Saturday, April 30, 2022

Libertad de prensa y manipulación emocional

 Por Guillermo Mejía

Los ataques y presiones a los periodistas opacan la celebración del Día Mundial de la Libertad de Prensa, el 3 de mayo, conmemoración instaurada hace casi 30 años por la Asamblea General de las Naciones Unidas a iniciativa de los países que conforman la UNESCO. La situación, preocupante y lamentable, es global y El Salvador no es la excepción. 

En el caso salvadoreño, somos testigos de la cada vez mayor confrontación con periodistas por parte del presidente Nayib Bukele, miembros del gabinete de gobierno, así como posturas muy disparatadas que se destilan desde la presidencia y diputados oficialistas de la Asamblea Legislativa.

Sin embargo, hay que señalar que ninguna de estas acciones es fortuita, sino más bien puede englobarse en una bien pensada acción política que cae como “anillo al dedo” por las características de la sociedad contemporánea, tan proclive a lo emocional y enemiga del razonamiento. Recordemos aquello de que hay que darle cebo al pez.

El camino lo tienen asegurado con las redes sociales donde se da pauta al discurso oficial, con la consiguiente descarga irracional que ha llegado incluso a contaminar al sistema mediático tradicional, ya que éste palpa cada mensaje 24/7. A la vez, es preocupante de cara al ejercicio profesional, la proliferación del seudoperiodismo en la red. Y, por si fuera poco, desde el gobierno se utilizan los medios oficiales, radio, televisión y un periódico, como caja de resonancia.

Se agrega, como refuerzo, el decreto que sustenta el actual Estado de excepción, donde se advierte a los periodistas y población en general a no exponer ninguna marca o discurso de los integrantes de las bandas criminales dentro de lo que llaman “guerra contra las pandillas”. Es tan elástico que las interpretaciones al respecto están a la orden del día.

La sociedad emocional y mediática

Para sustentar el hecho de que vivimos en una sociedad emocional y mediática, el agrónomo y economista español Jorge Jordana nos ilustra: “A las generaciones anteriores a los ´millennials’, los que reteníamos datos en la memoria, nos satisfacía leer periódicos serios en lo que las verdades se razonaran y argumentaran adecuadamente. Evidentemente comprábamos más los que tenían una línea editorial más acorde con nuestros posicionamientos, pero ‘disfrutábamos’ con su lectura”.

“Aunque hoy sean digitales, nos siguen gustando este tipo de periódicos, pero las generaciones mayores estamos en trance de una paulatina desaparición. Los periódicos que mantienen el ‘formato’ antiguo están condenados a la desaparición: Todos los días van muriendo sus consumidores y no nace ninguno”, agrega Jordana en un reciente artículo en la web española Disidentia. “Por el contrario, las nuevas generaciones se abastecen de la levedad: frases hechas transportando verdades, semiverdades o falsedades, envueltas en brevedad, constancia repetitiva, movimiento, imágenes, colores y emociones; muchas emociones”, afirma.

Según el autor español, ahora y cada vez de forma más clara por la ausencia de datos en la memoria, la mayoría de las decisiones sociales se toman por razones emotivas o sentimentales. Por ejemplo, las causas que motivaron la elección del presidente Donald Trump en Estados Unidos, el incremento de los extremismos políticos, el florecimiento del nacionalismo, etcétera.

“Las sociedades están perdiendo la inteligencia y, con ella, la capacidad de comprender y exigir comportamientos y valores que refuercen el “capital social” y el espíritu crítico, único criterio que puede aproximar a la verdad”, advierte Jordana, “Cuando empiezan a estar influidas mayoritariamente por mensajes restringidos a 280 caracteres, los cimientos de la propia sociedad se tambalean. En eso estamos”.

En ese sentido, de acuerdo con el autor español, con la llegada de las redes sociales tal vez algunos pensaron que iba a ser un nuevo canal para transmitir verdades, pero las personas ya no “compran” los razonamientos o la información argumentada que hay que analizar y contrastar mediante nuestro espíritu crítico.

