viernes, febrero 21, 2025

La ofensiva reaccionaria de Donald Trump

 Por Guillermo Mejía

El regreso de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos ha desatado una ofensiva reaccionaria a escala global, en la que convergen ideas libertarias y autoritarias de signo conservador y la implementación a gran escala del uso de las nuevas tecnologías, para moldear al ser humano y asegurar el éxito.

El nuevo proyecto, que no es tan nuevo, pues sustenta viejas ideas del “sueño americano” y pretende volverse un espejo, significa en la práctica una afrenta a la propuesta de una sociedad democrática y pluralista, donde tengan cabida la diversidad, la integración y los derechos humanos, entre otros aspectos.

Para el autor y profesor universitario Somdeep Sen, la vuelta de Trump “confirma que el culto a la personalidad tiene un inmenso atractivo en las democracias electorales. Trump se presentó a sí mismo como el ‘outsider’ franco y duro, con poca paciencia para las vacilaciones de los políticos de carrera. Más bien, se presenta como un líder decidido, dispuesto a transgredir todas las normas políticas y los controles y equilibrios democráticos por la causa nacional”.

Sin duda, es el modelo inspirador para muchos políticos y gobernantes, entre ellos el presidente salvadoreño Nayib Bukele.

“Bukele también llegó al poder en El Salvador como un ‘outsider’ político, con aires de estrella de rock, prometiendo un enfoque sensato de la violencia de las pandillas en el país. Sus políticas de mano dura llevaron a que el 1% de la población total esté recluida en megacárceles que parecen fortalezas. Esto incluye a tres mil niños”, afirmó Sen.

Otro de los inspirados por Trump es el presidente de Argentina, Javier Milei. “El fogoso economista y autodenominado presidente anarcocapitalista de Argentina llegó al poder promocionando sus políticas de ‘motosierra’ que recortarían un Estado supuestamente sobredimensionado y rescataría al país de una grave crisis financiera”, recordó.

De acuerdo con el profesor de la Universidad Roskilde, de Dinamarca, es significativo, a la vez, que tanto Bukele como Milei se hayan reunido con Elon Musk, empresario experto en nuevas tecnologías que trabaja con Trump, y es uno de los principales precursores de la instrumentalización de estos recursos tecnológicos a escala mundial para consolidar el proyecto reaccionario.

“Por supuesto, todas estas medidas antiliberales no se producen en el vacío de los contextos nacionales individuales. Los Trump, Modi, Orbán, Meloni y Bukele del mundo son muy conscientes de la existencia de los demás y están en proceso de forjar una alianza global”, consideró Somdeep Sen. Hay que estar pendientes del desenlace.

Por su parte, el escritor y periodista uruguayo Aram Aharonian comentó que “La llamada guerra cultural ultraderechista sirve a una recomposición de las estructuras de poder estatal, oligarquías económicas y estructuras sociales, con reafirmación de mayores dominaciones de países y grupos sociales”.

Según él, los ejes ideológicos se basan en el supremacismo blanco, el racismo y la precarización y control inmigrante, frente al respeto de la diversidad étnica, la integración social y la convivencia intercultural y, sobre todo, contra los avances igualitarios feministas y derechos LGTBIQ+ por un refuerzo machista y patriarcal; o, incluso, contra los derechos sociales y políticas redistributivas.

“Permanece el ultraliberalismo económico como doctrina y dinámica que ampara un paso más en la desregulación económica, la desprotección pública y el predominio oligárquico privado frente al bien común. Y, concomitantemente, se debilita el liberalismo político y la propia institucionalidad democrática como contrapoder soberano de la población para definir el contrato social o constitucional”, advirtió Aram Aharorian.

El golpe trumpiano a USAID

El cataclismo al interior del stablishment político estadounidense, y por ende a nivel planetario, ha llegado al grado que ha sido muy sensible el desmantelamiento de la agencia de fondos de cooperación al exterior, conocida como USAID, uno de los instrumentos de acción política y propagandística norteamericana, actualmente en revisión por la Administración Trump.

El periodista y escritor mexicano Alfredo Jalife-Rahme afirmó -en entrevista con el experto en geopolítica, el español Pedro Baños- que “estamos viendo el desmantelamiento de un proyecto de servicios de inteligencia a todos los niveles”, además de la asistencia a las redes de organismos no gubernamentales, medios de comunicación y políticos que han trabajado en consonancia con el proyecto hegemónico norteamericano tradicional.

Desde su propio entorno, el intelectual mexicano afirmó tener la lista de muchos que han recibido dinero de gobiernos norteamericanos para la acción propagandística, entre ellos periodistas: “Me da vergüenza publicar, porque eso demuestra la miseria de una profesión llamada periodismo, que necesita rehacerse, volver a hacer su crítica”, sentenció.

Según el autor, el golpe a USAID significa “el desmantelamiento de todas las Fake News de Estados Unidos (…) la política de la desinformación que formaba parte de su esquema de dominio mundial y uno de sus brazos operativos” y para el caso citó la corrupción en sectores de la oposición al gobierno venezolano donde millones otorgados por la agencia parece que fueron desviados del objetivo de derrocar al presidente Nicolás Maduro.

Pareciera que, con esa acción política, Trump se está lanzando piedras a su propio techo, pero hay que recordar que cada paso dado obedece a su proyecto.

“(…) Se está cayendo el mundo de George Soros, el mundo de Black Rock, el mundo de los banqueros Rothschild, el mundo de Bloomberg, eso es lo que se está cayendo. Todo un proyecto, el de Obama, el proyecto Woke (…)”, agregó. Se suma la confrontación con el periodismo profesional por parte de Trump que metió a influencers a la Casa Blanca para adaptar la cobertura mediática.

Sin embargo, Jalife-Rahme espera que “no vayamos a caer en el otro extremo de una verdad única a otra con una facilidad excepcional. Por eso hay que promover la pluralidad en los medios si no, pues, no tiene ningún sentido”. Surgen las interrogantes: ¿Qué se puede esperar de Trump y sus satélites en la ofensiva reaccionaria?, además ¿dónde está el proyecto alternativo a sus planes?

viernes, enero 24, 2025

La restricción del uso de teléfonos inteligentes en una sociedad de pantallas

 Por Guillermo Mejía

Cada vez cobra mayor fuerza la preocupación por el uso inadecuado de los teléfonos inteligentes en manos de niños y jóvenes, dado que esa exposición desmedida resulta perjudicial para su desarrollo personal y formación académica, al grado que en muchos países las autoridades se han visto obligadas a restringir los aparatos en centros educativos.

 

En esa línea, el presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva recién promulgó una nueva ley que restringe los smartphones en las escuelas, medida que afectará a estudiantes de primaria y secundaria a partir del mes de febrero. Los estudiantes solamente podrán usar los aparatos en casos de emergencia y peligro, con fines educativos o padecer alguna discapacidad.

 

El ministro de Educación, Camilo Santana, dijo a los periodistas que “Queremos que esos dispositivos, como en muchos otros países, solo sean utilizados en clase con fines pedagógicos y bajo la supervisión de un maestro”, situación que será también de provecho en el entorno familiar, donde los niños empiezan a entrar a la red de internet a edad temprana y sin control.

 

La medida ha tenido excelente acogida en la sociedad brasileña con lo que Brasil se une a los países que restringen el uso de teléfonos inteligentes en el mundo. Según la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), uno de cada cuatro países ha reglamentado su uso a nivel planetario.

 

Un estudio publicado por el Instituto Noruego de Salud Pública da cuenta que, en Noruega, el hecho que se haya eliminado los smartphones en las aulas produjo beneficios como reducción del número de consultas por síntomas y enfermedades sicológicas en atención especializada entre las estudiantes. También, disminuyó el acoso tanto de niñas como de niños, mientras mejoraron calificaciones y disminuyó el ausentismo escolar.

