La izquierda salvadoreña y el salpique de las FARC
Por Guillermo Mejía
Para comenzar –y esta preocupación ya la expresaron muchos- sería sano que al candidato presidencial del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (Fmln), Mauricio Funes, se le bajara la adrenalina y asumiera que una investigación realmente seria aclarara lo del caso colombiano.
Salir con patada al pecho, como lo hizo, negando la posible vinculación de “Ramiro”, José Luis Merino, en el supuesto tráfico de armas en Europa para las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) no ayuda a la transparencia de la izquierda salvadoreña, sino más bien significa un costo político serio.
Achacarle todo a la perversidad de la derecha en connivencia con la prensa internacional –y que eso salga de voz de Mauricio Funes en tono bravo- tampoco le ayuda al partido de oposición, mucho menos a la figura del candidato que se ha ganado palmo a palmo la confianza del electorado salvadoreño.
El peor legado que Funes le pueda heredar a su figura, al partido y a El Salvador sería caer en el juego político-ideológico de la derecha salvadoreña que –hoy por hoy- se encuentra dividida y hundida en el temor al constatar que ya sus veinte años en el Ejecutivo casi no son nada, porque el fraude lo cometieron hasta con su misma gente.
Que Alianza Republicana Nacionalista (Arena) y su gobierno de turno (sumados los demás funcionarios en cada esquina) pretendan sacarle la raja más grande a esa oportunidad propagandística internacional, por supuesto que no se puede negar. Ahora es su turno. Que la izquierda no logre dimensionar el problema resultaría lo más grave.
Claro que aún es difícil llegar a establecer el criterio de verdad de la maniobra política internacional, eso hay que aceptarlo, pero tampoco es válido que la izquierda se salga por la tangente y, al igual que la derecha retrógrada con sus casos vengonzantes, pretenda negar de un tajo esa vinculación histórica del Fmln con otros movimientos, ahí está el caso de las FARC.
La conducta política de Mauricio Funes también estimaría, sería muy bien visto por sus seguidores máxime los que no están en la izquierda, que demande ir a las últimas consecuencias, para que no existan equívocos sobre el caso colombiano. Qué bueno que Funes le pida a Merino y a otros dirigentes del partido que le expliquen el problema con transparencia. El no necesita andar salvando a nadie, él necesita tener la mesa limpia y lista para las batallas decisivas. Caer en la trampa es lo que menos le conviene.
La otra cuestión de suma importancia para la izquierda nacional, para el país y para el mismo Funes es que el partido salga con la frente en alto y explique a los cuatro vientos el significado que tienen las FARC en el escenario internacional. Taparse la boca frente a ese movimiento que desdice de la lucha revolucionaria y la ha contaminado con el narcotráfico, el secuestro, el crimen de civiles, etc., no le ayuda al Fmln.
El mayor partido de oposición salvadoreño, muy al contrario, debería reivindicarse aclarando su adhesión al humanismo socialista, la democratización radical, la transparencia, la tolerancia, el ejercicio de la libertad, entre otras aspiraciones revolucionarias de todos los tiempos; es decir, pasar del trasnochado discurso seudoizquierdista que eliminó la individualidad del sujeto histórico en aras de la colectividad deshumanizada, mecanizada. Fracaso rotundo.
Las izquierdas de otros puntos del planeta, incluidas algunas que están muy cerca de nuestra región, ya han entendido el seudoizquierdismo y caminan hacia la rectificación de muchos de los vicios que hasta hace poco fueron vistos como necesarios, para el sostenimiento de sus sistemas políticos. También resultaría grave que en el Fmln no entiendan esos procesos.
Qué bueno sería que los colombianos resuelvan su problema bélico por vías civilizadas, aunque eso resulta muchas veces impensable dado la naturaleza del conflicto y quienes son los actores: la seudoizquierda narcotraficante y secuestradora, y los paramilitares de extrema derecha (incluido el gobierno), también criminales y narcotraficantes.
De Mauricio Funes y del Fmln urge inteligencia, coraje y transparencia. Los que participaron o participan con las FARC que asuman las consecuencias. La maniobra política está a la orden del día. ¿No lo entienden?
Un encuentro de comunicación e información desde la perspectiva de un periodista centroamericano.
martes, mayo 13, 2008
jueves, mayo 01, 2008
La demagocia como respuesta a la crisis socio-económica
Por Guillermo Mejía
Las recientes medidas anunciadas por el gobierno de turno, entre ellas la instalación de una comisión especial, a fin de encontrar una salida oportuna a la crisis socio-económica sabe más a lo mismo, menos a una respuesta esperanzadora hacia la población salvadoreña.
El régimen de Elías Antonio Saca pretende así sacarle provecho a este momento crucial –que también pone en tela de juicio los casi 20 años de gobiernos consecutivos de la derecha- para darle una vuelta al descalabro político "arenero" frente a la figura del periodista Mauricio Funes.
Como siempre lo hace, Alianza Republicana Nacionalista (Arena) apeló a la conciencia nacional de cara a la agudización de la problemática, pero –otra vez- dejó por fuera de la comisión a su adversario el partido Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (Fmln).
El dicho “o todos en la cama o todos en el suelo” volvió a tomar vida. Con la gravedad que demandan de la izquierda ex guerrillera decirle sí a todas las medidas que pretende introducir el gobierno, incluidos nuevos endeudamientos internacionales. Y no solo eso, quiere que también la crisis no sea aprovechada con motivaciones político-electorales, como si Arena y el Ejecutivo no estén manipulando con antelación.
En la pasada intervención del presidente Elías Antonio Saca en cadena nacional, el mandatario repitió los puntos que viene utilizando como propaganda electoral desde tiempo atrás. Insistió en los subsidios, la red solidaria, entre otros, es decir no hubo nada nuevo.
De ahí partió con la creación de la comisión especial donde metió a funcionarios, diputados, empresarios, académicos, religiosos, menos al Fmln y a la Universidad de El Salvador (UES). En otras palabras, las medidas tienen que favorecer solamente a Arena, mientras el pueblo salvadoreño resulta un pretexto.
Esa visión maniquea es la que nos mantiene hundidos en una profunda crisis socio-económica y política de la que se estima que nos costará salir. Ojalá que la izquierda, que tiene posibilidades de ganar las elecciones presidenciales, cambie ese proceder viciado.
La salida a los graves problemas nacionales ameritan el concurso de TODOS los ciudadanos, no solo de los socios y comparsas.
Pero para ser justos en la medida, hay que señalar también la ineficacia de la dirigencia del Fmln y el candidato Mauricio Funes de estar a la altura de los acontecimientos, como decimos en buen salvadoreño estar en la jugada.
Ante la demagogia oficial, el show mediático y el robo de la iniciativa política apareció una izquierda ex guerrillera reactiva, poco pensante, retrasada. No pudo denunciar de inmediato la jugada político-electoral, fue víctima de la improvisación.
Solo faltó que el presidente Elías Antonio Saca pidiera que a las marchas del Primero de Mayo la gente saliera a disfrutar, aprovechando el puente vacacional, sin denunciar con energía la crisis generalizada que golpea a medianos y pequeños sin importarles a los empresarios y al gobierno.
La oposición real de este país tiene que estar contestando a la par de los planteamientos demagógicos, no dejarse engañar y persuadir por quienes utilizan la mentira y el insulto, pero piden pañales tibios en la campaña política.
Por cierto, el problema no es solo de oportunidad política y presencia mediática, también se necesita de cerebro. La izquierda tiene esa dura prueba, la materia gris.
Por Guillermo Mejía
Las recientes medidas anunciadas por el gobierno de turno, entre ellas la instalación de una comisión especial, a fin de encontrar una salida oportuna a la crisis socio-económica sabe más a lo mismo, menos a una respuesta esperanzadora hacia la población salvadoreña.
El régimen de Elías Antonio Saca pretende así sacarle provecho a este momento crucial –que también pone en tela de juicio los casi 20 años de gobiernos consecutivos de la derecha- para darle una vuelta al descalabro político "arenero" frente a la figura del periodista Mauricio Funes.
Como siempre lo hace, Alianza Republicana Nacionalista (Arena) apeló a la conciencia nacional de cara a la agudización de la problemática, pero –otra vez- dejó por fuera de la comisión a su adversario el partido Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (Fmln).
El dicho “o todos en la cama o todos en el suelo” volvió a tomar vida. Con la gravedad que demandan de la izquierda ex guerrillera decirle sí a todas las medidas que pretende introducir el gobierno, incluidos nuevos endeudamientos internacionales. Y no solo eso, quiere que también la crisis no sea aprovechada con motivaciones político-electorales, como si Arena y el Ejecutivo no estén manipulando con antelación.
En la pasada intervención del presidente Elías Antonio Saca en cadena nacional, el mandatario repitió los puntos que viene utilizando como propaganda electoral desde tiempo atrás. Insistió en los subsidios, la red solidaria, entre otros, es decir no hubo nada nuevo.
De ahí partió con la creación de la comisión especial donde metió a funcionarios, diputados, empresarios, académicos, religiosos, menos al Fmln y a la Universidad de El Salvador (UES). En otras palabras, las medidas tienen que favorecer solamente a Arena, mientras el pueblo salvadoreño resulta un pretexto.
Esa visión maniquea es la que nos mantiene hundidos en una profunda crisis socio-económica y política de la que se estima que nos costará salir. Ojalá que la izquierda, que tiene posibilidades de ganar las elecciones presidenciales, cambie ese proceder viciado.
La salida a los graves problemas nacionales ameritan el concurso de TODOS los ciudadanos, no solo de los socios y comparsas.
Pero para ser justos en la medida, hay que señalar también la ineficacia de la dirigencia del Fmln y el candidato Mauricio Funes de estar a la altura de los acontecimientos, como decimos en buen salvadoreño estar en la jugada.
Ante la demagogia oficial, el show mediático y el robo de la iniciativa política apareció una izquierda ex guerrillera reactiva, poco pensante, retrasada. No pudo denunciar de inmediato la jugada político-electoral, fue víctima de la improvisación.
Solo faltó que el presidente Elías Antonio Saca pidiera que a las marchas del Primero de Mayo la gente saliera a disfrutar, aprovechando el puente vacacional, sin denunciar con energía la crisis generalizada que golpea a medianos y pequeños sin importarles a los empresarios y al gobierno.
La oposición real de este país tiene que estar contestando a la par de los planteamientos demagógicos, no dejarse engañar y persuadir por quienes utilizan la mentira y el insulto, pero piden pañales tibios en la campaña política.
Por cierto, el problema no es solo de oportunidad política y presencia mediática, también se necesita de cerebro. La izquierda tiene esa dura prueba, la materia gris.
viernes, abril 25, 2008
Que otros paguen los costos de la crisis económica
Por Guillermo Mejía
La crisis económica globalizada resulta tan irónica en este país centroamericano que –como siempre- los costos tampoco pueden ser compartidos por quienes hacen su riqueza a la par de la paga de salarios miserables.
La gran empresa privada, con la anuencia del gobierno de turno y la incapacidad de respuesta de la oposición de izquierda, demarcó su postura: los salvadoreños tienen que asumir la carestía, sacrificarse a lo máximo, porque las ganancias no están en juego.
La Asociación Nacional de la Empresa Privada (ANEP) que dirigió una vez el presidente Elías Antonio Saca asumió demencia cuando a sus directivos les preguntaron sobre si estarían dispuestos a hacer un sacrificio a la par de los trabajadores salvadoreños.
Ese sacrificio equivaldría, por ejemplo, otorgar un ajuste salarial inmediato y acorde a las necesidades elementales de los salvadoreños que tan solo han experimentado un 20 por ciento de aumento en su salario básico en casi 10 años. El salario es menos de $200 mensuales.
Son muchos los ejemplos a escala internacional, Estados Unidos no es la excepción, donde las autoridades respectivas han tomado medidas de emergencia para responder a la crisis económica, tanto con ajustes como con subsidios.
Es en ese sentido que en la actualidad desde diversos sectores nacionales, incluidos los transportistas, los panaderos, los expendedores de gasolina, entre otros, se mantiene una discordia abierta con las autoridades frente a los altos costos.
En nombre de la libertad de empresa, el gobierno de turno ha resultado incapaz de controlar la subida de los precios de los productos básicos, las tarifas de servicios públicos, sumada la inoportuna dolarización que en casi nueve años sepultó la economía nacional.
En El Salvador se gana en dólares equivalentes a los mismos colones (moneda anterior), pero se gasta en dólares de verdad. La paradoja resultante no es broma.
Ahora que estamos en tiempos preelectorales sería oportuno que los candidatos presidenciales Rodrigo Avila, del derechista gobernante Alianza Republicana Nacionalista (Arena), y Mauricio Funes, del izquierdista Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (Fmln), dieran la cara en un debate público que tome en cuenta este tema.
Hasta ahora ninguno de los candidatos ha expuesto lo que pretende a ciencia cierta, sino más bien cada uno se ha enredado en un mismo y hueco discurso donde hasta el cansancio están hablando de combatir la pobreza, levantar la economía, etc., del diente al labio.
Claro que todavía hay tiempo para que hablen más en serio. Ojalá no pase mucho tiempo.
Los graves problemas que venimos afrontando –desde decenios antes de la última crisis del petróleo, por cierto, no podemos irnos por la tangente-, requieren de un esfuerzo patriótico titánico más allá de la retórica.
Hasta dónde los partidos políticos mayoritarios están dispuestos a concertar por el bien del pueblo y de la nación sería una respuesta necesaria, aunque tal vez incómoda, para medir si será más de los mismo por parte de Arena o la llegada de una izquierda sin ton ni son.
En casi veinte años de Arena hemos constatado cómo la izquierda ha servido, en muchas ocasiones, de contrapeso ante la maquinaria empresarial empecinada en sus ganancias y privilegios. Algunas veces también hay que aceptar que a la izquierda se le ha pasado la mano. Ahora cómo le iría a esa izquierda en el Ejecutivo si tendrá como contrapeso a una derecha que obviamente, ideologizada como es, le hará la guerra total desde cualquier instancia del Estado o de la empresa privada.
Y, en ese estira y encoge, qué gana el pueblo salvadoreño, cansado de esperar y víctima de un sistema deshumanizado. Que los contendientes vengan a cantar el mismo pregón de la esperanza y que vamos a estar mejor no calma las angustias cotidianas.
En ese marco, la ciudadanía salvadoreña debe estar alerta frente a las candidaturas presidenciales, en especial, y las de alcaldes y diputados, en general, para ver si el sistema partidario da un golpe de timón y vira hacia la concertación nacional.
No hay otro camino. O armamos el plan de nación o nos despeñamos con Arena y el Fmln, incluidos.
Por Guillermo Mejía
La crisis económica globalizada resulta tan irónica en este país centroamericano que –como siempre- los costos tampoco pueden ser compartidos por quienes hacen su riqueza a la par de la paga de salarios miserables.
La gran empresa privada, con la anuencia del gobierno de turno y la incapacidad de respuesta de la oposición de izquierda, demarcó su postura: los salvadoreños tienen que asumir la carestía, sacrificarse a lo máximo, porque las ganancias no están en juego.
La Asociación Nacional de la Empresa Privada (ANEP) que dirigió una vez el presidente Elías Antonio Saca asumió demencia cuando a sus directivos les preguntaron sobre si estarían dispuestos a hacer un sacrificio a la par de los trabajadores salvadoreños.
Ese sacrificio equivaldría, por ejemplo, otorgar un ajuste salarial inmediato y acorde a las necesidades elementales de los salvadoreños que tan solo han experimentado un 20 por ciento de aumento en su salario básico en casi 10 años. El salario es menos de $200 mensuales.
Son muchos los ejemplos a escala internacional, Estados Unidos no es la excepción, donde las autoridades respectivas han tomado medidas de emergencia para responder a la crisis económica, tanto con ajustes como con subsidios.
Es en ese sentido que en la actualidad desde diversos sectores nacionales, incluidos los transportistas, los panaderos, los expendedores de gasolina, entre otros, se mantiene una discordia abierta con las autoridades frente a los altos costos.
En nombre de la libertad de empresa, el gobierno de turno ha resultado incapaz de controlar la subida de los precios de los productos básicos, las tarifas de servicios públicos, sumada la inoportuna dolarización que en casi nueve años sepultó la economía nacional.
En El Salvador se gana en dólares equivalentes a los mismos colones (moneda anterior), pero se gasta en dólares de verdad. La paradoja resultante no es broma.
Ahora que estamos en tiempos preelectorales sería oportuno que los candidatos presidenciales Rodrigo Avila, del derechista gobernante Alianza Republicana Nacionalista (Arena), y Mauricio Funes, del izquierdista Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (Fmln), dieran la cara en un debate público que tome en cuenta este tema.
Hasta ahora ninguno de los candidatos ha expuesto lo que pretende a ciencia cierta, sino más bien cada uno se ha enredado en un mismo y hueco discurso donde hasta el cansancio están hablando de combatir la pobreza, levantar la economía, etc., del diente al labio.
Claro que todavía hay tiempo para que hablen más en serio. Ojalá no pase mucho tiempo.
Los graves problemas que venimos afrontando –desde decenios antes de la última crisis del petróleo, por cierto, no podemos irnos por la tangente-, requieren de un esfuerzo patriótico titánico más allá de la retórica.
Hasta dónde los partidos políticos mayoritarios están dispuestos a concertar por el bien del pueblo y de la nación sería una respuesta necesaria, aunque tal vez incómoda, para medir si será más de los mismo por parte de Arena o la llegada de una izquierda sin ton ni son.
En casi veinte años de Arena hemos constatado cómo la izquierda ha servido, en muchas ocasiones, de contrapeso ante la maquinaria empresarial empecinada en sus ganancias y privilegios. Algunas veces también hay que aceptar que a la izquierda se le ha pasado la mano. Ahora cómo le iría a esa izquierda en el Ejecutivo si tendrá como contrapeso a una derecha que obviamente, ideologizada como es, le hará la guerra total desde cualquier instancia del Estado o de la empresa privada.
Y, en ese estira y encoge, qué gana el pueblo salvadoreño, cansado de esperar y víctima de un sistema deshumanizado. Que los contendientes vengan a cantar el mismo pregón de la esperanza y que vamos a estar mejor no calma las angustias cotidianas.
En ese marco, la ciudadanía salvadoreña debe estar alerta frente a las candidaturas presidenciales, en especial, y las de alcaldes y diputados, en general, para ver si el sistema partidario da un golpe de timón y vira hacia la concertación nacional.
No hay otro camino. O armamos el plan de nación o nos despeñamos con Arena y el Fmln, incluidos.
lunes, febrero 18, 2008
Agradecimientos por solidaridad demostrada
La familia de los periodistas Guillermo Mejía y Alberto Barrera, del equipo editor de Raíces, manifiesta su agradecimiento público por las muestras de solidaridad y cariño recibidas ante el recién fallecimiento de su madre Concepción Aracely Domínguez.
Nuestra querida Conchita partió a mejor vida el pasado 11 de febrero y sus restos fueron conducidos al Cementerio Jardines del Recuerdo, en San Salvador, el día 13.
Conocida la infausta noticia de su fallecimiento, nuestra familia recibió muestras de pesar y fortaleza espiritual, por lo que se encuentra infinitamente agradecida con familiares, colegas, compañeros de trabajo, etc., tanto dentro del país como del exterior.
Por supuesto, el equipo editorial de Raíces también se encuentra entre nuestros apoyos.
Gracias familia, colegas, compañeros y amigos.
Familias Mejía, Domínguez y Barrera.
La familia de los periodistas Guillermo Mejía y Alberto Barrera, del equipo editor de Raíces, manifiesta su agradecimiento público por las muestras de solidaridad y cariño recibidas ante el recién fallecimiento de su madre Concepción Aracely Domínguez.
Nuestra querida Conchita partió a mejor vida el pasado 11 de febrero y sus restos fueron conducidos al Cementerio Jardines del Recuerdo, en San Salvador, el día 13.
Conocida la infausta noticia de su fallecimiento, nuestra familia recibió muestras de pesar y fortaleza espiritual, por lo que se encuentra infinitamente agradecida con familiares, colegas, compañeros de trabajo, etc., tanto dentro del país como del exterior.
Por supuesto, el equipo editorial de Raíces también se encuentra entre nuestros apoyos.
Gracias familia, colegas, compañeros y amigos.
Familias Mejía, Domínguez y Barrera.
lunes, enero 28, 2008

Reeditan El Asco en España (tan actual con la leperada de los diputados)
Por Guillermo Mejía
La reconocida TusQuets Editores recién reeditó El Asco: Thomas Bernhard en San Salvador del escritor salvadoreño Horacio Castellanos Moya, en España. Cabe señalar la vigencia del controversial contenido de esta novela por las cosas que pasan en El Salvador, en especial el abusivo aumento salarial de los “padres de la patria”.
Según se confirmó a Raíces, la editorial sacó a luz la nueva edición tomando en cuenta la calidad del trabajo y el hecho que Castellanos Moya es un escritor consagrado que tiene ya otros productos editoriales publicados en la prestigiosa empresa.
Castellanos Moya confirmó a Raíces la información desde su actual residencia en Pittsburg donde goza de una estancia, para su producción intelectual.
Sobre la reedición escribió Miguel García-Posada, del ABC español, que: “Con El asco, Horacio Castellanos (1957) ha conseguido hacer un libro que en pocos años se ha vuelto clásico. Pero no clásico para lectores adolescentes, como algún jaleado título de libros, amores y tigres, sino un clásico para lectores rigurosos, como rigurosa es la concepción y estructura del libro: terrible alegato en forma de monólogo contra el régimen político -la dictadura- de El Salvador y la sociedad crecida al calor del sórdido autoritarismo que durante años se apoderó de aquella república”.
