Tuesday, July 09, 2019

Los desórdenes informativos en los tiempos de la posverdad

Por Guillermo Mejía

La ilusión de que con la llegada de las nuevas tecnologías se democratizó la comunicación por la presencia de otras voces, así como se cualificó la información con el acceso a productos periodísticos más refinados no pasó de ser eso, dado la inmensa oferta de lo que se categoriza como “desórdenes informativos”.

“Lo que sucede con los conceptos ómnibus en la comunicación post internet es que acaban siendo utilizados como equivalentes y, en su proceso de extensión social se solapan significados y sentidos. Esto sucede con desinformación, fake news, hechos alternativos, posverdad, deepfakes, etc., como desórdenes informativos”, afirma el maestro Miguel Del-Fresno-García.

Según él, la producción de desórdenes informativos de forma intencional no es una novedad estricta de nuestro tiempo, por mucho que lo sean algunos conceptos, ya que la tecnología de cada época ha jugado un papel crítico a la hora de cambiar la escala e impacto de estos desórdenes en las sociedades. Ejemplos son las elecciones en Estados Unidos y el referéndum del Brexit en Reino Unidos, en 2016.

“(…)la posverdad consiste en la subordinación y reorganización de los hechos desde una voluntad ideológica y política concreta, lo que necesita de un mecanismo de legitimación en el que se persigue naturalizar una epistemología basada en las emociones políticas, dado que las emociones y sentimientos son reales lo hechos que los provocan, los desórdenes informativos, tienen que ser reales…”, señala.

“Esto es, aquello que se siente –no sólo se siente- es, además, la verdad. Con la posverdad nos enfrentamos a una nueva forma de supremacía ideológica como herencia del totalitarismo –con rasgos evolutivos y adaptativos- en el seno de las democracias liberales en tiempos de internet”, agrega el profesor de la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED), de Madrid, España.

De acuerdo con Del-Fresno-García, los desórdenes informativos nos permiten advertir: a) la guerra contra la ciencia desde el ámbito corporativo; b) la crisis de los medios de comunicación nacionales y locales post internet; c) el desarrollo de plataformas tecnológicas que han socializado la capacidad de publicar y distribuir contenidos a bajo coste; d) la crisis de los expertos y los avances en psicología para comprender las bases sicológicas, a través de diferentes sesgos cognitivos; e) lo que ha provocado un cambio en la forma de entender el poder en el siglo XXI, como la capacidad de establecer las relaciones de definición de la realidad misma.

Nos advierte el autor que una de las causas del impacto social de los desórdenes informativos ha sido la crisis de los medios impresos de comunicación tras la emergencia de Internet, que provocó que su modelo de negocio, basado en la publicidad, se haya desmoronado arrastrando al modelo editorial, por cuanto ha habido recortes de personal, sacrificio de la calidad y rigor profesional, entre otros.

“Pero otra causa de los desórdenes informativos se remonta al tiempo en el que los medios de comunicación dejaron de perseguir la información basada en verdades fácticas a favor de dar satisfacción a una objetividad o equilibrio de las diferentes versiones de la realidad, en muchos casos contrapuestas por completo”, añade.

Y sentencia: “Al renunciar a la búsqueda y presentación de hechos verdaderos contrastados los medios de comunicación profesionales llevaron –de forma progresiva buscando su propia imparcialidad o fairness- a las audiencias los debates de opiniones pero también los pseudo debates. La imparcialidad mediática degeneró en equilibrio con sesgo cuando pasó de aplicarse de la presentación de opiniones divergentes a enfrentar los hechos científicos con el negacionismo intencional. Esto es, presentando ante la opinión pública como interlocutores legítimos, como equivalentes e equipotentes, a científicos e ideólogos. Así, se acabó haciendo equivalente lo que no lo era y eliminando en la agenda pública la frontera entre verdades fácticas y desórdenes informativos”.

El colmo es que se facilitó que cualquiera que reclamase ser un interlocutor legítimo pudiese reclamar su derecho a espacio y tiempo en los medios para defender su posición, según Del-Fresno-García, y de no conseguirlo, acusar a medios de comunicación profesionales y periodistas de parcialidad o desacreditarlos por ello. Los medios se convirtieron en una herramienta de los promotores de desórdenes informativos desde la esfera corporativa, propagandistas y promotores de teorías conspirativas o sin base científica.

Se completa el cuadro con la presencia de “cientos de miles de individuos (que) pueden convertirse en productores de desórdenes informativos utilizando plataformas tecnológicas ordinarias, que incluso con simples motivaciones económicas pueden tener consecuencias políticas globales como ocurrió en la carrera electorales entre Hillary Clinton y Donald Trump”, advierte el maestro español.

“La socialización tecnológica de la producción de contenidos tiene como consecuencia la creciente dificultad para establecer las líneas entre el periodismo profesional y la información partisana entre medios de comunicación profesionales y medios alternativos. Muchos de ellos eficaces a la hora de activar emocionalmente a grandes audiencias”, subraya el autor.

Lo expuesto es parte de las excelentes reflexiones del profesor Miguel Del-Fresno-García contenidas en el ensayo “Desórdenes informativos: sobreexpuestos e infrainformados en la era de la posverdad”, aparecido en la revista digital española “El profesional de la información”, vol. 28, núm. 3, correspondiente a los meses de mayo-junio de 2019.

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