jueves, septiembre 19, 2024

Ciudadanos bajo el régimen de la pseudocracia y la manipulación del algoritmo

Por Guillermo Mejía

La ciudadanía pervive en tiempos de la revolución digital, que les vende la ilusión de respirar en un ambiente de libertad y que sus voces son escuchadas, a pesar que todo responde a estrategias de lo que se denomina pseudocracia, en la que se da la manipulación vía los algoritmos y se produce la desmovilización social.

La pseudocracia viraliza la pseudoinformación que emite quien mejor miente, dinamiza una maquinaria que (re)produce –recrea y genera- una falsa realidad, adaptada a los prejuicios cognitivos y los sesgos emocionales de las audiencias, mientras los algoritmos sirven para organizar los contenidos en función de manejar a los usuarios.

De esa forma presenta el fenómeno el periodista y profesor universitario español Víctor Sampedro Blanco, que caracteriza a la comunicación contemporánea dentro de la pseudocracia como un conjunto de medios, sondeos, urnas y algoritmos que expresan una opinión pública estructurada, privatizada y despersonalizada.

“Reproduce la estructura social; es decir, expresa la posición que ocupamos en ella. Privatiza el debate y el conocimiento colectivo. Y fomenta procesos individuales de consumo y autopromoción. Se dirige a ‘perfiles’ que segmentan el público, una vez convertido en audiencia datificada”, agrega el especialista en comunicación política y opinión pública.

Al grado que la representación de la opinión pública resulta ubicua y cambiante para secuestrar nuestra atención, según Sampedro Blanco. De modo que, además de reflejar –siempre parcialmente- el cuerpo social, también en parte lo invisibiliza y lo paraliza ante la pantalla. Este es un proceso circular y tautológico: genera “opiniones públicas” contradictorias pero intercambiables. Y se mantiene aplicando una racionalidad y un populismo impostados.

Tal como lo observamos en nuestras sociedades, más allá de programas políticos e ideologías, las prácticas se sustentan en mucha pseudoinformación –como formato dominante- donde la comunicación se contagia de los rasgos de la publicidad y la propaganda que, como sabemos, son géneros que no atienden el rigor; por ende, no informan, sino que seducen.

“No reconocen y reflejan la realidad, la maquillan e inventan. No interpelan al receptor, lo encandilan dándole la razón. Confirman –y se aprovechan de- sus estereotipos, sesgos y prejuicios. No satisfacen intereses objetivos, sino que crean y modelan la demanda. No persiguen, en suma, el bien común, porque lo identifican con el consumo privado, el beneficio corporativo o la promoción simbólica de una ideología, unas siglas, un líder o un Estado”, advierte Sampedro Blanco.

En su libro Teorías de la comunicación y el poder: opinión pública y pseudocracia (Ediciones Akal, 2023), lamenta el autor que, en vez de ofrecer un lugar de encuentro, “el espacio digital se ha transformado en un entorno de competición, en muchas ocasiones antagonista. Las redes fomentan el narcisismo y el exhibicionismo consumista”.

“El mitin electoral (de meeting, ‘encontrarse’) ya había perdido su sentido original. Y, en lugar de revitalizar la democracia, las TIC digitales han creado redes de vigilancia y seguimiento cada vez más intrusivas. Están presentes en las calles, el trabajo, el hogar, los cuerpos y las mentes”, señala.

“En las pseudocracias, la (auto) promoción se ajusta automatizadamente a una audiencia microsegmentada. El microtargeting es la publicidad en tiempos de macrodatos, guardados en silos o bancos con información ingente sobre la población. En principio, no puede ser más democrática: escucha a todos sin distinciones y de ‘modo activo’. Pero ¿en qué consiste ese modo activo?”, se pregunta Sampedro Blanco.

Luego responde: “Es espiar la vida en todos sus planos para descubrir opciones de negocio. Se trata de asegurar impacto y beneficios en ciertos objetivos publicitarios, identificados según capacidades y vulnerabilidades”.

De acuerdo con el autor, en el espacio digital la conversación social se fractura junto con el tejido cívico, que está segmentado en nichos de mercado. Cada segmento poblacional e individuo, según resulte rentable, recibe mensajes personalizados y diferentes. Desconocemos lo que piensan otros segmentos y si pudiéramos integrarnos con ellos.

“Cada uno consume una realidad diferente, ajustada a una definición muy reducida del interés humano. El interés privado y el lucro a corto plazo se absolutizan. Así que lo novedoso, lo escandaloso y lo extremo se identifican con lo interesante. Esta definición tan limitada –individualista, mercantilizada y cortoplacista- equipara el ‘interés’ y lo ‘interesante’. De forma que desplaza el interés público y se desatiende del bien común”, señala.

Sampedro Blanco denuncia que los teléfonos móviles se han convertido en vectores de la pseudocracia. Una única pantalla interactiva proporciona acceso a toda una serie de acciones dispares: compras, música y vídeo en línea, comunicación interpersonal, “noticias”… Estos dispositivos consuman una confluencia (…) que lleva décadas en marcha: la fusión del comercio y la información, el entretenimiento y la sociabilidad, la autoafirmación personal y la vida cívica. Todo junto y revuelto en una única pantalla sensible al tacto. Ahí el usuario se debate entre estos ámbitos y practica todos sus registros al mismo tiempo para entretenerse y consumir, para controlar su identidad personal y el discurso público.

La privatización del vínculo social

En la misma dirección, es importante hacer referencia a las reflexiones del periodista y autor español Ángel Ferrero, columnista de medios escritos, sobre los efectos negativos que ha producido el “capitalismo de las plataformas”, ya que produce una estructura social basada en la serialización, que privatiza el vínculo social y separa a los individuos para convertirlos en masas, despojarlos de la atención, capturar sus datos y manipular su conducta.

Destaca Ferrero que “si durante la pandemia el acceso a internet permitió mantener las relaciones sociales, en el terreno personal, la educación, el trabajo y el ocio, disminuyendo el riesgo de enfermar. Hoy, por el contrario, la conexión virtual tiende a aislar las personas. En un capitalismo basado en la captura de la atención, siempre habrá una actividad online más urgente, divertida, entretenida e interesante, que el encuentro presencial con el otro, sin su inevitable negatividad y los costos que acarrea.”

“Compartir con extraños, una conquista de la civilización que implicó la invención de la civilidad –normas, valores y prácticas que hacen posible la interacción entre desconocidos sin ocasionar daño- es cada vez más difícil, especialmente entre las generaciones de ‘nativos digitales’. En los espacios que hacen necesaria la cercanía entre extraños, la tensión resultante no conduce a la interacción sino al refugio individual en el Smartphone, y no siempre para el intercambio virtual con otra persona”, agrega.

Según Ferrero, es tan preocupante lo que se vive en las sociedades, ya que el “capitalismo de las plataformas” ha acabado con las potencialidades democratizadoras que inicialmente se atribuyeron a internet, tanto en la comunicación como en el comercio. La comunicación horizontal y los intercambios entre “prosumidores”, tan esperanzadores, hoy se revelan como quimeras legitimadoras de un orden social basado en la apropiación privada de los datos.

“Los datos son creados por las acciones de las personas, que los conservan en sus mentes, con el fin de orientarse en la vida, antes de que les sean despojados –afirma Ferrero. Por consiguiente, el valor es creado previamente por quienes producen la información, aunque solo las plataformas disponen de los medios para captarla y procesarla a gran escala”.

Refiere el periodista y autor español que cada interacción entre “usuarios”, con independencia de si se trata del intercambio entre familiares, amigos, compradores y vendedores, o sujetos políticos, alimenta en forma de datos los negocios privados de un puñado de grandes empresas tecnológicas.

“Como ha demostrado ampliamente Shoshana Zuboff (La era del capitalismo de la vigilancia), la información que recopilan es usada para moldear la conducta y retroalimentar el sistema. Por lo tanto, el negocio real de las grandes plataformas es la privatización del vínculo social mismo”, añade.

En ese marco, los datos despojados, con o sin autorización de las personas se usan para reconstruir historias digitales individuales y colectivas a fin de programar y alimentar los algoritmos que, a su turno, permiten dirigir la publicidad, ejercer el control y manipular la conducta.