“Demasiado esfuerzo y, además, como ya no hay datos, no se puede contrastar: nos limitamos a aceptar y reenviar la mayor parte de lo que nos mandan ‘nuestros nodos’ informativos, seleccionados por nosotros mismos o por algún algoritmo tecnológico, que va reforzando nuestro vínculo emocional con ese nodo creativo. Esa es la información que nos gusta, la que más ‘clicks’ recibe el emisor, por lo que adquiere más publicidad y rendimiento económico”, añade.

Concluye Jordana: “El secreto de los nuevos medios de comunicación descansa en halagar las emociones de los individuos y, como la mentira permite más libertad creativa, es la que impera en la sociedad”.

Nayib Bukele, en El Salvador; Donald Trump, en Estados Unidos; Jair Bolsonaro, en Brasil; Manuel López Obrador, en México, entre otros, lo han tenido y lo tienen bien claro. Han conectado a través de lo emocional sacando lucro al desencanto ciudadano con los políticos, la imposición del populismo que agrada a las masas y la fabricación de la imagen del mesías salvador del pueblo.

La libertad de prensa es social

Pese a este sombrío panorama, que insisto no solamente es acá, sino alrededor del planeta, lo peor sería caer en la resignación frente al fenómeno expuesto y vale la pena recordar que nos asiste a los ciudadanos en general y periodistas en particular, demandar la libertad de prensa si asumimos que vivimos en una sociedad democrática, aunque defectuosa y hasta fallida, y que es necesario cambiar con el aporte de la función social de los periodistas.

Pero cuando nos referimos a la difícil situación de la libertad de prensa, en el marco del derecho a la información y del derecho de información, también hay que tomar en cuenta la forma precaria en que se desenvuelven los periodistas por intereses mercantilistas o ideológicos. Es sumamente importante para la sociedad que los periodistas no sean marionetas de intereses espurios de políticos o empresarios mediáticos que responden a componendas con sectores de poder.
 

Lamentablemente, en gran parte de los periodistas aún no se toma en serio la necesidad de que haya reflexión constante sobre esas condiciones precarias en que se trabaja en el sistema mediático nacional, peor cuando se estima que es urgente que los periodistas tengan una legislación que garantice la libertad de prensa a la luz de los derechos humanos.

Por eso es loable que, con anterioridad, la Mesa de Protección a Periodistas y Trabajadores de Medios Relacionados con la Información, donde está la Asociación de Periodistas de El Salvador (APES), propuso una ley a fin de proteger a los periodistas y comunicadores, aunque los anteriores diputados se hicieron lo desatendidos (incluidos los que ahora se dan golpes de pecho y dicen apoyar a los periodistas) y que en el actual período los del oficialismo la enviaron al archivo.

Hay que considerar que muchas naciones en el mundo cuentan con el estatuto de protección del periodista y vale recordar al diputado francés Emile Brachard que, en 1935, apoyó la sanción del estatuto para defender al periodista frente a las empresas periodistas, gobiernos de turno y sectores de poder que caen en la tentación de vulnerar los derechos de los periodistas.

“El periodista desempeña en la sociedad un papel principal, representa una parte de las fuerzas sociales que emanan de la opinión, influye en la política, en las ideas, en las costumbres, y sin embargo no tiene fuerza para defenderse a sí mismo”, advirtió en aquella oportunidad Brachard ante una situación que persiste en el caso salvadoreño.

Para una verdadera libertad de prensa, aunque moleste a las autoridades de turno, a los políticos en general y a muchos empresarios mediáticos, son necesarios: la apertura a la pluralidad para la construcción de una agenda que posibilite la participación de todos; la lucha por la integridad profesional de los periodistas; la creación de observatorios de medios; el compromiso de políticos y empresarios en no entorpecer el trabajo periodístico. Además, la promulgación del estatuto profesional del periodista y una legislación moderna sobre comunicación; el fomento de la auto-crítica de los medios y la crítica de la ciudadanía sobre dicha práctica; la construcción de ciudadanía como eje primordial de la práctica periodística; colocar a la ética como eje central del trabajo periodístico; y la lucha por la dignificación del periodista.

Y el hecho de que hay que tener bien claro que el problema de la libertad de prensa y la comunicación social en cualquier país, no solamente concierne a los medios de comunicación, editores, periodistas, académicos, etc., sino a toda la sociedad en un enfoque integral que parte del reconocimiento al ciudadano como titular del derecho a la comunicación y la información.

