamos constancia de lo que otros quieren tapar. Porque somos el antídoto de las redes sociales con su inmediatez y su potenciación de la rabia. Porque hacemos falta. Porque sí se puede ver el mundo, porque no podremos enderezar la historia, pero sí contarla, ser heroicos. Porque el futuro de este oficio lo están inventando hoy los colegas que vienen llegando, y a ustedes les aguarda un oficio generosísimo, que les ofrecerá tesoros a cada vuelta”, expresó emocionada Alma Guillermoprieto.
martes, octubre 16, 2018
San Romero de América, la voz de los sin voz
Por Guillermo Mejía
Sentimos en el ambiente el impacto de la canonización del llamado popularmente San Romero de América o “el salvadoreño más universal”, pues es un hecho trascendental que tuvo que superar una carrera de obstáculos gracias a las fuerzas conservadoras reacias a la consagración del obispo mártir, asesinado por un francotirador, el 24 de marzo de 1980.
El reconocimiento del primer santo de El Salvador por el Vaticano tras gestiones del Papa Francisco, quien también eligió al obispo Gregorio Rosa Chávez como el primer Cardenal de la historia nacional, debemos entenderlo como un justo reconocimiento al trajinar de esa iglesia que no cerró los ojos ante la injusticia.
San Oscar Arnulfo Romero, nacido en Ciudad Barrios, San Miguel, en 1917, cuando fue asesinado por órdenes del mayor Roberto d’Aubuisson, líder emblemático de la derecha, el país estaba a las puertas de la guerra civil y su elevación a los altares se produce cuando aún no se logra una paz firme y duradera.
Casi cuarenta años pasaron desde aquella fatídica tarde que la bala asesina pretendió silenciar a “la voz de los sin voz”, pero al contrario lo inmortalizó y, como dicen los conocedores, ahora es tiempo de que –sin prejuicios- reconozcamos su obra diseminada en cartas pastorales, homilías, su diario personal, libros de autores, en fin una rica producción alrededor de su figura.
El sistema mediático ha sido inundado de materiales alrededor de la figura del “salvadoreño más universal”, inclusive los que en su tiempo lo difamaron y procuraron acallar su voz, sin lograrlo.
Por ejemplo, el poeta y escritor David Escobar Galindo escribió: “En El Salvador, allá a fines de los años 70 del siglo pasado, los relámpagos que anunciaban la conflagración fratricida iban en aumento. Monseñor Romero esgrimía un mensaje de protección a los indefensos, y eso lo ponía al centro de la conflictividad crepitante, porque las furias ideológicas andaban en busca de culpables”.
“Y un disparo dirigido al altar selló el destino de Monseñor. En ese justo momento, cuando la vida terrenal del mártir se extinguía en el lugar sagrado, un soplo de la Providencia inauguraba el nuevo momento en el que pasado, presente y futuro se enlazaban en el abrazo trascendental. Aquel disparo, activado rastreramente por el oído ciego, le abría un tragaluz infinito al más sublime de los destinos: el de la santidad que no tiene fronteras”, agregó.
Por su parte, el jesuita Rodolfo Cardenal, director del centro que lleva el nombre del santo, escribió: “La canonización de Mons. Romero ha despertado la expectativa de la unidad nacional. La aspiración es legítima, incluso necesaria y urgente, porque las barreras que dividen la sociedad salvadoreña se erigen insalvables”.
“Sin embargo, existe el peligro de caer en una unidad superficial de carácter nacionalista que, arrastrada por la emoción, imagina la unidad, mientras los muros que separan permanecen intactos. Mons. Romero denunció la división y señaló el camino para superarla. Un repaso rápido a sus homilías basta para poner realismo en los llamados a la unidad”, advirtió.
Como muestra, según Rodolfo Cardenal, Mons. Romero llamó “a todas las clases sociales [a tomar] como propia la causa del pobre”. La invitación no es “demagogia, no es una división que queremos hacer, una lucha de clases”, porque esa causa es la “causa de Cristo” (18 de noviembre de 1979). Pero la causa de Cristo, inevitablemente, provoca división, “porque no todos comprenden la profundidad de [la] justicia donde están las raíces de la paz y solo quisieran una predicación muelle, suavecita, que no ofenda y que predique una falsa paz” (9 de abril de 1978).
