Monday, May 06, 2013

Las nuevas tecnologías como placebo para la humanidad

Por Guillermo Mejía

Desde una perspectiva crítica a la utopía de la comunicación potenciada por la presencia de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación (Tic’s), es necesario hacer conciencia que en la actualidad sobrevivimos en sociedades que están inmersas en una ilusión donde los intereses políticos formatean esos avances tecnológicos.

Son reflexiones que pone en el debate la comunicóloga brasileña Carolina Dantas de Figueiredo, profesora de la Facultade Vale do Ipojuca-Caruaru (PE) y de las Facultades Integradas Barros Melo-Olinda (PE), en un esfuerzo intelectual que se orienta a buscar una crítica a la utopía de la comunicación que pretende ver a los avances tecnológicos con euforia.

Recuerda la profesora brasileña al autor Philippe Breton (1994) que analiza a la visión optimista sobre el fenómeno como “utopía de la comunicación” donde, según él, el proyecto utópico se da en tres niveles: la emergencia de una sociedad mejorada o ideal, la redefinición antropológica del hombre y la promoción de la comunicación como valor.

Al contrario, encontramos la visión pesimista sobre el fenómeno que llamaremos “distopía de la comunicación” donde, por ejemplo, para los herederos de la Escuela de Frankfurt “las guerras y holocaustos eran pruebas vivas del argumento de que la técnica conduciría a las sociedades modernas a la barbarie”.

Según Dantas de Figuiredo, son innegables las mejoras que ha traído el avance tecnológico, pero no se puede dejar de lado la instrumentalización que se hace en términos políticos en las sociedades. Para el caso, el neoliberalismo dice defender férreamente la democracia siempre y cuando los engranajes del capitalismo funcionen.

Por otro lado, se pretende imponer dentro de la visión utópica de la comunicación un aire de revolución a las nuevas tecnologías, aunque habría que preguntarse qué tipo de revolución, ya que persisten los paradigmas establecidos por los medios tradicionales, además de que aún es reciente la incorporación de las Tic’s a la intimidad y la vida social de los usuarios.

“Observando los comportamientos de los usuarios de los nuevos medios se nota que la agenda de determinadas informaciones persiste. Basta entrar en los sitios de búsqueda, portales periodísticos, blogs o redes sociales para percibir la recurrencia a ciertos asuntos, palabras, noticias o tags” lo que muestra la presencia de los mismos parámetros informacionales.

“Con todo, el simple compartir contenidos no significa interacción, al contrario puede indicar el acceso de receptores que en vez de considerar las informaciones críticamente o producir nuevos conocimientos a partir de ellas, apenas las replican infinitamente. De esa forma, los nuevos medios tienen tanto potencial totalitario como los antiguos medios”, advierte la profesora brasileña.

Para matizar, hace referencia a si la comunicación en la primera mitad del siglo XXI podría fomentar la democracia. Los optimistas aseguran que la accesibilidad y la oferta mediática en larga escala son puntos a favor y, de hecho, no se puede negar del todo que democracia y acceso a la información son absolutamente inseparables.

Empero, “sería precipitado tomar el acceso general a la información como presupuesto, ya que en la práctica eso aún no sucede, así como imaginar que la tecnología por sí sola sería capaz de ampliar las posibilidades y el alcance de la democracia”, afirma la profesora brasileña, a quien le resulta un “ejercicio de futurología” saber si la comunicación camina hacia la utopía.

En ese sentido, existen tres riesgos en la visión utópica de la comunicación: primero, es que el capitalismo se transforme en un tecno-utopismo abstracto y, como consecuencia, que los nuevos medios sean fetichizados, tomados como cosa en sí y que sus procesos e implicaciones sean ignorados. Segundo, es la alienación de su carácter ideológico. Tercero, es que enfocándose solamente en la técnica, se pierda al individuo de vista.

“Se nota, entonces, que con la validez del discurso utópico y las fragilidades que representa, es necesario buscar en la distopía o su contrapunto, el otro posicionamiento que de distancia de la utopía por ser escéptico en relación a la técnica, a la democracia y al mismo sujeto. Se busca, con el retorno a la distopía, una verdad más allá de la establecida por el campo de las comunicaciones en la sociedad contemporánea”, señala Dantas de Figuiredo.

Retoma a la autora Georgina Vargas (2007) –quien cita a Deleuze y Guattari: “Las tecnologías digitales emergen de una cierta cultura y formación social y se encuentran en una fase ilusoria. Al mismo tiempo, los intereses políticos irrumpen en la tecnología y le dan forma, pues ubican la amplia gama de desarrollos y usos posibles”.

Y continúa: “Esta fase ilusoria que los autores mencionan sería la fase de la tecnología, de exaltar los sueños tecnológicos como placebo para la humanidad. Una de las cosas que posibilitó el avance de esta utopía fue la creencia, bastante recurrente, de que las tecnologías de la información son aliadas a un posicionamiento ideológico”. No caigamos en el ensueño.













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