Thursday, March 31, 2022

La crisis de un periodismo anclado en el pasado

Por Guillermo Mejía 

 

Cada vez más, especialistas y profesionales relacionados con el fenómeno de la comunicación masiva advierten sobre la crisis del modelo tradicional del periodismo, dado la migración de las audiencias hacia el espacio digital, la precaria condición en que ha caído por la ausencia de publicidad y el hecho de no asumir la competencia que representan los receptores activos a través de la red de internet.

 

De ninguna manera se pretende sentenciar que el periodismo ha dejado de ser una herramienta necesaria para construir ciudadanos críticos, empoderados y educados en torno al derecho a la comunicación e información, ya que sería caer en un error, sino que es urgente ir aceptando que ha dejado de tener el monopolio del quehacer comunicativo.

 

La profesora argentina Adriana Amado afirma que “los medios son los que menos lo entienden, después vienen los periodistas de más de treinta años y después vienen los periodistas millennials vocacionales o millennials por edad (…) los medios son la institución más conservadora de siempre. De hecho, nunca los medios van a la vanguardia, los medios son eco de las tendencias sociales y siempre lo han sido”.

 

“Lo que pasa que en una época en que los cambios son tan rápidos y entramos en una vorágine porque la información 24/7, ese ritmo sin parar y sin centro, lo que hace es acelerarlos a la máxima potencia y después se hace el periodismo más antiguo”, agrega la investigadora de comunicación pública que cree que hay que asumir los desafíos, para un periodismo acorde a los tiempos.

 

Según la profesora Amado, el periodismo es una profesión muy fuerte compuesta por individuos muy frágiles –los periodistas- y “en esa fragilidad es que el periodista sufre todas las tensiones de un sistema que está en transformación (…) es como que tenemos un individuo sometido a grandes tensiones sin asistencia médica”, un personaje precarizado y mucho más que en otras profesiones.

 

El periodismo ha dejado de tener el monopolio de la comunicación y la información, ya que los ciudadanos hacen uso de su derecho a informar y opinar, especialmente en las redes sociales, incluso los mismos medios de comunicación se ven en la necesidad de contar con esos recursos para exponerlos a través de sus productos informativos, aunque es imprescindible la verificación.

 

Durante la pandemia por el COVID-19 hemos apreciado la forma en que médicos especialistas fueron materia central en la información de periodistas y ciudadanos, al grado que muchos pasaron de ser entrevistados por los medios a crear sus propios espacios en esos medios o desde la red de internet. Es una información valiosa por fuera de un periodismo chapado a la antigua.

 

Por su parte, el periodista y profesor venezolano Andrés Cañizález asegura que “el poder mediático ya no es lo que era en América Latina. Los medios tradicionales han perdido influencia en la definición de la agenda y las decisiones políticas, así como relevancia social. Si bien algunas empresas que venían de la tradición analógica lograron dar el salto de forma exitosa al mundo digital, lo cierto es que pasaron de ser voces usualmente poderosas y solitarias en sus países a estar insertas ahora en una suerte de torre de babel”.

 

“Ya no tienen ni la exclusividad en la emisión, ni el dominio del mercado. Han pasado a ser un referente más en un mundo polifónico que es la forma en cómo podrían caracterizarse hoy las comunicaciones masivas, dada la proliferación de emisores, la multiplicación de plataformas para el consumo de noticias o dedicadas al ocio, junto a interacciones directas que difuminan o borran lo que fueron las fronteras tradicionales entre emisores y receptores, en las que se basó el modelo analógico de décadas atrás”, agrega.

 

Cita Cañizález el informe de la Séptima Conferencia Ministerial Latinoamericana sobre la Sociedad de la Información, de 2022, que estima que la tasa de crecimiento anual del capital invertido en emprendimientos digitales ha sido del 53% en la región, a la vez que –según estudios académicos- entre 2010 y 2014 se creó el 74% de los medios nativos digitales de referencia en América Latina y el Caribe.

 

Según el periodista y profesor venezolano, al contrario de Europa Occidental, donde se han desarrollado experiencias exitosas (aun con bemoles) de medios públicos, la tendencia predominante en el siglo XX en la región fue el establecimiento de monopolios y duopolios privados que terminaron dominando ampliamente el mercado, cercaron a sus posibles competidores y gozaron de interlocución exclusiva con el poder político.

