Monday, October 21, 2019

El populismo de Trump y Bukele en las redes sociales

Por Guillermo Mejía

No importa si los comportamientos son vulgares por parte de los presidentes populistas, comenzando con Donald Trump, en Estados Unidos, y Nayib Bukele, en El Salvador, entre otros líderes políticos, ya que está comprobado que les sirve para potenciar su imagen sin necesidad de dar cuenta a los periodistas.

“Por supuesto que jamás permitiría que me chupara las medias, ni ninguna otra cosa”, tuiteó Bukele como respuesta a un diputado derechista de la Asamblea Legislativa que cuestionó el hecho de que algunos de sus colegas le siguen el juego al mandatario. “Es lamentable andar de chupa medias”, dijo Ricardo Velásquez Parker.

Los líderes populistas han encontrado en las redes sociales la forma de estar en contacto especialmente con sus bases y no necesariamente con los que muestran ser independientes, según comentó el académico argentino Silvio Waisbord en declaraciones al periódico La Nación, de Buenos Aires.

“En primer lugar, les permite saltear al periodismo, poder hablar sin recibir preguntas. Los populistas tienden a usar las redes sociales más activamente y quizás mejor que los no populistas, que también las usan. El uso directo de las redes les permite comunicar permanentemente sin tener que ir a la televisión o dar conferencias de prensa”, afirmó.

“Ese es el gran cambio”, continuó, “Trump es un maestro en el uso de Twitter. Su discurso y su forma de hablar encajan extrañamente bien en el lenguaje de esta plataforma. No es el lenguaje del político tradicional, más ceremonial, sino que es más franco, un lenguaje de la vida cotidiana, más agresivo y, en algunos casos, hasta más vulgar”.

Según Waisbord, especialista en comunicación, Trump le habla a su gente no a los independientes y conoce el efecto que tiene eso en la prensa. “Él es quien impone la agenda mediática por Twitter, y la cambia constantemente. Permanentemente le está tirando carne roja a los perros vía Twitter. En parte creo que responde a una estrategia deliberada para evitar que se discutan temas que son inconvenientes para él”.

Como hemos observado, en el caso de Bukele, ha logrado domesticar a cantidad de medios de prensa que responden al antojo del presidente que no descansa en el uso de su cuenta de Twitter desde donde expone cualquier expresión irracional sin que queden por fuera, inclusive, la corrección de plana a miembros de su gabinete de gobierno y uno que otro humo.

Waisbord, en el caso trumpiano, va a la yugular: “Los medios saben que son utilizados por Trump como lo fueron en 2016 para su campaña electoral, es algo irresistible. Incluso comprueban que él miente, pero no pasa absolutamente nada porque él sigue mintiendo, inmune al supuesto castigo simbólico del fact-checking”.

Pero en el cambio de época hay que repensar el para qué del periodismo, una función social que tuvo el monopolio de la información, que siempre determinaba qué era noticia, según lo expuesto por el académico argentino, y si alguien deseaba informarse sobre la realidad buscaba al periodismo.

“Esa tarea ahora es compartida con Facebook, que actúa según el algoritmo que privilegia la compañía. Incluso hoy en día uno se puede informar evitando totalmente el periodismo a través de las redes sociales”, advirtió Waisbord al responder la interrogante sobre el papel del periodismo que antes cumplía la función de imponer agenda.

“Algunos medios, los más fuertes y con más prestigio, siguen siendo importantes en términos de circulación de información por el tamaño de su público. Pero si pensamos el papel de los medios en este ecosistema, vamos hacia una concentración de audiencias brutal”, señaló el especialista.

Y remató: “Gran parte del periodismo sufre una crisis múltiple: una crisis económica feroz y una crisis de influencia por su menor presencia. Y la principal víctima de este cambio es la calidad de la información, no la calidad del periodismo”. Los líderes populistas, como Trump y Bukele, explotan muy bien las redes sociales, mientras el aplauso de las focas es constante.

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