“Publicada por primera vez en 1997 en una editorial salvadoreña, su durísima crítica contra el régimen y sus ramificaciones condujo de nuevo al destierro a Castellanos, según puntualizó Roberto Bolaño en la nota que cierra el libro, muy oportunamente recuperada para esta edición.”, añade.
García-Posada dice en otra parte: “Texto durísimo: se entiende, aunque no se justifica, la reacción de los sectores ultraderechistas, aunque tampoco la izquierda sale indemne de las acusaciones de Castellanos, como puede comprobarse en el adverso juicio contra el poeta comunista y procastrista Roque Dalton que, según es sabido, fue fusilado por la propia guerrilla.”
Una novela tan actual
El Asco ha aparecido no en pocas bromas en la sociedad salvadoreña luego de la inmoral conducta de los diputados que se recetaron aumentos que van de 1.800 a 2.900 dólares mensuales frente a la crisis económica nacional y los salarios de hambre.
Tan reprochable ha resultado la indolencia mostrada por el propio presidente Elías Antonio Saca frente a su bancada que se aferró con uñas y dientes a los aumentos como la forma en que reaccionó el candidato efemelenista Mauricio Funes que puso una denuncia personal ante la Asamblea donde salva la imagen de sus diputados por ser una “bancada honesta”.
O el hecho risible pero indignante de muchos de los diputados que optaron por la demencia, la sorpresa, la huida antes que dar la cara con gallardía y pedir perdón ante el pueblo. Los que dicen estar más arrepentidos y se desgarran las vestiduras –como el caso de la izquierda- ahora afirman que harán la “cuchumbiada” y se la entregarán a gente necesitada.
Del cinismo de gente de Alianza Republicana Nacionalista (Arena) o del Partido de Conciliación Nacional (PCN) mejor ni hablar. Es como reza el dicho popular: revolver más la inmundicia para que apeste, de más ASCO.
Vale la pena citar algunos fragmentos de la novela de Castellanos Moya, para ilustrar la forma en que concibió a nuestra “clase política” que guarda muchísima actualidad:
“Los políticos apestan en todas partes, Moya, pero en este país los políticos apestan particularmente, te puedo asegurar que nunca había visto políticos tan apestosos como los de acá, quizás sea por los cien mil cadáveres que carga cada uno de ellos, quizás la sangre de esos cien mil cadáveres es la que los hace apestar de esa manera tan particular, quizás el sufrimiento de esos cien mil muertos les impregnó esa manera particular de apestar, me dijo Vega.” (Pág. 26)
“Y cómo se desviven por aparecer en la televisión, Moya, es horrible, si encendés la televisión a la hora del desayuno en todos los canales aparece un estúpido haciéndole las mismas preguntas estúpidas a un político que únicamente responde estupideces, me dijo Vega. Como para morirse, Moya, como para vomitar el desayuno, como para arruinarte el día.” (Pág. 27)
“Por eso, en contra de mi voluntad, he tenido que ver y escuchar a esos políticos apestosos por la sangre de cien mil personas que mandaron a la muerte con sus ideas grandiosas, un tremendo asco me producen esos tipos tenebrosos que tienen en sus manos el futuro de este país, Moya, no importa si son de derecha o de izquierda, son igualmente vomitivos, igualmente corruptos, igualmente ladrones, se les nota en la cara la ansiedad por robar lo que puedan, unos sujetos realmente de cuidado, Moya, sólo necesitás encender el televisor para verles en la jeta la ansiedad por saquear lo que puedan a quien puedan, unos pillos con saco y corbata que antes tuvieron sus festín de sangre, su orgía de crímenes, y ahora se dedican al festín del saqueo, a la orgía del robo, me dijo Vega.” (Pág. 28)
Claro que hay más y de la buena. Sería un buen ejercicio ciudadano releer El Asco, máxime que estamos cerca de otro evento electoral y ya aparecieron los asquerosos.
La reconocida TusQuets Editores recién reeditó El Asco: Thomas Bernhard en San Salvador del escritor salvadoreño Horacio Castellanos Moya, en España. Cabe señalar la vigencia del controversial contenido de esta novela por las cosas que pasan en El Salvador, en especial el abusivo aumento salarial de los “padres de la patria”.
Según se confirmó a Raíces, la editorial sacó a luz la nueva edición tomando en cuenta la calidad del trabajo y el hecho que Castellanos Moya es un escritor consagrado que tiene ya otros productos editoriales publicados en la prestigiosa empresa.
Castellanos Moya confirmó a Raíces la información desde su actual residencia en Pittsburg donde goza de una estancia, para su producción intelectual.
Sobre la reedición escribió Miguel García-Posada, del ABC español, que: “Con El asco, Horacio Castellanos (1957) ha conseguido hacer un libro que en pocos años se ha vuelto clásico. Pero no clásico para lectores adolescentes, como algún jaleado título de libros, amores y tigres, sino un clásico para lectores rigurosos, como rigurosa es la concepción y estructura del libro: terrible alegato en forma de monólogo contra el régimen político -la dictadura- de El Salvador y la sociedad crecida al calor del sórdido autoritarismo que durante años se apoderó de aquella república”.
“Publicada por primera vez en 1997 en una editorial salvadoreña, su durísima crítica contra el régimen y sus ramificaciones condujo de nuevo al destierro a Castellanos, según puntualizó Roberto Bolaño en la nota que cierra el libro, muy oportunamente recuperada para esta edición.”, añade.
García-Posada dice en otra parte: “Texto durísimo: se entiende, aunque no se justifica, la reacción de los sectores ultraderechistas, aunque tampoco la izquierda sale indemne de las acusaciones de Castellanos, como puede comprobarse en el adverso juicio contra el poeta comunista y procastrista Roque Dalton que, según es sabido, fue fusilado por la propia guerrilla.”
Una novela tan actual
El Asco ha aparecido no en pocas bromas en la sociedad salvadoreña luego de la inmoral conducta de los diputados que se recetaron aumentos que van de 1.800 a 2.900 dólares mensuales frente a la crisis económica nacional y los salarios de hambre.
Tan reprochable ha resultado la indolencia mostrada por el propio presidente Elías Antonio Saca frente a su bancada que se aferró con uñas y dientes a los aumentos como la forma en que reaccionó el candidato efemelenista Mauricio Funes que puso una denuncia personal ante la Asamblea donde salva la imagen de sus diputados por ser una “bancada honesta”.
O el hecho risible pero indignante de muchos de los diputados que optaron por la demencia, la sorpresa, la huida antes que dar la cara con gallardía y pedir perdón ante el pueblo. Los que dicen estar más arrepentidos y se desgarran las vestiduras –como el caso de la izquierda- ahora afirman que harán la “cuchumbiada” y se la entregarán a gente necesitada.
Del cinismo de gente de Alianza Republicana Nacionalista (Arena) o del Partido de Conciliación Nacional (PCN) mejor ni hablar. Es como reza el dicho popular: revolver más la inmundicia para que apeste, de más ASCO.
Vale la pena citar algunos fragmentos de la novela de Castellanos Moya, para ilustrar la forma en que concibió a nuestra “clase política” que guarda muchísima actualidad:
“Los políticos apestan en todas partes, Moya, pero en este país los políticos apestan particularmente, te puedo asegurar que nunca había visto políticos tan apestosos como los de acá, quizás sea por los cien mil cadáveres que carga cada uno de ellos, quizás la sangre de esos cien mil cadáveres es la que los hace apestar de esa manera tan particular, quizás el sufrimiento de esos cien mil muertos les impregnó esa manera particular de apestar, me dijo Vega.” (Pág. 26)
“Y cómo se desviven por aparecer en la televisión, Moya, es horrible, si encendés la televisión a la hora del desayuno en todos los canales aparece un estúpido haciéndole las mismas preguntas estúpidas a un político que únicamente responde estupideces, me dijo Vega. Como para morirse, Moya, como para vomitar el desayuno, como para arruinarte el día.” (Pág. 27)
“Por eso, en contra de mi voluntad, he tenido que ver y escuchar a esos políticos apestosos por la sangre de cien mil personas que mandaron a la muerte con sus ideas grandiosas, un tremendo asco me producen esos tipos tenebrosos que tienen en sus manos el futuro de este país, Moya, no importa si son de derecha o de izquierda, son igualmente vomitivos, igualmente corruptos, igualmente ladrones, se les nota en la cara la ansiedad por robar lo que puedan, unos sujetos realmente de cuidado, Moya, sólo necesitás encender el televisor para verles en la jeta la ansiedad por saquear lo que puedan a quien puedan, unos pillos con saco y corbata que antes tuvieron sus festín de sangre, su orgía de crímenes, y ahora se dedican al festín del saqueo, a la orgía del robo, me dijo Vega.” (Pág. 28)
Claro que hay más y de la buena. Sería un buen ejercicio ciudadano releer El Asco, máxime que estamos cerca de otro evento electoral y ya aparecieron los asquerosos.
sábado, enero 19, 2008
Apreciando El Salvador a 16 años de la firma de la paz
Por Guillermo Mejía
Cumplimos más de tres lustros de la firma de los Acuerdos de Paz, en Chapultepec, México, precisamente el 16 de enero, pero más que la coincidencia de las cifras lo que nos interesa en esta ocasión es hacer un acercamiento a cómo estamos luego del fin de la guerra fratricida.
Cada uno de los aniversarios precedidos siempre fue marcado por la aseveración desde la derecha gobernante de que los Acuerdos de Paz se cumplieron a cabalidad, conforme al calendario, y, por supuesto, somos ejemplo de éxito para la comunidad internacional.
La otra parte, la ex guerrilla convertida en partido político, hizo a su vez un juicio crítico muy al revés de la postura oficial: los Acuerdos no fueron cumplidos a cabalidad, existen muchos vacíos y sabotajes que mostraron la falta de compromiso con lo pactado y con el pueblo.
De los deudas, que obviamente no podemos ignorar, se destacan la precariedad y abandono en que quedaron los miles de ex combatientes de ambas partes que libraron la guerra de 12 años, así como el fracaso programado del Foro de Concertación Económica y Social.
A esas deudas podemos, a grandes rasgos, colocar por ejemplo: 1. La ineficacia del sistema judicial y sus órganos auxiliares; 2. La presencia de autoritarismo en cualquier instancia de la sociedad; 3. La falta de transparencia; 4. La ausencia de un periodismo crítico y ciudadano.
Claro que es una mínima lista de la camándula de males que nos agobian, por eso decimos que son ejemplos. Cuando hacemos un acercamiento a esa dura realidad nos encontramos que todos somos responsables, unos más que otros, pero al fin todos.
Unas joyitas al grano
En primer lugar, los partidos políticos como entes de representación del pueblo en el ejercicio del poder institucional no han variado mucho en cuanto a su proceder frente a lo que veníamos acostumbrados antes del conflicto armado.
Son instancias que velan por sus intereses particulares, o de sus dirigentes y mecenas, muy lejos de las reales necesidades de los salvadoreños en toda su extensión. Vale recordar cómo los políticos se reparten las instituciones al mejor postor.
Cualquiera no nos dejará mentir en cuanto a la desgracia en que continúa el sistema judicial y sus órganos auxiliares, por decir algo, y nos encontramos que en esa inmundicia se regodean la derecha y la izquierda. Con el agravante que la “izquierda revolucionaria” no dice nada.
En segundo lugar, carecemos para desgracia de nosotros mismos de una sociedad civil que realmente se ponga las pilas frente al abuso del poder y la rapacidad del mercantilismo que inclusive mantiene resentidos a sectores de la misma derecha.
Muchas de las organizaciones y entidades de profesionales realmente aún no demuestran independencia frente a partidos políticos, gobierno o empresas privadas, es decir poderes fácticos que secuestran lo que al pueblo le corresponden en una democracia real.
La bajada de la línea política aún prevalece frente a lo justo y adecuado, los deberes y derechos, la transparencia y equidad.
En tercer lugar, una cuestión también sumamente grave para el desarrollo democrático a 16 años de la firma de la paz es la ausencia de medios de comunicación que le apuesten al cambio socio-económico y político en el país.
Siempre en Raíces hemos estimado que la prensa nacional, en general, vive atrapada en la polarización política al igual que partidos y organizaciones donde prevalecen las visiones ideologizadas y los miedos putrefactos que impiden debatir con seriedad nuestros problemas.
La gente común que es dueña de la información y amerita contar con todos los puntos de vista de los diversos sectores de la sociedad, por supuesto incluida su voz, solamente es receptora de visiones sobre todo conservadoras y la ausencia de debate democrático.
Mal haríamos en querer ver que a 16 años de la firma de la paz en 1992 todo es color de rosa en El Salvador, lo más acertado es decir que aún nos falta mucho por recorrer hacia la ansiada democratización y la vigencia de un Estado de derecho. Pero, ojo, todos somos responsables.
Por Guillermo Mejía
Cumplimos más de tres lustros de la firma de los Acuerdos de Paz, en Chapultepec, México, precisamente el 16 de enero, pero más que la coincidencia de las cifras lo que nos interesa en esta ocasión es hacer un acercamiento a cómo estamos luego del fin de la guerra fratricida.
Cada uno de los aniversarios precedidos siempre fue marcado por la aseveración desde la derecha gobernante de que los Acuerdos de Paz se cumplieron a cabalidad, conforme al calendario, y, por supuesto, somos ejemplo de éxito para la comunidad internacional.
La otra parte, la ex guerrilla convertida en partido político, hizo a su vez un juicio crítico muy al revés de la postura oficial: los Acuerdos no fueron cumplidos a cabalidad, existen muchos vacíos y sabotajes que mostraron la falta de compromiso con lo pactado y con el pueblo.
De los deudas, que obviamente no podemos ignorar, se destacan la precariedad y abandono en que quedaron los miles de ex combatientes de ambas partes que libraron la guerra de 12 años, así como el fracaso programado del Foro de Concertación Económica y Social.
A esas deudas podemos, a grandes rasgos, colocar por ejemplo: 1. La ineficacia del sistema judicial y sus órganos auxiliares; 2. La presencia de autoritarismo en cualquier instancia de la sociedad; 3. La falta de transparencia; 4. La ausencia de un periodismo crítico y ciudadano.
Claro que es una mínima lista de la camándula de males que nos agobian, por eso decimos que son ejemplos. Cuando hacemos un acercamiento a esa dura realidad nos encontramos que todos somos responsables, unos más que otros, pero al fin todos.
Unas joyitas al grano
En primer lugar, los partidos políticos como entes de representación del pueblo en el ejercicio del poder institucional no han variado mucho en cuanto a su proceder frente a lo que veníamos acostumbrados antes del conflicto armado.
Son instancias que velan por sus intereses particulares, o de sus dirigentes y mecenas, muy lejos de las reales necesidades de los salvadoreños en toda su extensión. Vale recordar cómo los políticos se reparten las instituciones al mejor postor.
Cualquiera no nos dejará mentir en cuanto a la desgracia en que continúa el sistema judicial y sus órganos auxiliares, por decir algo, y nos encontramos que en esa inmundicia se regodean la derecha y la izquierda. Con el agravante que la “izquierda revolucionaria” no dice nada.
En segundo lugar, carecemos para desgracia de nosotros mismos de una sociedad civil que realmente se ponga las pilas frente al abuso del poder y la rapacidad del mercantilismo que inclusive mantiene resentidos a sectores de la misma derecha.
Muchas de las organizaciones y entidades de profesionales realmente aún no demuestran independencia frente a partidos políticos, gobierno o empresas privadas, es decir poderes fácticos que secuestran lo que al pueblo le corresponden en una democracia real.
La bajada de la línea política aún prevalece frente a lo justo y adecuado, los deberes y derechos, la transparencia y equidad.
En tercer lugar, una cuestión también sumamente grave para el desarrollo democrático a 16 años de la firma de la paz es la ausencia de medios de comunicación que le apuesten al cambio socio-económico y político en el país.
Siempre en Raíces hemos estimado que la prensa nacional, en general, vive atrapada en la polarización política al igual que partidos y organizaciones donde prevalecen las visiones ideologizadas y los miedos putrefactos que impiden debatir con seriedad nuestros problemas.
La gente común que es dueña de la información y amerita contar con todos los puntos de vista de los diversos sectores de la sociedad, por supuesto incluida su voz, solamente es receptora de visiones sobre todo conservadoras y la ausencia de debate democrático.
Mal haríamos en querer ver que a 16 años de la firma de la paz en 1992 todo es color de rosa en El Salvador, lo más acertado es decir que aún nos falta mucho por recorrer hacia la ansiada democratización y la vigencia de un Estado de derecho. Pero, ojo, todos somos responsables.
sábado, septiembre 01, 2007
La formación de opinión pública como instrumento de democratización
Por Guillermo Mejía
Hablar a estas alturas de los procesos de formación de opinión pública es harto complejo, dado las sofisticaciones de la sociedad actual y de los medios de comunicación colectiva como vehículos idóneos para que las ideas se difundan en el entramado de intereses y anhelos de la población y sus líderes.
En ese contexto, creo oportuno ahondar en esta ocasión en la urgente necesidad de que esos procesos de formación coadyuven a la profundización de la democratización a partir de la presencia de un sujeto consciente, preocupado por el interés público y partícipe de la opinión ciudadana crítica.
Un Estado democrático (o en vías de democratización) tiene la obligación de garantizar el libre acceso a la información pública, así como es deber ciudadano demandar ese libre acceso para contar con el parangón de posturas políticas, sociales, económicas, culturales, etc., que sirvan para la consecuente toma de decisiones en la sociedad.
En el caso salvadoreño, lamentablemente, lo anterior aún no es una preocupación del ciudadano común, salvo los más interesados o políticamente comprometidos, al grado que pareciera ser un tema que no trasciende más allá de los líderes de opinión, editores y periodistas, y de las reflexiones puntuales en las academias.
El ciudadano de a pie todavía está condicionado por la gama de necesidades básicas que tiene que solventar de alguna manera y pareciera que las virtudes ciudadanas, sus derechos y obligaciones en la sociedad, son cuestiones de segundo nivel. Al final, resulta más efectivo olvidarse de su situación en medio del bombardeo mediático adormecedor.
Los fenómenos de opinión pública
Cuando nos referimos a los fenómenos de opinión pública cabe destacar las múltiples definiciones –algunas muy simplistas- de esos procesos añejos que se instalaron a partir de “la existencia de grupos, comunidades, sociedades y pueblos, cuyos miembros mantienen relaciones entre sí (relaciones horizontales)”. (Monzón; 1996: 20)
También, que “en toda comunidad siempre ha existido algún tipo de autoridad que se impone, se acepta o dirige a la población (relaciones verticales)”, según Monzón, y el hecho de que “siempre ha existido la posibilidad, aun cuando en algunas sociedades haya sido pobre o ejercida por una minoría, de contestación y participación del pueblo en los asuntos públicos”.
Al hacer una revisión histórica cabe considerar el estudio de Dader (1992) que ubica en la Grecia Clásica la utilización del término “dogma poleon”, para referirse a lo que comúnmente conocemos como opinión pública. Además, cita a Ortega y Gasset, con Protágoras que en el siglo V a. De J.C. usó como traducción “la creencia de las ciudades” o “la creencia pública”.
“Pero si todavía pretendiéramos delimitar el fenómeno de la opinión pública en las coordenadas de las sociedades occidentales modernas, tendríamos que reconocer también que el término profusamente empleado hoy aparece por primera vez en los ‘Essais’ de Michael de Montaigne, en 1588, con la expresión directa de ‘opinion publique’. Dicho término empieza a popularizarse con la utilización, en un sentido social, popr Rousseau, a partir de 1744, y en un sentido político por Mercier de la Riviere, en 1767.” (Dader; 1992: 96)
Más acá, Kimball Young en su obra “La opinión pública y la propaganda” (Paidos Studio; 2001) asegura que “el concepto de opinión pública ha sido empleado en forma muy vaga y con distintos sentidos. A menudo no es más que un estereotipo agitado por oradores y escritores cuando discuten sobre problemas políticos y económicos”.
“La opinión pública consiste en las opiniones sostenidas por un público en cierto momento. Sin embargo, si examinamos las distintas discusiones sobre este problema, hallamos dos tipos de enfoques. Uno considera a la opinión pública como algo estático, como un compuesto de creencias y puntos de vista, un corte transversal de las opiniones de un público, las cuales, por otra parte, no necesariamente concuerdan entre sí en forma completa. El otro enfoque toma en cuenta el proceso de formación de la opinión pública; su interés se concentra en el crecimiento interactivo de la opinión, entre los miembro de un público.” (Young; 2001: 11-12)
Para cerrar el apartado creo de importancia reseñar a través de los estudiosos del fenómeno psicosocial que conocemos como opinión pública las diferentes visiones teóricas en juego:
-Visión racionalista: que pertenece y arranca de la concepción liberal tradicional del hombre y la sociedad. De acuerdo con la tesis fundamental de la Ilustración, los hombres nacen libres e iguales, dotados de racionalidad, y por consiguiente tienen derecho a sustentar diversos puntos de vista sobre las cuestiones que les afectan. Supuesta la racionalidad innata del hombre, en la discusión abierta del cúmulo de opiniones diferentes sobre un mismo tema, aquella que obtenga un mayor número de adhesiones acabará revelándose como la más adecuada. Si honestamente todos buscan la verdad, la coincidencia del mayor número tenderá a coincidir con la propuesta más racional. Autores: Gino Germani y Robert Park, entre otros.
-Visión irracionalista: Diametralmente opuesta a la anterior, plantea que la opinión pública o la faceta de ella que más fuertemente adquiere categoría de presión social es la que surge de prejuicios irracionales e intransigentes, escasamente basados en la realidad de los hechos y sin embargo comúnmente compartidos por la mayoría de la comunidad de modo visceral. Esta interpretación ha sido sostenida por autores temporal o ideológicamente tan dispares como Maquiavelo, Locke o Stuart Mill, los cuales, en la totalidad o parte de sus escritos, no dudaron en describir la “Voz del Pueblo” como ignorante, egoísta, caprichosa, voluble, intransigente y al mismo tiempo fácil de manipular. Autores: Walter Lippmann y Elisabeth Noelle-Neumann (La espiral del silencia), entre otros.