San Romero de América ya está en los altares, pero para el pueblo salvadoreño desde mucho antes ya era su santo. Que de una vez por todas se deje de instrumentalizar la imagen del humilde pastor salvadoreño.
Sentimos en el ambiente el impacto de la canonización del llamado popularmente San Romero de América o “el salvadoreño más universal”, pues es un hecho trascendental que tuvo que superar una carrera de obstáculos gracias a las fuerzas conservadoras reacias a la consagración del obispo mártir, asesinado por un francotirador, el 24 de marzo de 1980.
El reconocimiento del primer santo de El Salvador por el Vaticano tras gestiones del Papa Francisco, quien también eligió al obispo Gregorio Rosa Chávez como el primer Cardenal de la historia nacional, debemos entenderlo como un justo reconocimiento al trajinar de esa iglesia que no cerró los ojos ante la injusticia.
San Oscar Arnulfo Romero, nacido en Ciudad Barrios, San Miguel, en 1917, cuando fue asesinado por órdenes del mayor Roberto d’Aubuisson, líder emblemático de la derecha, el país estaba a las puertas de la guerra civil y su elevación a los altares se produce cuando aún no se logra una paz firme y duradera.
Casi cuarenta años pasaron desde aquella fatídica tarde que la bala asesina pretendió silenciar a “la voz de los sin voz”, pero al contrario lo inmortalizó y, como dicen los conocedores, ahora es tiempo de que –sin prejuicios- reconozcamos su obra diseminada en cartas pastorales, homilías, su diario personal, libros de autores, en fin una rica producción alrededor de su figura.
El sistema mediático ha sido inundado de materiales alrededor de la figura del “salvadoreño más universal”, inclusive los que en su tiempo lo difamaron y procuraron acallar su voz, sin lograrlo.
Por ejemplo, el poeta y escritor David Escobar Galindo escribió: “En El Salvador, allá a fines de los años 70 del siglo pasado, los relámpagos que anunciaban la conflagración fratricida iban en aumento. Monseñor Romero esgrimía un mensaje de protección a los indefensos, y eso lo ponía al centro de la conflictividad crepitante, porque las furias ideológicas andaban en busca de culpables”.
“Y un disparo dirigido al altar selló el destino de Monseñor. En ese justo momento, cuando la vida terrenal del mártir se extinguía en el lugar sagrado, un soplo de la Providencia inauguraba el nuevo momento en el que pasado, presente y futuro se enlazaban en el abrazo trascendental. Aquel disparo, activado rastreramente por el oído ciego, le abría un tragaluz infinito al más sublime de los destinos: el de la santidad que no tiene fronteras”, agregó.
Por su parte, el jesuita Rodolfo Cardenal, director del centro que lleva el nombre del santo, escribió: “La canonización de Mons. Romero ha despertado la expectativa de la unidad nacional. La aspiración es legítima, incluso necesaria y urgente, porque las barreras que dividen la sociedad salvadoreña se erigen insalvables”.
“Sin embargo, existe el peligro de caer en una unidad superficial de carácter nacionalista que, arrastrada por la emoción, imagina la unidad, mientras los muros que separan permanecen intactos. Mons. Romero denunció la división y señaló el camino para superarla. Un repaso rápido a sus homilías basta para poner realismo en los llamados a la unidad”, advirtió.
Como muestra, según Rodolfo Cardenal, Mons. Romero llamó “a todas las clases sociales [a tomar] como propia la causa del pobre”. La invitación no es “demagogia, no es una división que queremos hacer, una lucha de clases”, porque esa causa es la “causa de Cristo” (18 de noviembre de 1979). Pero la causa de Cristo, inevitablemente, provoca división, “porque no todos comprenden la profundidad de [la] justicia donde están las raíces de la paz y solo quisieran una predicación muelle, suavecita, que no ofenda y que predique una falsa paz” (9 de abril de 1978).
San Romero de América ya está en los altares, pero para el pueblo salvadoreño desde mucho antes ya era su santo. Que de una vez por todas se deje de instrumentalizar la imagen del humilde pastor salvadoreño.
miércoles, octubre 10, 2018
Y la participación ciudadana... En la otra esquina
Por Guillermo Mejía
Recientemente, el gobierno del presidente Salvador Sánchez Cerén presentó un proyecto de Ley de Espectáculos Públicos, Cinematografía, Medios de Comunicación y Publicidad con el que pretende regular contenido relacionado con violencia, drogas, sexualidad y lenguaje inapropiado a los que regularmente está expuesta la ciudadanía.