Es hora de que salgamos del ensueño digital y veamos el fenómeno desde una perspectiva crítica, lo que implica también echar una mirada hacia la experiencia con el ejercicio del poder y la forma de “hacer política” en nuestro entorno, las características que adquiere el papel nefasto de la pseudocracia tan en boga y las formas de manipulación algorítmica.

viernes, septiembre 06, 2024

Reseña: (Des)iguales y (des)conectados en América Latina*

Por Guillermo Mejía

Bajo la coordinación de la doctora Daniela Monje y la edición de la licenciada Alina Fernández y la doctora Ana Laura Hidalgo, especialistas y profesoras de instituciones universitarias argentinas, el Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (Clacso) nos ofrece un acercamiento al fenómeno de la desigualdad y desconexión digital en América Latina.

Contiene las exposiciones de veintiséis profesionales de 10 países latinoamericanos, incluido El Salvador, sobre una gama de temáticas que van desde derecho a la conectividad, desigualdad, exclusión, concentración mediática hasta los esfuerzos indigenistas por el derecho a la comunicación desde la perspectiva alternativa.

 

Según los editores, el trabajo se estructura en torno al abordaje de diez casos nacionales de países de América Latina y El Caribe por parte de investigadores de Argentina, Brasil, Chile, Cuba, Colombia, Ecuador, El Salvador y Uruguay coordinados por Clacso, a los que se suman las experiencias de investigadores y activistas de México y Perú.

 

Son enfoques plurales, que no comparten una matriz única, por cuanto el trabajo persigue mostrar las experiencias en torno a la problemática de los latinoamericanos de ser desiguales y desconectados frente al derecho a los ciudadanos a acceder a las nuevas tecnologías de la información y la comunicación.

 

Algo que no se soslaya en esa realidad es la aún vigente situación de pandemia por coronavirus en el planeta a partir de 2019.

 

“En la actualidad y atravesados por la situación de pandemia, la digitalización y la convergencia impactan de manera decisiva en el crecimiento y la concentración de las industrias culturales y creativas. Cinco de las diez mayores empresas del mundo están vinculadas a la comunicación y la cultura en internet y han desplazado de los primeros puestos a las empresas petroleras y a los bancos. Son miles de millones de personas a escala global las que utilizan los servicios de estas empresas”, señalan los editores.

 

“2020 no sólo fue el año de la pandemia, sino además el de mayor aceleración en los procesos de digitalización de toda la historia de la humanidad. La velocidad de incorporación de tecnologías en la vida cotidiana, particularmente aquellas vinculadas a la conectividad, se elevó exponencialmente respecto de promedios históricos de crecimiento previo”, añaden.

 

En ese sentido, se tiene registro a nivel planetario del aumento en el consumo de dispositivos, en especial teléfonos inteligentes, a la par de una considerable ampliación de la oferta de banda ancha como la vía más eficiente de conectividad y, sin dudas, hubo un aprendizaje social en el uso e incorporación a la vida cotidiana de las nuevas tecnologías. Una especie de alfabetización global por necesidad.

 

Empero, mientras cerca del 60% de la población mundial experimentó esta transformación, el 40% restante quedó en la periferia o directamente excluido. Las estadísticas de 2021 indican que de los 7.83 billones de habitantes, solo el 59.5%, es decir, 4.66 billones tienen conectividad a internet, 66.6% cuentan con teléfonos inteligentes y 53.6% utilizan una o varias redes sociales, según estimaciones citadas.

 

Tras las palabras preliminares y la introducción respectiva, el material de marras nos entrega los que denomina capítulos nacionales, los casos de los países incluidos en el estudio:

 

Argentina. Derecho a la conectividad, desigualdad y actores no lucrativos por Mariela Baladron, Diego de Charras, Ezequiel Rivero y Diego Rossi.

 

Brasil. Desiguais e desconectados: a exclusão Infocomunicacional no Brasil por Helena Martins, Ivonete da Silva Lopes e Manoel Dourado Bastos.

 

Chile. Entre el estallido y la pandemia: desigualdad infocomunicacional y agendas segmentadas por Elisabet Gerber y Luis Breull.

 

Colombia. La dinámica capitalista y monopólica de la comunicación en Colombia, como explicación de las brechas digitales por Olga Forero Contreras, Juan Diego Muñoz e Iván Jiménez Cárdenas.

 

Cuba ante los retos de una conectividad social inclusiva por Hilda Saladrigas Medina, Beatriz Pérez Alonso, Fidel Alejadro Rodríguez Derivet y Willy Pedroso Aguiar.

 

Ecuador. Dialéctica de la concentración mediática por Álvaro Terán y Angy Mora.

 

El Salvador. Perspectiva de las radios comunitarias indígenas en Centroamérica: entre desigualdades y re-xistencias por José Roberto Pérez.

 

México. Repensar la conectividad para tejer otra comunicación: pueblos indígenas y tecnologías en México por Carlos F. Baca Feldman, Daniela Parra Hinojosa y Erick Huerta Velázquez.

 

Perú. Infraestructura de telecomunicaciones y desigualdades estructurales de la comunicación en el Perú por Eduardo Villanueva Mansilla.

 

Uruguay ¿un giro pandémico en las políticas info-comunicacionales? por Gabriel Kaplún, Federico Beltramelli y Gustavo Buquet.

 

El análisis y las conclusiones están a cargo de los profesores e investigadores Daniela Monje, María Soledad Segura y César Bolaño.

 

En este último apartado destacan los académicos, entre otras ideas, las siguientes:

 

Un aspecto sustantivo vincula las desigualdades preexistentes (clase, género, generación, etnia y lugar geográfico) a la desigualdad info-comunicacional en acceso y asequibilidad y muestra en todos los casos analizados cómo se enfatiza la exclusión de individuos, grupos y comunidades durante la pandemia en la medida en que la mayor parte de las necesidades esenciales para la subsistencia durante el confinamiento han requerido algún tipo de conectividad. (p. 281)

 

Por otra parte, las enormes distancias entre el plexo normativo internacional referido a derechos a la libertad de expresión y al acceso a internet en tanto bien público se distancia de su efectiva incorporación y aplicación en normas específicas en el plano nacional. Durante 2020 se registran algunos casos aislados como el de Argentina, en lo relativo a la definición de las TIC como servicio público esencial, por ejemplo. Pero aún desde este suelo, y a pesar de planes específicos orientados a dotar de equipamiento, vías de conectividad y desarrollo de infraestructura a sectores vulnerables, los niveles de desconexión de la población no se han modificado sustantivamente para las poblaciones excluidas. (p. 281)

 

Otro aspecto se relaciona al modo de gestionar alternativas de conectividad desde la periferia, con modelos propios y fundados en posicionamientos políticos que articulan experiencias diversas que van desde las alternativas desarrolladas por el sector cooperativo y mutualista hasta las construidas en el marco redes comunitarias instaladas en sectores urbano-marginales y rurales, en el caso argentino, o a través de redes comunitarias indígenas desarrolladas de modo completamente autónomo, en el caso de México. (p. 281)

 

Entre las deudas y los pendientes se formula la cuestión de la conectividad en términos de asequibilidad. Allí resultan significativos algunos intentos por transparentar información que contribuya a la toma de decisiones, donde además de enunciar la definición de los precios justos y razonables en las tarifas TIC (Argentina) se proponen comparadores de precios de servicios (México y Perú). En el caso de comunidades indígenas, como las que se analizan en el caso de El Salvador, esta cuestión se vuelve crítica en la medida en que no se han desarrollado desde estas comunidades redes cooperativas o comunitarias alternativas y, al igual que en el caso mexicano, estas comunidades son las que porcentualmente se encuentran más excluidas y desconectadas. En El Salvador, la posibilidad de conexión que persiste con fuerza, incluso en pandemia, es la radio. En todos los casos analizados, la asequibilidad resulta un punto significativo en relación a la población vulnerable y no se registran políticas públicas de cuidado activas en la mayoría de los países. (pp. 282-283)

 

La experiencia de El Salvador y la región

 

 El capítulo nacional El Salvador. Perspectiva de las radios comunitarias indígenas en Centroamérica: entre desigualdades y re-existencias, fue elaborado por el doctor José Roberto Pérez, Docente del Departamento de Periodismo, Director del Instituto de Investigaciones de la Facultad de Ciencias y Humanidades (INICH) y miembro del Consejo de Investigaciones Científicas (CIC-UES).

