Una partidocracia moribunda
Por Guillermo Mejía
Los estertores de la partidocracia, que salieron a luz por la desobediencia legislativa frente a los fallos de la Sala de lo Constitucional de la Corte Suprema de Justicia, nos ofrecen esperanzas en el tortuoso camino por la construcción democrática que se ha desperdiciado en gran medida desde la firma de los Acuerdos de Paz, en 1992.
Que los partidos políticos nacionales, de derecha e izquierda, se repartan el botín de las magistraturas de 2006 y 2012 –aún falta la Fiscalía General- con la anuencia del Presidente Mauricio Funes, que dejó el prometido cambio en el camino, abre también los ojos de la sociedad frente a la continuación de prácticas políticas detestables.
Excelente, compatriotas, que los torturadores y los luchadores por la libertad (del pasado reciente), que se enfrascaron en una guerra entre hermanos que nos trajo luto y miseria, ahora juntos alrededor de la mesa tomen los pedazos del pastel jurídico en voz baja y sin que el soberano sea testigo de la transa, aunque en público hablan de transparencia y acceso a la información.
Son lecciones políticas que no pueden pasar desapercibidas por la sociedad civil que tiene que sacar cuentas de sus gobernantes de turno y de los aspirantes de cara a los procesos que se avecinan, así como frente a la urgente necesidad de que desde esos sectores comprometidos con la democracia fructifiquen opciones que tengan como referente los intereses populares.
Lástima que desde la izquierda, aglutinada en el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (Fmln), se frustró la opción preferencial por los pobres, ya que una cúpula negociante con la derecha espuria y preocupada más por la danza de los millones de la “solidaridad internacional” se olvidó de la sangre derramada.
En otras palabras, es lo que ofrece la izquierda copiona de las prácticas nefastas de la derecha sobre la cual no hay nada más que hablar, pues históricamente se ha comportado de la misma manera. Lo grave del caso –y es lo que la gente debe observar- es que el sistema inmoral e injusto se eterniza con la complicidad de esa izquierda mercantilizada que traicionó el sacrificio popular.
La cúpula del Fmln pretende no darse cuenta y busca que nadie se entere del triste papel que cumple, en sus afanes particulares, cuando en referentes de la izquierda continental es secreto a voces la preocupación debido al desgaste de la marca histórica propulsora del cambio social, del abandono de la lucha social y de su lamentable adecuación al sistema de partidos dominante.
Hay que salvar al partido histórico de la izquierda salvadoreña de quienes lo están infartando, señaló recientemente un cuadro de mucho peso dentro del Fmln, mientras desde la militancia se oyen las quejas por el maridaje de la cúpula con sectores corrompidos de la derecha y la asunción de que para las próximas elecciones hay que pensar en alianzas espurias.
Como telón de fondo, mientras sigue el desprestigiado espectáculo del negocio entre los políticos que no reparan en ideologías, aparece una profundización de la crisis socio-económica, los efectos del cambio climático y el retorno a las cifras de las muertes por la violencia delincuencial que se decían superadas gracias a la “tregua” entre pandillas.
A ver qué cara ponen ahora el Presidente Mauricio Funes y su flamante ministro de Justicia y Seguridad, general David Munguía Payés, cuando en el mes de agosto se dispararon otra vez los asesinatos –además de las desapariciones de jóvenes que siempre se mantuvieron- y el alza de las extorsiones porque las bases pandilleras nunca recibieron la asistencia oficial prometida.
Solamente falta que en la inteligencia de los que tienen en sus manos la seguridad pública, entregada por este gobierno de izquierda a los militares, se escoja una respuesta militar al problema de las pandillas, tal como lo hicieron contra el movimiento popular revolucionario, y se venga un baño de sangre. Los milicos no tienen otras opciones en mente.
Busquemos esas opciones organizativas que fueron abandonadas por esa izquierda mercantilizada que, además del negocio, anda tras los puestos públicos a fin de cumplir el sueño de ser la administradora del modelo injusto reinante. La lucha persiste, al interior y al exterior de El Salvador hay simpatía con la reconstrucción de la izquierda, caminemos hacia una democracia participativa.
Un encuentro de comunicación e información desde la perspectiva de un periodista centroamericano.
miércoles, agosto 15, 2012
martes, julio 31, 2012
Lecturas en el Día del Periodista
Por Guillermo Mejía
Para celebrar el Día del Periodista salvadoreño este 31 de julio me permito colocar en este espacio virtual los fragmentos de dos materiales elaborados por dos periodistas y escritores muy nuestros. Se trata de Gabriel García Márquez, de Colombia, y Eduardo Galeano, de Uruguay, que nos han acompañado en nuestro bregar periodístico como maestros inspiradores.
Por mi parte, les deseo a mis colegas y hermanos un Feliz Día del periodista en espera de que además de nuestro merecido disfrute con amigos y familiares también hagamos un espacio para la reflexión tan necesaria en esta loable profesión, abnegada y sacrificada, pero de primer orden de cara a la sociedad y las ansias de libertad.
A continuación los textos:
El mejor oficio del mundo…
Por Gabriel García Márquez
A una universidad colombiana se le preguntó cuáles son las pruebas de aptitud y vocación que se hacen a quienes desean estudiar periodismo y la respuesta fue terminante: “Los periodistas no son artistas”. Estas reflexiones, por el contrario, se fundan precisamente en la certidumbre de que el periodismo escrito es un género literario.
Hace unos cincuenta años no estaban de moda las escuelas de periodismo. Se aprendía en las salas de redacción, en los talleres de imprenta, en el cafetín de enfrente, en las parrandas de los viernes. Todo el periódico era una fábrica que formaba e informaba sin equívocos, y generaba opinión dentro de un ambiente de participación que mantenía la moral en su puesto. Pues los periodistas andábamos siempre juntos, hacíamos vida común, y éramos tan fanáticos del oficio que no hablábamos de nada distinto que del oficio mismo. El trabajo llevaba consigo una amistad de grupo que inclusive dejaba poco margen para la vida privada. No existían las juntas de redacción institucionales, pero a las cinco de la tarde, sin convocatoria oficial, todo el personal de planta hacía una pausa de respiro en las tensiones del día y confluía a tomar el café en cualquier lugar de la redacción. Era una tertulia abierta donde se discutían en caliente los temas de cada sección y se le daban los toques finales a la edición de mañana. Los que no aprendían en aquellas cátedras ambulatorias y apasionadas de veinticuatro horas diarias, o los que se aburrían de tanto hablar de los mismo, era porque querían o creían ser periodistas, pero en realidad no lo eran.
El periódico cabía entonces en tres grandes secciones: noticias, crónicas y reportajes, y notas editoriales. La sección más delicada y de gran prestigio era la editorial. El cargo más desvalido era el de reportero, que tenía al mismo tiempo la connotación de aprendiz y cargaladrillos. El tiempo y el mismo oficio han demostrado que el sistema nervioso del periodismo circula en realidad en sentido contrario. Doy fe: a los diecinueve años -siendo el peor estudiante de derecho- empecé mi carrera como redactor de notas editoriales y fui subiendo poco a poco y con mucho trabajo por las escaleras de las diferentes secciones, hasta el máximo nivel de reportero raso.
La misma práctica del oficio imponía la necesidad de formarse una base cultural, y el mismo ambiente de trabajo se encargaba de fomentarla. La lectura era una adicción laboral. Los autodidactas suelen ser ávidos y rápidos, y los de aquellos tiempos lo fuimos de sobra para seguir abriéndole paso en la vida al mejor oficio del mundo... como nosotros mismos lo llamábamos. Alberto Lleras Camargo, que fue periodista siempre y dos veces presidente de Colombia, no era ni siquiera bachiller.
La creación posterior de las escuelas de periodismo fue una reacción escolástica contra el hecho cumplido de que el oficio carecía de respaldo académico. Ahora ya no son sólo para la prensa escrita sino para todos los medios inventados y por inventar.
*Gabriel García Márquez, periodista y escritor colombiano.
***************
Me caí del mundo y no sé cómo entrar…
Por Eduardo Galeano
Las cosas no eran desechables. Eran guardables. ¡¡¡Los diarios!!! Servían para todo: para hacer plantillas para las botas de goma, para poner en el piso los días de lluvia y por sobre todas las cosas para envolver. ¡¡¡Las veces que nos enterábamos de algún resultado leyendo el diario pegado al trozo de carne!!!
Y guardábamos el papel plateado de los chocolates y de los cigarros para hacer guías de pinitos de navidad y las páginas del almanaque para hacer cuadros y los goteros de las medicinas por si algún medicamento no traía el cuentagotas y los fósforos usados porque podíamos prender una hornalla de la Volcán desde la otra que estaba prendida y las cajas de zapatos que se convirtieron en los primeros álbumes de fotos y los mazos de naipes se reutilizaban aunque faltara alguna, con la inscripción a mano en una sota de espada que decía 'éste es un 4 de bastos'.
Los cajones guardaban pedazos izquierdos de pinzas de ropa y el ganchito de metal. Al tiempo albergaban sólo pedazos derechos que esperaban a su otra mitad para convertirse otra vez en una pinza completa.
Yo sé lo que nos pasaba: nos costaba mucho declarar la muerte de nuestros objetos. Así como hoy las nuevas generaciones deciden 'matarlos' apenas aparentan dejar de servir, aquellos tiempos eran de no declarar muerto a nada: ¡¡¡ni a Walt Disney!!!
Y cuando nos vendieron helados en copitas cuya tapa se convertía en base y nos dijeron: 'Cómase el helado y después tire la copita', nosotros dijimos que sí, pero, ¡¡¡minga que la íbamos a tirar!!! Las pusimos a vivir en el estante de los vasos y de las copas. Las latas de arvejas y de duraznos se volvieron macetas y hasta teléfonos. Las primeras botellas de plástico se transformaron en adornos de dudosa belleza. Las hueveras se convirtieron en depósitos de acuarelas, las tapas de botellones en ceniceros, las primeras latas de cerveza en portalápices y los corchos esperaron encontrarse con una botella.
Y me muerdo para no hacer un paralelo entre los valores que se desechan y los que preservábamos. ¡¡¡Ah!!! ¡¡¡No lo voy a hacer!!! Me muero por decir que hoy no sólo los electrodomésticos son desechables; que también el matrimonio y hasta la amistad son descartables.
Pero no cometeré la imprudencia de comparar objetos con personas. Me muerdo para no hablar de la identidad que se va perdiendo, de la memoria colectiva que se va tirando, del pasado efímero. No lo voy a hacer. No voy a mezclar los temas, no voy a decir que a lo perenne lo han vuelto caduco y a lo caduco lo hicieron perenne. No voy a decir que a los ancianos se les declara la muerte apenas empiezan a fallar en sus funciones, que los cónyuges se cambian por modelos más nuevos, que a las personas que les falta alguna función se les discrimina o que valoran más a los lindos, con brillo,pegatina en el cabello y glamour.
Esto sólo es una crónica que habla de pañales y de celulares. De lo contrario, si mezcláramos las cosas, tendría que plantearme seriamente entregar a la 'bruja' como parte de pago de una señora con menos kilómetros y alguna función nueva. Pero yo soy lento para transitar este mundo de la reposición y corro el riesgo de que la 'bruja' me gane de mano y sea yo el entregado.
*Eduardo Galeano, periodista y escritor uruguayo.
Por Guillermo Mejía
Para celebrar el Día del Periodista salvadoreño este 31 de julio me permito colocar en este espacio virtual los fragmentos de dos materiales elaborados por dos periodistas y escritores muy nuestros. Se trata de Gabriel García Márquez, de Colombia, y Eduardo Galeano, de Uruguay, que nos han acompañado en nuestro bregar periodístico como maestros inspiradores.
Por mi parte, les deseo a mis colegas y hermanos un Feliz Día del periodista en espera de que además de nuestro merecido disfrute con amigos y familiares también hagamos un espacio para la reflexión tan necesaria en esta loable profesión, abnegada y sacrificada, pero de primer orden de cara a la sociedad y las ansias de libertad.
A continuación los textos:
El mejor oficio del mundo…
Por Gabriel García Márquez
A una universidad colombiana se le preguntó cuáles son las pruebas de aptitud y vocación que se hacen a quienes desean estudiar periodismo y la respuesta fue terminante: “Los periodistas no son artistas”. Estas reflexiones, por el contrario, se fundan precisamente en la certidumbre de que el periodismo escrito es un género literario.
Hace unos cincuenta años no estaban de moda las escuelas de periodismo. Se aprendía en las salas de redacción, en los talleres de imprenta, en el cafetín de enfrente, en las parrandas de los viernes. Todo el periódico era una fábrica que formaba e informaba sin equívocos, y generaba opinión dentro de un ambiente de participación que mantenía la moral en su puesto. Pues los periodistas andábamos siempre juntos, hacíamos vida común, y éramos tan fanáticos del oficio que no hablábamos de nada distinto que del oficio mismo. El trabajo llevaba consigo una amistad de grupo que inclusive dejaba poco margen para la vida privada. No existían las juntas de redacción institucionales, pero a las cinco de la tarde, sin convocatoria oficial, todo el personal de planta hacía una pausa de respiro en las tensiones del día y confluía a tomar el café en cualquier lugar de la redacción. Era una tertulia abierta donde se discutían en caliente los temas de cada sección y se le daban los toques finales a la edición de mañana. Los que no aprendían en aquellas cátedras ambulatorias y apasionadas de veinticuatro horas diarias, o los que se aburrían de tanto hablar de los mismo, era porque querían o creían ser periodistas, pero en realidad no lo eran.
El periódico cabía entonces en tres grandes secciones: noticias, crónicas y reportajes, y notas editoriales. La sección más delicada y de gran prestigio era la editorial. El cargo más desvalido era el de reportero, que tenía al mismo tiempo la connotación de aprendiz y cargaladrillos. El tiempo y el mismo oficio han demostrado que el sistema nervioso del periodismo circula en realidad en sentido contrario. Doy fe: a los diecinueve años -siendo el peor estudiante de derecho- empecé mi carrera como redactor de notas editoriales y fui subiendo poco a poco y con mucho trabajo por las escaleras de las diferentes secciones, hasta el máximo nivel de reportero raso.
La misma práctica del oficio imponía la necesidad de formarse una base cultural, y el mismo ambiente de trabajo se encargaba de fomentarla. La lectura era una adicción laboral. Los autodidactas suelen ser ávidos y rápidos, y los de aquellos tiempos lo fuimos de sobra para seguir abriéndole paso en la vida al mejor oficio del mundo... como nosotros mismos lo llamábamos. Alberto Lleras Camargo, que fue periodista siempre y dos veces presidente de Colombia, no era ni siquiera bachiller.
La creación posterior de las escuelas de periodismo fue una reacción escolástica contra el hecho cumplido de que el oficio carecía de respaldo académico. Ahora ya no son sólo para la prensa escrita sino para todos los medios inventados y por inventar.
*Gabriel García Márquez, periodista y escritor colombiano.
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Me caí del mundo y no sé cómo entrar…
Por Eduardo Galeano
Las cosas no eran desechables. Eran guardables. ¡¡¡Los diarios!!! Servían para todo: para hacer plantillas para las botas de goma, para poner en el piso los días de lluvia y por sobre todas las cosas para envolver. ¡¡¡Las veces que nos enterábamos de algún resultado leyendo el diario pegado al trozo de carne!!!
Y guardábamos el papel plateado de los chocolates y de los cigarros para hacer guías de pinitos de navidad y las páginas del almanaque para hacer cuadros y los goteros de las medicinas por si algún medicamento no traía el cuentagotas y los fósforos usados porque podíamos prender una hornalla de la Volcán desde la otra que estaba prendida y las cajas de zapatos que se convirtieron en los primeros álbumes de fotos y los mazos de naipes se reutilizaban aunque faltara alguna, con la inscripción a mano en una sota de espada que decía 'éste es un 4 de bastos'.
Los cajones guardaban pedazos izquierdos de pinzas de ropa y el ganchito de metal. Al tiempo albergaban sólo pedazos derechos que esperaban a su otra mitad para convertirse otra vez en una pinza completa.
Yo sé lo que nos pasaba: nos costaba mucho declarar la muerte de nuestros objetos. Así como hoy las nuevas generaciones deciden 'matarlos' apenas aparentan dejar de servir, aquellos tiempos eran de no declarar muerto a nada: ¡¡¡ni a Walt Disney!!!
Y cuando nos vendieron helados en copitas cuya tapa se convertía en base y nos dijeron: 'Cómase el helado y después tire la copita', nosotros dijimos que sí, pero, ¡¡¡minga que la íbamos a tirar!!! Las pusimos a vivir en el estante de los vasos y de las copas. Las latas de arvejas y de duraznos se volvieron macetas y hasta teléfonos. Las primeras botellas de plástico se transformaron en adornos de dudosa belleza. Las hueveras se convirtieron en depósitos de acuarelas, las tapas de botellones en ceniceros, las primeras latas de cerveza en portalápices y los corchos esperaron encontrarse con una botella.
Y me muerdo para no hacer un paralelo entre los valores que se desechan y los que preservábamos. ¡¡¡Ah!!! ¡¡¡No lo voy a hacer!!! Me muero por decir que hoy no sólo los electrodomésticos son desechables; que también el matrimonio y hasta la amistad son descartables.
Pero no cometeré la imprudencia de comparar objetos con personas. Me muerdo para no hablar de la identidad que se va perdiendo, de la memoria colectiva que se va tirando, del pasado efímero. No lo voy a hacer. No voy a mezclar los temas, no voy a decir que a lo perenne lo han vuelto caduco y a lo caduco lo hicieron perenne. No voy a decir que a los ancianos se les declara la muerte apenas empiezan a fallar en sus funciones, que los cónyuges se cambian por modelos más nuevos, que a las personas que les falta alguna función se les discrimina o que valoran más a los lindos, con brillo,pegatina en el cabello y glamour.
Esto sólo es una crónica que habla de pañales y de celulares. De lo contrario, si mezcláramos las cosas, tendría que plantearme seriamente entregar a la 'bruja' como parte de pago de una señora con menos kilómetros y alguna función nueva. Pero yo soy lento para transitar este mundo de la reposición y corro el riesgo de que la 'bruja' me gane de mano y sea yo el entregado.
*Eduardo Galeano, periodista y escritor uruguayo.
martes, julio 17, 2012
Dos piezas periodísticas de los años de post guerra
Por Guillermo Mejía
Para oxigenar un tanto el ambiente me permito en esta ocasión presentarles dos piezas de la post guerra salvadoreña –para ser más exactos de 1994- que nos dan luces sobre lo que vino luego de la firma de los Acuerdos de Paz, en 1992, en México, entre el gobierno de turno y la guerrilla del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (Fmln).
En primer lugar, está una crónica elaborada con ocasión de las denominadas “elecciones del siglo”, del mes de marzo, donde creí conveniente palpar el sentir y pensar de las prostitutas como parte marginada de esta sociedad. La cuestión es que en esos comicios participaba por primera vez el partido de izquierda Fmln que se coaligó con otros sectores bajo la figura de Rubén Zamora que perdió las elecciones frente al arenero Armando Calderón Sol.
En segundo lugar, está otra crónica hecha alrededor de un asalto armado en un restaurante capitalino donde degustábamos varios periodistas, el 31 de diciembre de 1993, que presenté a los lectores en febrero de 1994. En esos años, dentro de la post guerra, vimos cómo se propagó la delincuencia, mucha de la cual como producto de la desmovilización de las fuerzas militares que se enfrentaron en la guerra civil de 12 años.
A continuación los textos:
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Lamentos de prostitutas: Donde los políticos ni prometen
Por Guillermo Mejía
De las calles mugrientas, controladas por el lumpen-proletariado, se divisan los caserones descoloridos en vías de extinción. Los barrotes sirven de marco a las mujeres que ofrecen instantes de amor a precios bajos. Por si las moscas echan doble llave.
Es la famosa Calle Celis, y aus accesos a la Calle Concepción y Avenida Independencia. También la reconocida cuesta del Palo Verde y las entrañas de las antiguas barriadas de San Esteban y Modelo.
Allí el engaño y el desprecio avivan el trueque carnal en burdeles y cafetines de mala muerte. La música de Los Bukis, Los temerarios y Bronco –la fiebre del tex-mex- enciende a la masa despechada.
Al intercambio de fluidos, prendas y dinero se une la posibilidad de algún bochinche.
Para los puritanos son encuentros de indeseables, envases de espirochetas y virus. Adentro insalubridad, desnutrición marginalidad y desesperanza.
En ese hábitat subsiste Sonia, nombre de batalla de una madre soltera, una de tantas ciudadanas que debió ejercer su derecho al sufragio el 20 de marzo.
Pero las llamadas “elecciones del siglo” no le cambiaron los ánimos: “Yo no creo en nadie porque a mí nunca me han dado nada, nunca he recibido ni tan siquiera una camiseta”, afirma.
Simpática. Consigue en uno de los cafetines, donde sus pequeños hijos deben esperar cuando llega algún cliente. El más pequeño llora cuando su madre se mete en uno de los cuartitos pestilentes, provistos de catre. “Ni modo papito…”
-¿Cómo ves a los polítiucos?
-Prometen cualquier cosa, pero cuando ganan se les olvida –señala.
Sin embargo, encuentra algunos matices entre Armando Calderón Sol, Fidel Chávez Mena y Rubén Zamora, principales figuras.
“Yo he escuchado decir a mucha gente de la mara que Arena es de los que más ha mentido y, por ejemplo, los mariguaneros lo que menos quieren es a Calderón Sol, porque sólo habla de echar a la policía”.
De ahí, Chávez Mena “no ha propuesto nada y yo no lo conozco ni en persona”, mientras a Zamora “también habla de que va a cumplir, pero quién sabe…”.
-¿Qué esperas del nuevo gobierno?
-De qué sirve que te lo diga. Si ni me lo van a dar –precisa.
Es obvio. Ni la izquierda ni la derecha aparecieron por esos lugares. En las paredes de los lupanares y las aceras no se encuentra ningún afiche de los partidos. Mucho menos repartieron cachuchas, camisetas, llaveros o calendarios.
