viernes, marzo 21, 2025

Los periodistas en la encrucijada

 Por Guillermo Mejía

La instauración de un modelo político autoritario en la sociedad, que implica censura y persecución de periodistas, el desplazamiento del interés de los consumidores para acceder a la información por medio de “influencers” y la presencia cada vez más fuerte de mecanismo de Inteligencia Artificial (IA) en el terreno profesional son retos para el periodismo en la actualidad.

Con el empoderamiento de figuras autoritarias que han seducido a amplios sectores de la sociedad se han cerrado las puertas al diálogo, el consenso y el acuerdo por medio de posturas racionales, a la vez que está proscrito el disenso, así como la transparencia y la rendición de cuentas por parte del poder.

La clave ha sido la explotación de las posturas irracionales, que se nutren del sentimentalismo y del carácter histriónico de líderes políticos populistas, que cuentan a su favor con las posibilidades que otorgan las redes sociales y el servicio de troles, a los que se suman cantidad de “influencers” políticos pre-pago que persuaden a los consumidores.

El escritor, periodista y decano de la Escuela de Periodismo de la Universidad de Columbia, Jelani Cobb, advirtió hace poco que frente al escenario tan deprimente en la sociedad por tales circunstancias -que significa amenazas a la democracia- cobra fuerza la pregunta simple y a la vez profunda que subyace a los conflictos de la era del covid: ¿en quién confías?

“Maquiavelo postuló que quienes quisieran ejercer el poder debían utilizar cierta proporción de fuerza y fraude. La democracia, sin embargo, exige de nosotros una tercera F: la fe, la confianza fundamental en la racionalidad de nuestros conciudadanos, la creencia de que las instituciones de las que depende la sociedad son capaces de y están dispuestas a ejecutar las tareas que se les encomiendan”, dijo Cobb al presentar la Reuters Memorial Lecture 2025.

“Esta no es una fe ingenua y crédula. Por eso las democracias necesitan mecanismos para contrarrestar y controlar el poder de sus estructuras oficiales. Aun así, el sistema de autogobierno requiere una porción de confianza en que este esquema clamoroso e idealista es capaz de funcionar”, agregó.

Según Cobb, el manual es la demonización demagógica de los grupos étnicos y religiosos, y los ataques característicos a instituciones de rendición de cuentas como el periodismo. Trajo a la memoria, por ejemplo, la conversación de la periodista estadounidense Lesley Stahl con el presidente Donald Trump, en 2016, donde éste le dijo que sus ataques a la prensa estaban diseñados para lograr un objetivo específico: “Lo hago, contó más tarde Stahl, “para que cuando escribas historias negativas sobre mí la gente no te crea”.

“Cabe señalar que el periodismo tiene una desventaja inherente al desafiar la demagogia. El sello distintivo del periodismo de calidad es su capacidad para representar las complejidades del mundo en sus matices y detalles adecuados. Los demagogos no necesitan tales sutilezas. Pintan con pinceladas amplias y colores primarios. Antes que nada, los periodistas somos leales a la verdad. Los demagogos no”, afirmó Cobb.

Y continuó: “Cualquier periodista presente sabe que los políticos mienten. Sin embargo, lo que distingue la evasión política de siempre de las invenciones de un demagogo es la facilidad y el volumen con el que se difunden estas falsedades. En cualquier caso, la interpretación del mundo que hacen los demagogos es legible y comprensible. Todos los problemas tienen soluciones claras y todas las dificultades de la vida son fácilmente atribuibles a culpables específicos”.

El problema de los periodistas no es solo que el público no confíe en ellos, sino que sí confía en otros intermediarios que mienten. Por lo tanto, hay una crisis de credibilidad, además de una crisis de credulidad, según Cobb. Por ejemplo, los periodistas fueron reacios al principio a calificar como mentiras las falsedades de Trump, así como evidenciar un comportamiento racista a su disposición a los estereotipos raciales.

También hay que destacar el problema de la capitulación de algunos medios de comunicación frente a Donald Trump, tanto en las elecciones pasadas como en el segundo ejercicio presidencial, comportamiento que plantea serias dudas sobre la voluntad de algunos medios de informar sin temor sobre la administración y agravan la crisis de confianza. Establecer pactos de conveniencia entre medios y el poder es totalmente bochornoso, aunque común en la sociedad.

Nuevas realidades: la IA y los "influencers"

Cobb reconoció la robustez de la agencia Associated Press (AP) de no acatar la exigencia de Trump de referirse al Golfo de México como el Golfo de América, en coherencia con el manual de estilo de la agencia, lo cual ha significado la prohibición a sus periodistas en ruedas de prensa de la Casa Blanca y su exclusión de los viajes presidenciales. Como respuesta, la AP ha presentado una demanda basada en la Primera Enmienda.

A fin de lograr la confianza del público en los periodistas, Cobb dijo que “El periodismo debería emular a las ciencias sociales, donde cada fuente está documentada, y a las ciencias duras, donde cada hallazgo debe ser replicable. En esos ámbitos, mostrar cómo se llegó a las conclusiones ha sido durante mucho tiempo un requisito profesional”.

“Cada pieza periodística importante debe ir acompañada de un hipervínculo con un título que diga cómo se reportó esta historia, donde un lector o espectador pueda encontrar los documentos, entrevistas e investigaciones que se relacionan con la historia que acaban de leer. Si así lo desea, el lector debería seguir estos pasos y sacar las mismas conclusiones. Esto no sólo minimiza el argumento de que las noticias, como dicen los cínicos, son simplemente inventadas, sino que arroja un desafío ante otro tipo de medios con los que ahora debemos competir por la influencia pública”, añadió.

En esa misma dirección se ubica como una preocupación válida la proliferación de “influencers” y comunicadores digitales que operan sin contemplar los estándares profesionales del periodismo y que, por un lado, cuestionan el quehacer del periodismo de calidad y, por el otro lado, están impactando sobre los consumidores de la información.

Como se estableció en el foro sobre La transformación del periodismo digital con El País, desarrollado recientemente por la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR), de España, en el presente se observa un creciente escepticismo hacia los medios periodísticos tradicionales, con lo que se manifiesta una crisis de relevancia y credibilidad.   

“La revolución digital ha dado un altavoz a muchos, también facilita la aparición y extensión de fake news, también ha complicado la distinción entre información veraz y falsa, pero también ha permitido a los periodistas acceder a una cantidad de información sin precedentes”, afirmó el periodista y catedrático Javier Moreno, en el foro de la UNIR.