Establece el autor a nuestra región como la más desigual de Latinoamérica y considera como muy probable que el problema se ha profundizado en medio de la pandemia, dado la falta de políticas de estado de Bienestar, débiles sistemas de salud, pocos esfuerzos en políticas redistributivas y la economía informal.

En ese marco, el modelo de comunicación de la región demuestra una concentración de medios en manos privadas con élites mediáticas nacionales en el caso de El Salvador; en alianzas transnacionales y nacionales en el caso de Nicaragua; en grupos mediáticos transnacionales que llevaron a reconocer como inconstitucional la sola propiedad en el caso de Guatemala y Costa Rica; con restricciones en la ejecución de la ley que apertura a los medios comunitarios en el caso de Honduras o frecuencias tipo B, sin fines de lucro, en el caso de Panamá.

Sin embargo, según Pérez, esto no significa que el tercer sector de la comunicación, medios ciudadanos o comunitarios no existan, ya que cada país tiene su incidencia y ha logrado construir un mapa de medios que confronta con la hegemonía de los medios corporativizados. Los datos en la región, a partir de fuentes oficiales, señalan la existencia y el desarrollo de radios que, aun siendo concesionarias privadas, implementan un modelo próximo al ciudadano y al territorio.

“En el estudio Mapa de Radios de América Latina y el Caribe (2020) los datos del registro de medios comunitarios indican que en El Salvador (2013) la cantidad de estas radios asciende a 23; en Honduras (2017), a 192; en Nicaragua, según las socias de AMARC, son 20; en Panamá (2020), se cuentan 44 radios”, señala el autor.

Propone el docente-investigador como alternativa al sistema dominante de medios pensar en un nuevo sistema de signos para la comunicación, que debe hacerse desde la “decolonización de los conocimientos y la justicia global”. En otras palabras, fuera del pensamiento dominante que significa marginación, atraso e injusticia estructural.

Nos presenta la experiencia del sector de las radios indígenas centroamericanas que se ha configurado en la Red Centroamericana de Radios Comunitarias Indígenas y que aglutina esfuerzos de proyectos de radio de Guatemala, Belice, El Salvador, Honduras, Nicaragua, Costa Rica y Panamá. “Desde este nuevo campo de interacción, la comunicación puede institucionalizarse y unificar voluntades e intereses en la región mesoamericana global a través de una agenda pluricultural u otra cultura alterna a la dominante”, afirma Pérez.

Una reflexión final del autor:

Las comunidades indígenas están incomunicadas y desconectadas, con pocas políticas de inclusión desde sus perspectivas. De ahí que la emergencia de su modelo de comunicación nazca desde sus saberes y como una denuncia al mundo sobre la depredación. Son pocos las radios indígenas si se considera la cantidad de lenguas vivas que subsisten, aumenta si se consideran sus iniciativas. Hablamos de una proximidad de las mediaciones, pero también de una proximidad de los saberes que reconocen la diversidad cultural, la diversidad de saberes y la diversidad de racionalidades. (p. 196)

Mariela Balandrón … [et al.]; coordinación general de Daniela Monje; editado por Alina Fernández; Ana Laura Hidalgo. (Des)iguales y (des)conectados: políticas, actores y dilemas info-comunicacionales en América Latina, Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Clacso, 2021, 296 pp. Libro digital, PDF Archivo Digital. ISBN 978-987-813-003-31

 

*Artículo publicado en la Revista Humanidades, V Época, enero-diciembre de 2023. Facultad de Ciencias y Humanidades, Universidad de El Salvador (UES).

viernes, agosto 09, 2024

Mala hierba: Enredados en el pastizal de la desinformación

 Por Guillermo Mejía

Como una planta parásita, la desinformación se cultiva, crece y se reproduce a ciencia y paciencia de muchos, ahora al extremo con el desarrollo de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación, con el agravante que es la apuesta de quienes ejercen el poder, así como en instancias políticas, privadas y la misma sociedad.

La metáfora se concreta en la publicación Mala hierba: Cómo germina, crece, se reproduce y se combate la desinformación en El Salvador* (UCA, 2024), un esfuerzo de investigación académica de Alfabeta Media Lab, alianza de la Escuela Mónica Herrera y la Universidad Centroamericana (UCA).

Si bien se reconoce la existencia de la desinformación, “Lo que nos falta es entender cómo funciona”, afirma uno de los autores del estudio, el maestro Willian Carballo. Hay que dar respuesta a las siguientes preguntas: ¿Quién la siembra? ¿Cómo se activa? ¿Qué elementos emotivos y qué sesgos inciden en su propagación? ¿Qué ocurre en el instante que la consumimos? ¿Quién la apalanca y con qué fines? ¿Cuándo deja de ser motivo de interés y por fin se seca o se muere, si es que lo hace? (p.7).

La obra está compuesta de varios artículos de los académicos que participaron con la asistencia de alumnos de ambas entidades de educación superior. Se presenta una visión teórica acerca del fenómeno de la desinformación, como parte de su germinación, que se enriquece con los resultados de una investigación sobre la presencia del trol y el esfuerzo del fact-checking como antídoto.

“Al revisar las definiciones teóricas se concluye que el gran paraguas que abarca al resto de términos como desinformación, noticias falsas, propaganda tiene que ver con el desorden informativo. También se reconoce que sus usos se traslapan para muchos teóricos; hay acuerdos, pero no definiciones cerradas.” (p.35).

La maestra Karla Ramos, una de las investigadoras, se refiere a tres de las varias consecuencias de la desinformación: 1. La incertidumbre, la cual, dentro del consumo mediático, en muchos de los casos, se ha normalizado. Tener poca certeza de que lo que se lee, mira o escucha en los medios puede haber generado algún tipo de cansancio o simplemente apatía a la hora de indagar o corroborar la información que se consume. 2. Una pasividad del ser humano ante el tratamiento de la información difundida a través de los dispositivos o las tecnologías de su tiempo. 3. El aumento de la relevancia del oficio del desinformante. (págs. 35-36).

En cuanto al estudio sobre troles y la urgencia del fact-cheking, la maestra Amparo Marroquín, otra de las investigadoras, concluye que no es posible discutir el estatuto sobre la verdad si no fortalecemos los procesos de educación racional, ilustrada y científica, si no rescatamos los mejores elementos de esta propuesta humanística de hace ya tres siglos. También, para poder tomar distancia del algoritmo, debemos entender quién quiere que yo crea algo, quién está detrás. Discutir y conocer mejor el oficio de los netcenters es importante. Y, por último, quizás lo más importante en este caso, de nada sirve la micropolítica de la alfabetización mediática e informacional en las aulas y la vida cotidiana si no va acompañada de macropolíticas que condicionen y limiten las medidas intrusivas de las redes sociales en el ámbito de la propagación de la desinformación. (p.59).

En el segundo momento importante de la obra, sobre el crecimiento y reproducción del fenómeno, se presentan los resultados de tres estudios para explicar cómo la desinformación circula y disemina en una sociedad. En primer lugar, la maestra Erika Mestizo, detalla los componentes sicológicos presentes en las audiencias juveniles salvadoreñas a la hora de discriminar contenido noticioso. Se permite entender cómo las emociones, motivaciones y los sesgos cognitivos son elementos que se vuelven claves para garantizar la circulación y reproducción de desinformación.

En segundo lugar, el maestro Willian Carballo, da a conocer los resultados de un experimento basado en la técnica del seguimiento ocular o eye tracking –un software que, a través de una cámara web, monitorea el comportamiento visual de los sujetos evaluados ante estímulos visuales. Trabajaron con 48 jóvenes de diversos puntos del territorio salvadoreño y documentaron a qué prestaban atención y por cuánto tiempo mientras consumían en internet información falsa, engañosa o que buscaba manipular.

En tercer lugar, el experto en minería de datos, Omar Luna, por medio del estudio de tres casos (uno político, otro de espectáculos y uno más de salud pública) concluye acerca de cómo algunos generadores de contenido con altos números de seguidores e incluso los medios de comunicación tradicionales inciden en mantener viva a la mala hierba desinformativa.