Como siempre, esos consumidores que verían censurados los contenidos de la oferta mediática son los que menos conocen del tal proyecto de ley, pues no ha sido publicitado para su discusión pública –como debería ser- sino que está en manos de la Asamblea Legislativa, donde de entrada recibió la negativa de los diputados, menos los del partido oficial.
En otras palabras, el gobernante Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (Fmln) actuó, una vez más, como sus adversarios políticos que menosprecian el involucramiento de los ciudadanos en iniciativas que les afectarían de ser aprobadas, como en este caso que nada más y nada menos implica el derecho a la información.
Según han reseñado los medios, la Dirección de Espectáculos Públicos tendrá la capacidad de evaluar, clasificar y monitorear los contenidos mediáticos considerando categorías, franjas horarias, bloques horarios y tipos de contenidos. Además, habrá un oficial Consejo Consultivo Interinstitucional de Espectáculos Públicos que opinará sobre la materia.
Desde la derecha opositora como también de medios de comunicación social y gremios de radio, televisión y publicidad de inmediato se ha perfilado un discurso antagónico con la iniciativa gubernamental que viene a reforzar las posturas en contra de iniciativas de responsabilidad social en la región latinoamericana.
“Es una ley que va en contra de nuestras libertades. (…) y es un intento de parte del gobierno del Fmln de mantener el control sobre la población, algo que es propio de los regímenes dictatoriales, que buscan controlar qué información llega y qué se debe restringir el acceso a diferentes medios o programas”, advirtió a los periodistas el alcalde de San Salvador, Ernesto Muyshondt.
Empero, para nadie es secreto que –siendo justos en la medida- sí es cierto que desde cantidad de esos espacios mediáticos se vulneran principios y valores de la ciudadanía, se espectacularizan las diversas formas violencia, se cosifica la imagen femenina y se utiliza un lenguaje inapropiado, especialmente en radio.
El problema se centra en quién propone las medidas y qué podría pasar si se le da un cheque en blanco. Como he señalado, este tipo de iniciativas tienen que ser motivo de discusión pública, donde participen los ciudadanos, porque implica el derecho a la información que es de todos y no puede quedar en manos de empresarios, editores y periodistas.
En ese sentido, el ex magistrado de la Sala de lo Constitucional, Rodolfo González, asocia la iniciativa oficial con las respuestas del gobierno a las deficiencias formales identificadas en la sentencia sobre la inconstitucionalidad del reglamento de espectáculos públicos que regulaba una materia reservada a ley.
“Sin embargo, la iniciativa también es susceptible de análisis para determinar si se está cumpliendo con los estándares materiales o de contenido ordenados por la Ley Suprema sobre libertades de expresión e información, tal como han sido explicitados en la jurisprudencia de la Sala. La constitucionalidad de la regulación de tales derechos no se satisface solamente cumpliendo los requisitos formales, sino también los de contenido”, señaló González.
De todas formas, hace falta la participación ciudadana.
Recientemente, el gobierno del presidente Salvador Sánchez Cerén presentó un proyecto de Ley de Espectáculos Públicos, Cinematografía, Medios de Comunicación y Publicidad con el que pretende regular contenido relacionado con violencia, drogas, sexualidad y lenguaje inapropiado a los que regularmente está expuesta la ciudadanía.
Como siempre, esos consumidores que verían censurados los contenidos de la oferta mediática son los que menos conocen del tal proyecto de ley, pues no ha sido publicitado para su discusión pública –como debería ser- sino que está en manos de la Asamblea Legislativa, donde de entrada recibió la negativa de los diputados, menos los del partido oficial.
En otras palabras, el gobernante Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (Fmln) actuó, una vez más, como sus adversarios políticos que menosprecian el involucramiento de los ciudadanos en iniciativas que les afectarían de ser aprobadas, como en este caso que nada más y nada menos implica el derecho a la información.
Según han reseñado los medios, la Dirección de Espectáculos Públicos tendrá la capacidad de evaluar, clasificar y monitorear los contenidos mediáticos considerando categorías, franjas horarias, bloques horarios y tipos de contenidos. Además, habrá un oficial Consejo Consultivo Interinstitucional de Espectáculos Públicos que opinará sobre la materia.