En similar posición se destacó el papel de los mecanismos de la Inteligencia Artificial (IA) en relación con la práctica periodística, por cuanto representan una valiosa herramienta de apoyo para el trabajo de los profesionales del campo, si se utilizan de manera correcta, pero que no pueden suplantar al ser humano, ya que son susceptibles al error y a la desinformación.

Para remarcar lo anterior, el catedrático Víctor Gutiérrez Sanz afirmó en el encuentro que “la Inteligencia Artificial puede ayudarnos a personalizar la experiencia del usuario, pero siempre debe estar al servicio del periodismo, no al revés”, ya que la tecnología debe complementar el trabajo de los periodistas, pero nunca reemplazarlos.

Resulta lamentable que esas preocupaciones y discusiones no bajen a los ciudadanos que son los titulares del poder y cuentan de manera inherente con el derecho a la comunicación y a la información, y que –al contrario- sean víctimas, junto a los periodistas de calidad como servidores públicos, de los embates del autoritarismo reinante y proclives a la desinformación.

viernes, febrero 21, 2025

La ofensiva reaccionaria de Donald Trump

 Por Guillermo Mejía

El regreso de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos ha desatado una ofensiva reaccionaria a escala global, en la que convergen ideas libertarias y autoritarias de signo conservador y la implementación a gran escala del uso de las nuevas tecnologías, para moldear al ser humano y asegurar el éxito.

El nuevo proyecto, que no es tan nuevo, pues sustenta viejas ideas del “sueño americano” y pretende volverse un espejo, significa en la práctica una afrenta a la propuesta de una sociedad democrática y pluralista, donde tengan cabida la diversidad, la integración y los derechos humanos, entre otros aspectos.

Para el autor y profesor universitario Somdeep Sen, la vuelta de Trump “confirma que el culto a la personalidad tiene un inmenso atractivo en las democracias electorales. Trump se presentó a sí mismo como el ‘outsider’ franco y duro, con poca paciencia para las vacilaciones de los políticos de carrera. Más bien, se presenta como un líder decidido, dispuesto a transgredir todas las normas políticas y los controles y equilibrios democráticos por la causa nacional”.

Sin duda, es el modelo inspirador para muchos políticos y gobernantes, entre ellos el presidente salvadoreño Nayib Bukele.

“Bukele también llegó al poder en El Salvador como un ‘outsider’ político, con aires de estrella de rock, prometiendo un enfoque sensato de la violencia de las pandillas en el país. Sus políticas de mano dura llevaron a que el 1% de la población total esté recluida en megacárceles que parecen fortalezas. Esto incluye a tres mil niños”, afirmó Sen.

Otro de los inspirados por Trump es el presidente de Argentina, Javier Milei. “El fogoso economista y autodenominado presidente anarcocapitalista de Argentina llegó al poder promocionando sus políticas de ‘motosierra’ que recortarían un Estado supuestamente sobredimensionado y rescataría al país de una grave crisis financiera”, recordó.

De acuerdo con el profesor de la Universidad Roskilde, de Dinamarca, es significativo, a la vez, que tanto Bukele como Milei se hayan reunido con Elon Musk, empresario experto en nuevas tecnologías que trabaja con Trump, y es uno de los principales precursores de la instrumentalización de estos recursos tecnológicos a escala mundial para consolidar el proyecto reaccionario.

“Por supuesto, todas estas medidas antiliberales no se producen en el vacío de los contextos nacionales individuales. Los Trump, Modi, Orbán, Meloni y Bukele del mundo son muy conscientes de la existencia de los demás y están en proceso de forjar una alianza global”, consideró Somdeep Sen. Hay que estar pendientes del desenlace.

Por su parte, el escritor y periodista uruguayo Aram Aharonian comentó que “La llamada guerra cultural ultraderechista sirve a una recomposición de las estructuras de poder estatal, oligarquías económicas y estructuras sociales, con reafirmación de mayores dominaciones de países y grupos sociales”.

Según él, los ejes ideológicos se basan en el supremacismo blanco, el racismo y la precarización y control inmigrante, frente al respeto de la diversidad étnica, la integración social y la convivencia intercultural y, sobre todo, contra los avances igualitarios feministas y derechos LGTBIQ+ por un refuerzo machista y patriarcal; o, incluso, contra los derechos sociales y políticas redistributivas.

“Permanece el ultraliberalismo económico como doctrina y dinámica que ampara un paso más en la desregulación económica, la desprotección pública y el predominio oligárquico privado frente al bien común. Y, concomitantemente, se debilita el liberalismo político y la propia institucionalidad democrática como contrapoder soberano de la población para definir el contrato social o constitucional”, advirtió Aram Aharorian.

El golpe trumpiano a USAID

El cataclismo al interior del stablishment político estadounidense, y por ende a nivel planetario, ha llegado al grado que ha sido muy sensible el desmantelamiento de la agencia de fondos de cooperación al exterior, conocida como USAID, uno de los instrumentos de acción política y propagandística norteamericana, actualmente en revisión por la Administración Trump.

El periodista y escritor mexicano Alfredo Jalife-Rahme afirmó -en entrevista con el experto en geopolítica, el español Pedro Baños- que “estamos viendo el desmantelamiento de un proyecto de servicios de inteligencia a todos los niveles”, además de la asistencia a las redes de organismos no gubernamentales, medios de comunicación y políticos que han trabajado en consonancia con el proyecto hegemónico norteamericano tradicional.

Desde su propio entorno, el intelectual mexicano afirmó tener la lista de muchos que han recibido dinero de gobiernos norteamericanos para la acción propagandística, entre ellos periodistas: “Me da vergüenza publicar, porque eso demuestra la miseria de una profesión llamada periodismo, que necesita rehacerse, volver a hacer su crítica”, sentenció.

Según el autor, el golpe a USAID significa “el desmantelamiento de todas las Fake News de Estados Unidos (…) la política de la desinformación que formaba parte de su esquema de dominio mundial y uno de sus brazos operativos” y para el caso citó la corrupción en sectores de la oposición al gobierno venezolano donde millones otorgados por la agencia parece que fueron desviados del objetivo de derrocar al presidente Nicolás Maduro.

Pareciera que, con esa acción política, Trump se está lanzando piedras a su propio techo, pero hay que recordar que cada paso dado obedece a su proyecto.