“Es como si no existiéramos”, denuncia Maritza, de mediana edad y con marido bajo su responsabilidad. “Para ellos existimos sólo cuando se jodernos se trata”.
Sus compañías son otras: alrededor de los tragos y las cervezas se encuentran los sedientos de sexo rápido, ya sea de paso o que pertenezcan a alguna de las maras que ejercen su poder en esas áreas.
Los huele-pega son otro ingrediente, aunque menos deleitante para las niñas. En cualquier esquina, o en cada tramo, aparecen, bote en mano, inhalando hasta el fin. Los menos agresivos andan en el espacio y los más calientes previenen con el cuchillo. “Y qué, pues, me vale man, yo estoy en mi onda”.
Para Maritza, que tiene dos hijas, “al fin de cuentas si yo no puteo no como, aunque vote por ley. Entonces, por mí que gane cualquier gente, incluso todos los partidos, para que nadie pelee, si no vamos a tener un desvergue en este país”.
Tiene reservas hacia la izquierda y Arena no le simpatiza, pues “Calderón Sol siempre nos lanzó a los cuilios cuando estuvo en la alcaldía”. Y sigue igual. “Por cualquier cosa nos está capturando la Municipal y cada vez nos cuesta 150 colones la salida, eso es injusto si todos tenemos derecho al trabajo. Para mí, con el hijo de Duarte tendríamos más chance, porque cuando estuvo el papá nos entregaban un recibo y no nos llevaban presas”.
Empero, no está segura que la situación cambie: “Realmente lo que nos falta es más trabajo y para nosotras, en particular, que no nos moleste la Municipal y que mejor promuevan el recibo que te digo”.
Otra de las niñas es Johanna, 24 años, quien es acompañada en sus labores por su pequeño hijo catarroso. Esa chica mira que “todos los políticos se presentan buena onda, pero lo que falta es que cumplan. Yo veo tranquilo a Calderón Sol, pero en la alcaldía nunca me gustó”, asegura. “Veo estricto a Zamora, es más me gustó que celebraran el Día de la Mujer en la plaza. Los ricos no lo hicieron en la calle”.
Pero, y sobre todo, “de Zamora me gustan los chistes que se ha aventado en la radio, se identifica con la gente, por ejemplo: lo del niño cabezón que dice la mamá que su vida fue arena que el viento se llevó. Puta, dije yo, qué yuca está esa onda, pero luego me di cuenta que era propaganda electoral”. Pese a ello, “no lo conozco ni quiero conocerlo…”.
No puede perder el tiempo. Pasa con los clientes, hace limpieza, prepara la comida y atiende a una de las veteranas del oficio que aparece en la sala bebiéndose una gaseosa.
La doña no quiere decir nada, prefiere que le regalen un cigarro.
-Johanna, ¿qué espera del nuevo gobierno?
-Que no vuelva el desmadre y que haya lugar para que la gente se supere. Que tengan más escuelas y centros de salud. Que realmente cambiemos. A nosotras que ya no nos zumben la papaya con los 150 pesos de multa, ni que los cuilios se aprovechen y quieran algo más, porque ni nos gustan.
El tránsito por los burdeles se intensifica. La majada entró en calor y las niñas están listas para satisfacer la demanda.
Los cuartuchos están con pasador y hay personas esperando. No importa que las sodas estén tibias. “Mirá esa pecosa, loco, ummmm”.
-Si me buscan salgo al rato, vos –se oye.
-Chévere. ¿Y usted no quiere un retozón? Aproveche –convidan. (FIN)
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Crónica Urbana: El Asalto
Por Guillermo Mejía
Otra ronda de vasos de cerveza es servida (el disonante soy yo que pido una coca-cola). Los pescados fritos, acompañados de tortillas acabadas de salir del comal, son enviados en seguida para boquear.
Cuando menos hay treinta parroquianos. Los periodistas nos concentramos en la parte posterior del merendero y nuestra conversación se vuelve hacia los políticos de cara a las elecciones de marzo.
“Y los delincuentes”, dice uno de los colegas. “Felices”, contesta el coro (realmente decía cosas más fuertes) en referencia al partido de la promesa de 10 mil nuevos agentes de seguridad pública.
Días antes, en el mismo lugar de la Colonia Miramonte, en San Salvador, se encontraban cuatro dirigentes del PDC que miraba de reojo cuando el estribillo se cambiaba a “y los delincuentes”, luego venía el coro: “Chupando”.
Había, pues, un precedente inmediato.
A la par de la vacilada sigue el consumo y llega más gente; desfilan niños, jóvenes, viejos, aunque las sopas, las costillas, los pollitos y las carnitas no aparecen.
El único plato exquisito, dice uno de los periodistas, lo representan algunas chavas –pelos dorados, a la fuerza, y joyas relucientes- que no entienden de acceso al prójimo. Y no es para menos, llevan prendidos de sus caderas a “niños bien” de cara fruncida, como si experimentaran algún mal olor a su paso.
Una hora esperando y pienso que sería mejor irme a casa –me queda a tan sólo 10 minutos a pie-, donde no aguanto hambre. Pero pueden más los colegas, especialmente un 31 de diciembre que se torna buen pretexto pasa casaquear un rato.
Entre ellos se encuentra uno de mis hermanos, quien no resiste la mínima intención de mi retiro y arremete con una mirada que de seguro significa “estás de antisocial”. Pido otra coca y sigo esperando.
De repente se inicia el relajo desde la parte principal de la vivienda; yo no entiendo de qué se trata y al ver a la gente correr hacia el grupo me lanzo al piso.
“Es un asalto”, intimida un sujeto cara de cubierta con un gorro navarone, vestimenta militar y protegido con un fusil M-16; atrás asoma otro, de similares características, pero con una escuadra dispuesta a vomitar plomo.
Gritos, llanto y golpes se oyen desde los otros recovecos. “Hoy sí, nos jodieron”, digo. “Tranquilo, loco –responde otro de mis amigos-, ya va a pasar el desmadre…”.
Claro, él estima eso, pero para mí es una tranquilidad de desesperado, como dice Rubén Blades, y decido buscar refugio detrás de una palmera de coco (donde supongo que algunos tiros podrían rebotar).
“Si colaboran todo va a salir bien”, advierte el jefe del comando. “Si tienen armas pónganlas sobre la mesa, porque si las encontramos…”.
El otro sujeto, inquieto y con la escuadra apuntando hacia los presentes, exige que todos vayan hacia la pared. “Vos salí de allí y rápido”, me ordena.
En mis adentros digo nuevamente: “Hoy sí, nos jodieron”.
Uno de los asaltantes toma el radio Motorota, que utiliza uno de los periodistas, y dice: “¿Y esto?”. Sentí otro “aguevón”. Una revista de hechos se me vino encima, de todo un poco, y pensé que al mediodía del 29 de diciembre había visto a una chamaca muy especial para mí.
“Es de una empresa”, sale al paso el colega. El susodicho le da una mirada al aparato y afirma: “De veras esto no sirve”. “Uf”, respondemos en coro.
Al porte militar y a la maniobra que hicieron para controlar la situación –estamos cerca de 30 personas-, el típico asalto armado, se une que estos mañosos sí saben de radiocomunicaciones, o sea no son “cinco de yuca”.
Caminamos hacia la pared. Temor, ganas de contestar (aunque es absurdo), impotencia; cercados por el grupo de individuos violentos y sin saber de dónde provienen, salvo las especulaciones.
Definitivamente hay que colaborar, pues ellos son siete, uniformados de militar, y además cuentan con escopetas, M-16 recortados, inclusive se dice que tienen una M-60 apostada a la entrada del merendero.
Es una violencia diferente a la que experimentamos durante nuestro trabajo en el marco de la guerra pasada, pese a los sacrificios y a las víctimas que aportamos en nuestra misión de comunicadores sociales. Lo más fregado es no saber de dónde provienen, aun con los indicios que muestran.
“¿Qué escondés allí? Sacáte los bolsillos del short”, le dice uno de los asaltantes a mi hermano. Dinero, relojes, pulseras anillos, collares, todo va directo a una bolsa plástica.
Un padre de familia le dice a su hijo: “Es una película, hijito, ya va a terminar”. Pero el niño, de unos cinco años, responde” “¡Película! No, papi, es de verdad…”.
Las chicas guapitas lloran a moco tendido. Sus chicos, que entraron fanfarroneando, son presa del pánico, los cachetes les tiemblan y no pueden sacar la voz.
Uno de ellos quiere ir al rescate de su amor, pero en esas condiciones es muy arriesgado. “Calmáte, man, a tu chava no le va a pasar nada y te pueden meter un cachimbazo”, le advertimos. El tipo, que de chapudo pasó a tener color de papel periódico, entiende.
“No nos vayan a hacer nada, ya colaboramos”, se queja otra de las víctimas. “Eso queremos, vayan dejando todo”, expresan.
El reloj de una jovencita pone a pelear a dos asaltantes: uno dice que se lo quite y el otro que no lo haga. Al final –“vale la pena, quitátelo-, la niña, enmudecida, lo entrega.
“Bueno, señores, gracias por haber colaborado y pasen feliz año nuevo…”, se despide el jefe de la pandilla.
“Feliz año, primo…”, contesta unos de los chicos-bien casi llorando.
“Feliz año su madre, cerotes…”, añade en voz baja otro de mis compañeros. Yo le recrimino de inmediato: “Calláte, no te vaya a oír y nos chinguen el 31 de diciembre”.
Aquí no ha pasado nada, no ha pasado nada, afirman algunos presentes. De pronto aparece en el tejado uno de mis cheros, quien se escondió y se echó todo desde arriba. “Ya se fueron”, manifiesta en medio de una sonrisa. Asegura que “fueron exactamente quince minutos de atraco, bien contaditos”.
Según él, acaba de cometer una gran hazaña al salvar su cadena y el par de pesos que andaba: “Vos sí que también nos ibas a joder el 31 de diciembre”, reclama otro de los periodistas.
Quizás ha visto mucha película gringa. “No, no, al contrario, después de la guerra he quedado traumado. Mi respuesta es normal a una situación anormal”, alega, parafraseando al asesinado jesuita Ignacio Martín-Baró.
En la puerta, uno de los asistentes grita: “Señores, gracias a Dios no nos ha pasado nada, así que sigamos chupando”. Mucho esfuerzo hizo, el pobre va directo al baño a vomitar sin control.
Tomo un cigarrillo, uno de los chicos-bien me regala un fósforo y pregunta: “¿Verdad que todo está bien, hermano?”. Le contesto: “Tan bien que hasta nos robaron los encendedores…”.
Vamos saliendo. Los abrazos adelantados de feliz año nuevo caen requetebién a esas horas de la tarde, cerca de las 3:00 p.m.
El minusválido que cuida los vehículos afuera asegura que los individuos se lo llevaron “chineado” hacia adentro, para que “no les pusiera el dedo”. La interrogante es: ¿con quién?, si los mismos asaltantes –que andaban en dos carros polarizados y armados hasta los dientes- parecen elementos de seguridad.
Realmente, se fueron “felices” y aunque ese candidato proponga 10 mil nuevos agentes le resultará difícil ante un problema potenciado por la impunidad.
Un borrachito refuerza la tesis: “Si envía 10 mil policías yo me propongo enviarle 80 mil ladrones, para demostrarle a los políticos que son pajeros. Al ocho por uno, una cifra más bajita que el cambio del dólar”. (FIN)
Por Guillermo Mejía
Para oxigenar un tanto el ambiente me permito en esta ocasión presentarles dos piezas de la post guerra salvadoreña –para ser más exactos de 1994- que nos dan luces sobre lo que vino luego de la firma de los Acuerdos de Paz, en 1992, en México, entre el gobierno de turno y la guerrilla del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (Fmln).
En primer lugar, está una crónica elaborada con ocasión de las denominadas “elecciones del siglo”, del mes de marzo, donde creí conveniente palpar el sentir y pensar de las prostitutas como parte marginada de esta sociedad. La cuestión es que en esos comicios participaba por primera vez el partido de izquierda Fmln que se coaligó con otros sectores bajo la figura de Rubén Zamora que perdió las elecciones frente al arenero Armando Calderón Sol.
En segundo lugar, está otra crónica hecha alrededor de un asalto armado en un restaurante capitalino donde degustábamos varios periodistas, el 31 de diciembre de 1993, que presenté a los lectores en febrero de 1994. En esos años, dentro de la post guerra, vimos cómo se propagó la delincuencia, mucha de la cual como producto de la desmovilización de las fuerzas militares que se enfrentaron en la guerra civil de 12 años.
A continuación los textos:
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Lamentos de prostitutas: Donde los políticos ni prometen
Por Guillermo Mejía
De las calles mugrientas, controladas por el lumpen-proletariado, se divisan los caserones descoloridos en vías de extinción. Los barrotes sirven de marco a las mujeres que ofrecen instantes de amor a precios bajos. Por si las moscas echan doble llave.
Es la famosa Calle Celis, y aus accesos a la Calle Concepción y Avenida Independencia. También la reconocida cuesta del Palo Verde y las entrañas de las antiguas barriadas de San Esteban y Modelo.
Allí el engaño y el desprecio avivan el trueque carnal en burdeles y cafetines de mala muerte. La música de Los Bukis, Los temerarios y Bronco –la fiebre del tex-mex- enciende a la masa despechada.
Al intercambio de fluidos, prendas y dinero se une la posibilidad de algún bochinche.
Para los puritanos son encuentros de indeseables, envases de espirochetas y virus. Adentro insalubridad, desnutrición marginalidad y desesperanza.
En ese hábitat subsiste Sonia, nombre de batalla de una madre soltera, una de tantas ciudadanas que debió ejercer su derecho al sufragio el 20 de marzo.
Pero las llamadas “elecciones del siglo” no le cambiaron los ánimos: “Yo no creo en nadie porque a mí nunca me han dado nada, nunca he recibido ni tan siquiera una camiseta”, afirma.
Simpática. Consigue en uno de los cafetines, donde sus pequeños hijos deben esperar cuando llega algún cliente. El más pequeño llora cuando su madre se mete en uno de los cuartitos pestilentes, provistos de catre. “Ni modo papito…”
-¿Cómo ves a los polítiucos?
-Prometen cualquier cosa, pero cuando ganan se les olvida –señala.
Sin embargo, encuentra algunos matices entre Armando Calderón Sol, Fidel Chávez Mena y Rubén Zamora, principales figuras.
“Yo he escuchado decir a mucha gente de la mara que Arena es de los que más ha mentido y, por ejemplo, los mariguaneros lo que menos quieren es a Calderón Sol, porque sólo habla de echar a la policía”.
De ahí, Chávez Mena “no ha propuesto nada y yo no lo conozco ni en persona”, mientras a Zamora “también habla de que va a cumplir, pero quién sabe…”.
-¿Qué esperas del nuevo gobierno?
-De qué sirve que te lo diga. Si ni me lo van a dar –precisa.
Es obvio. Ni la izquierda ni la derecha aparecieron por esos lugares. En las paredes de los lupanares y las aceras no se encuentra ningún afiche de los partidos. Mucho menos repartieron cachuchas, camisetas, llaveros o calendarios.
“Es como si no existiéramos”, denuncia Maritza, de mediana edad y con marido bajo su responsabilidad. “Para ellos existimos sólo cuando se jodernos se trata”.
Sus compañías son otras: alrededor de los tragos y las cervezas se encuentran los sedientos de sexo rápido, ya sea de paso o que pertenezcan a alguna de las maras que ejercen su poder en esas áreas.
Los huele-pega son otro ingrediente, aunque menos deleitante para las niñas. En cualquier esquina, o en cada tramo, aparecen, bote en mano, inhalando hasta el fin. Los menos agresivos andan en el espacio y los más calientes previenen con el cuchillo. “Y qué, pues, me vale man, yo estoy en mi onda”.
Para Maritza, que tiene dos hijas, “al fin de cuentas si yo no puteo no como, aunque vote por ley. Entonces, por mí que gane cualquier gente, incluso todos los partidos, para que nadie pelee, si no vamos a tener un desvergue en este país”.
Tiene reservas hacia la izquierda y Arena no le simpatiza, pues “Calderón Sol siempre nos lanzó a los cuilios cuando estuvo en la alcaldía”. Y sigue igual. “Por cualquier cosa nos está capturando la Municipal y cada vez nos cuesta 150 colones la salida, eso es injusto si todos tenemos derecho al trabajo. Para mí, con el hijo de Duarte tendríamos más chance, porque cuando estuvo el papá nos entregaban un recibo y no nos llevaban presas”.
Empero, no está segura que la situación cambie: “Realmente lo que nos falta es más trabajo y para nosotras, en particular, que no nos moleste la Municipal y que mejor promuevan el recibo que te digo”.
Otra de las niñas es Johanna, 24 años, quien es acompañada en sus labores por su pequeño hijo catarroso. Esa chica mira que “todos los políticos se presentan buena onda, pero lo que falta es que cumplan. Yo veo tranquilo a Calderón Sol, pero en la alcaldía nunca me gustó”, asegura. “Veo estricto a Zamora, es más me gustó que celebraran el Día de la Mujer en la plaza. Los ricos no lo hicieron en la calle”.
Pero, y sobre todo, “de Zamora me gustan los chistes que se ha aventado en la radio, se identifica con la gente, por ejemplo: lo del niño cabezón que dice la mamá que su vida fue arena que el viento se llevó. Puta, dije yo, qué yuca está esa onda, pero luego me di cuenta que era propaganda electoral”. Pese a ello, “no lo conozco ni quiero conocerlo…”.
No puede perder el tiempo. Pasa con los clientes, hace limpieza, prepara la comida y atiende a una de las veteranas del oficio que aparece en la sala bebiéndose una gaseosa.
La doña no quiere decir nada, prefiere que le regalen un cigarro.
-Johanna, ¿qué espera del nuevo gobierno?
-Que no vuelva el desmadre y que haya lugar para que la gente se supere. Que tengan más escuelas y centros de salud. Que realmente cambiemos. A nosotras que ya no nos zumben la papaya con los 150 pesos de multa, ni que los cuilios se aprovechen y quieran algo más, porque ni nos gustan.
El tránsito por los burdeles se intensifica. La majada entró en calor y las niñas están listas para satisfacer la demanda.
Los cuartuchos están con pasador y hay personas esperando. No importa que las sodas estén tibias. “Mirá esa pecosa, loco, ummmm”.
-Si me buscan salgo al rato, vos –se oye.
-Chévere. ¿Y usted no quiere un retozón? Aproveche –convidan. (FIN)
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Crónica Urbana: El Asalto
Por Guillermo Mejía
Otra ronda de vasos de cerveza es servida (el disonante soy yo que pido una coca-cola). Los pescados fritos, acompañados de tortillas acabadas de salir del comal, son enviados en seguida para boquear.
Cuando menos hay treinta parroquianos. Los periodistas nos concentramos en la parte posterior del merendero y nuestra conversación se vuelve hacia los políticos de cara a las elecciones de marzo.
“Y los delincuentes”, dice uno de los colegas. “Felices”, contesta el coro (realmente decía cosas más fuertes) en referencia al partido de la promesa de 10 mil nuevos agentes de seguridad pública.
Días antes, en el mismo lugar de la Colonia Miramonte, en San Salvador, se encontraban cuatro dirigentes del PDC que miraba de reojo cuando el estribillo se cambiaba a “y los delincuentes”, luego venía el coro: “Chupando”.
Había, pues, un precedente inmediato.
A la par de la vacilada sigue el consumo y llega más gente; desfilan niños, jóvenes, viejos, aunque las sopas, las costillas, los pollitos y las carnitas no aparecen.
El único plato exquisito, dice uno de los periodistas, lo representan algunas chavas –pelos dorados, a la fuerza, y joyas relucientes- que no entienden de acceso al prójimo. Y no es para menos, llevan prendidos de sus caderas a “niños bien” de cara fruncida, como si experimentaran algún mal olor a su paso.
Una hora esperando y pienso que sería mejor irme a casa –me queda a tan sólo 10 minutos a pie-, donde no aguanto hambre. Pero pueden más los colegas, especialmente un 31 de diciembre que se torna buen pretexto pasa casaquear un rato.
Entre ellos se encuentra uno de mis hermanos, quien no resiste la mínima intención de mi retiro y arremete con una mirada que de seguro significa “estás de antisocial”. Pido otra coca y sigo esperando.
De repente se inicia el relajo desde la parte principal de la vivienda; yo no entiendo de qué se trata y al ver a la gente correr hacia el grupo me lanzo al piso.
“Es un asalto”, intimida un sujeto cara de cubierta con un gorro navarone, vestimenta militar y protegido con un fusil M-16; atrás asoma otro, de similares características, pero con una escuadra dispuesta a vomitar plomo.
Gritos, llanto y golpes se oyen desde los otros recovecos. “Hoy sí, nos jodieron”, digo. “Tranquilo, loco –responde otro de mis amigos-, ya va a pasar el desmadre…”.
Claro, él estima eso, pero para mí es una tranquilidad de desesperado, como dice Rubén Blades, y decido buscar refugio detrás de una palmera de coco (donde supongo que algunos tiros podrían rebotar).
“Si colaboran todo va a salir bien”, advierte el jefe del comando. “Si tienen armas pónganlas sobre la mesa, porque si las encontramos…”.
El otro sujeto, inquieto y con la escuadra apuntando hacia los presentes, exige que todos vayan hacia la pared. “Vos salí de allí y rápido”, me ordena.
En mis adentros digo nuevamente: “Hoy sí, nos jodieron”.
Uno de los asaltantes toma el radio Motorota, que utiliza uno de los periodistas, y dice: “¿Y esto?”. Sentí otro “aguevón”. Una revista de hechos se me vino encima, de todo un poco, y pensé que al mediodía del 29 de diciembre había visto a una chamaca muy especial para mí.
“Es de una empresa”, sale al paso el colega. El susodicho le da una mirada al aparato y afirma: “De veras esto no sirve”. “Uf”, respondemos en coro.
