miércoles, abril 29, 2026

Reformular la opinión pública en un ecosistema mediático dinámico

Por Guillermo Mejía

Hasta hace poco los medios de comunicación centralizaron la conversación pública en la sociedad, es decir fueron vehículos idóneos para la generación de lo que llamamos opinión pública, sin embargo, perdieron ese monopolio con la llegada de las redes sociales que han ampliado el espacio y las opciones para producir este fenómeno sociopolítico y cultural.

 

Las implicaciones para la sociedad son enormes y como lo señala el comunicólogo argentino Carlos Scolari, de la Universidad Pompeu Fabra, en Barcelona, si con los medios tradicionales la información “primero se filtraba, después se publicaba”, con la llegada del nuevo siglo esa lógica se invirtió “primero se publica, después se filtra”. La crisis es evidente.

 

Por eso se ha dado, en algunas plataformas como YouTube, canales que son censurados o suspendidos temporalmente a raíz de opiniones e informaciones que ya han sido divulgadas, incluso se ha visto a alguno que lo han cortado de las transmisiones “en vivo”.

 

Para Scolari, en declaraciones al diario argentino La Nación, con el aparecimiento de los nuevos recursos como blogs y contenidos generados por los usuarios, hace dos décadas, se produjeron las primeras grietas en el casco de la vieja profesión periodística, al grado que algunos entusiastas llegaron a sostener que “todos somos periodistas”.

 

“¿Subir a las redes la foto de un perrito abandonado te convierte en periodista? Pensar que todos pueden ser periodistas fue un exabrupto, pero lo cierto es que la profesión periodística comenzó a perder centralidad. Hasta ese momento los medios controlaban lo que se decía y cuándo se decía”, dijo.

 

Desde esa óptica, el tiempo ha confirmado ese desplazamiento. Tanto la inversión publicitaria como las horas de uso y consumo tienden a privilegiar a las plataformas. Pero que un old media haya sido desplazado de su lugar de privilegio no implica que desaparezca. Hoy el ecosistema mediático es mucho más rico, variado y caótico que hace cuatro décadas. “Prefiero eso y no un ecosistema pobre, con un puñado de diarios, radios y canales de televisión que controlaban la información”, afirmó.

 

No hay duda que el periodismo sigue siendo importante, según el catedrático, solo que ha perdido el monopolio de la gestión de la conversación pública, situación que ha hecho entrar en crisis a otras instituciones, en primer lugar, la política. El sistema político, que él llama la “interfaz política”, fue diseñada en momentos en que los medios principales eran los diarios, ahí se construía eso que se llamaba la “opinión pública”.

 

“La interfaz política pudo procesar la llegada de los medios electrónicos, primero la radio y después la televisión. La videopolítica nació con el debate televisivo entre Kennedy y Nixon en las elecciones de 1960. Pero la emergencia de las plataformas, la multiplicación exponencial de contenidos y los flujos acelerados de información a escala global están poniendo a prueba las interfaces políticas”, señaló.

 

“La opinión pública ya no se construye en los medios tradicionales: es un fenómeno incontrolable y mutante que emerge de millones de interacciones en las redes. Incluso tengo serias dudas sobre la eficacia de ese concepto. A lo mejor ‘opinión pública’ es otro concepto zombi que sigue deambulando en los discursos académicos y periodísticos. Quizás debería ser descabezado”, agregó.

 

De acuerdo con Scolari, el crecimiento exponencial en la producción de contenidos volvió a la esfera pública mucho más polifónica y rica. Por otro lado, el mismo exceso de contenidos y su manipulación a través de los sistemas algorítmicos genera problemas a la constitución de una conversación pública democrática y abierta. Las amenazas son innegables.

 

“Lo repito: las interfaces políticas –por ejemplo, el sistema representativo- no estaban pensadas para la furia efímera de TikTok ni los tejemanejes de Cambridge Analytica. Pero me gustaría agregar algo: a menudo idealizamos el pasado. ¿La política eran tan democrática, republicana y conversacional en el siglo XIX como pensamos? No lo creo. Reinaban las fake news, proliferaban las operaciones de prensa, nadie estaba al margen de la censura y había más periodistas exiliados que en las redacciones. Seamos realmente críticos. Evitemos el catastrofismo de los filósofos de moda y tratemos de lidiar de la mejor manera posible con los problemas del siglo XXI”, sentenció.

 

Una pregunta obligada a Scolari: ¿Cómo debería formarse hoy un comunicador o periodista para entender un sistema donde conviven algoritmos, creadores independientes, marcas y reacciones profesionales?

 

Su respuesta: El desafío es enorme. Estamos formando profesionales para un campo profesional que desconocemos. ¿Cómo será el ecosistema mediático en 2040, cuando mis estudiantes tengan 40 años? Nadie lo sabe. Los planes de estudio de la segunda mitad del siglo XX fueron diseñados para formar profesionales que se pasarían toda la vida detrás de una máquina de escribir o un micrófono. Hoy debemos formar perfiles mucho más amplios y flexibles, capaces de cambiar de medio, género o formato de la manera más rápida posible. Pero como en todo proceso de cambio, junto a las discontinuidades hay también continuidades. Por ejemplo, la enseñanza de los lenguajes de la comunicación, desde la escritura al audiovisual, pasando por el sonido y las experiencias interactivas, deben ser parte de los planes de estudio. Saber cómo funcionan los sistemas algorítmicos y las lógicas de producción, circulación y consumo mediático son conocimientos fundamentales. Y agregaría otro: capacidad de interpretar las transformaciones de los ecosistemas mediáticos. Esto es como el fútbol: los mejores jugadores son los que tienen visión lateral y saben leer el partido. Si solo corren detrás de la última pelotita digital sin mirar al costado, los futuros profesionales pueden llegar a perder por goleada.

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