“(…) Se está cayendo el mundo de George Soros, el mundo de Black Rock, el mundo de los banqueros Rothschild, el mundo de Bloomberg, eso es lo que se está cayendo. Todo un proyecto, el de Obama, el proyecto Woke (…)”, agregó. Se suma la confrontación con el periodismo profesional por parte de Trump que metió a influencers a la Casa Blanca para adaptar la cobertura mediática.

Sin embargo, Jalife-Rahme espera que “no vayamos a caer en el otro extremo de una verdad única a otra con una facilidad excepcional. Por eso hay que promover la pluralidad en los medios si no, pues, no tiene ningún sentido”. Surgen las interrogantes: ¿Qué se puede esperar de Trump y sus satélites en la ofensiva reaccionaria?, además ¿dónde está el proyecto alternativo a sus planes?

viernes, enero 24, 2025

La restricción del uso de teléfonos inteligentes en una sociedad de pantallas

 Por Guillermo Mejía

Cada vez cobra mayor fuerza la preocupación por el uso inadecuado de los teléfonos inteligentes en manos de niños y jóvenes, dado que esa exposición desmedida resulta perjudicial para su desarrollo personal y formación académica, al grado que en muchos países las autoridades se han visto obligadas a restringir los aparatos en centros educativos.

 

En esa línea, el presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva recién promulgó una nueva ley que restringe los smartphones en las escuelas, medida que afectará a estudiantes de primaria y secundaria a partir del mes de febrero. Los estudiantes solamente podrán usar los aparatos en casos de emergencia y peligro, con fines educativos o padecer alguna discapacidad.

 

El ministro de Educación, Camilo Santana, dijo a los periodistas que “Queremos que esos dispositivos, como en muchos otros países, solo sean utilizados en clase con fines pedagógicos y bajo la supervisión de un maestro”, situación que será también de provecho en el entorno familiar, donde los niños empiezan a entrar a la red de internet a edad temprana y sin control.

 

La medida ha tenido excelente acogida en la sociedad brasileña con lo que Brasil se une a los países que restringen el uso de teléfonos inteligentes en el mundo. Según la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), uno de cada cuatro países ha reglamentado su uso a nivel planetario.

 

Un estudio publicado por el Instituto Noruego de Salud Pública da cuenta que, en Noruega, el hecho que se haya eliminado los smartphones en las aulas produjo beneficios como reducción del número de consultas por síntomas y enfermedades sicológicas en atención especializada entre las estudiantes. También, disminuyó el acoso tanto de niñas como de niños, mientras mejoraron calificaciones y disminuyó el ausentismo escolar.

 

Se entiende que se procura el buen uso de los teléfonos inteligentes no su eliminación de tajo, ya que la presencia de las nuevas tecnologías en la sociedad es un hecho como parte de la revolución digital, aunque es necesario tener la capacitación adecuada, sin dejar de lado la dimensión moral. El problema es sumamente complejo por las características de la sociedad actual y para muestra traigo a cuenta la presencia de las pantallas en nuestro diario vivir.

 

La “pantallización” del ser humano

 

En otra ocasión, me referí a la presencia de las pantallas –de todo tipo- en la vida cotidiana, hecho que ha convertido al ser humano en “homo screen” u “homo pantalicus” por su estrecha relación y dependencia que le ha imprimido, situación que la podemos observar en nuestras experiencias mediáticas y de nuestras relaciones y comunicaciones con los demás, al grado que es imposible imaginar un mundo sin pantallas.

Para fundamentar lo anterior tomé los aportes del investigador y autor español Israel Márquez en el ensayo “‘Homo Screen´’: El humano pantallizado”, aparecido en la revista especializada en sociedad y nuevas tecnologías Telos, que hace énfasis en que nuestra era está dominada por pantallas, pantallas de diversos tipos y tamaños, pantallas públicas y privadas, pantallas verticales y horizontales, etcétera.

“Las pantallas se ha convertido en el dispositivo técnico que todos compartimos, y mediante el cual nos relacionamos, comunicamos y trabajamos. Las pantallas son hoy nuestro marco común, la puerta que abrimos diariamente para experimentar nuestra cotidianidad y acceder a distintos tiempos y lugares, pasados, presentes y futuros”, afirma el autor.

De esa forma, encontramos –junto a las pantallas de cine y la televisión- los modelos sobre los que hemos construido el concepto e imaginario de pantalla: pantallas de PC, pantallas de ordenadores portátiles, pantallas de videoconsolas portátiles, pantallas de teléfonos móviles, pantallas de reproductores de música portátiles, pantallas de tabletas, en fin.

“Esta multiplicación de pantallas ha cambiado profundamente el significado y alcance de esta palabra, pues una pantalla es hoy tanto la tradicional pantalla cinematográfica que miro cuando voy al cine, como la pantalla del tren en el que viajo, la pantalla de ordenador con el que trabajo, o la pantalla del teléfono móvil con la que escribo y me comunico con mis amigos”, explica Márquez.

En ese sentido, además de que la pantalla admite una pluralidad de significados, también admite una pluralidad de usos sin precedentes en su historia: Con la pantalla se puede ver una película o un programa de televisión, también jugar a un videojuego, escuchar música, hacer fotografías, grabar vídeos, escribir mensajes, realizar llamadas, difundir noticias, entre otras posibilidades.

“La pantalla del teléfono inteligente es hoy una auténtica pantalla-convergente en cuyo espacio tenemos a nuestra disposición todos los avances comunicativos de la historia del ser humano, dispuestos para ser activados y utilizados en cualquier momento”, afirma el investigador español.

Como la pantalla es ahora parte de nuestra identidad y de nuestro ser social, según Márquez, es oportuno señalar que se “está dando lugar a la emergencia de un nuevo tipo antropológico, una especie de ‘homo screen’ –si se nos permite la expresión- que tiene en el dispositivo pantalla un elemento fundamental de su ser y estar en el mundo”.

Así, si a lo largo de los siglos hemos conocido expresiones como ‘homo ludens’, ‘homo sacer’ u ‘homo faber’ –y otras más recientes como ‘homo videns’ u ‘homo sampler’-, “¿por qué no hablar, en este siglo XXI marcado por una explosión sin precedentes de pantallas, de un nuevo ‘homo screen’ u ‘homo pantalicus caracterizado por su estrecha relación y dependencia de la pantalla como parte integral de su vida cotidiana?”, se pregunta.

