Por Guillermo Mejía
Sin el periodismo honesto, responsable, social y políticamente comprometido con los ciudadanos, aunque nos parezca utópico, la sociedad en general quedaría presa de los intereses particulares de mercaderes y políticos sin escrúpulos, aunque -hay que asumirlo- esa perspectiva lucha contra una cantidad de adversidades.
En la actualidad, y por diversas razones, sobrevivencia, seguridad o ante el apantallamiento de las nuevas tecnologías y la Inteligencia Artificial, cursar estudios universitarios estrictamente sobre periodismo ha ido a la baja alrededor del mundo, lo que ha obligado al cierre de las carreras o a mutar hacia estudios de comunicación social con énfasis en lo digital.
El director del Consejo Latinoamericano de Acreditación de la Educación en Periodismo (CLAEP), Juan David Bernal, advirtió en el podcast “Periodismo en riesgo” de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) que cerca del 70 por ciento de los programas exclusivamente de periodismo en América Latina, que existían hace 20 o 25 años, ya no existen más, porque se han decantado por carreras generalistas con abordaje comunicativo.
Hay que considerar que la “inserción laboral (del estudiante) va a ser más compleja y si vamos un poco sobre las causas subyacentes, pues tenemos que ver también cómo se han precarizado los medios, cómo se han cerrado muchos medios o cómo se han reducido esas grandes redacciones que antes conocíamos y que hoy son cada vez más limitadas”, dijo.
El CLAEP, creado por la SIP y que tiene alrededor de 40 universidades que enseñan periodismo y comunicación social acreditadas en América Latina y sigue con su esfuerzo académico, tampoco deja de lado la imagen negativa que se desprende de la profesión periodística en muchos casos y la negativa de muchos jóvenes a seguir esos estudios.
Según Bernal, por experiencias negativas, de unos 15 o 10 años para atrás, muchos de los periodistas “se han posicionado en el imaginario colectivo como gente que está al servicio del poder” o “que son corruptos o, en otros casos dramáticos, pues la violencia toma la vida de periodistas”, a la vez “con muchos periodistas exiliados, incluso en países que tradicionalmente no exiliaban periodistas”.
“Y eso, sin duda, también hace pensar al chico (estudiante) y a su familia… una decisión (sobre) una carrera universitaria normalmente suele ser un ejercicio de decisión colectivo, consensuado al interior de las familias, y (se) preguntan primero en qué vas a trabajar, segundo, pero cuidado porque están matando muchos periodistas y tercero, pero si los periodistas no hacen bien su labor (…)”, agregó Bernal.
De acuerdo con él, “a veces se bromea y se dice ‘no es que el periodismo ya tiene un nivel de vocación casi como el de los sacerdotes’, o sea es como gente que definitivamente ya siente un llamado muy profundo para hacerlo”, pero también está la lógica peligrosa de gente para la que lo importante es la plataforma digital sin una perspectiva de defensa de las libertades.
En esa perspectiva, muchos jóvenes lo que anhelan es ser creadores de contenido. “(…) Desde describir qué hago desde que me levanto hasta que me acuesto, sin que haya un rigor periodístico, sin que se esté difundiendo algo, se esté dando a conocer una noticia”. Al grado que en otros países ya hay programas de estudio para este tipo de demandas del mercado.
Ante las nuevas tecnologías y la presencia de la Inteligencia Artificial, Bernal señaló que vienen trabajando en tratar de anclar esos avances “a lo que no cambia y lo que no cambia es justamente los valores esenciales del periodismo. Su valor es la democracia, la necesidad de hacer contrapeso al poder, la necesidad de hacer un trabajo riguroso. Eso en ningún marco de transformación tecnológica cambia”.
Ahora bien, según Bernal, hay que partir que tanto las plataformas digitales, los algoritmos, las redes sociales, tienen lógica algorítmica, lógica de mercado, de marketing, de viralización, no tienen una lógica democrática, no tienen una lógica de saber si este contenido promueve o no la desinformación.
Por lo tanto, una persona que trabajará en el periodismo o la comunicación en sentido amplio, tiene que recuperar, en primer lugar, la credibilidad, la curaduría de medios, rescatar la verdad; en segundo lugar, “ver la calidad de democracias que tenemos hoy por hoy en América Latina y hacernos la pregunta de fondo por qué cada vez más nuestros países tienden hacia los populismos, hacia los discursos de odio, hacia la polarización y dónde están esos grises, dónde están las interpretaciones más profundas”.
Radiografía del periodista latinoamericano
Como refuerzo a los planteamientos, considero oportuno traer a cuenta la publicación del libro Los mundos del periodismo: Seguridad, autonomía profesional y resiliencia entre los periodistas en América Latina (2026) por el Centro Knight para el Periodismo en las Américas, Universidad de Texas en Austin, en colaboración con la Universidad de Miami y la Universidad de Texas en Austin.
El estudio abarca consultas con periodistas de México, América Central –El Salvador incluido- y América del Sur y, entre otras conclusiones, expone: la precariedad extendida en la región, los periodistas ocupan varios trabajos para sobrevivir; la autonomía existe, pero está bajo presión y muchas veces se encuentra limitada por el miedo, la falta de acceso a la información, y las amenazas políticas o criminales.
Se agregan: los discursos de odio y ataques están aumentando, incluso en países que antes eran considerados seguros; los periodistas que trabajan lejos de las ciudades son los más vulnerables, y son quienes enfrentan aislamiento y control estatal o criminal; los medios digitales, alternativos e independientes están creciendo, y a menudo sirven como espacios de mayor libertad, pero con una remuneración baja; y, a pesar de todo, los periodistas demuestran resiliencia y un fuerte compromiso con roles democráticos.
El profesor Armando Gutiérrez Ortega, de la Universidad Autónoma de Baja California, México, e investigador del proyecto, señaló en un webinar posterior que su sorpresa “fue descubrir la forma en que poco a poco algunos movimientos populistas en América Latina, en general en todo el planeta, se han ido consolidando, han ido construyendo el entorno propicio para poder ejercer el poder público”.
“Creo que es algo que ha sido coincidente, las técnicas para poder controlar esta forma de ‘gestión del silencio’, que es como yo le digo acá en México. No es relevante si el gobierno tiene un corte de izquierda o derecha (…) pareciera como si tuvieran un manual, un Handbook, para poder operar”, añadió.
Por su parte, la profesora y periodista Adriana Amado, de la Universidad Camilo José Cela, Argentina, comentó en la misma sesión que “cuando los presidentes no dan conferencias o las dan de manera muy estructurada, el periodista no tiene posibilidad de participar, entonces termina siendo comentarista de lo que se publica en el Twitter presidencial y quizás tenga libertad de comentar como quiera el Twitter presidencial, pero no tomamos conciencia que no tiene libertad de información, porque no ha podido acceder a preguntar y a obtener información que le hubiera permitido generar una conclusión más ajustada a lo que consideramos periodismo profesional”.
Y frente a la utilización de recursos mediáticos tradicionales como digitales, por ejemplo, YouTube, por parte de muchos periodistas, Amado se pronunció porque desde las universidades hay que ampliar la mirada al fenómeno y “romper esa lógica que son los medios el único espacio de desarrollo periodístico y empezar a pensar quizás en profesionales de la información”.
Sea desde el periodismo tradicional, el alternativo y comunitario, o el de construcción de ciudadanía, es un hecho la importancia del periodista para la sociedad y su lucha por la democracia y la justicia social.