 

“En décadas anteriores el poder de los consorcios mediáticos mediatizaba (valga la redundancia) al poder político”, señala Cañizález que menciona a Televisa, en México; Venevisión, en Venezuela; y al grupo Clarín, en Argentina. “Son estampas de un pasado reciente, pero sin duda una fotografía del ayer. Es cosa del pasado el poder del cual gozaron los medios del mainstream económico y cultural para modelar y construir la agenda política”.

 

Recuerda cuando Hugo Chávez, en Venezuela, sacó del aire en mayo de 2007 al canal RCTV, con el argumento que se había vencido la concesión, pero que fue sin duda una decisión política: “El antes y después que simbolizó Chávez fue el de un presidente que podía gobernar polarizando a la sociedad y enfrentando a los medios masivos de comunicación”, sentencia.

 

“Los cambios que han tenido y que tienen lugar están representados en los triunfos electorales de figuras como Pedro Castillo en Perú, Nayib Bukele en El Salvador o Gabriel Boric en Chile, que simbolizan nuevas tendencias. Se puede alcanzar el poder, hoy, sin tener el respaldo y la maquinaria de los medios masivos, incluso se puede alcanzar el triunfo teniendo en contra al aparato mediático convencional”, afirma Cañizález.

 

Consigna que “detrás de sus triunfos, sin duda, está el hastío de esas sociedades, el cansancio ante una clase política que se desconectó de las demandas sociales, por decirlo fácil y rápido. Sin embargo, refleja una nueva realidad, este poder político emergente no está en deuda con el sistema mediático, al menos a simple vista. Los latinoamericanos apoyan hoy en menor medida a la democracia, según los estudios del Latinobarómetro, que también dejan al desnudo lo que se cataloga de ‘autoritarismo difuso’, el creciente apoyo a un gobierno no democrático si éste ‘resuelve los problemas’”.

 

El periodista y profesor venezolano señala tras visitas a México y Argentina, y su intercambio con diversos colegas, las siguientes tendencias que, si bien son generales, tienen particularidades en América Latina:

 

1.     El consumo de información y el tiempo al ocio sucede más en un Smartphone que en la pantalla de televisión.

2.     Los quioscos de prensa –en los países en los que aún sobreviven- comercian chucherías y otras bagatelas ante la ausencia de clientes que masivamente acudan a comprar el diario como otrora.

3.     El latinoamericano promedio entiende que lo que está en internet es gratis. En la región no hay una tradición fuerte de pagar suscripciones por contenidos mediáticos, la excepción está en los casos de contratar el servicio que provea TV por cable o pagar por el propio acceso a internet.

 

Cañizález cita al Instituto Reuters para el Periodismo: “se prevé como tendencia global una mayor virtualización de los medios de comunicación, tanto en la experiencia de cara al público como en sus dinámicas internas de trabajo con el creciente cierre de salas de redacción y periodistas trabajando desde casa o remotamente. Los medios en general deberán apostar por sus reinvenciones, y en el caso de varios países latinoamericanos, esto tendrá que ocurrir con un clima económico deprimido y en algunos casos con un poder político adverso”.

Sunday, February 27, 2022

El jesuita Ignacio Ellacuría y los retos del periodista en la sociedad

Por Guillermo Mejía

 

El padre Ignacio Ellacuría, rector de la Universidad Centroamericana (UCA), participó hace 33 años como ponente en un seminario de la Asociación de Periodistas de El Salvador (APES) sobre el periodismo en una sociedad en crisis. Sería de sus últimos aportes, ya que fue asesinado con los otros jesuitas y sus colaboradoras por militares en plena ofensiva rebelde, el 16 de noviembre de 1989.

 

El evento fue inaugurado por el entonces presidente Alfredo Cristiani y, además de Ellacuría, estuvieron el escritor David Escobar Galindo, Vice-rector de la Universidad “José Matías Delgado”; el abogado Ivo Príamo Alvarenga, director de la revista Presencia; y el abogado Francisco José Guerrero, presidente de la Corte Suprema de Justicia, que también fue asesinado a tiros meses después en un hecho confuso.