Al porte militar y a la maniobra que hicieron para controlar la situación –estamos cerca de 30 personas-, el típico asalto armado, se une que estos mañosos sí saben de radiocomunicaciones, o sea no son “cinco de yuca”.
Caminamos hacia la pared. Temor, ganas de contestar (aunque es absurdo), impotencia; cercados por el grupo de individuos violentos y sin saber de dónde provienen, salvo las especulaciones.
Definitivamente hay que colaborar, pues ellos son siete, uniformados de militar, y además cuentan con escopetas, M-16 recortados, inclusive se dice que tienen una M-60 apostada a la entrada del merendero.
Es una violencia diferente a la que experimentamos durante nuestro trabajo en el marco de la guerra pasada, pese a los sacrificios y a las víctimas que aportamos en nuestra misión de comunicadores sociales. Lo más fregado es no saber de dónde provienen, aun con los indicios que muestran.
“¿Qué escondés allí? Sacáte los bolsillos del short”, le dice uno de los asaltantes a mi hermano. Dinero, relojes, pulseras anillos, collares, todo va directo a una bolsa plástica.
Un padre de familia le dice a su hijo: “Es una película, hijito, ya va a terminar”. Pero el niño, de unos cinco años, responde” “¡Película! No, papi, es de verdad…”.
Las chicas guapitas lloran a moco tendido. Sus chicos, que entraron fanfarroneando, son presa del pánico, los cachetes les tiemblan y no pueden sacar la voz.
Uno de ellos quiere ir al rescate de su amor, pero en esas condiciones es muy arriesgado. “Calmáte, man, a tu chava no le va a pasar nada y te pueden meter un cachimbazo”, le advertimos. El tipo, que de chapudo pasó a tener color de papel periódico, entiende.
“No nos vayan a hacer nada, ya colaboramos”, se queja otra de las víctimas. “Eso queremos, vayan dejando todo”, expresan.
El reloj de una jovencita pone a pelear a dos asaltantes: uno dice que se lo quite y el otro que no lo haga. Al final –“vale la pena, quitátelo-, la niña, enmudecida, lo entrega.
“Bueno, señores, gracias por haber colaborado y pasen feliz año nuevo…”, se despide el jefe de la pandilla.
“Feliz año, primo…”, contesta unos de los chicos-bien casi llorando.
“Feliz año su madre, cerotes…”, añade en voz baja otro de mis compañeros. Yo le recrimino de inmediato: “Calláte, no te vaya a oír y nos chinguen el 31 de diciembre”.
Aquí no ha pasado nada, no ha pasado nada, afirman algunos presentes. De pronto aparece en el tejado uno de mis cheros, quien se escondió y se echó todo desde arriba. “Ya se fueron”, manifiesta en medio de una sonrisa. Asegura que “fueron exactamente quince minutos de atraco, bien contaditos”.
Según él, acaba de cometer una gran hazaña al salvar su cadena y el par de pesos que andaba: “Vos sí que también nos ibas a joder el 31 de diciembre”, reclama otro de los periodistas.
Quizás ha visto mucha película gringa. “No, no, al contrario, después de la guerra he quedado traumado. Mi respuesta es normal a una situación anormal”, alega, parafraseando al asesinado jesuita Ignacio Martín-Baró.
En la puerta, uno de los asistentes grita: “Señores, gracias a Dios no nos ha pasado nada, así que sigamos chupando”. Mucho esfuerzo hizo, el pobre va directo al baño a vomitar sin control.
Tomo un cigarrillo, uno de los chicos-bien me regala un fósforo y pregunta: “¿Verdad que todo está bien, hermano?”. Le contesto: “Tan bien que hasta nos robaron los encendedores…”.
Vamos saliendo. Los abrazos adelantados de feliz año nuevo caen requetebién a esas horas de la tarde, cerca de las 3:00 p.m.
El minusválido que cuida los vehículos afuera asegura que los individuos se lo llevaron “chineado” hacia adentro, para que “no les pusiera el dedo”. La interrogante es: ¿con quién?, si los mismos asaltantes –que andaban en dos carros polarizados y armados hasta los dientes- parecen elementos de seguridad.
Realmente, se fueron “felices” y aunque ese candidato proponga 10 mil nuevos agentes le resultará difícil ante un problema potenciado por la impunidad.
Un borrachito refuerza la tesis: “Si envía 10 mil policías yo me propongo enviarle 80 mil ladrones, para demostrarle a los políticos que son pajeros. Al ocho por uno, una cifra más bajita que el cambio del dólar”. (FIN)
miércoles, julio 04, 2012
La conversión de las pandillas en actores políticos
Por Guillermo Mejía
El reconocimiento tácito del gobierno del Presidente Mauricio Funes a la beligerancia de las maras, tras entablar negociaciones para bajar los altos niveles de asesinatos en el país, ha provocado que los jefes pandilleros consideren en serio su incursión en la política doméstica, mientras cogen el sartén por el mango con la posibilidad de manipular los índices de los crímenes.
Las conclusiones están reseñadas en un análisis del periodista y experto en crimen organizado estadounidense, Douglas Farah, titulado The Transformation of El Salvador’s Gangs into Political Actors, auspiciado por el Center for Strategic and International Studies, con sede en Washington DC, tras una investigación que incluyó visitas y entrevistas con líderes pandilleros en El Salvador.
Según Farah, que fue corresponsal en tiempos de la pasada guerra civil, los acuerdos con la Mara Salvatrucha (MS) y Pandilla 18, donde aparecen como gestores el obispo castrense Fabio Colindres y el ex guerrillero Raúl Mijango, significan a todas luces para el gobierno una “política de alto riesgo al negociar con algunas de las pandillas más violentas del hemisferio”.
La sociedad vive una aparente calma, porque los asesinatos han caído de 14 a 5/6 diarios aunque se invisibiliza la cifra de, al menos, 6 desaparecimientos diarios, con lo que se estima que los niveles de violencia no han cambiado. El espejismo inclusive ha servido para impresionar a la comunidad internacional que cree que se ha encontrado una salida viable al problema.
“Pero, el resultado probablemente solo sea una caída temporal en la actividad pandilleril, mientras que éstas evolucionan a convertirse en actores políticos”, según advierte Farah, “no obstante que todo pareciera que hay ahora menos cuerpos en las calles, la violencia en sí no se ha aplacado. Y lo que es más, las estructuras de las pandillas ahora se han sofisticado”.
En su reciente visita, el experto norteamericano dice haber comprobado que “están interesados en el poder político. Sorprendidos y complacidos con el resultado de las negociaciones, los líderes de pandillas han empezado a entender que el control territorial y la cohesión, les hace posible sacar concesiones del Estado, mientras preservan el carácter de su estado criminal”.
Al grado que “algunos de esos pandilleros ya están analizando cómo apoyar a algunos candidatos para puestos a nivel local y nacional a cambio de protección y que se les permita tener la habilidad de dirigir la agenda del candidato”, afirma Farah, una empresa que no tiene nada que envidiarle a las prácticas políticas instituidas en países como México y Colombia.
En ese sentido, “los pandilleros ahora creen que el balance del poder está de su lado, ya que el gobierno no está dispuesto a arriesgar un retorno de los homicidios y que entonces solo se necesita amenazarlo con más violencia, para que éste les otorgue más concesiones a estos grupos que por más de una década han aterrorizado al país”, señala Farah.
Estratégicamente, el investigador y analista estadounidense asegura que las ganancias del gobierno –por la negociación- son momentáneas “mientras que las ventajas que han ganado las pandillas son de más largo plazo” y “la negociación entonces podría tener el resultado no deseado por el gobierno”.
“Si las pandillas quiebran la tregua y empiezan a asesinar con el mismo porcentaje, el gobierno no tendrá otra alternativa que emprender medidas enérgicas significativas, y para lo cual no hay estómago. Y por el otro lado, si la tregua se mantiene, los pandilleros podrían desarrollarse en actos políticos, cuya influencia en actividades criminales, aún más sofisticadas, se podrían incrementar dramáticamente”, advierte de manera contundente.
“Cualquiera que sea el resultado, no obstante, hay un riesgo de que la situación se descomponga a largo plazo”, concluye.
Según las estadísticas retomadas por Farah, en el 2010 se tuvo un índice de crímenes de 71 homicidios por cada 100 mil habitantes, con lo que El Salvador se ubicó en uno de los países más violentos del mundo, a la par de que se estima que existen unos 9 mil pandilleros de ambas maras guardando prisión y unos 27 mil activos en las calles.
El caso se torna oscuro y complejo por cuanto el gobierno salvadoreño no asume la paternidad de las negociaciones con las pandillas y se la achaca a la iglesia católica y a un ex guerrillero, algo difícil de creer, mientras en el discurso mediático tradicional se propaga y defiende la postura oficial sin que exista mayor investigación sobre el tema.
La gravedad de la situación es tal que -en especial en la clase política- se pretende cerrar los ojos a ese drama nacional y, en cambio, se espectaculariza el culebrón de las desavenencias entre la Sala de lo Constitucional de la Corte Suprema de Justicia y la Asamblea Legislativa en torno a las declaratorias de inconstitucionalidad de las elecciones de magistrados de 2006 y 2012.
Entonces, los derechos ciudadanos pueden esperar, máxime que son pobres y escasas las muestras de descontento popular en contra de las nefastas prácticas políticas que imposibilitan la ciudadanización del ejercicio del poder. Como bien señala Farah, los jefes pandilleros sí han entendido el asunto y se aprestan a incursionar en la política doméstica. ¿Qué piensan al respecto?
Por Guillermo Mejía
El reconocimiento tácito del gobierno del Presidente Mauricio Funes a la beligerancia de las maras, tras entablar negociaciones para bajar los altos niveles de asesinatos en el país, ha provocado que los jefes pandilleros consideren en serio su incursión en la política doméstica, mientras cogen el sartén por el mango con la posibilidad de manipular los índices de los crímenes.
Las conclusiones están reseñadas en un análisis del periodista y experto en crimen organizado estadounidense, Douglas Farah, titulado The Transformation of El Salvador’s Gangs into Political Actors, auspiciado por el Center for Strategic and International Studies, con sede en Washington DC, tras una investigación que incluyó visitas y entrevistas con líderes pandilleros en El Salvador.
Según Farah, que fue corresponsal en tiempos de la pasada guerra civil, los acuerdos con la Mara Salvatrucha (MS) y Pandilla 18, donde aparecen como gestores el obispo castrense Fabio Colindres y el ex guerrillero Raúl Mijango, significan a todas luces para el gobierno una “política de alto riesgo al negociar con algunas de las pandillas más violentas del hemisferio”.
La sociedad vive una aparente calma, porque los asesinatos han caído de 14 a 5/6 diarios aunque se invisibiliza la cifra de, al menos, 6 desaparecimientos diarios, con lo que se estima que los niveles de violencia no han cambiado. El espejismo inclusive ha servido para impresionar a la comunidad internacional que cree que se ha encontrado una salida viable al problema.
“Pero, el resultado probablemente solo sea una caída temporal en la actividad pandilleril, mientras que éstas evolucionan a convertirse en actores políticos”, según advierte Farah, “no obstante que todo pareciera que hay ahora menos cuerpos en las calles, la violencia en sí no se ha aplacado. Y lo que es más, las estructuras de las pandillas ahora se han sofisticado”.
En su reciente visita, el experto norteamericano dice haber comprobado que “están interesados en el poder político. Sorprendidos y complacidos con el resultado de las negociaciones, los líderes de pandillas han empezado a entender que el control territorial y la cohesión, les hace posible sacar concesiones del Estado, mientras preservan el carácter de su estado criminal”.
Al grado que “algunos de esos pandilleros ya están analizando cómo apoyar a algunos candidatos para puestos a nivel local y nacional a cambio de protección y que se les permita tener la habilidad de dirigir la agenda del candidato”, afirma Farah, una empresa que no tiene nada que envidiarle a las prácticas políticas instituidas en países como México y Colombia.
En ese sentido, “los pandilleros ahora creen que el balance del poder está de su lado, ya que el gobierno no está dispuesto a arriesgar un retorno de los homicidios y que entonces solo se necesita amenazarlo con más violencia, para que éste les otorgue más concesiones a estos grupos que por más de una década han aterrorizado al país”, señala Farah.
Estratégicamente, el investigador y analista estadounidense asegura que las ganancias del gobierno –por la negociación- son momentáneas “mientras que las ventajas que han ganado las pandillas son de más largo plazo” y “la negociación entonces podría tener el resultado no deseado por el gobierno”.
“Si las pandillas quiebran la tregua y empiezan a asesinar con el mismo porcentaje, el gobierno no tendrá otra alternativa que emprender medidas enérgicas significativas, y para lo cual no hay estómago. Y por el otro lado, si la tregua se mantiene, los pandilleros podrían desarrollarse en actos políticos, cuya influencia en actividades criminales, aún más sofisticadas, se podrían incrementar dramáticamente”, advierte de manera contundente.
“Cualquiera que sea el resultado, no obstante, hay un riesgo de que la situación se descomponga a largo plazo”, concluye.
Según las estadísticas retomadas por Farah, en el 2010 se tuvo un índice de crímenes de 71 homicidios por cada 100 mil habitantes, con lo que El Salvador se ubicó en uno de los países más violentos del mundo, a la par de que se estima que existen unos 9 mil pandilleros de ambas maras guardando prisión y unos 27 mil activos en las calles.
El caso se torna oscuro y complejo por cuanto el gobierno salvadoreño no asume la paternidad de las negociaciones con las pandillas y se la achaca a la iglesia católica y a un ex guerrillero, algo difícil de creer, mientras en el discurso mediático tradicional se propaga y defiende la postura oficial sin que exista mayor investigación sobre el tema.
La gravedad de la situación es tal que -en especial en la clase política- se pretende cerrar los ojos a ese drama nacional y, en cambio, se espectaculariza el culebrón de las desavenencias entre la Sala de lo Constitucional de la Corte Suprema de Justicia y la Asamblea Legislativa en torno a las declaratorias de inconstitucionalidad de las elecciones de magistrados de 2006 y 2012.
Entonces, los derechos ciudadanos pueden esperar, máxime que son pobres y escasas las muestras de descontento popular en contra de las nefastas prácticas políticas que imposibilitan la ciudadanización del ejercicio del poder. Como bien señala Farah, los jefes pandilleros sí han entendido el asunto y se aprestan a incursionar en la política doméstica. ¿Qué piensan al respecto?
lunes, junio 18, 2012
El circo de tres pistas
Quien ha visto la Esperanza, no la olvida. La busca bajo todos los cielos y entre todos los hombres. Y sueña que un día va a encontrarla de nuevo, no sabe dónde, acaso entre los suyos –Octavio Paz, El Laberinto de la soledad-
Por Guillermo Mejía
No se trata de la obra literaria, ni mucho menos de las melodías que llevan el título, una de ellas la del quinteto negro estadounidense Blue Magic (1974), sino de las prácticas que desdicen de los intereses ciudadanos de la que cada vez más cuestionada y repugnante clase política aferrada a sus privilegios.
En ese sentido, vale poner en cuestión tres formas coyunturales integradas en una lógica tradicional, anacrónica y perversa, donde se confunden -o se funden- las perspectivas de la izquierda oficial con la derecha que comprueba lo que afirma el comunicólogo colombo-español Jesús Martín-Barbero sobre la irrelevancia de la ideología en el Siglo XXI.
En primer lugar, tanto en el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (Fmln) como en Alianza Republicana Nacionalista (Arena) se destapó la olla de grillos con el estire y afloja de las candidaturas presidenciales donde como siempre las bases de ambos partidos políticos se ven extrañadas por la imposición de las respectivas cúpulas.
Qué importa si para el establecimiento en la izquierda oficial tiene que ser el vicepresidente Salvador Sánchez Cerén o en la derecha el alcalde capitalino Norman Quijano, puesto que la anti democracia partidaria se niega a, por ejemplo, celebrar elecciones primarias porque –como quedó sellado en el Fmln- trae más costos políticos que beneficios.
Por el lado del partido Gran Alianza por la Unidad Nacional (Gana), escisión del partido Arena, es grito a voces que será su dirigente principal, el ex presidente Elías Antonio Saca, que correrá la candidatura presidencial junto a otras agrupaciones como Concertación Nacional (CN) y el Partido de la Esperanza (Pes), aunque bajo la misma lógica excluyente e impositiva.
En segundo lugar, con 50 votos se aprobó en la Asamblea Legislativa presentar ante la Corte Centroamericana de Justicia una demanda para que la Sala de lo Constitucional de la Corte Suprema de Justicia sea desconocida en sus resoluciones que declararon fuera de lugar las elecciones de magistrados por el Legislativo en 2006 y 2012.
La medida se tomó luego de que la Comisión Política de la Asamblea Legislativa mandó a oír lo que quería escuchar, para demostrar la equivocación de la Sala de lo Constitucional y, para el colmo, presentó al ex presidente de la Corte, Mauricio Gutiérrez Castro, como prueba de descargo, ni más, ni menos, un personaje cuestionado por la Comisión de la Verdad.
Como muchos juristas y expertos en la materia han advertido, la Sala es el máximo tribunal y lo legal era cumplir con las resoluciones, que pretenden corregir los entuertos y sentar las bases de futuras elecciones de magistrados, tal como también han resuelto en el caso del ejercicio de la libertad de expresión, las candidaturas independientes y el voto por la foto de los candidatos.
En tercer lugar, no han pasado desapercibidos los cien días de la tregua entre pandillas auspiciada por un cura y un ex rebelde –bajo la supuesta negociación con el gobierno- que ha significado, según cifras oficiales, una caída de 14 a 5/6 crímenes diarios, aunque se pretende esconder bajo la alfombra los seis secuestros cotidianos que desdicen de la efectividad de la medida.
Ni el ministro de Justicia y Seguridad, David Munguía Payés, ni el Director de la Policía Nacional Civil (PNC), Francisco Salinas, pueden convencer con sus alegatos. Mucho menos la angustia del Presidente Mauricio Funes que cree que hay quienes quieren desconocer los frutos de la tregua o la izquierda oficial que la puso como logro de seguridad en el tercer año de gobierno.
Si fueran coherentes y transparentes con la ciudadanía, además de sensatos, deberían aclarar el plan y sus circunstancias a fin de que se comprenda el alcance de la tregua pactada, máxime que hay acusaciones de que se ha favorecido a un grupo en detrimento de bases pandilleras que, por ejemplo, han hecho eco de la medida aunque sin que las autoridades atiendan sus necesidades.
Como bien señaló Roberto Cañas, luchador social y ex integrante de la comisión guerrillera que negoció con el gobierno de turno el fin de la guerra, hay que ser optimistas, cuando el cielo luce más oscuro es que vendrá la claridad. Y, como dice la canción El circo de tres pistas, la gente ríe sin conocer la tristeza del payaso… la cosa es que aquí es al revés. Abramos los ojos…
Quien ha visto la Esperanza, no la olvida. La busca bajo todos los cielos y entre todos los hombres. Y sueña que un día va a encontrarla de nuevo, no sabe dónde, acaso entre los suyos –Octavio Paz, El Laberinto de la soledad-
Por Guillermo Mejía
No se trata de la obra literaria, ni mucho menos de las melodías que llevan el título, una de ellas la del quinteto negro estadounidense Blue Magic (1974), sino de las prácticas que desdicen de los intereses ciudadanos de la que cada vez más cuestionada y repugnante clase política aferrada a sus privilegios.
En ese sentido, vale poner en cuestión tres formas coyunturales integradas en una lógica tradicional, anacrónica y perversa, donde se confunden -o se funden- las perspectivas de la izquierda oficial con la derecha que comprueba lo que afirma el comunicólogo colombo-español Jesús Martín-Barbero sobre la irrelevancia de la ideología en el Siglo XXI.
En primer lugar, tanto en el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (Fmln) como en Alianza Republicana Nacionalista (Arena) se destapó la olla de grillos con el estire y afloja de las candidaturas presidenciales donde como siempre las bases de ambos partidos políticos se ven extrañadas por la imposición de las respectivas cúpulas.
Qué importa si para el establecimiento en la izquierda oficial tiene que ser el vicepresidente Salvador Sánchez Cerén o en la derecha el alcalde capitalino Norman Quijano, puesto que la anti democracia partidaria se niega a, por ejemplo, celebrar elecciones primarias porque –como quedó sellado en el Fmln- trae más costos políticos que beneficios.
Por el lado del partido Gran Alianza por la Unidad Nacional (Gana), escisión del partido Arena, es grito a voces que será su dirigente principal, el ex presidente Elías Antonio Saca, que correrá la candidatura presidencial junto a otras agrupaciones como Concertación Nacional (CN) y el Partido de la Esperanza (Pes), aunque bajo la misma lógica excluyente e impositiva.
En segundo lugar, con 50 votos se aprobó en la Asamblea Legislativa presentar ante la Corte Centroamericana de Justicia una demanda para que la Sala de lo Constitucional de la Corte Suprema de Justicia sea desconocida en sus resoluciones que declararon fuera de lugar las elecciones de magistrados por el Legislativo en 2006 y 2012.
La medida se tomó luego de que la Comisión Política de la Asamblea Legislativa mandó a oír lo que quería escuchar, para demostrar la equivocación de la Sala de lo Constitucional y, para el colmo, presentó al ex presidente de la Corte, Mauricio Gutiérrez Castro, como prueba de descargo, ni más, ni menos, un personaje cuestionado por la Comisión de la Verdad.
Como muchos juristas y expertos en la materia han advertido, la Sala es el máximo tribunal y lo legal era cumplir con las resoluciones, que pretenden corregir los entuertos y sentar las bases de futuras elecciones de magistrados, tal como también han resuelto en el caso del ejercicio de la libertad de expresión, las candidaturas independientes y el voto por la foto de los candidatos.
En tercer lugar, no han pasado desapercibidos los cien días de la tregua entre pandillas auspiciada por un cura y un ex rebelde –bajo la supuesta negociación con el gobierno- que ha significado, según cifras oficiales, una caída de 14 a 5/6 crímenes diarios, aunque se pretende esconder bajo la alfombra los seis secuestros cotidianos que desdicen de la efectividad de la medida.