En el tercer momento del libro, que se asocia al combate a la desinformación y a la vez sirve para concluir y recomendar por parte del equipo investigador, la maestra Amparo Marroquín expone, como parte medular del material académico, siete estrategias para promover la alfabetización mediática a fin de contrarrestar la desinformación, desbordada por la presencia de las redes sociales.

A continuación de manera resumida:

-Un primer elemento que consideramos necesario es volver a considerar la educación popular. Suena a volver al pasado, pero no es esto. Entendemos lo popular de manera compleja. La cultura popular tiene elementos del pasado y de la historia, pero también está habitada por las contradicciones del presente. Es a un tiempo conservadora y revolucionaria. Creyente y un poco cínica. Mediática y artesanal.

-No puede haber un currículo de alfabetización mediática que no considere la discusión sobre la incertidumbre como un tema de fondo. Las redes sociales parecen ser una forma de evasión perfecta. Margaret Mead dijo hace muchos años que el gran problema de los jóvenes hoy es que el futuro que enfrentan es desconocido e impredecible. Los adultos no podemos decir nada sobre ello. Muchas veces no tienen la capacidad de aprender ni siquiera de sus pares las estrategias para lidiar con la incertidumbre.

-La tercera estrategia es quizá la que parece más simple, pero no lo es. La alfabetización mediática e informacional es demasiado importante y urgente como para dejarla solo a comunicadores. Vamos a apostar a la interdisciplinariedad. Entender la desinformación es entender la sociedad y, en ello, son muchas las disciplinas de las ciencias sociales que entran en juego. Los equipos deben ser interdisciplinarios.

-La alfabetización mediática e informacional debe reforzar el sentido de la solidaridad y el rechazo crítico como dos actividades positivas de las redes. Para ello, desde este país, hemos encontrado que es muy importante propiciar espacios de polarización positiva. A veces queremos huir de la polarización, salir de ella. No engancharnos. Ciertamente es así. En sociedades que cada vez se dividen más, con discursos de odio que suben la temperatura de las redes y favorecen los intereses del mercado. Pero la polarización positiva es la que permite recuperar el sentido de la ciudadanía y la democracia.

-Uno de los puntos más importantes que hemos discutido en esta investigación es que los jóvenes están inmersos en un océano de información, pero al parecer han decidido no sumergirse. El agua apenas les llega hasta los pies. Las experiencias de los jóvenes desde las redes son inmensas, pero no hay posibilidad de experimentar la profundidad; los jóvenes no se sumergen. Entonces, nuestra propuesta obvia es generar y diseñar situaciones de profundidad. Es, de nuevo, volver a la educación popular y buscar experiencias significativas de vida. Ese empeño de Simón Rodríguez de trabajar la pedagogía de la curiosidad. Volver a la esfera física y salir del universo digital, pero para volver a instalar la experiencia en el universo digital que, de todas formas, siempre habitamos.

-Se trata de seguir construyendo estrategias de Alfabetización Mediática e Informacional, pero recalcamos algo que hemos aprendido de forma colectiva, con los muchos compañeros y socios con quienes hemos trabajado, sobre todo con los jóvenes: tan importante es lo que vamos a discutir como la manera cómo lo haremos.

-Finalmente, volvemos a algo que nuestro mentor oscuro nos recuerda con su imagen del meme: la risa contra el poder puede ser un dispositivo de resistencia. (págs. 183-187).

Nos recuerda la maestra Amparo Marroquín: “Ninguna mala hierba dura para siempre”.

Resulta, pues, un esfuerzo académico muy valioso, para adentrarse en el fenómeno de la desinformación, en general, y en el caso salvadoreño, en particular. Además, un recurso valioso en la formación de futuros profesionales del campo del periodismo y las comunicaciones.

*Aviso: Se puede descargar el libro, en formato digital archivo PDF, en el siguiente link de la Escuela Mónica Herrera: https://monicaherrera.edu.sv/investigacion/mala-hierba/

viernes, julio 12, 2024

El ascenso de las nuevas derechas radicales

 Por Guillermo Mejía

La ultraderecha, libertaria y anarcocapitalista, viene conquistando espacios políticos y de ejercicio del poder a nivel global, lo que ha movido a muchos pensadores a replantearse las acciones políticas que urgen desde posturas críticas, para contener lo que podría convertirse en un panorama oscuro para la sociedad.

Uno de esos pensadores es el profesor de filosofía, escritor y periodista español Rafael Narbona, autor de El sueño de Ares (2015), quince relatos que abarcan momentos claves del siglo pasado, y Maestros de la felicidad (2023), un recorrido por la historia de la filosofía, además de columnista de diversos medios de comunicación.

Narbona ha llamado la atención sobre las perspectivas de éxito electoral del expresidente Donald Trump, en Estados Unidos, y el posible arribo al poder de Jordan Bardella, candidato de la ultraderecha francesa, que “situaría al mundo en una encrucijada similar a la de las primeras décadas del pasado siglo XX, cuando el populismo nacionalista aprovechó las urnas para hacerse con el poder y destruir la democracia desde adentro”. Si bien el caso de Trump está por verse, el de Bardella se frustró por el gane electoral de una coalición de izquierda y el partido oficial franceses en las elecciones del 7de julio. Sin embargo, la presencia de la ultraderecha es un hecho y su incidencia en cada vez mayor en la política francesa y europea.

Según el autor, las ideas antidemocráticas cada vez circulan con más fluidez, logrando apoyos masivos, a la vez que se demandan líderes autoritarios capaces de adoptar decisiones al margen de los parlamentos, se antepone la seguridad a la libertad, se contempla con hostilidad al extranjero, se desconfía de la diversidad y el pluralismo, se apela a los valores tradicionales.

De hecho, las figuras icónicas controversiales citadas nos recuerdan lo que pasa en nuestra región latinoamericana con los casos de Nayib Bukele, en El Salvador; Jair Bolsonaro, en Brasil; Javier Milei, en Argentina; Daniel Noboa, en Ecuador; José Raúl Mulino, en Panamá; entre otras figuras políticas.

Nos dice Narbona que “La nueva derecha, muy alejada del razonable conservadurismo de Raymond Aron, Tocqueville o Isaiah Berlin, ha resucitado la dialéctica del amigo/enemigo del jurista nazi Carl Schmitt, según la cual la identidad de una nación se forja por su oposición a otras culturas e ideologías. En el presente, pervive la beligerancia contra el liberalismo y la socialdemocracia, pero esta vez el odio no se dirige al judío, sino al inmigrante, principalmente al musulmán (…)”.

“El ultraliberalismo no es una versión actualizada del liberalismo, una corriente fructífera que parte de John Locke, Immanuel Kant, Bentham y Stuart Mill, sino mero darwinismo social, una ideología inhumana que sirvió de fundamento a la biopolítica nazi”, agrega el intelectual español que ha recibido críticas y amenazas ante su postura política.

Según Narbona, si bien se considera que la manipulación mediática ha logrado el crecimiento de la ultraderecha en el mundo actual, también hay que atribuirlo a la popularidad de sus valores entre la clase media y la clase trabajadora: “Cada vez hay más votantes que se identifican con el discurso nacionalista, xenófobo, misógino, homófogo, belicista y aporofóbico”.

Y agrega: “Los valores de la izquierda suscitan rechazo en sectores muy amplios de la población. Los hombres, especialmente los más jóvenes, se sienten amenazados por el éxito de las mujeres y las reivindicaciones feministas. Los nativos perciben la inmigración como una invasión, sobre todo en los barrios de la periferia. La visibilidad de las personas LGTBI incomoda a muchos heterosexuales. La pobreza, lejos de estimular la solidaridad, genera malestar y desdén. Se ha interiorizado la idea calvinista de que el éxito es sinónimo de excelencia, y el fracaso, una prueba inequívoca de molicie y mediocridad. Se habla de restablecer el servicio militar y se piden fronteras más impenetrables. El retroceso de la cultura en todos los frentes ha favorecido este giro hacia posiciones reaccionarias.”