 

“Creo sinceramente en la enorme importancia del periodismo, precisamente en una sociedad en crisis, siempre puede tener una gran importancia, pero especialmente en una sociedad en crisis y especialmente en El Salvador, porque una sociedad en crisis en lo que hace falta, sobre todo, es hacer presente y patente la realidad de la situación, ocultada y deformada por los intereses que generan la crisis”, dijo Ellacuría en la introducción de su ponencia.

 

“Ahora, el modo principal que hay que manifestar la realidad de un modo masivo es, sin duda, a través del periodismo. Consiguientemente es enorme la responsabilidad de los periodistas, en la generación y en la superación de las crisis públicas que afectan la totalidad del país. En mi opinión no puede decirse que ante esta enorme responsabilidad, el periodismo del país ha estado técnica y éticamente a la altura, aunque, como luego diré aunque muy brevemente, esto no ha sido siempre por fallo de los periodistas, sino probablemente por fallo, en gran parte, de las empresas del periodismo”.

 

A partir de ese bosquejo, propuso algunas actitudes del periodista en una sociedad en crisis, en especial la salvadoreña entonces envuelta en una guerra civil que duró 12 años hasta 1992 con la firma de la paz. Sin embargo, hay que resaltar el hecho que más de tres décadas después de su propuesta todavía hay mucho que recorrer en función de un periodismo responsable y ético. Los retos son constantes.

 

Según Ellacuría, “la primera cosa urgentísima es mayor capacitación profesional, para poder cumplir con una misión principal, cual es la de captar cada vez más, plena y objetivamente la realidad. Son dos cosas distintas; captar plenamente la realidad es de por sí muy difícil y requiere una tarea incesante, pero por lo menos objetivamente; es decir, que no se trate de deformar, y comunicar esa captación, de la mejor forma posible al público, me parece es dificilísimo y aunque ya estén preparados, yo creo que se requiere una mayor capacitación”.

 

“En segundo lugar, mayor independencia. Ni siquiera quiero hablar de libertad, concepto bien difícil de manejar, mayor independencia ante las diversas presiones, que son tanto más graves cuando se está en mayor crisis; liberación del miedo ante todo. Sabemos todos que el miedo atenaza la verdad, incluso la disposición a encontrar la realidad. La liberación de intereses partidistas; liberación frente a la propia empresa periodística. Se habla mucho de libertad de prensa, pero ¿qué libertad real tienen los periodistas, y los demás que expresan o escriben en el país; cuando esa empresa coarta la libertad de información y expresión del periodista? Libertad frente a las presiones del gobierno ejercidas a modo de prebendas (ustedes lo saben muy bien) (…) liberación frente a los propios demonios interiores que todos llevamos y a la propia ideología que no nos deja ver bien las cosas”, agregó.

 

“Tercer punto, me parece importantísimo actualmente, mayor esfuerzo de investigación propia sobre los grandes problemas del país, más allá de comunicar la noticia elaborada por otros”, afirmó al reconocer que en ese momento de la historia nacional hubo un salto en el quehacer periodístico, pero era necesario cualificar aún más la profesión periodística, para no estar a merced, por ejemplo, solamente de la información del ejército o la guerrilla a través de sus canales de difusión.

 

“Cuarto punto. Mayor objetividad en la selección de jerarquización de las informaciones, según la trascendencia que tenga para el país y no según lo que favorezca o desfavorezca la ideología del medio. Cualquiera que haga un análisis de cuáles son los titulares de los periódicos, qué importancia se le da, cómo titulan contenidos que vienen de agencias, cuenta, etc. Se requiere un esfuerzo enorme por separar lo que es información de lo que es opinión; lo que es difusión de lo que es propaganda (…)”, continuó.

 

“Punto quinto, yo decía precisamente que por la crisis se refiere una gran moderación en las formas y una gran consistencia en los contenidos, porque hay que tratar de serenar. De los elementos de la crisis, voy a señalar primero que el periodismo debería enfocarse a la superación de la violencia, como método para resolver la crisis. En ese sentido atacar toda forma de guerra: guerra sucia, guerra total, guerra de baja intensidad; toda forma de terrorismo; terrorismo de estado, terrorismo de clase, terrorismo revolucionario (…) Segundo, la promoción de los métodos políticos como medio para resolver la crisis, especialmente la apertura democrática, y el diálogo del cual podremos hablar”, expuso Ellacuría.

