Monday, September 13, 2010

Propuestas de recepción crítica desde el aparato educativo

Por Guillermo Mejía

Un ciudadano consciente, crítico y propositivo es el deber ser de la sociedad. La educación formal queda trunca si el sistema no valora la adecuada lectura de la realidad de segunda mano que transmiten los medios de comunicación social, de ahí la importancia que desde la escuela básica haya interés por una cultura de recepción crítica.

En ese marco, la catedrática mexicana María del Carmen Cortés, especialista en el binomio educación y comunicación, ha desarrollado una serie de propuestas de “Educación en los medios” a partir de su experiencia investigativa en la Universidad Pedagógica Nacional, donde publicó su libro “La escuela y los medios de comunicación masiva”.

Como primer elemento de una educación en los medios de comunicación, según la autora, se requiere de una formación que permita a los futuros docentes cuestionarse primero a sí mismos como espectadores, procurar la reflexión sobre los productos de los medios en relación con la cultura formal y con la educación de la nación.

Cortes propone los siguientes campos sobre la comunicación masiva que deben estar en el plan de formación del maestro:

Primero, el estudio de la relación entre alta cultura o cultura cultivada y la cultura de masas. Esclarecer qué relación guardan estos dos procesos sociales, que en algunos aspectos se complementan y en otros se contraponen. Ver que los orígenes de la cultura de masas no deben buscarse en la “intelligenzia” productora de la cultura cultivada, sino en los hombres de feria, en los cómicos de barraca, en los divulgadores de novelas de folletín. Abordar el estudio de la comunicación masiva considerada como totalidad que abarca emisor, lenguajes, contenidos y receptores y tomando en cuenta el proceso en sus relaciones con la sociedad global. Ya que se trata de una sociedad capitalista de Tercer Mundo habrá que estar más atentos a una comunicación social entendida como industria dependiente de monopolios internacionales. Dentro de este campo temático sería necesario analizar las posibilidades educativas de los medios en cuanto a participación social y formación del gusto y ubicar el fenómeno dentro del proceso histórico social.

Un segundo campo de estudio en la formación del maestro se referiría a los textos que abordan la problemática de los procesos de comunicación masiva en las sociedades latinoamericanas y en particular en México, a los autores que tratan en su obra el proceso de dominación cultural y la introyección de ideologías en sociedades desiguales, a los que reflexionan sobre los fundamentos de una verdadera comunicación social o buscan alternativas para mejorar la comunicación dentro de las sociedades antidemocráticas. También sería necesario integrar el currículo de la Normal el estudio de aquellos textos que consideran la metodología de análisis o de resultados de investigación en que se hayan realizado análisis de mensajes, para mostrar a los futuros educadores cómo los medios contribuyen a formar en los espectadores ciertas imágenes del mundo, cómo proponen conjuntos de actitudes y creencias respecto del destino humano, cómo promueven ciertos hábitos de consumo negativos, a través de ciertas series, y cómo presentan contenidos que, en muchos casos, validan estructuras de poder (entre sexos, clases sociales); de qué manera cumplen (en el caso de los mensajes informativos por televisión) con su función de formar la opinión pública, a través de cierta selección, jerquización y contextualización de la información.

Otro ámbito de la comunicación masiva, en que conviene adentrar al maestro de educación básica, es el que se refiere a los efectos y a los límites de la influencia de los medios, partiendo de la consideración que la recepción no es un proceso que pueda traducirse en un esquema simplista, de relación estímulo-respuesta, sino un proceso en el que es necesario ver al espectador como ser activo y complejo en el que confluyen factores de diversa índole. Este tercer campo teórico-práctico debe concebirse como un taller en el que los maestros en formación empiecen por conocer ellos mismos como lectores o espectadores y plantearse cómo podrían facilitar y encauzar a sus alumnos en el análisis y la crítica de los mensajes a que éstos dedican una buena parte de su tiempo libre.

El cuarto campo del plan de estudios podría abocarse a proporcional al maestro conocimientos introductorios sobre los nuevos lenguajes y técnicas de la imagen, así como de las formas dramáticas presentes en las obras televisivas y cinematográficas de ficción. El maestro como animador de cine-debate o video-debate requeriría de elementos de historia y estética del cine (que relacionará con la formación artística que se proporciona tradicionalmente en las normales); sobre los géneros cinematográficos y televisivos y las distintas técnicas narrativas o retóricas utilizadas tanto por los realizadores artistas como por publicistas o productores de la televisión comercial.

Cortés asume que la garantía del éxito de una pedagogía de los medios requiere de esfuerzos integrales como los desarrollados en países como Francia, Italia, Dinamarca, Estados Unidos o Alemania donde sistemáticamente se analiza los productos mediáticos. Los educadores tienen que dar el salto cualitativo para integrar al currículo el estudio de medios de comunicación.

En cuanto a la formación de los alumnos, la especialista cree necesario “que se incluyan dentro del plan oficial campos de estudio sobre educación en los medios, equivalentes a los que se propusieron para la formación de maestros pues, de otra manera, el profesor siente que tiene que salir adelante con una carga extra de responsabilidades que lo sobrecargan”.

Sintetiza de la siguiente manera los esfuerzos con los alumnos:

“En los primeros grados las actividades que tratan directa o indirectamente sobre comunicación masiva están encaminadas a desarrollar el espíritu de observación o la capacidad de expresión del niño. En tercero y cuarto grados se trata de que el niño se ejercite en la fundamentación de opiniones; se le pide proponer alternativas para la participación de los medios en beneficio de la Salud (alimentación e higiene) y alternativas para sugerir temas de investigación”.

“En el programa de quinto grado sólo se incluye un objetivo: modificar la distorsión que los medios hacen de la figura masculina o femenina. Por último, en el sexto grado, que incluye más unidades referidas a la comunicación masiva (cuatro), menciona objetivos de recepción crítica pero sin proporcionar bases para la crítica”, contempla la autora.

Además, existen actividades complementarias que incluyen, entre otras, la identificación de los medios en su comunidad y en su entidad para luego reflexionar sobre su importancia y sus beneficios. Asimismo, actividades relacionadas con los medios para cubrir objetivos e educación para la salud, como proponer mensajes contra los anuncios que fomentan el consumo de tabaco y alcohol.

“Dentro de la concepción de educación en los medios, además de un conjunto de actividades con le periódico o revistas para desarrollar habilidades cognoscitivas (que puede iniciarse con ejercicios sencillos de comprensión de lectura y culminar con análisis lógico y retórico) si se requiere dar impulso a la educación artística es necesario dar a conocer las obras abiertas, ricas en significados que provienen de los medios –sobre todo el cine- y sensibilizar a los niños para que aprecien obras de calidad (…)”, propone Cortés.

Finalmente, la catedrática mexicana dice: “Es preciso que la escuela no dé la espalda a los medios: que no los satanice ni los ignore. En su espacio puede tener lugar una serie de prácticas, como algunas de las que se han anunciado que, por una parte, despierten la conciencia crítica de los alumnos ante los mensajes cerrados, autoritarios y anodinos y, por otra, promuevan en ellos el desarrollo del gusto estético”.

Con ello se aseguraría ese gusto estético que “los haga capaces de apreciar y disfrutar programas y películas cuyo encuentro constituya una verdadera experiencia cultural”.

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