Ni el ministro de Justicia y Seguridad, David Munguía Payés, ni el Director de la Policía Nacional Civil (PNC), Francisco Salinas, pueden convencer con sus alegatos. Mucho menos la angustia del Presidente Mauricio Funes que cree que hay quienes quieren desconocer los frutos de la tregua o la izquierda oficial que la puso como logro de seguridad en el tercer año de gobierno.
Si fueran coherentes y transparentes con la ciudadanía, además de sensatos, deberían aclarar el plan y sus circunstancias a fin de que se comprenda el alcance de la tregua pactada, máxime que hay acusaciones de que se ha favorecido a un grupo en detrimento de bases pandilleras que, por ejemplo, han hecho eco de la medida aunque sin que las autoridades atiendan sus necesidades.
Como bien señaló Roberto Cañas, luchador social y ex integrante de la comisión guerrillera que negoció con el gobierno de turno el fin de la guerra, hay que ser optimistas, cuando el cielo luce más oscuro es que vendrá la claridad. Y, como dice la canción El circo de tres pistas, la gente ríe sin conocer la tristeza del payaso… la cosa es que aquí es al revés. Abramos los ojos…
miércoles, junio 06, 2012
El control de las actuaciones políticas desde la ciudadanía
Por Guillermo Mejía
La declaratoria de inconstitucionalidad de las elecciones de magistrados de la Corte Suprema de Justicia, que hizo la Asamblea Legislativa en 2006 y en 2012, a petición de integrantes de la sociedad civil es otra muestra contundente que desde la ciudadanía se pueden regular las actuaciones políticas ilegítimas y tramposas.
Con la decisión de los magistrados se dio respuesta a una demanda ciudadana por actos que están fuera de lo correcto, con lo que también la Sala de lo Constitucional inyectó oxígeno el precario Estado de Derecho, aunque en la Asamblea Legislativa algunos diputados consideraron que se intervino en sus facultades constitucionales.
La Asamblea Legislativa tiene que proceder a nuevas elecciones de magistrados en ambos casos, mientras la Sala de lo Constitucional también admitió un recurso, para declarar inconstitucional la elección del abogado Astor Escalante como Fiscal General de la República, parte del “combo legislativo” que cocinó la izquierda oficial con fracciones de la derecha legislativa.
Son apenas destellos de preocupación cívica donde ha existido una coincidencia generalizada en la ciudadanía sobre lo que debe y no debe ser la práctica política que, por supuesto, tiene que guardar coherencia entre discursos y hechos, cuestión que ha resultado ser una precariedad en la forma de hacer política instituida en la sociedad salvadoreña.
Esta forma espuria de hacer política tuvo su éxtasis en el aumento que aprobó la Asamblea Legislativa para los diputados jefes de comisiones, medida que desencadenó la indignación de la ciudadanía que protestó frente al palacio legislativo, a la vez que inundó de comentarios las redes sociales y los espacios mediáticos. Los diputados se echaron para atrás, algunos pidieron perdón.
La profesora española Victoria Camps, de la Universidad Autónoma de Barcelona, nos sugiere que en la sociedad contemporánea –donde lo mediático en la vida cotidiana es un hecho- uno de los actores políticos que deben asumir el compromiso con los ciudadanos son precisamente los medios de comunicación.
“El ciudadano necesita información para poder participar y cooperar. Necesita, además, voluntad de hacerlo. Pero también esa voluntad puede estar mediada –o manipulada- por la información mediática. No podemos, pues, dejar de analizar el sentido de la sociedad de la información y ver qué podemos esperar de ella en cuanto a la producción de conocimiento y acceso de los individuos al mismo”, asegura la catedrática.
Y eso amerita reflexión en la sociedad salvadoreña donde los medios de comunicación elaboran agendas temáticas y agendas de actores de corte privilegiado, muy ajenos a la ciudadanía y, aunque ahora hayan cuestionado las actuaciones políticas de la Asamblea Legislativa, antes guardaron silencio frente a prácticas espurias de la derecha similares a las que hoy critican.
Una prueba de cambio de rumbo en el país debe ser que esta lógica perversa de gobernar en cualquier instancia del poder establecido sea rechazada desde la ciudadanía, la clase política y el periodismo nacional a fin de asegurar una ciudadanización de la práctica política que muestre verdaderos servidores públicos y no a quienes se sirven de lo público.
Sin embargo, en esa tarea “el ciudadano ha de empeñarse en conseguir una información que sea fuente de conocimiento, conjurando para ello, como decíamos, las tiranías y la lógica que constriñen a la información mediática y la rebajan a una información mediocre. La mediacracia es una democracia mediocre”, afirma la profesora Victoria Camps.
La ciudadanía es, pues, una fuente invaluable de recuperación del Estado por ahora en manos de políticos inescrupulosos que –según la ocasión- también son reverenciados por el sistema mediático muy renuente a la democratización real de la sociedad y, por supuesto, de la comunicación en esta sociedad que aún se muestra huraña con el compromiso político.
Las instituciones secuestradas debe ser recuperadas por redes ciudadanas, por actores nuevos, por una nueva conciencia que sea ese espacio donde no seamos negados sino comprendidos, según el autor argentino Eduardo Balestena, trabajador social, al reflexionar en torno a la ética de las instituciones.
“Un espacio donde no sintamos que existe lo público y que lo público es cuestión de unos, sino que existe aquello que nos concierne y atañe a todos y que la palabra ‘público’ no alcanza a caracterizar”, agrega. Antes está el “nosotros y nuestras estrategias deparadas por la paciencia, el escepticismo y la esperanza en que al fin el imperativo ético sea lo que prevalezca”.
Por Guillermo Mejía
La declaratoria de inconstitucionalidad de las elecciones de magistrados de la Corte Suprema de Justicia, que hizo la Asamblea Legislativa en 2006 y en 2012, a petición de integrantes de la sociedad civil es otra muestra contundente que desde la ciudadanía se pueden regular las actuaciones políticas ilegítimas y tramposas.
Con la decisión de los magistrados se dio respuesta a una demanda ciudadana por actos que están fuera de lo correcto, con lo que también la Sala de lo Constitucional inyectó oxígeno el precario Estado de Derecho, aunque en la Asamblea Legislativa algunos diputados consideraron que se intervino en sus facultades constitucionales.
La Asamblea Legislativa tiene que proceder a nuevas elecciones de magistrados en ambos casos, mientras la Sala de lo Constitucional también admitió un recurso, para declarar inconstitucional la elección del abogado Astor Escalante como Fiscal General de la República, parte del “combo legislativo” que cocinó la izquierda oficial con fracciones de la derecha legislativa.
Son apenas destellos de preocupación cívica donde ha existido una coincidencia generalizada en la ciudadanía sobre lo que debe y no debe ser la práctica política que, por supuesto, tiene que guardar coherencia entre discursos y hechos, cuestión que ha resultado ser una precariedad en la forma de hacer política instituida en la sociedad salvadoreña.
Esta forma espuria de hacer política tuvo su éxtasis en el aumento que aprobó la Asamblea Legislativa para los diputados jefes de comisiones, medida que desencadenó la indignación de la ciudadanía que protestó frente al palacio legislativo, a la vez que inundó de comentarios las redes sociales y los espacios mediáticos. Los diputados se echaron para atrás, algunos pidieron perdón.
La profesora española Victoria Camps, de la Universidad Autónoma de Barcelona, nos sugiere que en la sociedad contemporánea –donde lo mediático en la vida cotidiana es un hecho- uno de los actores políticos que deben asumir el compromiso con los ciudadanos son precisamente los medios de comunicación.
“El ciudadano necesita información para poder participar y cooperar. Necesita, además, voluntad de hacerlo. Pero también esa voluntad puede estar mediada –o manipulada- por la información mediática. No podemos, pues, dejar de analizar el sentido de la sociedad de la información y ver qué podemos esperar de ella en cuanto a la producción de conocimiento y acceso de los individuos al mismo”, asegura la catedrática.
Y eso amerita reflexión en la sociedad salvadoreña donde los medios de comunicación elaboran agendas temáticas y agendas de actores de corte privilegiado, muy ajenos a la ciudadanía y, aunque ahora hayan cuestionado las actuaciones políticas de la Asamblea Legislativa, antes guardaron silencio frente a prácticas espurias de la derecha similares a las que hoy critican.
Una prueba de cambio de rumbo en el país debe ser que esta lógica perversa de gobernar en cualquier instancia del poder establecido sea rechazada desde la ciudadanía, la clase política y el periodismo nacional a fin de asegurar una ciudadanización de la práctica política que muestre verdaderos servidores públicos y no a quienes se sirven de lo público.
Sin embargo, en esa tarea “el ciudadano ha de empeñarse en conseguir una información que sea fuente de conocimiento, conjurando para ello, como decíamos, las tiranías y la lógica que constriñen a la información mediática y la rebajan a una información mediocre. La mediacracia es una democracia mediocre”, afirma la profesora Victoria Camps.
La ciudadanía es, pues, una fuente invaluable de recuperación del Estado por ahora en manos de políticos inescrupulosos que –según la ocasión- también son reverenciados por el sistema mediático muy renuente a la democratización real de la sociedad y, por supuesto, de la comunicación en esta sociedad que aún se muestra huraña con el compromiso político.
Las instituciones secuestradas debe ser recuperadas por redes ciudadanas, por actores nuevos, por una nueva conciencia que sea ese espacio donde no seamos negados sino comprendidos, según el autor argentino Eduardo Balestena, trabajador social, al reflexionar en torno a la ética de las instituciones.
“Un espacio donde no sintamos que existe lo público y que lo público es cuestión de unos, sino que existe aquello que nos concierne y atañe a todos y que la palabra ‘público’ no alcanza a caracterizar”, agrega. Antes está el “nosotros y nuestras estrategias deparadas por la paciencia, el escepticismo y la esperanza en que al fin el imperativo ético sea lo que prevalezca”.
martes, mayo 29, 2012
La amenaza de construir un Estado gángster
Por Guillermo Mejía
La impunidad en que quedaron los crímenes del pasado reciente en El Salvador propicia que pueda instalarse en el país un Estado gángster, al igual que ha ocurrido en otras naciones del mundo, con lo que se advierte que los que antes persiguieron a la oposición política ahora participan del crimen organizado, narcotráfico y las pandillas.
Las contundentes reflexiones son del periodista y escritor estadounidense, John Lee Anderson, corresponsal itinerante en diversos países del mundo para la revista New Yorker. Ha cubierto los conflictos armados en El Salvador, Afganistán, Irak, Libia, Somalia y Liberia, entre otros, y participó en estos días en un encuentro de profesionales del periodismo en el país.
Según este periodista y autor de obras como Las memorias del Che, La caída de Bagdad y El dictador, uno de los problemas es que en El Salvador se copió el modelo español de justicia que en lugar de perseguir a los responsables de crímenes –el asesinato de Monseñor Oscar Arnulfo Romero o la masacre de El Mozote- generó esa impunidad que nos agobia.
John Lee Anderson, tras una ausencia de 22 años, conversó con los conductores del programa Temas, de Radio Nacional. A continuación presento un resumen de su exposición que cae como anillo al dedo en el marco de los tres años del que se considera el primer gobierno de izquierda en un país que afronta una crisis económica y un problema de inseguridad que no se puede esconder.
-¿Fue un mal ejemplo para América latina el modelo español?
-John Lee Anderson: Fue como acostarse con el antiguo enemigo, hubo una amnesia total tras la muerte 600 mil personas y 120 mil personas que se sabe que fueron desaparecidas, existen fosas comunes. Luego de la consecución de la democracia hubo un pacto de olvido que significó que quienes estaban fuera tuvieran una tajada del poder y compitieran con sus antiguos represores.
Por muchos años fue el modelo a seguir en el mundo occidental, como que no significara nada acostarse con el torturador. Ni el juez Baltazar Garzón que mandó arrestar al dictador chileno Augusto Pinochet y sentó un precedente mundial legal en torno a lo que se puede hacer con un ex dictador fue capaz de obligar a los juzgados españoles en mirar a su pasado, ni mucho menos tipificarlos como crímenes de guerra.
El modelo español de paz fue impuesto posteriormente en un país tras otro en América latina. Una cosa es perdonar a un viejo torturador, pero (otra) imponer este mismo modelo donde la sangre está fresca. En el caso de El Salvador un grupo muy pequeño hizo estos Acuerdos de Paz y no la vasta mayoría del electorado, no fue partícipe.
Esta es la tristeza que siento en El Salvador, aquí la impunidad fue mayor, el asesinato (de) Monseñor Romero y lo crímenes ejemplares como las masacres de El Mozote de gran trascendencia, tan horribles como en Ruanda, pero sucedió aquí en el hemisferio occidental ante los ojos de todos, los asesinos andan sueltos no se ha castigado a nadie, no es casual que El Salvador padezca de un índice de crimen organizado, pandillas, inseguridad pública y la impunidad con los índices más altos del mundo.
Sería excelente y grande que en la actualidad los políticos encuentren la forma de cómo El Salvador no siga siendo el ejemplo de todo lo malo, lo revierta y rompa su molde y establezca una nueva pauta y ponga fin a la impunidad para sanear a la sociedad y marchar hacia adelante. Jamás El Salvador va estar libre de su pasado.
-Aquí el centro de todo ha sido la impunidad y los involucrados en crímenes y los poderosos han hecho cosas cuanta vez han querido…
-Anderson: El riesgo de que los criminales queden impunes es la construcción de una sociedad sociópata, violenta, cruel e impune.
-¿Los pensadores de este modelo no se imaginaron las consecuencia a futuro?
-Anderson: ¿Qué piensas tú cuando hablamos de Rusia? No son buenas imágenes verdad, vemos las imágenes de los países pos dictadura casi siempre terminan en sociedades gángsteriles, gobernadas por el hampa, sea donde sea, Rusia, El Salvador, tienen algo en común que es la falta de un Estado de derecho que es lo que necesitamos siempre.
Entonces si no tenemos un Estado de derecho no se puede actuar, porque quienes están en el poder son los gángster. El mundo nuevo que venía y El Salvador era uno más que en su fórmula con el Acuerdo de Paz entró de una forma accidentada al porvenir.
Los militares se fueron a regañadientes, los Estados Unidos los obligaron volver al cuartel y dejar que los civiles condujeran el poder, pero todavía con deseos de volver al poder los vimos en España, siete años después hubo una intentona de sublevación, lo vimos en Argentina y en Chile donde el dictador Pinochet se retiró pero mantuvo el control del Senado con intentos como senador vitalicio.
Entonces, el temor es proveniente de un terror pos dictaduras, que las jóvenes democracias fueron obligadas a aceptar los crímenes del pasado a cambio de una cuota en el poder, obligados por el terror, es decir por la amenaza de ataques físicos sobre ellos y sus familias. Pregunto yo puede nacer una democracia del terror, es sano eso, creo que no. Ahora con la globalización corre dinero abajo y sucio, el hampa se ha apoderado de las bases de la sociedad, algo que antes no existía.
Hasta cierto punto el pandillerismo donde antes hubo reclamo político como (que) es una especie endémica controlable por el capitalismo, y esto sin ser un experto en teoría conspirativa, pero se podría creer que es el resultado de los vencedores.
-¿Si esto no se corrige cuál es el futuro? ¿Será el camino a la construcción de un Estado salvadoreño gángster?
-Anderson: puede que sí, lamento que sí. La historia de algunas sociedades como que tiene que darse cuenta hasta dónde han llegado y a partir de allí construir algo nuevo, solo tocando fondo surgen líderes en las sociedades, pero si no podemos terminar como Rusia donde hay iluminados, poetas, músicos científicos, pero que viven en un reino del hampa donde su presidente es un asesino y ladrón, no hay otra manera de calificarlo, o terminamos como aquel modelo o como este en El Salvador que está al borde, sobre la frontera, por eso hay que actuar de manera inmediata.
Estamos en trance (…) en el mundo, pero no es tarde adoptar políticas positivas, especialmente en Estados Unidos que deberá hacer más inversión, en educación, salud, etcétera.
Como corolario, resulta preocupante que un estudio presentado por El Diario de Hoy revele que el 61 por ciento de los encuestados considere que la delincuencia es el principal problema, mientras el 64.20 por ciento cree que fue buena la decisión de militarizar la seguridad pública y que casi el 80 por ciento esté de acuerdo con que en los puestos claves estén militares.
La sociedad salvadoreña sigue víctima de la ausencia de información en torno al problema de la seguridad, donde se avala un supuesto acuerdo de tregua entre pandillas, que se vende como exitoso por haber reducido a seis las muertes cotidianas, aunque se ignore la cifra de seis desparecidos diarios. Una simple operación sugiere que las 12 víctimas diarias continúan. O, ¿no?
Por Guillermo Mejía
La impunidad en que quedaron los crímenes del pasado reciente en El Salvador propicia que pueda instalarse en el país un Estado gángster, al igual que ha ocurrido en otras naciones del mundo, con lo que se advierte que los que antes persiguieron a la oposición política ahora participan del crimen organizado, narcotráfico y las pandillas.
Las contundentes reflexiones son del periodista y escritor estadounidense, John Lee Anderson, corresponsal itinerante en diversos países del mundo para la revista New Yorker. Ha cubierto los conflictos armados en El Salvador, Afganistán, Irak, Libia, Somalia y Liberia, entre otros, y participó en estos días en un encuentro de profesionales del periodismo en el país.
Según este periodista y autor de obras como Las memorias del Che, La caída de Bagdad y El dictador, uno de los problemas es que en El Salvador se copió el modelo español de justicia que en lugar de perseguir a los responsables de crímenes –el asesinato de Monseñor Oscar Arnulfo Romero o la masacre de El Mozote- generó esa impunidad que nos agobia.
John Lee Anderson, tras una ausencia de 22 años, conversó con los conductores del programa Temas, de Radio Nacional. A continuación presento un resumen de su exposición que cae como anillo al dedo en el marco de los tres años del que se considera el primer gobierno de izquierda en un país que afronta una crisis económica y un problema de inseguridad que no se puede esconder.
-¿Fue un mal ejemplo para América latina el modelo español?
-John Lee Anderson: Fue como acostarse con el antiguo enemigo, hubo una amnesia total tras la muerte 600 mil personas y 120 mil personas que se sabe que fueron desaparecidas, existen fosas comunes. Luego de la consecución de la democracia hubo un pacto de olvido que significó que quienes estaban fuera tuvieran una tajada del poder y compitieran con sus antiguos represores.
Por muchos años fue el modelo a seguir en el mundo occidental, como que no significara nada acostarse con el torturador. Ni el juez Baltazar Garzón que mandó arrestar al dictador chileno Augusto Pinochet y sentó un precedente mundial legal en torno a lo que se puede hacer con un ex dictador fue capaz de obligar a los juzgados españoles en mirar a su pasado, ni mucho menos tipificarlos como crímenes de guerra.
El modelo español de paz fue impuesto posteriormente en un país tras otro en América latina. Una cosa es perdonar a un viejo torturador, pero (otra) imponer este mismo modelo donde la sangre está fresca. En el caso de El Salvador un grupo muy pequeño hizo estos Acuerdos de Paz y no la vasta mayoría del electorado, no fue partícipe.
Esta es la tristeza que siento en El Salvador, aquí la impunidad fue mayor, el asesinato (de) Monseñor Romero y lo crímenes ejemplares como las masacres de El Mozote de gran trascendencia, tan horribles como en Ruanda, pero sucedió aquí en el hemisferio occidental ante los ojos de todos, los asesinos andan sueltos no se ha castigado a nadie, no es casual que El Salvador padezca de un índice de crimen organizado, pandillas, inseguridad pública y la impunidad con los índices más altos del mundo.
Sería excelente y grande que en la actualidad los políticos encuentren la forma de cómo El Salvador no siga siendo el ejemplo de todo lo malo, lo revierta y rompa su molde y establezca una nueva pauta y ponga fin a la impunidad para sanear a la sociedad y marchar hacia adelante. Jamás El Salvador va estar libre de su pasado.
-Aquí el centro de todo ha sido la impunidad y los involucrados en crímenes y los poderosos han hecho cosas cuanta vez han querido…
-Anderson: El riesgo de que los criminales queden impunes es la construcción de una sociedad sociópata, violenta, cruel e impune.
-¿Los pensadores de este modelo no se imaginaron las consecuencia a futuro?
-Anderson: ¿Qué piensas tú cuando hablamos de Rusia? No son buenas imágenes verdad, vemos las imágenes de los países pos dictadura casi siempre terminan en sociedades gángsteriles, gobernadas por el hampa, sea donde sea, Rusia, El Salvador, tienen algo en común que es la falta de un Estado de derecho que es lo que necesitamos siempre.
Entonces si no tenemos un Estado de derecho no se puede actuar, porque quienes están en el poder son los gángster. El mundo nuevo que venía y El Salvador era uno más que en su fórmula con el Acuerdo de Paz entró de una forma accidentada al porvenir.
Los militares se fueron a regañadientes, los Estados Unidos los obligaron volver al cuartel y dejar que los civiles condujeran el poder, pero todavía con deseos de volver al poder los vimos en España, siete años después hubo una intentona de sublevación, lo vimos en Argentina y en Chile donde el dictador Pinochet se retiró pero mantuvo el control del Senado con intentos como senador vitalicio.
Entonces, el temor es proveniente de un terror pos dictaduras, que las jóvenes democracias fueron obligadas a aceptar los crímenes del pasado a cambio de una cuota en el poder, obligados por el terror, es decir por la amenaza de ataques físicos sobre ellos y sus familias. Pregunto yo puede nacer una democracia del terror, es sano eso, creo que no. Ahora con la globalización corre dinero abajo y sucio, el hampa se ha apoderado de las bases de la sociedad, algo que antes no existía.
Hasta cierto punto el pandillerismo donde antes hubo reclamo político como (que) es una especie endémica controlable por el capitalismo, y esto sin ser un experto en teoría conspirativa, pero se podría creer que es el resultado de los vencedores.