 

Se entiende que se procura el buen uso de los teléfonos inteligentes no su eliminación de tajo, ya que la presencia de las nuevas tecnologías en la sociedad es un hecho como parte de la revolución digital, aunque es necesario tener la capacitación adecuada, sin dejar de lado la dimensión moral. El problema es sumamente complejo por las características de la sociedad actual y para muestra traigo a cuenta la presencia de las pantallas en nuestro diario vivir.

 

La “pantallización” del ser humano

 

En otra ocasión, me referí a la presencia de las pantallas –de todo tipo- en la vida cotidiana, hecho que ha convertido al ser humano en “homo screen” u “homo pantalicus” por su estrecha relación y dependencia que le ha imprimido, situación que la podemos observar en nuestras experiencias mediáticas y de nuestras relaciones y comunicaciones con los demás, al grado que es imposible imaginar un mundo sin pantallas.

Para fundamentar lo anterior tomé los aportes del investigador y autor español Israel Márquez en el ensayo “‘Homo Screen´’: El humano pantallizado”, aparecido en la revista especializada en sociedad y nuevas tecnologías Telos, que hace énfasis en que nuestra era está dominada por pantallas, pantallas de diversos tipos y tamaños, pantallas públicas y privadas, pantallas verticales y horizontales, etcétera.

“Las pantallas se ha convertido en el dispositivo técnico que todos compartimos, y mediante el cual nos relacionamos, comunicamos y trabajamos. Las pantallas son hoy nuestro marco común, la puerta que abrimos diariamente para experimentar nuestra cotidianidad y acceder a distintos tiempos y lugares, pasados, presentes y futuros”, afirma el autor.

De esa forma, encontramos –junto a las pantallas de cine y la televisión- los modelos sobre los que hemos construido el concepto e imaginario de pantalla: pantallas de PC, pantallas de ordenadores portátiles, pantallas de videoconsolas portátiles, pantallas de teléfonos móviles, pantallas de reproductores de música portátiles, pantallas de tabletas, en fin.

“Esta multiplicación de pantallas ha cambiado profundamente el significado y alcance de esta palabra, pues una pantalla es hoy tanto la tradicional pantalla cinematográfica que miro cuando voy al cine, como la pantalla del tren en el que viajo, la pantalla de ordenador con el que trabajo, o la pantalla del teléfono móvil con la que escribo y me comunico con mis amigos”, explica Márquez.

En ese sentido, además de que la pantalla admite una pluralidad de significados, también admite una pluralidad de usos sin precedentes en su historia: Con la pantalla se puede ver una película o un programa de televisión, también jugar a un videojuego, escuchar música, hacer fotografías, grabar vídeos, escribir mensajes, realizar llamadas, difundir noticias, entre otras posibilidades.

“La pantalla del teléfono inteligente es hoy una auténtica pantalla-convergente en cuyo espacio tenemos a nuestra disposición todos los avances comunicativos de la historia del ser humano, dispuestos para ser activados y utilizados en cualquier momento”, afirma el investigador español.

Como la pantalla es ahora parte de nuestra identidad y de nuestro ser social, según Márquez, es oportuno señalar que se “está dando lugar a la emergencia de un nuevo tipo antropológico, una especie de ‘homo screen’ –si se nos permite la expresión- que tiene en el dispositivo pantalla un elemento fundamental de su ser y estar en el mundo”.

Así, si a lo largo de los siglos hemos conocido expresiones como ‘homo ludens’, ‘homo sacer’ u ‘homo faber’ –y otras más recientes como ‘homo videns’ u ‘homo sampler’-, “¿por qué no hablar, en este siglo XXI marcado por una explosión sin precedentes de pantallas, de un nuevo ‘homo screen’ u ‘homo pantalicus caracterizado por su estrecha relación y dependencia de la pantalla como parte integral de su vida cotidiana?”, se pregunta.

Recuerda que la “condición pantallológica” del ser humano ha sido anticipada por diversos autores a lo largo del siglo XX, pero no ha sido hasta la generalización durante el nuevo milenio de las pantallas de ordenadores portátiles, tabletas y, sobre todo, de teléfonos inteligentes que la emergencia de este ‘homo screen’ se ha hecho plenamente visible en nuestras sociedades.

En conclusión, a decir del autor, “de tanto ver y manipular pantallas el ser humano he terminado ‘pantallizándose’, fundiendo sus manos, sus ojos y su cerebro (…) en esas pantallas móviles y estáticas, públicas y privadas, verticales y horizontales, por las que se mueve, incansable, durante su rutina diaria y su tránsito por este (y otros) mundos”.

viernes, enero 10, 2025

La política gaseosa y el ejercicio del poder

 Por Guillermo Mejía

La utilización del entorno digital en el ejercicio del poder se ha consolidado de la mano de personajes políticos que privilegian la actuación frente a lo que se supone debe ser la discusión libre y abierta de los temas de interés público en la sociedad, a lo que se suma la falta de rendición de cuentas y acceso a la información.

“Si es cierto que los medios imponen su lógica a las instituciones políticas, religiosas o deportivas, bien vale la pena reflexionar sobre la mediatización del poder. ¿Cómo hacen política Donald Trump, Javier Milei, Volodímir Zelenski o Alvise Pérez?”, escribió el comunicólogo argentino Carlos A. Scolari.

“Si bien algunos de ellos provienen del broadcasting –Trump venía de presentar un reality show, Milei era un desaforado columnista económico y Zelenski se fogueó como comediante televisivo y cinematográfico-, en mayor o menor medida aprendieron a moverse con habilidad en el nuevo entorno gaseoso”, agregó.

Según Scolari, la mediatización del poder se expresa de forma gaseosa, en pequeñas moléculas textuales –pueden ser tuits, microvideos o memes (“viva-la-libertad-carajo)- que circulan de manera enloquecida por la mediasfera. El ciclo de estas minicápsulas es efímero, pero si están bien concebidas pueden marcar el debate público durante un par de jornadas o incluso más allá.

El comunicólogo hizo una comparación entre las formas de conducir la acción política a través de lo mediático por parte del ex presidente mexicano Andrés Manuel López Obrador, durante su período, y el actual presidente argentino Javier Milei. El primero con un formato viejo y el segundo con un formato novedoso, de nuevo tipo.

“Las Mañaneras de AMLO se ubican con comodidad en la tradición latinoamericana de Enlace Ciudadano, el programa sabatino de Rafael Correa, Aló Presidente de Hugo Chávez o las cadenas de Cristina Fernández de Kirchner, todos ellos ejemplos del viejo pero duro de matar broadcasting político en el pleno siglo XXI”, escribió Scolari.

“Lo que AMLO logra en tres horas diarias de broadcasting televisivo –imponer una agenda temática que el resto de políticos y periodistas están obligados a apoyar, rebatir, aclarar o criticar-, Javier Milei lo consigue con un tuit a las tres de la mañana o un microvideo en Tik Tok”, agregó el profesor argentino.

En ese marco, Scolari cree muy probable que Javier Milei y Donald Trump “pasen a la historia como la primera generación de políticos del siglo XXI por su total compenetración con las formas de comunicar de este nuevo tiempo. Lo de Trump es encomiable: nació siete años antes de AMLO y un cuarto de siglo antes de Javier Milei, pero fue pionero en comprender el uso de las redes sociales desde una concepción populista y por encima de las estructuras tradicionales de mediación política”.

Sin embargo, advirtió el profesor argentino que, al igual que los videos en Tik Tok, las stories de Instagram o los insufribles tuits de Javier Milei, ¿es posible que los liderazgos políticos del siglo XXI tengan un ciclo vital muy reducido? ¿Hasta dónde la volatilidad de la sociedad gaseosa los condena a una existencia efímera? Su hipótesis al respecto: Quizás estemos entrando en la era de los liderazgos snack, actores políticos con un crecimiento mediático exponencial pero cuya curva cae en picado víctima del hastío.