Recuerda que la “condición pantallológica” del ser humano ha sido anticipada por diversos autores a lo largo del siglo XX, pero no ha sido hasta la generalización durante el nuevo milenio de las pantallas de ordenadores portátiles, tabletas y, sobre todo, de teléfonos inteligentes que la emergencia de este ‘homo screen’ se ha hecho plenamente visible en nuestras sociedades.

En conclusión, a decir del autor, “de tanto ver y manipular pantallas el ser humano he terminado ‘pantallizándose’, fundiendo sus manos, sus ojos y su cerebro (…) en esas pantallas móviles y estáticas, públicas y privadas, verticales y horizontales, por las que se mueve, incansable, durante su rutina diaria y su tránsito por este (y otros) mundos”.

viernes, enero 10, 2025

La política gaseosa y el ejercicio del poder

 Por Guillermo Mejía

La utilización del entorno digital en el ejercicio del poder se ha consolidado de la mano de personajes políticos que privilegian la actuación frente a lo que se supone debe ser la discusión libre y abierta de los temas de interés público en la sociedad, a lo que se suma la falta de rendición de cuentas y acceso a la información.

“Si es cierto que los medios imponen su lógica a las instituciones políticas, religiosas o deportivas, bien vale la pena reflexionar sobre la mediatización del poder. ¿Cómo hacen política Donald Trump, Javier Milei, Volodímir Zelenski o Alvise Pérez?”, escribió el comunicólogo argentino Carlos A. Scolari.

“Si bien algunos de ellos provienen del broadcasting –Trump venía de presentar un reality show, Milei era un desaforado columnista económico y Zelenski se fogueó como comediante televisivo y cinematográfico-, en mayor o menor medida aprendieron a moverse con habilidad en el nuevo entorno gaseoso”, agregó.

Según Scolari, la mediatización del poder se expresa de forma gaseosa, en pequeñas moléculas textuales –pueden ser tuits, microvideos o memes (“viva-la-libertad-carajo)- que circulan de manera enloquecida por la mediasfera. El ciclo de estas minicápsulas es efímero, pero si están bien concebidas pueden marcar el debate público durante un par de jornadas o incluso más allá.

El comunicólogo hizo una comparación entre las formas de conducir la acción política a través de lo mediático por parte del ex presidente mexicano Andrés Manuel López Obrador, durante su período, y el actual presidente argentino Javier Milei. El primero con un formato viejo y el segundo con un formato novedoso, de nuevo tipo.

“Las Mañaneras de AMLO se ubican con comodidad en la tradición latinoamericana de Enlace Ciudadano, el programa sabatino de Rafael Correa, Aló Presidente de Hugo Chávez o las cadenas de Cristina Fernández de Kirchner, todos ellos ejemplos del viejo pero duro de matar broadcasting político en el pleno siglo XXI”, escribió Scolari.

“Lo que AMLO logra en tres horas diarias de broadcasting televisivo –imponer una agenda temática que el resto de políticos y periodistas están obligados a apoyar, rebatir, aclarar o criticar-, Javier Milei lo consigue con un tuit a las tres de la mañana o un microvideo en Tik Tok”, agregó el profesor argentino.

En ese marco, Scolari cree muy probable que Javier Milei y Donald Trump “pasen a la historia como la primera generación de políticos del siglo XXI por su total compenetración con las formas de comunicar de este nuevo tiempo. Lo de Trump es encomiable: nació siete años antes de AMLO y un cuarto de siglo antes de Javier Milei, pero fue pionero en comprender el uso de las redes sociales desde una concepción populista y por encima de las estructuras tradicionales de mediación política”.

Sin embargo, advirtió el profesor argentino que, al igual que los videos en Tik Tok, las stories de Instagram o los insufribles tuits de Javier Milei, ¿es posible que los liderazgos políticos del siglo XXI tengan un ciclo vital muy reducido? ¿Hasta dónde la volatilidad de la sociedad gaseosa los condena a una existencia efímera? Su hipótesis al respecto: Quizás estemos entrando en la era de los liderazgos snack, actores políticos con un crecimiento mediático exponencial pero cuya curva cae en picado víctima del hastío.

De igual manera, Scolari advirtió que “La brevedad y aparente simplicidad de la política gaseosa podría hacernos pensar que estamos ante un fenómeno de fácil comprensión. Nada más alejado de la realidad. Al multiplicarse exponencialmente la cantidad de actores, contenidos y plataformas, el ecosistema se vuelve más complejo. Atribuir los triunfos de Milei o Trump solo a su habilidad en el uso de las redes sociales es un ejercicio de pereza intelectual”.

“Estos liderazgos emergen de realidades sociales concretas y responden a desplazamientos subterráneos que ni las mejores encuestas llegan a detectar. Los medios, como no podía ser de otra manera, son parte esencial de ese entramado, pero de ahí a considerarlos la única causa hay una distancia que ni la afilada motosierra de Milei puede recortar. A la hora de explicar estos procesos, no podemos dejar fuera a los medios, pero solo con los medios no alcanza”, afirmó.

Aunque en sus escritos Scolari no se refirió directamente al caso del presidente salvadoreño Nayib Bukele, que se inscribe en este club de gobernantes populistas y que privilegia el uso del entorno digital en su acción política, es oportuno traer a cuenta el perfil de Bukele que construyó en años recientes el comunicólogo mexicano Rubén Aguilar Valenzuela:

 

v  Bukele utiliza de manera intensa y muy eficaz el Twitter y las otras redes sociales. A través de ellos “gobierna”, corre ministros, da órdenes o muestra imágenes que lo presentan como un hombre duro.

v  Su discurso incluye el concepto de pueblo, la descalificación a los poderes del Estado que no controla o lo contradicen, la crítica a los medios independientes locales e internacionales y a Dios.

v  Cuando lo considera necesario, como otros populistas, utiliza las instituciones del Estado, para investigar y golpear a sus adversarios. Y también la mentira en forma recurrente.

v  Su manera de comunicarse y decir las cosas, en una sociedad tan conservadora y tradicional como la salvadoreña, entusiasma a los jóvenes. En ese sector de la población tiene una gran aceptación.

v  Construye frases publicitarias de gran impacto como “que devuelvan lo robado”, para referirse a los anteriores gobiernos a los que califica de corruptos y no sin razón.

v  Hay un trabajo muy planeado, dirigido por él mismo, para construir su imagen y promover el culto a la personalidad, presentarse como único y el presidente más cool del mundo. La manera en que se viste busca subrayar esa condición.