Lamenta Narbona que, en las ferias del libro, los autores que más venden son presentadores de televisión, youtubers e influencers, mientras que la figura del escritor comprometido casi ha desaparecido. A la vez, muchos ciudadanos votan a opciones políticas que les perjudican porque se identifican con su discurso de odio. No importa que la ultraderecha congele los salarios y las pensiones o recorte los presupuestos de la sanidad y la escuela públicas.

Los que sueñan con un “Bukele europeo”

“Muchos sueñan con un Bukele europeo. Solo eso explica el ascenso de figuras como Alvise, partidario de crear macrocárceles, o la impunidad de Ayuso, que dejó morir a 7.291 ancianos y con un entorno salpicado por la corrupción. Los jueces, un cuerpo ultraconservador, y ciertos sectores del ejército y la policía, con una ideología poco afín a la libertad, el pluralismo y la tolerancia, aportan el margen de seguridad que necesitan los líderes de la ultraderecha para cometer sus fechorías”, señala Narbona.

“El mundo está girando hacia el fascismo y cada vez parece más difícil frenar esta peligrosa deriva histórica. Pienso que el mundo sería mejor si se leyera más a autores como Bertrand Russell, Blas de Otero o Albert Camus y no se perdiera el tiempo con vídeos cortos de 20 segundos, saturados de estupidez y mal gusto”, concluye el autor español.

Por otro lado, frente a los ataques y amenazas que se formulan a los críticos –él ha sido flanco directo- Narbona llama a “Seguir escribiendo sin miedo, no retroceder una pulgada, expresar sus convicciones con determinación y sin titubeos, comprometerse aún más. Yo seguiré en la misma línea, pero confieso que estoy consternado con lo que está sucediendo”.

“El totalitarismo pardo podría volver a apoderarse de Europa en un futuro no muy lejano y algo similar podría acontecer en Estados Unidos. ¿Volverán las hogueras de libros? ¿Regresará el temor a perder derechos y libertades por ser diferentes? No lo consintamos. La ultraderecha vocifera y amenaza. No hay que responder en los mismos términos, sino con argumentos y serenidad. Frente al odio, solidaridad, compromiso y coraje”, afirma el intelectual español.

Como contexto, nos recuerda el historiador y editor argentino Pablo Stefanoni que en la actualidad en América Latina –como en otros lugares del mundo- la agenda se ha venido desplazando hacia la cuestión de la seguridad y la economía, lo que ha debilitado las agendas de la izquierda. La derecha también sufre la presión de las nuevas derechas radicales.

“Ninguno de los líderes de la región se propone hoy acaudillar un proceso de integración regional para salir del impasse, y todos ellos se enfrentan a electorados más esquivos y horizontes políticos más cortos. La región ha pasado de la voluntad constituyente de los primeros años 2000 a dinámicas destituyentes y a una profundización de la crisis de representación”, advierte Stefanoni.

viernes, junio 14, 2024

La “fórmula bukeliana” de ejercer el poder

Por Guillermo Mejía

El marco de la toma de posesión del segundo período presidencial de Nayib Bukele, el uno de junio pasado, ha servido para reconfirmar lo que podemos llamar la “fórmula bukeliana” de ejercer el poder, donde sobresalen la imposición vertical de los planes oficiales, así como la búsqueda de la consolidación del apoyo incondicional de la ciudadanía.

De hecho, el presidente salvadoreño recalcó que no pudo haber éxito en las medidas que se tomaron –en el caso de la guerra contra las pandillas- o que se deben tomar –frente a los problemas económicos- si se abre la discusión ciudadana acerca de las mismas, ya que las cosas se hacen y la respuesta debe ser de apoyo sin titubeos y sin quejas.

“Está bien, un país libre cada quien tiene derecho de discutir u opinar o debatir o criticar, pero siento que no va a funcionar igual entonces”, afirmó el mandatario en su discurso ofrecido en la cena de gala posterior a la toma de posesión, donde hizo alusión a los desafíos económicos y sustentó su tesis en que en el tema de seguridad impusieron los cercos militares sin consultar.

Como respuesta la gente expresó “estamos contentos que el gobierno vino a poner el cerco de seguridad, aquí la confianza a nuestras medidas de seguridad es total, sin titubeos, sin reclamos y entonces el plan funcionó como ningún otro plan ha funcionado en la historia de la humanidad”, afirmó Bukele ante familiares, amigos, asesores, funcionarios e influencers.

Bukele dijo que “hay casos de madres que nos han entregado a sus hijos” para ser procesados en el marco de la guerra contra las pandillas y eso “es una muestra de la confianza que tiene el pueblo salvadoreño hasta en el momento más extremo como entregar un hijo, algo que a mí no me cabe en la cabeza, pero ese es el nivel de confianza que tiene este pueblo en este gobierno”.

El presidente contó que alguien le comentó que “no es que Bukele sea popular por haberle ganado a las pandillas… es que le pudo ganar a las pandillas por ser popular”, a la vez que “un plan como el que se ejecutó contra las pandillas no pudo haber tenido éxito si no tenía el apoyo del pueblo. Y, si ustedes lo ven, es verdad, porque con todas las condenas que vinieron, con todas las presiones que venían, con todas las sanciones que pusieron, era para que nos echáramos para atrás, pero teníamos tan incólume e inquebrantable el apoyo del pueblo que, pues, todo funcionaba perfecto”.

Ya en lo económico, según él, hay gente que pide una subida del salario mínimo a mil dólares y eso se lo comentó al presidente argentino Javier Milei y éste le dijo que por qué no a un millón de dólares. “Es que, si fuera tan fácil, pues, se sube a un millón de dólares y todos son ricos, (pero) una economía no se puede subir por decreto, una economía se debe subir trabajando y logrando hacer que un montón de cosas funcionen al mismo tiempo como un reloj de piezas”, sentenció.

El presidente asumió como éxito rotundo la estrategia de seguridad de su gobierno, legado de su primer período, mientras desea que en este nuevo período presidencial sea el logro de un milagro en la economía como la fresa de su gestión. Eso lo reiteró en su discurso de toma de posesión y luego en el que ofreció en la cena de gala.

Pero, en todo momento, aunque sea “medicina amarga”, requiere el apoyo incondicional de la ciudadanía. Sin titubeos, sin quejas.

Para ilustrar lo anterior, es de resaltar que, al final de su discurso de toma de posesión, expresó a la barra móvil del acto: “Hagamos nuevamente un juramento para defender cada una de las decisiones que tomaremos en los próximos cinco años para que sepamos confiar nuestra voluntad a Dios y le pidamos sabiduría para hacer bien las cosas”.

“Así que les pido a todos que levanten su mano… Juramos defender incondicionalmente nuestro proyecto de nación siguiendo al pie de la letra cada uno de los pasos, cada uno de los pasos sin quejarnos, sin quejarnos pidiendo la sabiduría de Dios, para que nuestro país sea bendecido de nuevo con otro milagro y juramos nunca escuchar a los enemigos del pueblo, que Dios los bendiga y que Dios bendiga a El Salvador”.

La gente juró ante el mandatario.

El manejo de una empresa privada

La “fórmula bukeliana” de ejercer el poder se puede asemejar a la conducción de una empresa cualquiera, recordemos que el presidente Bukele proviene de los negocios privados de su familia, entre estos la publicidad, donde el mando está concentrado en la dirección de los proyectos y emana de manera vertical.

Para el logro de los objetivos se advierte que, además de sus asesores, se hace acompañar en varios puestos claves por familiares, amigos y exempleados de las empresas familiares, personas acostumbradas a esa forma de manejar las instancias, algo que se constata ahora que han copado las instituciones públicas.

El plan de nación que dice defenderán como un león implica la imposición de cualquier medida para lograr su propósito y Bukele lo recordó en su discurso de toma de posesión: “El 1 de mayo del 2021 quitamos al fiscal general anterior y quitamos a los magistrados de la Sala de lo Constitucional anteriores”.

“Y en menos de un año, el primero de mayo de 2022, ya éramos el país más seguro de toda la región. Un año después, el primero de mayo de 2023, ya éramos el país más seguro de toda Latinoamérica y un año después de eso, primero de mayo de 2024, ya somos el país más seguro de todo el hemisferio occidental”, agregó.