-Visión de la superestructura ideológica de clase: Está a mitad de camino entre las visiones racionalista e irracionalista. La posición dentro de la estructura de producción, el momento histórico, etc. Determinan el tipo de pensamiento y de ideología que expresará cada individuo por tendencia natural. En dicho esquema es lógico que la ‘ideología burguesa’ corresponda a la visión y posición en el mundo de la ‘clase burguesa’. La opinión pública, entonces, no proviene del debate racional entre todos los hombres libres e iguales –como señalaba el liberalismo clásico- sino que constituye el resultado fragmentado horizontalmente de las distintas clases que conforman la sociedad. Autores: Carlos Monzón, Silvia Molina, entre otros.
-Visión intelectualista, institucionalista y funcionalista: Comparando las tesis que sobre el papel e importancia de los intelectuales aportan la “sociología del conocimiento” y el radicalismo meritocrático orteguiano, puede establecerse una clara convergencia: Tanto si procede de una variante “izquierdista” como de una “conservadora de derechas”, la visión intelectualista preconiza la salvaguarda racionalista de la opinión pública sólo en el caso de limitarse o estar influida por las corrientes de opinión emanadas de los intelectuales. La institucionalista, versión más reciente y pragmáticamente mediocre del intelectualismo, sostiene que la cristalización o representación genuina de la opinión pública es el Parlamento. El funcionalismo, cuyo autor más representativo es Niklas Luchmann, es una visión dualista: institucional y funcional. La “función” que cumplen en el sistema social diversos elementos de simplificación es justamente preservar la cohesión del propio sistema.
-Visión crítica o industrial: El espacio público abandonado a las tendencias de la sociedad industrial y consumista estará dominado por corrientes de opinión irracionales, fácilmente persuadibles por los técnicos del marketing o la propaganda. Las corrientes de opinión racionales, capaces de purificar lo anterior, sólo podrán surgir cuando se instaure un estilo y unas condiciones de debate en libertad y con esfuerzo comprometido de todos los intervinientes por alcanzar acuerdos sólidamente racionales. Autores: Jürgen Habermas y la Escuela Crítica de Frankfurt. (Dader; 1992: 109-122)
Los procesos de opinión pública
De acuerdo con Young (2001) dentro de una democracia se parte de supuestos que se remontan a los griegos: 1. La comunidad y los controles políticos descansan en un cuerpo compuesto por los ciudadanos adultos y responsables de la comunidad; 2. estos adultos tienen el derecho y el deber de discutir los problemas públicos con la vista puesta en el bienestar de la comunidad; 3. de esta discusión puede resultar cierto grado de acuerdo; 4. el consenso será la base de la acción pública.
A continuación, el mismo autor describe las cuatro etapas básicas del proceso de formación de opinión pública con una quinta etapa de acción manifiesta:
En primer lugar, algún tema o problema comienza por ser definido por ciertos individuos o grupos interesados, como un problema que exige solución. (...) la esencia de esta primera etapa es un intento de definir la cuestión en términos tales que permitan la discusión por parte de individuos y grupos.
En segundo lugar, vienen entonces las consideraciones preliminares y exploratorias. ¿Cuál es la importancia del problema? ¿En éste el momento de encararlo? ¿Es posible darle solución? Estos aspectos pueden ser explorados en charlas, debates abiertos, crónicas y editoriales en la prensa, debates o comentarios radiales, y por otros medios de comunicación.
En tercer lugar, de esta etapa preliminar pasamos a otra en la cual se adelantan soluciones o planes posibles. Apoyos y protestas están a la orden del día, y se produce a menudo una acentuación de las emociones. Puede aparecer, en considerables proporciones, la conducta de masas, y frecuentemente los aspectos racionales se pierden en un diluvio de estereotipos, slogans e incitaciones emocionales. Esta etapa es importante porque en ella la cuestión se bosqueja con caracteres bien marcados y al tomar decisiones los hombres están controlados no sólo por valores racionales, sino también por valores emocionales. En otras palabras, en la formación de opinión, en las sociedades democráticas, intervienen a la vez consideraciones racionales e irracionales.
En cuarto lugar, de las conversaciones, discursos, debates y escritos, los individuos alcanzan cierto grado de consenso. (...) El consenso no significa un completo acuerdo entre todos.
En quinto lugar, la puesta en práctica de la ley aprobada, o el empleo del poder por parte de funcionarios elegidos, cae, estrictamente hablando, fuera del proceso de formación de opinión. En la realidad, en un sistema representativo, la minoría puede naturalmente seguir presionando para obtener una modificación. A través de la radio, la prensa, las asambleas y otros instrumentos de discusión pública, individuos o grupos con intereses especiales pueden hacer llegar nuevas sugerencias. (Young; 2001: 15-17)
Cabe señalar, a la vez, como el mismo autor estima al igual que Rivadeneira Prada (1995), que se debe tomar en cuenta que no ocurre lo mismo en todas las sociedades: las sociedades que viven dentro de una democracia representativa tendrán mayores posibilidades de interacción que las sociedades de masas.
“En la sociedad de masas –advierte Young- han desaparecido casi totalmente las formas comunicativas directas; se han modificado las relaciones personales, por el crecimiento de las ciudades, la división del trabajo, las estructuras del Estado moderno, las exigencias culturales, etc., y, sobre todo, por el auge de los medios de comunicación social”. (Rivadeneira Prada; 1995: 131)
De esa forma, vale reconocer que las distintas visiones teóricas acerca del fenómeno pueden sintetizarse en que en las complejas relaciones que se dan en las sociedades y el papel de los medios de comunicación, también sofisticados, confluyen los aspectos racionales e irracionales del ser humano.
En otras palabras, somos expresión de la dualidad entre la opinión pública-juicio, es decir, las corrientes de opinión que pretenden imponerse por la racionalidad, y la opinión pública-matriz, o sea los climas de opinión mediados por valoraciones culturales profundas y estereotipadas.
Un merecido cambio de timón
Para lograr que la formación de opinión pública sirva de instrumento democratizador debemos precisar el papel de los ciudadanos y el de los medios de comunicación social dentro de un proceso político. Y, valga la aclaración, considerando -como decía antes- que somos un compuesto de reflexión y emociones.
La ciudadanía debe poner toda su esfuerzo en el compromiso responsable, socialmente hablando, con el desarrollo con justicia y pasar de ser un sujeto pasivo a un sujeto activo y crítico de su realidad, más allá de la visión de mundo que sostenga. Es decir, en el espacio cabemos todos.
Los medios de comunicación deben estar orientados a la formación de opinión pública crítica, al igual que los ciudadanos, situación que puede comenzar a cambiar a partir de nuevas formas de comunicación y periodismo que tenga entre ceja y ceja a la ciudadanía.
En ese sentido, la formación de opinión pública crítica, en el caso salvadoreño, desde la comunicación y el periodismo pasa por trabajar con la gente desde una forma de inclusión, significa un compromiso en la construcción de ciudadanía: “El medio de difusión como garante de la expresión popular bajo criterios de responsabilidad frente a derechos y deberes”. (Mejía; 2005: 22)
Sería concretar en la realidad mediática los postulados de la comunicación política en cuanto a ese proceso de mediación simbólica que coloca en similares circunstancias a gobernantes y gobernados en función de la construcción democrática.
Pareciera ser que estaríamos pidiendo “peras al olmo”, por las mismas condiciones en que se desarrolla, por un lado, la política, y por otro, la función comunicativa y periodística, aunado a la falta de un papel activo y crítico de la ciudadanía en general.
Sin embargo, la construcción de ciudadanía y de una opinión pública crítica también se sustenta en un papel activo desde los diversos grupos que promueven el cambio en el país, independiente de su naturaleza de actuación, en ese marco cabemos los periodistas, los maestros, los ecólogos, los religiosos, etcétera.
Dentro de un proceso de democratización tenemos presente que: “Dar voz pública a la ciudadanía, pasa necesariamente por procesos deliberativos de formación de opinión pública, que se constituyen en toda una práctica pedagógica, con un sentido renovado de la política que ya no estará exclusivamente en manos de los ‘políticos tradicionales’ y que no necesariamente tiene que pasar por las instrucciones creadas en el sistema representativo (tales como el parlamento, las asambleas o los concejos), sino que se mueve en espacios más abiertos y definidos desde un punto de vista predominantemente cultural, más cerca de los sistemas simbólicos de la gente”. (Miralles: 1998)
A la vez, según el uruguayo Javier del Rey Morató (1996): “En la democracia mediática se abre y se consolida una especial e inédita legitimidad para los periodistas, que tiene su origen y su referente legitimador en la distinción que nos recordaba Sartori, entre la atribución nominal del poder y el ejercicio de ese poder: la atribución nominal del poder corresponde al demos, y su ejercicio a las elites elegidas por el demos”.
Y agrega: “Y si la sociedad, que no los gobernantes, es titular del poder, y lo delega por un período determinado de tiempo a sus representantes, esa reducción perceptiva que llamamos sujeto receptor es una figura compleja: es contribuyente, es titular del poder, es titular de la información sobre ese poder; es decir, receptor de mensajes que le informan sobre la política. El contribuyente y titular del poder y de la información se asoma a los medios de comunicación, desde los cuales los periodistas le ofrecen un relato sobre comportamientos y decisiones relacionados con ese poder cuya titularidad ostenta”. (Morató; 1996: 548)
Los ciudadanos, en general, tenemos el derecho a la información y los periodistas además gozamos del derecho de información. Es responsabilidad del Estado, donde también estamos todos, garantizar esos derechos inalienables que –en muchos casos- son violentados desde el ejercicio del poder y del periodismo.
Luchar por el fiel cumplimiento de esos derechos ciudadanos, que nos corresponde a todos, abriría la posibilidad de que la formación de opinión pública, mediante procesos adecuados y justos, coadyuve a la democratización de la sociedad salvadoreña.
Fuentes consultadas:
-Dader, José Luis (1992) “El periodista en el espacio público”, Barcelona, Editorial Bosch.
-Habermas, Jürgen (1986) Historia y crítica de la opinión pública, México, Ediciones Gustavo Gili.
-Mejía, Guillermo. “La ciudadanía como referencia hacia un cambio en el periodismo”. En: Revista Humanidades, número 7, año 2005, Facultad de Ciencias y Humanidades, Universidad de El Salvador.
-Miralles, Ana María. “El periodismo cívico como comunicación política”, En: Revista Nómadas, edición 9. Septiembre de 1998. Bogotá, Colombia.
-Monzón, Carlos (1996) “Opinión pública, comunicación y política: La formación del espacio público”, Madrid, Editorial Tecnos.
-Morató, Javier del Rey (1996) “Democracia y posmodernidad: Teoría general de la información y comunicación política”, Madrid, Editorial Complutense.
-Rivadeneira Prada, Raúl (1995) “La opinión pública: Análisis, estructura y métodos para su estudio”, México, Trillas.
-Young, Kimball (2001) “La opinión pública y la propaganda”, México, Paidos Studio.
Guillermo Mejía, periodista y profesor universitario. Este ensayo fue publicado en la Revista Humanidades, Número 10, 2007, de la Facultad de Ciencias y Humanidades, Universidad de El Salvador (UES).
Por Guillermo Mejía
Hablar a estas alturas de los procesos de formación de opinión pública es harto complejo, dado las sofisticaciones de la sociedad actual y de los medios de comunicación colectiva como vehículos idóneos para que las ideas se difundan en el entramado de intereses y anhelos de la población y sus líderes.
En ese contexto, creo oportuno ahondar en esta ocasión en la urgente necesidad de que esos procesos de formación coadyuven a la profundización de la democratización a partir de la presencia de un sujeto consciente, preocupado por el interés público y partícipe de la opinión ciudadana crítica.
Un Estado democrático (o en vías de democratización) tiene la obligación de garantizar el libre acceso a la información pública, así como es deber ciudadano demandar ese libre acceso para contar con el parangón de posturas políticas, sociales, económicas, culturales, etc., que sirvan para la consecuente toma de decisiones en la sociedad.
En el caso salvadoreño, lamentablemente, lo anterior aún no es una preocupación del ciudadano común, salvo los más interesados o políticamente comprometidos, al grado que pareciera ser un tema que no trasciende más allá de los líderes de opinión, editores y periodistas, y de las reflexiones puntuales en las academias.
El ciudadano de a pie todavía está condicionado por la gama de necesidades básicas que tiene que solventar de alguna manera y pareciera que las virtudes ciudadanas, sus derechos y obligaciones en la sociedad, son cuestiones de segundo nivel. Al final, resulta más efectivo olvidarse de su situación en medio del bombardeo mediático adormecedor.
Los fenómenos de opinión pública
Cuando nos referimos a los fenómenos de opinión pública cabe destacar las múltiples definiciones –algunas muy simplistas- de esos procesos añejos que se instalaron a partir de “la existencia de grupos, comunidades, sociedades y pueblos, cuyos miembros mantienen relaciones entre sí (relaciones horizontales)”. (Monzón; 1996: 20)
También, que “en toda comunidad siempre ha existido algún tipo de autoridad que se impone, se acepta o dirige a la población (relaciones verticales)”, según Monzón, y el hecho de que “siempre ha existido la posibilidad, aun cuando en algunas sociedades haya sido pobre o ejercida por una minoría, de contestación y participación del pueblo en los asuntos públicos”.
Al hacer una revisión histórica cabe considerar el estudio de Dader (1992) que ubica en la Grecia Clásica la utilización del término “dogma poleon”, para referirse a lo que comúnmente conocemos como opinión pública. Además, cita a Ortega y Gasset, con Protágoras que en el siglo V a. De J.C. usó como traducción “la creencia de las ciudades” o “la creencia pública”.
“Pero si todavía pretendiéramos delimitar el fenómeno de la opinión pública en las coordenadas de las sociedades occidentales modernas, tendríamos que reconocer también que el término profusamente empleado hoy aparece por primera vez en los ‘Essais’ de Michael de Montaigne, en 1588, con la expresión directa de ‘opinion publique’. Dicho término empieza a popularizarse con la utilización, en un sentido social, popr Rousseau, a partir de 1744, y en un sentido político por Mercier de la Riviere, en 1767.” (Dader; 1992: 96)
Más acá, Kimball Young en su obra “La opinión pública y la propaganda” (Paidos Studio; 2001) asegura que “el concepto de opinión pública ha sido empleado en forma muy vaga y con distintos sentidos. A menudo no es más que un estereotipo agitado por oradores y escritores cuando discuten sobre problemas políticos y económicos”.
“La opinión pública consiste en las opiniones sostenidas por un público en cierto momento. Sin embargo, si examinamos las distintas discusiones sobre este problema, hallamos dos tipos de enfoques. Uno considera a la opinión pública como algo estático, como un compuesto de creencias y puntos de vista, un corte transversal de las opiniones de un público, las cuales, por otra parte, no necesariamente concuerdan entre sí en forma completa. El otro enfoque toma en cuenta el proceso de formación de la opinión pública; su interés se concentra en el crecimiento interactivo de la opinión, entre los miembro de un público.” (Young; 2001: 11-12)
Para cerrar el apartado creo de importancia reseñar a través de los estudiosos del fenómeno psicosocial que conocemos como opinión pública las diferentes visiones teóricas en juego:
-Visión racionalista: que pertenece y arranca de la concepción liberal tradicional del hombre y la sociedad. De acuerdo con la tesis fundamental de la Ilustración, los hombres nacen libres e iguales, dotados de racionalidad, y por consiguiente tienen derecho a sustentar diversos puntos de vista sobre las cuestiones que les afectan. Supuesta la racionalidad innata del hombre, en la discusión abierta del cúmulo de opiniones diferentes sobre un mismo tema, aquella que obtenga un mayor número de adhesiones acabará revelándose como la más adecuada. Si honestamente todos buscan la verdad, la coincidencia del mayor número tenderá a coincidir con la propuesta más racional. Autores: Gino Germani y Robert Park, entre otros.
-Visión irracionalista: Diametralmente opuesta a la anterior, plantea que la opinión pública o la faceta de ella que más fuertemente adquiere categoría de presión social es la que surge de prejuicios irracionales e intransigentes, escasamente basados en la realidad de los hechos y sin embargo comúnmente compartidos por la mayoría de la comunidad de modo visceral. Esta interpretación ha sido sostenida por autores temporal o ideológicamente tan dispares como Maquiavelo, Locke o Stuart Mill, los cuales, en la totalidad o parte de sus escritos, no dudaron en describir la “Voz del Pueblo” como ignorante, egoísta, caprichosa, voluble, intransigente y al mismo tiempo fácil de manipular. Autores: Walter Lippmann y Elisabeth Noelle-Neumann (La espiral del silencia), entre otros.
-Visión de la superestructura ideológica de clase: Está a mitad de camino entre las visiones racionalista e irracionalista. La posición dentro de la estructura de producción, el momento histórico, etc. Determinan el tipo de pensamiento y de ideología que expresará cada individuo por tendencia natural. En dicho esquema es lógico que la ‘ideología burguesa’ corresponda a la visión y posición en el mundo de la ‘clase burguesa’. La opinión pública, entonces, no proviene del debate racional entre todos los hombres libres e iguales –como señalaba el liberalismo clásico- sino que constituye el resultado fragmentado horizontalmente de las distintas clases que conforman la sociedad. Autores: Carlos Monzón, Silvia Molina, entre otros.
-Visión intelectualista, institucionalista y funcionalista: Comparando las tesis que sobre el papel e importancia de los intelectuales aportan la “sociología del conocimiento” y el radicalismo meritocrático orteguiano, puede establecerse una clara convergencia: Tanto si procede de una variante “izquierdista” como de una “conservadora de derechas”, la visión intelectualista preconiza la salvaguarda racionalista de la opinión pública sólo en el caso de limitarse o estar influida por las corrientes de opinión emanadas de los intelectuales. La institucionalista, versión más reciente y pragmáticamente mediocre del intelectualismo, sostiene que la cristalización o representación genuina de la opinión pública es el Parlamento. El funcionalismo, cuyo autor más representativo es Niklas Luchmann, es una visión dualista: institucional y funcional. La “función” que cumplen en el sistema social diversos elementos de simplificación es justamente preservar la cohesión del propio sistema.
-Visión crítica o industrial: El espacio público abandonado a las tendencias de la sociedad industrial y consumista estará dominado por corrientes de opinión irracionales, fácilmente persuadibles por los técnicos del marketing o la propaganda. Las corrientes de opinión racionales, capaces de purificar lo anterior, sólo podrán surgir cuando se instaure un estilo y unas condiciones de debate en libertad y con esfuerzo comprometido de todos los intervinientes por alcanzar acuerdos sólidamente racionales. Autores: Jürgen Habermas y la Escuela Crítica de Frankfurt. (Dader; 1992: 109-122)
Los procesos de opinión pública
De acuerdo con Young (2001) dentro de una democracia se parte de supuestos que se remontan a los griegos: 1. La comunidad y los controles políticos descansan en un cuerpo compuesto por los ciudadanos adultos y responsables de la comunidad; 2. estos adultos tienen el derecho y el deber de discutir los problemas públicos con la vista puesta en el bienestar de la comunidad; 3. de esta discusión puede resultar cierto grado de acuerdo; 4. el consenso será la base de la acción pública.
A continuación, el mismo autor describe las cuatro etapas básicas del proceso de formación de opinión pública con una quinta etapa de acción manifiesta:
En primer lugar, algún tema o problema comienza por ser definido por ciertos individuos o grupos interesados, como un problema que exige solución. (...) la esencia de esta primera etapa es un intento de definir la cuestión en términos tales que permitan la discusión por parte de individuos y grupos.
En segundo lugar, vienen entonces las consideraciones preliminares y exploratorias. ¿Cuál es la importancia del problema? ¿En éste el momento de encararlo? ¿Es posible darle solución? Estos aspectos pueden ser explorados en charlas, debates abiertos, crónicas y editoriales en la prensa, debates o comentarios radiales, y por otros medios de comunicación.
En tercer lugar, de esta etapa preliminar pasamos a otra en la cual se adelantan soluciones o planes posibles. Apoyos y protestas están a la orden del día, y se produce a menudo una acentuación de las emociones. Puede aparecer, en considerables proporciones, la conducta de masas, y frecuentemente los aspectos racionales se pierden en un diluvio de estereotipos, slogans e incitaciones emocionales. Esta etapa es importante porque en ella la cuestión se bosqueja con caracteres bien marcados y al tomar decisiones los hombres están controlados no sólo por valores racionales, sino también por valores emocionales. En otras palabras, en la formación de opinión, en las sociedades democráticas, intervienen a la vez consideraciones racionales e irracionales.
En cuarto lugar, de las conversaciones, discursos, debates y escritos, los individuos alcanzan cierto grado de consenso. (...) El consenso no significa un completo acuerdo entre todos.
En quinto lugar, la puesta en práctica de la ley aprobada, o el empleo del poder por parte de funcionarios elegidos, cae, estrictamente hablando, fuera del proceso de formación de opinión. En la realidad, en un sistema representativo, la minoría puede naturalmente seguir presionando para obtener una modificación. A través de la radio, la prensa, las asambleas y otros instrumentos de discusión pública, individuos o grupos con intereses especiales pueden hacer llegar nuevas sugerencias. (Young; 2001: 15-17)
Cabe señalar, a la vez, como el mismo autor estima al igual que Rivadeneira Prada (1995), que se debe tomar en cuenta que no ocurre lo mismo en todas las sociedades: las sociedades que viven dentro de una democracia representativa tendrán mayores posibilidades de interacción que las sociedades de masas.