v  Hace un uso intensivo de las encuestas. Con uno de los encuestadores de más confianza tiene conversaciones a primeras horas de la madrugada, para diseñar los mensajes comunicativos del día.

v  Quienes han estudiado al personaje plantean que en lo político su primer círculo, el de más confianza, está integrado solo por dos de sus hermanos.

v  El presidente con frecuencia subraya que su única ideología es el hacer y que sea con eficacia. Eso en un país donde los últimos 40 años ha habido una confrontación permanente y abierta entre la izquierda y la derecha.

v  Hay diversas versiones para explicar la reducción dramática de la violencia en El Salvador, pero es un hecho que ha tenido lugar durante el gobierno de Bukele. Él se presenta como un gobernante implacable frente al crimen.

v  El tipo de gobierno, el discurso y el comportamiento de Bukele, que con frecuencia aparece como un artista y un personaje frívolo, ha calado en la población salvadoreña.

 

Concluyó el maestro Aguilar Valenzuela que “Su éxito se basa que ha sabido despertar esperanzas e ilusiones en una sociedad golpeada por la guerra, la violencia y la pobreza. Como otros muchos populistas se plantea como el mesías capaz de cambiarlo todo”.  El populismo recargado cobra fuerza en sociedades presentistas, emocionales y que desprecian la memoria histórica.

viernes, noviembre 29, 2024

La reivindicación del periodismo frente a los “influencers políticos”

 Por Guillermo Mejía

El consumo de la información periodística por parte de los ciudadanos se ha ido desplazando hacia la producción de contenidos desinformativos que transitan, en especial, en la red de internet bajo la autoría de los llamados “influencers políticos” que no respetan los aspectos ético-morales de la comunicación y responden a intereses políticos determinados.

Cabe aclarar que en ningún momento se desconoce al ciudadano su derecho a la comunicación y a la información, ya que estos no pueden ser patrimonio exclusivo de periodistas o comunicadores, sino el señalamiento advierte sobre la tergiversación que se deriva del manejo desinformativo por parte de sujetos con claros intereses particulares.

De esa forma, encontramos personajes con pasado político caracterizado por el oportunismo y que han medrado de gobiernos anteriores, incluso lo hacen con el presente. Algunos han aparecido como asalariados en entidades estatales, situación que hasta ha causado malestar en quienes apoyan al régimen de turno.

La sinvergüenzada es tal que el propio presidente de la Asamblea Legislativa Ernesto Castro alabó en un principio a los “creadores de contenido” y dijo que las puertas de la instancia estaban abiertas, mientras despotricó contra los periodistas. La crítica a los diputados por parte de algunos “creadores” bukelistas por el despilfarro del grueso de diputados enturbió las cosas.   

Es común leer, ver o escuchar a estos “influencers políticos” en espacios digitales y el que algunos también incursionan en medios de comunicación tradicionales, en especial radios y televisoras, empresas que en busca del raiting para atraer audiencias y publicidad prestan sus espacios, para la difusión de desinformación y atropellos a la dignidad de la persona.

Más que un ejercicio de la libertad de expresión y de opinión se trata, pues, del abuso de ese derecho a sabiendas que se siguen agendas políticas particulares donde se confunde la propaganda con la información y la comunicación, fenómeno que se ve acompañado por el “trollismo político” en redes sociales.

La profesora Marta Montagut Calvo, de la Universitat Rovira i Virgili, de España, afirma que en la sociedad contemporánea esa desinformación, como uso de fuentes de dudosa credibilidad, información errónea, deslegitimación de fuentes expertas, entre otros, cabe dentro de lo que algunos autores llaman “la consolidación de una ‘comunicación iliberal’”.

En otras palabras, de acuerdo con la fuente que cita la autora en la web The Conversation, ese tipo de “comunicación iliberal” es una comunicación disruptiva que se junta a la erosión de instituciones como la prensa, las elecciones, la justicia y los derechos ciudadanos. Desdice de la tolerancia, el civismo, capacidad de respuesta y resolución razonada de las diferencias.

Según la profesora española, “Esta comunicación disruptiva tiene tres objetivos: confundir a los ciudadanos, generar solidaridad de grupo en términos de identidad cultural y política y, finalmente, romper el funcionamiento de la esfera pública. Dicho de otro modo, hacer que la ‘verdad’ deje de ser central en la vida pública y sea sustituida por un discurso identitario y tremendamente reaccionario”.

Montagut Calvo ejemplifica ese tipo de discurso en el tratamiento de “influencers políticos” del trágico episodio de la dana en las poblaciones de Valencia, España, donde “Estas figuras usurpan las formas del periodismo y proclaman la defensa de sus funciones normativas, atacando a los medios informativos convencionales desde una perspectiva claramente populista”.

Señala que estos perfiles de pseudoinformadores han infringido sistemáticamente el código deontológico del periodismo, sobre todo en materia de veracidad de sus informaciones y de humanidad, ya que en muchos casos atacaban a colectivos vulnerables o incurrían en delitos contra la privacidad y el honor. Lo confirma un estudio de la Universidad de Valladolid citado.

De todos es conocido el trágico resultado del fenómeno climático en Valencia, España, así como los bulos que se instalaron en el espacio público por parte de este tipo de personajes que de la mano de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación han adquirido –y van adquiriendo- una influencia considerable frente a los medios de comunicación tradicionales.

El periodismo en el atolladero

Una de los problemas que afrontan el periodismo en la actualidad se deriva de las estrategias cambiantes de las grandes compañías tecnológicas, entre ellas las redes sociales, los motores de búsqueda y las plataformas de video, según el Digital News Report 2024, que publica cada año Reuters Intitute y la University of Oxford.

“Algunas ahora explícitamente quitan prioridad a los contenidos periodísticos y políticos, mientras que otras han virado el foco de los medios hacia los ‘creadores’, y alientan formatos más divertidos y atractivos (incluyendo el video) para mantener más la atención dentro de sus plataformas”, dice el informe.

Advierten que, si bien estas empresas privadas no tienen ninguna obligación con respecto a las noticias, pero dado que mucha gente obtiene gran parte de su información mediante estas plataformas que compiten entre sí, tales cambios tienen consecuencias no sólo para el sector periodístico, sino también para nuestras sociedades. Hay que agregar la presencia de la Inteligencia Artificial y los chatbots que, sin duda, incrementarán la crisis.