 

Y continuó: “El tercer gran punto que creo que debería definir el periodismo, es la promoción de la identidad nacional en todos los órdenes, mediante un periodismo de altura que recupere y relance los valores nacionales; porque una gran parte de la crisis consiste en que se ha perdido la identidad nacional, se está a merced de la identidad norteamericana o la identidad socialista, no de la identidad nacional. Y finalmente, punto cuatro, la promoción de valores morales, como es, ante todo, la búsqueda de la verdad, el respeto a la vida humana, la solidaridad efectiva, la laboriosidad física del hombre salvadoreño, la austeridad en este país, la honestidad y la tolerancia con las personas y la flexibilización”.

 

Otro de los puntos que Ellacuría explicó ante preguntas de los asistentes fue lo de la objetividad. Señaló que –tal como se lo externó a un funcionario de la embajada estadounidense en el país- “… la manera objetiva, el método objetivo para encontrar la verdad en este país, era situarse en la perspectiva de las mayorías populares. Positivamente dicho, negativamente dicho. Y positivamente dicho no había que ponerlo en la búsqueda del bien común, sino que había que partir de lo que hay en este país, que es un mal común y no un bien común; y desde ahí empezar a trabajar”.

 

“Le dije que en El Salvador hay que ser parcial. ¿Parcial a favor de quién? A favor de las mayorías populares, porque democráticamente son las mayorías y éticamente son las más oprimidas, las más postergadas y las más insultadas”, agregó el cura jesuita, con cuya versión no estuvo de acuerdo el funcionario norteamericano, pero que le aclaró de inmediato: “está usted confundiendo dos cosas: la objetivad y la parcialidad. Puede haber una imparcialidad que sea sumamente inobjetiva, y puede ser una parcialidad que sea sumamente objetiva. Algunos de ustedes habrán leído el prólogo de Unamuno ‘En busca del sepulcro de Don Quijote’, y cuando dice él: ‘Anda por el mundo y allí donde veas un ladrón dile ladrón, un allí donde veas un mentiroso dile mentiroso, y allí donde vas un idiota dile idiota, y sigue adelante en busca de la estrella’”.

 

De más de tres décadas para acá han ocurrido tantas cosas. Pero el sentido de Ellacuría sobre el trabajo periodístico sigue vigente y hay que asumirlo especialmente en momento de crisis, tanto nacional como internacional. Por un lado, el desencuentro que persiste en la sociedad salvadoreña a partir de las condiciones estructurales nada bonancibles, para las mayorías populares y, por otro, la confrontación bélica en medio de intereses geopolíticos que ponen en entredicho el papel de los medios de comunicación una y otra vez en función de la desinformación y la manipulación.

 

A diferencia del contexto de la ponencia de Ellacuría, la complejidad del problema se extiende ahora ante la presencia de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación en nuestra vida cotidiana que aderezan el trabajo periodístico, muchas veces deformando la realidad, así como la relatividad de los hechos que infunde el pensamiento dominante y que se vehiculiza a través de las redes sociales convertidas, querámoslo o no, en una amplia cloaca de inmundicias. Urgimos de pensamiento crítico.

Monday, January 31, 2022

Memoria histórica: La revista Tendencias y su aporte a la transición democrática


Por Guillermo Mejía

 

A lo largo de una década, en los albores de la firma de la paz hace 30 años, la ya desaparecida Revista Tendencias fue un foro de discusión acerca de la transición salvadoreña tras la guerra civil desde la perspectiva de una diversidad de voces nacionales e internacionales, a lo que se sumó el trabajo de periodistas locales y extranjeros en un nuevo escenario tras el silencio de los fusiles.

 

El proyecto intelectual fue concebido por un grupo de intelectuales, entre ellos el historiador Roberto Turcios, la cientista social Breny Cuenca y el escritor y periodista Horacio Castellanos Moya, a los que se sumaron otros profesionales desde diversos campos, periodístico, social, económico, político y cultural cuyos aportes se encuentran en al menos 80 ediciones del producto editorial hasta su cierre.

 

Recientemente, el Museo de la Palabra y la Imagen (MUPI), dirigido por Carlos Henríquez Consalvi -“Santiago” de la Radio Venceremos-, informó que ha colocado al servicio de investigadores y público interesado el valioso archivo documental perteneciente a la Revista Tendencias, que desde 1991 al año 2000 tuvo un destacado papel en la posguerra, difundiendo la vida cultural y política del país.