-¿Si esto no se corrige cuál es el futuro? ¿Será el camino a la construcción de un Estado salvadoreño gángster?
-Anderson: puede que sí, lamento que sí. La historia de algunas sociedades como que tiene que darse cuenta hasta dónde han llegado y a partir de allí construir algo nuevo, solo tocando fondo surgen líderes en las sociedades, pero si no podemos terminar como Rusia donde hay iluminados, poetas, músicos científicos, pero que viven en un reino del hampa donde su presidente es un asesino y ladrón, no hay otra manera de calificarlo, o terminamos como aquel modelo o como este en El Salvador que está al borde, sobre la frontera, por eso hay que actuar de manera inmediata.
Estamos en trance (…) en el mundo, pero no es tarde adoptar políticas positivas, especialmente en Estados Unidos que deberá hacer más inversión, en educación, salud, etcétera.
Como corolario, resulta preocupante que un estudio presentado por El Diario de Hoy revele que el 61 por ciento de los encuestados considere que la delincuencia es el principal problema, mientras el 64.20 por ciento cree que fue buena la decisión de militarizar la seguridad pública y que casi el 80 por ciento esté de acuerdo con que en los puestos claves estén militares.
La sociedad salvadoreña sigue víctima de la ausencia de información en torno al problema de la seguridad, donde se avala un supuesto acuerdo de tregua entre pandillas, que se vende como exitoso por haber reducido a seis las muertes cotidianas, aunque se ignore la cifra de seis desparecidos diarios. Una simple operación sugiere que las 12 víctimas diarias continúan. O, ¿no?
lunes, mayo 21, 2012
Honduras: Luto en el Día del Periodista
Solidarios en el dolor, unidos en la esperanza…
Por Guillermo Mejía
No tiene sentido una celebración a lo grande en el Día del Periodista de Honduras, el 25 de mayo, sino más bien una fecha de luto por la muerte de 24 colegas, el último de ellos Alfredo Villatoro, coordinador de noticias matutinas de la Cadena Radial HRN, de Tegucigalpa, que fue secuestrado y asesinado por desconocidos que dejaron su cadáver vestido de efectivo policial.
Desde el nefasto golpe de Estado contra el presidente Manuel Zelaya, en junio de 2009, suman cientos las víctimas en una violencia incontenible que sigue en el gobierno de Porfirio Lobo, en el que se ha comprobado la vuelta de la represión del pasado aderezado del accionar del crimen organizado y el narcotráfico en la tierra del paladín centroamericano, Francisco Morazán.
El hecho de que a Villatoro lo hayan asesinado luego de una semana de haber sido secuestrado cuando se conducía con su esposa en la capital hondureña y su cuerpo haya aparecido vestido con uniforme de efectivos del Batallón Cobra de la policía dice mucho de la naturaleza del crimen y de sus autores que siguen en la impunidad.
Los periodistas centroamericanos debemos hacer una reflexión, además de mostrar nuestra solidaridad y demanda de justicia, porque como va la dramática situación en México y los países del Triángulo Norte de la región (El Salvador, Honduras y Guatemala) ojala no caigamos los demás en la garras de los oscurantistas que tienen infiltradas nuestras sociedades.
La colega Thelma Mejía, reconocida periodista y corresponsal hondureña, conversó con el presidente del Colegio de Periodistas de Honduras, Juan Ramón Mairena, que aseguró que “nos quieren callar. Tocaron a un periodista influyente de un gran medio de prensa, pero no nos debemos intimidar”.
“Esperemos que esta muerte no quede impune como otras”, agregó Mairena, al tiempo que exigió “al presidente Lobo que este crimen” no engrose apenas “una estadística de las muchas que adornan su gobierno”. Las estadísticas reflejan que en Honduras se comete un promedio de 18 asesinatos al día, mientras el crimen y la corrupción ha permeado al Estado.
Otro respetado periodista y corresponsal hondureño, Manuel Torres, comentó en un agudo artículo que con la espiral de violencia “esta nación centroamericana es incapaz de reinventarse democráticamente, y permanece atrapada en una maraña de corrupción, crimen organizado, falsas ideologías y una elite política desprestigiada que se encubre detrás de gestos y máscaras demagógicas, la mayoría mediáticas”.
“Ejercer la crítica periodística bajo esas circunstancias es muy difícil, pues todos los temas tras los cuales se parapeta el poder son intocables, incluyendo el de la memoria histórica. La amenaza o el atentado son inevitables para quien denuncie o investigue el abuso de poder o la manera en que crecen las grandes fortunas personales o los negocios entre empresarios privados y el Estado”, añadió.
Otra voz de la conciencia hondureña es la del médico y luchador social, Juan Almendares, que en un ensayo expresó: “El asesinato de Villatoro no podemos reducirlo a un problema de un gobierno; tenemos que enfocarlo dentro de un marco de totalidad histórica de las fuerzas que están en Juego”.
“En otras palabras no sólo existe un crimen organizado sino el otro crimen organizado que es el sistema hegemónico, económico y militar que nos está conduciendo a una violencia extrema de imprevisibles consecuencias, tal como ocurrió en México”, afirmó.
En consecuencia, según Almendares, “es el momento de unir todas las fuerzas de la nación; una unidad para encontrar ‘nuestro ser social y nuestra dignidad’. No existe unidad donde cada hondureño y hondureña sean consideradas como ‘no ser’. Es la unidad que nos transforme en el ser libres y soberanos”.
Mientras se agudiza la violencia contra los hermanos en Honduras, con la amenaza que eso significa para el resto de países, las clases políticas viven en una burbuja contaminante donde privilegian sus intereses en detrimento de la ciudadanía. No podemos estar de espectadores, luchemos por la vida, la justicia y la dignidad en cada parcela de nuestra Patria centroamericana.
Solidarios en el dolor, unidos en la esperanza…
Por Guillermo Mejía
No tiene sentido una celebración a lo grande en el Día del Periodista de Honduras, el 25 de mayo, sino más bien una fecha de luto por la muerte de 24 colegas, el último de ellos Alfredo Villatoro, coordinador de noticias matutinas de la Cadena Radial HRN, de Tegucigalpa, que fue secuestrado y asesinado por desconocidos que dejaron su cadáver vestido de efectivo policial.
Desde el nefasto golpe de Estado contra el presidente Manuel Zelaya, en junio de 2009, suman cientos las víctimas en una violencia incontenible que sigue en el gobierno de Porfirio Lobo, en el que se ha comprobado la vuelta de la represión del pasado aderezado del accionar del crimen organizado y el narcotráfico en la tierra del paladín centroamericano, Francisco Morazán.
El hecho de que a Villatoro lo hayan asesinado luego de una semana de haber sido secuestrado cuando se conducía con su esposa en la capital hondureña y su cuerpo haya aparecido vestido con uniforme de efectivos del Batallón Cobra de la policía dice mucho de la naturaleza del crimen y de sus autores que siguen en la impunidad.
Los periodistas centroamericanos debemos hacer una reflexión, además de mostrar nuestra solidaridad y demanda de justicia, porque como va la dramática situación en México y los países del Triángulo Norte de la región (El Salvador, Honduras y Guatemala) ojala no caigamos los demás en la garras de los oscurantistas que tienen infiltradas nuestras sociedades.
La colega Thelma Mejía, reconocida periodista y corresponsal hondureña, conversó con el presidente del Colegio de Periodistas de Honduras, Juan Ramón Mairena, que aseguró que “nos quieren callar. Tocaron a un periodista influyente de un gran medio de prensa, pero no nos debemos intimidar”.
“Esperemos que esta muerte no quede impune como otras”, agregó Mairena, al tiempo que exigió “al presidente Lobo que este crimen” no engrose apenas “una estadística de las muchas que adornan su gobierno”. Las estadísticas reflejan que en Honduras se comete un promedio de 18 asesinatos al día, mientras el crimen y la corrupción ha permeado al Estado.
Otro respetado periodista y corresponsal hondureño, Manuel Torres, comentó en un agudo artículo que con la espiral de violencia “esta nación centroamericana es incapaz de reinventarse democráticamente, y permanece atrapada en una maraña de corrupción, crimen organizado, falsas ideologías y una elite política desprestigiada que se encubre detrás de gestos y máscaras demagógicas, la mayoría mediáticas”.
“Ejercer la crítica periodística bajo esas circunstancias es muy difícil, pues todos los temas tras los cuales se parapeta el poder son intocables, incluyendo el de la memoria histórica. La amenaza o el atentado son inevitables para quien denuncie o investigue el abuso de poder o la manera en que crecen las grandes fortunas personales o los negocios entre empresarios privados y el Estado”, añadió.
Otra voz de la conciencia hondureña es la del médico y luchador social, Juan Almendares, que en un ensayo expresó: “El asesinato de Villatoro no podemos reducirlo a un problema de un gobierno; tenemos que enfocarlo dentro de un marco de totalidad histórica de las fuerzas que están en Juego”.
“En otras palabras no sólo existe un crimen organizado sino el otro crimen organizado que es el sistema hegemónico, económico y militar que nos está conduciendo a una violencia extrema de imprevisibles consecuencias, tal como ocurrió en México”, afirmó.
En consecuencia, según Almendares, “es el momento de unir todas las fuerzas de la nación; una unidad para encontrar ‘nuestro ser social y nuestra dignidad’. No existe unidad donde cada hondureño y hondureña sean consideradas como ‘no ser’. Es la unidad que nos transforme en el ser libres y soberanos”.
Mientras se agudiza la violencia contra los hermanos en Honduras, con la amenaza que eso significa para el resto de países, las clases políticas viven en una burbuja contaminante donde privilegian sus intereses en detrimento de la ciudadanía. No podemos estar de espectadores, luchemos por la vida, la justicia y la dignidad en cada parcela de nuestra Patria centroamericana.
martes, mayo 15, 2012
Los periodistas más allá de bocadillos y refrescos
Por Guillermo Mejía
El malestar en los comunicadores es un hecho luego que el Presidente de la Asamblea Legislativa, Sigfrido Reyes, les enrostrara “…los periodistas, algunos que critican bastante, los veo muy asiduos a degustar bocadillos y refrescos que les proporciona la Asamblea...” como respuesta a las exigencias de rendición de cuentas en el órgano de Estado.
Reyes, del partido oficial, salió a la defensiva como hacen otros de sus colegas o miembros del gobierno, ya que aún no están asumidas, como debe ser, esa rendición de cuentas, la transparencia y la obligatoriedad de informar ante la ciudadanía. Somos una nación con muchos rasgos pre-modernos que ojala vayan cediendo terreno a la construcción democrática.
Supuestamente el presidente de la Asamblea Legislativa es uno de los personajes más preparados, sensible ante el dolor y sufrimiento del pueblo salvadoreño, además de que cuando se inauguró en el cargo, en la legislatura anterior, prometió cielo y tierra frente a la forma en que la derecha ha manejado el Legislativo.
La cortesía –así se considera poner bocadillos y refrescos a los periodistas durante las plenarias- se la echó de un tajo, dado el malestar que le ocasiona que le pidan cuentas de cómo manejan la Asamblea Legislativa, además de las críticas que ha recibido por el exceso de gastos en la inauguración del presente período.
De seguro, en el partido ya le aconsejaron al diputado Reyes que agarre las cosas con calma, que mejor tome té de manzanilla a fin de controlar los nervios. El manejo de la cosa pública cada vez tiene que ser vigilado por los ciudadanos, eso está calando en la mentalidad de las sociedades. Ya no tiene que ser cosa de derechas e izquierdas. Lástima el exabrupto del diputado.
El asunto sirve para aclarar que los periodistas no deben aceptar ninguna cortesía, ni regalía o prebenda. Son las empresas periodísticas las que tienen la obligación de darles los instrumentos y las condiciones para que realicen su trabajo. De esa cortesía se agarró Reyes al no tener otra forma de defenderse frente a la obligación que tiene de rendir cuentas. El nivel mostrado fue bajero.
Los periodistas tienen que reivindicarse. Ni en la Asamblea Legislativa, ni en cualquier instancia pública o privada hay que aceptar cortesías, regalías o prebendas, mejor optar por dignificar la profesión, organizarse y luchar por el derecho a la comunicación, y por un estatuto profesional del periodista que asegure mejores condiciones para ejercer la labor informativa.
La ocasión tiene su parte positiva. Trae a colación un mal endémico del cuerpo de prensa nacional –por supuesto, en general- que se acomoda a las circunstancias cuando de recibir “atenciones” de las fuentes se trata que, como ocurrió en esta oportunidad, descubre ante la mirada colectiva la forma en que se percibe a los periodistas y las facilidades con que reciben su consideración.
A la vez, se trata de una excelente oportunidad para que los gremios de periodistas, en especial la Asociación de Periodistas de El Salvador (APES), montaran encuentros de reflexión en torno a la necesidad de fortalecer la robustez moral de los periodistas con la consecución de prácticas enmarcadas en principios y normas éticas.
Los periodistas, como servidores públicos y trabajadores de la información como bien social, deben asumir que su horizonte de su función es la ciudadanía, categoría tan compleja en tiempos de globalización y nuevas tecnologías, que tiene que asumir su condición propositiva y demandante frente a los que ejercen el poder.
Por eso, es importante que esa ciudadanía se empodere de cara al ejercicio del poder y perfile su soberanía ante el sistema mediático que está para asistirle en sus necesidades informativas (formativas) y de opinión a fin de reconocer sus problemas, los actores y la urgencia de enrolarse en la construcción de una nueva agenda. La ciudadanía y los periodistas tienen una ardua tarea.
Déjenle al presidente de la Asamblea Legislativa las galletitas saladas y los refrescos. No consuman chatarra. Valdría la pena que al diputado Reyes se le invitara a luchar por dignificar la política ante la demagogia reinante y, por supuesto, que también a los periodistas salvadoreños como parte importante en la lucha por la construcción democrática. No todo está perdido, la lucha persiste.
Por Guillermo Mejía
El malestar en los comunicadores es un hecho luego que el Presidente de la Asamblea Legislativa, Sigfrido Reyes, les enrostrara “…los periodistas, algunos que critican bastante, los veo muy asiduos a degustar bocadillos y refrescos que les proporciona la Asamblea...” como respuesta a las exigencias de rendición de cuentas en el órgano de Estado.
Reyes, del partido oficial, salió a la defensiva como hacen otros de sus colegas o miembros del gobierno, ya que aún no están asumidas, como debe ser, esa rendición de cuentas, la transparencia y la obligatoriedad de informar ante la ciudadanía. Somos una nación con muchos rasgos pre-modernos que ojala vayan cediendo terreno a la construcción democrática.
Supuestamente el presidente de la Asamblea Legislativa es uno de los personajes más preparados, sensible ante el dolor y sufrimiento del pueblo salvadoreño, además de que cuando se inauguró en el cargo, en la legislatura anterior, prometió cielo y tierra frente a la forma en que la derecha ha manejado el Legislativo.
La cortesía –así se considera poner bocadillos y refrescos a los periodistas durante las plenarias- se la echó de un tajo, dado el malestar que le ocasiona que le pidan cuentas de cómo manejan la Asamblea Legislativa, además de las críticas que ha recibido por el exceso de gastos en la inauguración del presente período.
De seguro, en el partido ya le aconsejaron al diputado Reyes que agarre las cosas con calma, que mejor tome té de manzanilla a fin de controlar los nervios. El manejo de la cosa pública cada vez tiene que ser vigilado por los ciudadanos, eso está calando en la mentalidad de las sociedades. Ya no tiene que ser cosa de derechas e izquierdas. Lástima el exabrupto del diputado.
El asunto sirve para aclarar que los periodistas no deben aceptar ninguna cortesía, ni regalía o prebenda. Son las empresas periodísticas las que tienen la obligación de darles los instrumentos y las condiciones para que realicen su trabajo. De esa cortesía se agarró Reyes al no tener otra forma de defenderse frente a la obligación que tiene de rendir cuentas. El nivel mostrado fue bajero.
Los periodistas tienen que reivindicarse. Ni en la Asamblea Legislativa, ni en cualquier instancia pública o privada hay que aceptar cortesías, regalías o prebendas, mejor optar por dignificar la profesión, organizarse y luchar por el derecho a la comunicación, y por un estatuto profesional del periodista que asegure mejores condiciones para ejercer la labor informativa.
La ocasión tiene su parte positiva. Trae a colación un mal endémico del cuerpo de prensa nacional –por supuesto, en general- que se acomoda a las circunstancias cuando de recibir “atenciones” de las fuentes se trata que, como ocurrió en esta oportunidad, descubre ante la mirada colectiva la forma en que se percibe a los periodistas y las facilidades con que reciben su consideración.
A la vez, se trata de una excelente oportunidad para que los gremios de periodistas, en especial la Asociación de Periodistas de El Salvador (APES), montaran encuentros de reflexión en torno a la necesidad de fortalecer la robustez moral de los periodistas con la consecución de prácticas enmarcadas en principios y normas éticas.
Los periodistas, como servidores públicos y trabajadores de la información como bien social, deben asumir que su horizonte de su función es la ciudadanía, categoría tan compleja en tiempos de globalización y nuevas tecnologías, que tiene que asumir su condición propositiva y demandante frente a los que ejercen el poder.
Por eso, es importante que esa ciudadanía se empodere de cara al ejercicio del poder y perfile su soberanía ante el sistema mediático que está para asistirle en sus necesidades informativas (formativas) y de opinión a fin de reconocer sus problemas, los actores y la urgencia de enrolarse en la construcción de una nueva agenda. La ciudadanía y los periodistas tienen una ardua tarea.
Déjenle al presidente de la Asamblea Legislativa las galletitas saladas y los refrescos. No consuman chatarra. Valdría la pena que al diputado Reyes se le invitara a luchar por dignificar la política ante la demagogia reinante y, por supuesto, que también a los periodistas salvadoreños como parte importante en la lucha por la construcción democrática. No todo está perdido, la lucha persiste.
lunes, mayo 07, 2012
Tres piezas periodísticas de los años de la guerra civil
Por Guillermo Mejía
La amable sugerencia de una persona muy especial para mí, que quiero mucho, respeto y admiro, me dio energías para sacar del baúl de los recuerdos tres textos periodísticos que escribí un par de años antes de finalizada la guerra civil con la firma de los Acuerdos de Paz, en Chapultepec, México, en enero de 1992.
La idea propuesta fue que uno tiene materiales, ideas aún frescas, recuerdos, anécdotas, etc., o sea una cantidad de recursos que es menester sacar paulatinamente a luz con el fin de rescatar la memoria histórica de los cruentos años del conflicto armado que dejó unos 85 mil muertos, 8 mil desaparecidos y miles de desplazados y exiliados.
Comparto de esta manera estas tres piezas sencillas, pero llenas de simbolismo en una sociedad que aún falta por (re)construir y con ello hago énfasis en la necesidad de seguir nuestros ideales y las utopías necesarias y que nos conduzcan, con el esfuerzo de todos, al florecimiento de esa tierra común. Gracias por la idea y las muestras de cariño y acompañamiento.
A continuación los textos:
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Los sospechosos…
Por Guillermo Mejía
El oficial al mando de la tropa lanzó una seria advertencia y la gente se agrupó a 10 metros del autobús.
La llovizna que dejó el chaparrón empapaba a cualquiera, incluso a los perros que hambrientos deambulaban en busca de algún desperdicio.
“Papeles en mano, rápido”, expresó el militar. Niños, jóvenes y viejos obedecieron. Pasaron 5, 10, 15, 20, 25, 30 minutos, se escuchaba el murmullo.
Paulatinamente llegaron viajeros a pie o en vehículos, amenazaba otra tormenta y los soldados extendieron el control del retén.
Las pringas comenzaron a desesperar a las personas y alguien preguntó: “¿Cuándo vamos a pasar?” y un soldado respondió: “Tranquilos, ya, ya será…”.
El recluta lucía cansado, tal vez aburrido de la cotidianidad del patrullaje sobre la carretera que conduce de San Martín a Suchitoto. Se paseaba.
El famoso Puente Las Guaras agrupaba más gente esa tarde de domingo. Vino otra interrogante: “¿Y por qué se tardan tanto, pues?”.
El mismo recluta contestó “es que en ese bus van los sospechosos y debemos asegurarnos… alguien nos dijo y tenemos que averiguar”.
La categoría abarcaba a todos los civiles que obligadamente debían transitar por el lugar considerado conflictivo.
Sospechoso cualquiera, sospechoso por una mirada, sospechoso por su estilo de caminar, sospechoso por su forma de hablar o vestir.
La revista pasa otro contingente de civiles que viaja en pick-up. El oficial inicia de nuevo su interrogatorio, intempestivo, sin derecho de respuesta.
“Papeles en mano, rápido”, otra vez. El recluta vuelve a su recorrido en medio de las personas, pero su mirada escrutadora se torna vaga.
“¿Y cómo están las cosas por aquí?”, le interrogan. “Tiene días de que no hay nada, por mí todos pasarían rápido”, sonríe.
“¿Cree que va terminar la locura de la guerra?”, otra pregunta. “Yo no sé qué va a pasar… mire, ya no aguanto andar en esto…”, advierte.
Simpático el personaje, tranquilo, contrasta con la voz de mando que está en busca de guerrilleros o colaboradores de éstos en la reconocida frontera entre dos bandos en pugna.
Aquí el problema es viajar de Suchitoto a San Martín, porque al contrario esta vez hay libre paso.
“Papeles en mano, rápido”, le toca a un vehículo donde se conducen periodistas.
“Cuando pasaron (a Suchitoto), no iba este señor (periodista), te acordás haberlo visto vos”, grita el oficial a un soldado.
“No estoy seguro… no sé”, responde. “Lo que pasa es que usted no me vio”, asegura el reportero, “aquí están mis documentos”. Bueno.
Pasa el vehículo. Otros civiles se exponen a los militares para poder llegar a su destino, los soldados continúan la tarea y el oficial sus gritos.
Las escenas recuerdan que la sociedad salvadoreña afronta un estado de guerra interna y que la dinámica amigo-enemigo está enraizada.