“En la sociedad de masas –advierte Young- han desaparecido casi totalmente las formas comunicativas directas; se han modificado las relaciones personales, por el crecimiento de las ciudades, la división del trabajo, las estructuras del Estado moderno, las exigencias culturales, etc., y, sobre todo, por el auge de los medios de comunicación social”. (Rivadeneira Prada; 1995: 131)
De esa forma, vale reconocer que las distintas visiones teóricas acerca del fenómeno pueden sintetizarse en que en las complejas relaciones que se dan en las sociedades y el papel de los medios de comunicación, también sofisticados, confluyen los aspectos racionales e irracionales del ser humano.
En otras palabras, somos expresión de la dualidad entre la opinión pública-juicio, es decir, las corrientes de opinión que pretenden imponerse por la racionalidad, y la opinión pública-matriz, o sea los climas de opinión mediados por valoraciones culturales profundas y estereotipadas.
Un merecido cambio de timón
Para lograr que la formación de opinión pública sirva de instrumento democratizador debemos precisar el papel de los ciudadanos y el de los medios de comunicación social dentro de un proceso político. Y, valga la aclaración, considerando -como decía antes- que somos un compuesto de reflexión y emociones.
La ciudadanía debe poner toda su esfuerzo en el compromiso responsable, socialmente hablando, con el desarrollo con justicia y pasar de ser un sujeto pasivo a un sujeto activo y crítico de su realidad, más allá de la visión de mundo que sostenga. Es decir, en el espacio cabemos todos.
Los medios de comunicación deben estar orientados a la formación de opinión pública crítica, al igual que los ciudadanos, situación que puede comenzar a cambiar a partir de nuevas formas de comunicación y periodismo que tenga entre ceja y ceja a la ciudadanía.
En ese sentido, la formación de opinión pública crítica, en el caso salvadoreño, desde la comunicación y el periodismo pasa por trabajar con la gente desde una forma de inclusión, significa un compromiso en la construcción de ciudadanía: “El medio de difusión como garante de la expresión popular bajo criterios de responsabilidad frente a derechos y deberes”. (Mejía; 2005: 22)
Sería concretar en la realidad mediática los postulados de la comunicación política en cuanto a ese proceso de mediación simbólica que coloca en similares circunstancias a gobernantes y gobernados en función de la construcción democrática.
Pareciera ser que estaríamos pidiendo “peras al olmo”, por las mismas condiciones en que se desarrolla, por un lado, la política, y por otro, la función comunicativa y periodística, aunado a la falta de un papel activo y crítico de la ciudadanía en general.
Sin embargo, la construcción de ciudadanía y de una opinión pública crítica también se sustenta en un papel activo desde los diversos grupos que promueven el cambio en el país, independiente de su naturaleza de actuación, en ese marco cabemos los periodistas, los maestros, los ecólogos, los religiosos, etcétera.
Dentro de un proceso de democratización tenemos presente que: “Dar voz pública a la ciudadanía, pasa necesariamente por procesos deliberativos de formación de opinión pública, que se constituyen en toda una práctica pedagógica, con un sentido renovado de la política que ya no estará exclusivamente en manos de los ‘políticos tradicionales’ y que no necesariamente tiene que pasar por las instrucciones creadas en el sistema representativo (tales como el parlamento, las asambleas o los concejos), sino que se mueve en espacios más abiertos y definidos desde un punto de vista predominantemente cultural, más cerca de los sistemas simbólicos de la gente”. (Miralles: 1998)
A la vez, según el uruguayo Javier del Rey Morató (1996): “En la democracia mediática se abre y se consolida una especial e inédita legitimidad para los periodistas, que tiene su origen y su referente legitimador en la distinción que nos recordaba Sartori, entre la atribución nominal del poder y el ejercicio de ese poder: la atribución nominal del poder corresponde al demos, y su ejercicio a las elites elegidas por el demos”.
Y agrega: “Y si la sociedad, que no los gobernantes, es titular del poder, y lo delega por un período determinado de tiempo a sus representantes, esa reducción perceptiva que llamamos sujeto receptor es una figura compleja: es contribuyente, es titular del poder, es titular de la información sobre ese poder; es decir, receptor de mensajes que le informan sobre la política. El contribuyente y titular del poder y de la información se asoma a los medios de comunicación, desde los cuales los periodistas le ofrecen un relato sobre comportamientos y decisiones relacionados con ese poder cuya titularidad ostenta”. (Morató; 1996: 548)
Los ciudadanos, en general, tenemos el derecho a la información y los periodistas además gozamos del derecho de información. Es responsabilidad del Estado, donde también estamos todos, garantizar esos derechos inalienables que –en muchos casos- son violentados desde el ejercicio del poder y del periodismo.
Luchar por el fiel cumplimiento de esos derechos ciudadanos, que nos corresponde a todos, abriría la posibilidad de que la formación de opinión pública, mediante procesos adecuados y justos, coadyuve a la democratización de la sociedad salvadoreña.
Fuentes consultadas:
-Dader, José Luis (1992) “El periodista en el espacio público”, Barcelona, Editorial Bosch.
-Habermas, Jürgen (1986) Historia y crítica de la opinión pública, México, Ediciones Gustavo Gili.
-Mejía, Guillermo. “La ciudadanía como referencia hacia un cambio en el periodismo”. En: Revista Humanidades, número 7, año 2005, Facultad de Ciencias y Humanidades, Universidad de El Salvador.
-Miralles, Ana María. “El periodismo cívico como comunicación política”, En: Revista Nómadas, edición 9. Septiembre de 1998. Bogotá, Colombia.
-Monzón, Carlos (1996) “Opinión pública, comunicación y política: La formación del espacio público”, Madrid, Editorial Tecnos.
-Morató, Javier del Rey (1996) “Democracia y posmodernidad: Teoría general de la información y comunicación política”, Madrid, Editorial Complutense.
-Rivadeneira Prada, Raúl (1995) “La opinión pública: Análisis, estructura y métodos para su estudio”, México, Trillas.
-Young, Kimball (2001) “La opinión pública y la propaganda”, México, Paidos Studio.
Guillermo Mejía, periodista y profesor universitario. Este ensayo fue publicado en la Revista Humanidades, Número 10, 2007, de la Facultad de Ciencias y Humanidades, Universidad de El Salvador (UES).
martes, julio 31, 2007
Periodismo salvadoreño:
Entre la responsabilidad, las ataduras y las pasiones
Por Guillermo Mejía
De entrada creo oportuno decir como preocupación central de estas reflexiones el hecho de constatar que desde los años 80 –en plena guerra civil- hasta la actualidad nuestro periodismo ha estado marcado por el tutelaje de sectores de poder.
Si bien es cierto que hubo en este período de tres décadas mucho desarrollo tecnológico, en medios de importancia una apertura hacia temas como emigración salvadoreña, desarrollo socio-económico y político, etc., la censura y autocensura han estado presentes.
Muy al contrario de lo que pretenden hacernos ver y creer, especialmente en la prensa tradicional, el tutelaje mediático ha imposibilitado ganar espacios en el flujo pluralista de la información, la presencia de los sujetos anónimos y la construcción de ciudadanía crítica.
Querámoslo o no, las visiones ideologizadas, o sea las visiones sectarias, en general, no han contribuido a generar procesos de opinión pública que ventilen nuestros problemas y que enriquezcan el debate para encontrar soluciones que beneficien a la ciudadanía.
Son escasos y modestos los esfuerzos por hacer algo diferente, en espacios de información y de opinión, aunque siempre ha existido la tentación de las visiones ideologizadas, que es parte de nuestro desenvolvimiento en la historia.
Con anterioridad, en otro encuentro de comunicadores, afirmé que a estas alturas los principios de responsabilidad, independencia y visión crítica que sustentan el trabajo profesional de la prensa, aparecen débiles o ausentes por la confluencia de varios factores que atentan, a la vez, contra la democratización de la sociedad salvadoreña:
En primer lugar, la presencia de intereses sociales, económicos y políticos de grupos de poder que imponen sus reglas al ejercicio periodístico en detrimento de la ciudadanía. Lo podemos observar cotidianamente en muchas coberturas, pero es tan obvio especialmente en períodos como, por ejemplo, los procesos electorales. La actual coyuntura nos ha permitido constatar una vez más esas perversiones en el tratamiento del caso de Mario Belloso Castillo y también el proceso de los capturados en Suchitoto.
En segundo lugar, en general, los periodistas somos un grupo de la sociedad caracterizado por la falta de cohesión profesional, dispersión social, es decir no asumimos un papel responsable frente a la ciudadanía, y somos proclives a los encantos del poder. En otras palabras, apenas bosquejados, los periodistas optamos por vías más fáciles de sobrevivencia.
En tercer lugar, la ciudadanía, también en general, y especialmente por falta de instrucción y compromiso con el cambio, carece de las herramientas necesarias para hacer valer su derecho a la comunicación. Dentro de la sociedad aún no se conoce a plenitud sobre derechos y deberes en materia de comunicación.
En resumen, como escribí en otra oportunidad, resulta más que urgente y necesario que los periodistas y la sociedad tomemos conciencia sobre el imperativo de desmontar las prácticas mañosas, los discursos añejos y los miedos trasnochados que impiden un ejercicio periodístico que nos ayude a la consolidación democrática y el Estado de derecho.
Desde otra perspectiva que se asume más crítica de sectores de poder y con compromiso más ciudadano también es justo decir que la agenda y los actores principales han estado monopolizados por representantes en especial de oposición con lo que también la ciudadanía ha sido relegada.
En otras palabras, aún nos hace falta mucho camino por recorrer para asegurar la construcción de ciudadanía crítica -buen elixir para desmontar la polarización política y mediática- lo que nos ha llevado a privilegiar las visiones ideologizadas en detrimento del ejercicio periodístico que nos ayude a crecer en humanidad y comunicación.
Una apuesta por la ciudadanía
En otros espacios he expuesto que trabajar con la gente en la práctica periodística, desde una forma de inclusión, significa un compromiso en la construcción de ciudadanía; es decir, el medio de comunicación como garante de la expresión popular bajo criterios de responsabilidad frente a derechos y deberes.
En la actualidad, la relación medios-ciudadanos es al revés: la presencia muy pasiva de la gente a expensas de una oferta mediática adormecedora propuesta por periodistas que trabajan en una dirección. Difícilmente se puede hablar de intercambio o comunicación por la razón de que los medios descargan desde el poder –cualquiera que sea- y bajo los criterios e intereses de ese poder.
Como bien explica la comunicóloga colombiana Ana María Miralles, trabajar desde la gente sería “tener más en cuenta el punto de vista de los ciudadanos para hacer la agenda informativa y ofrecer elementos para que esos temas de iniciativa ciudadana encuentren canales hacia la acción, a partir de la información y la convocatoria de los medios a la deliberación pública”.
En ese sentido, uno de los presupuestos es que al que se le delega poder tiene que ejercerlo, pero en función de la gente. La profundización de la democracia necesita de información que otorgue vida no que cause frustración, apatía, indiferencia, fatalismo o conformismo. Los medios, en general, alineados con el poder, donde se conjugan funcionarios y expertos, han producido indiferencia, alejamiento y cinismo en la ciudadanía.
Ejercer desde la ciudadanía equivaldría a sacarla de su condición de espectadora y pasarla a la condición de actora de su destino, mediante la participación activa en la búsqueda de un mejor porvenir.
Es más que contrastar promesas políticas con obras cumplidas como algunos medios de difusión conciben su papel frente a la ciudadanía. Es darle voz en todo momento a la gente, que tiene el derecho de participar en la comunicación.
Es un modelo que tiene que irse construyendo paulatinamente con la presencia de la ciudadanía. El avance que en algunos espacios presenciamos aún no ha pasado de abrir cierto debate con participación de diversas corrientes políticas o de expertos consagrados por esos mismos medios. De ahí que hemos observado opiniones diversas pero, sobre todo, de quienes ejercen poder a partir de una entidad que ha sido legitimada por los periodistas. La gran ausente es la ciudadanía de a pie.
En síntesis, buscar el sentido renovado de la política que ya no estará exclusivamente en manos de los “políticos profesionales” y que no necesariamente tiene que pasar por las instrucciones creadas en el sistema representativo (tales como el parlamento, las asambleas o los concejos), sino que se mueve en espacios más abiertos y definidos desde un punto de vista predominantemente cultural, más cerca de los sistemas simbólicos de la gente, de acuerdo con los especialistas.
Los procesos de formación de opinión pública para la democratización
Hablar a estas alturas de los procesos de formación de opinión pública es harto complejo, dado las sofisticaciones de la sociedad actual y de los medios de comunicación colectiva como vehículos idóneos para que las ideas se difundan en el entramado de intereses y anhelos de la población y sus líderes.
En ese contexto, creo oportuno ahondar en la urgente necesidad de que esos procesos de formación coadyuven a la profundización de la democratización a partir de la presencia de un sujeto consciente, preocupado por el interés público y partícipe de la opinión ciudadana crítica.
Un Estado democrático (o en vías de democratización) tiene la obligación de garantizar el libre acceso a la información pública, así como es deber ciudadano demandar ese libre acceso para contar con el parangón de posturas políticas, sociales, económicas, culturales, etc., que sirvan para la consecuente toma de decisiones en la sociedad.
En el caso salvadoreño, lamentablemente, lo anterior aún no es una preocupación del ciudadano común, salvo los más interesados o políticamente comprometidos, al grado que pareciera ser un tema que no trasciende más allá de los líderes de opinión, editores y periodistas, y de las reflexiones puntuales en las academias.
El ciudadano de a pie todavía está condicionado por la gama de necesidades básicas que tiene que solventar de alguna manera y pareciera que las virtudes ciudadanas, sus derechos y obligaciones en la sociedad, son cuestiones de segundo nivel. Al final, resulta más efectivo olvidarse de su situación en medio del bombardeo mediático adormecedor.
Para lograr que la formación de opinión pública sirva de instrumento democratizador debemos precisar el papel de los ciudadanos y el de los medios de comunicación social dentro de un proceso político.
La ciudadanía debe poner toda su esfuerzo en el compromiso responsable, socialmente hablando, con el desarrollo con justicia y pasar de ser un sujeto pasivo a un sujeto activo y crítico de su realidad, más allá de la visión de mundo que sostenga. Es decir, en el espacio cabemos todos.
Los medios de comunicación deben estar orientados a la formación de opinión pública crítica, al igual que los ciudadanos, situación que puede comenzar a cambiar a partir de nuevas formas de comunicación y periodismo que tenga entre ceja y ceja a la ciudadanía.
Sería concretar en la realidad mediática los postulados de la comunicación política en cuanto a ese proceso de mediación simbólica que coloca en similares circunstancias a gobernantes y gobernados en función de la construcción democrática.
Pareciera ser que estaríamos pidiendo “peras al olmo”, por las mismas condiciones en que se desarrolla, por un lado, la política, y por otro, la función comunicativa y periodística, aunado a la falta de un papel activo y crítico de la ciudadanía en general.
Sin embargo, la construcción de ciudadanía y de una opinión pública crítica también se sustenta en un papel activo desde los diversos grupos que promueven el cambio en el país, independiente de su naturaleza de actuación, en ese marco cabemos los periodistas, los maestros, los ecólogos, los religiosos, etcétera.
Los ciudadanos, en general, tenemos el derecho a la información y los periodistas además tenemos el derecho de información. Es responsabilidad del Estado, donde también cabemos todos, garantizar esos derechos inalienables que –en muchos casos- son violentados desde el ejercicio del poder y del periodismo.
Luchar por el fiel cumplimiento de esos derechos ciudadanos, que nos corresponde a todos, abriría la posibilidad de que la formación de opinión pública, mediante procesos adecuados y justos, coadyuve a la democratización de la sociedad salvadoreña.
Conclusión
Sin pretender englobar una respuesta a la difícil relación de la ética con el ejercicio periodístico en el país donde todavía evidenciamos expresiones autoritarias, atraso en términos de formación, estándares profesionales deficitarios, y empresarios y editores atrincherados por perversiones ideológicas, entre otras falencias, estimo conveniente:
Primero, el fortalecimiento del gremio periodístico nacional con base en una auténtica toma de conciencia, centrada en la perspectiva ética y la construcción de ciudadanía, donde coadyuven periodistas, universidades y otras instancias de la sociedad civil, que fructifique en la promulgación de un estatuto profesional del periodista como ley de la República. Por ejemplo, eso incluye, además del secreto profesional que no potencie impunidad, la cláusula de conciencia. Otro elemento importante es asumir el Código de Etica de la Prensa Salvadoreña.
Segundo, los esfuerzos pertinentes de periodistas, universidades y otras instancias de la sociedad civil en busca de fortalecer la educación ciudadana, para el estudio, comprensión y demanda efectiva del derecho a la comunicación en el país a fin de que los salvadoreños demanden responsabilidad, veracidad y pluralismo a los medios de comunicación, a la vez que hagan escuchar su expresión. Uno de las conquistas podría ser el procurador para la defensa del perceptor de medios.
Tercero, la instalación de observatorios de medios de comunicación por parte de instancias de la sociedad civil, entre estos académicos y periodistas, para que los ciudadanos analicen las ofertas mediáticas y se pronuncien frente a productos periodísticos adulterados, tergiversados o manipuladores de la conciencia, porque eso atenta contra el derecho humano a la comunicación y la ética periodística.
En síntesis, que los periodistas, en particular, y los ciudadanos, en general, hagamos un esfuerzo de construcción de un nuevo carácter de la comunicación salvadoreña, es decir, una nueva forma políticamente comprometida de experimentar la comunicación que posibilite los cambios postergados. La sociedad salvadoreña ya no debe consumir periodismo chatarra y, por ende, impregnado de toxinas.
[Ponencia presentada en el Foro: "Rumbo del periodismo salvadoreño: ¿Avance o agotamiento?", celebrado en la Universidad Centroamericana (UCA), el 24 de julio de 2007]
Entre la responsabilidad, las ataduras y las pasiones
Por Guillermo Mejía
De entrada creo oportuno decir como preocupación central de estas reflexiones el hecho de constatar que desde los años 80 –en plena guerra civil- hasta la actualidad nuestro periodismo ha estado marcado por el tutelaje de sectores de poder.
Si bien es cierto que hubo en este período de tres décadas mucho desarrollo tecnológico, en medios de importancia una apertura hacia temas como emigración salvadoreña, desarrollo socio-económico y político, etc., la censura y autocensura han estado presentes.
Muy al contrario de lo que pretenden hacernos ver y creer, especialmente en la prensa tradicional, el tutelaje mediático ha imposibilitado ganar espacios en el flujo pluralista de la información, la presencia de los sujetos anónimos y la construcción de ciudadanía crítica.
Querámoslo o no, las visiones ideologizadas, o sea las visiones sectarias, en general, no han contribuido a generar procesos de opinión pública que ventilen nuestros problemas y que enriquezcan el debate para encontrar soluciones que beneficien a la ciudadanía.
Son escasos y modestos los esfuerzos por hacer algo diferente, en espacios de información y de opinión, aunque siempre ha existido la tentación de las visiones ideologizadas, que es parte de nuestro desenvolvimiento en la historia.
Con anterioridad, en otro encuentro de comunicadores, afirmé que a estas alturas los principios de responsabilidad, independencia y visión crítica que sustentan el trabajo profesional de la prensa, aparecen débiles o ausentes por la confluencia de varios factores que atentan, a la vez, contra la democratización de la sociedad salvadoreña:
En primer lugar, la presencia de intereses sociales, económicos y políticos de grupos de poder que imponen sus reglas al ejercicio periodístico en detrimento de la ciudadanía. Lo podemos observar cotidianamente en muchas coberturas, pero es tan obvio especialmente en períodos como, por ejemplo, los procesos electorales. La actual coyuntura nos ha permitido constatar una vez más esas perversiones en el tratamiento del caso de Mario Belloso Castillo y también el proceso de los capturados en Suchitoto.
En segundo lugar, en general, los periodistas somos un grupo de la sociedad caracterizado por la falta de cohesión profesional, dispersión social, es decir no asumimos un papel responsable frente a la ciudadanía, y somos proclives a los encantos del poder. En otras palabras, apenas bosquejados, los periodistas optamos por vías más fáciles de sobrevivencia.
En tercer lugar, la ciudadanía, también en general, y especialmente por falta de instrucción y compromiso con el cambio, carece de las herramientas necesarias para hacer valer su derecho a la comunicación. Dentro de la sociedad aún no se conoce a plenitud sobre derechos y deberes en materia de comunicación.
En resumen, como escribí en otra oportunidad, resulta más que urgente y necesario que los periodistas y la sociedad tomemos conciencia sobre el imperativo de desmontar las prácticas mañosas, los discursos añejos y los miedos trasnochados que impiden un ejercicio periodístico que nos ayude a la consolidación democrática y el Estado de derecho.
Desde otra perspectiva que se asume más crítica de sectores de poder y con compromiso más ciudadano también es justo decir que la agenda y los actores principales han estado monopolizados por representantes en especial de oposición con lo que también la ciudadanía ha sido relegada.
En otras palabras, aún nos hace falta mucho camino por recorrer para asegurar la construcción de ciudadanía crítica -buen elixir para desmontar la polarización política y mediática- lo que nos ha llevado a privilegiar las visiones ideologizadas en detrimento del ejercicio periodístico que nos ayude a crecer en humanidad y comunicación.
Una apuesta por la ciudadanía
En otros espacios he expuesto que trabajar con la gente en la práctica periodística, desde una forma de inclusión, significa un compromiso en la construcción de ciudadanía; es decir, el medio de comunicación como garante de la expresión popular bajo criterios de responsabilidad frente a derechos y deberes.
En la actualidad, la relación medios-ciudadanos es al revés: la presencia muy pasiva de la gente a expensas de una oferta mediática adormecedora propuesta por periodistas que trabajan en una dirección. Difícilmente se puede hablar de intercambio o comunicación por la razón de que los medios descargan desde el poder –cualquiera que sea- y bajo los criterios e intereses de ese poder.