De igual manera, Scolari advirtió que “La brevedad y aparente simplicidad de la política gaseosa podría hacernos pensar que estamos ante un fenómeno de fácil comprensión. Nada más alejado de la realidad. Al multiplicarse exponencialmente la cantidad de actores, contenidos y plataformas, el ecosistema se vuelve más complejo. Atribuir los triunfos de Milei o Trump solo a su habilidad en el uso de las redes sociales es un ejercicio de pereza intelectual”.

“Estos liderazgos emergen de realidades sociales concretas y responden a desplazamientos subterráneos que ni las mejores encuestas llegan a detectar. Los medios, como no podía ser de otra manera, son parte esencial de ese entramado, pero de ahí a considerarlos la única causa hay una distancia que ni la afilada motosierra de Milei puede recortar. A la hora de explicar estos procesos, no podemos dejar fuera a los medios, pero solo con los medios no alcanza”, afirmó.

Aunque en sus escritos Scolari no se refirió directamente al caso del presidente salvadoreño Nayib Bukele, que se inscribe en este club de gobernantes populistas y que privilegia el uso del entorno digital en su acción política, es oportuno traer a cuenta el perfil de Bukele que construyó en años recientes el comunicólogo mexicano Rubén Aguilar Valenzuela:

 

v  Bukele utiliza de manera intensa y muy eficaz el Twitter y las otras redes sociales. A través de ellos “gobierna”, corre ministros, da órdenes o muestra imágenes que lo presentan como un hombre duro.

v  Su discurso incluye el concepto de pueblo, la descalificación a los poderes del Estado que no controla o lo contradicen, la crítica a los medios independientes locales e internacionales y a Dios.

v  Cuando lo considera necesario, como otros populistas, utiliza las instituciones del Estado, para investigar y golpear a sus adversarios. Y también la mentira en forma recurrente.

v  Su manera de comunicarse y decir las cosas, en una sociedad tan conservadora y tradicional como la salvadoreña, entusiasma a los jóvenes. En ese sector de la población tiene una gran aceptación.

v  Construye frases publicitarias de gran impacto como “que devuelvan lo robado”, para referirse a los anteriores gobiernos a los que califica de corruptos y no sin razón.

v  Hay un trabajo muy planeado, dirigido por él mismo, para construir su imagen y promover el culto a la personalidad, presentarse como único y el presidente más cool del mundo. La manera en que se viste busca subrayar esa condición.

v  Hace un uso intensivo de las encuestas. Con uno de los encuestadores de más confianza tiene conversaciones a primeras horas de la madrugada, para diseñar los mensajes comunicativos del día.

v  Quienes han estudiado al personaje plantean que en lo político su primer círculo, el de más confianza, está integrado solo por dos de sus hermanos.

v  El presidente con frecuencia subraya que su única ideología es el hacer y que sea con eficacia. Eso en un país donde los últimos 40 años ha habido una confrontación permanente y abierta entre la izquierda y la derecha.

v  Hay diversas versiones para explicar la reducción dramática de la violencia en El Salvador, pero es un hecho que ha tenido lugar durante el gobierno de Bukele. Él se presenta como un gobernante implacable frente al crimen.

v  El tipo de gobierno, el discurso y el comportamiento de Bukele, que con frecuencia aparece como un artista y un personaje frívolo, ha calado en la población salvadoreña.

 

Concluyó el maestro Aguilar Valenzuela que “Su éxito se basa que ha sabido despertar esperanzas e ilusiones en una sociedad golpeada por la guerra, la violencia y la pobreza. Como otros muchos populistas se plantea como el mesías capaz de cambiarlo todo”.  El populismo recargado cobra fuerza en sociedades presentistas, emocionales y que desprecian la memoria histórica.

viernes, noviembre 29, 2024

La reivindicación del periodismo frente a los “influencers políticos”

 Por Guillermo Mejía

El consumo de la información periodística por parte de los ciudadanos se ha ido desplazando hacia la producción de contenidos desinformativos que transitan, en especial, en la red de internet bajo la autoría de los llamados “influencers políticos” que no respetan los aspectos ético-morales de la comunicación y responden a intereses políticos determinados.

Cabe aclarar que en ningún momento se desconoce al ciudadano su derecho a la comunicación y a la información, ya que estos no pueden ser patrimonio exclusivo de periodistas o comunicadores, sino el señalamiento advierte sobre la tergiversación que se deriva del manejo desinformativo por parte de sujetos con claros intereses particulares.

De esa forma, encontramos personajes con pasado político caracterizado por el oportunismo y que han medrado de gobiernos anteriores, incluso lo hacen con el presente. Algunos han aparecido como asalariados en entidades estatales, situación que hasta ha causado malestar en quienes apoyan al régimen de turno.

La sinvergüenzada es tal que el propio presidente de la Asamblea Legislativa Ernesto Castro alabó en un principio a los “creadores de contenido” y dijo que las puertas de la instancia estaban abiertas, mientras despotricó contra los periodistas. La crítica a los diputados por parte de algunos “creadores” bukelistas por el despilfarro del grueso de diputados enturbió las cosas.   

Es común leer, ver o escuchar a estos “influencers políticos” en espacios digitales y el que algunos también incursionan en medios de comunicación tradicionales, en especial radios y televisoras, empresas que en busca del raiting para atraer audiencias y publicidad prestan sus espacios, para la difusión de desinformación y atropellos a la dignidad de la persona.

Más que un ejercicio de la libertad de expresión y de opinión se trata, pues, del abuso de ese derecho a sabiendas que se siguen agendas políticas particulares donde se confunde la propaganda con la información y la comunicación, fenómeno que se ve acompañado por el “trollismo político” en redes sociales.

La profesora Marta Montagut Calvo, de la Universitat Rovira i Virgili, de España, afirma que en la sociedad contemporánea esa desinformación, como uso de fuentes de dudosa credibilidad, información errónea, deslegitimación de fuentes expertas, entre otros, cabe dentro de lo que algunos autores llaman “la consolidación de una ‘comunicación iliberal’”.

En otras palabras, de acuerdo con la fuente que cita la autora en la web The Conversation, ese tipo de “comunicación iliberal” es una comunicación disruptiva que se junta a la erosión de instituciones como la prensa, las elecciones, la justicia y los derechos ciudadanos. Desdice de la tolerancia, el civismo, capacidad de respuesta y resolución razonada de las diferencias.

Según la profesora española, “Esta comunicación disruptiva tiene tres objetivos: confundir a los ciudadanos, generar solidaridad de grupo en términos de identidad cultural y política y, finalmente, romper el funcionamiento de la esfera pública. Dicho de otro modo, hacer que la ‘verdad’ deje de ser central en la vida pública y sea sustituida por un discurso identitario y tremendamente reaccionario”.

Montagut Calvo ejemplifica ese tipo de discurso en el tratamiento de “influencers políticos” del trágico episodio de la dana en las poblaciones de Valencia, España, donde “Estas figuras usurpan las formas del periodismo y proclaman la defensa de sus funciones normativas, atacando a los medios informativos convencionales desde una perspectiva claramente populista”.

Señala que estos perfiles de pseudoinformadores han infringido sistemáticamente el código deontológico del periodismo, sobre todo en materia de veracidad de sus informaciones y de humanidad, ya que en muchos casos atacaban a colectivos vulnerables o incurrían en delitos contra la privacidad y el honor. Lo confirma un estudio de la Universidad de Valladolid citado.

De todos es conocido el trágico resultado del fenómeno climático en Valencia, España, así como los bulos que se instalaron en el espacio público por parte de este tipo de personajes que de la mano de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación han adquirido –y van adquiriendo- una influencia considerable frente a los medios de comunicación tradicionales.

El periodismo en el atolladero

Una de los problemas que afrontan el periodismo en la actualidad se deriva de las estrategias cambiantes de las grandes compañías tecnológicas, entre ellas las redes sociales, los motores de búsqueda y las plataformas de video, según el Digital News Report 2024, que publica cada año Reuters Intitute y la University of Oxford.