Igual sucede en todo el territorio nacional, donde la persona común, desarmada, resulta ser sospechoso.
Sí. Sospechoso hasta el informante que dijo a los soldados a qué horas los rebeldes volaron otro poste en la Zona Poniente de San Salvador.
“Ya vez –le dijo un vecino-, para qué andar de metido. Hoy la onda es darse cuenta, porque al final a uno lo acusan y quién sabe…”.
El testimonio está en la calle, en las colonias, en las carreteras, es decir, a lo largo y ancho del país.
Y, precisamente, se da en momentos en que se busca un acuerdo político al conflicto armado y cuando está en debate si existe o no la militarización de la sociedad salvadoreña.
Como respiro de alivio las partes en contienda firmaron un pacto para el respeto de los derechos humanos de la población, eso quiere decir, en parte, consideraciones a los sospechosos. (FIN)
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La internacionalización del “yoyo”
Por Guillermo Mejía
(San José, Costa Rica)
Víctor h. terminó con el último pedazo de filete de pescado que le quedaba en el plato.
Trajo el vaso a su boca y bebió un trago de ron caribeño que era apetecido en aquel restaurante josefino.
“Sabía mejor el ‘yoyo’ que me sirvieron en El Salvador”, advirtió mientras sonreía. Sus acompañantes, la mayoría, desconocía el significado de la palabra.
“No estoy mintiendo, me lo tuve que comer en las bartolinas de la Policía Nacional hace nueve años”, recalcó ante las interrogantes.
Víctor h., periodista costarricense graduado en Estados Unidos, vivió en nuestro país entre 1979 y 1981 y conoció de cerca el estallido de la violencia.
Su morada estaba cerca del Parque Zoológico Nacional, en la Colonia Costa Rica, desde donde partía cada tarde a deleitarse con pupusas o panes con pavo.
“De vez en cuando viajaba hasta la Puerta del Diablo, arriba de los Planes de Renderos, o si al caso al Lago de Coatepeque”, recuerda.
La experiencia adquirida por el ahora editor de uno de los principales periódicos costarricenses sirvió para que tomara conciencia del drama centroamericano.
Se las daba de intelectual y pasaba gran parte de su tiempo buscando libros en la Universidad de El Salvador (UES). Tenía imagen de ser otro rebelde.
Aquellos tiempos eran más difíciles, el descontento popular y la represión sistemática abrieron camino al conflicto armado que aún persiste en el país.
En ese marco, Víctor h., caminaba por la capital salvadoreña, escenario de disturbios, donde las fuerzas de seguridad descargaban en contra de las marchas.
Al igual que muchos “carrereaba” por calles y avenidas para salvaguardarse de los “frijoles de acero” que indiscriminadamente disparaban los efectivos.
Cientos de víctimas, muertos y desaparecidos. Cientos de capturados por leves sospechas, muchos de los cuales quedaron en la incógnita.
“Los ratos más hermosos –relata- fueron consumidos con mi novia con quien disfrutaba mi afición por las pupusas de chicharrón…”.
Pero una tarde cambió el panorama. Era 1981 y Víctor h. prefirió salir sin su media naranja para pensar sobre su “cuasi sistemático” desarrollo humanístico.
Todo estaba en regla, no había ningún problema”, señala, “sólo llevaba en la bolsa de mi camisa una calcomanía de Jesús de Nazareth…”.
Pero los policías acordaron lo contrario. La imagen del redentor se convirtió en la del legendario Comandante Ernesto “Che” Guevara.
“La calcomanía tenía fondo rojo y la silueta de Jesús era de color negro. El cabello largo y la barba abundante, como lo pintan, fue mi desgracia”.
Terminó capturado, encerrado una semana en las bartolinas de la Policía Nacional, aunque con la suerte que esta vez lo enviaron junto a los ladrones y borrachos. “En otra sala quizás habría desaparecido”, considera.
En ese ambiente conoció el “yoyo”, ración típica -que consiste en frijoles requeteduros y tortillas fermentadas- destinada a la “alimentación” de los reos.
“Más de alguno de mis compañeros de celda pensaron que hasta le echaron crema –dice carcajeándose-, pero era que los frijoles estaban mezclados con hongos que les daban el colorante blanco…”.
Guarda la impresión de la cárcel. “Un zapato tirado por una pita nos servía de vehículo de intercambio comercial, por él entregábamos cigarros por fósforos, diarios por mensajes para que afuera conocieran de nuestro destino”.
“Ahí va decían mis compañeros de infortunio, ladrones y borrachos, y todos estaban atentos al trueque. El tiempo, durante esa semana, se detuvo. En mi casa desconocían lo que pasaba”.
Pero el zapato era milagroso. Uno de los vecinos de la celda de Víctor h. sacó el papelito y fue con el escándalo a la calle. La familia se movilizó y tuvo que intervenir el Consulado tico para lograr su libertad.
“Me acusaban de atentar contra la seguridad del Estado salvadoreño, eso me lo repitieron durante los interrogatorios, que no eran amables, pero considerados frente a los que les tocó soportar a otras personas”, recuerda.
Directo al avión. Víctor h. no ha tenido otra oportunidad de visitar El Salvador, añora eso sí, según dijo, pasar otra experiencia en nuestro país y ojear por dónde anda Vilma, su novia.
El silencio reina en la mesa. Terminó la cena en aquel restaurante josefino, donde el “yoyo” salvadoreño fue sustituido por el filete de pescado.
“Por eso yo me siento, además de tico, un salvadoreño cien por ciento”, afirmó Víctor H. (FIN)
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Condiciones de subsistencia de “los más pobres de los pobres”
Por Guillermo Mejía
“¿Asco?, ja, ja, ja… a uno con hambre le vale riata, come cualquier cosa… yo ya almorcé con pollito campero, juguito de naranja y quesito duro, bien tranquilo, y de una vez le llevo la hartazón a los bichos”.
Es Julio César, de 47 años, jornalero oriundo de San Vicente, desplazado por la guerra, quien al igual que muchos engrosa las filas de los que el Presidente Alfredo Cristiani define como “los más pobres de los pobres”.
“No es paja, aquí les llevo alitas y piernitas de pollo a los cipotes –señala, levantando la bolsa de desperdicios-, el asco es cosa sólo de los que tienen, pero a nosotros ya se nos olvidó”.
El subsistir le obliga a disputar los desechos alimenticios con sus semejantes, perros callejeros y los inmundos zopilotes en el “Crematorio de Soyapango”, uno de los colectores de basura de la metropolitana.
Las escenas cotidianas son repugnantes, el mal olor es insoportable y la pelea entre seres humanos y animales dramática, pero es la realidad que afrontan quienes carecen de los indispensable.
“Y no solamente desayunamos, almorzamos o cenamos en el basurero”, resalta otro de los indigentes, “también nos rebuscamos con botellas, ropa, zapatos, cobre, hierro, pues con eso sacamos hasta 10 pesos al día”.
En las fábricas les pagan 85 centavos por botella grande, 20 por un zapato de hule, 50 por libra de hierro, 75 por la de aluminio y un colón por la de cobre, entre otros materiales de la podredumbre.
Bajo el sol o la lluvia, los niños, jóvenes y viejos, realizan su jornada de hasta 10 horas de trabajo indeseable al día, en la que el único temor real lo representa el poder ser triturados por el tractor de remoción de basura.
“Si ese condenado sólo lo tiran a jalar la basura – advierte uno de los menores, mientras da mordiscos un pan francés-, y si uno no se fija se lo lleva. Viera los zopes, son bravos, se le avientan a uno por un pedazo de carne”.
Ellos son el clásico ejemplo de sobrevivencia de la población que vive en condiciones de extrema pobreza, que, según la CEPAL, representa cuando menos el 50 por ciento de salvadoreños, aunque para el gobierno son 330 mil familias.
Cristiani los definió como “los más pobres de los pobres” del país que “no pueden satisfacer, por sí solos, sus necesidades más elementales de subsistencia” cuando anunció el programa “Rescate Social” en agosto de 1989.
“De plano verdá vos”, expresa una señora mugrosa, “si no fuera por las barbas de los que tienen nos morimos de hambre. Mire, la ventaja que tenemos es que ya ni nos hace daño, nunca nos enfermamos”.
En aquella oportunidad, el mandatario se comprometió a luchar por “subir al carro del progreso”, según el discurso, a los que “han sido ignorados por no tener vos ni presencia”, aunque esta semana anunció nuevas prioridades.
Ahora su preocupación primordial, según dijo, es solventar la crisis económica agravada por la profundización del conflicto armado y la baja de las exportaciones por la caída de los precios del café en el mercado externo.
El “ajuste estructural” impuesto para paliar el problema, que vino a devaluar la moneda, incrementar los intereses de los créditos, las tarifas de los servicios públicos y los precios, lo agudizó.
Es decir, no marcha bien. Cristiani señaló que el problema económico, aunque no cambie en su filosofía, será reajustado.
Esa parece ser una respuesta a las recomendaciones que le hicieron en privado los empresarios e industriales, el mes pasado, porque, según ellos, la implementación completa del “ajuste” generaría más descontento social.
A raíz de los efectos de la ofensiva rebelde, iniciada el 11 de noviembre, la empresa privada se declaró al “borde del agotamiento” e hizo saber al Comité Económico oficial que podría ejecutar despidos masivos.
“Estos, obviamente, puede ocasionar un problema social de incalculable dimensiones y desencadenar un respaldo popular a favor de la guerrilla”, advirtieron.
“El sector empresarial está convencido de los efectos nefastos que tiene el incremento persistente de los precios, principalmente en los segmentos de los bajos ingresos”, precisaron.
Para ellos significaría el “colapso económico” el que el “ajuste estructural” camine tal como fue programado y le recomendaron al gobierno la adopción de medidas de emergencia, para favorecer a los productores.
Una familia promedio necesita por arriba de los 2 mil colones mensuales, para solventar los gastos, situación que cada vez se va agravando al dispararse paulatinamente el dólar, y definitivamente, los costos.
Mientras, el “Crematorio de Soyapango” luce cada día aglomerado. La situación es tan difícil que muchos jornaleros, como Julio César, el desplazado de la guerra, se abocan a los basureros para sobrevivir.
“Aquí cada vez es más grande la competencia, muchas personas llegar para lograr pasarla. Yo regularmente trabajo como peón en la construcción, pero como no hay tengo que basurear”, admite. (FIN)
Por Guillermo Mejía
La amable sugerencia de una persona muy especial para mí, que quiero mucho, respeto y admiro, me dio energías para sacar del baúl de los recuerdos tres textos periodísticos que escribí un par de años antes de finalizada la guerra civil con la firma de los Acuerdos de Paz, en Chapultepec, México, en enero de 1992.
La idea propuesta fue que uno tiene materiales, ideas aún frescas, recuerdos, anécdotas, etc., o sea una cantidad de recursos que es menester sacar paulatinamente a luz con el fin de rescatar la memoria histórica de los cruentos años del conflicto armado que dejó unos 85 mil muertos, 8 mil desaparecidos y miles de desplazados y exiliados.
Comparto de esta manera estas tres piezas sencillas, pero llenas de simbolismo en una sociedad que aún falta por (re)construir y con ello hago énfasis en la necesidad de seguir nuestros ideales y las utopías necesarias y que nos conduzcan, con el esfuerzo de todos, al florecimiento de esa tierra común. Gracias por la idea y las muestras de cariño y acompañamiento.
A continuación los textos:
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Los sospechosos…
Por Guillermo Mejía
El oficial al mando de la tropa lanzó una seria advertencia y la gente se agrupó a 10 metros del autobús.
La llovizna que dejó el chaparrón empapaba a cualquiera, incluso a los perros que hambrientos deambulaban en busca de algún desperdicio.
“Papeles en mano, rápido”, expresó el militar. Niños, jóvenes y viejos obedecieron. Pasaron 5, 10, 15, 20, 25, 30 minutos, se escuchaba el murmullo.
Paulatinamente llegaron viajeros a pie o en vehículos, amenazaba otra tormenta y los soldados extendieron el control del retén.
Las pringas comenzaron a desesperar a las personas y alguien preguntó: “¿Cuándo vamos a pasar?” y un soldado respondió: “Tranquilos, ya, ya será…”.
El recluta lucía cansado, tal vez aburrido de la cotidianidad del patrullaje sobre la carretera que conduce de San Martín a Suchitoto. Se paseaba.
El famoso Puente Las Guaras agrupaba más gente esa tarde de domingo. Vino otra interrogante: “¿Y por qué se tardan tanto, pues?”.
El mismo recluta contestó “es que en ese bus van los sospechosos y debemos asegurarnos… alguien nos dijo y tenemos que averiguar”.
La categoría abarcaba a todos los civiles que obligadamente debían transitar por el lugar considerado conflictivo.
Sospechoso cualquiera, sospechoso por una mirada, sospechoso por su estilo de caminar, sospechoso por su forma de hablar o vestir.
La revista pasa otro contingente de civiles que viaja en pick-up. El oficial inicia de nuevo su interrogatorio, intempestivo, sin derecho de respuesta.
“Papeles en mano, rápido”, otra vez. El recluta vuelve a su recorrido en medio de las personas, pero su mirada escrutadora se torna vaga.
“¿Y cómo están las cosas por aquí?”, le interrogan. “Tiene días de que no hay nada, por mí todos pasarían rápido”, sonríe.
“¿Cree que va terminar la locura de la guerra?”, otra pregunta. “Yo no sé qué va a pasar… mire, ya no aguanto andar en esto…”, advierte.
Simpático el personaje, tranquilo, contrasta con la voz de mando que está en busca de guerrilleros o colaboradores de éstos en la reconocida frontera entre dos bandos en pugna.
Aquí el problema es viajar de Suchitoto a San Martín, porque al contrario esta vez hay libre paso.
“Papeles en mano, rápido”, le toca a un vehículo donde se conducen periodistas.
“Cuando pasaron (a Suchitoto), no iba este señor (periodista), te acordás haberlo visto vos”, grita el oficial a un soldado.
“No estoy seguro… no sé”, responde. “Lo que pasa es que usted no me vio”, asegura el reportero, “aquí están mis documentos”. Bueno.
Pasa el vehículo. Otros civiles se exponen a los militares para poder llegar a su destino, los soldados continúan la tarea y el oficial sus gritos.
Las escenas recuerdan que la sociedad salvadoreña afronta un estado de guerra interna y que la dinámica amigo-enemigo está enraizada.
Igual sucede en todo el territorio nacional, donde la persona común, desarmada, resulta ser sospechoso.
Sí. Sospechoso hasta el informante que dijo a los soldados a qué horas los rebeldes volaron otro poste en la Zona Poniente de San Salvador.
“Ya vez –le dijo un vecino-, para qué andar de metido. Hoy la onda es darse cuenta, porque al final a uno lo acusan y quién sabe…”.
El testimonio está en la calle, en las colonias, en las carreteras, es decir, a lo largo y ancho del país.
Y, precisamente, se da en momentos en que se busca un acuerdo político al conflicto armado y cuando está en debate si existe o no la militarización de la sociedad salvadoreña.
Como respiro de alivio las partes en contienda firmaron un pacto para el respeto de los derechos humanos de la población, eso quiere decir, en parte, consideraciones a los sospechosos. (FIN)
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La internacionalización del “yoyo”
Por Guillermo Mejía
(San José, Costa Rica)
Víctor h. terminó con el último pedazo de filete de pescado que le quedaba en el plato.
Trajo el vaso a su boca y bebió un trago de ron caribeño que era apetecido en aquel restaurante josefino.
“Sabía mejor el ‘yoyo’ que me sirvieron en El Salvador”, advirtió mientras sonreía. Sus acompañantes, la mayoría, desconocía el significado de la palabra.
“No estoy mintiendo, me lo tuve que comer en las bartolinas de la Policía Nacional hace nueve años”, recalcó ante las interrogantes.
Víctor h., periodista costarricense graduado en Estados Unidos, vivió en nuestro país entre 1979 y 1981 y conoció de cerca el estallido de la violencia.
Su morada estaba cerca del Parque Zoológico Nacional, en la Colonia Costa Rica, desde donde partía cada tarde a deleitarse con pupusas o panes con pavo.
“De vez en cuando viajaba hasta la Puerta del Diablo, arriba de los Planes de Renderos, o si al caso al Lago de Coatepeque”, recuerda.
La experiencia adquirida por el ahora editor de uno de los principales periódicos costarricenses sirvió para que tomara conciencia del drama centroamericano.
Se las daba de intelectual y pasaba gran parte de su tiempo buscando libros en la Universidad de El Salvador (UES). Tenía imagen de ser otro rebelde.
Aquellos tiempos eran más difíciles, el descontento popular y la represión sistemática abrieron camino al conflicto armado que aún persiste en el país.
En ese marco, Víctor h., caminaba por la capital salvadoreña, escenario de disturbios, donde las fuerzas de seguridad descargaban en contra de las marchas.
Al igual que muchos “carrereaba” por calles y avenidas para salvaguardarse de los “frijoles de acero” que indiscriminadamente disparaban los efectivos.
Cientos de víctimas, muertos y desaparecidos. Cientos de capturados por leves sospechas, muchos de los cuales quedaron en la incógnita.
“Los ratos más hermosos –relata- fueron consumidos con mi novia con quien disfrutaba mi afición por las pupusas de chicharrón…”.
Pero una tarde cambió el panorama. Era 1981 y Víctor h. prefirió salir sin su media naranja para pensar sobre su “cuasi sistemático” desarrollo humanístico.
Todo estaba en regla, no había ningún problema”, señala, “sólo llevaba en la bolsa de mi camisa una calcomanía de Jesús de Nazareth…”.
Pero los policías acordaron lo contrario. La imagen del redentor se convirtió en la del legendario Comandante Ernesto “Che” Guevara.
“La calcomanía tenía fondo rojo y la silueta de Jesús era de color negro. El cabello largo y la barba abundante, como lo pintan, fue mi desgracia”.
Terminó capturado, encerrado una semana en las bartolinas de la Policía Nacional, aunque con la suerte que esta vez lo enviaron junto a los ladrones y borrachos. “En otra sala quizás habría desaparecido”, considera.
En ese ambiente conoció el “yoyo”, ración típica -que consiste en frijoles requeteduros y tortillas fermentadas- destinada a la “alimentación” de los reos.
“Más de alguno de mis compañeros de celda pensaron que hasta le echaron crema –dice carcajeándose-, pero era que los frijoles estaban mezclados con hongos que les daban el colorante blanco…”.
Guarda la impresión de la cárcel. “Un zapato tirado por una pita nos servía de vehículo de intercambio comercial, por él entregábamos cigarros por fósforos, diarios por mensajes para que afuera conocieran de nuestro destino”.
“Ahí va decían mis compañeros de infortunio, ladrones y borrachos, y todos estaban atentos al trueque. El tiempo, durante esa semana, se detuvo. En mi casa desconocían lo que pasaba”.
Pero el zapato era milagroso. Uno de los vecinos de la celda de Víctor h. sacó el papelito y fue con el escándalo a la calle. La familia se movilizó y tuvo que intervenir el Consulado tico para lograr su libertad.
“Me acusaban de atentar contra la seguridad del Estado salvadoreño, eso me lo repitieron durante los interrogatorios, que no eran amables, pero considerados frente a los que les tocó soportar a otras personas”, recuerda.
Directo al avión. Víctor h. no ha tenido otra oportunidad de visitar El Salvador, añora eso sí, según dijo, pasar otra experiencia en nuestro país y ojear por dónde anda Vilma, su novia.
El silencio reina en la mesa. Terminó la cena en aquel restaurante josefino, donde el “yoyo” salvadoreño fue sustituido por el filete de pescado.
“Por eso yo me siento, además de tico, un salvadoreño cien por ciento”, afirmó Víctor H. (FIN)
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Condiciones de subsistencia de “los más pobres de los pobres”
Por Guillermo Mejía
“¿Asco?, ja, ja, ja… a uno con hambre le vale riata, come cualquier cosa… yo ya almorcé con pollito campero, juguito de naranja y quesito duro, bien tranquilo, y de una vez le llevo la hartazón a los bichos”.
Es Julio César, de 47 años, jornalero oriundo de San Vicente, desplazado por la guerra, quien al igual que muchos engrosa las filas de los que el Presidente Alfredo Cristiani define como “los más pobres de los pobres”.
“No es paja, aquí les llevo alitas y piernitas de pollo a los cipotes –señala, levantando la bolsa de desperdicios-, el asco es cosa sólo de los que tienen, pero a nosotros ya se nos olvidó”.
El subsistir le obliga a disputar los desechos alimenticios con sus semejantes, perros callejeros y los inmundos zopilotes en el “Crematorio de Soyapango”, uno de los colectores de basura de la metropolitana.
Las escenas cotidianas son repugnantes, el mal olor es insoportable y la pelea entre seres humanos y animales dramática, pero es la realidad que afrontan quienes carecen de los indispensable.
“Y no solamente desayunamos, almorzamos o cenamos en el basurero”, resalta otro de los indigentes, “también nos rebuscamos con botellas, ropa, zapatos, cobre, hierro, pues con eso sacamos hasta 10 pesos al día”.
En las fábricas les pagan 85 centavos por botella grande, 20 por un zapato de hule, 50 por libra de hierro, 75 por la de aluminio y un colón por la de cobre, entre otros materiales de la podredumbre.
Bajo el sol o la lluvia, los niños, jóvenes y viejos, realizan su jornada de hasta 10 horas de trabajo indeseable al día, en la que el único temor real lo representa el poder ser triturados por el tractor de remoción de basura.
“Si ese condenado sólo lo tiran a jalar la basura – advierte uno de los menores, mientras da mordiscos un pan francés-, y si uno no se fija se lo lleva. Viera los zopes, son bravos, se le avientan a uno por un pedazo de carne”.
Ellos son el clásico ejemplo de sobrevivencia de la población que vive en condiciones de extrema pobreza, que, según la CEPAL, representa cuando menos el 50 por ciento de salvadoreños, aunque para el gobierno son 330 mil familias.