Como bien explica la comunicóloga colombiana Ana María Miralles, trabajar desde la gente sería “tener más en cuenta el punto de vista de los ciudadanos para hacer la agenda informativa y ofrecer elementos para que esos temas de iniciativa ciudadana encuentren canales hacia la acción, a partir de la información y la convocatoria de los medios a la deliberación pública”.
En ese sentido, uno de los presupuestos es que al que se le delega poder tiene que ejercerlo, pero en función de la gente. La profundización de la democracia necesita de información que otorgue vida no que cause frustración, apatía, indiferencia, fatalismo o conformismo. Los medios, en general, alineados con el poder, donde se conjugan funcionarios y expertos, han producido indiferencia, alejamiento y cinismo en la ciudadanía.
Ejercer desde la ciudadanía equivaldría a sacarla de su condición de espectadora y pasarla a la condición de actora de su destino, mediante la participación activa en la búsqueda de un mejor porvenir.
Es más que contrastar promesas políticas con obras cumplidas como algunos medios de difusión conciben su papel frente a la ciudadanía. Es darle voz en todo momento a la gente, que tiene el derecho de participar en la comunicación.
Es un modelo que tiene que irse construyendo paulatinamente con la presencia de la ciudadanía. El avance que en algunos espacios presenciamos aún no ha pasado de abrir cierto debate con participación de diversas corrientes políticas o de expertos consagrados por esos mismos medios. De ahí que hemos observado opiniones diversas pero, sobre todo, de quienes ejercen poder a partir de una entidad que ha sido legitimada por los periodistas. La gran ausente es la ciudadanía de a pie.
En síntesis, buscar el sentido renovado de la política que ya no estará exclusivamente en manos de los “políticos profesionales” y que no necesariamente tiene que pasar por las instrucciones creadas en el sistema representativo (tales como el parlamento, las asambleas o los concejos), sino que se mueve en espacios más abiertos y definidos desde un punto de vista predominantemente cultural, más cerca de los sistemas simbólicos de la gente, de acuerdo con los especialistas.
Los procesos de formación de opinión pública para la democratización
Hablar a estas alturas de los procesos de formación de opinión pública es harto complejo, dado las sofisticaciones de la sociedad actual y de los medios de comunicación colectiva como vehículos idóneos para que las ideas se difundan en el entramado de intereses y anhelos de la población y sus líderes.
En ese contexto, creo oportuno ahondar en la urgente necesidad de que esos procesos de formación coadyuven a la profundización de la democratización a partir de la presencia de un sujeto consciente, preocupado por el interés público y partícipe de la opinión ciudadana crítica.
Un Estado democrático (o en vías de democratización) tiene la obligación de garantizar el libre acceso a la información pública, así como es deber ciudadano demandar ese libre acceso para contar con el parangón de posturas políticas, sociales, económicas, culturales, etc., que sirvan para la consecuente toma de decisiones en la sociedad.
En el caso salvadoreño, lamentablemente, lo anterior aún no es una preocupación del ciudadano común, salvo los más interesados o políticamente comprometidos, al grado que pareciera ser un tema que no trasciende más allá de los líderes de opinión, editores y periodistas, y de las reflexiones puntuales en las academias.
El ciudadano de a pie todavía está condicionado por la gama de necesidades básicas que tiene que solventar de alguna manera y pareciera que las virtudes ciudadanas, sus derechos y obligaciones en la sociedad, son cuestiones de segundo nivel. Al final, resulta más efectivo olvidarse de su situación en medio del bombardeo mediático adormecedor.
Para lograr que la formación de opinión pública sirva de instrumento democratizador debemos precisar el papel de los ciudadanos y el de los medios de comunicación social dentro de un proceso político.
La ciudadanía debe poner toda su esfuerzo en el compromiso responsable, socialmente hablando, con el desarrollo con justicia y pasar de ser un sujeto pasivo a un sujeto activo y crítico de su realidad, más allá de la visión de mundo que sostenga. Es decir, en el espacio cabemos todos.
Los medios de comunicación deben estar orientados a la formación de opinión pública crítica, al igual que los ciudadanos, situación que puede comenzar a cambiar a partir de nuevas formas de comunicación y periodismo que tenga entre ceja y ceja a la ciudadanía.
Sería concretar en la realidad mediática los postulados de la comunicación política en cuanto a ese proceso de mediación simbólica que coloca en similares circunstancias a gobernantes y gobernados en función de la construcción democrática.
Pareciera ser que estaríamos pidiendo “peras al olmo”, por las mismas condiciones en que se desarrolla, por un lado, la política, y por otro, la función comunicativa y periodística, aunado a la falta de un papel activo y crítico de la ciudadanía en general.
Sin embargo, la construcción de ciudadanía y de una opinión pública crítica también se sustenta en un papel activo desde los diversos grupos que promueven el cambio en el país, independiente de su naturaleza de actuación, en ese marco cabemos los periodistas, los maestros, los ecólogos, los religiosos, etcétera.
Los ciudadanos, en general, tenemos el derecho a la información y los periodistas además tenemos el derecho de información. Es responsabilidad del Estado, donde también cabemos todos, garantizar esos derechos inalienables que –en muchos casos- son violentados desde el ejercicio del poder y del periodismo.
Luchar por el fiel cumplimiento de esos derechos ciudadanos, que nos corresponde a todos, abriría la posibilidad de que la formación de opinión pública, mediante procesos adecuados y justos, coadyuve a la democratización de la sociedad salvadoreña.
Conclusión
Sin pretender englobar una respuesta a la difícil relación de la ética con el ejercicio periodístico en el país donde todavía evidenciamos expresiones autoritarias, atraso en términos de formación, estándares profesionales deficitarios, y empresarios y editores atrincherados por perversiones ideológicas, entre otras falencias, estimo conveniente:
Primero, el fortalecimiento del gremio periodístico nacional con base en una auténtica toma de conciencia, centrada en la perspectiva ética y la construcción de ciudadanía, donde coadyuven periodistas, universidades y otras instancias de la sociedad civil, que fructifique en la promulgación de un estatuto profesional del periodista como ley de la República. Por ejemplo, eso incluye, además del secreto profesional que no potencie impunidad, la cláusula de conciencia. Otro elemento importante es asumir el Código de Etica de la Prensa Salvadoreña.
Segundo, los esfuerzos pertinentes de periodistas, universidades y otras instancias de la sociedad civil en busca de fortalecer la educación ciudadana, para el estudio, comprensión y demanda efectiva del derecho a la comunicación en el país a fin de que los salvadoreños demanden responsabilidad, veracidad y pluralismo a los medios de comunicación, a la vez que hagan escuchar su expresión. Uno de las conquistas podría ser el procurador para la defensa del perceptor de medios.
Tercero, la instalación de observatorios de medios de comunicación por parte de instancias de la sociedad civil, entre estos académicos y periodistas, para que los ciudadanos analicen las ofertas mediáticas y se pronuncien frente a productos periodísticos adulterados, tergiversados o manipuladores de la conciencia, porque eso atenta contra el derecho humano a la comunicación y la ética periodística.
En síntesis, que los periodistas, en particular, y los ciudadanos, en general, hagamos un esfuerzo de construcción de un nuevo carácter de la comunicación salvadoreña, es decir, una nueva forma políticamente comprometida de experimentar la comunicación que posibilite los cambios postergados. La sociedad salvadoreña ya no debe consumir periodismo chatarra y, por ende, impregnado de toxinas.
[Ponencia presentada en el Foro: "Rumbo del periodismo salvadoreño: ¿Avance o agotamiento?", celebrado en la Universidad Centroamericana (UCA), el 24 de julio de 2007]
miércoles, junio 27, 2007
La apertura mediática en el ejercicio democrático
Por Guillermo Mejía
Cualquiera dirá que aún falta mucho camino por recorrer, para llegar a las elecciones generales del 2009; sin embargo, desde ya es saludable para la construcción democrática salvadoreña que recordemos la necesidad de una apertura mediática que posibilite el conocimiento y debate de las diversas plataformas partidarias.
La experiencia salvadoreña nos ha mostrado cuán ausente ha estado esa posibilidad de debate político a lo largo del tiempo. Generalmente, las posturas conservadoras han tenido espacio de sobra no solo para dar a conocer sus ideas, sino la deformación de la realidad frente a los planteamientos de oposición.
La construcción democrática nos demanda que la ciudadanía tenga el ramillete de expresiones partidarias, para escoger, a su conveniencia, las personas que tenga a bien que la gobiernen y, en el caso del 2009, desde el Ejecutivo, el Legislativo y los concejos municipales. En ese sentido, la ausencia de alguna de esas expresiones no abona a la democracia.
Cuando hablamos de presencia de todas las fuerzas partidarias en el espacio mediático nos referimos a un trabajo periodístico que va más allá de la simple pauta informativa, manipulable por cierto, o la simple presencia en entrevistas matutinas que saturan la mayoría de veces con los mismos personajes legitimados por los medios.
La comunicación política nos posibilita un trabajo riguroso que contrasta los discursos políticos con la realidad y no solamente a partir de las obras de algún ente administrador del Estado, sino en cuanto que esos discursos políticos también tienen sus referentes en las actitudes que tienen sus gestores.
Por ejemplo, mucho nos dice a los ciudadanos si apreciamos el discurso mediático del gobierno de turno que nos recuerda que trabaja por las sectores desposeídos, mientras constatamos que muchos de sus fervientes patrocinadores evaden impunemente los impuestos que les corresponde cancelar. El gobierno no tiene mano dura para esos evasores.
Y si hablamos de democracia al interior de las fuerzas políticas, nos encontramos con que ninguna de ellas ofrece participación real a sus correligionarios, para escoger a sus dirigentes o candidatos. A pesar de haber dado el salto cualitativo en su momento, el partido de izquierda Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (Fmln) cerró autoritariamente esa posibilidad en detrimento de la construcción democrática. El conservadurismo tiene diversos tintes ideológicos.
Cuando hablamos de cobertura mediática de los asuntos políticos lo que constatamos, en general, es la persistente miopía periodística que no ve más allá de la presencia de fuerzas democráticas o antidemocráticas, pero no en el sentido de la posibilidad o ausencia de ese desarrollo democrático, sino ideológico.
A partir de esa experiencia periódica en el país se puede decir que una de las formas más sencillas de evidenciar la ausencia de periodismo responsable –y cuando los periodistas se ven muy limitados en su quehacer profesional- es la cobertura de los tiempos electorales (campaña y desarrollo de los comicios).
El sesgo ideológico en el tratamiento informativo de los discursos políticos nos niega el derecho a conocer de lleno los planteamientos y las argumentaciones, especialmente de los sectores de la oposición que, al igual que los conservadores, ameritan el espacio mediático para dirigirse al conglomerado.
El Salvador dista mucho de que la ciudadanía tenga los elementos necesarios, para contar con el conocimiento adecuado que le permita tomar decisiones responsables de cara a los asuntos públicos. Resulta pedir demasiado aún que se regule, por ejemplo, la propaganda electoral o que las diversas fuerzas políticas tengan asegurado espacios en los medios del Estado.
La Radio El Salvador, Radio Cuscatlán y Canal 10 deberían abrir los espacios, para que las diversas fuerzas políticas se dirijan a la ciudadanía en iguales condiciones, pero aquí todavía es impensable. Esos medios de comunicación públicos son o pueden ser manipulados por el gobierno de turno, cuestión que pone en crisis la naturaleza de los medios del Estado.
En síntesis, la sociedad salvadoreña urge de la presencia de procesos de opinión pública democráticos, para afianzar el camino de la construcción de una sociedad más justa y solidaria. Por el momento, se nota la ausencia de compromisos ciudadanos por parte de los medios de comunicación, en general, pero la campaña del 2009 es buena oportunidad para el cambio.
Por Guillermo Mejía
Cualquiera dirá que aún falta mucho camino por recorrer, para llegar a las elecciones generales del 2009; sin embargo, desde ya es saludable para la construcción democrática salvadoreña que recordemos la necesidad de una apertura mediática que posibilite el conocimiento y debate de las diversas plataformas partidarias.
La experiencia salvadoreña nos ha mostrado cuán ausente ha estado esa posibilidad de debate político a lo largo del tiempo. Generalmente, las posturas conservadoras han tenido espacio de sobra no solo para dar a conocer sus ideas, sino la deformación de la realidad frente a los planteamientos de oposición.
La construcción democrática nos demanda que la ciudadanía tenga el ramillete de expresiones partidarias, para escoger, a su conveniencia, las personas que tenga a bien que la gobiernen y, en el caso del 2009, desde el Ejecutivo, el Legislativo y los concejos municipales. En ese sentido, la ausencia de alguna de esas expresiones no abona a la democracia.
Cuando hablamos de presencia de todas las fuerzas partidarias en el espacio mediático nos referimos a un trabajo periodístico que va más allá de la simple pauta informativa, manipulable por cierto, o la simple presencia en entrevistas matutinas que saturan la mayoría de veces con los mismos personajes legitimados por los medios.
La comunicación política nos posibilita un trabajo riguroso que contrasta los discursos políticos con la realidad y no solamente a partir de las obras de algún ente administrador del Estado, sino en cuanto que esos discursos políticos también tienen sus referentes en las actitudes que tienen sus gestores.
Por ejemplo, mucho nos dice a los ciudadanos si apreciamos el discurso mediático del gobierno de turno que nos recuerda que trabaja por las sectores desposeídos, mientras constatamos que muchos de sus fervientes patrocinadores evaden impunemente los impuestos que les corresponde cancelar. El gobierno no tiene mano dura para esos evasores.
Y si hablamos de democracia al interior de las fuerzas políticas, nos encontramos con que ninguna de ellas ofrece participación real a sus correligionarios, para escoger a sus dirigentes o candidatos. A pesar de haber dado el salto cualitativo en su momento, el partido de izquierda Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (Fmln) cerró autoritariamente esa posibilidad en detrimento de la construcción democrática. El conservadurismo tiene diversos tintes ideológicos.
Cuando hablamos de cobertura mediática de los asuntos políticos lo que constatamos, en general, es la persistente miopía periodística que no ve más allá de la presencia de fuerzas democráticas o antidemocráticas, pero no en el sentido de la posibilidad o ausencia de ese desarrollo democrático, sino ideológico.
A partir de esa experiencia periódica en el país se puede decir que una de las formas más sencillas de evidenciar la ausencia de periodismo responsable –y cuando los periodistas se ven muy limitados en su quehacer profesional- es la cobertura de los tiempos electorales (campaña y desarrollo de los comicios).
El sesgo ideológico en el tratamiento informativo de los discursos políticos nos niega el derecho a conocer de lleno los planteamientos y las argumentaciones, especialmente de los sectores de la oposición que, al igual que los conservadores, ameritan el espacio mediático para dirigirse al conglomerado.
El Salvador dista mucho de que la ciudadanía tenga los elementos necesarios, para contar con el conocimiento adecuado que le permita tomar decisiones responsables de cara a los asuntos públicos. Resulta pedir demasiado aún que se regule, por ejemplo, la propaganda electoral o que las diversas fuerzas políticas tengan asegurado espacios en los medios del Estado.
La Radio El Salvador, Radio Cuscatlán y Canal 10 deberían abrir los espacios, para que las diversas fuerzas políticas se dirijan a la ciudadanía en iguales condiciones, pero aquí todavía es impensable. Esos medios de comunicación públicos son o pueden ser manipulados por el gobierno de turno, cuestión que pone en crisis la naturaleza de los medios del Estado.
En síntesis, la sociedad salvadoreña urge de la presencia de procesos de opinión pública democráticos, para afianzar el camino de la construcción de una sociedad más justa y solidaria. Por el momento, se nota la ausencia de compromisos ciudadanos por parte de los medios de comunicación, en general, pero la campaña del 2009 es buena oportunidad para el cambio.
martes, mayo 01, 2007
La urticaria que produce Mauricio Funes en sectores de poder
Por Guillermo Mejía
Desde que gente del mismo partido de izquierda Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (Fmln) aseguró que el periodista Mauricio Funes es el virtual candidato presidencial, para las elecciones generales de 2009, comenzó la picazón en la derecha gobernante.
Funes, que dirige su programa de entrevistas en Megavisión, aún no se define públicamente al respecto, y asegura que mientras no se decida tiene derecho a permanecer en su espacio periodístico. Sus detractores –muchos apertrechados en los medios conservadores- quieren su descabezamiento.
Como en los anteriores comicios de alcaldes y diputados, el presidente Elías Antonio Saca ya se metió de lleno a la iniciada campaña electoral del 2009, cuestión que –todos conocemos- violenta la Constitución de la República en tanto es el presidente de la República.
En esa dirección, Saca dijo ante la prensa que Funes debería renunciar a su labor periodística porque riñe con la ética, ya que es el candidato de la izquierda ex guerrillera y recordó la decisión que tomó –como parte del medio- cuando fue designado candidato presidencial.
Desde días atrás, Funes ha estado en la comidilla de periodistas de los medios derechistas, incluso fue atacado por uno de los funcionarios de la presidencia de la República en un artículo de opinión, mientras hasta redimidos de la izquierda también lo vilipendiaron.
La ética periodística es bien precisa al respecto: Funes aún no es el candidato oficial de la izquierda a optar por la presidencia y mientras no esté oficializado puede permanecer en su trabajo periodístico. Eso aunque sea amargo para la derecha gobernante.
En medio de esos dimes y diretes, Funes contestó a las exigencias de Saca en la antesala de la entrevista matutina (del 30 de abril) y, según denunciaron fuentes cercanas al periodista, hubo una protesta de parte del mandatario y la repetición del programa en horas nocturnas fue cancelada por órdenes de los dueños de Megavisión.
Así las cosas, por mal camino vamos. Se repiten nuevamente los golpes bajos hacia el periodismo independiente, las represalias y las influencias del poder hacia los empresarios periodísticos. Paradójicamente, las acciones contra Funes se dan cuando se conmemora el 3 de mayo el Día de la Libertad de Prensa en el mundo.
La sociedad en general y los periodistas en particular no merecemos ese trato de sectores que ejercen el poder. Para acercarnos al caso, vale la pena leer la denuncia contundente que Mauricio Funes expuso contra el presidente Saca y que dio pie a la suspensión de la retransmisión de la entrevista:
Mauricio Funes: “La semana anterior el presidente saca me exhorto para que renuncie a la conducción del espacio de la entrevista que desde hace dos años vengo transmitiendo por los canales del grupo Megavisión... La base de su argumento es que el ejercicio periodístico no es compatible con la participación política en un proceso electoral...
“Según han publicado los medios de prensa, el Fmln se encuentra en un proceso de consulta interna para la definición de su fórmula presidencial... Ni ha tomado aún una decisión al respecto y ni tampoco me han hecho una oferta concreta para integrarla... Cuando el Fmln concluya este proceso y en caso decida invitarme a formar parte de su fórmula presidencial, entonces, tomaré una decisión sobre ello... Antes no puedo ni debo hacerlo...
“No es cierto, por tanto, como asegura el presidente Saca, que estoy participando de este proceso que es propio y exclusivo de la dirección y la base del Fmln... Su exigencia en el sentido que debo renunciar a la dirección y conducción del espacio de la entrevista no tiene ninguna base ética y menos legal...
“Quien debería considerar renunciar a la presidencia del partido oficial es el presidente Saca, en la medida que su condición de presidente del Ejecutivo le inhibe desde el punto de vista constitucional prevalerse de su cargo para hacer política partidista...
“El país no puede darse el lujo de contar con un presidente que divide su tiempo entre la atención a los problemas de la nación y los problemas y necesidades que enfrenta su partido... La pobreza, la falta de empleo, la inseguridad ciudadana, entre otros, son problemas de tal complejidad que demandan de una presidencia a tiempo completo, las 24 horas del día, los siete días de la semana, y no de 8 de la mañana a 4 de la tarde y solo de lunes a viernes...
“El presidente Saca, y no yo, es quien debería decidirse si es presidente de la República o presidente de su partido... Además, en tanto presidente de la República es también comandante en jefe de las Fuerzas Armadas, las cuales de conformidad con la Constitución no pueden ser deliberantes y sus miembros, mientras están activos en el servicio, están inhibidos a participar en política partidista...
“El presidente Saca da un mal ejemplo a la tropa y al país entero cuando asume la conducción de la campaña electoral de su partido, en forma anticipada y violando la ley, que establece periodos específicos para el proselitismo electoral...
“En una de sus intervenciones públicas, el presidente me desafía a renunciar y además a actuar con valentía como él dice que lo hizo cuando decidió participar como precandidato del partido Arena...
“Mi situación no es la del presidente cuando fue candidato... yo no hago propaganda a través de mi programa de entrevistas... En este espacio se abordan de manera seria y responsable los problemas que más aquejan a la población y se intenta, convocando a los más variados sectores políticos y sociales del país, incluyendo a miembros de Arena, encontrar soluciones viables y sensatas...
“Mi programa nada tiene que ver con la sátira política que el presidente Saca dirigía mientras era locutor de una de las radios de su propiedad... Radios que incluso una vez siendo elegido presidente reciben propaganda del gobierno que él preside...
“En buenas cuentas, presidente Saca, agradezco su interés por el futuro de mi trabajo periodístico... pero le sugiero dedicarse a atender los problemas que el país enfrenta en lugar de estar preocupado por la entrevista que dirijo y por las candidaturas de los partidos políticos de oposición...”
Tal vez algo muy importante para el periodista Funes sea que piense bien si traspasará esa delicada línea entre el ejercicio periodístico y la política partidarista, porque –aunque tenga legitimado ese derecho ciudadano- luego de tomar esa decisión ya no será igual.