“Algunas ahora explícitamente quitan prioridad a los contenidos periodísticos y políticos, mientras que otras han virado el foco de los medios hacia los ‘creadores’, y alientan formatos más divertidos y atractivos (incluyendo el video) para mantener más la atención dentro de sus plataformas”, dice el informe.

Advierten que, si bien estas empresas privadas no tienen ninguna obligación con respecto a las noticias, pero dado que mucha gente obtiene gran parte de su información mediante estas plataformas que compiten entre sí, tales cambios tienen consecuencias no sólo para el sector periodístico, sino también para nuestras sociedades. Hay que agregar la presencia de la Inteligencia Artificial y los chatbots que, sin duda, incrementarán la crisis.

En el caso salvadoreño, podemos ver el tránsito de la recepción mediática tradicional hacia las redes sociales en la encuesta de la Universidad Centroamericana “José Simeón Cañas”, referida al segundo año de la imposición del Régimen de Excepción, que arroja algunos datos acerca del consumo de medios en El Salvador.

En ese sentido, los salvadoreños dicen que se informan sobre el quehacer del gobierno del presidente Nayib Bukele a través de redes sociales (59.6%); televisión (29.5%); periódicos digitales (4.1%); radio (2.5%); periódicos impresos (1.9%); y otros (2.5%).

Hay cambios sustanciales con respecto al consumo de medios que reveló la encuesta de la UCA cuando se cumplió el primer año de la imposición del Régimen de Excepción, en 2023: redes sociales (46.8%); televisión (44.0%); periódicos digitales (3.9%); radio (2.9%); y periódicos impresos (1.8%).

Podemos inferir el espacio que han adquirido –y van adquiriendo- los “creadores de contenido”, en general, y para el caso que nos ocupa, los “influencers políticos”. Y, por supuesto, en esto último, la gravedad de la situación; por cuanto, la desinformación se ha ido enraizando en la sociedad salvadoreña, aunque no es un problema exclusivo, sino está a escala global.

Para contextualizar, el especialista estadounidense Justin Rosenstein afirma que los algoritmos y los incentivos de las redes sociales hacen que lo que se vuelve viral no sean los contenidos electorales legítimos: “Son las mentiras, el miedo, las teorías de la conspiración inventadas y las amenazas de violencia”.

“El resultado es el temor a que haya disturbios sociales en la jornada electoral y los días posteriores. Los intentos de Twitter y Facebook para etiquetar los mensajes más escandalosamente falsos y peligrosos van por detrás de las incansables campañas de desinformación que están deteriorando la fe en la democracia”, agrega.

Rosenstein advierte: “Sé que las redes sociales no tenían la intención de convertirse en vehículos de peligrosa propaganda política. Pero no han hecho los profundos cambios estructurales necesarios, y nosotros, el pueblo, estamos pagando el precio. A pesar de lo que esas empresas quieran hacernos creer, la solución no es contratar a más moderadores o descubrir mejor las informaciones falsas. Esas cosas no son más que tiritas. El sistema está roto. Para que las cosas cambien es necesario transforman las estructuras de gobierno corporativo de las compañías. La solución para salvar nuestra democracia es aplicarles los principios democráticos”.

También, urge alfabetizarse mediáticamente y, eso sí, reivindicar el buen y valiente periodismo.

viernes, noviembre 01, 2024

Las amenazas al periodismo en la sociedad contemporánea

Por Guillermo Mejía

La principal amenaza al periodismo profesional radica en que, ante la realidad tan compleja, somos incapaces como sociedad de ponernos de acuerdo en cómo determinar que algo constituye un hecho concreto y, por lo mismo, somos víctimas de interpretaciones donde impera la desinformación.

Esa advertencia, entre otras, la expuso recientemente en Argentina el periodista y editor retirado Martin Baron, que posee una amplia experiencia en medios como Washington Post, Miami Herald, Boston Globe y New York Times, y es autor del libro Collision of Power. Trump, Bezos and The Washington Post (2023).

“La principal amenaza a la que nos enfrentamos hoy en día es, casi sin duda, la incapacidad de la sociedad para ponerse de acuerdo sobre un conjunto compartido de hechos. En realidad, es peor que eso. No podemos ponernos de acuerdo en cómo determinar que algo constituye un hecho”, afirmó en un encuentro donde se refirió a la relación entre periodismo y tecnología.

Esta situación representa un peligro no solo para el periodismo, sino para la democracia e incluso para el progreso de la humanidad, según el editor estadounidense ahora dedicado a la capacitación de periodistas.

“La democracia exige que mantengamos un debate sobre las políticas que se implementan. A menudo implica diferentes análisis y diferentes interpretaciones de los eventos y los datos. Pero presupone que, en términos generales, estamos de acuerdo en los hechos más básicos. No obstante, a menudo, y es preocupante que así sea, este ya no es el caso”, recalcó.

Baron ejemplificó con experiencias de su propio país, para sustentar sus puntos de vista. En primer lugar, se refirió a las elecciones presidenciales de 2020, que ganó Joe Biden, pese a los intentos fallidos de su contraparte, Donald Trump, por desvirtuar. Sin embargo, más de un tercio de los votantes registrados, y casi dos tercios de los republicanos, cree que Biden perdió.

“¿Por qué? Porque eso es lo que les dice, una y otra vez, un expresidente que no soporta la idea de que la ciudadanía estadounidense haya votado para desalojarlo de la Casa Blanca. Y porque este expresidente cuenta con el apoyo de sus aliados mediáticos, en televisión, radio y en línea, que difunden esas mismas mentiras sin cesar”, señaló.

En segundo lugar, el 6 de enero de 2021, ocurrió el violento ataque al Capitolio de Estados Unidos -donde hubo incluso asesinatos- incitado por Trump. “Lo vimos con nuestros propios ojos. Lo escuchamos con nuestros propios oídos (…) No obstante, lo que escuchamos de parte de los miembros del Partido Republicano fue que el comportamiento canallesco del 6 de enero de 2021 fue nada nada más que una ‘visita turística normal’. Que el desenfreno de la turba insurrecta, violenta y armada fue un ‘discurso político legítimo’. Que las personas detenidas y encarceladas son rehenes políticos a quienes se persigue de manera injusta e ilegal”, dijo Baron.

En tercer lugar, se refirió al tema de la pandemia, donde pese a que se ha comprobado que las vacunas funcionan, “Sin embargo, una gran parte del público estadounidense cree que las vacunas te enferman e incluso pueden matarte”, advirtió.

“(…) sigue habiendo desinformación sobre las vacunas, ya que gran parte del público rechaza el conocimiento y experiencia de los principales científicos y médicos y, en cambio, acepta la información errónea –o la desinformación- difundida por los políticos y otras personas cuyo propósito primordial es generar caos, ganar poder y obtener algún beneficio”, agregó Baron.

La segunda amenaza, relacionado con la primera, y más grave, pues se relaciona con el poder de la tecnología para disfrazar y falsificar lo que consideramos realidad.

“Ya hemos visto cómo las redes sociales pueden ser manipuladas para influir en las elecciones, despertar pasiones, generar hostilidad contra las poblaciones marginadas y los enemigos percibidos. Pero es probable que el mayor desafío provenga de la inteligencia artificial generativa”, apuntó el periodista norteamericano.

“Las falsedades, especialmente las relacionadas con las imágenes visuales, se volverán más frecuentes, más peligrosas y cada vez más difíciles de detectar y refutar. Desde el video hasta la fotografía, las imágenes que son totalmente falsas parecerán sorprendentemente reales. Es probable que las herramientas que usamos hoy para discernir tal manipulación no nos resulten suficientemente útiles para ese fin”, añadió.

Baron advirtió que la Inteligencia Artificial generativa “no puede hacer periodismo. No puede verificar lo que es verdadero y lo que es falso, y es sumamente susceptible a la difusión de información errónea y desinformación que recoge de fuentes poco confiables en internet. Le otorga a cualquier persona que tenga intenciones maliciosas los medios necesarios para difundir, de manera rápida y con facilidad, falsedades que resultan creíbles”.

