sábado, septiembre 05, 2026

La validez del periodismo en tiempos de Inteligencia Artificial

Por Guillermo Mejía

Transitamos en medio de posturas contrarias en torno a la vigencia o desfase de la profesión periodística frente a la presencia de mecanismos de la Inteligencia Artificial (IA), cada vez más veloces y sofisticados, con el consiguiente arribo a conclusiones realistas o fatalistas sobre un fenómeno que ha provocado cambios significativos en la sociedad.

 

El común denominador de una postura es que esos mecanismos son implementados por el ser humano, a prueba y error; por lo tanto, son susceptibles a mejorar. Al contrario, el común denominador es que ese ser humano ha sido superado, en la práctica, por la rapidez y la complejidad en cada respuesta solicitada, aunque no esté exenta de errores y falsedades.

 

En ese marco, surgen varias interrogantes: si el ser humano debe ser el centro de la actividad periodística, sea con IA o sin IA, ¿cuáles deben ser los límites que debemos respetar?, ¿es la alfabetización tecnológica y la alfabetización mediática de periodistas y consumidores una respuesta a los desafíos que nos impone la IA?

 

Además, si a lo largo de la historia del periodismo se han presentado desafíos tecnológicos como, por ejemplo, el paso de los impresos a la radio, luego la televisión, después la red de internet y ahora la IA, ¿sería una forma adecuada de respuesta el que coloquemos muros a esa realidad ineludible?, o ¿por qué no mejor aprovechamos la utilidad de la IA?

 

La perspectiva mercantilista de la información y la comunicación estima que la utilidad de la IA hay que llevarla al extremo, al grado que, si permite hacer desaparecer al periodista del proceso mediante la mecanización o robotización de las tareas, es ganancia. Y hay experiencias en ciertas tareas de los medios, algo que siempre se debe revisar a la luz de los derechos, tanto de periodistas como de consumidores de medios.

 

Al contrario, la perspectiva humanista de la información y la comunicación, como derechos inherentes al ser humano, estima que es el profesional del periodismo el garante del tratamiento adecuado de esa materia prima que nutre el derecho de todos y, por lo tanto, el uso de la IA por parte de los periodistas debe regirse por los principios éticos y morales de la profesión, si bien deben actualizarse conforme a los cambios en la sociedad.

 

Es más, un enfoque societal del deber ser de la profesión periodística considera al mayor número de sujetos y actores del proceso de información y comunicación, en otras palabras, además de los profesionales del campo específico, hay que tomar en cuenta a la sociedad civil, a la academia y a las instancias legales encargadas de garantizar los derechos.

 

Lo que puede y no puede reemplazar la IA

 

Es conocido el ramillete de posibilidades de la IA prácticamente en todos los órdenes de la vida, por supuesto también en la profesión periodística. Muchos reporteros y periodistas recurren a mecanismos de IA para trabajar con altos volúmenes de datos, el paso de audios a textos, el análisis e interpretación de archivos, etc., aunque bajo supervisión.

 

Se ha llegado al grado de que mediante la IA en algunos espacios han logrado mecanizar ciertas tareas repetitivas, es decir, que se pueden programar con la ayuda de expertos, sobre estados del tiempo y su difusión, listas de noticias de última hora o resúmenes de informaciones, la incorporación de chatbots de asistencia mediante texto o voz, entre otros.

 

Sin embargo, donde la IA difícilmente puede escalar es en la relación del reportero o periodista con sus fuentes, en cuanto implica establecer comunicación entre seres humanos a través del contacto personal, entrevistas –de cualquier modalidad- para ir más allá de cifras o datos como información que se puede mecanizar.

 

El periodista colombiano Andrés Felipe Vera Ramírez, que trascendió del periodismo tradicional a una perspectiva comunitaria, afirma que una historia humana a profundidad “se disfruta mucha más, porque las historias que responden a las cinco w (preguntas básicas en periodismo) son fácilmente reemplazables por la Inteligencia Artificial”.

 

“Son fácilmente reemplazables por un boletín de prensa que es publicado por todos de manera estándar, igual. Pero cuando estás presente en una conversación aprendes de otra persona y conoces un poco más. Y esa conversación de entrada puede ser el punto de partida para una historia de periodismo de soluciones”, agrega.

 

“Si queremos ser más humanos y ayudar a las personas a ser más humanas con nuestro contenido, pues, también requerimos de una presencia desde la humanidad, desde aquello que un modelo de Inteligencia Artificial no reemplazaría nunca”, recalcó Vera Ramírez en el curso “Complicando Narrativas: Cómo reportar la complejidad en tiempos de polarización” bajo el auspicio de The Knight Center for Journalism in the Americas de la Universidad de Texas.

 

Otra prueba de que la IA no puede reemplazar lo periodístico a secas es el trabajo de los periodistas de investigación que, si bien ocupan de forma adecuada ciertos mecanismos de IA para auxiliarse en sus tareas investigativas, eso no significa que sean los modelos de IA los que producen tan valiosos contenidos.

 

“Necesitamos más periodistas, más gente que verifique información, especialistas en investigación, en análisis de datos. El componente humano crece cuando trabajamos con Inteligencia Artificial”, aclaró tiempo atrás la periodista Emilia Díaz-Struck, directora ejecutiva del Global Investigative Journalism Center.

 

En busca de la transparencia, Díaz-Struck sugiere “(…) se debe explicar paso a paso, de manera clara y sencilla, cómo se hizo, cómo se introduce y se presenta la información en las historias. Contar cómo se verificó, cómo se construyó el modelo o en general cómo se utilizó la Inteligencia Artificial”.