En especial, en una sociedad víctima de la intolerancia, la demagogia, el atraso y el menosprecio por los derechos humanos. Es más, una sociedad enredada en una partidocracia dirigida por serviles y oportunistas, sin importar su adhesión ideológica, si no veamos las instancias de poder.
Paradójicamente, la quemada de Mauricio Funes en cuanto a que es el elegido por la dirección del Fmln salió, precisamente, de gente del mismo partido de izquierda, porque de la noche a la mañana fue primicia. Que recuerde: Con esa gente lidiará si le logran sacar el “sí de la niña”.
Por Guillermo Mejía
Desde que gente del mismo partido de izquierda Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (Fmln) aseguró que el periodista Mauricio Funes es el virtual candidato presidencial, para las elecciones generales de 2009, comenzó la picazón en la derecha gobernante.
Funes, que dirige su programa de entrevistas en Megavisión, aún no se define públicamente al respecto, y asegura que mientras no se decida tiene derecho a permanecer en su espacio periodístico. Sus detractores –muchos apertrechados en los medios conservadores- quieren su descabezamiento.
Como en los anteriores comicios de alcaldes y diputados, el presidente Elías Antonio Saca ya se metió de lleno a la iniciada campaña electoral del 2009, cuestión que –todos conocemos- violenta la Constitución de la República en tanto es el presidente de la República.
En esa dirección, Saca dijo ante la prensa que Funes debería renunciar a su labor periodística porque riñe con la ética, ya que es el candidato de la izquierda ex guerrillera y recordó la decisión que tomó –como parte del medio- cuando fue designado candidato presidencial.
Desde días atrás, Funes ha estado en la comidilla de periodistas de los medios derechistas, incluso fue atacado por uno de los funcionarios de la presidencia de la República en un artículo de opinión, mientras hasta redimidos de la izquierda también lo vilipendiaron.
La ética periodística es bien precisa al respecto: Funes aún no es el candidato oficial de la izquierda a optar por la presidencia y mientras no esté oficializado puede permanecer en su trabajo periodístico. Eso aunque sea amargo para la derecha gobernante.
En medio de esos dimes y diretes, Funes contestó a las exigencias de Saca en la antesala de la entrevista matutina (del 30 de abril) y, según denunciaron fuentes cercanas al periodista, hubo una protesta de parte del mandatario y la repetición del programa en horas nocturnas fue cancelada por órdenes de los dueños de Megavisión.
Así las cosas, por mal camino vamos. Se repiten nuevamente los golpes bajos hacia el periodismo independiente, las represalias y las influencias del poder hacia los empresarios periodísticos. Paradójicamente, las acciones contra Funes se dan cuando se conmemora el 3 de mayo el Día de la Libertad de Prensa en el mundo.
La sociedad en general y los periodistas en particular no merecemos ese trato de sectores que ejercen el poder. Para acercarnos al caso, vale la pena leer la denuncia contundente que Mauricio Funes expuso contra el presidente Saca y que dio pie a la suspensión de la retransmisión de la entrevista:
Mauricio Funes: “La semana anterior el presidente saca me exhorto para que renuncie a la conducción del espacio de la entrevista que desde hace dos años vengo transmitiendo por los canales del grupo Megavisión... La base de su argumento es que el ejercicio periodístico no es compatible con la participación política en un proceso electoral...
“Según han publicado los medios de prensa, el Fmln se encuentra en un proceso de consulta interna para la definición de su fórmula presidencial... Ni ha tomado aún una decisión al respecto y ni tampoco me han hecho una oferta concreta para integrarla... Cuando el Fmln concluya este proceso y en caso decida invitarme a formar parte de su fórmula presidencial, entonces, tomaré una decisión sobre ello... Antes no puedo ni debo hacerlo...
“No es cierto, por tanto, como asegura el presidente Saca, que estoy participando de este proceso que es propio y exclusivo de la dirección y la base del Fmln... Su exigencia en el sentido que debo renunciar a la dirección y conducción del espacio de la entrevista no tiene ninguna base ética y menos legal...
“Quien debería considerar renunciar a la presidencia del partido oficial es el presidente Saca, en la medida que su condición de presidente del Ejecutivo le inhibe desde el punto de vista constitucional prevalerse de su cargo para hacer política partidista...
“El país no puede darse el lujo de contar con un presidente que divide su tiempo entre la atención a los problemas de la nación y los problemas y necesidades que enfrenta su partido... La pobreza, la falta de empleo, la inseguridad ciudadana, entre otros, son problemas de tal complejidad que demandan de una presidencia a tiempo completo, las 24 horas del día, los siete días de la semana, y no de 8 de la mañana a 4 de la tarde y solo de lunes a viernes...
“El presidente Saca, y no yo, es quien debería decidirse si es presidente de la República o presidente de su partido... Además, en tanto presidente de la República es también comandante en jefe de las Fuerzas Armadas, las cuales de conformidad con la Constitución no pueden ser deliberantes y sus miembros, mientras están activos en el servicio, están inhibidos a participar en política partidista...
“El presidente Saca da un mal ejemplo a la tropa y al país entero cuando asume la conducción de la campaña electoral de su partido, en forma anticipada y violando la ley, que establece periodos específicos para el proselitismo electoral...
“En una de sus intervenciones públicas, el presidente me desafía a renunciar y además a actuar con valentía como él dice que lo hizo cuando decidió participar como precandidato del partido Arena...
“Mi situación no es la del presidente cuando fue candidato... yo no hago propaganda a través de mi programa de entrevistas... En este espacio se abordan de manera seria y responsable los problemas que más aquejan a la población y se intenta, convocando a los más variados sectores políticos y sociales del país, incluyendo a miembros de Arena, encontrar soluciones viables y sensatas...
“Mi programa nada tiene que ver con la sátira política que el presidente Saca dirigía mientras era locutor de una de las radios de su propiedad... Radios que incluso una vez siendo elegido presidente reciben propaganda del gobierno que él preside...
“En buenas cuentas, presidente Saca, agradezco su interés por el futuro de mi trabajo periodístico... pero le sugiero dedicarse a atender los problemas que el país enfrenta en lugar de estar preocupado por la entrevista que dirijo y por las candidaturas de los partidos políticos de oposición...”
Tal vez algo muy importante para el periodista Funes sea que piense bien si traspasará esa delicada línea entre el ejercicio periodístico y la política partidarista, porque –aunque tenga legitimado ese derecho ciudadano- luego de tomar esa decisión ya no será igual.
En especial, en una sociedad víctima de la intolerancia, la demagogia, el atraso y el menosprecio por los derechos humanos. Es más, una sociedad enredada en una partidocracia dirigida por serviles y oportunistas, sin importar su adhesión ideológica, si no veamos las instancias de poder.
Paradójicamente, la quemada de Mauricio Funes en cuanto a que es el elegido por la dirección del Fmln salió, precisamente, de gente del mismo partido de izquierda, porque de la noche a la mañana fue primicia. Que recuerde: Con esa gente lidiará si le logran sacar el “sí de la niña”.
sábado, enero 27, 2007
La prensa salvadoreña atrapada en mañas del pasado
Por Guillermo Mejía
Aún no existe claridad específica sobre hasta dónde llegamos a construir otro país tras la firma de la paz, el 16 de enero de 1992. Los gobernantes de turno dicen a los cuatro vientos que somos ejemplo para el mundo, la izquierda y otros sectores críticos aseguran que los Acuerdos de Paz fueron saboteados.
La crisis que nos agobia en todos los órdenes no se puede ocultar. Que la izquierda participe del ejercicio del poder no garantiza que las cosas mejoren, al contrario tiene una forma antidemocrática de hacer política con autoritarismo y clientelismo al igual que la derecha gobernante.
Esos son algunos razonamientos que se derivan del proceso que ha vivido la sociedad salvadoreña a lo largo de 15 años que callaron las armas, momento vivido entre diciembre de 1991 y febrero de 1992 cuando la sociedad salvadoreña se regocijó por la conquista de la paz y la esperanza de un país con futuro.
Pasado ese tiempo, los periodistas también estamos en la obligación de echar un vistazo a las condiciones en que nos encontramos al final de tres lustros. Pasamos del periodismo en la guerra al periodismo en una sociedad que de hecho subsiste en un ambiente de paz ausente.
En ese devenir, ¿qué ocurrió con la prensa?, ¿cuáles son sus puntos clave de modernización?, ¿se instituyó el refresco informativo en cuanto a temas, protagonistas, puntos de vista, enfoques?, ¿se configuró el conocimiento del mundo a partir del ejercicio periodístico?, ¿se sumó a la lucha por la democratización?
Cada una de las interrogantes encierra una variedad de elementos que nos permitiría arribar al estado actual de la prensa nacional. En el presente artículo me parece de suma importancia tocar lo referente al papel de la prensa en la lucha por la democratización de la sociedad. Creo que lo demás se entenderá por estar concatenado.
Cuando hablamos de la “prensa salvadoreña” tenemos que ubicar en su verdadera dimensión lo que significan los grandes medios de comunicación como La Prensa Gráfica y El Diario de Hoy, los canales de televisión como los de Telecorporación Salvadoreña 2, 4 y 6, y el Canal 12. De las radios entra la YSKL.
Es decir, son los medios que más influyen en los procesos de opinión pública por contar con mayor presencia en la población y recursos. Después muy modestamente encontramos los demás periódicos, los otros canales y la cantidad de emisoras de radio que tienen sus espacios noticiosos o de opinión, entre ellos los que se dicen medios alternativos. Que conste que algunos de estos medios son extensiones del discurso oficial.
En general, los periodistas y figuras del entramado político muy interesados en vendernos el “nuevo país” luego de los Acuerdos de Paz confunden, algunos con muchísima malicia, la apertura mediática con la presencia esporádica de sectores críticos y de izquierda en la pauta periodística. Como si solo con entrevistas a dirigentes o funcionarios del FMLN o representantes de algunas ongés bastaría para gozar de democracia informativa.
El problema que enfrentamos con respecto a los medios de comunicación salvadoreños y la lucha por la democracia es más de fondo, puesto que persiste –como en el pasado reciente antes y durante la guerra- la presencia de ciertos discursos añejos que imposibilitan que las audiencias tengan un acercamiento adecuado a los fenómenos que ocurren a su alrededor.
Para ejemplificar lo anterior pongo algunos casos que me parecen obvios:
Uno: La prensa salvadoreña de influencia se mantiene atrincherada ideológicamente, situación que se verifica cada vez que existen eventos donde supuestamente se pone en riesgo la “vivencia democrática del sistema”, como en cada período electoral, o cuando ocurren hechos que fácilmente relacionan con “violencia política”, como los sucesos del 5 de julio de 2006 frente a la Universidad de El Salvador (UES). Sobre el último caso, es curiosa la queja del jefe de información de La Prensa Gráfica, Héctor Silva Avalos, ante la acusación que recibieron por acuñar al hecho 5-J que, obviamente escrito así, cualquiera lo relaciona con 11-S de Estados Unidos, el de los atentados contra las torres gemelas y, por ende, parte de la “confabulación terrorista internacional”. Silva Avalos niega que haya existido tal interés, pero queda la duda; por eso es bueno recordar el sentido periodístico responsable que nos sugiere el uso adecuado de los términos. En la conciencia de Silva Avalos queda si las cosas son como defiende, aunque en El Salvador el uso ideológico de las connotaciones es un recurso mediático utilizado hasta la saciedad.
Dos: Bajo el supuesto de que vivimos en una democracia entendemos que en la lucha por el poder cabemos todos, sin importar nuestras creencias o puntos de vista (toda vez que no atentemos contra los derechos de los demás). Sin embargo, es una cuestión que va, como dice la sabiduría popular, del diente al labio. El discurso mediático del poder nos dice cuando cree pertinente que en la sociedad salvadoreña existen malos (izquierda) y buenos (derecha), que existen enemigos de la libertad (Cuba-Venezuela-Bolivia-FMLN) y luchadores por la libertad (Estados Unidos-Colombia-Arena, etc.) y que estamos en permanente “amenaza comunista” con el eje Castro-Chávez-Morales-Ortega al grado que en cada elección se corre el riesgo de que si ganan los “demonios” lo primero que ya no vendrá son las remesas (y esto no es invento porque los medios periodísticos lo explotan religiosamente).
Tres: Por consiguiente, en medio de la perenne amenaza a la patria como nos dicen, la sociedad salvadoreña es víctima de una cobertura periodística tendenciosa, en la que no cuenta con todos los elementos necesarios para tener claridad sobre lo que ocurre y eso se da tanto en los hechos locales como internacionales. A partir de esa mala praxis periodística el salvadoreño promedio no puede decir que se forma el sentido del palpitar cotidiano al asomarse a la ventana mediática. Los discursos rancios acaparan la atención de las personas que se exponen a los productos periodísticos de esos medios de influencia con el agravante de que aún no existen medios que sean alternativa periodística de peso. Las experiencias rescatables aún son muy modestas, a las que se suman otras que sirven a la izquierda con las mañas desinformativas de la derecha. Paradójicamente, la izquierda nunca logró tener un proyecto periodístico serio en un país donde esa opción política sí tiene gente.
A partir de lo expuesto podemos inferir que en ese período de 15 años la prensa que realmente influye en los procesos de opinión pública no le ha apostado a la profundización de la democracia, al contrario en su atrincheramiento ideológico violenta los cánones de la excelencia periodística.
A la precariedad de contenido responsable donde deberíamos palpar el reflejo del acontecer cotidiano se suman las posturas editoriales que constatamos con muchísima preocupación, porque es escasísima la presencia de columnistas que abonen al cambio. Ni qué decir de algunos editoriales donde incluso se externan mentiras, calumnias y hasta racismo.
En ese sentido, la carrera vertiginosa de algunos medios de comunicación por contar con tecnología de punta y opciones multimedia –por supuesto, nada despreciable- choca con la ausencia de compromiso con la lucha por la democracia, la justicia y la soberanía nacional.
Es decir, en 15 años hemos tenido más de lo mismo con algunos repellos (ahora no matan periodistas sino que les echan bola negra, ya no ponen bombas a los medios que no les gustan sino que los castigan con la falta de publicidad, etc.). En algunos espacios que en su momento mostraron mayor apertura informativa y opinativa, en especial con entrevistas matutinas, se aprecia ahora mayor presencia del discurso oficial, mientras las noticias se contaminan con labores de relaciones públicas (lo hicieron con Anda y el Fovial).
En conclusión, resulta imperativo que los periodistas y la sociedad salvadoreña, en general, tomemos conciencia sobre la necesidad de desmontar esos discursos añejos y esos miedos trasnochados que imposibilitan un ejercicio periodístico que coadyuve en la construcción de la democracia y el Estado de derecho.
No es posible creer que en una sociedad donde muchas cosas andan mal algunos pretendan vender la idea de que la prensa camina del todo bien. Con eso damos a entender el difícil trabajo de los periodistas salvadoreños y los retos que atañen no sólo al gremio, sino a esa sociedad que también es responsable de la construcción de su destino. Y, claro, la prensa anda en crisis no sólo en El Salvador, pero eso no debe ser consuelo de tontos.
[Artículo publicado en Revista Rumbo, edición 5, San Salvador, El Salvador, enero de 2007]
Por Guillermo Mejía
Aún no existe claridad específica sobre hasta dónde llegamos a construir otro país tras la firma de la paz, el 16 de enero de 1992. Los gobernantes de turno dicen a los cuatro vientos que somos ejemplo para el mundo, la izquierda y otros sectores críticos aseguran que los Acuerdos de Paz fueron saboteados.
La crisis que nos agobia en todos los órdenes no se puede ocultar. Que la izquierda participe del ejercicio del poder no garantiza que las cosas mejoren, al contrario tiene una forma antidemocrática de hacer política con autoritarismo y clientelismo al igual que la derecha gobernante.
Esos son algunos razonamientos que se derivan del proceso que ha vivido la sociedad salvadoreña a lo largo de 15 años que callaron las armas, momento vivido entre diciembre de 1991 y febrero de 1992 cuando la sociedad salvadoreña se regocijó por la conquista de la paz y la esperanza de un país con futuro.
Pasado ese tiempo, los periodistas también estamos en la obligación de echar un vistazo a las condiciones en que nos encontramos al final de tres lustros. Pasamos del periodismo en la guerra al periodismo en una sociedad que de hecho subsiste en un ambiente de paz ausente.
En ese devenir, ¿qué ocurrió con la prensa?, ¿cuáles son sus puntos clave de modernización?, ¿se instituyó el refresco informativo en cuanto a temas, protagonistas, puntos de vista, enfoques?, ¿se configuró el conocimiento del mundo a partir del ejercicio periodístico?, ¿se sumó a la lucha por la democratización?
Cada una de las interrogantes encierra una variedad de elementos que nos permitiría arribar al estado actual de la prensa nacional. En el presente artículo me parece de suma importancia tocar lo referente al papel de la prensa en la lucha por la democratización de la sociedad. Creo que lo demás se entenderá por estar concatenado.
Cuando hablamos de la “prensa salvadoreña” tenemos que ubicar en su verdadera dimensión lo que significan los grandes medios de comunicación como La Prensa Gráfica y El Diario de Hoy, los canales de televisión como los de Telecorporación Salvadoreña 2, 4 y 6, y el Canal 12. De las radios entra la YSKL.
Es decir, son los medios que más influyen en los procesos de opinión pública por contar con mayor presencia en la población y recursos. Después muy modestamente encontramos los demás periódicos, los otros canales y la cantidad de emisoras de radio que tienen sus espacios noticiosos o de opinión, entre ellos los que se dicen medios alternativos. Que conste que algunos de estos medios son extensiones del discurso oficial.
En general, los periodistas y figuras del entramado político muy interesados en vendernos el “nuevo país” luego de los Acuerdos de Paz confunden, algunos con muchísima malicia, la apertura mediática con la presencia esporádica de sectores críticos y de izquierda en la pauta periodística. Como si solo con entrevistas a dirigentes o funcionarios del FMLN o representantes de algunas ongés bastaría para gozar de democracia informativa.
El problema que enfrentamos con respecto a los medios de comunicación salvadoreños y la lucha por la democracia es más de fondo, puesto que persiste –como en el pasado reciente antes y durante la guerra- la presencia de ciertos discursos añejos que imposibilitan que las audiencias tengan un acercamiento adecuado a los fenómenos que ocurren a su alrededor.
Para ejemplificar lo anterior pongo algunos casos que me parecen obvios:
Uno: La prensa salvadoreña de influencia se mantiene atrincherada ideológicamente, situación que se verifica cada vez que existen eventos donde supuestamente se pone en riesgo la “vivencia democrática del sistema”, como en cada período electoral, o cuando ocurren hechos que fácilmente relacionan con “violencia política”, como los sucesos del 5 de julio de 2006 frente a la Universidad de El Salvador (UES). Sobre el último caso, es curiosa la queja del jefe de información de La Prensa Gráfica, Héctor Silva Avalos, ante la acusación que recibieron por acuñar al hecho 5-J que, obviamente escrito así, cualquiera lo relaciona con 11-S de Estados Unidos, el de los atentados contra las torres gemelas y, por ende, parte de la “confabulación terrorista internacional”. Silva Avalos niega que haya existido tal interés, pero queda la duda; por eso es bueno recordar el sentido periodístico responsable que nos sugiere el uso adecuado de los términos. En la conciencia de Silva Avalos queda si las cosas son como defiende, aunque en El Salvador el uso ideológico de las connotaciones es un recurso mediático utilizado hasta la saciedad.
Dos: Bajo el supuesto de que vivimos en una democracia entendemos que en la lucha por el poder cabemos todos, sin importar nuestras creencias o puntos de vista (toda vez que no atentemos contra los derechos de los demás). Sin embargo, es una cuestión que va, como dice la sabiduría popular, del diente al labio. El discurso mediático del poder nos dice cuando cree pertinente que en la sociedad salvadoreña existen malos (izquierda) y buenos (derecha), que existen enemigos de la libertad (Cuba-Venezuela-Bolivia-FMLN) y luchadores por la libertad (Estados Unidos-Colombia-Arena, etc.) y que estamos en permanente “amenaza comunista” con el eje Castro-Chávez-Morales-Ortega al grado que en cada elección se corre el riesgo de que si ganan los “demonios” lo primero que ya no vendrá son las remesas (y esto no es invento porque los medios periodísticos lo explotan religiosamente).
Tres: Por consiguiente, en medio de la perenne amenaza a la patria como nos dicen, la sociedad salvadoreña es víctima de una cobertura periodística tendenciosa, en la que no cuenta con todos los elementos necesarios para tener claridad sobre lo que ocurre y eso se da tanto en los hechos locales como internacionales. A partir de esa mala praxis periodística el salvadoreño promedio no puede decir que se forma el sentido del palpitar cotidiano al asomarse a la ventana mediática. Los discursos rancios acaparan la atención de las personas que se exponen a los productos periodísticos de esos medios de influencia con el agravante de que aún no existen medios que sean alternativa periodística de peso. Las experiencias rescatables aún son muy modestas, a las que se suman otras que sirven a la izquierda con las mañas desinformativas de la derecha. Paradójicamente, la izquierda nunca logró tener un proyecto periodístico serio en un país donde esa opción política sí tiene gente.
A partir de lo expuesto podemos inferir que en ese período de 15 años la prensa que realmente influye en los procesos de opinión pública no le ha apostado a la profundización de la democracia, al contrario en su atrincheramiento ideológico violenta los cánones de la excelencia periodística.
A la precariedad de contenido responsable donde deberíamos palpar el reflejo del acontecer cotidiano se suman las posturas editoriales que constatamos con muchísima preocupación, porque es escasísima la presencia de columnistas que abonen al cambio. Ni qué decir de algunos editoriales donde incluso se externan mentiras, calumnias y hasta racismo.
En ese sentido, la carrera vertiginosa de algunos medios de comunicación por contar con tecnología de punta y opciones multimedia –por supuesto, nada despreciable- choca con la ausencia de compromiso con la lucha por la democracia, la justicia y la soberanía nacional.