En el caso salvadoreño, podemos ver el tránsito de la recepción mediática tradicional hacia las redes sociales en la encuesta de la Universidad Centroamericana “José Simeón Cañas”, referida al segundo año de la imposición del Régimen de Excepción, que arroja algunos datos acerca del consumo de medios en El Salvador.

En ese sentido, los salvadoreños dicen que se informan sobre el quehacer del gobierno del presidente Nayib Bukele a través de redes sociales (59.6%); televisión (29.5%); periódicos digitales (4.1%); radio (2.5%); periódicos impresos (1.9%); y otros (2.5%).

Hay cambios sustanciales con respecto al consumo de medios que reveló la encuesta de la UCA cuando se cumplió el primer año de la imposición del Régimen de Excepción, en 2023: redes sociales (46.8%); televisión (44.0%); periódicos digitales (3.9%); radio (2.9%); y periódicos impresos (1.8%).

Podemos inferir el espacio que han adquirido –y van adquiriendo- los “creadores de contenido”, en general, y para el caso que nos ocupa, los “influencers políticos”. Y, por supuesto, en esto último, la gravedad de la situación; por cuanto, la desinformación se ha ido enraizando en la sociedad salvadoreña, aunque no es un problema exclusivo, sino está a escala global.

Para contextualizar, el especialista estadounidense Justin Rosenstein afirma que los algoritmos y los incentivos de las redes sociales hacen que lo que se vuelve viral no sean los contenidos electorales legítimos: “Son las mentiras, el miedo, las teorías de la conspiración inventadas y las amenazas de violencia”.

“El resultado es el temor a que haya disturbios sociales en la jornada electoral y los días posteriores. Los intentos de Twitter y Facebook para etiquetar los mensajes más escandalosamente falsos y peligrosos van por detrás de las incansables campañas de desinformación que están deteriorando la fe en la democracia”, agrega.

Rosenstein advierte: “Sé que las redes sociales no tenían la intención de convertirse en vehículos de peligrosa propaganda política. Pero no han hecho los profundos cambios estructurales necesarios, y nosotros, el pueblo, estamos pagando el precio. A pesar de lo que esas empresas quieran hacernos creer, la solución no es contratar a más moderadores o descubrir mejor las informaciones falsas. Esas cosas no son más que tiritas. El sistema está roto. Para que las cosas cambien es necesario transforman las estructuras de gobierno corporativo de las compañías. La solución para salvar nuestra democracia es aplicarles los principios democráticos”.

También, urge alfabetizarse mediáticamente y, eso sí, reivindicar el buen y valiente periodismo.

viernes, noviembre 01, 2024

Las amenazas al periodismo en la sociedad contemporánea

Por Guillermo Mejía

La principal amenaza al periodismo profesional radica en que, ante la realidad tan compleja, somos incapaces como sociedad de ponernos de acuerdo en cómo determinar que algo constituye un hecho concreto y, por lo mismo, somos víctimas de interpretaciones donde impera la desinformación.

Esa advertencia, entre otras, la expuso recientemente en Argentina el periodista y editor retirado Martin Baron, que posee una amplia experiencia en medios como Washington Post, Miami Herald, Boston Globe y New York Times, y es autor del libro Collision of Power. Trump, Bezos and The Washington Post (2023).

“La principal amenaza a la que nos enfrentamos hoy en día es, casi sin duda, la incapacidad de la sociedad para ponerse de acuerdo sobre un conjunto compartido de hechos. En realidad, es peor que eso. No podemos ponernos de acuerdo en cómo determinar que algo constituye un hecho”, afirmó en un encuentro donde se refirió a la relación entre periodismo y tecnología.

Esta situación representa un peligro no solo para el periodismo, sino para la democracia e incluso para el progreso de la humanidad, según el editor estadounidense ahora dedicado a la capacitación de periodistas.

“La democracia exige que mantengamos un debate sobre las políticas que se implementan. A menudo implica diferentes análisis y diferentes interpretaciones de los eventos y los datos. Pero presupone que, en términos generales, estamos de acuerdo en los hechos más básicos. No obstante, a menudo, y es preocupante que así sea, este ya no es el caso”, recalcó.

Baron ejemplificó con experiencias de su propio país, para sustentar sus puntos de vista. En primer lugar, se refirió a las elecciones presidenciales de 2020, que ganó Joe Biden, pese a los intentos fallidos de su contraparte, Donald Trump, por desvirtuar. Sin embargo, más de un tercio de los votantes registrados, y casi dos tercios de los republicanos, cree que Biden perdió.

“¿Por qué? Porque eso es lo que les dice, una y otra vez, un expresidente que no soporta la idea de que la ciudadanía estadounidense haya votado para desalojarlo de la Casa Blanca. Y porque este expresidente cuenta con el apoyo de sus aliados mediáticos, en televisión, radio y en línea, que difunden esas mismas mentiras sin cesar”, señaló.

En segundo lugar, el 6 de enero de 2021, ocurrió el violento ataque al Capitolio de Estados Unidos -donde hubo incluso asesinatos- incitado por Trump. “Lo vimos con nuestros propios ojos. Lo escuchamos con nuestros propios oídos (…) No obstante, lo que escuchamos de parte de los miembros del Partido Republicano fue que el comportamiento canallesco del 6 de enero de 2021 fue nada nada más que una ‘visita turística normal’. Que el desenfreno de la turba insurrecta, violenta y armada fue un ‘discurso político legítimo’. Que las personas detenidas y encarceladas son rehenes políticos a quienes se persigue de manera injusta e ilegal”, dijo Baron.

En tercer lugar, se refirió al tema de la pandemia, donde pese a que se ha comprobado que las vacunas funcionan, “Sin embargo, una gran parte del público estadounidense cree que las vacunas te enferman e incluso pueden matarte”, advirtió.

“(…) sigue habiendo desinformación sobre las vacunas, ya que gran parte del público rechaza el conocimiento y experiencia de los principales científicos y médicos y, en cambio, acepta la información errónea –o la desinformación- difundida por los políticos y otras personas cuyo propósito primordial es generar caos, ganar poder y obtener algún beneficio”, agregó Baron.

La segunda amenaza, relacionado con la primera, y más grave, pues se relaciona con el poder de la tecnología para disfrazar y falsificar lo que consideramos realidad.