 

Según esta especialista, una investigación que necesite Inteligencia Artificial para desarrollarse, también necesita un equipo humano conformado por, al menos, un especialista en el modelo del algoritmo, reporteros de investigación, verificadores de información y editores capaces de hacer preguntas precisas tanto a la IA como a la información que se encuentran los periodistas en el terreno.

 

Pero no todo es color de rosa en esa relación periodismo e IA. El periodista español Fernando Belzunce, director general editorial del grupo de comunicación multimedia Vocento, advierte que el periodismo afronta un desafío superior aún a la transformación económica y tecnológica que aborda desde hace años, ya que está sometido a una prueba moral.

 

“Se trata de sostener estándares en un entorno que empuja a rebajarlo, de imponer el criterio frente a la aceleración, de proteger el rigor cuando las reglas de la distribución digital promueven lo contrario, de seguir jugando en el terreno de la credibilidad y no en el de la atención”, afirma.

 

“La IA puede convertirse en una herramienta extraordinaria para mejorar el periodismo si su foco está puesto en el impulso de la calidad y no solo en la velocidad o el volumen. Ya hay numerosos ejemplos de extrapolación de datos y asombrosas narrativas visuales en medios periodísticos”, añade Belzunce.

 

Y sentencia: “El valor siempre estará en la obtención de información propia, en la investigación, en el criterio, la responsabilidad, el contraste de la información, la verificación, el contexto, la credibilidad o la confianza. Una sociedad puede sobrevivir a la incertidumbre, a la crisis o al conflicto, pero difícilmente puede soportar que desaparezca la verdad como referencia compartida”.

 

Al cierre, vale la pena recordar –como dice el periodista español- que “el problema ya no es solo distinguir lo verdadero de lo falso. Es hacerlo cuando lo falso puede producirse mucho más deprisa de lo que la sociedad tarda en verificarlo”.

 

Puntos clave sobre el valor de la carrera de Periodismo en tiempos de IA*

Dimensión

Función de la IA

Por qué el periodista humano es insustituible

Verificación

Automatiza la detección de patrones masivos.

Aplica contexto, contrasta fuentes humanas en vivo y detecta deepfakes complejos.

Ética y Sesgos

Procesa textos a gran velocidad pero hereda sesgos algorítmicos.

Aporta el criterio ético, la responsabilidad editorial y la neutralidad crítica.

Reportería

Sintetiza datos existentes.

Realiza entrevistas cara a cara, consigue filtraciones e investiga en el territorio.

Narrativa

Genera borradores estándar.

Aporta empatía, sentido del humor, sensibilidad cultural y estilo personal.

 

*Recuadro elaborado a partir de Inteligencia Artificial (IA).

sábado, agosto 08, 2026

El papel de la prensa escrita en la consolidación del anticomunismo en 1932

Por Guillermo Mejía

Los principales medios de comunicación fueron pieza clave en la consolidación del discurso anticomunista en la sociedad salvadoreña, junto al ascenso del militarismo con la entrada en escena del dictador Maximiliano Hernández Martínez, en el poder entre 1931 y 1944, período en que sucedió la masacre indígena de 1932.

 

Las ideas se extraen del capítulo “La formación del consenso y la opinión pública en 1932: el uso político de los medios de comunicación” del libro Que suenen las caracolas… Insurrección, matanza y memoria de 1932 en El Salvador (México, 2026) coordinado por José Heriberto Erquicia Cruz, José Alfredo Ramírez Fuentes y Luis Gerardo Monterrosa Cubías.

 

“¿Ha sido realmente la propaganda política y la opinión pública un factor de peso en nuestro entendimiento de 1932? Si la respuesta es afirmativa ¿cómo se construyó ese discurso y cuál fue su impacto en la opinión pública?”, formula el autor del capítulo, el historiador José Alfredo Ramírez Fuentes, docente-investigador de la Universidad de El Salvador (UES).

 

Para tal empresa, recoge información periodística de los periódicos Diario Latino, El Día, Diario del Salvador, Patria y El Diario de Hoy sobre los hechos violentos de 1932 y, a la vez, analiza el papel de los medios de comunicación escrita en la formación del consenso y la opinión pública.

 

Determina las tres etapas que surgen de los periódicos estudiados: “La primera incluye las noticias anteriores al 22 de enero de 1932, en las que figuran incidentes aislados que alertan a la opinión pública y, por lo tanto, despiertan expectativas en la población”.

 

“El segundo momento corresponde a los eventos mismos. Después de la tensión generada en las semanas previas al 22 de enero, a partir del 23 de enero comenzó a hablarse de un levantamiento que implicaba una amenaza terrible a la estabilidad y al estilo de vida de todas las personas, pero en especial de las capitalinas. Sin embargo, ese terrible peligro estaba controlado por el gobierno y las fuerzas de seguridad del Estado, por lo que, mientras hubiera apoyo y solidaridad hacia el gobierno, todo estaba bien”.

 

“El tercer momento estaría constituido por las noticias que se enfocaban en demostrar el apoyo al gobierno tambaleante y muy señalado de Martínez, principalmente de elites económicas y buenos ciudadanos; las noticias y publicaciones se dirigían a todo ciudadano, patriota, salvadoreño que se oponía a los excesos de los comunistas –caracterizados como saqueadores y asesinos- y apoyaba al gobierno de Hernández Martínez”, añade.

 

Según el autor, los tres momentos citados no solo parecen orquestados como fragmentos de un guion a seguir, sino que sin duda forman parte de una serie de estrategias discursivas que moldearon los eventos de enero de 1932 ante la población para generar una opinión pública positiva hacia el gobierno y hacia un gobernante seriamente cuestionado por la forma antidemocrática en la que accedió al poder.

