Monday, August 08, 2011

Lecciones esperanzadoras de las protestas estudiantiles

Por Guillermo Mejía

Las protestas estudiantiles desarrolladas en Honduras y en Chile representan un aliento de esperanza en medio de pretendida deshumanización de la educación –que intentan privatizar- en tiempos en que el alma sucumbe frente al mercantilismo, el abandono del escenario público por parte de amplios sectores de la sociedad y la ausencia de compromiso político.

De entrada, hay que comprender –por supuesto, sin compartir- el alejamiento de la sociedad civil de la cosa pública, cuestión en la que tienen muchísima responsabilidad los medios de comunicación colectiva, así como el descrédito de la práctica política por intereses mezquinos o corporativos que asesinan esa esperanza colectiva de un futuro mejor.

Como bien reseña el intelectual y antigolpista hondureño, Juan Almendares, la toma continua de más de 70 centros educativos en la tierra de Lempira, que pretenden acallar con intervención militar, representa la lucha “contra la voracidad del capitalismo neoliberal hegemónico que ha convertido la educación en mercancía” y en uno de los instrumentos neocolonizadores.

Los jóvenes hondureños han mostrado civismo de primer orden frente a la indiferencia de la sociedad en general, aunque sí haya que reconocer la jornada también cívica y sostenida del movimiento en contra del nefasto golpe de Estado del 28 de junio de 2009 ante el miedo de sectores conservadores por el anhelo popular de propiciar democracia participativa.

“Existe una guerra del poder hegemónico oligárquico articulado al capital mercantil, agroindustrial y financiero que utiliza el ejército, la policía, los sicarios, la seguridad privada y la guerra mediática para frenar, obstaculizar y eliminar a cualquier movimiento de protesta, resistencia que aboga por la educación y salud pública, las demandas de la tierra , el agua y el territorio”, dice Almendares.

En Honduras: “Defendamos la educación pública y hoy más que nunca la educación como un derecho humano, planetario y el verdadero camino hacia la transformación real de las condiciones injustas desiguales y violadoras del derecho a la vida , la dignidad y soberanía histórica de nuestros pueblos”, agrega el intelectual hondureño.

En consonancia, los estudiantes y otros sectores comprometidos de la sociedad chilena también mantienen una jornada sostenida en contra de la privatización de la educación pública y en pro de una mejor calidad educativa de cara al descalabro del sistema y la desilusión por el mandato presidencial del actual gobierno de derecha.

El intelectual chileno, Jaime Massardo, de la Universidad de Valparaíso, reflexionó en un comentario en línea que las protestas, algunas fuertemente reprimidas, expresan “su rechazo al proyecto de reforma educacional propuesto por el actual gobierno, mostrando a la sociedad chilena que éste no satisface las necesidades de educación científica, tecnológica, artística y humanista”.

Y algo, también paradigmático y esperanzador, que resulta aleccionador para nuestras sociedades latinoamericanas ha sido que “la nueva generación que protagoniza el movimiento no vivió el miedo a la dictadura, su disposición a la horizontalidad y su representa una nueva forma de práctica política” en medio de la herencia antidemocrática pospinochetista.

“Esta nueva generación mostró que la lucha política por cambiar el sistema es posible y necesaria, constituyendo un punto de articulación de un movimiento de dimensión nacional capaz de galvanizar las diferentes expresiones sociales y políticas que tengan por objetivo común una nueva sociedad”, concluye Massardo.

Las lecciones esperanzadoras de las protestas estudiantiles de Honduras y Chile tienen que llamarnos a la reflexión sobre lo que ocurre en El Salvador con las posibilidades de respuesta ciudadanas frente al también descalabro del sistema educativo y las tibias propuestas que emanan del gobierno y corporaciones que sueñan con su privatización.

Urge que estudiantes, docentes y sociedad en general, veamos hacia el futuro y nos comprometamos con la lucha por la humanización de la educación como derecho inalienable, lucha que ha sido abandonada desde hace tiempo atrás, situación lamentable porque esa educación representa una forma primordial para ejercer nuestra libertad.











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