La tercera amenaza es la estabilidad financiera de las organizaciones de noticias, donde la mayoría sigue padeciendo inseguridad económica.

“Cualquier amenaza a la sustentabilidad económica es una amenaza a la capacidad de las organizaciones de noticias para que puedan cumplir con sus tareas más básicas en tiempos de democracia: desde informar al público acerca de lo que está pasando en sus comunidades, países y en el mundo hasta hacer que las personas e instituciones poderosas y con gran cantidad de recursos rindan cuentas por su accionar”, afirmó Barón.

Y, pese al desafío de la presencia de las nuevas tecnologías, “Los medios de comunicación deberán alejarse de lo que se ha convertido en una dependencia y, en muchos casos, una adicción al tráfico de los motores de búsqueda y las redes sociales. En otras palabras, deberán generar una base genuina de lectores, oyentes y espectadores leales que confíen en su marca, a quienes les guste lo que producen y que periódicamente regresen directamente a consumir sus productos”, recomendó.

El cuarto desafío lo relaciona Baron con la forma en que se reinventa el entorno de los medios de comunicación; por ejemplo, la forma en que los jóvenes absorben información difiere de lo otras generaciones lo han hecho, pues están más orientados hacia las imágenes y menos hacia el texto. La capacidad de atención es breve, a veces, sorprendentemente breve.

“Las estructuras formales y tradicionales de las historias no son bien recibidas. La voz de la autoridad, es decir, el tono habitual utilizado en las principales instituciones mediáticas, a menudo sufre el repudio. Se acoge con beneplácito la voz de la autenticidad, la voz de personas aparentemente corrientes, como los propios lectores, espectadores y oyentes”, advirtió.

Por otro lado, según el autor, hay que considerar las colaboraciones con personas influyentes que gocen de buena reputación en las redes sociales: “Algunos influencers ganan mucho dinero trabajando por su cuenta, pero este no es el caso de la gran mayoría. Sin embargo, muchas de estas personas saben muchísimo sobre su área de especialidad, sea cocina, asesoramiento técnico o mantenimiento del hogar”.

“Los grandes medios de comunicación pueden beneficiarse de la experiencia de estos influencers y de la autenticidad de sus comunicaciones.  A su vez, los influencers pueden beneficiarse económicamente de nuestras plataformas de medios para llegar a más seguidores y compartir publicidad generada a través de nuestras colaboraciones”, añadió.

En cuanto al quinto desafío, Baron pone en perspectiva la crisis de valores que envuelve a la profesión periodística, en especial a partir de las críticas de algunos periodistas sobre la presencia de una ética formal e insuficiente frente a las amenazas a la profesión periodística y la misma democracia. Para el caso, sigue en crisis el concepto de objetividad ante el derecho de los ciudadanos a conocer realmente los hechos. La gente podría distinguir mejor la verdad de la mentira.

“En última instancia, los críticos consideran que la idea de objetividad no solo es arcaica, sino también contraria a nuestra misión en general: afirman que el estándar de la objetividad es una camisa de fuerza. La consecuencia práctica es la desinformación. Nuestro trabajo se ve despojado de valores morales. El público no recibe el servicio que merece. La verdad queda enterrada”, precisó.

Sin embargo, Baron aclaró que “Procurar la objetividad quiere decir nada más y nada menos que debemos ser conscientes de nuestras ideas preconcebidas y de nuestros prejuicios. Debemos reconocer que pueden influir indebidamente en nuestro trabajo. Y tal como esperamos de otras profesiones, debemos evaluar las pruebas de manera justa, honesta, precisa, rigurosa e imparcial”.

En esa dirección, Baron ofreció los siguientes consejos:

-La idea es tener la mente abierta cuando comenzamos nuestra investigación y hacer nuestro trabajo de la manera más minuciosa y meticulosa posible.

-Este proceso requiere que tengamos la voluntad de escuchar, el afán de aprender y la conciencia de que nos queda mucho por saber.

-No empezamos con las respuestas. Vamos a buscarlas, primero con el ya de por sí formidable desafío de formular preguntas adecuadas y finalmente con la ardua tarea de la verificación.

-El mundo tiene más matices de lo que podríamos imaginar en un principio. No es que no sepamos nada cuando empezamos nuestro trabajo como periodistas. Es que no lo sabemos todo.

-Y, por lo general, no sabemos mucho, o quizá ni siquiera la mayor parte de lo que deberíamos saber. Y lo que creemos que sabemos puede no ser correcto o que nos falten piezas importantes. Así que no podemos aprender a conciencia lo que no sabemos o no entendemos del todo.

-A eso llamo yo informar. Si no es eso lo que entendemos por informar de verdad, ¿a qué nos referimos exactamente?

“Creo que nuestra profesión se beneficiaría si escucháramos más al público y le habláramos menos al público, como si lo supiéramos todo. Creo que deberíamos sorprendernos más por lo que no sabemos que por lo que sabemos, o por lo que creemos saber. En el periodismo, nos vendría bien más humildad y menos arrogancia”, concluyó Martin Baron.

viernes, octubre 04, 2024

Estampas de la tierra de los “muñecos de barro”

Por Guillermo Mejía

 


Cómo olvidar la tierra que nos vio nacer y donde crecimos junto a la familia, amigos y las figuras que, en conjunto, moldearon nuestro carácter, nuestra forma de ser y sentir. Esa experiencia nos comparte el escritor Ramón Rivas en su reciente obra Lo me que me contaron y viví en Ilobasco (Editorial Arcoíris, 2024).

El también antropólogo y director de Cultura y del Museo Universitario de Antropología (MUA), Universidad Tecnológica de El Salvador, reúne en su obra 34 pasajes cortos, sencillos y amenos, en los que relata lo que vivió, en esa ciudad del departamento de Cabañas, en cada etapa de niño y adolescente, así como sus reflexiones ya siendo adulto.

En el prólogo de la obra, el colega Carlos Ernesto Deras refiere que “El presente libro, no solo nos reseña la vida cultural de Ilobasco a partir de la propia memoria de Ramón Rivas, no. Como académico e investigador, Rivas consultó a muchas personas de avanzada edad, desde los años 90 y fue sistematizando sus vivencias, que fueron también las experiencias de los pares de él.”

En esa dirección, nos cuenta el autor que “Cerdos, patos, gallinas y perros pululaban en los patios y la calle” y ya entrada la noche y después de la cena “la gente colocaba sillas en la calle y se sentaban en familia y con amigos a platicar hasta bastante entrada la noche, siempre había de qué hablar”, y los niños jugaban “escondelero”, “esconde el anillo” y “arranca cebolla”, entre otros juegos.

Las esperadas vacaciones de fin de año servían ya sea para aprender a nadar o “chupar caña”, tan abundante en la región, en un tiempo en que –según Rivas-, todos en Ilobasco nos conocíamos. Era el tiempo en que del pueblo había que salir los domingos por la tarde, para poder ver y comer algo de las muchas ventas en las esquinas de las calles.

“Era el pueblo de calles empedradas, de casas con paredes de adobe, blancas y techos de teja de un color pardo rojizo. Era el tiempo en que casi nadie se veía en la calle. Los días eran largos, los meses tardaban en llegar y un año era toda una vida”, relata.

Recuerda a todos los profesores que lo formaron siendo pequeño. “Aún veo al profesor Oliverio dibujando en la pizarra esas primeras imágenes que aprendí para la vida: el cuerpo humano, plantas, continentes con sus ríos, volcanes y desiertos del mundo; pero también recuerdo los dibujos de pájaros, abejas, etc., y su importancia para la vida humana”.

Cuando en 1969 cursaba el sexto grado, con el profesor Zelaya, se dieron acontecimientos que marcaron la vida. El maestro explicó lo que sucedía. “Por ejemplo, en ese año se dio la guerra entre El Salvador y Honduras, ahí estaba listo para decirnos cómo teníamos que actuar en caso de emergencia; pero también fue el año en que por vez primera el ser humano puso pie en la luna, cuando las noticias eran que Neil Armstrong había dicho desde allá: ‘es un pequeño paso para un hombre, pero un gran salto para la humanidad’, algo que a mi edad era incomprensible”.