 

“Este acervo fue donado al MUPI por su director el historiador y filósofo Roberto Turcios”, señaló el Museo. “En la Revista Tendencias, se publicaban artículos, investigaciones, crítica literaria y otros textos sobre el quehacer cultural, artístico y los cambios políticos de esa época. Con el fin del Conflicto Armado, nacen nuevos espacios y revistas, donde se expresa un nuevo crisol de escritores y artistas. Aunque después de un tiempo estos medios no sobrevivieron, sin embargo, dejaron un importante legado historiográfico a través de los archivos que generaron”, consignó la entidad cultural.

 

“La Colección Tendencias, ahora a disposición del público interesado, consta de las ediciones de la revista, así como textos y dibujos originales, centenares de fotografías históricas sobre personajes y eventos de arte, cultura y política”, agregó el MUPI sobre tan importante legado que viene a coadyuvar al tesonero trabajo intelectual sobre la memoria histórica en una sociedad tan olvidadiza.

 

Como parte de la producción editorial de la revista, en mi calidad de periodista y jefe de redacción, creo importante reseñar algunos pasajes de este nuevo tipo de producto que se insertó en la sociedad salvadoreña con la firma de la paz, y también creo necesario dejar constancia del hecho ante la falacia de querer deslegitimar el proceso de diálogo-negociación entre las partes en conflicto por 12 años.

 

Para que la entonces guerrilla del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) y los respectivos gobiernos de turno –el del PDC, en 1984, y el de ARENA, a partir de 1989- se sentaran en torno a la mesa de discusión, hasta la firma de la paz en 1992, hay tomar en cuenta la participación activa de la sociedad civil, así como especialmente de la voz de la Iglesia Católica en la personalidad de pastores como Mons. Arturo Rivera y Damas y el Cardenal Gregorio Rosa Chávez. Hay que tomar en cuenta también a la Comunidad Internacional.

 

En el artículo ¿Revolución política?, edición número 6, enero de 1992, se lee: “Se ha firmado la paz. El Salvador ha contemplado un poco estupefacto el aceleramiento y desenlace dramático de todo el proceso: la gente pasó calidoscópicamente por la incredulidad, la pesadumbre por sus muertos, los recuerdos, la alegría, la reflexión y la esperanza. No existe euforia manifiesta en ninguna de las partes, ni tampoco en el conjunto de la sociedad. Más bien se trata de una expectativa precavida, que es congruente con la naturaleza del fenómeno y transformaciones que se están viviendo: el fin de un período histórico y el comienzo de otro. Pero ¿qué acaba y qué comienza?”

 

La edición número 7, febrero de 1992, se centra en un acercamiento al relato del inicio del proceso en el terreno, cese de fuego, punto de partida de la aplicación y verificación de los acuerdos de paz, inicio de COPAZ y de la inserción de los líderes del FMLN a la vida política nacional. Se muestra una serie de análisis y crónicas sobre ese momento fundamental en la historia salvadoreña.

 

“El propósito principal de Tendencias es participar en este proceso de construcción o reconstrucción de país que estamos viviendo. No es que pretendamos contar con ideas geniales, sino que consideramos que las que tenemos, por ser producto de un proceso de estudio, discusión e intercambio, deben ser abordadas públicamente. En el fondo, la razón principal es que quienes estamos en PREIS compartimos el sueño de un país democrático y sin pobreza y la convicción en la apasionada capacidad creativa de los salvadoreños”, se dice en el espacio Carta de los editores. (PREIS fue el Programa Regional de Investigación sobre El Salvador, en el que nació la revista con su publicación número uno, en julio de 1991).

 

Uno de los pilares de la formación de la sociedad democrática es la libre discusión de ideas y esa es también parte de los objetivos planteados por el equipo editorial: “Uno de nuestros propósitos es participar en la creación de una nueva opinión pública, porque creemos que su protagonismo destacado es imprescindible para la democracia. Uno de los estorbos para la gestión de la opinión pública es el autoritarismo, eso modo tan extendido y tan fecundo para reproducir las perversidades del poder. En cambio, un proceso que se construye y enriquece desde las visiones diversas y contrarias que tratan de decidir en las decisiones públicas, puede convertirse en un factor de transformación del país y de disuasión para la arbitrariedad y la corrupción”, se lee en la Carta de los editores de la edición número 13, agosto-septiembre de 1992.