Desde la derecha opositora como también de medios de comunicación social y gremios de radio, televisión y publicidad de inmediato se ha perfilado un discurso antagónico con la iniciativa gubernamental que viene a reforzar las posturas en contra de iniciativas de responsabilidad social en la región latinoamericana.
“Es una ley que va en contra de nuestras libertades. (…) y es un intento de parte del gobierno del Fmln de mantener el control sobre la población, algo que es propio de los regímenes dictatoriales, que buscan controlar qué información llega y qué se debe restringir el acceso a diferentes medios o programas”, advirtió a los periodistas el alcalde de San Salvador, Ernesto Muyshondt.
Empero, para nadie es secreto que –siendo justos en la medida- sí es cierto que desde cantidad de esos espacios mediáticos se vulneran principios y valores de la ciudadanía, se espectacularizan las diversas formas violencia, se cosifica la imagen femenina y se utiliza un lenguaje inapropiado, especialmente en radio.
El problema se centra en quién propone las medidas y qué podría pasar si se le da un cheque en blanco. Como he señalado, este tipo de iniciativas tienen que ser motivo de discusión pública, donde participen los ciudadanos, porque implica el derecho a la información que es de todos y no puede quedar en manos de empresarios, editores y periodistas.
En ese sentido, el ex magistrado de la Sala de lo Constitucional, Rodolfo González, asocia la iniciativa oficial con las respuestas del gobierno a las deficiencias formales identificadas en la sentencia sobre la inconstitucionalidad del reglamento de espectáculos públicos que regulaba una materia reservada a ley.
“Sin embargo, la iniciativa también es susceptible de análisis para determinar si se está cumpliendo con los estándares materiales o de contenido ordenados por la Ley Suprema sobre libertades de expresión e información, tal como han sido explicitados en la jurisprudencia de la Sala. La constitucionalidad de la regulación de tales derechos no se satisface solamente cumpliendo los requisitos formales, sino también los de contenido”, señaló González.
De todas formas, hace falta la participación ciudadana.
martes, octubre 02, 2018
Al inicio de la campaña hacia las elecciones presidenciales
Por Guillermo Mejía
Los candidatos y sus partidos están ya en abierta conquista del voto al iniciar la campaña electoral de acá hasta el 30 de enero próximo, para que tres días después se realicen los comicios presidenciales, en los que por primera vez no figuran como ganadoras las tradicionales fuerzas políticas que se han repartido el ejercicio del poder desde la firma de la paz.
La participación ciudadana en el proceso electoral no trasciende que sea objeto de encuestas de opinión, publicación de datos sobre candidatos e instituciones políticas, trasegadas promesas de los políticos y las condiciones de infraestructura básica para asistir al evento.
Esa limitaciones forman parte de la concepción tradicional sobre la participación de los ciudadanos en la elección de sus autoridades; solamente asegura que esos electores ejerzan su soberanía con tan sólo emitir su voto no así que se vean involucrados en el proceso desde su génesis, o sea en escoger candidatos y definir los temas de debate desde las bases.
En otras ocasiones me he referido a la catedrática colombiana Ana María Miralles, quien afirma que dar voz a la gente pasa “por procesos deliberativos de formación de opinión pública, que se constituyen en toda una práctica pedagógica, con un sentido renovado de la política que ya no estará exclusivamente en manos de los ‘políticos profesionales’”.
Al contrario, esa experiencia democrática “se mueve en espacios más abiertos y definidos desde un punto de vista predominantemente cultural, más cerca de los sistemas simbólicos de la gente”, agrega Miralles, “es un reto político y educativo frente al predominio del sistema de la representatividad que ha hecho del ciudadano un sujeto que delega en otros la iniciativa”.
Sin embargo, ese tipo de planteamientos difícilmente pasa o pasará por la cabeza de dirigentes partidarios o por los candidatos presidenciales Hugo Martínez, del Fmln; Carlos Calleja, de Arena; Nayib Bukele, de Gana; o Josué Alvarado, de Vamos. Aunque para estar en sintonía con los nuevos tiempos estos candidatos son proclives a hablar de derechos ciudadanos.
El columnista Jorge Barraza, opinó días atrás que: “A unos cuantos meses de la elecciones presidenciales, las promesas de los candidatos ya se escuchan en medios de comunicación y redes sociales. Con promesas de cambio, los partidos políticos han venido engañando a la población elección tras elección. La actual contienda electoral tiende a ser más de lo mismo”.