En ese año, también El Salvador hizo la hazaña para asistir al Mundial México 70: “Pero el profesor dijo que lo importante eran las clases y ¡cuidado como uno de nosotros se quedara ‘esquiniando’ para ver un partido! Pero, además, era en el tiempo que en Ilobasco sólo unos pocos podían disponer de televisión”. Por cierto, la suegra del profesor Zelaya, doña Tomasa Rosales, tenía televisor, era blanco y negro, y del tamaño de un cajón para guardar ropa.

Como todo oriundo de esa localidad, Rivas se refiere a lo que llama “Leal y honrosa generación del barro”, peculiar quehacer popular que caracteriza a sus coterráneos y la ciudad.

“Los vientos y el frío de la noche anunciaban la Navidad. Había que ir pensando en adornar los nacimientos con los muñequitos, también conocidos por la gente como pichinguitos de barro”, nos cuenta. Ahí encontrabas La ciguanaba, Chepe Toño, “sopeándose” un botellazo de aguardiente, el Duende, el Cipitío, la pareja de guardias nacionales, los viejitos canosos que les temblaba la cabeza, porque en el cuello tenían un diminuto resorte, los novios y los músicos.

Se agregaban San José, la Virgen, el niño Dios y chivos blancos guiados por pastores. Los barbudos reyes magos se veían impecables sobre los camellos.

“Fue don Juan Córdova, el artesano que le dio vida a los nacimientos, él, don Juan, creó el bonito ‘misterio’, que luego lo moldeó y así se convirtió en el nacimiento tradicional que mostraba a Jesús, José y María, acompañados por el buey y la mula. Esta singular obra de barro se ha perpetuado hasta nuestros días”, relata.

“Fue también don Juan Córdova el artesano del barro que creó las muy famosas ‘pistolas de barro’ (mitad pistola y mitad pene) en diferentes tamaños que fue una verdadera atracción para muchos y escándalo para otros”, agrega Rivas.

El autor se refiere al impacto de la guerra civil de 12 años y que culminó en 1992, mediante los Acuerdos de Paz.

“La guerra cambió por completo la vida del pueblo, y si antes, luego de la cena, todo mundo salía a platicar y sentarse en las puertas de sus casas o las esquinas de las calles, la gente ya no lo hizo y, poco a poco, el pueblo se fue convirtiendo en una especie de ciudad vacía, llena de miedo; por las noches, después de las seis, la gente se encerraba y una especie de cultura de la desconfianza comenzó a prevalecer entre todos sus pobladores”, lamenta.

Los costos y los cambios culturales, que permearon la sociedad salvadoreña en esos años del fratricidio, sabemos que fue una experiencia común en cada pueblo, incluido Ilobasco.

Ramón Rivas hace una reflexión muy sentida al final de su libro:

“Lo que vi y lo que yo he escuchado del ‘Ilobasco de mis recuerdos’ es como una historia sin fin que con el transcurso de los años, en determinados momentos, ha sido como empujada, consiguiendo un crecimiento sin precedentes: el auge del deseo de vivir de su gente; voluntad de pertenecer a un lugar, de identificarse con ese lugar y su historia; pero también, el aparecimiento de la creciente violencia, la desidia y la maldad, de lo económico, de las migraciones y la desafortunada desintegración familiar. Aparejada con la destrucción de casi todo su patrimonio edificado. Ilobasco ya no es la misma comunidad de vecinos y conocidos de los que fue hasta el inicio de la década de los años 80. ¡Qué lo siento!”

Ficha técnica

Rivas, R. (2024). Lo que me contaron y viví en Ilobasco (1.ª ed.). Editorial Arcoíris, San Salvador, El Salvador.

jueves, septiembre 19, 2024

Ciudadanos bajo el régimen de la pseudocracia y la manipulación del algoritmo

Por Guillermo Mejía

La ciudadanía pervive en tiempos de la revolución digital, que les vende la ilusión de respirar en un ambiente de libertad y que sus voces son escuchadas, a pesar que todo responde a estrategias de lo que se denomina pseudocracia, en la que se da la manipulación vía los algoritmos y se produce la desmovilización social.

La pseudocracia viraliza la pseudoinformación que emite quien mejor miente, dinamiza una maquinaria que (re)produce –recrea y genera- una falsa realidad, adaptada a los prejuicios cognitivos y los sesgos emocionales de las audiencias, mientras los algoritmos sirven para organizar los contenidos en función de manejar a los usuarios.

De esa forma presenta el fenómeno el periodista y profesor universitario español Víctor Sampedro Blanco, que caracteriza a la comunicación contemporánea dentro de la pseudocracia como un conjunto de medios, sondeos, urnas y algoritmos que expresan una opinión pública estructurada, privatizada y despersonalizada.

“Reproduce la estructura social; es decir, expresa la posición que ocupamos en ella. Privatiza el debate y el conocimiento colectivo. Y fomenta procesos individuales de consumo y autopromoción. Se dirige a ‘perfiles’ que segmentan el público, una vez convertido en audiencia datificada”, agrega el especialista en comunicación política y opinión pública.

Al grado que la representación de la opinión pública resulta ubicua y cambiante para secuestrar nuestra atención, según Sampedro Blanco. De modo que, además de reflejar –siempre parcialmente- el cuerpo social, también en parte lo invisibiliza y lo paraliza ante la pantalla. Este es un proceso circular y tautológico: genera “opiniones públicas” contradictorias pero intercambiables. Y se mantiene aplicando una racionalidad y un populismo impostados.

Tal como lo observamos en nuestras sociedades, más allá de programas políticos e ideologías, las prácticas se sustentan en mucha pseudoinformación –como formato dominante- donde la comunicación se contagia de los rasgos de la publicidad y la propaganda que, como sabemos, son géneros que no atienden el rigor; por ende, no informan, sino que seducen.

“No reconocen y reflejan la realidad, la maquillan e inventan. No interpelan al receptor, lo encandilan dándole la razón. Confirman –y se aprovechan de- sus estereotipos, sesgos y prejuicios. No satisfacen intereses objetivos, sino que crean y modelan la demanda. No persiguen, en suma, el bien común, porque lo identifican con el consumo privado, el beneficio corporativo o la promoción simbólica de una ideología, unas siglas, un líder o un Estado”, advierte Sampedro Blanco.

En su libro Teorías de la comunicación y el poder: opinión pública y pseudocracia (Ediciones Akal, 2023), lamenta el autor que, en vez de ofrecer un lugar de encuentro, “el espacio digital se ha transformado en un entorno de competición, en muchas ocasiones antagonista. Las redes fomentan el narcisismo y el exhibicionismo consumista”.

“El mitin electoral (de meeting, ‘encontrarse’) ya había perdido su sentido original. Y, en lugar de revitalizar la democracia, las TIC digitales han creado redes de vigilancia y seguimiento cada vez más intrusivas. Están presentes en las calles, el trabajo, el hogar, los cuerpos y las mentes”, señala.

“En las pseudocracias, la (auto) promoción se ajusta automatizadamente a una audiencia microsegmentada. El microtargeting es la publicidad en tiempos de macrodatos, guardados en silos o bancos con información ingente sobre la población. En principio, no puede ser más democrática: escucha a todos sin distinciones y de ‘modo activo’. Pero ¿en qué consiste ese modo activo?”, se pregunta Sampedro Blanco.

Luego responde: “Es espiar la vida en todos sus planos para descubrir opciones de negocio. Se trata de asegurar impacto y beneficios en ciertos objetivos publicitarios, identificados según capacidades y vulnerabilidades”.

De acuerdo con el autor, en el espacio digital la conversación social se fractura junto con el tejido cívico, que está segmentado en nichos de mercado. Cada segmento poblacional e individuo, según resulte rentable, recibe mensajes personalizados y diferentes. Desconocemos lo que piensan otros segmentos y si pudiéramos integrarnos con ellos.

