Thursday, February 21, 2013

Malcoml X: El legado de un afrodescendiente

Por Guillermo Mejía

El 21 de febrero se cumplieron 48 años del asesinato del luchador por los derechos de los afrodescendientes en Estados Unidos, Malcolm X, nacido como Malcoml Little, en Omaha (Nebraska) el 19 de mayo de 1925, hijo de un pastor bautista asesinado por una banda racista en venganza por sus posturas políticas a favor de la causa negra.

Este luchador estuvo marcado por el infortunio desde antes de ver la luz: “Cuando mi madre me llevaba en su vientre, una banda de caballeros del Ku-Klux-Klan, encapuchados, entró en nuestra casa en Omaha –Nebraska. Era de noche. Empuñando sus fusiles y carabinas, rodearon la casa y ordenaron a mi padre que saliese”, relata en su autobiografía editada después de su muerte.

Su padre, el reverendo Earl Little, no estaba en la ocasión, pero su madre, Louise Little, nacida en la isla caribeña de Granada y de padre blanco, recibió la advertencia que se tenían que ir del lugar porque el pastor fomentaba la discordia entre los negros “buenos” con las ideas del retorno a Africa promovidas por el activista jamaiquino Marcus Garvey.

De hecho, el retorno era la respuesta del movimiento agrupado en la Asociación Universal para el Progreso de los Negros, dirigida por Garvey, en Harlem (Nueva York), a la cual pertenecía el papá de Malcoml X, ante la esclavitud y la posterior marginación sufrida por los afrodescendientes en Estados Unidos. La “X” significa el pasado africano que sustituye al apellido del esclavista.

El pequeño Malcoml sufrió el asesinato de su padre a manos, según cuenta, del grupo racista Legión Negra en Lansing (Michigan), posterior al incendio de su casa, luego el enloquecimiento de su madre por haber perdido la custodia de sus hijos bajo el pretexto que no los podía mantener y su internamiento en un hospital siquiátrico por 26 años. El la visitaba en esa atmósfera deprimente.

Malcoml X, cuya piel era clara y su pelo rojizo, por eso lo apodaron “el rojo”, se involucró con los maleantes en Boston y Nueva York, donde se convirtió en pistolero y contrabandista. Cuando tenía 20 años fue condenado a 10 por un tribunal de los que hizo solo siete luego que en la cárcel se convirtió en miembro de la Nación del Islam y ministro de primer orden.

“El rojo”, que recibió el nombre de El-Hajj Malik El-Shabazz, era el hijo predilecto del dirigente de la Nación del Islam, Elijah Muhammad, relación que terminó en pleito por malos pasos de este último involucrado en casos de corrupción. Aprovechó el malestar causado en las esferas de poder por Malcoml X para expulsarlo de la asociación en 1964.

El activismo de Malcoml siguió. Logró su máxima escala con una peregrinación a La Meca, luego de la cual reconoció que también hay blancos buenos al verlos como musulmanes en ese acto de devoción. Estuvo por Africa y Medio Oriente, se hermanó con las luchas políticas de los países pobres, incluido los de América Latina en esa década de sueños de libertad a escala planetaria.

Fundó su propia mezquita Muslim Mosque Inc. y la entidad política Organización de la Unidad Afroamericana. Le sobraban enemigos, tanto de los grupos de poder como de sus antiguos aliados, cuando la muerte le sorprende ese 21 de febrero de 1965 en un oficio religioso en Nueva York. La autoría de su asesinato a balazos en pleno discurso es materia de controversia.

A continuación unos fragmentos de sus discursos que inspiraron la lucha por la dignidad negra:

“Tenemos que hacer ver al mundo que el problema que afrontamos es un problema para la humanidad. No es un problema negro; no es un problema norteamericano. Ustedes y yo tenemos que hacerlo un problema mundial, tenemos que hacer saber al mundo que no habrá paz en esta Tierra mientras en los Estados Unidos se violen nuestros derechos humanos. Entonces el mundo tendrá que intervenir y ver que se respeten y reconozcan nuestros derechos humanos. Tenemos que crear una situación que haga estallar bien alto este mundo, a menos que nos escuchen cuando pedimos algún tipo de reconocimiento y respeto como seres humanos. Eso es todo lo que queremos… ser un ser humano. Si no podemos ser reconocidos y respetados como ser humano, tenemos que crear una situación en la que ningún ser humano disfrute de la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad.

“Si ustedes no están con eso, no están con la libertad. Significa que ni siquiera quieren ser un ser humano. No quieren pagar el precio que sea necesario. Y si no quieren pagar el precio, ni siquiera se les habrá de permitir que estén en torno a nosotros, otros humanos. Se quedarán en el campo de algodón, donde no se es un ser humano. Si no están dispuestos a pagar el precio que sea necesario pagar por el reconocimiento y el respeto como ser humano, se es un animal que pertenece al campo de algodón al igual que un caballo y una vaca, o un pollo o una zarigüeya”.













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