Es decir, en 15 años hemos tenido más de lo mismo con algunos repellos (ahora no matan periodistas sino que les echan bola negra, ya no ponen bombas a los medios que no les gustan sino que los castigan con la falta de publicidad, etc.). En algunos espacios que en su momento mostraron mayor apertura informativa y opinativa, en especial con entrevistas matutinas, se aprecia ahora mayor presencia del discurso oficial, mientras las noticias se contaminan con labores de relaciones públicas (lo hicieron con Anda y el Fovial).
En conclusión, resulta imperativo que los periodistas y la sociedad salvadoreña, en general, tomemos conciencia sobre la necesidad de desmontar esos discursos añejos y esos miedos trasnochados que imposibilitan un ejercicio periodístico que coadyuve en la construcción de la democracia y el Estado de derecho.
No es posible creer que en una sociedad donde muchas cosas andan mal algunos pretendan vender la idea de que la prensa camina del todo bien. Con eso damos a entender el difícil trabajo de los periodistas salvadoreños y los retos que atañen no sólo al gremio, sino a esa sociedad que también es responsable de la construcción de su destino. Y, claro, la prensa anda en crisis no sólo en El Salvador, pero eso no debe ser consuelo de tontos.
[Artículo publicado en Revista Rumbo, edición 5, San Salvador, El Salvador, enero de 2007]
domingo, noviembre 12, 2006
Una sociedad fragmentada
Por Guillermo Mejía
Cuando se llegó a la conclusión de que una victoria militar era imposible por alguna de las partes en contienda durante 12 años, se allanó el camino a la paz que firmaron rebeldes y gobernantes con auspicio de las Naciones Unidas en Chapultepec, México, el 16 de enero de 1992.
Resultó un hecho trascendental en la historia nacional. Lo que vendría a continuación –según la teoría- era la apertura democrática, el combate a la injusticia estructural y el desmantelamiento del autoritarismo que pesaba por decenios.
Con poco los Acuerdos de Paz pasaron del ambiente eufórico, romántico, del fin de la guerra a la dura realidad cotidiana de falta de voluntad de cumplimiento, especialmente por la parte oficial, con lo que mucho de lo pactado quedó en letra muerta.
Si bien muchas cosas de ese pacto nacional existen, quizás más mal que bien por mezquindades, la cuestión de fondo que aún se percibe en los ambientes es que no se le dio oportunidad a la concertación para resolver los problemas que nos aquejan.
En ese contexto, el devenir nacional en los 14 años posteriores ha mostrado que desde cualquier ámbito, económico, social, político o cultural, las definiciones de los grupos de interés o de presión siguen cautivas por cuestiones particulares y, en muchos casos, de visiones de mundo.
La angustia y desesperanza que abate a los salvadoreños debido a la escalada delincuencial resulta un laboratorio de primer nivel que nos muestra, otra vez, que subsistimos en una sociedad fragmentada que se conduce a la deriva.
No hay tales de plan de nación, no existe una madura política criminal integral que, a la vez que penalice a los malhechores, conlleve esfuerzos concretos para corregir la injusticia estructural que sirve de caldo de cultivo para la generación de violencia.
Las preocupaciones mostradas por sectores empresariales, políticos –tanto de derecha como de izquierda- y ciudadanía en general son una buena señal, para que ahora sí vayamos en serio en la búsqueda del pacto nacional que nos garantice un desenvolvimiento con justicia y seguridad.
Estamos en la prueba de fuego. La Asociación Nacional de la Empresa Privada (ANEP) llamó a la unidad nacional frente a la delincuencia, pero para que esa actitud tenga coherencia también es urgente que como empresarios pongan su cuota social para con los desamparados y marginados.
La clase política, en general, que co-gobierna las diferentes instancias del Estado, debería hacer un esfuerzo, coherente y sincero, para coordinar las acciones pertinentes que nos saquen de la vorágine que nos golpea.
Estamos frente a una nueva oportunidad para enrumbar los destinos de la nación. Sería muy lamentable que socavemos el esfuerzo de concertación o de pacto nacional que se torna una oportunidad valiosa luego de la desesperanza que vino en la posguerra. El tiempo es el enemigo. [Análisis publicado en la revista salvadoreña Rumbo, edición 3, octubre de 2006]
Por Guillermo Mejía
Cuando se llegó a la conclusión de que una victoria militar era imposible por alguna de las partes en contienda durante 12 años, se allanó el camino a la paz que firmaron rebeldes y gobernantes con auspicio de las Naciones Unidas en Chapultepec, México, el 16 de enero de 1992.
Resultó un hecho trascendental en la historia nacional. Lo que vendría a continuación –según la teoría- era la apertura democrática, el combate a la injusticia estructural y el desmantelamiento del autoritarismo que pesaba por decenios.
Con poco los Acuerdos de Paz pasaron del ambiente eufórico, romántico, del fin de la guerra a la dura realidad cotidiana de falta de voluntad de cumplimiento, especialmente por la parte oficial, con lo que mucho de lo pactado quedó en letra muerta.
Si bien muchas cosas de ese pacto nacional existen, quizás más mal que bien por mezquindades, la cuestión de fondo que aún se percibe en los ambientes es que no se le dio oportunidad a la concertación para resolver los problemas que nos aquejan.
En ese contexto, el devenir nacional en los 14 años posteriores ha mostrado que desde cualquier ámbito, económico, social, político o cultural, las definiciones de los grupos de interés o de presión siguen cautivas por cuestiones particulares y, en muchos casos, de visiones de mundo.
La angustia y desesperanza que abate a los salvadoreños debido a la escalada delincuencial resulta un laboratorio de primer nivel que nos muestra, otra vez, que subsistimos en una sociedad fragmentada que se conduce a la deriva.
No hay tales de plan de nación, no existe una madura política criminal integral que, a la vez que penalice a los malhechores, conlleve esfuerzos concretos para corregir la injusticia estructural que sirve de caldo de cultivo para la generación de violencia.
Las preocupaciones mostradas por sectores empresariales, políticos –tanto de derecha como de izquierda- y ciudadanía en general son una buena señal, para que ahora sí vayamos en serio en la búsqueda del pacto nacional que nos garantice un desenvolvimiento con justicia y seguridad.
Estamos en la prueba de fuego. La Asociación Nacional de la Empresa Privada (ANEP) llamó a la unidad nacional frente a la delincuencia, pero para que esa actitud tenga coherencia también es urgente que como empresarios pongan su cuota social para con los desamparados y marginados.
La clase política, en general, que co-gobierna las diferentes instancias del Estado, debería hacer un esfuerzo, coherente y sincero, para coordinar las acciones pertinentes que nos saquen de la vorágine que nos golpea.
Estamos frente a una nueva oportunidad para enrumbar los destinos de la nación. Sería muy lamentable que socavemos el esfuerzo de concertación o de pacto nacional que se torna una oportunidad valiosa luego de la desesperanza que vino en la posguerra. El tiempo es el enemigo. [Análisis publicado en la revista salvadoreña Rumbo, edición 3, octubre de 2006]
sábado, octubre 21, 2006
Renglones torcidos de la Independencia centroamericana
Por Guillermo Mejía
Muy al contrario de lo que aún se enseña en las aulas, se difunde por los medios de comunicación o se repite en las calles sobre la Independencia centroamericana –que cumplió 185 años el 15 de septiembre- considero oportuno puntualizar algunas situaciones.
El objetivo primordial de estos señalamientos pasa por la necesidad que tengo como centroamericano de que corrijamos los renglones torcidos de la historia de nuestra Patria bañada por dos inmensos mares y cruzada por una cadena volcánica.
I
El 15 de septiembre no conmemoramos la Independencia de El Salvador, ni de Honduras, ni de Guatemala, ni de Nicaragua, ni de Costa Rica, como repúblicas separadas, sino que de una región que estaba integrada por un territorio distribuido en lo que tiempo después fue parcelado. La historia nos cuenta que la audiencia de Guatemala, en ese entonces, se extendía desde la línea que divide los Estados mexicanos de Chiapas y Oaxaca hasta lo que ahora es una zona cercana a la frontera entre Costa Rica y Panamá. La capital de la audiencia era la ciudad de Santiago de Guatemala.
Desde 1823 se conoce la integración de un nuevo Estado nombrado Provincias Unidas de Centroamérica, aunque ya mutilado por la separación del territorio de Chiapas, por un lado, y el territorio de Belice ocupado por ingleses. Estos últimos tenían gran presencia en la despoblada región atlántica del istmo donde tenían tiempo de incursión. La República Federal de Centroamérica tuvo su capital en la ciudad de Guatemala, hasta 1834, y posteriormente fue San Salvador.
Las añejas disputas interesadas de los sectores de poder de las provincias unidas dieron al traste con la república federal. En 1838 el congreso federal emitió el decreto que permitió a los Estados integrantes organizarse como les pareciera mejor, aunque deberían mantenerse dentro de la federación. Empero, Honduras, Nicaragua y Costa Rica se convirtieron en Estados separados en 1838, y El Salvador y Guatemala en 1839. Como repúblicas aparecen Guatemala en 1847; El Salvador, 1856; Honduras, 1864; Nicaragua, 1854; y Costa Rica, 1848.
II
Resulta controvertido cómo los sistemas de los Estados Centroamericanos que una vez estuvieron integrados en la federación insistan hasta en el parcelación nacionalista de las personas que conocemos en nuestra historia como los próceres de la emancipación del yugo español y la aventura del destino común de los centroamericanos.
De esa forma, por ejemplo, nos han vendido la idea de que José Matías Delgado tenía la nacionalidad salvadoreña, al igual que Manuel José Arce, y que Francisco Morazán –el caudillo integracionista- ostentaba la nacionalidad hondureña como también el intelectual José Cecilio del Valle. A la lista agreguemos toda la pléyade que era conocida y se asumía como centroamericanos si bien habían nacido en algún territorio de la región que hoy conocemos parcelada en repúblicas. Al grado que resulta común llamar extranjeros, en cualquier país del área, al originario de otro Estado que un día fue parte de la federación y que, por ende, es centroamericano y compatriota.
Las añejas disputas de los sectores de poder aún siguen presentes, aunque en la parte formal se hable de un proceso de integración regional que ahora abarca a Belice y Panamá en busca de presentar la unidad centroamericana ante el mundo.
III
La errada concepción patriotera con que se asume la conmemoración del 15 de septiembre como Independencia en cada república. Más que desfiles y demostraciones militaristas, el pueblo centroamericano necesita mayor conocimiento e interpretación del movimiento emancipador y la aventura de república común. Del sueño truncado de los pueblos y el carácter instrumental de las clases dirigentes que, aunque digan lo contrario, siguen empecinadas en sus localismos como lo hicieron en el pasado.
Resulta inaudito que los sistemas educativos, además de los errores históricos que reproducen, obliguen a las nuevas generaciones de centroamericanos a malgastar el tiempo en esos desfiles con bandas de guerra, eufemísticamente llamadas ahora bandas de paz, que solo sirven para reproducir el militarismo, especialmente en países donde los militares tienen un oscuro pasado como es el caso de El Salvador.
La construcción del ser centroamericano pasa por el compromiso de todos los originarios de esta región del mundo en el reconocimiento de nuestro pasado y la pertinencia de un modelo más humano y justo en el presente a fin de asegurar un mañana digno, donde al fin estemos juntos sin esas fronteras que nos empequeñecen. [Publicado en Revista Rumbo, edición 2, septiembre, 2006. San Salvador, El Salvador, C.A.]
Por Guillermo Mejía
Muy al contrario de lo que aún se enseña en las aulas, se difunde por los medios de comunicación o se repite en las calles sobre la Independencia centroamericana –que cumplió 185 años el 15 de septiembre- considero oportuno puntualizar algunas situaciones.
El objetivo primordial de estos señalamientos pasa por la necesidad que tengo como centroamericano de que corrijamos los renglones torcidos de la historia de nuestra Patria bañada por dos inmensos mares y cruzada por una cadena volcánica.
I
El 15 de septiembre no conmemoramos la Independencia de El Salvador, ni de Honduras, ni de Guatemala, ni de Nicaragua, ni de Costa Rica, como repúblicas separadas, sino que de una región que estaba integrada por un territorio distribuido en lo que tiempo después fue parcelado. La historia nos cuenta que la audiencia de Guatemala, en ese entonces, se extendía desde la línea que divide los Estados mexicanos de Chiapas y Oaxaca hasta lo que ahora es una zona cercana a la frontera entre Costa Rica y Panamá. La capital de la audiencia era la ciudad de Santiago de Guatemala.
Desde 1823 se conoce la integración de un nuevo Estado nombrado Provincias Unidas de Centroamérica, aunque ya mutilado por la separación del territorio de Chiapas, por un lado, y el territorio de Belice ocupado por ingleses. Estos últimos tenían gran presencia en la despoblada región atlántica del istmo donde tenían tiempo de incursión. La República Federal de Centroamérica tuvo su capital en la ciudad de Guatemala, hasta 1834, y posteriormente fue San Salvador.
Las añejas disputas interesadas de los sectores de poder de las provincias unidas dieron al traste con la república federal. En 1838 el congreso federal emitió el decreto que permitió a los Estados integrantes organizarse como les pareciera mejor, aunque deberían mantenerse dentro de la federación. Empero, Honduras, Nicaragua y Costa Rica se convirtieron en Estados separados en 1838, y El Salvador y Guatemala en 1839. Como repúblicas aparecen Guatemala en 1847; El Salvador, 1856; Honduras, 1864; Nicaragua, 1854; y Costa Rica, 1848.
II
Resulta controvertido cómo los sistemas de los Estados Centroamericanos que una vez estuvieron integrados en la federación insistan hasta en el parcelación nacionalista de las personas que conocemos en nuestra historia como los próceres de la emancipación del yugo español y la aventura del destino común de los centroamericanos.
De esa forma, por ejemplo, nos han vendido la idea de que José Matías Delgado tenía la nacionalidad salvadoreña, al igual que Manuel José Arce, y que Francisco Morazán –el caudillo integracionista- ostentaba la nacionalidad hondureña como también el intelectual José Cecilio del Valle. A la lista agreguemos toda la pléyade que era conocida y se asumía como centroamericanos si bien habían nacido en algún territorio de la región que hoy conocemos parcelada en repúblicas. Al grado que resulta común llamar extranjeros, en cualquier país del área, al originario de otro Estado que un día fue parte de la federación y que, por ende, es centroamericano y compatriota.
Las añejas disputas de los sectores de poder aún siguen presentes, aunque en la parte formal se hable de un proceso de integración regional que ahora abarca a Belice y Panamá en busca de presentar la unidad centroamericana ante el mundo.
III
La errada concepción patriotera con que se asume la conmemoración del 15 de septiembre como Independencia en cada república. Más que desfiles y demostraciones militaristas, el pueblo centroamericano necesita mayor conocimiento e interpretación del movimiento emancipador y la aventura de república común. Del sueño truncado de los pueblos y el carácter instrumental de las clases dirigentes que, aunque digan lo contrario, siguen empecinadas en sus localismos como lo hicieron en el pasado.
Resulta inaudito que los sistemas educativos, además de los errores históricos que reproducen, obliguen a las nuevas generaciones de centroamericanos a malgastar el tiempo en esos desfiles con bandas de guerra, eufemísticamente llamadas ahora bandas de paz, que solo sirven para reproducir el militarismo, especialmente en países donde los militares tienen un oscuro pasado como es el caso de El Salvador.
La construcción del ser centroamericano pasa por el compromiso de todos los originarios de esta región del mundo en el reconocimiento de nuestro pasado y la pertinencia de un modelo más humano y justo en el presente a fin de asegurar un mañana digno, donde al fin estemos juntos sin esas fronteras que nos empequeñecen. [Publicado en Revista Rumbo, edición 2, septiembre, 2006. San Salvador, El Salvador, C.A.]
domingo, julio 02, 2006
La mediatización de la religión
Por Guillermo Mejía
Resumen:
La mediatización de la religión es un hecho. Trasciende a la pauta periodística de los medios de comunicación, ya que las iglesias han aprovechado cada vez más su presencia mediática a partir de la creación de sus propios espacios en radio, televisión e impresos, con la ventaja de que trabajan en el campo especializado de la fe.
La religión está inmersa en un proceso de mediatización, similar al de la política, donde sus actores y exposiciones se han trasladado del lugar público hacia ese espacio virtual construido en el marco de la cultura mediática.
Vale aclarar que no significa el desaparecimiento total del lugar tradicional de encuentro, al igual que le ocurre a los políticos que de vez en vez irrumpen en las calles, sino que la revolución tecnológica los insertó en el rincón más privado de la persona.
Tomando en cuenta el modelo de la argentina María Cristina Mata, de la Universidad Nacional de Córdoba, propongo que mediatización de la religión implicaría el papel preponderante de los medios de comunicación en la lógica de construcción de la fe.
De esa forma, encontramos, cada vez más, la mediación de esos comunicadores entre los encargados del culto y los creyentes. Obviamente, las posturas conservadoras –al igual que en la política- gozan de privilegios en la difusión de su discurso.
También, han asumido una postura espectacular en la búsqueda de mentes y corazones en el conglomerado, situación que les lleva a disputar espacio con los representantes del ocio tradicional (encuentros masivos, luces, música en vivo, entre otros).
Pero, van más allá. Al contrario de la ausencia de alternativas de comunicación –por desconocimiento o menosprecio- que se verifica en las fuerzas políticas que dicen estar por el cambio, los religiosos sí le han apostado a sus propios medios.
El punto acá no es tanto que dentro de su feligresía consigan los fondos necesarios para su manutención o que reciban ayuda internacional, sino la comprensión de que a estas alturas de la historia todo proyecto debe ir acompañado de la comunicación.
En El Salvador, aún muchos dirigentes y cuadros políticos de oposición se conforman con recordar –especialmente en procesos electorales- lo que significan para el aparato de difusión de la derecha, sobre todo los grandes diarios y los canales tradicionales.
Sin embargo, y luego de los años aciagos de la guerra civil que dejó no menos de 75 mil muertes, la sociedad salvadoreña no cuenta con un tan solo medio de comunicación que desate las amarras de la prensa tutelada por el poder.
De los medios de comunicación de la derecha muy poco o nada se puede esperar, en la búsqueda del cambio. De ahí la necesaria apuesta por la construcción de una estrategia comunicativa alternativa, pero es imprescindible comprender ese proceso.
El concepto de las iglesias
Las diferentes denominaciones religiosas presentes en el país sí vienen trabajando en esa dirección desde tiempo atrás. Las iglesias católica y protestante, especialmente, se han insertado en la cultura mediática con buenas ganas.
Los católicos han desarrollado proyectos educativos-comunicativos cuyas características han sido: por un lado, asistencialistas y, por otro, en función de su crecimiento como grey frente a la competencia de otras religiones.
Cabría mencionar, en medio de esos proyectos tradicionales, la presencia de otros programas educativos-comunicativos asociados con posturas críticas de cara a la realidad socio-económica y política de los salvadoreños.
Uno de los comunicadores por excelencia que ha tenido la iglesia católica es el Arzobispo de San Salvador, Monseñor Oscar Arnulfo Romero, asesinado en marzo de 1980, luego de su denuncia incansable por la defensa de los derechos humanos.
En ese contexto, innumerables veces fue dinamitada la emisora YSAX, donde Monseñor Romero difundía su homilía dominical y sus palabras reconfortantes a sus feligreses noche a noche. Paradójicamente, ahora hasta a la emisora le cambiaron nombre.
En esa inserción mediática también han proliferado otras emisoras católicas en frecuencias AM y FM, a la vez que cuentan con, al menos, dos señales de televisión como Canal 8 y Canal 57. Se suman algunos medios impresos.
Su contraparte, la iglesia protestante va creciendo en la preferencia de los cristianos aunque todavía es minoría -como lo admite con preocupación el Arzobispo Auxiliar de San Salvador, Monseñor Gregorio Rosa Chávez.
Este prelado, otro de los comunicadores católicos, sí entiende esa necesaria participación del pueblo salvadoreño en la comunicación, pero de todos es conocida su condición muy marginal frente a las autoridades eclesiásticas.
Los evangélicos, como se les conoce a los protestantes, tienen emisoras en frecuencias AM y FM, y señales de televisión como los canales 17, 25, 65, entre otros. También cuentan con medios impresos.
Uno de los reverendos que ha aprovechado el proceso de mediatización es el pastor Edgar López Beltrán, del Tabernáculo Bíblico Bautista “Amigos de Israel”, quien incluso supo sacar ventaja de una falta judicial en Estados Unidos.
El “hermano Toby”, como es conocido, presentó documentación falsa para tratar de ingresar a una pequeña hija a la nación del Norte, en mayo de 2005, estuvo un tiempo en la cárcel y luego liberado por orden de un juez.
Su hijo, Toby Jr., también pastor en la Bautista, mostró sus descontento con los periodistas, en medio del proceso, y con sus fieles lanzó una campaña de regalar un huevo a quienes preguntaran sobre el caso para que entendieran lo que significa “meterse” con ellos.
Al final, en la sociedad salvadoreña ese punto es muy folklórico, aunque lleno de símbolos. Pero fue mucho más impactante, en el marco de la cultura mediática, el retorno del “hermano Toby” en un jet privado.
Sus fieles fueron a su encuentro, en el grupo sobresalieron algunos cuadros dirigentes de la Policía Nacional Civil (PNC), quienes lo recibieron con júbilo. Más allá, en la iglesia, lo esperaban cientos de hermanos que, en medio de vítores y llantos, escucharon por tiempo indefinido al pastor.
Una y otra vez, López Beltrán, aceptó que sí mintió, pero que le había servido incluso para evangelizar en la cárcel. El mensaje quedó: su salida triunfal era prueba firme de que gozaba de la gloria y era digno ejemplo para su grey.