“Ya hemos visto cómo las redes sociales pueden ser manipuladas para influir en las elecciones, despertar pasiones, generar hostilidad contra las poblaciones marginadas y los enemigos percibidos. Pero es probable que el mayor desafío provenga de la inteligencia artificial generativa”, apuntó el periodista norteamericano.

“Las falsedades, especialmente las relacionadas con las imágenes visuales, se volverán más frecuentes, más peligrosas y cada vez más difíciles de detectar y refutar. Desde el video hasta la fotografía, las imágenes que son totalmente falsas parecerán sorprendentemente reales. Es probable que las herramientas que usamos hoy para discernir tal manipulación no nos resulten suficientemente útiles para ese fin”, añadió.

Baron advirtió que la Inteligencia Artificial generativa “no puede hacer periodismo. No puede verificar lo que es verdadero y lo que es falso, y es sumamente susceptible a la difusión de información errónea y desinformación que recoge de fuentes poco confiables en internet. Le otorga a cualquier persona que tenga intenciones maliciosas los medios necesarios para difundir, de manera rápida y con facilidad, falsedades que resultan creíbles”.

La tercera amenaza es la estabilidad financiera de las organizaciones de noticias, donde la mayoría sigue padeciendo inseguridad económica.

“Cualquier amenaza a la sustentabilidad económica es una amenaza a la capacidad de las organizaciones de noticias para que puedan cumplir con sus tareas más básicas en tiempos de democracia: desde informar al público acerca de lo que está pasando en sus comunidades, países y en el mundo hasta hacer que las personas e instituciones poderosas y con gran cantidad de recursos rindan cuentas por su accionar”, afirmó Barón.

Y, pese al desafío de la presencia de las nuevas tecnologías, “Los medios de comunicación deberán alejarse de lo que se ha convertido en una dependencia y, en muchos casos, una adicción al tráfico de los motores de búsqueda y las redes sociales. En otras palabras, deberán generar una base genuina de lectores, oyentes y espectadores leales que confíen en su marca, a quienes les guste lo que producen y que periódicamente regresen directamente a consumir sus productos”, recomendó.

El cuarto desafío lo relaciona Baron con la forma en que se reinventa el entorno de los medios de comunicación; por ejemplo, la forma en que los jóvenes absorben información difiere de lo otras generaciones lo han hecho, pues están más orientados hacia las imágenes y menos hacia el texto. La capacidad de atención es breve, a veces, sorprendentemente breve.

“Las estructuras formales y tradicionales de las historias no son bien recibidas. La voz de la autoridad, es decir, el tono habitual utilizado en las principales instituciones mediáticas, a menudo sufre el repudio. Se acoge con beneplácito la voz de la autenticidad, la voz de personas aparentemente corrientes, como los propios lectores, espectadores y oyentes”, advirtió.

Por otro lado, según el autor, hay que considerar las colaboraciones con personas influyentes que gocen de buena reputación en las redes sociales: “Algunos influencers ganan mucho dinero trabajando por su cuenta, pero este no es el caso de la gran mayoría. Sin embargo, muchas de estas personas saben muchísimo sobre su área de especialidad, sea cocina, asesoramiento técnico o mantenimiento del hogar”.

“Los grandes medios de comunicación pueden beneficiarse de la experiencia de estos influencers y de la autenticidad de sus comunicaciones.  A su vez, los influencers pueden beneficiarse económicamente de nuestras plataformas de medios para llegar a más seguidores y compartir publicidad generada a través de nuestras colaboraciones”, añadió.

En cuanto al quinto desafío, Baron pone en perspectiva la crisis de valores que envuelve a la profesión periodística, en especial a partir de las críticas de algunos periodistas sobre la presencia de una ética formal e insuficiente frente a las amenazas a la profesión periodística y la misma democracia. Para el caso, sigue en crisis el concepto de objetividad ante el derecho de los ciudadanos a conocer realmente los hechos. La gente podría distinguir mejor la verdad de la mentira.

“En última instancia, los críticos consideran que la idea de objetividad no solo es arcaica, sino también contraria a nuestra misión en general: afirman que el estándar de la objetividad es una camisa de fuerza. La consecuencia práctica es la desinformación. Nuestro trabajo se ve despojado de valores morales. El público no recibe el servicio que merece. La verdad queda enterrada”, precisó.

Sin embargo, Baron aclaró que “Procurar la objetividad quiere decir nada más y nada menos que debemos ser conscientes de nuestras ideas preconcebidas y de nuestros prejuicios. Debemos reconocer que pueden influir indebidamente en nuestro trabajo. Y tal como esperamos de otras profesiones, debemos evaluar las pruebas de manera justa, honesta, precisa, rigurosa e imparcial”.

En esa dirección, Baron ofreció los siguientes consejos:

-La idea es tener la mente abierta cuando comenzamos nuestra investigación y hacer nuestro trabajo de la manera más minuciosa y meticulosa posible.

-Este proceso requiere que tengamos la voluntad de escuchar, el afán de aprender y la conciencia de que nos queda mucho por saber.

-No empezamos con las respuestas. Vamos a buscarlas, primero con el ya de por sí formidable desafío de formular preguntas adecuadas y finalmente con la ardua tarea de la verificación.

-El mundo tiene más matices de lo que podríamos imaginar en un principio. No es que no sepamos nada cuando empezamos nuestro trabajo como periodistas. Es que no lo sabemos todo.

-Y, por lo general, no sabemos mucho, o quizá ni siquiera la mayor parte de lo que deberíamos saber. Y lo que creemos que sabemos puede no ser correcto o que nos falten piezas importantes. Así que no podemos aprender a conciencia lo que no sabemos o no entendemos del todo.

-A eso llamo yo informar. Si no es eso lo que entendemos por informar de verdad, ¿a qué nos referimos exactamente?

“Creo que nuestra profesión se beneficiaría si escucháramos más al público y le habláramos menos al público, como si lo supiéramos todo. Creo que deberíamos sorprendernos más por lo que no sabemos que por lo que sabemos, o por lo que creemos saber. En el periodismo, nos vendría bien más humildad y menos arrogancia”, concluyó Martin Baron.

viernes, octubre 04, 2024

Estampas de la tierra de los “muñecos de barro”

Por Guillermo Mejía

 


Cómo olvidar la tierra que nos vio nacer y donde crecimos junto a la familia, amigos y las figuras que, en conjunto, moldearon nuestro carácter, nuestra forma de ser y sentir. Esa experiencia nos comparte el escritor Ramón Rivas en su reciente obra Lo me que me contaron y viví en Ilobasco (Editorial Arcoíris, 2024).