Bukele insistió que tras el fracaso de los gobiernos anteriores ante problemas tan serios como el de las pandillas, pese a que dijeron que tenían la solución, “ahora estamos vivos y podemos caminar sin miedo por nuestras calles es porque no los escuchamos ni uno solo de sus argumentos”.

Para sus críticos, sus planteamientos chocan con los postulados de una democracia liberal o formal, donde se presupone que son necesarios los contrapesos frente a la concentración del poder en pocas manos, así como la deliberación pública y el establecimiento de mecanismos de diálogo y concertación. Y son imprescindibles la trasparencia y la rendición de cuentas.

Sin embargo, en el actual esquema de Bukele no caben esos presupuestos filosóficos: “La oposición que es numéricamente insignificante, pero rabiosa, sigue defendiendo una institucionalidad, una democracia como la llaman ellos, que solo nos dejó hijos, madres, abuelos, amigos y hermanos asesinados impunemente”.

“Nosotros, por el contrario, decidimos hacer nuestra propia receta. Se necesita coraje, se necesita arriesgarse en todos los niveles, no estoy aquí para hacer lo que algunos creen que debemos hacer, estoy aquí para hacer lo que mejor sea para nuestro país, no perdamos nunca la perspectiva. Aquí no estamos solamente cambiando un país, estamos cambiando un completo paradigma”, agregó.

Bukele arremetió contra los críticos y opositores a su forma de gobernar que demandan acceso a la información pública y trasparencia: “Hablan de trasparencia, de qué trasparencia hablan. Salgan de sus casas en la noche sabiendo que nada les pasará. Esa es la verdadera trasparencia, esa es la trasparencia que ofrece este gobierno y la seguiremos dando”.

Dentro de la perspectiva conservadora, que comparte con figuras como Donald Trump, Javier Milei, Jair Bolsonaro, entre otros, Bukele no encaja con los que demandan respeto a la democracia liberal o formal en el país y mucho menos con lo que propugnan por una democracia participativa.

Por ahora, muchos han jurado no titubear ni quejarse y mucho menos escuchar “a los enemigos del pueblo”. 

viernes, mayo 31, 2024

“Emocracia” y manipulación ciudadana

Por Guillermo Mejía

Los “emócratas” manejan muy hábilmente la madeja de emociones y sentimientos de la ciudadanía que, de manera inocente o cómplice, otorga a los titiriteros políticos un poder desmedido en detrimento de lo que debería ser una auténtica vivencia democrática dentro de la sociedad.

Pero a qué nos referimos con “emocracia”. Es un neologismo que se traduce como “gobierno de las emociones” y, por ende, “emócratas” se relaciona con los respectivos agitadores políticos que instrumentalizan de esa forma a los ciudadanos. Se cita a Bertrand Russell como el que denunció esa perversidad en la época del ascenso nazi, en Alemania.

Críticos y expertos señalan con preocupación que alrededor del mundo los políticos han ido abandonando el discurso racional y el pensamiento analítico y se han decantado por mensajes que imprimen seguridad y emoción en los ciudadanos. Se auxilian especialmente de las redes sociales que cada vez ocupan un espacio primordial en las sociedades.

“La ‘emocracia’ se sustenta en inflamar los sentimientos mediante el populismo, la espectacularización y el radicalismo”, escribió recientemente el periodista español José Javier Rueda, que pone al expresidente estadounidense Donald Trump como una de los principales gestores del modelo.

Según Rueda, Trump “un ególatra multimillonario, sin experiencia política ni mayor don que la capacidad de abrirse un hueco en las redes sociales y los medios de comunicación a través del exabrupto y el desvergonzado uso de la demagogia”. Y que “ganó las elecciones contra todo pronóstico con un mensaje machista, racista y marcadamente nacionalista”.

Si bien el ahora postulante republicano es ícono del modelo de la “emocracia”, la lista mundial es inmensa. Por ejemplo, entran en ella Johnson, Trudeau, Netanyahu, Bolsonaro, Nayib Bukele, Javier Milei, Pedro Sánchez, entre tantos, que explotan las emociones y sentimientos de los ciudadanos en la consolidación del poder.

Para el analista español Germán Gorraiz López, hay dos situaciones que favorecen el alcance de los fines de los “emócratas”: Uno, la presencia de las redes sociales como X, antes Twitter, convertida en vehículo de transmisión de los postulados del “emócrata” de turno para propagar el maniqueísmo, el culto al líder y mediante las fakes news conseguir sumir a la población en la duda existencial. Dos, el 57% de los encuestados en 154 países se muestran insatisfechos con la democracia actual, situación que abre el camino de los “emócratas” al poder.

“Los emócratas se sirven de la llamada inteligencia maquiavélica, consistente en el ‘uso de comportamientos cooperativos o combativos que le puedan reportar mayores posibilidades de adaptación en función de una situación concreta”, afirma. “Asimismo, los emócratas se distinguen por su extraordinaria capacidad para encontrar las debilidades ajenas y utilizarlas en beneficio propio, así como realizar acciones complejas que pueden no ser entendidas en un principio por sus votantes pues sus metas se proyectan hacia un futuro mediato (implementación de un sistema Presidencialista con claros tintes autocráticos)”, agrega.

Según Gorraiz López, su labor vendría facilitada por el encefalograma plano de la conciencia crítica de la sociedad actual, sedada por el consumismo compulsivo y favorecida por la decadencia del llamado cuarto poder: “Así, en la actualidad, la práctica periodística estaría peligrosamente mediatizada por la ausencia de la exégesis u objetividad en los artículos de opinión, así como por el finiquito del código deontológico periodístico”, denuncia.

Concluye el autor con lo siguiente: “Asimismo, la emocracia sería el caldo de cultivo de la autocracia, forma de gobierno ejercida por una sola persona, especie de parásito endógeno de otros sistemas de gobierno (incluida la llamada democracia formal). Así, partiendo de la crisálida de una propuesta partidista elegida mediante elecciones libres, llegado al poder el emócrata se metamorfosea en líder Presidencialista con claros tintes totalitarios, lo que confirma el aforismo de Lord Acton ‘El Poder tiende a corromper y el poder absoluto corrompe absolutamente’”.

Como contexto, creo oportuno agregar algunos elementos acerca del consumo de medios de comunicación y el papel de la desinformación en El Salvador, tomando en cuenta que en la “emocracia” ese vicio tan propagado resulta un instrumento muy útil para los “emócratas” de turno en la consolidación del poder.

Veamos. La última encuesta de la Universidad Centroamericana “José Simeón Cañas” (UCA), referida al segundo año de la imposición del Régimen de Excepción, arroja algunos datos acerca del consumo de medios en El Salvador, que nos permiten acercarnos al análisis e interpretación del fenómeno de la desinformación.

En ese sentido, los salvadoreños dicen que se informan sobre el quehacer del gobierno del presidente Nayib Bukele a través de redes sociales (59.6%); televisión (29.5%); periódicos digitales (4.1%); radio (2.5%); periódicos impresos (1.9%); y otros (2.5%).

Hay cambios sustanciales con respecto al consumo de medios que reveló la encuesta de la UCA cuando se cumplió el primer año de la imposición del Régimen de Excepción, en 2023: redes sociales (46.8%); televisión (44.0%); periódicos digitales (3.9%); radio (2.9%); y periódicos impresos (1.8%).

En el estudio de opinión de la UCA anterior al del 2023 citado, que midió la opinión sobre el derecho humano al agua, fue la televisión (45.3%) y las redes sociales (42.9%) los espacios privilegiados para informarse por los ciudadanos. Como podemos observar, pues, en 2024 se refleja la forma en que las redes sociales se van imponiendo en el consumo mediático y, por ende, estamos más expuestos a la desinformación.

En otras ocasiones he expuesto que es necesario, por un lado, apostarle a la ciudadanización de la política a fin de apropiarse de ese derecho secuestrado por grupos de poder, mientras, también hay que apostarle a la ciudadanización de la comunicación. En otras palabras, participar de ese derecho a la par que el sistema mediático potencie el traslado de la información y se abra a la pluralidad de voces en el espacio público.