 

Horacio Castellanos Moya, uno de los autores salvadoreños de mayor proyección, escribió sobre Los intelectuales en la transición, en el número 12, julio de 1992: “La militancia política del intelectual es tema obsoleto en muchos países, no así en El Salvador, donde más de una década de guerra civil (con la consecuente polarización política e ideológica) produjo vicios y taras que resultan contraproducentes en una etapa de transición hacia la democracia. De ahí la necesidad de un debate abierto en torno a las funciones de la intelectualidad en El Salvador actual, un debate que parta de la herencia innegable de la guerra y abra horizontes. Tal es el espíritu del que surgen las siguientes propuestas”. Luego desarrolla los tres ejes: la independencia de criterio, el pensamiento propositivo y la transparencia.

 

Pero no todo fue color de rosa en el proceso y el cumplimiento de los acuerdos de paz, tal como se denuncia en la Carta a los editores del número 10, mayo de 1992: “Cuando se reflexione a distancia sobre la negociación, asombrarán algunas cosas. Entre ellas, que la Fuerza Armada y el FMLN firmaran, frente a frente, un acuerdo trascendental. Sin embargo, podrá percibirse que los acuerdos se lograron a contrapelo de la voluntad de un sector difuso pero poderoso. Ese sector conservador, afincado en el ejercicio autoritario del poder, se arraiga en los intereses agrarios tradicionales pero posee múltiples identidades y ramificaciones”.

 

“Los poderes conversadores han asumido el advenimiento de los Acuerdos de Paz como una derrota privada. Su influencia ideológica y su poder real en distintas esferas, les ha permitido ensombrecer las actitudes constructivas. Un ejemplo de ello sería la posición asumida por el conjunto de la empresa privada, incluyendo los grupos considerados modernos y abiertos al cambio, al negarse a participar en el despegue del Foro de Concertación Económica Social. Para tal actitud se ofrece un argumento inconsistente: no se puede dialogar porque hay intranquilidad social. Aplicando esa perspectiva, el gobierno y el FMLN no habrían podido negociar porque había guerra. La cuestión es lamentable porque el Foro es un espacio de encuentro para que diversos actores con intereses contrapuestos negocien una ruta de acuerdos sucesivos, que resulte en la estabilidad del país”, agrega. (Para todos es conocido que tras 30 años de la firma de la paz, la ausencia de condiciones socio-económicas justas para los salvadoreños es uno de las patas cuicas, una de las deudas sensibles que es necesario saldar retomando esos acuerdos de paz).

 

En la edición número 9, abril de 1992, se consultó a varios salvadoreños sobre: 1. ¿Qué ha cambiado en el país desde que se firmó la paz?, y 2. ¿Qué no ha cambiado que debería haber cambiado? Jorge “Mágico” González, el mejor futbolista cuscatleco, respondió: 1. Hay sacrificios en quienes por medio del trabajo quieren superarse. Es un gran incentivo, es bien productivo, para nuestro pueblo. Hay cambios a nivel de pensamiento. Todos sabemos lo que ha pasado y nos alegramos por lo que está sucediendo en el país. 2. El conflicto nos sigue dañando, pero va superarse poco a poco. Desgraciadamente no sufrí a la par de nuestro pueblo. Me siento cobarde. Me perdí un conflicto bélico entre nuestros hermanos y me siento mal.

 

Obviamente, es una muestra de lo que se puede encontrar en la Colección Tendencias, ahora a disposición de investigadores y público interesado en el Museo de la Palabra y la Imagen (MUPI). Por razones de espacio y para ser justos, me resulta muy difícil nombrar a cada una de las personas que mostraron sus aportes artísticos, sus crónicas y reportajes, sus análisis y reflexiones, etcétera. Hay que darse una visita por el MUPI para apreciar esta parte importante que nutre a nuestra memoria histórica. Digámosle no al oportunismo polítiquero que pretende desconocer el significado de la guerra fratricida, la firma de la paz y las deudas que aún están pendientes en el ya comenzado siglo XXI.