El también antropólogo y director de Cultura y del Museo Universitario de Antropología (MUA), Universidad Tecnológica de El Salvador, reúne en su obra 34 pasajes cortos, sencillos y amenos, en los que relata lo que vivió, en esa ciudad del departamento de Cabañas, en cada etapa de niño y adolescente, así como sus reflexiones ya siendo adulto.

En el prólogo de la obra, el colega Carlos Ernesto Deras refiere que “El presente libro, no solo nos reseña la vida cultural de Ilobasco a partir de la propia memoria de Ramón Rivas, no. Como académico e investigador, Rivas consultó a muchas personas de avanzada edad, desde los años 90 y fue sistematizando sus vivencias, que fueron también las experiencias de los pares de él.”

En esa dirección, nos cuenta el autor que “Cerdos, patos, gallinas y perros pululaban en los patios y la calle” y ya entrada la noche y después de la cena “la gente colocaba sillas en la calle y se sentaban en familia y con amigos a platicar hasta bastante entrada la noche, siempre había de qué hablar”, y los niños jugaban “escondelero”, “esconde el anillo” y “arranca cebolla”, entre otros juegos.

Las esperadas vacaciones de fin de año servían ya sea para aprender a nadar o “chupar caña”, tan abundante en la región, en un tiempo en que –según Rivas-, todos en Ilobasco nos conocíamos. Era el tiempo en que del pueblo había que salir los domingos por la tarde, para poder ver y comer algo de las muchas ventas en las esquinas de las calles.

“Era el pueblo de calles empedradas, de casas con paredes de adobe, blancas y techos de teja de un color pardo rojizo. Era el tiempo en que casi nadie se veía en la calle. Los días eran largos, los meses tardaban en llegar y un año era toda una vida”, relata.

Recuerda a todos los profesores que lo formaron siendo pequeño. “Aún veo al profesor Oliverio dibujando en la pizarra esas primeras imágenes que aprendí para la vida: el cuerpo humano, plantas, continentes con sus ríos, volcanes y desiertos del mundo; pero también recuerdo los dibujos de pájaros, abejas, etc., y su importancia para la vida humana”.

Cuando en 1969 cursaba el sexto grado, con el profesor Zelaya, se dieron acontecimientos que marcaron la vida. El maestro explicó lo que sucedía. “Por ejemplo, en ese año se dio la guerra entre El Salvador y Honduras, ahí estaba listo para decirnos cómo teníamos que actuar en caso de emergencia; pero también fue el año en que por vez primera el ser humano puso pie en la luna, cuando las noticias eran que Neil Armstrong había dicho desde allá: ‘es un pequeño paso para un hombre, pero un gran salto para la humanidad’, algo que a mi edad era incomprensible”.

En ese año, también El Salvador hizo la hazaña para asistir al Mundial México 70: “Pero el profesor dijo que lo importante eran las clases y ¡cuidado como uno de nosotros se quedara ‘esquiniando’ para ver un partido! Pero, además, era en el tiempo que en Ilobasco sólo unos pocos podían disponer de televisión”. Por cierto, la suegra del profesor Zelaya, doña Tomasa Rosales, tenía televisor, era blanco y negro, y del tamaño de un cajón para guardar ropa.

Como todo oriundo de esa localidad, Rivas se refiere a lo que llama “Leal y honrosa generación del barro”, peculiar quehacer popular que caracteriza a sus coterráneos y la ciudad.

“Los vientos y el frío de la noche anunciaban la Navidad. Había que ir pensando en adornar los nacimientos con los muñequitos, también conocidos por la gente como pichinguitos de barro”, nos cuenta. Ahí encontrabas La ciguanaba, Chepe Toño, “sopeándose” un botellazo de aguardiente, el Duende, el Cipitío, la pareja de guardias nacionales, los viejitos canosos que les temblaba la cabeza, porque en el cuello tenían un diminuto resorte, los novios y los músicos.

Se agregaban San José, la Virgen, el niño Dios y chivos blancos guiados por pastores. Los barbudos reyes magos se veían impecables sobre los camellos.

“Fue don Juan Córdova, el artesano que le dio vida a los nacimientos, él, don Juan, creó el bonito ‘misterio’, que luego lo moldeó y así se convirtió en el nacimiento tradicional que mostraba a Jesús, José y María, acompañados por el buey y la mula. Esta singular obra de barro se ha perpetuado hasta nuestros días”, relata.

“Fue también don Juan Córdova el artesano del barro que creó las muy famosas ‘pistolas de barro’ (mitad pistola y mitad pene) en diferentes tamaños que fue una verdadera atracción para muchos y escándalo para otros”, agrega Rivas.

El autor se refiere al impacto de la guerra civil de 12 años y que culminó en 1992, mediante los Acuerdos de Paz.

“La guerra cambió por completo la vida del pueblo, y si antes, luego de la cena, todo mundo salía a platicar y sentarse en las puertas de sus casas o las esquinas de las calles, la gente ya no lo hizo y, poco a poco, el pueblo se fue convirtiendo en una especie de ciudad vacía, llena de miedo; por las noches, después de las seis, la gente se encerraba y una especie de cultura de la desconfianza comenzó a prevalecer entre todos sus pobladores”, lamenta.

Los costos y los cambios culturales, que permearon la sociedad salvadoreña en esos años del fratricidio, sabemos que fue una experiencia común en cada pueblo, incluido Ilobasco.

Ramón Rivas hace una reflexión muy sentida al final de su libro:

“Lo que vi y lo que yo he escuchado del ‘Ilobasco de mis recuerdos’ es como una historia sin fin que con el transcurso de los años, en determinados momentos, ha sido como empujada, consiguiendo un crecimiento sin precedentes: el auge del deseo de vivir de su gente; voluntad de pertenecer a un lugar, de identificarse con ese lugar y su historia; pero también, el aparecimiento de la creciente violencia, la desidia y la maldad, de lo económico, de las migraciones y la desafortunada desintegración familiar. Aparejada con la destrucción de casi todo su patrimonio edificado. Ilobasco ya no es la misma comunidad de vecinos y conocidos de los que fue hasta el inicio de la década de los años 80. ¡Qué lo siento!”

Ficha técnica

Rivas, R. (2024). Lo que me contaron y viví en Ilobasco (1.ª ed.). Editorial Arcoíris, San Salvador, El Salvador.