“Cada uno consume una realidad diferente, ajustada a una definición muy reducida del interés humano. El interés privado y el lucro a corto plazo se absolutizan. Así que lo novedoso, lo escandaloso y lo extremo se identifican con lo interesante. Esta definición tan limitada –individualista, mercantilizada y cortoplacista- equipara el ‘interés’ y lo ‘interesante’. De forma que desplaza el interés público y se desatiende del bien común”, señala.

Sampedro Blanco denuncia que los teléfonos móviles se han convertido en vectores de la pseudocracia. Una única pantalla interactiva proporciona acceso a toda una serie de acciones dispares: compras, música y vídeo en línea, comunicación interpersonal, “noticias”… Estos dispositivos consuman una confluencia (…) que lleva décadas en marcha: la fusión del comercio y la información, el entretenimiento y la sociabilidad, la autoafirmación personal y la vida cívica. Todo junto y revuelto en una única pantalla sensible al tacto. Ahí el usuario se debate entre estos ámbitos y practica todos sus registros al mismo tiempo para entretenerse y consumir, para controlar su identidad personal y el discurso público.

La privatización del vínculo social

En la misma dirección, es importante hacer referencia a las reflexiones del periodista y autor español Ángel Ferrero, columnista de medios escritos, sobre los efectos negativos que ha producido el “capitalismo de las plataformas”, ya que produce una estructura social basada en la serialización, que privatiza el vínculo social y separa a los individuos para convertirlos en masas, despojarlos de la atención, capturar sus datos y manipular su conducta.

Destaca Ferrero que “si durante la pandemia el acceso a internet permitió mantener las relaciones sociales, en el terreno personal, la educación, el trabajo y el ocio, disminuyendo el riesgo de enfermar. Hoy, por el contrario, la conexión virtual tiende a aislar las personas. En un capitalismo basado en la captura de la atención, siempre habrá una actividad online más urgente, divertida, entretenida e interesante, que el encuentro presencial con el otro, sin su inevitable negatividad y los costos que acarrea.”

“Compartir con extraños, una conquista de la civilización que implicó la invención de la civilidad –normas, valores y prácticas que hacen posible la interacción entre desconocidos sin ocasionar daño- es cada vez más difícil, especialmente entre las generaciones de ‘nativos digitales’. En los espacios que hacen necesaria la cercanía entre extraños, la tensión resultante no conduce a la interacción sino al refugio individual en el Smartphone, y no siempre para el intercambio virtual con otra persona”, agrega.

Según Ferrero, es tan preocupante lo que se vive en las sociedades, ya que el “capitalismo de las plataformas” ha acabado con las potencialidades democratizadoras que inicialmente se atribuyeron a internet, tanto en la comunicación como en el comercio. La comunicación horizontal y los intercambios entre “prosumidores”, tan esperanzadores, hoy se revelan como quimeras legitimadoras de un orden social basado en la apropiación privada de los datos.

“Los datos son creados por las acciones de las personas, que los conservan en sus mentes, con el fin de orientarse en la vida, antes de que les sean despojados –afirma Ferrero. Por consiguiente, el valor es creado previamente por quienes producen la información, aunque solo las plataformas disponen de los medios para captarla y procesarla a gran escala”.

Refiere el periodista y autor español que cada interacción entre “usuarios”, con independencia de si se trata del intercambio entre familiares, amigos, compradores y vendedores, o sujetos políticos, alimenta en forma de datos los negocios privados de un puñado de grandes empresas tecnológicas.

“Como ha demostrado ampliamente Shoshana Zuboff (La era del capitalismo de la vigilancia), la información que recopilan es usada para moldear la conducta y retroalimentar el sistema. Por lo tanto, el negocio real de las grandes plataformas es la privatización del vínculo social mismo”, añade.

En ese marco, los datos despojados, con o sin autorización de las personas se usan para reconstruir historias digitales individuales y colectivas a fin de programar y alimentar los algoritmos que, a su turno, permiten dirigir la publicidad, ejercer el control y manipular la conducta.

Es hora de que salgamos del ensueño digital y veamos el fenómeno desde una perspectiva crítica, lo que implica también echar una mirada hacia la experiencia con el ejercicio del poder y la forma de “hacer política” en nuestro entorno, las características que adquiere el papel nefasto de la pseudocracia tan en boga y las formas de manipulación algorítmica.

viernes, septiembre 06, 2024

Reseña: (Des)iguales y (des)conectados en América Latina*

Por Guillermo Mejía

Bajo la coordinación de la doctora Daniela Monje y la edición de la licenciada Alina Fernández y la doctora Ana Laura Hidalgo, especialistas y profesoras de instituciones universitarias argentinas, el Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (Clacso) nos ofrece un acercamiento al fenómeno de la desigualdad y desconexión digital en América Latina.

Contiene las exposiciones de veintiséis profesionales de 10 países latinoamericanos, incluido El Salvador, sobre una gama de temáticas que van desde derecho a la conectividad, desigualdad, exclusión, concentración mediática hasta los esfuerzos indigenistas por el derecho a la comunicación desde la perspectiva alternativa.

 

Según los editores, el trabajo se estructura en torno al abordaje de diez casos nacionales de países de América Latina y El Caribe por parte de investigadores de Argentina, Brasil, Chile, Cuba, Colombia, Ecuador, El Salvador y Uruguay coordinados por Clacso, a los que se suman las experiencias de investigadores y activistas de México y Perú.

 

Son enfoques plurales, que no comparten una matriz única, por cuanto el trabajo persigue mostrar las experiencias en torno a la problemática de los latinoamericanos de ser desiguales y desconectados frente al derecho a los ciudadanos a acceder a las nuevas tecnologías de la información y la comunicación.

 

Algo que no se soslaya en esa realidad es la aún vigente situación de pandemia por coronavirus en el planeta a partir de 2019.

 

“En la actualidad y atravesados por la situación de pandemia, la digitalización y la convergencia impactan de manera decisiva en el crecimiento y la concentración de las industrias culturales y creativas. Cinco de las diez mayores empresas del mundo están vinculadas a la comunicación y la cultura en internet y han desplazado de los primeros puestos a las empresas petroleras y a los bancos. Son miles de millones de personas a escala global las que utilizan los servicios de estas empresas”, señalan los editores.

 

“2020 no sólo fue el año de la pandemia, sino además el de mayor aceleración en los procesos de digitalización de toda la historia de la humanidad. La velocidad de incorporación de tecnologías en la vida cotidiana, particularmente aquellas vinculadas a la conectividad, se elevó exponencialmente respecto de promedios históricos de crecimiento previo”, añaden.

 

En ese sentido, se tiene registro a nivel planetario del aumento en el consumo de dispositivos, en especial teléfonos inteligentes, a la par de una considerable ampliación de la oferta de banda ancha como la vía más eficiente de conectividad y, sin dudas, hubo un aprendizaje social en el uso e incorporación a la vida cotidiana de las nuevas tecnologías. Una especie de alfabetización global por necesidad.

 

Empero, mientras cerca del 60% de la población mundial experimentó esta transformación, el 40% restante quedó en la periferia o directamente excluido. Las estadísticas de 2021 indican que de los 7.83 billones de habitantes, solo el 59.5%, es decir, 4.66 billones tienen conectividad a internet, 66.6% cuentan con teléfonos inteligentes y 53.6% utilizan una o varias redes sociales, según estimaciones citadas.

 

Tras las palabras preliminares y la introducción respectiva, el material de marras nos entrega los que denomina capítulos nacionales, los casos de los países incluidos en el estudio:

 

Argentina. Derecho a la conectividad, desigualdad y actores no lucrativos por Mariela Baladron, Diego de Charras, Ezequiel Rivero y Diego Rossi.

 

Brasil. Desiguais e desconectados: a exclusão Infocomunicacional no Brasil por Helena Martins, Ivonete da Silva Lopes e Manoel Dourado Bastos.