Según Barraza, Hugo Martínez promete continuar con las mismas medidas gubernamentales en seguridad pública y economía. Carlos Calleja no dice cómo combatirá la inseguridad y sus estrategias económicas están dirigidas al círculo empresarial del cual él y su familia forman parte. Nayib Bukele tiene vagas estrategias económicas y en prevención de la violencia.
Por su parte, el columnista Cristian Villalta, dice que es como ir al dentista: “Ustedes también, a menos que pertenezcan a la minoría de salvadoreños que se ve directamente beneficiado por la victoria de un candidato a través de un empleo en la administración pública, de participar en el saqueo al erario o del montaje de una empresa ad hoc para ganar licitaciones”.
“En esa sensación desagradable que ha marcado nuestros últimos ejercicios electorales, la de estar participando en un bingo en el que solo puedes ganarte una paliza o una burla, coinciden dos realidades: la pobreza generalizada de los cuadros partidarios y la mediocre producción intelectual de los partidos políticos”, agregó.
¿Alguien espera un cambio?, lo dudo.
Los candidatos y sus partidos están ya en abierta conquista del voto al iniciar la campaña electoral de acá hasta el 30 de enero próximo, para que tres días después se realicen los comicios presidenciales, en los que por primera vez no figuran como ganadoras las tradicionales fuerzas políticas que se han repartido el ejercicio del poder desde la firma de la paz.
La participación ciudadana en el proceso electoral no trasciende que sea objeto de encuestas de opinión, publicación de datos sobre candidatos e instituciones políticas, trasegadas promesas de los políticos y las condiciones de infraestructura básica para asistir al evento.
Esa limitaciones forman parte de la concepción tradicional sobre la participación de los ciudadanos en la elección de sus autoridades; solamente asegura que esos electores ejerzan su soberanía con tan sólo emitir su voto no así que se vean involucrados en el proceso desde su génesis, o sea en escoger candidatos y definir los temas de debate desde las bases.
En otras ocasiones me he referido a la catedrática colombiana Ana María Miralles, quien afirma que dar voz a la gente pasa “por procesos deliberativos de formación de opinión pública, que se constituyen en toda una práctica pedagógica, con un sentido renovado de la política que ya no estará exclusivamente en manos de los ‘políticos profesionales’”.
Al contrario, esa experiencia democrática “se mueve en espacios más abiertos y definidos desde un punto de vista predominantemente cultural, más cerca de los sistemas simbólicos de la gente”, agrega Miralles, “es un reto político y educativo frente al predominio del sistema de la representatividad que ha hecho del ciudadano un sujeto que delega en otros la iniciativa”.
Sin embargo, ese tipo de planteamientos difícilmente pasa o pasará por la cabeza de dirigentes partidarios o por los candidatos presidenciales Hugo Martínez, del Fmln; Carlos Calleja, de Arena; Nayib Bukele, de Gana; o Josué Alvarado, de Vamos. Aunque para estar en sintonía con los nuevos tiempos estos candidatos son proclives a hablar de derechos ciudadanos.
El columnista Jorge Barraza, opinó días atrás que: “A unos cuantos meses de la elecciones presidenciales, las promesas de los candidatos ya se escuchan en medios de comunicación y redes sociales. Con promesas de cambio, los partidos políticos han venido engañando a la población elección tras elección. La actual contienda electoral tiende a ser más de lo mismo”.
Según Barraza, Hugo Martínez promete continuar con las mismas medidas gubernamentales en seguridad pública y economía. Carlos Calleja no dice cómo combatirá la inseguridad y sus estrategias económicas están dirigidas al círculo empresarial del cual él y su familia forman parte. Nayib Bukele tiene vagas estrategias económicas y en prevención de la violencia.
Por su parte, el columnista Cristian Villalta, dice que es como ir al dentista: “Ustedes también, a menos que pertenezcan a la minoría de salvadoreños que se ve directamente beneficiado por la victoria de un candidato a través de un empleo en la administración pública, de participar en el saqueo al erario o del montaje de una empresa ad hoc para ganar licitaciones”.
“En esa sensación desagradable que ha marcado nuestros últimos ejercicios electorales, la de estar participando en un bingo en el que solo puedes ganarte una paliza o una burla, coinciden dos realidades: la pobreza generalizada de los cuadros partidarios y la mediocre producción intelectual de los partidos políticos”, agregó.
¿Alguien espera un cambio?, lo dudo.
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