 

“Desde 1932 hacia la década de 1960, el gobierno salvadoreño y los medios de comunicación monopolizaron un discurso anticomunista para transmitir su versión de los hechos políticos relevantes que ocurrieron tanto dentro como fuera del territorio salvadoreño”, señala. “En un primer momento, las acciones del Estado dominaron la vida de la sociedad salvadoreña. Así, por ejemplo, el gobierno de Martínez procedió a matar a miles de personas, con lo que mandó un mensaje a la sociedad sobre la capacidad del ejército de gobernar manteniendo el orden”.

 

“Pero no solo eso: proporcionó a los anticomunistas un hecho histórico útil y conveniente para mostrar que el comunismo era una amenaza real. No obstante, durante muchos años se guardó silencio sobre las causas que llevaron al levantamiento de 1932, así como se callaron y manejaron con cuidado los fusilamientos de los campesinos a manos del gobierno y el ejército”, advierte Ramírez Fuentes.

 

Tiempo después, se dio el cambio del discurso en la medida en que fue necesario adaptarlo a las nuevas realidades y amenazas que se presentaban en la sociedad. “En 1932, el gobierno insistió en que la amenaza era grande y en que los excesos de los insurrectos requerían una respuesta drástica. Es más, en ningún momento el gobierno de Martínez admitió ayuda extranjera y en pocos días declaró que la situación estaba totalmente controlada”.

 

Dos décadas después, según el autor, los gobiernos del Partido Revolucionario de Unificación Democrática (PRUD) denunciaron a varias organizaciones sociales supuestamente infiltradas por el comunismo, con lo cual justificaron los estados de sitio y otras medidas represivas. Aunque el momento histórico fuera distinto, los gobiernos militares seguían considerando el comunismo como enemigo único.

 

Ramírez Fuentes concluye que “Es evidente que el discurso anticomunista tomó fuerza a partir del ascenso del militarismo, al igual que ocurrió en otros países latinoamericanos durante el siglo XX. A su vez, los medios de comunicación fueron los canales idóneos para transmitir el pensamiento anticomunista a la sociedad y formar una opinión pública a favor del gobierno. Así, los eventos de 1932 fueron reelaborados para eximir al Estado de responsabilidad en la masacre y culpar a los comunistas por el desenlace de la insurrección en las décadas posteriores al suceso”.

 

Ecos del pasado

 

Luego de revisar noticias difundidas en periódicos analizados, antes del 22 de enero de 1932, el autor encuentra que conscientemente o inducidos por el gobierno del general Hernández Martínez, los medios de la época usaron una serie de tropos discursivos, es decir, herramientas del discurso dirigidas a promover la idea de que los comunistas eran un problema social sin igual.

 

“En la lógica de este discurso, los comunistas no eran personas que entendieran y apoyaran una ideología definida, sino más bien grupos que desestabilizaban y amenazaban el orden que Hernández Martínez había impuesto solo unas semanas atrás, después del golpe de Estado de diciembre de 1931”, estima.

 

Sin duda, el fin era desviar la atención de las acusaciones dirigidas al golpe de Estado de finales de 1931, a la vez que usar los miedos y la incertidumbre para influir en su apoyo al gobierno de Hernández Martínez.

 

Ya sobre los acontecimientos violentos, el 22 de enero, los comunistas eran señalados como bandoleros y como grupos de personas violentas y en desorden que buscaban el saqueo y la destrucción, según Ramírez Fuentes. Y comenzaron a salir los nombres: Feliciano Ama “apareció en la primera plana del Diario Latino del 1 de febrero de 1932. En el lado izquierdo de la página se ve una fotografía de su cuerpo ya sin vida, colgado de un árbol; del lado derecho hay un retrato en el que figura atado de manos, cabizbajo. Estas dos imágenes se volvieron icónicas durante el siglo XX y lo siguen siendo en la actualidad”.

 

A la vez, “Martí, Luna y Zapata fueron la principal noticia del 1 de febrero, a la par de Ama. En el periódico Patria se hizo uso de nuevo de un recuadro en portada para anunciar que habían sido ejecutados los líderes comunistas Farabundo Martí, Alfonso Luna y Mario Zapata: ‘la ejecución se llevó a cabo a las siete y cuarto de la mañana de hoy, en la parte norte del Cementerio General’. Con esa ejecución se planteaba el fin de la amenaza comunista y se afirmaba el papel ejemplar del gobierno al mantener el control sobre el mayor peligro que había sufrido la patria”.

 

El impacto de los medios de comunicación en la sociedad salvadoreña fue considerable. “La desfiguración del enemigo ha sido, sin duda, una de las técnicas propagandísticas más utilizadas para afirmar que los comunistas eran la amenaza más grande contra el gobierno. Además de eso, el anticomunismo fue uno de los filtros de la información, así como la oficialidad de las noticias y la censura”, escribe Ramírez Fuentes.

 

Al grado que “Todas estas técnicas que influyen en los medios de comunicación se aprecian claramente en las noticias expuestas. Se sabe que en las notas se informó sobre hechos reales, pero muchas veces estos fueron exagerados, inventados y preparados por grupos interesados –en nuestro caso, en especial la información oficial del gobierno es evidente- para mostrar a los comunistas y a las supuestas masas manipuladas por estos como lo peor de la sociedad”, agrega.

 

En el artículo hay un apartado que se titula ¿Comunismo o no? Propaganda política contra historiografía. Si no era comunismo, ¿por qué se produjo el levantamiento de 1932? Y trae a colación que el periódico El Día publicó notas periodísticas que permiten apreciar la delicada “cuestión social” que se vivía en aquellos momentos, lo que ayuda a comprender por qué se habla de un discurso propagandístico y se pone en tela de juicio todo argumento comunista en contra de los hechos referidos.