 

Chile. Entre el estallido y la pandemia: desigualdad infocomunicacional y agendas segmentadas por Elisabet Gerber y Luis Breull.

 

Colombia. La dinámica capitalista y monopólica de la comunicación en Colombia, como explicación de las brechas digitales por Olga Forero Contreras, Juan Diego Muñoz e Iván Jiménez Cárdenas.

 

Cuba ante los retos de una conectividad social inclusiva por Hilda Saladrigas Medina, Beatriz Pérez Alonso, Fidel Alejadro Rodríguez Derivet y Willy Pedroso Aguiar.

 

Ecuador. Dialéctica de la concentración mediática por Álvaro Terán y Angy Mora.

 

El Salvador. Perspectiva de las radios comunitarias indígenas en Centroamérica: entre desigualdades y re-xistencias por José Roberto Pérez.

 

México. Repensar la conectividad para tejer otra comunicación: pueblos indígenas y tecnologías en México por Carlos F. Baca Feldman, Daniela Parra Hinojosa y Erick Huerta Velázquez.

 

Perú. Infraestructura de telecomunicaciones y desigualdades estructurales de la comunicación en el Perú por Eduardo Villanueva Mansilla.

 

Uruguay ¿un giro pandémico en las políticas info-comunicacionales? por Gabriel Kaplún, Federico Beltramelli y Gustavo Buquet.

 

El análisis y las conclusiones están a cargo de los profesores e investigadores Daniela Monje, María Soledad Segura y César Bolaño.

 

En este último apartado destacan los académicos, entre otras ideas, las siguientes:

 

Un aspecto sustantivo vincula las desigualdades preexistentes (clase, género, generación, etnia y lugar geográfico) a la desigualdad info-comunicacional en acceso y asequibilidad y muestra en todos los casos analizados cómo se enfatiza la exclusión de individuos, grupos y comunidades durante la pandemia en la medida en que la mayor parte de las necesidades esenciales para la subsistencia durante el confinamiento han requerido algún tipo de conectividad. (p. 281)

 

Por otra parte, las enormes distancias entre el plexo normativo internacional referido a derechos a la libertad de expresión y al acceso a internet en tanto bien público se distancia de su efectiva incorporación y aplicación en normas específicas en el plano nacional. Durante 2020 se registran algunos casos aislados como el de Argentina, en lo relativo a la definición de las TIC como servicio público esencial, por ejemplo. Pero aún desde este suelo, y a pesar de planes específicos orientados a dotar de equipamiento, vías de conectividad y desarrollo de infraestructura a sectores vulnerables, los niveles de desconexión de la población no se han modificado sustantivamente para las poblaciones excluidas. (p. 281)

 

Otro aspecto se relaciona al modo de gestionar alternativas de conectividad desde la periferia, con modelos propios y fundados en posicionamientos políticos que articulan experiencias diversas que van desde las alternativas desarrolladas por el sector cooperativo y mutualista hasta las construidas en el marco redes comunitarias instaladas en sectores urbano-marginales y rurales, en el caso argentino, o a través de redes comunitarias indígenas desarrolladas de modo completamente autónomo, en el caso de México. (p. 281)

 

Entre las deudas y los pendientes se formula la cuestión de la conectividad en términos de asequibilidad. Allí resultan significativos algunos intentos por transparentar información que contribuya a la toma de decisiones, donde además de enunciar la definición de los precios justos y razonables en las tarifas TIC (Argentina) se proponen comparadores de precios de servicios (México y Perú). En el caso de comunidades indígenas, como las que se analizan en el caso de El Salvador, esta cuestión se vuelve crítica en la medida en que no se han desarrollado desde estas comunidades redes cooperativas o comunitarias alternativas y, al igual que en el caso mexicano, estas comunidades son las que porcentualmente se encuentran más excluidas y desconectadas. En El Salvador, la posibilidad de conexión que persiste con fuerza, incluso en pandemia, es la radio. En todos los casos analizados, la asequibilidad resulta un punto significativo en relación a la población vulnerable y no se registran políticas públicas de cuidado activas en la mayoría de los países. (pp. 282-283)

 

La experiencia de El Salvador y la región

 

 El capítulo nacional El Salvador. Perspectiva de las radios comunitarias indígenas en Centroamérica: entre desigualdades y re-existencias, fue elaborado por el doctor José Roberto Pérez, Docente del Departamento de Periodismo, Director del Instituto de Investigaciones de la Facultad de Ciencias y Humanidades (INICH) y miembro del Consejo de Investigaciones Científicas (CIC-UES).

Establece el autor a nuestra región como la más desigual de Latinoamérica y considera como muy probable que el problema se ha profundizado en medio de la pandemia, dado la falta de políticas de estado de Bienestar, débiles sistemas de salud, pocos esfuerzos en políticas redistributivas y la economía informal.

En ese marco, el modelo de comunicación de la región demuestra una concentración de medios en manos privadas con élites mediáticas nacionales en el caso de El Salvador; en alianzas transnacionales y nacionales en el caso de Nicaragua; en grupos mediáticos transnacionales que llevaron a reconocer como inconstitucional la sola propiedad en el caso de Guatemala y Costa Rica; con restricciones en la ejecución de la ley que apertura a los medios comunitarios en el caso de Honduras o frecuencias tipo B, sin fines de lucro, en el caso de Panamá.

Sin embargo, según Pérez, esto no significa que el tercer sector de la comunicación, medios ciudadanos o comunitarios no existan, ya que cada país tiene su incidencia y ha logrado construir un mapa de medios que confronta con la hegemonía de los medios corporativizados. Los datos en la región, a partir de fuentes oficiales, señalan la existencia y el desarrollo de radios que, aun siendo concesionarias privadas, implementan un modelo próximo al ciudadano y al territorio.

“En el estudio Mapa de Radios de América Latina y el Caribe (2020) los datos del registro de medios comunitarios indican que en El Salvador (2013) la cantidad de estas radios asciende a 23; en Honduras (2017), a 192; en Nicaragua, según las socias de AMARC, son 20; en Panamá (2020), se cuentan 44 radios”, señala el autor.

Propone el docente-investigador como alternativa al sistema dominante de medios pensar en un nuevo sistema de signos para la comunicación, que debe hacerse desde la “decolonización de los conocimientos y la justicia global”. En otras palabras, fuera del pensamiento dominante que significa marginación, atraso e injusticia estructural.

Nos presenta la experiencia del sector de las radios indígenas centroamericanas que se ha configurado en la Red Centroamericana de Radios Comunitarias Indígenas y que aglutina esfuerzos de proyectos de radio de Guatemala, Belice, El Salvador, Honduras, Nicaragua, Costa Rica y Panamá. “Desde este nuevo campo de interacción, la comunicación puede institucionalizarse y unificar voluntades e intereses en la región mesoamericana global a través de una agenda pluricultural u otra cultura alterna a la dominante”, afirma Pérez.

Una reflexión final del autor:

Las comunidades indígenas están incomunicadas y desconectadas, con pocas políticas de inclusión desde sus perspectivas. De ahí que la emergencia de su modelo de comunicación nazca desde sus saberes y como una denuncia al mundo sobre la depredación. Son pocos las radios indígenas si se considera la cantidad de lenguas vivas que subsisten, aumenta si se consideran sus iniciativas. Hablamos de una proximidad de las mediaciones, pero también de una proximidad de los saberes que reconocen la diversidad cultural, la diversidad de saberes y la diversidad de racionalidades. (p. 196)

Mariela Balandrón … [et al.]; coordinación general de Daniela Monje; editado por Alina Fernández; Ana Laura Hidalgo. (Des)iguales y (des)conectados: políticas, actores y dilemas info-comunicacionales en América Latina, Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Clacso, 2021, 296 pp. Libro digital, PDF Archivo Digital. ISBN 978-987-813-003-31

 

*Artículo publicado en la Revista Humanidades, V Época, enero-diciembre de 2023. Facultad de Ciencias y Humanidades, Universidad de El Salvador (UES).