Cristiani los definió como “los más pobres de los pobres” del país que “no pueden satisfacer, por sí solos, sus necesidades más elementales de subsistencia” cuando anunció el programa “Rescate Social” en agosto de 1989.
“De plano verdá vos”, expresa una señora mugrosa, “si no fuera por las barbas de los que tienen nos morimos de hambre. Mire, la ventaja que tenemos es que ya ni nos hace daño, nunca nos enfermamos”.
En aquella oportunidad, el mandatario se comprometió a luchar por “subir al carro del progreso”, según el discurso, a los que “han sido ignorados por no tener vos ni presencia”, aunque esta semana anunció nuevas prioridades.
Ahora su preocupación primordial, según dijo, es solventar la crisis económica agravada por la profundización del conflicto armado y la baja de las exportaciones por la caída de los precios del café en el mercado externo.
El “ajuste estructural” impuesto para paliar el problema, que vino a devaluar la moneda, incrementar los intereses de los créditos, las tarifas de los servicios públicos y los precios, lo agudizó.
Es decir, no marcha bien. Cristiani señaló que el problema económico, aunque no cambie en su filosofía, será reajustado.
Esa parece ser una respuesta a las recomendaciones que le hicieron en privado los empresarios e industriales, el mes pasado, porque, según ellos, la implementación completa del “ajuste” generaría más descontento social.
A raíz de los efectos de la ofensiva rebelde, iniciada el 11 de noviembre, la empresa privada se declaró al “borde del agotamiento” e hizo saber al Comité Económico oficial que podría ejecutar despidos masivos.
“Estos, obviamente, puede ocasionar un problema social de incalculable dimensiones y desencadenar un respaldo popular a favor de la guerrilla”, advirtieron.
“El sector empresarial está convencido de los efectos nefastos que tiene el incremento persistente de los precios, principalmente en los segmentos de los bajos ingresos”, precisaron.
Para ellos significaría el “colapso económico” el que el “ajuste estructural” camine tal como fue programado y le recomendaron al gobierno la adopción de medidas de emergencia, para favorecer a los productores.
Una familia promedio necesita por arriba de los 2 mil colones mensuales, para solventar los gastos, situación que cada vez se va agravando al dispararse paulatinamente el dólar, y definitivamente, los costos.
Mientras, el “Crematorio de Soyapango” luce cada día aglomerado. La situación es tan difícil que muchos jornaleros, como Julio César, el desplazado de la guerra, se abocan a los basureros para sobrevivir.
“Aquí cada vez es más grande la competencia, muchas personas llegar para lograr pasarla. Yo regularmente trabajo como peón en la construcción, pero como no hay tengo que basurear”, admite. (FIN)
sábado, abril 28, 2012
La izquierda vergonzante y la pulverización del cambio
Por Guillermo Mejía
La elección del Fiscal General de la República y los magistrados de la Corte Suprema de Justicia –con el golpe bajo al presidente del máximo tribunal, Belarmino Jaime- por parte de la mayoría de diputados de la Asamblea Legislativa representa una negación rotunda del anhelado “cambio político” que ofreció la cada vez más descolorida izquierda gobernante.
Con actuaciones del Ejecutivo que dejan mucho que desear y el silencio cómplice del partido Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (Fmln), pues, no hay mayor cosa que esperar en el cumplimiento del programa de gobierno que sedujo a miles de connacionales que confiaron en la promesa tras veinte años de estafa del partido Alianza Republicana Nacionalista (Arena).
El caso de esta elección a la carrera, a tropezones, muestra una vez más la imposición de intereses particulares sobre los intereses nacionales propiciada por una alianza utilitarista de la izquierda gobernante con los partidos Gana y Concertación Nacional (CN), con lo que los vendedores de la promesa del cambio han sacado su rostro vergonzante.
Resultó de película ver al Frente votando por el ahora fiscal electo, Astor Escalante, que el ex presidente Elías Antonio Saca paseó en cargos públicos y que fue objeto de críticas de la izquierda por su inoperancia en diferentes instancias –entre ellas Seguridad y la misma Fiscalía General. En esta ocasión, el Frente lo consideró idóneo para el cargo. Ni más, ni menos.
Sin embargo, a leguas se percibió el negocio fraguado por las cúpulas de esos partidos que dentro de la Asamblea Legislativa montaron un espectáculo de mal gusto, con una camándula de entrevistas a los 47 postulantes a fin de justificar una decisión tomada con antelación que había sido denunciada por ser producto de chanchullos, que antes la izquierda rechazaba a los cuatro vientos.
La metamorfosis del Frente es patética, además de que resulta un insulto a la inteligencia el que pretendan justificar la validez de su proceder en que la derecha representada en el partido Arena hizo lo mismo con anterioridad o que la futura gobernabilidad dependía de esta elección apresurada. Pobreza de argumentos sacados de los pelos.
Para muchos críticos de estas decisiones, es grave que se siga apostando a la impunidad en el caso de la Fiscalía General, ya que es conocido el rosario de actos fraudulentos en gobiernos anteriores, además de la necesidad de estar alertas en el presente gobierno. Qué se puede esperar de Astor Escalante que llega bajo la bandera de Gana, el partido de Elías Antonio Saca.
Por otro lado, está la venganza de los políticos en contra del presidente de la Corte Suprema de Justicia, Belarmino Jaime, que junto a los otros magistrados de la Sala de lo Constitucional tuvieron los cojones de sentar bases de la ciudadanización de la política con resoluciones que han afectado en alguna medida a los secuestradores de la administración pública.
Un reciente editorial de la radio YSUCA señaló con mucha propiedad que: “En estos nombramientos hay dos preocupaciones, ambas deleznables. La primera, como bien definió el Presidente de la República, es una preocupación aritmética que está por encima de la ética. La próxima Asamblea tiene una mayoría legislativa de más difícil negociación para el partido en el Gobierno. Y por esa razón, lo que en otras ocasiones –cuando era Arena la que ponía la aritmética por encima de la ética- se veía como una aberración de la democracia, ahora se ve como un acto normal”.
“La Segunda es que a un buen número de diputados no les ha gustado el estilo libre y jurídicamente moderno de los magistrados de la Sala de lo Constitucional. Tuvieron miedo de cambiar a todos los magistrados de la Sala, pero han tomado venganza contra el actual Presidente de la Corte y de la Sala. La decisión de no reelegir a Belarmino Jaime es una vergüenza y habla muy mal de los diputados. Pero trasladarlo de la Sala de lo Constitucional, que es clave para la democracia, a otra de diferente influencia en la vida política es, según destacados juristas, anticonstitucional y, por tanto, gravemente ilegal”, agregó el editorial de la emisora jesuita.
Las actuaciones públicas de la izquierda gobernante en sus negocios con los partidos Gana y CN conllevan la negación rotunda de sus promesas de un cambio para la sociedad salvadoreña; es decir, una forma digna, justa y solidaria de hacer política frente a la nefasta herencia que ha representado para los ciudadanos pobreza, ignorancia y represión de su descontento.
La cúpula del Fmln debería hacer una profunda reflexión del descalabro a que están llevando al partido y a la esperanza de la gente que confió en sus propuestas bajo la figura de Mauricio Funes, que en 2009 logró reunir a diversas fuerzas ansiosas por la democratización de la sociedad salvadoreña y se rompió con los veinte años de Arena.
El Frente tiene el desafío y la obligación de recrear las condiciones en las elecciones del 2014. ¿Será que lo están tomando en serio o ya no aguantan?, ¿será que resulta más cómodo ver a los toros desde las gradas?, ¿será que es mejor acumular riqueza con los negocios gracias a la solidaridad internacional? Como es lógico, los venezolanos también se están dando cuenta.
La esperanza del cambio, como fue el eslogan de la izquierda gobernante, causó fuerte impresión en la derecha arenera que asumió su derrota por la infinidad de errores que cometieron en sus veinte años de gestión continua, pero también ha quedado estupefacta porque esperaban mayores desafíos del primer gobierno de izquierda en la historia del país.
Resulta, pues, una oportunidad pulverizada. Por eso deberían pedir perdón al pueblo salvadoreño y a los mártires de la lucha revolucionaria que significó en la guerra al menos 80 mil muertos, unos 8 mil desaparecidos y miles de desplazados y exiliados. Se han equivocado, tienen que corregir el camino, es más la militancia debería exigir una depuración de la cúpula del partido.
¿Y el aumento frustrado de los salarios a 20 diputados?, ¿y el perdón del Frente? Mejor que nos cuenten una de vaqueritos.
Por Guillermo Mejía
La elección del Fiscal General de la República y los magistrados de la Corte Suprema de Justicia –con el golpe bajo al presidente del máximo tribunal, Belarmino Jaime- por parte de la mayoría de diputados de la Asamblea Legislativa representa una negación rotunda del anhelado “cambio político” que ofreció la cada vez más descolorida izquierda gobernante.
Con actuaciones del Ejecutivo que dejan mucho que desear y el silencio cómplice del partido Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (Fmln), pues, no hay mayor cosa que esperar en el cumplimiento del programa de gobierno que sedujo a miles de connacionales que confiaron en la promesa tras veinte años de estafa del partido Alianza Republicana Nacionalista (Arena).
El caso de esta elección a la carrera, a tropezones, muestra una vez más la imposición de intereses particulares sobre los intereses nacionales propiciada por una alianza utilitarista de la izquierda gobernante con los partidos Gana y Concertación Nacional (CN), con lo que los vendedores de la promesa del cambio han sacado su rostro vergonzante.
Resultó de película ver al Frente votando por el ahora fiscal electo, Astor Escalante, que el ex presidente Elías Antonio Saca paseó en cargos públicos y que fue objeto de críticas de la izquierda por su inoperancia en diferentes instancias –entre ellas Seguridad y la misma Fiscalía General. En esta ocasión, el Frente lo consideró idóneo para el cargo. Ni más, ni menos.
Sin embargo, a leguas se percibió el negocio fraguado por las cúpulas de esos partidos que dentro de la Asamblea Legislativa montaron un espectáculo de mal gusto, con una camándula de entrevistas a los 47 postulantes a fin de justificar una decisión tomada con antelación que había sido denunciada por ser producto de chanchullos, que antes la izquierda rechazaba a los cuatro vientos.
La metamorfosis del Frente es patética, además de que resulta un insulto a la inteligencia el que pretendan justificar la validez de su proceder en que la derecha representada en el partido Arena hizo lo mismo con anterioridad o que la futura gobernabilidad dependía de esta elección apresurada. Pobreza de argumentos sacados de los pelos.
Para muchos críticos de estas decisiones, es grave que se siga apostando a la impunidad en el caso de la Fiscalía General, ya que es conocido el rosario de actos fraudulentos en gobiernos anteriores, además de la necesidad de estar alertas en el presente gobierno. Qué se puede esperar de Astor Escalante que llega bajo la bandera de Gana, el partido de Elías Antonio Saca.
Por otro lado, está la venganza de los políticos en contra del presidente de la Corte Suprema de Justicia, Belarmino Jaime, que junto a los otros magistrados de la Sala de lo Constitucional tuvieron los cojones de sentar bases de la ciudadanización de la política con resoluciones que han afectado en alguna medida a los secuestradores de la administración pública.
Un reciente editorial de la radio YSUCA señaló con mucha propiedad que: “En estos nombramientos hay dos preocupaciones, ambas deleznables. La primera, como bien definió el Presidente de la República, es una preocupación aritmética que está por encima de la ética. La próxima Asamblea tiene una mayoría legislativa de más difícil negociación para el partido en el Gobierno. Y por esa razón, lo que en otras ocasiones –cuando era Arena la que ponía la aritmética por encima de la ética- se veía como una aberración de la democracia, ahora se ve como un acto normal”.
“La Segunda es que a un buen número de diputados no les ha gustado el estilo libre y jurídicamente moderno de los magistrados de la Sala de lo Constitucional. Tuvieron miedo de cambiar a todos los magistrados de la Sala, pero han tomado venganza contra el actual Presidente de la Corte y de la Sala. La decisión de no reelegir a Belarmino Jaime es una vergüenza y habla muy mal de los diputados. Pero trasladarlo de la Sala de lo Constitucional, que es clave para la democracia, a otra de diferente influencia en la vida política es, según destacados juristas, anticonstitucional y, por tanto, gravemente ilegal”, agregó el editorial de la emisora jesuita.
Las actuaciones públicas de la izquierda gobernante en sus negocios con los partidos Gana y CN conllevan la negación rotunda de sus promesas de un cambio para la sociedad salvadoreña; es decir, una forma digna, justa y solidaria de hacer política frente a la nefasta herencia que ha representado para los ciudadanos pobreza, ignorancia y represión de su descontento.
La cúpula del Fmln debería hacer una profunda reflexión del descalabro a que están llevando al partido y a la esperanza de la gente que confió en sus propuestas bajo la figura de Mauricio Funes, que en 2009 logró reunir a diversas fuerzas ansiosas por la democratización de la sociedad salvadoreña y se rompió con los veinte años de Arena.
El Frente tiene el desafío y la obligación de recrear las condiciones en las elecciones del 2014. ¿Será que lo están tomando en serio o ya no aguantan?, ¿será que resulta más cómodo ver a los toros desde las gradas?, ¿será que es mejor acumular riqueza con los negocios gracias a la solidaridad internacional? Como es lógico, los venezolanos también se están dando cuenta.
La esperanza del cambio, como fue el eslogan de la izquierda gobernante, causó fuerte impresión en la derecha arenera que asumió su derrota por la infinidad de errores que cometieron en sus veinte años de gestión continua, pero también ha quedado estupefacta porque esperaban mayores desafíos del primer gobierno de izquierda en la historia del país.
Resulta, pues, una oportunidad pulverizada. Por eso deberían pedir perdón al pueblo salvadoreño y a los mártires de la lucha revolucionaria que significó en la guerra al menos 80 mil muertos, unos 8 mil desaparecidos y miles de desplazados y exiliados. Se han equivocado, tienen que corregir el camino, es más la militancia debería exigir una depuración de la cúpula del partido.
¿Y el aumento frustrado de los salarios a 20 diputados?, ¿y el perdón del Frente? Mejor que nos cuenten una de vaqueritos.
lunes, abril 16, 2012
A propósito del factor Tony Saca
Por Guillermo Mejía
El diplomático salvadoreño Ernesto Rivas, ex embajador en Washington, en sus funciones como bloguero desde tiempo atrás viene cuestionando el quehacer de los políticos y en su última ruta ha lanzado sus denuncias en contra del ex presidente Elías Antonio Saca bajo el pretexto de que maniobra con su partido Gana, para lograr un segundo mandato presidencial en el 2014.
Las advertencias de Neto Rivas, como lo conocen, las basa en diferentes fuentes de consulta internas y externas que le aseguran que el proceder de Saca está salpicado por actos indebidos durante su gobierno y en la actualidad, al grado que pretende manipular las diferentes instancias estatales como la Fiscalía General, la Corte de Cuentas y la Corte Suprema de Justicia.
Para conocer las denuncias de Ernesto Rivas y promover la reflexión en torno a tan candente tema que no tiene espacios en el sistema mediático tradicional –las denuncias provocaron la expulsión de Rivas como columnista de La Prensa Gráfica recientemente- desde este espacio de información y opinión considero importante que conozcan el texto de Rivas aparecido el pasado 12 de abril.
------------------------------------------
No podemos permitir que eso ocurra II
Por Ernesto Rivas
Estoy consciente de que el tema del que trata este artículo es no solo delicado sino peligroso y que mi seguridad personal se vería amenazada a raíz de su publicación. Los tres hechos que el artículo revela están plenamente comprobados los primeros dos y el tercero es una cita textual de fuente experta fidedigna.
¿Por qué, entonces, si temo por mi seguridad personal, publico el artículo? Simplemente porque quiero a mi país y temo que si los perversos planes de los arquitectos del maquiavélico proyecto llegan a materializarse, los avances que hemos logrado hacia un país democrático se derrumbarían para darle paso a un gobierno dictatorial y corrupto como el que vivimos durante el quinquenio anterior.
Debo dejar claro también, que de sucederme algo responsabilizo a aquellos que están trabajando para lograr el regreso a ese siniestro estatus quo y sobre ellos debe caer el peso de la ley, si es que en este país hay ley.
En un pacto oscuro y de interés común, entre el FMLN y GANA, los dos partidos han alcanzado un acuerdo, por el cual, el diputado Sigifrido Reyes conservaría la presidencia del Órgano Legislativo, mientras que el diputado Guillermo Gallegos, del partido GANA, sería el nuevo Fiscal General de la republica.
A última hora se ha sabido que Gallegos no será elegido fiscal, pero que, en todo caso, quien resulte electo responderá al ex presidente Saca. Sin embargo, Gallegos dijo ayer en la radio la Chévere del grupo Samix de Saca, que él sí está interesado en ser electo fiscal general, pero a EDH le dijo lo contrario. Ese es Gallegos.
Todo esto puede ocurrir en la plenaria de este día.
Según el Dr. Belarmino Jaime, presidente de la Corte Suprema de Justicia, el Fiscal General es el funcionario más poderoso del país, más poderoso que el mismo presidente.
Imaginémonos a Guillermo Gallegos como Fiscal General de la Republica; por confesión propia, el mismo Gallegos, ha dicho que se debe en cuerpo y alma, al ex-presidente Saca. Esto implicaría entonces, que cualquier causa criminal en contra del ex presidente, pasaría por las manos de Gallegos, y por lo tanto allí muere. Lo mismo ocurriría con cualquier otro fiscal dependiente de Saca.
A lo anterior, hay que sumar el hecho de que Saca, también tiene como magistrado, de la Corte de Cuentas, a su socio, José Andrés Rovira, quién actualmente es el presidente del partido GANA.
Y un descuido bastaría también, para que en otra de sus maniobras, Saca logre, que otro de los suyos, se convierta en el nuevo presidente de la Corte Suprema de Justicia.
Además, en una maniobra harto peligrosa, ambos partidos, aliados a CN y PES, quieren cambiar de Sala a los Cuatro Magníficos Magistrados, a quienes el país debe el paso significativo que se ha dado en la democracia electoral, entre otras resoluciones trascendentales.
La ironía de todo esto, es el cinismo y la impunidad, con que Saca está moviendo sus piezas vitales, y colocándolas en cargos igualmente vitales, para lograr un blindaje, y protegerse así, de cargos criminales que pudieran estarse gestando en su contra, mientras va pavimentando su candidatura presidencial para el 2014.
Es lamentable también, que el FMLN, según fuentes confiables, se haya convertido en cómplice de esa pestilente maniobra, donde dicho pacto solo se explica, por la influencia que Saca ejerce actualmente sobre Casa Presidencial. Influencia que a estas alturas, y en un panorama mucho peor, de seguro ya trastocó hasta a la misma cúpula ortodoxa, facilitándole así a Saca, alcanzar su perverso objetivo.
¿Y por qué me refiero al hecho de la influencia que Saca ejerce sobre Casa Presidencial? Según contactos de inteligencia, al que su servidor ha tenido acceso, "La administración actual estadounidense, ya le ha expresado su preocupación al Presidente Funes, por la injerencia que el ex-presidente Saca, pueda estar teniendo en su gobierno". La preocupación, proviene de las "informaciones, que Los Estados Unidos ahora tienen, acerca de la corrupción" de Saca.
Y es que la embajada de Estados Unidos viene preocupada por las evidentes muestras de corrupción del ex presidente desde hace mucho tiempo. Recordamos sobre el caso el artículo de El Faro, La Embajada de Estados Unidos Dudaba de la Probidad del Ex Presidente Saca, publicado el 19 de septiembre de 2011, en el que cita varios cables divulgados por Wikileaks en los que el entonces encargado de negocios, Robert Blau cuestiona seriamente la probidad de Saca.
Una lectura de ese artículo explicaría, hasta cierto punto, la preocupación de la embajada al ver el evidente acercamiento entre el ex presidente y el Presidente Funes.
Recordemos un poco la metamorfosis de expulsión de Saca de ARENA.
El viernes 7 de diciembre de 2009, EDH publicó un revelador artículo titulado La Presidencia Gastó $219 Mlls. Más Que Presupuesto Aprobado . El artículo entraba en minucioso detalle sobre cómo, de 2004 a 2008, Casa Presidencial gastó $219 millones más en bienes y servicios que lo que le había aprobado la Asamblea, por medio de un procedimiento de ley que permitía que los fondos sobrantes de los presupuestos de los ministerios y otras dependencias estatales pasen a la partida de la Presidencia, de acuerdo con análisis de los presupuestos de los últimos cinco años. (Desde entonces esa disposición ha sido declarada inconstitucional por la Sala de lo Constitucional de la CSJ que preside el Dr. Belarmino Jaime).
El artículo, documentado con gráficas y minucioso detalle, demostraba, fuera de cualquier duda, que durante la administración Saca hubo corrupción desbordada.
El lunes 7 de diciembre yo publiqué en el blog una nota que titulé Arena Pedirá Que Se Investigue A Saca, la que comenzaba diciendo:
En una reunión confidencial de urgencia que el presidente del COENA Cristiani, dirigentes areneros y asesores celebraron al medio día el viernes para tratar sobre las revelaciones hechas ese día por EDH, decidieron que Antonio Saca debe ser investigado y que de comprobar que lo que informó el periódico es cierto, sería expulsado del partido.
El 14 de diciembre, el COENA dispuso expulsar a Antonio Saca del partido. Entre las razones que condujeron a la expulsión del ex presidente del partido y del país el COENA dijo que (Saca) no es un digno representante ni correligionario del partido, pues se gastó un excedente de 219 millones de dólares durante su gestión en una campaña mediática a su favor, mientras la PNC carecía de recursos logísticos para combatir la delincuencia y en los hospitales faltaban medicinas.
Además el COENA argumentó que Saca había sido el “promotor de la separación de los doce diputados que posteriormente conformaron el movimiento Gana, asimismo porque durante las primarias incidió para la candidatura de Rodrigo Ávila en detrimento de Ana Vilma de Escobar y Luis Mario Rodríguez”.