 

Para el caso, un individuo con el seudónimo de Arístides –según reseña el autor- propuso un plan de gobierno para elevar el nivel de vida del campesinado y evitar la infiltración de ideas extrañas en el país, pues esto último solo llevaría al enfrentamiento violento entre campesinos manipulados y el gobierno.

 

“Las ideas que propuso se centraban en la información o contrapropaganda, la educación rural y la necesidad de proporcionar tierra a quien no la tuviera. Sin duda, las reformas sugeridas eran ambiciosas, pero muy claras y realizables. Estos artículos sostienen que los campesinos no entendían las ideas comunistas y que los medios y el gobierno colocaban ‘etiquetas’ a las organizaciones campesinas”, señala el historiador.

 

Según el autor y conforme a otros investigadores del tema, si bien se ha dicho sobre la filiación política e ideológica de los rebelados que eran comunistas, en la práctica se estima que los lazos comunistas de la capital, reunidos en torno al Partido Comunista, y las comunidades indígenas y campesinas fueron muy débiles. El carácter urbano y moderno –políticamente hablando- del PCS no permitió que penetrara en las mentalidades ni en las relaciones sociales del campesinado, mucho menos de las comunidades indígenas.

 

“Esta investigación, basada en fuentes hemerográficas, ha documentado una serie de sucesos violentos anteriores al 22 de enero, y también se sabe que la situación social en el país era muy delicada. La organización de un movimiento social de esa envergadura no pudo haber sido una tarea fácil, mucho menos para un partido político muy pequeño y recién fundado”, precisa.

 

En la misma dirección, se señala que las relaciones entre la Federación Regional de Trabajadores Salvadoreños (FRTS) y el PCS se caracterizaban más por pugnas y diferencias ideológicas que por la alianza política; además la FRTS era una organización de pequeños sindicatos de artesanos y, en menor medida, de obreros, en su mayoría de ideología anarcosindicalista.

 

Y, en el caso de Farabundo Martí, “Las luchas internas del PCS también llevan a pensar que la vieja historia de Martí organizando a las masas no es más que una leyenda idealista, un uso de la historia, en el que la memoria colectiva es moldeada para que se recuerde cierta versión. En las fuentes expuestas en esta investigación, Martí se menciona dos veces en enero de 1932; la primera vez, cuando las autoridades lo capturaron el 18 de enero y lo encarcelaron. Después de eso hecho parece que la prensa se olvidó de él. Se habla de Martí por segunda vez cuando fue fusilado, la mañana del 1 de febrero de 1932. No hay mención alguna de Martí durante los sucesos del 22 al 27 de enero de 1932”, escribe Ramírez Fuentes.

 

Por otro lado, el Socorro Rojo Internacional (SRI) y el PCS eran “dos entidades separadas que no estaban de acuerdo en muchos aspectos sobre el momento adecuado para la revolución y con serias diferencias entre ellas. Así, la tesis de los comunistas guiando a las masas campesinas pierde fuerza. De hecho, los periódicos asumieron que los sublevados eran comunistas, pero no señalaron que estaban siendo guiados por comunistas; ni siquiera el PCS aparece mencionado en las notas analizadas en esta investigación”, advierte.

 

Finalmente, Ramírez Fuentes señala que la revisión historiográfica, comparada con las noticias y el decreto de amnistía de julio de 1932, “permite entender cómo el gobierno utilizó los medios de comunicación para generar consenso sobre un suceso violento que generó temor en la población. La idea de una amenaza desmedida se manejó de la mano de un gobierno capaz y se proyectó la imagen de que existía un hombre fuerte a la cabeza del país”.

 

“Esta comparación permite entender cómo se generó el consenso en torno a la deformación de los hechos y el papel de los medios de comunicación. Aún en una sociedad poco alfabetizada, las noticias transmitidas de boca en boca influyeron para que el evento de enero de 1932 se entendiera como un levantamiento comunista a lo largo de varias décadas y se invisibilizara la masacre de varios miles de salvadoreños”, afirma el autor.

 

Sugerencia:

Para tener un panorama más amplio sobre la masacre indígena de 1932 y el tema del artículo presentado en particular, bajo licencia de la UNAM de México y la Universidad Pedagógica de El Salvador pueden bajar en formato PDF el libro Que suenen las caracolas… Insurrección, matanza y memoria de 1932 en El Salvador en la dirección: https://sistemas.pedagogica.edu.sv/repositorio/principal/index.php?id=606 

viernes, julio 03, 2026

La renuncia a ser informados en la sociedad de la fascinación

Por Guillermo Mejía

Es un hecho que los medios de comunicación tradicionales (radio, prensa escrita y televisión) van siendo sustituidos por las redes sociales y plataformas de video, aunque eso no significa que el crecimiento de estos espacios novedosos se relacione con méritos propios cuando hablamos de información, ya que hay personas que renuncian al consumo de noticias.

 

Esas redes sociales y plataformas de video, con relación a las noticias, experimentan un auge por el declive de las fuentes informativas offline, es decir, las fuentes informativas tradicionales citadas, como bien ilustra el Digital News Report 2026, elaborado por Reuters Institute tras una investigación en 48 países y cien mil consultas a receptores en línea.

 

“¿A qué alternativas recurrirá la gente cuando deje de consumir un medio? Lamentablemente, no podemos responder esto a partir de nuestros datos transversales. Sin embargo, conviene enfatizar que no necesariamente se sustituye una opción por otra”, afirma el investigador Richard Fletcher. “Si bien las redes sociales y las plataformas de video se transforman en la fuente informativa más utilizada en varias partes del mundo, se debe menos a su crecimiento y más a la caída de otras variantes. Es posible que la gente se conforme con un repertorio más reducido, y algunos tal vez abandonan por completo las noticias”, añade.