Que la sociedad se apropie de la comunicación con la alfabetización mediática y la alfabetización digital. Receptores educados en el manejo de los medios, además alfabetizados en el uso de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación (TIC) y que cuenten con acceso a la red de redes, para ejercer ciudadanía.

Pasar de ser simples consumidores de los espacios mediáticos a constructores de sus propios discursos, aprovechando las posibilidades que ofrecen las TIC.

El comunicólogo boliviano Carlos A. Camacho Azurduy cree necesaria la participación ciudadana en el sistema mediático y para eso hay dos formas concretas: Que los medios brinden una oferta informativa noticiosa de calidad “para que los ciudadanos viertan opiniones argumentadas capaces de establecer diálogos y generar debates públicos para llegar a consensos sobre lo que es común a todos (asuntos públicos)”.

En segundo lugar, “(…) También se debe procurar la educación para la recepción, en el sentido de ayudar a las personas a desarrollar sus propias capacidades y habilidades para apropiarse, usar y re-significar la información y, fundamentalmente, impulsar su capacidad crítica y argumentativa para formarse una opinión propia y sustentada y, de este modo, generar corrientes de opinión dominantes y promover acciones transformadoras”.

Ese binomio comunicación y política es de suma importancia para la sociedad. Los ciudadanos, a la vez consumidores de información, deben contar con las herramientas para acercarse de manera crítica a la oferta mediática, local y global, y la toma de conciencia parte de reconocer la forma en que se da el fenómeno en la realidad. Un buen antídoto contra la desinformación en tiempos de la “emocracia” y sus “emócratas”. 

viernes, mayo 03, 2024

Un internet social ante el monopolio de las plataformas digitales

Por Guillermo Mejía

Frente a la manipulación emocional de millones y el negocio que representa para las plataformas digitales surgen las siguientes preguntas de parte de especialistas y académicos: ¿Se puede rescatar el sentido social que debe tener la red de internet? ¿Se puede extinguir esa forma en que se explota a los ciudadanos en la red de internet por parte de las plataformas digitales?

Partimos de reconocer el aporte del académico holandés Geert Lovink, teórico de medios y crítico de internet, que habla sobre el problema en su informe “La extinción de internet: política, redes y plataformas” (2024), publicado por el Departamento de Comunicación de la Universidad Pompeu Fabra, con aportes de los profesores Laura Pérez-Altable y Carlos A. Scolari.

Dice Lovink que, a lo largos de los últimos años, “he señalado cómo las implicaciones políticas y estéticas del ruido y la distracción afectan nuestro estado mental, sobre todo en el caso de las generaciones más jóvenes. Aún está por verse si estos apuntes sobre la ansiedad, la ira y la tristeza en la red pueden ofrecernos piezas útiles para construir alternativas”.

Y luego se hace las siguientes preguntas: ¿Qué tipo de “tecnologías del ser” necesitaremos diseñar para poder conocernos a nosotros mismos en una dirección opuesta a la de los regímenes normativos que se nos imponen? ¿Cómo podemos vivir una vida no plataformizada mientras seguimos gozando de los beneficios de vivir conectados a través de las redes sociales?

Según Lovink, si bien las redes sociales pueden ser descritas como el verdadero motor de las tecnologías imaginarias del presente, una y otra vez se encuentran con una expropiación capitalista que, reactiva por naturaleza, obliga a lo social a rendirse; por lo tanto, es necesario revertir esa tendencia y devolver a lo social su propia autonomía, su propio poder de decisión.

“A pesar de las derrotas, lo tecnosocial aún conserva su poder transformador, y está lejos de ser una víctima indefensa del capitalismo. Este es un asunto a tener en cuenta si queremos anticiparnos a la sociedad tecnológica durante esta turbulenta ‘segunda crisis del petróleo’. Lo es, por ejemplo, si aspiramos a superar en términos energéticos a los dichosos data-centers, concibiendo nuevas arquitecturas computacionales de redistribución que nos den una alternativa a guardar todas nuestras bibliotecas de forma offline en discos duros de terabytes”, sentencia.

El impacto de las plataformas en el populismo

La maestra Laura Pérez-Altable reivindica a Lovink al considerar cómo las plataformas digitales no solo moldean la opinión pública y el discurso político, sino también influyen en nuestra visión del mundo y en la estructura de nuestras sociedades, a la vez de imaginar y pensar de forma crítica sobre el mundo que surgirá tras la “extinción” de internet tal como lo conocemos.

“Los algoritmos que buscan maximizar la participación a través de la personalización y la confirmación de sesgos preexistentes crean un ambiente en el que las narrativas simplificadas y cargadas de emoción predominan sobre el análisis detallado y fundamentado, promoviendo la normalización del discurso populista de extrema derecha en la esfera pública”, denuncia.

“Este fenómeno promueve la normalización y legitimación del discurso populista en la esfera pública, presentándose como una narrativa política más entre las diferentes opciones. Influencers y personalidades públicas, quienes no se identifican como actores políticos tradicionales, proyectan un discurso que parece más genuino, menos sesgado y más imparcial que el discurso político”, añade.

Pérez-Altable advierte que esto contribuye a una integración más discreta y a una adopción efectiva de sus puntos de vista entre la población, con el potencial de alterar la percepción pública sobre los partidos de extrema derecha entre los electores, normalizando así la elección de estas opciones políticas extremas en procesos electorales.

“Desde una perspectiva sociopolítica, la infraestructura y funcionamiento de las plataformas digitales facilita la aparición y consolidación de movimientos populistas que aprovechan la capacidad de las plataformas digitales para difundir rápidamente mensajes emocionales, a menudo en detrimento del razonamiento basado en hechos y la deliberación democrática”, recalca.

Es de recordar a figuras del mundo político como Nayib Bukele, Donald Trump, Javier Milei, Jair Bolsonaro, Marine Le Pen, Matteo Salvini y Santiago Abascal, algunos de ellos mencionados por la académica, que hábilmente han aprovechado el poder e influencia de las plataformas digitales en la configuración de la opinión pública.

“Utilizan estas plataformas para difundir sus ideas populistas, a menudo dirigidas contra las élites, que pueden ser tanto representantes corruptos del gobierno (según su versión) como empresas tecnológicas. Además, se presentan como defensores de la población frente a aquellos a quienes acusan de cometer delitos o quitar empleos. En ese contexto, la veracidad de sus declaraciones tiende a ser menos relevante que la emoción que suscitan entre su audiencia”, señala.

Según Pérez-Altable, desde una perspectiva social, surge la pregunta sobre cuánta importancia atribuimos a este discurso generado en las plataformas en nuestra opinión pública. En última instancia, se trata de salvaguardar el correcto funcionamiento de la opinión pública y asegurar que los debates que tienen lugar en este espacio se centren en los problemas cotidianos de nuestra sociedad, y los medios de comunicación juegan un papel crucial en este sentido.

“En ese contexto, al analizar el contenido de los mensajes de extrema derecha en las plataformas digitales nos podemos preguntar cómo influyen en la ciudadanía. En otras palabras, nos preguntamos por qué miles de personas siguen votando por partidos de extrema derecha elección tras elección, influenciadas por el contenido que encuentran en las plataformas digitales en algunos casos, incluso cuando los discursos de estos partidos van en contra de sus intereses fundamentales”, reflexiona.

Luego contesta: “La respuesta a esta importante pregunta radica en gran medida en la infraestructura de estas plataformas digitales y nuestra creciente dificultad para evitar una vida dominada por ellas, a pesar de alto coste que esto implica, tal como Lovink destaca en su texto. Sin embargo, Lovink también nos recuerda que no todo está perdido en este escenario desafiante”.

Recuerda que el autor holandés en su libro “Atascados en la plataforma” (2023) enfatiza en la necesidad de reconocer que simplemente pedir a las corporaciones que se abstengan de recolectar datos en una postura ingenua. No debemos esperar que una revolución surja únicamente a través de las regulaciones y multas, sino que se requiere un enfoque más activo y colectivo para cambiar las dinámicas actuales.

Pérez-Altable recuerda las palabras del filósofo italiano Antonio Gramsci, quien afirmó que en momentos de transición, “cuando el viejo mundo se desvanece y el nuevo tarda en emerger, en ese periodo de oscuridad surgen los monstruos”.