Y ahora, el mismo Antonio Saca quiere volver a ser presidente.
Para finalizar y según declaración vertida para mi blog, el analista estadounidense, con especialidad en temas de seguridad y delincuencia transnacional en América Latina, con dos décadas de experiencia en El Salvador, Douglas Farah:
"Hay bastantes investigaciones bien documentadas, a nivel regional, en Los Estados Unidos y El Salvador, acerca de los lazos del ex presidente Saca, vinculándolo al crimen organizado transnacional".
Por Guillermo Mejía
El diplomático salvadoreño Ernesto Rivas, ex embajador en Washington, en sus funciones como bloguero desde tiempo atrás viene cuestionando el quehacer de los políticos y en su última ruta ha lanzado sus denuncias en contra del ex presidente Elías Antonio Saca bajo el pretexto de que maniobra con su partido Gana, para lograr un segundo mandato presidencial en el 2014.
Las advertencias de Neto Rivas, como lo conocen, las basa en diferentes fuentes de consulta internas y externas que le aseguran que el proceder de Saca está salpicado por actos indebidos durante su gobierno y en la actualidad, al grado que pretende manipular las diferentes instancias estatales como la Fiscalía General, la Corte de Cuentas y la Corte Suprema de Justicia.
Para conocer las denuncias de Ernesto Rivas y promover la reflexión en torno a tan candente tema que no tiene espacios en el sistema mediático tradicional –las denuncias provocaron la expulsión de Rivas como columnista de La Prensa Gráfica recientemente- desde este espacio de información y opinión considero importante que conozcan el texto de Rivas aparecido el pasado 12 de abril.
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No podemos permitir que eso ocurra II
Por Ernesto Rivas
Estoy consciente de que el tema del que trata este artículo es no solo delicado sino peligroso y que mi seguridad personal se vería amenazada a raíz de su publicación. Los tres hechos que el artículo revela están plenamente comprobados los primeros dos y el tercero es una cita textual de fuente experta fidedigna.
¿Por qué, entonces, si temo por mi seguridad personal, publico el artículo? Simplemente porque quiero a mi país y temo que si los perversos planes de los arquitectos del maquiavélico proyecto llegan a materializarse, los avances que hemos logrado hacia un país democrático se derrumbarían para darle paso a un gobierno dictatorial y corrupto como el que vivimos durante el quinquenio anterior.
Debo dejar claro también, que de sucederme algo responsabilizo a aquellos que están trabajando para lograr el regreso a ese siniestro estatus quo y sobre ellos debe caer el peso de la ley, si es que en este país hay ley.
En un pacto oscuro y de interés común, entre el FMLN y GANA, los dos partidos han alcanzado un acuerdo, por el cual, el diputado Sigifrido Reyes conservaría la presidencia del Órgano Legislativo, mientras que el diputado Guillermo Gallegos, del partido GANA, sería el nuevo Fiscal General de la republica.
A última hora se ha sabido que Gallegos no será elegido fiscal, pero que, en todo caso, quien resulte electo responderá al ex presidente Saca. Sin embargo, Gallegos dijo ayer en la radio la Chévere del grupo Samix de Saca, que él sí está interesado en ser electo fiscal general, pero a EDH le dijo lo contrario. Ese es Gallegos.
Todo esto puede ocurrir en la plenaria de este día.
Según el Dr. Belarmino Jaime, presidente de la Corte Suprema de Justicia, el Fiscal General es el funcionario más poderoso del país, más poderoso que el mismo presidente.
Imaginémonos a Guillermo Gallegos como Fiscal General de la Republica; por confesión propia, el mismo Gallegos, ha dicho que se debe en cuerpo y alma, al ex-presidente Saca. Esto implicaría entonces, que cualquier causa criminal en contra del ex presidente, pasaría por las manos de Gallegos, y por lo tanto allí muere. Lo mismo ocurriría con cualquier otro fiscal dependiente de Saca.
A lo anterior, hay que sumar el hecho de que Saca, también tiene como magistrado, de la Corte de Cuentas, a su socio, José Andrés Rovira, quién actualmente es el presidente del partido GANA.
Y un descuido bastaría también, para que en otra de sus maniobras, Saca logre, que otro de los suyos, se convierta en el nuevo presidente de la Corte Suprema de Justicia.
Además, en una maniobra harto peligrosa, ambos partidos, aliados a CN y PES, quieren cambiar de Sala a los Cuatro Magníficos Magistrados, a quienes el país debe el paso significativo que se ha dado en la democracia electoral, entre otras resoluciones trascendentales.
La ironía de todo esto, es el cinismo y la impunidad, con que Saca está moviendo sus piezas vitales, y colocándolas en cargos igualmente vitales, para lograr un blindaje, y protegerse así, de cargos criminales que pudieran estarse gestando en su contra, mientras va pavimentando su candidatura presidencial para el 2014.
Es lamentable también, que el FMLN, según fuentes confiables, se haya convertido en cómplice de esa pestilente maniobra, donde dicho pacto solo se explica, por la influencia que Saca ejerce actualmente sobre Casa Presidencial. Influencia que a estas alturas, y en un panorama mucho peor, de seguro ya trastocó hasta a la misma cúpula ortodoxa, facilitándole así a Saca, alcanzar su perverso objetivo.
¿Y por qué me refiero al hecho de la influencia que Saca ejerce sobre Casa Presidencial? Según contactos de inteligencia, al que su servidor ha tenido acceso, "La administración actual estadounidense, ya le ha expresado su preocupación al Presidente Funes, por la injerencia que el ex-presidente Saca, pueda estar teniendo en su gobierno". La preocupación, proviene de las "informaciones, que Los Estados Unidos ahora tienen, acerca de la corrupción" de Saca.
Y es que la embajada de Estados Unidos viene preocupada por las evidentes muestras de corrupción del ex presidente desde hace mucho tiempo. Recordamos sobre el caso el artículo de El Faro, La Embajada de Estados Unidos Dudaba de la Probidad del Ex Presidente Saca, publicado el 19 de septiembre de 2011, en el que cita varios cables divulgados por Wikileaks en los que el entonces encargado de negocios, Robert Blau cuestiona seriamente la probidad de Saca.
Una lectura de ese artículo explicaría, hasta cierto punto, la preocupación de la embajada al ver el evidente acercamiento entre el ex presidente y el Presidente Funes.
Recordemos un poco la metamorfosis de expulsión de Saca de ARENA.
El viernes 7 de diciembre de 2009, EDH publicó un revelador artículo titulado La Presidencia Gastó $219 Mlls. Más Que Presupuesto Aprobado . El artículo entraba en minucioso detalle sobre cómo, de 2004 a 2008, Casa Presidencial gastó $219 millones más en bienes y servicios que lo que le había aprobado la Asamblea, por medio de un procedimiento de ley que permitía que los fondos sobrantes de los presupuestos de los ministerios y otras dependencias estatales pasen a la partida de la Presidencia, de acuerdo con análisis de los presupuestos de los últimos cinco años. (Desde entonces esa disposición ha sido declarada inconstitucional por la Sala de lo Constitucional de la CSJ que preside el Dr. Belarmino Jaime).
El artículo, documentado con gráficas y minucioso detalle, demostraba, fuera de cualquier duda, que durante la administración Saca hubo corrupción desbordada.
El lunes 7 de diciembre yo publiqué en el blog una nota que titulé Arena Pedirá Que Se Investigue A Saca, la que comenzaba diciendo:
En una reunión confidencial de urgencia que el presidente del COENA Cristiani, dirigentes areneros y asesores celebraron al medio día el viernes para tratar sobre las revelaciones hechas ese día por EDH, decidieron que Antonio Saca debe ser investigado y que de comprobar que lo que informó el periódico es cierto, sería expulsado del partido.
El 14 de diciembre, el COENA dispuso expulsar a Antonio Saca del partido. Entre las razones que condujeron a la expulsión del ex presidente del partido y del país el COENA dijo que (Saca) no es un digno representante ni correligionario del partido, pues se gastó un excedente de 219 millones de dólares durante su gestión en una campaña mediática a su favor, mientras la PNC carecía de recursos logísticos para combatir la delincuencia y en los hospitales faltaban medicinas.
Además el COENA argumentó que Saca había sido el “promotor de la separación de los doce diputados que posteriormente conformaron el movimiento Gana, asimismo porque durante las primarias incidió para la candidatura de Rodrigo Ávila en detrimento de Ana Vilma de Escobar y Luis Mario Rodríguez”.
Y ahora, el mismo Antonio Saca quiere volver a ser presidente.
Para finalizar y según declaración vertida para mi blog, el analista estadounidense, con especialidad en temas de seguridad y delincuencia transnacional en América Latina, con dos décadas de experiencia en El Salvador, Douglas Farah:
"Hay bastantes investigaciones bien documentadas, a nivel regional, en Los Estados Unidos y El Salvador, acerca de los lazos del ex presidente Saca, vinculándolo al crimen organizado transnacional".
lunes, abril 09, 2012
El primer viaje de Rubén Darío a El Salvador
Por Guillermo Mejía
El poeta nicaragüense Rubén Darío (1867-1916) cuenta en su Autobiografía (DGP; 1962) su vida y peripecias desde su niñez, su pasión por las letras, los encuentros bohemios, sus amores, su legado literario, su labor diplomática. Su amistad con el escritor salvadoreño Francisco Gavidia cuyo encuentro significa “no sólo tener a un guía, sino a un inspirador”.
El “padre del Modernismo”, como se le conoce, es pieza importante junto a Gavidia de la historia literaria de El Salvador y de Hispanoamérica, refiere la nota de presentación de la edición de la Dirección General de Publicaciones del Ministerio de Educación en la colección Biblioteca Popular dirigida por el escritor Trigueros de León.
Para el gusto y conocimiento de mis estimados lectores les presento a continuación el relato del primer viaje de Rubén Darío a tierras cuscatlecas cuando era un mozuelo flaco y peludo, inquieto, admirado por sus versos:
XII
Gobernaba este país entonces el doctor Rafael Zaldívar, hombre culto, hábil, tiránico para unos, bienhechor para otros, y a quien, habiendo sido mi benefactor y no siendo yo juez de historia, en este mundo, no debo sino alabanzas y agradecimientos. Llegar yo al puerto de La Libertad y poner un telegrama a su excelencia todo fue uno. Inmediatamente recibí una contestación halagadora del presidente, que se encontraba en una hacienda, en el cual telegrama era muy gentil conmigo y me anunciaba una audiencia en la capital. Llegué a la capital. Al cochero que me preguntó a qué hotal iba, le contesté sencillamente: “Al mejor.” El mejor, de cuyo nombre no puedo acordarme aunque quiero, lo tenía un barítono italiano, de apellido Petrilli, y era famoso por sus macarroni y moscato espumante y las bellas artistas que llegaban a cantar ópera y a recoger el pañuelo de un galante, generoso, infatigable sultán presidencial. A los pocos días recibí aviso de que el presidente me esperaba en la casa de gobierno. Mozo flaco y de larga cabellera, pretérita indumentaria y exhaustos bolsillos, me presenté ante el gobernante. Pasé entre los guardias y me encontré tímido y apocado delante del jefe de la República, que recibía de espaldas a la luz, para poder examinar bien a sus visitantes. Mi temor era grande y no encontraba palabras que decir. El presidente fue gentilísimo y me habló de mis versos y me ofreció su protección; mas cuando me preguntó qué era lo que yo deseaba, contesté, ¡oh, inefable Jerome Paturot!, con estas exactas e inolvidables palabras que hicieron sonreír al varón de poder: “-Quiero tener una buena posición social.” ¿Qué entendería yo por tener una posición social? Lo sospecho. El doctor Zaldívar, siempre sonriendo, me contestó bondadosamente: “-Eso depende de usted…” Me despedí. Cuando llegué al hotel, al poco rato, me dijeron que el director de policía deseaba verme. Noté en él y en el dueño del hotel un desusado cariño. Se me entregaron quinientos pesos plata, obsequio del presidente. ¡Quinientos pesos plata! Macarroni, moscato espumante, artistas bellas… Era aquello, en la imaginación del ardiente muchacho flaco y de cabellos largos, ensoñador y lleno de deseos, un buen comienzo para tener una buena posición social…
Al día siguiente, por la mañana, estaba yo rodeado de improbables poetas adolescentes, escritores en ciernes y aficionados a las musas. Ejercía de nabab. Los invité a almorzar. Macarroni, moscato espumante. El esplendor continuó hasta la tarde, y llegó la noche.
¿Qué pícaro Belcebú hizo en las altas horas que me levantase y fuese a tocar la puerta de la bella diva que recibía altos favores y que habitaba en el mismo hotel que yo? Nocturno efecto sensacional, desvarío y locura. Al día siguiente, estaba yo mohino y lleno de remordimientos. La cara del hostelero me indicaba cosas graves, y aunque yo hablara de mi amistad presidencial, es el caso que mis méritos estaban en baja. A los pocos días, los quinientos pesos se habían esfumado y recibí la visita del mismo director de policía que me los había traído. Dije yo: “-Viene con otros quinientos pesos”. “-Joven –con un aire serio y conminatorio-, aliste sus maletas y, de orden del señor presidente, sígame”. Le seguí como un corderito.
Me llevó a un colegio que dirigía cierto célebre escritor, el doctor Reyes. Oí que el terrible funcionario decía al director: “-Que no deje salir a este joven, que lo emplee en el colegio y que sea severo con él.” Dije para mí: “-Estoy perdido”. Pero el director era un hombre suave, insinuante, con habilidad indígena, culto y malicioso, y comprendió qué clase de soñador le llevaban. “Amiguito –me dijo-, no encontrará en mí severidad, sino amistad; pórtese bien; dará usted una clase de gramática. Eso sí, no saldrá usted a la calle, porque es orden estricta del señor presidente”. En efecto, comencé a hacer mi vida escolar, no sin causar desde luego en el establecimiento inusitadas revoluciones. Por ejemplo, me hice magnetizador entre los muchachos. Hacía misteriosos pases y decía palabras sibilinas, y lo peor del caso es que un día uno de los chicos se me durmió de veras y no lo podía despertar, hasta que a alguien se le ocurrió echarle un vaso de agua fría en la cabeza. El director me llamó y me dijo palabras reprensivas. No insistí, pero enseñé a recitar versos a todos los alumnos y era consultado para declaraciones y cartas de amor. En tal prisión estuve largos meses, hasta que un día, también por orden presidencial, fui sacado para algo que señaló en mi vida una fecha inolvidable: el estreno de mi primer frac y primera comunicación con el público.
El presidente había resuelto que fuese yo –la verdad es que ello era honroso y satisfactorio para mis pocos años- el que abriese oficialmente la velada que dio en celebración del Centenario de Bolívar. Escribí una oda, que, según lo que vagamente recuerdo, era bella, clásica, correcta, muy distinta, naturalmente, a toda mi producción en tiempos posteriores.
Aquí se produce en mi memoria una bruma que me impide todo recuerdo. Sólo sé que perdí el apoyo gubernamental. Que anduve a la diabla con mis amigos bohemios y que me enamoré ligera y líricamente de una muchacha que se llamaba Refugio, a la cual escribí, en cierta ocasión, esta inefable cuarteta, que tuvo desde luego alguna romántica recompensa:
Las que se llaman Fidelias
deben tener mucha fe;
tú, que te llamas Refugio,
Refugio, refúgiame.
Era una chica de catorce años, tímida y sonriente, gordita y sonrosada como una fruta. El caso fue simplemente poético y sin trascendencias. Poco tiempo después volví a mi tierra.
Por Guillermo Mejía
El poeta nicaragüense Rubén Darío (1867-1916) cuenta en su Autobiografía (DGP; 1962) su vida y peripecias desde su niñez, su pasión por las letras, los encuentros bohemios, sus amores, su legado literario, su labor diplomática. Su amistad con el escritor salvadoreño Francisco Gavidia cuyo encuentro significa “no sólo tener a un guía, sino a un inspirador”.
El “padre del Modernismo”, como se le conoce, es pieza importante junto a Gavidia de la historia literaria de El Salvador y de Hispanoamérica, refiere la nota de presentación de la edición de la Dirección General de Publicaciones del Ministerio de Educación en la colección Biblioteca Popular dirigida por el escritor Trigueros de León.
Para el gusto y conocimiento de mis estimados lectores les presento a continuación el relato del primer viaje de Rubén Darío a tierras cuscatlecas cuando era un mozuelo flaco y peludo, inquieto, admirado por sus versos:
XII
Gobernaba este país entonces el doctor Rafael Zaldívar, hombre culto, hábil, tiránico para unos, bienhechor para otros, y a quien, habiendo sido mi benefactor y no siendo yo juez de historia, en este mundo, no debo sino alabanzas y agradecimientos. Llegar yo al puerto de La Libertad y poner un telegrama a su excelencia todo fue uno. Inmediatamente recibí una contestación halagadora del presidente, que se encontraba en una hacienda, en el cual telegrama era muy gentil conmigo y me anunciaba una audiencia en la capital. Llegué a la capital. Al cochero que me preguntó a qué hotal iba, le contesté sencillamente: “Al mejor.” El mejor, de cuyo nombre no puedo acordarme aunque quiero, lo tenía un barítono italiano, de apellido Petrilli, y era famoso por sus macarroni y moscato espumante y las bellas artistas que llegaban a cantar ópera y a recoger el pañuelo de un galante, generoso, infatigable sultán presidencial. A los pocos días recibí aviso de que el presidente me esperaba en la casa de gobierno. Mozo flaco y de larga cabellera, pretérita indumentaria y exhaustos bolsillos, me presenté ante el gobernante. Pasé entre los guardias y me encontré tímido y apocado delante del jefe de la República, que recibía de espaldas a la luz, para poder examinar bien a sus visitantes. Mi temor era grande y no encontraba palabras que decir. El presidente fue gentilísimo y me habló de mis versos y me ofreció su protección; mas cuando me preguntó qué era lo que yo deseaba, contesté, ¡oh, inefable Jerome Paturot!, con estas exactas e inolvidables palabras que hicieron sonreír al varón de poder: “-Quiero tener una buena posición social.” ¿Qué entendería yo por tener una posición social? Lo sospecho. El doctor Zaldívar, siempre sonriendo, me contestó bondadosamente: “-Eso depende de usted…” Me despedí. Cuando llegué al hotel, al poco rato, me dijeron que el director de policía deseaba verme. Noté en él y en el dueño del hotel un desusado cariño. Se me entregaron quinientos pesos plata, obsequio del presidente. ¡Quinientos pesos plata! Macarroni, moscato espumante, artistas bellas… Era aquello, en la imaginación del ardiente muchacho flaco y de cabellos largos, ensoñador y lleno de deseos, un buen comienzo para tener una buena posición social…
Al día siguiente, por la mañana, estaba yo rodeado de improbables poetas adolescentes, escritores en ciernes y aficionados a las musas. Ejercía de nabab. Los invité a almorzar. Macarroni, moscato espumante. El esplendor continuó hasta la tarde, y llegó la noche.
¿Qué pícaro Belcebú hizo en las altas horas que me levantase y fuese a tocar la puerta de la bella diva que recibía altos favores y que habitaba en el mismo hotel que yo? Nocturno efecto sensacional, desvarío y locura. Al día siguiente, estaba yo mohino y lleno de remordimientos. La cara del hostelero me indicaba cosas graves, y aunque yo hablara de mi amistad presidencial, es el caso que mis méritos estaban en baja. A los pocos días, los quinientos pesos se habían esfumado y recibí la visita del mismo director de policía que me los había traído. Dije yo: “-Viene con otros quinientos pesos”. “-Joven –con un aire serio y conminatorio-, aliste sus maletas y, de orden del señor presidente, sígame”. Le seguí como un corderito.
Me llevó a un colegio que dirigía cierto célebre escritor, el doctor Reyes. Oí que el terrible funcionario decía al director: “-Que no deje salir a este joven, que lo emplee en el colegio y que sea severo con él.” Dije para mí: “-Estoy perdido”. Pero el director era un hombre suave, insinuante, con habilidad indígena, culto y malicioso, y comprendió qué clase de soñador le llevaban. “Amiguito –me dijo-, no encontrará en mí severidad, sino amistad; pórtese bien; dará usted una clase de gramática. Eso sí, no saldrá usted a la calle, porque es orden estricta del señor presidente”. En efecto, comencé a hacer mi vida escolar, no sin causar desde luego en el establecimiento inusitadas revoluciones. Por ejemplo, me hice magnetizador entre los muchachos. Hacía misteriosos pases y decía palabras sibilinas, y lo peor del caso es que un día uno de los chicos se me durmió de veras y no lo podía despertar, hasta que a alguien se le ocurrió echarle un vaso de agua fría en la cabeza. El director me llamó y me dijo palabras reprensivas. No insistí, pero enseñé a recitar versos a todos los alumnos y era consultado para declaraciones y cartas de amor. En tal prisión estuve largos meses, hasta que un día, también por orden presidencial, fui sacado para algo que señaló en mi vida una fecha inolvidable: el estreno de mi primer frac y primera comunicación con el público.
El presidente había resuelto que fuese yo –la verdad es que ello era honroso y satisfactorio para mis pocos años- el que abriese oficialmente la velada que dio en celebración del Centenario de Bolívar. Escribí una oda, que, según lo que vagamente recuerdo, era bella, clásica, correcta, muy distinta, naturalmente, a toda mi producción en tiempos posteriores.
Aquí se produce en mi memoria una bruma que me impide todo recuerdo. Sólo sé que perdí el apoyo gubernamental. Que anduve a la diabla con mis amigos bohemios y que me enamoré ligera y líricamente de una muchacha que se llamaba Refugio, a la cual escribí, en cierta ocasión, esta inefable cuarteta, que tuvo desde luego alguna romántica recompensa:
Las que se llaman Fidelias
deben tener mucha fe;
tú, que te llamas Refugio,
Refugio, refúgiame.
Era una chica de catorce años, tímida y sonriente, gordita y sonrosada como una fruta. El caso fue simplemente poético y sin trascendencias. Poco tiempo después volví a mi tierra.
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