 

La crisis es tal que, por ejemplo, en el grupo que solía usar la TV para informarse semanalmente, pero dejó de hacerlo, un 9% ya no recurre a ninguna de las alternativas que se plantean los investigadores (prensa escrita, radio, podcast, redes sociales, chatbots de IA y sitios web o aplicaciones de distintos medios).

 

“Este escenario forma parte de una tendencia que hemos documentado en estudios anteriores, según la cual una minoría pequeña pero significativa en todos los mercados ya no usa ninguna fuente informativa. Se trata de un declive estructural y general en el consumo de noticias, y no sólo del auge y la caída de determinados medios”, advierte Fletcher.

 

Aunque El Salvador no fue parte de los países que abarcó el estudio de Reuters Institute, datos arrojados por encuestas realizadas por el Instituto Universitario de Opinión Pública (IUDOP) de la Universidad Centroamericana (UCA) desde 2019 -año del arribo de Nayib Bukele al poder- hasta el presente, ayudan a explicar el fenómeno en el caso salvadoreño.

 

En 2020, en el primer año de Bukele, al consultar a la gente sobre la frecuencia de consumo de noticias en los medios de comunicación nacionales, los resultados fueron: Siempre 74.1%; una o dos veces por semana 16.4%; rara vez 8.4%; y nunca 1%. Y cuando preguntaron solo a los que consumen noticias sobre el medio de preferencia, los datos registraron: Redes sociales 57.3%; televisión 29.4%; periódicos digitales 11.6%; periódicos impresos 0.8%; y radios 0.8%.

 

En 2026, en el séptimo año de Bukele, al consultar sobre la frecuencia de consumo de noticias en los medios de comunicación nacionales, los resultados fueron: Siempre 35.7%; una o dos veces por semana 21%; rara vez 29%; y nunca 14.3%. Y cuando preguntaron solo a los que consumen noticias sobre el medio de preferencia, los datos fueron: Redes sociales 57.7%; televisión 32.6%; periódicos digitales 5%; periódicos impresos 1.8%; radios 2.8%; otro medio 0.1%.

 

Los datos registrados muestran cambios en la recepción mediática. Hay reducción en la frecuencia de consulta y las redes sociales desplazan otros espacios, pero se incrementó la renuncia a ser informado. Es obvia la crisis de los medios de comunicación tradicionales, en especial por caída de audiencia o ausencia de publicidad y propaganda pagadas.

 

Los investigadores del Reuters Institute afirman que los diarios experimentan una profunda declinación estructural, impulsada por bajas tasas de adopción y de retención en cuanto a audiencias; en el caso de la radio, el factor clave es la baja adopción, mientras que en la televisión se trata de un problema de retención.

 

“Si bien la mayoría de la gente ha consumido semanalmente noticias por TV en algún momento de su vida, una gran cantidad ha dejado de hacerlo y el derrumbe se debe especialmente a la incapacidad de retener al público joven. Para muchos, las noticias por TV ya no son opción, mientras que los periódicos y la radio tal vez nunca lo hayan sido”, señala Fletcher.

 

Luego advierte: “Los adultos jóvenes de hoy envejecerán, pero nuestros datos indican que es poco probable que adopten los hábitos informativos de las generaciones anteriores. Los mayores no consumen más medios tradicionales sólo por su edad, sino porque fueron socializados según un conjunto específico de patrones y preferencias.”

 

“De nuestra investigación surge que relativamente pocos jóvenes han crecido con el hábito de leer periódicos y escuchar radio. Es posible que se haya desmoronado por completo la reproducción social de las audiencias de los periódicos y la radio. 

Y aunque muchos jóvenes sí han adquirido la costumbre de consumir noticias por TV, hay señales claras de que se trata de un vínculo menos duradero en comparación con las generaciones previas”, recalca.

 

Si hacemos una relación de esas conclusiones con lo que observamos en la realidad con respecto al papel crítico que deben jugar los ciudadanos -y receptores de medios-, se puede inferir el éxito rotundo de la manipulación de las corporaciones del algoritmo y los políticos que le apuestan al alejamiento de los individuos de su compromiso político en la sociedad.

 

Absorbidos por el consumo y el entretenimiento a través de una serie de artefactos sofisticados de nuevo tipo, parece que no queda el mínimo espacio para hacer reflexión crítica acerca de lo que acontece, así como sobre el ejercicio del poder por parte de políticos que manipulan y propugnan por el embobamiento colectivo. Los expertos en la “trampa digital” hacen de la suya.

 

De esa manera, al deterioro de la condición ciudadana se une el deterioro de la esfera pública, reconocido espacio de participación ciudadana, de debate e intercambio de ideas en función del bienestar colectivo de cara al poder. Los medios profesionales y la información de calidad, que juegan un papel determinante en su fortalecimiento, también están a la baja.

 

La comunicadora Valery Taborda Vargas, coordinadora de Canales Sociales de la Fundación Gabo, señala que “una parte significativa de las personas se siente abrumada por el exceso de información e incluso evita activamente las noticas. Sin embargo, esto no las aleja de las plataformas digitales: según GlobalWebIndex, tienden a refugiarse en contenidos ligeros o emocionales, más alineados a sus intereses. En ese sentido, la saturación no reduce el consumo, sino que lo reconfigura”.

 

Explica que esta “hiperconexión selectiva”, marcada por algoritmos que priorizan la inmediatez, la afinidad y las emociones, termina filtrando la realidad en fragmentos que no siempre permiten comprenderla. Así, mientras las audiencias permanecen activas en las plataformas, su capacidad de construir una lectura coherente de la realidad se erosiona.

 

La experta en comunicación digital reivindica al periodismo profesional como una vía para ofrecer información relevante, rigurosa y significativa en medio del ruido digital y del predominio del entretenimiento en redes sociales, ya que la búsqueda de información sigue siendo necesaria. Las audiencias necesitan comprender lo que ocurre a su alrededor.