El “hermano Toby” fue dueño de portadas de periódicos, señales en vivo de radio y televisión, al grado que se dio el lujo de regañar con nombre y apellido a algunos de ellos, por ejemplo a La Prensa Gráfica, por lo que consideró cobertura amañada de su caso.
Al contrario, felicitó a El Diario de Hoy, por haber sido consecuente y muy profesional en su tratamiento periodístico, y agradeció públicamente a diputados del Partido de Conciliación Nacional (PCN) por haber sido los únicos políticos que le acompañaron en su juicio.
Mas nadie de los medios de comunicación levantó la voz frente a la regañada pública del pastor. El “hermano Toby” ganó la competencia, fortaleció su proyecto y robó los espacios mediáticos una vez más.
Por lo que aquí nos ocupa vale la interrogante: ¿Era totalmente necesario estar en los lugares precisos? Para nada. La mediatización se encargó de llevar los discursos al rincón más privado del hogar, el dormitorio, como lo hace día con día con la figura que desea mostrar.
Una cuestión que debo reiterar en este artículo es esa comprensión de la importancia de la comunicación en todo proceso de la vida. Más allá de los medios tradicionales, es mucho más fuerte el impacto si se cuenta con los propios instrumentos. El caso de López Beltrán es elocuente.
La comunicóloga María Cristina Mata sugiere que en la realidad existe un espacio palpable –por ejemplo, la iglesia- y también existen los medios –los comunicadores- y entre ellos ese espacio virtual que se va construyendo en el imaginario social como lugar público y referente de la acción pública.
En ese sentido, religiosos o políticos, como figuras públicas, se ven urgidos en “saber actuar”, para acarrear más fieles o más adeptos. A la vez, volcados “a pelear” sus espacios frente a las otras figuras públicas que disputan la espectacularidad cotidiana.
Y entre esa actuación y disputa de las figuras públicas también encontramos cantidad de incongruencias, inmoralidades y golpes de mano.
Religión y medios
El profesor de periodismo Stewart M. Hoover, de la Universidad de Colorado, asegura que existe una antigua convergencia entre religión y medios de comunicación.
“En épocas anteriores a la modernidad, la religión orgánica o auténtica se expresó, se representó y se entendió a través de los ‘medios’ de la época –la palabra hablada, el drama, la música y las artes creativas- pero lo que llamamos ‘los medios’ vino después”, dice el académico estadounidense.
Según Hoover, con la imprenta se dio un cambio revolucionario puesto que tipógrafos y editores participaron en la reorganización del poder social, cultural y estatal en la modernidad, al grado que se acepta que las “industrias de la conciencia” –como se les llama a los medios- ocuparon un lugar casi muy prominente como el de la iglesia antes de la reforma.
“De este modo dichas industrias han venido a desafiar el poder y la autoridad legitimante de la iglesia y el Estado, y esas tres instancias (religión, medios y Estado) existen, ahora, en una especie de alianza negociadora inquietante en Occidente y en el ámbito global”, refiere Hoover.
Para él, aunque no sustancialmente, los medios de comunicación han cambiado a partir de que incluyen nuevas voces, dado las exigencias de las audiencias, mientras, la religión ha cambiado porque ha tomado más en cuanta la individualidad de las personas y su búsqueda incesante de significado.
En la actualidad, tomando en cuenta la vertiginosidad de las nuevas tecnologías y la presencia de internet, la relación religión-medios es mucho más inquietante, por cuanto a la velocidad de transmisión de la información, con imágenes, sonidos, etc., se une la presencia de los usuarios en tiempo real.
El comunicólogo español Jesús Martín Barbero advierte sobre el caso que los medios en América Latina están contribuyendo a reencantar el mundo y dar sentido a la vida de la gente: “Proponen nuevos modos mediáticos para que las personas se congreguen”.
“Iglesia electrónica, fenómenos de sectas, fundamentalismos e integrismos de diversa índole, se extienden principalmente en iglesias protestantes, donde los medios –la radio más que la televisión- aparecen como mediaciones modernas, fundamentales y masificadoras de la experiencia religiosa”, agrega.
Según un estudio de Zenit, grupo editorial vinculado con la Iglesia Católica, está comprobado que cada vez hay más gente que consulta cuestiones religiosas en internet que la que busca sitios pornográficos o de otra índole.
“No menos del 21% de quienes navegan en la red, en números redondos unos 20 millones de personas, ha buscado información espiritual o religiosa. En cambio, solamente el 18% ha realizado operaciones bancarias en la red y el 15% ha participado en subastas vía Internet”, afirma Zenit.
El estudio, llamado “Wired Church, Wired Temples: Taking Congragations and Missions Into Cyberspace”, ha realizado un seguimiento en la red de más de 1.300 congregaciones y revela que, cada día, más de dos millones de estadounidenses buscan información religiosa o espiritual en la red.
En consecuencia, las instituciones religiosas están integrando internet de manera creciente en el uso cotidiano. El 91 por ciento señaló que el e-mail permitía mayor comunicación con sus iglesias, mientras que el 63 por ciento afirmó que les ayuda a conectarse con sus comunidades.
Aparte de que las religiones se han trasladado a buscar clientes para sus productos especializados, otra de las tareas en que trabajan arduamente es en la conquista de las vocaciones dentro de los jóvenes. Al menos 25 diócesis de Estados Unidos han creado sitios en busca de jóvenes que deseen ser sacerdotes.
El padre John Acrea, coordinador de la pastoral vocacional en Des Moines, Iowa, afirmó a la prensa que “internet es donde la gente joven busca información, de manera que tenemos que estar allí”.
El sacerdote aseguró a los periodistas que los modos tradicionales de búsqueda de vocaciones, tales como la conocida presencia en escuelas católicas e iglesias locales, ha disminuido con los años, una tendencia que atribuyó a la creciente movilidad social.
En ese marco, hay que subrayar a la vez que las iglesias protestantes son las que más han desarrollado la capacidad de utilizar los medios, para afianzar mentes y corazones dentro del conglomerado.
La televangelización, por ejemplo, cuenta con mucha experiencia desde su aparición en Estados Unidos. Es conocida la presencia mediática del reverendo Pat Robertson, del Club 700, quien incluso pidió recientemente la eliminación física del presidente venezolano, Hugo Chávez Frías, por considerarlo parte del eje del mal.
Aunque se disculpó luego por su postura, después acusó al mandatario de haberle dado fondos al musulmán Osama Bin Laden, enemigo número uno de los estadounidenses.
En síntesis, en tiempos posmodernos las iglesias también se han adaptado a los nuevos retos de las comunicaciones. Con la ventaja de que trabajan en el espacio de la fe, que es milenario, y que, pase lo que pase, subsiste en cualquier parte de la humanidad.
Noam Chomsky advirtió en un artículo de opinión sobre el papel de los medios de comunicación de la necesaria presencia de la iglesia en la vida de las personas, con lo que se demuestra que nunca dejará de existir.
Según él, la crisis política en Centroamérica fue conocida por los norteamericanos a partir de que la iglesia sirvió de enlace, para que, por ejemplo, activistas salvadoreños denunciaran las atrocidades que sucedían en la década de los 80.
En ese sentido, iglesia más medios es un binomio impactante frente a las audiencias. La mediatización tiene mucho terreno ganado en la religión, a la par de la política.
Fuentes consultadas: Chomsky, Noam (1993) El control de los medios de comunicación. Editorial Open Magazine Pamphlets, Estados Unidos.
Mata, María Cristina (1991) Política y comunicación. Ponencia presentada en el seminario “Política y comunicación: ¿Hay un lugar para la política en la cultura mediática?”, realizado en Buenos Aires, Argentina.
Diversos números de la Revista Signo y Pensamiento, editada en la Universidad Javeriana, Bogotá, Colombia.
Diversos ejemplares de los diarios salvadoreños El Diario de Hoy y La Prensa Gráfica.
Artículo publicado en la Revista Humanidades, de la Facultad de Ciencias y Humanidades, Universidad de El Salvador (UES) donde el autor es docente.
Por Guillermo Mejía
Resumen:
La mediatización de la religión es un hecho. Trasciende a la pauta periodística de los medios de comunicación, ya que las iglesias han aprovechado cada vez más su presencia mediática a partir de la creación de sus propios espacios en radio, televisión e impresos, con la ventaja de que trabajan en el campo especializado de la fe.
La religión está inmersa en un proceso de mediatización, similar al de la política, donde sus actores y exposiciones se han trasladado del lugar público hacia ese espacio virtual construido en el marco de la cultura mediática.
Vale aclarar que no significa el desaparecimiento total del lugar tradicional de encuentro, al igual que le ocurre a los políticos que de vez en vez irrumpen en las calles, sino que la revolución tecnológica los insertó en el rincón más privado de la persona.
Tomando en cuenta el modelo de la argentina María Cristina Mata, de la Universidad Nacional de Córdoba, propongo que mediatización de la religión implicaría el papel preponderante de los medios de comunicación en la lógica de construcción de la fe.
De esa forma, encontramos, cada vez más, la mediación de esos comunicadores entre los encargados del culto y los creyentes. Obviamente, las posturas conservadoras –al igual que en la política- gozan de privilegios en la difusión de su discurso.
También, han asumido una postura espectacular en la búsqueda de mentes y corazones en el conglomerado, situación que les lleva a disputar espacio con los representantes del ocio tradicional (encuentros masivos, luces, música en vivo, entre otros).
Pero, van más allá. Al contrario de la ausencia de alternativas de comunicación –por desconocimiento o menosprecio- que se verifica en las fuerzas políticas que dicen estar por el cambio, los religiosos sí le han apostado a sus propios medios.
El punto acá no es tanto que dentro de su feligresía consigan los fondos necesarios para su manutención o que reciban ayuda internacional, sino la comprensión de que a estas alturas de la historia todo proyecto debe ir acompañado de la comunicación.
En El Salvador, aún muchos dirigentes y cuadros políticos de oposición se conforman con recordar –especialmente en procesos electorales- lo que significan para el aparato de difusión de la derecha, sobre todo los grandes diarios y los canales tradicionales.
Sin embargo, y luego de los años aciagos de la guerra civil que dejó no menos de 75 mil muertes, la sociedad salvadoreña no cuenta con un tan solo medio de comunicación que desate las amarras de la prensa tutelada por el poder.
De los medios de comunicación de la derecha muy poco o nada se puede esperar, en la búsqueda del cambio. De ahí la necesaria apuesta por la construcción de una estrategia comunicativa alternativa, pero es imprescindible comprender ese proceso.
El concepto de las iglesias
Las diferentes denominaciones religiosas presentes en el país sí vienen trabajando en esa dirección desde tiempo atrás. Las iglesias católica y protestante, especialmente, se han insertado en la cultura mediática con buenas ganas.
Los católicos han desarrollado proyectos educativos-comunicativos cuyas características han sido: por un lado, asistencialistas y, por otro, en función de su crecimiento como grey frente a la competencia de otras religiones.
Cabría mencionar, en medio de esos proyectos tradicionales, la presencia de otros programas educativos-comunicativos asociados con posturas críticas de cara a la realidad socio-económica y política de los salvadoreños.
Uno de los comunicadores por excelencia que ha tenido la iglesia católica es el Arzobispo de San Salvador, Monseñor Oscar Arnulfo Romero, asesinado en marzo de 1980, luego de su denuncia incansable por la defensa de los derechos humanos.
En ese contexto, innumerables veces fue dinamitada la emisora YSAX, donde Monseñor Romero difundía su homilía dominical y sus palabras reconfortantes a sus feligreses noche a noche. Paradójicamente, ahora hasta a la emisora le cambiaron nombre.
En esa inserción mediática también han proliferado otras emisoras católicas en frecuencias AM y FM, a la vez que cuentan con, al menos, dos señales de televisión como Canal 8 y Canal 57. Se suman algunos medios impresos.
Su contraparte, la iglesia protestante va creciendo en la preferencia de los cristianos aunque todavía es minoría -como lo admite con preocupación el Arzobispo Auxiliar de San Salvador, Monseñor Gregorio Rosa Chávez.
Este prelado, otro de los comunicadores católicos, sí entiende esa necesaria participación del pueblo salvadoreño en la comunicación, pero de todos es conocida su condición muy marginal frente a las autoridades eclesiásticas.
Los evangélicos, como se les conoce a los protestantes, tienen emisoras en frecuencias AM y FM, y señales de televisión como los canales 17, 25, 65, entre otros. También cuentan con medios impresos.
Uno de los reverendos que ha aprovechado el proceso de mediatización es el pastor Edgar López Beltrán, del Tabernáculo Bíblico Bautista “Amigos de Israel”, quien incluso supo sacar ventaja de una falta judicial en Estados Unidos.
El “hermano Toby”, como es conocido, presentó documentación falsa para tratar de ingresar a una pequeña hija a la nación del Norte, en mayo de 2005, estuvo un tiempo en la cárcel y luego liberado por orden de un juez.
Su hijo, Toby Jr., también pastor en la Bautista, mostró sus descontento con los periodistas, en medio del proceso, y con sus fieles lanzó una campaña de regalar un huevo a quienes preguntaran sobre el caso para que entendieran lo que significa “meterse” con ellos.
Al final, en la sociedad salvadoreña ese punto es muy folklórico, aunque lleno de símbolos. Pero fue mucho más impactante, en el marco de la cultura mediática, el retorno del “hermano Toby” en un jet privado.
Sus fieles fueron a su encuentro, en el grupo sobresalieron algunos cuadros dirigentes de la Policía Nacional Civil (PNC), quienes lo recibieron con júbilo. Más allá, en la iglesia, lo esperaban cientos de hermanos que, en medio de vítores y llantos, escucharon por tiempo indefinido al pastor.
Una y otra vez, López Beltrán, aceptó que sí mintió, pero que le había servido incluso para evangelizar en la cárcel. El mensaje quedó: su salida triunfal era prueba firme de que gozaba de la gloria y era digno ejemplo para su grey.
El “hermano Toby” fue dueño de portadas de periódicos, señales en vivo de radio y televisión, al grado que se dio el lujo de regañar con nombre y apellido a algunos de ellos, por ejemplo a La Prensa Gráfica, por lo que consideró cobertura amañada de su caso.
Al contrario, felicitó a El Diario de Hoy, por haber sido consecuente y muy profesional en su tratamiento periodístico, y agradeció públicamente a diputados del Partido de Conciliación Nacional (PCN) por haber sido los únicos políticos que le acompañaron en su juicio.
Mas nadie de los medios de comunicación levantó la voz frente a la regañada pública del pastor. El “hermano Toby” ganó la competencia, fortaleció su proyecto y robó los espacios mediáticos una vez más.
Por lo que aquí nos ocupa vale la interrogante: ¿Era totalmente necesario estar en los lugares precisos? Para nada. La mediatización se encargó de llevar los discursos al rincón más privado del hogar, el dormitorio, como lo hace día con día con la figura que desea mostrar.
Una cuestión que debo reiterar en este artículo es esa comprensión de la importancia de la comunicación en todo proceso de la vida. Más allá de los medios tradicionales, es mucho más fuerte el impacto si se cuenta con los propios instrumentos. El caso de López Beltrán es elocuente.
La comunicóloga María Cristina Mata sugiere que en la realidad existe un espacio palpable –por ejemplo, la iglesia- y también existen los medios –los comunicadores- y entre ellos ese espacio virtual que se va construyendo en el imaginario social como lugar público y referente de la acción pública.
En ese sentido, religiosos o políticos, como figuras públicas, se ven urgidos en “saber actuar”, para acarrear más fieles o más adeptos. A la vez, volcados “a pelear” sus espacios frente a las otras figuras públicas que disputan la espectacularidad cotidiana.
Y entre esa actuación y disputa de las figuras públicas también encontramos cantidad de incongruencias, inmoralidades y golpes de mano.
Religión y medios
El profesor de periodismo Stewart M. Hoover, de la Universidad de Colorado, asegura que existe una antigua convergencia entre religión y medios de comunicación.
“En épocas anteriores a la modernidad, la religión orgánica o auténtica se expresó, se representó y se entendió a través de los ‘medios’ de la época –la palabra hablada, el drama, la música y las artes creativas- pero lo que llamamos ‘los medios’ vino después”, dice el académico estadounidense.
Según Hoover, con la imprenta se dio un cambio revolucionario puesto que tipógrafos y editores participaron en la reorganización del poder social, cultural y estatal en la modernidad, al grado que se acepta que las “industrias de la conciencia” –como se les llama a los medios- ocuparon un lugar casi muy prominente como el de la iglesia antes de la reforma.
“De este modo dichas industrias han venido a desafiar el poder y la autoridad legitimante de la iglesia y el Estado, y esas tres instancias (religión, medios y Estado) existen, ahora, en una especie de alianza negociadora inquietante en Occidente y en el ámbito global”, refiere Hoover.
Para él, aunque no sustancialmente, los medios de comunicación han cambiado a partir de que incluyen nuevas voces, dado las exigencias de las audiencias, mientras, la religión ha cambiado porque ha tomado más en cuanta la individualidad de las personas y su búsqueda incesante de significado.
En la actualidad, tomando en cuenta la vertiginosidad de las nuevas tecnologías y la presencia de internet, la relación religión-medios es mucho más inquietante, por cuanto a la velocidad de transmisión de la información, con imágenes, sonidos, etc., se une la presencia de los usuarios en tiempo real.
El comunicólogo español Jesús Martín Barbero advierte sobre el caso que los medios en América Latina están contribuyendo a reencantar el mundo y dar sentido a la vida de la gente: “Proponen nuevos modos mediáticos para que las personas se congreguen”.
“Iglesia electrónica, fenómenos de sectas, fundamentalismos e integrismos de diversa índole, se extienden principalmente en iglesias protestantes, donde los medios –la radio más que la televisión- aparecen como mediaciones modernas, fundamentales y masificadoras de la experiencia religiosa”, agrega.
Según un estudio de Zenit, grupo editorial vinculado con la Iglesia Católica, está comprobado que cada vez hay más gente que consulta cuestiones religiosas en internet que la que busca sitios pornográficos o de otra índole.
“No menos del 21% de quienes navegan en la red, en números redondos unos 20 millones de personas, ha buscado información espiritual o religiosa. En cambio, solamente el 18% ha realizado operaciones bancarias en la red y el 15% ha participado en subastas vía Internet”, afirma Zenit.
El estudio, llamado “Wired Church, Wired Temples: Taking Congragations and Missions Into Cyberspace”, ha realizado un seguimiento en la red de más de 1.300 congregaciones y revela que, cada día, más de dos millones de estadounidenses buscan información religiosa o espiritual en la red.
En consecuencia, las instituciones religiosas están integrando internet de manera creciente en el uso cotidiano. El 91 por ciento señaló que el e-mail permitía mayor comunicación con sus iglesias, mientras que el 63 por ciento afirmó que les ayuda a conectarse con sus comunidades.
Aparte de que las religiones se han trasladado a buscar clientes para sus productos especializados, otra de las tareas en que trabajan arduamente es en la conquista de las vocaciones dentro de los jóvenes. Al menos 25 diócesis de Estados Unidos han creado sitios en busca de jóvenes que deseen ser sacerdotes.
El padre John Acrea, coordinador de la pastoral vocacional en Des Moines, Iowa, afirmó a la prensa que “internet es donde la gente joven busca información, de manera que tenemos que estar allí”.
El sacerdote aseguró a los periodistas que los modos tradicionales de búsqueda de vocaciones, tales como la conocida presencia en escuelas católicas e iglesias locales, ha disminuido con los años, una tendencia que atribuyó a la creciente movilidad social.
En ese marco, hay que subrayar a la vez que las iglesias protestantes son las que más han desarrollado la capacidad de utilizar los medios, para afianzar mentes y corazones dentro del conglomerado.
La televangelización, por ejemplo, cuenta con mucha experiencia desde su aparición en Estados Unidos. Es conocida la presencia mediática del reverendo Pat Robertson, del Club 700, quien incluso pidió recientemente la eliminación física del presidente venezolano, Hugo Chávez Frías, por considerarlo parte del eje del mal.
Aunque se disculpó luego por su postura, después acusó al mandatario de haberle dado fondos al musulmán Osama Bin Laden, enemigo número uno de los estadounidenses.
En síntesis, en tiempos posmodernos las iglesias también se han adaptado a los nuevos retos de las comunicaciones. Con la ventaja de que trabajan en el espacio de la fe, que es milenario, y que, pase lo que pase, subsiste en cualquier parte de la humanidad.
Noam Chomsky advirtió en un artículo de opinión sobre el papel de los medios de comunicación de la necesaria presencia de la iglesia en la vida de las personas, con lo que se demuestra que nunca dejará de existir.
Según él, la crisis política en Centroamérica fue conocida por los norteamericanos a partir de que la iglesia sirvió de enlace, para que, por ejemplo, activistas salvadoreños denunciaran las atrocidades que sucedían en la década de los 80.
En ese sentido, iglesia más medios es un binomio impactante frente a las audiencias. La mediatización tiene mucho terreno ganado en la religión, a la par de la política.
Fuentes consultadas: Chomsky, Noam (1993) El control de los medios de comunicación. Editorial Open Magazine Pamphlets, Estados Unidos.
Mata, María Cristina (1991) Política y comunicación. Ponencia presentada en el seminario “Política y comunicación: ¿Hay un lugar para la política en la cultura mediática?”, realizado en Buenos Aires, Argentina.
Diversos números de la Revista Signo y Pensamiento, editada en la Universidad Javeriana, Bogotá, Colombia.
Diversos ejemplares de los diarios salvadoreños El Diario de Hoy y La Prensa Gráfica.
Artículo publicado en la Revista Humanidades, de la Facultad de Ciencias y Humanidades, Universidad de El Salvador (UES) donde el autor es docente.
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