Y, en consecuencia, concluye: “Actualmente, nuestra sociedad podría estar atravesando este periodo de oscuridad, y nos corresponde reconocer esta realidad y colaborar en la construcción de un futuro donde estos ‘monstruos’, en términos de Gramsci, no dicten nuestro destino ni socaven nuestros sistemas democráticos. En este futuro, que en cierta medida ya es nuestro presente, abordar sus implicaciones requiere un esfuerzo colectivo que incluya la reformulación de nuestras prácticas informativas y la reestructuración de las plataformas digitales, tal como nos invita a reflexionar Lovink en su texto.” 

viernes, abril 19, 2024

La desinformación creciente en una sociedad entretenida

Por Guillermo Mejía

La sociedad del presente navega en las aguas tormentosas de la desinformación, situación que debería movilizar a sectores políticos consecuentes y organizaciones de la sociedad civil con esfuerzos que contrarresten ese fenómeno que se fortalece con la ausencia de pensamiento crítico y la despolitización de la ciudadanía.

Paradójicamente, la digitalización que supuestamente traería más amplitud y calidad informativa ha acelerado el problema en cuanto más que la promoción y acceso a ese bien social, lo que se experimenta es el abandono paulatino de los espacios informativos de calidad a cambio del infoentretenimiento.

Caminamos conforme a los programas de las corporaciones que ahora nos envuelven en el ensueño de la inteligencia artificial, con la manipulación emocional que persigue fines políticos y mercantiles, mientras explotan sin rubor la información que dócil y sin conocimiento de su significado colocamos en internet, en especial a través de las redes sociales.

La publicación digital The Conversation acaba de exponer las opiniones de un grupo de académicos sobre dicho fenómeno y sus efectos políticos, en un texto titulado “¿Vivimos enganchados a la desinformación?”, que ilustra muy bien un problema globalizado y que es necesario apreciar algunas de esas intervenciones.

El académico Raúl Magallón, profesor del Departamento de Comunicación de la Universidad Carlos III, afirma que “Hemos pasado de un mundo caracterizado por la falta de información pública a un mundo donde la sobreinformación puede ser vista como una nueva forma de censura, pero también de apatía, puesto que no estamos preparados para filtrar y seleccionar tanta información”.

“Paralelamente, las redes sociales funcionan como actores políticos en la medida en que forman parte del espacio de debate de la opinión pública y pueden condicionar la conversación en procesos electorales de democracias consolidadas”, añade. Magallón considera, a la vez, que los actores buscan aprovechar las debilidades del sistema en su beneficio.

Por su parte, la maestra Concha Pérez Curiel, profesora de Periodismo y Comunicación Institucional y Política de la Universidad de Sevilla, sostiene que “El impacto de la desinformación sigue siendo un tema preocupante en cualquier ámbito de la sociedad. Los ciudadanos desconfían de la política y de los medios de comunicación, buscan información en las redes sociales y carecen de recursos para comprobar si se trata de noticias falsas o bulos”.

Según ella, no acaba ahí el problema, sino que “Todo se complica con el mal uso que proporcionan las herramientas de la inteligencia artificial, Chat GPT y otras. Los organismos internacionales no consiguen poner freno a esta ‘infodemia’, que proliferó durante la covid-19 y que sigue creciendo”.

El planteamiento se enriquece con las aportaciones de la maestra Marta Montagut, profesora del Departamento de Estudios de Comunicación de la Universitat Rovira i Virgili, que nos recuerda que “Las mentiras interesadas, las populares fake news, han sido una constante en política a lo largo de los siglos, pero lo que las hace especialmente nocivas en el siglo XXI es su mutabilidad y su virilidad”.

“El problema no es que no haya información online fiable, sino cómo se consume esa información, qué grado de accesibilidad tiene, cómo de atractiva resulta para que su consumo sea masivo y qué grado de legitimidad tiene la fuente que le emite”, dice. Y agrega: “Desprestigiar la ciencia o el periodismo, deslegitimar sus aportaciones y priorizar las explicaciones simples, las opiniones personales o las emociones nos hace vulnerables. Nuestra responsabilidad es llevar una buena dieta mediática para no ‘infoxicarnos’”.

La maestra Paula Herrero Diz, profesora del Departamento de Comunicación y Educación en la Facultad de Ciencias Sociales y Humanas de la Universidad Loyola Andalucía, aclara que “Unas veces somos víctimas de la desinformación conscientemente, porque nos gusta acomodar la información a nuestra ideología y a nuestros gustos, y otras porque caemos en ella por las prisas o por la falta de exigencia a quien respalda la información que consumimos. Estamos construyendo realidades personalizadas, una verdad creada por la algoritmización”.

Considera también que “El motivo por el que cada vez hay más desinformación es porque es mayor el número de creadores de contenidos que el de periodistas. Por eso es tan importante que haya más profesionales y mejor formados. Sin su intermediación estaremos consumiendo contenidos de los que podremos adquirir conocimiento, por supuesto, pero la información valiosa está en los hechos y las fuentes. Y a estas solo tiene acceso el profesional de los medios”.

El consumo local de medios y la desinformación

La última encuesta de la Universidad Centroamericana “José Simeón Cañas” (UCA), referida al segundo año de la imposición del Régimen de Excepción, arroja algunos datos acerca del consumo de medios en El Salvador, que nos permiten acercarnos al análisis e interpretación del fenómeno de la desinformación.

En ese sentido, los salvadoreños dicen que se informan sobre el quehacer del gobierno del presidente Nayib Bukele a través de redes sociales (59.6%); televisión (29.5%); periódicos digitales (4.1%); radio (2.5%); periódicos impresos (1.9%); y otros (2.5%).

Hay cambios sustanciales con respecto al consumo de medios que reveló la encuesta de la UCA cuando se cumplió el primer año de la imposición del Régimen de Excepción, en 2023: redes sociales (46.8%); televisión (44.0%); periódicos digitales (3.9%); radio (2.9%); y periódicos impresos (1.8%).

En el estudio de opinión de la UCA anterior al del 2023 citado, que midió la opinión sobre el derecho humano al agua, fue la televisión (45.3%) y las redes sociales (42.9%) los espacios privilegiados para informarse por los ciudadanos. Como podemos observar, pues, en 2024 se refleja la forma en que las redes sociales se van imponiendo en el consumo mediático y, por ende, estamos más expuestos a la desinformación.

En otras ocasiones he expuesto que es necesario, por un lado, apostarle a la ciudadanización de la política a fin de apropiarse de ese derecho secuestrado por grupos de poder, mientras, también hay que apostarle a la ciudadanización de la comunicación. En otras palabras, participar de ese derecho a la par que el sistema mediático potencie el traslado de la información y se abra a la pluralidad de voces en el espacio público.

Que la sociedad se apropie de la comunicación con la alfabetización mediática y la alfabetización digital. Receptores educados en el manejo de los medios, además alfabetizados en el uso de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación (TIC) y que cuenten con acceso a la red de redes, para ejercer ciudadanía.

Pasar de ser simples consumidores de los espacios mediáticos a constructores de sus propios discursos, aprovechando las posibilidades que ofrecen las TIC.

El comunicólogo boliviano Carlos A. Camacho Azurduy cree necesaria la participación ciudadana en el sistema mediático y para eso hay dos formas concretas: Que los medios brinden una oferta informativa noticiosa de calidad “para que los ciudadanos viertan opiniones argumentadas capaces de establecer diálogos y generar debates públicos para llegar a consensos sobre lo que es común a todos (asuntos públicos)”.

En segundo lugar, “(…) También se debe procurar la educación para la recepción, en el sentido de ayudar a las personas a desarrollar sus propias capacidades y habilidades para apropiarse, usar y re-significar la información y, fundamentalmente, impulsar su capacidad crítica y argumentativa para formarse una opinión propia y sustentada y, de este modo, generar corrientes de opinión dominantes y promover acciones transformadoras”.

Ese binomio comunicación y política es de suma importancia para la sociedad. Los ciudadanos, a la vez consumidores de información, deben contar con las herramientas para acercarse de manera crítica a la oferta mediática, local y global, y la toma de conciencia parte de reconocer la forma en que se da el fenómeno en la realidad. Un buen antídoto contra la desinformación.