 

Sin embargo, según afirma, en la práctica algunas dinámicas del entorno digital han llevado a ciertos medios de comunicación a reproducir contenidos que desconectan más de lo que informan y que priorizan la atención sobre el sentido; es decir, la viralidad sobre el contexto.

 

Taborda Vargas concluye:

“Esto se refleja en prácticas como el uso de herramientas de IA para especular sobre escenarios sin sustento informativo, como preguntarle a un chatbot cómo sería una situación, un lugar o el destino de una figura pública; la reducción de la agenda editorial a contenidos de entretenimiento, dejando de lado temas políticos, sociales o de análisis, o forzándolos a encajar dentro de la lógica del espectáculo; la amplificación de polémicas superficiales que alimentan las métricas digitales sin aportar al debate público; o la publicación constante de videos virales sin contexto, donde el medio actúa más como difusor de tendencias que como filtro y verificador de información.

 

“Estas prácticas no solo afectan la calidad de la información, sino que contribuyen a que el periodismo pierda su capacidad de orientar, explicar y conectar a las audiencias con la realidad.”

 

Difícil, pero cierto. Ocurre en la sociedad de la fascinación.

sábado, mayo 30, 2026

El encanto digital que enmascara el negocio de manipular la libertad

Por Guillermo Mejía

La sociedad está inmersa dentro de una atmósfera digital que contiene una variedad de artefactos sofisticados, como las redes sociales, que ilusionan a los ciudadanos con que posibilitan el ejercicio de su libertad cuando no son más que mecanismos de manipulación y representan un jugoso negocio corporativo.

 

Las ideas expuestas abonan a lo que se llama una visión pesimista, aunque realista, del fenómeno contemporáneo, que también tiene una visión optimista en cuanto hay quienes consideran que, como nunca antes, estos mecanismos digitales han revolucionado en tiempo récord muchos aspectos de la vida cotidiana.

 

Desde la perspectiva crítica, el profesor español Enrique Dans afirmó recientemente que “Durante años hemos llamado ‘redes sociales’ a algo que hace ya mucho tiempo dejó de serlo. La palabra red sugería relaciones, comunidades, conversación, vínculos entre personas. Pero lo que tenemos hoy en Facebook, Instagram, TikTok, X o YouTube no es una red social”.

 

Es una infraestructura industrial de extracción de atención, alimentada por vigilancia masiva, optimizada para mantenernos dentro del mayor tiempo posible y convertir cada gesto, pausa, desplazamiento, reacción o duda en un dato monetizable, según lo que remarcó el intelectual europeo en su sitio web personal.

 

Tras hacer un recorrido sobre la forma en se aprecia el problema y posibles soluciones, Dans hace eco del trabajo académico Towards a Post-Social Media Studies, elaborado por Petter Törnberg y Richard Rogers, de la Universidad de Amsterdam, que asegura que estamos entrando en una etapa posterior al paradigma clásico de las redes sociales.

 

“El contenido generado por usuarios deja de ser el centro, los grafos sociales pierden peso frente a sistemas de recomendación opacos, la conversación pública se desplaza hacia espacios cerrados o efímeros, y la inteligencia artificial empieza a convertirse no solo en intermediario, sino en medio de comunicación en sí mismo”, advierte. Dicho de otra manera: “el problema ya no es únicamente que las redes sociales funcionen mal, sino que el propio concepto de red social se está disolviendo en una maquinaria aún menos visible, aún menos auditable y aún más personalizada”.

 

Frente a esa realidad, a Dans le parece tan absurdo que el debate político siga girando en torno a parches: prohibir el scroll infinito, poner etiquetas, pedir más moderaciones, ocultar los likes, exigir controles de edad o confiar en que las plataformas diseñen voluntariamente entornos más sanos.

 

“Todo eso puede tener algún efecto marginal, pero no toca la raíz. Es como intentar combatir el tabaquismo obligando a cambiar el color del paquete, pero permitiendo a la industria seguir manipulando la nicotina para maximizar la dependencia”, sentenció.

 

Recordó que las redes sociales no son una infraestructura neutral contaminada por algunos malos autores, sino máquinas de extracción diseñadas para convertir la vida social en materia prima. Y cuando una máquina está construida para espiar, enganchar y polarizar, no se arregla puliendo la interfaz. Se arregla cambiando la ley que permite que esa máquina exista en esas condiciones.

 

“La cuestión de fondo es muy sencilla: una sociedad democrática no puede delegar su conversación pública en empresas cuyo negocio mejora cuando esa conversación se degrada. Y cuanto antes dejemos de fingir que esto es un problema de diseño, de educación digital o de moderación de contenidos, antes podremos formular la única pregunta que realmente importa: ¿vamos a seguir permitiendo que la vigilancia sea el precio de participar en la vida social digital?”, concluyó.

 

Las formas en que la red moldea nuestras decisiones

 

Para enriquecer la perspectiva, me parece importante traer a cuenta lo que expone en el sitio web The Conversation el también profesor español Víctor Hugo Pérez Gallo sobre las formas en que la red moldea nuestras decisiones.

 

Pérez Gallo inicia su reflexión así: “Nos gusta pensar que decidimos por nosotros mismos. Que elegimos qué ver, qué comprar, qué opinar. Que somos, en última instancia, sujetos autónomos navegando en un espacio abierto de posibilidades. Pero esa imagen empieza a resquebrajarse cuando observamos con más detenimiento cómo funcionan los entornos digitales en los que pasamos buena parte de nuestra vida cotidiana.”

 

Según él, Internet no nos quita la capacidad de decidir, sino que hace algo más sofisticado: configura el marco dentro del cual decidimos.

 

De manera textual, Pérez Gallo expone las formas en que la red moldea nuestras decisiones:

 

1. Elegimos lo que vemos, pero no lo que aparece

Cuando abrimos una red social o hacemos una búsqueda, no accedemos a “todo lo que hay”, sino a una selección previa. Un filtro invisible ha decidido antes qué merece nuestra atención. No sentimos que eso limite nuestra libertad porque seguimos eligiendo, pero lo hacemos dentro de un menú ya configurado.

 

Ahí es donde el poder se vuelve sutil, casi imperceptible. Como sugería Michel Foucault, no hace falta imponer conductas si se puede organizar el campo de lo posible.

 

2. Creemos que algo es importante porque nos lo ponen delante muchas veces

Hay temas que parecen inevitables. Están en todas partes: en titulares, en vídeos, en conversaciones digitales. Poco a poco, empiezan a ocupar más espacio en nuestra mente. No es casualidad, sino el resultado de procesos de selección que deciden qué circula y qué queda relegado.

 

Como explicaba Niklas Luhmann, los sistemas sociales funcionan reduciendo complejidad. Internet lo hace simplificando el mundo hasta convertirlo en aquello que aparece en pantalla.

 

Lo que no aparece simplemente deja de existir para nosotros.

 

3. Formamos opiniones en entornos que ya están inclinados

Muchas veces creemos que nuestras opiniones son el resultado de una reflexión personal. Pero lo cierto es que solemos construirlas en espacios donde ciertas ideas ya están reforzadas.

 

Leemos, escuchamos y vemos contenidos que apuntan en direcciones similares. Con el tiempo, eso genera la sensación de que “todo el mundo piensa así”.

 

Eso es hegemonía en el sentido que le confería el intelectual y filósofo italiano Antonio Gramsci: no hace falta obligar a nadie a pensar algo si se logra que determinadas ideas parezcan las más razonables, las más evidentes, las más normales.

 

4. Sentimos de determinada manera porque el entorno nos empuja a ello

Internet no solo organiza información: también organiza emociones.

 

Hay contenidos que circulan más porque generan indignación; otros porque producen miedo; y otros porque refuerzan identidades o pertenencias. Sin darnos cuenta, nos movemos emocionalmente dentro de esos marcos. Nos indignamos cuando toca indignarse, nos alarmamos cuando toca alarmarse, e internet lo sabe porque conoce nuestros gustos.

 

En términos de la profesora de Sociología estadounidense Arlie Russell Hochschild, podríamos decir que hay una especie de “guía emocional” implícita que orienta cómo debemos sentir en cada momento.

 

5. Compramos lo que creemos querer pero ese deseo ya estaba anticipado

Las recomendaciones parecen adaptarse a nuestros gustos. Y en parte lo hacen, pero también los modelan. Después de ver ciertas cosas, empezamos a interesarnos por otras similares.

 

Poco a poco, nuestras preferencias se vuelven más previsibles… y más dirigidas.

Aquí se cumple, en versión digital, una intuición clásica de Karl Marx: el sistema no solo responde a necesidades, también las produce.

 

No solo elegimos lo que queremos. Terminamos queriendo lo que aparece disponible.

 

6. Pensamos rápido, pero cada vez pensamos menos en profundidad

La lógica de internet premia la velocidad. Respuestas rápidas, contenidos breves, explicaciones simples. Eso facilita el acceso, pero tiene un coste: la pérdida de matiz, de duda, de elaboración.

 

Como advertía el sociólogo y filósofo estadounidense Herbert Marcuse, el riesgo de una sociedad altamente funcional es la reducción del pensamiento a una sola dimensión: lo inmediato, lo útil, lo evidente. Pensar despacio empieza a parecer un lujo innecesario.

 

7. Hablamos como la plataforma permite que hablemos

No solo cambia lo que decimos, sino cómo lo decimos.

 

Los formatos digitales –memes, hashtags, frases cortas– condicionan el tipo de lenguaje que utilizamos. Y, con ello, el tipo de ideas que podemos expresar.

 

Porque, como señalaba Ludwig Wittgenstein, los límites del lenguaje son también los límites del pensamiento.

 

Si el lenguaje se estrecha, también lo hace nuestra capacidad de imaginar otras formas de ver el mundo.

 

8. Y, lo más importante: todo esto nos parece completamente normal

Quizá lo más inquietante no es ninguna de las formas anteriores por separado, sino el hecho de que todas ellas han dejado de resultarnos problemáticas.

 

No sentimos que algo nos esté condicionando, ni percibimos pérdida de autonomía, ni detectamos imposición. Simplemente, vivimos así.

 

Eso es lo que los filósofos Theodor W. Adorno y Max Horkheimer identificaron como una de las formas más eficaces de dominación: aquella que no se reconoce como tal.

 

Pérez Gallo concluye su reflexión así:

“Si todo lo que ve, lo que le interesa, lo que le emociona, lo que desea –e incluso la forma en que lo nombra- ocurre dentro de entornos previamente organizados por otros, ¿qué parte de su vida seguiría siendo reconocible como ‘suya’ si, de pronto, quedara fuera de esos entornos?

 

“Y, aún más inquietante: si no puede responder con claridad ¿sigue decidiendo o simplemente está habitando decisiones que alguien (o algo) ya tomó por usted?

 

“Puede llevarse esta pregunta a la cama. Pero, cuidado: hay preguntas que, una vez pensadas, ya no nos devuelven la misma vida. Porque algunas preguntas funcionan como aquella pastilla roja de Matrix: no nos dan respuestas, nos obligan a ver lo que ya no podemos dejar de ver.” 

miércoles, abril 29, 2026

Reformular la opinión pública en un ecosistema mediático dinámico

Por Guillermo Mejía

Hasta hace poco los medios de comunicación centralizaron la conversación pública en la sociedad, es decir fueron vehículos idóneos para la generación de lo que llamamos opinión pública, sin embargo, perdieron ese monopolio con la llegada de las redes sociales que han ampliado el espacio y las opciones para producir este fenómeno sociopolítico y cultural.

 

Las implicaciones para la sociedad son enormes y como lo señala el comunicólogo argentino Carlos Scolari, de la Universidad Pompeu Fabra, en Barcelona, si con los medios tradicionales la información “primero se filtraba, después se publicaba”, con la llegada del nuevo siglo esa lógica se invirtió “primero se publica, después se filtra”. La crisis es evidente.

 

Por eso se ha dado, en algunas plataformas como YouTube, canales que son censurados o suspendidos temporalmente a raíz de opiniones e informaciones que ya han sido divulgadas, incluso se ha visto a alguno que lo han cortado de las transmisiones “en vivo”.

 

Para Scolari, en declaraciones al diario argentino La Nación, con el aparecimiento de los nuevos recursos como blogs y contenidos generados por los usuarios, hace dos décadas, se produjeron las primeras grietas en el casco de la vieja profesión periodística, al grado que algunos entusiastas llegaron a sostener que “todos somos periodistas”.

 

“¿Subir a las redes la foto de un perrito abandonado te convierte en periodista? Pensar que todos pueden ser periodistas fue un exabrupto, pero lo cierto es que la profesión periodística comenzó a perder centralidad. Hasta ese momento los medios controlaban lo que se decía y cuándo se decía”, dijo.

 

Desde esa óptica, el tiempo ha confirmado ese desplazamiento. Tanto la inversión publicitaria como las horas de uso y consumo tienden a privilegiar a las plataformas. Pero que un old media haya sido desplazado de su lugar de privilegio no implica que desaparezca. Hoy el ecosistema mediático es mucho más rico, variado y caótico que hace cuatro décadas. “Prefiero eso y no un ecosistema pobre, con un puñado de diarios, radios y canales de televisión que controlaban la información”, afirmó.

 

No hay duda que el periodismo sigue siendo importante, según el catedrático, solo que ha perdido el monopolio de la gestión de la conversación pública, situación que ha hecho entrar en crisis a otras instituciones, en primer lugar, la política. El sistema político, que él llama la “interfaz política”, fue diseñada en momentos en que los medios principales eran los diarios, ahí se construía eso que se llamaba la “opinión pública”.

 

“La interfaz política pudo procesar la llegada de los medios electrónicos, primero la radio y después la televisión. La videopolítica nació con el debate televisivo entre Kennedy y Nixon en las elecciones de 1960. Pero la emergencia de las plataformas, la multiplicación exponencial de contenidos y los flujos acelerados de información a escala global están poniendo a prueba las interfaces políticas”, señaló.

 

“La opinión pública ya no se construye en los medios tradicionales: es un fenómeno incontrolable y mutante que emerge de millones de interacciones en las redes. Incluso tengo serias dudas sobre la eficacia de ese concepto. A lo mejor ‘opinión pública’ es otro concepto zombi que sigue deambulando en los discursos académicos y periodísticos. Quizás debería ser descabezado”, agregó.

 

De acuerdo con Scolari, el crecimiento exponencial en la producción de contenidos volvió a la esfera pública mucho más polifónica y rica. Por otro lado, el mismo exceso de contenidos y su manipulación a través de los sistemas algorítmicos genera problemas a la constitución de una conversación pública democrática y abierta. Las amenazas son innegables.

 

“Lo repito: las interfaces políticas –por ejemplo, el sistema representativo- no estaban pensadas para la furia efímera de TikTok ni los tejemanejes de Cambridge Analytica. Pero me gustaría agregar algo: a menudo idealizamos el pasado. ¿La política eran tan democrática, republicana y conversacional en el siglo XIX como pensamos? No lo creo. Reinaban las fake news, proliferaban las operaciones de prensa, nadie estaba al margen de la censura y había más periodistas exiliados que en las redacciones. Seamos realmente críticos. Evitemos el catastrofismo de los filósofos de moda y tratemos de lidiar de la mejor manera posible con los problemas del siglo XXI”, sentenció.

 

Una pregunta obligada a Scolari: ¿Cómo debería formarse hoy un comunicador o periodista para entender un sistema donde conviven algoritmos, creadores independientes, marcas y reacciones profesionales?

 

Su respuesta: El desafío es enorme. Estamos formando profesionales para un campo profesional que desconocemos. ¿Cómo será el ecosistema mediático en 2040, cuando mis estudiantes tengan 40 años? Nadie lo sabe. Los planes de estudio de la segunda mitad del siglo XX fueron diseñados para formar profesionales que se pasarían toda la vida detrás de una máquina de escribir o un micrófono. Hoy debemos formar perfiles mucho más amplios y flexibles, capaces de cambiar de medio, género o formato de la manera más rápida posible. Pero como en todo proceso de cambio, junto a las discontinuidades hay también continuidades. Por ejemplo, la enseñanza de los lenguajes de la comunicación, desde la escritura al audiovisual, pasando por el sonido y las experiencias interactivas, deben ser parte de los planes de estudio. Saber cómo funcionan los sistemas algorítmicos y las lógicas de producción, circulación y consumo mediático son conocimientos fundamentales. Y agregaría otro: capacidad de interpretar las transformaciones de los ecosistemas mediáticos. Esto es como el fútbol: los mejores jugadores son los que tienen visión lateral y saben leer el partido. Si solo corren detrás de la última pelotita digital sin mirar al costado, los futuros profesionales pueden llegar a perder por goleada.