viernes, mayo 31, 2024

“Emocracia” y manipulación ciudadana

Por Guillermo Mejía

Los “emócratas” manejan muy hábilmente la madeja de emociones y sentimientos de la ciudadanía que, de manera inocente o cómplice, otorga a los titiriteros políticos un poder desmedido en detrimento de lo que debería ser una auténtica vivencia democrática dentro de la sociedad.

Pero a qué nos referimos con “emocracia”. Es un neologismo que se traduce como “gobierno de las emociones” y, por ende, “emócratas” se relaciona con los respectivos agitadores políticos que instrumentalizan de esa forma a los ciudadanos. Se cita a Bertrand Russell como el que denunció esa perversidad en la época del ascenso nazi, en Alemania.

Críticos y expertos señalan con preocupación que alrededor del mundo los políticos han ido abandonando el discurso racional y el pensamiento analítico y se han decantado por mensajes que imprimen seguridad y emoción en los ciudadanos. Se auxilian especialmente de las redes sociales que cada vez ocupan un espacio primordial en las sociedades.

“La ‘emocracia’ se sustenta en inflamar los sentimientos mediante el populismo, la espectacularización y el radicalismo”, escribió recientemente el periodista español José Javier Rueda, que pone al expresidente estadounidense Donald Trump como una de los principales gestores del modelo.

Según Rueda, Trump “un ególatra multimillonario, sin experiencia política ni mayor don que la capacidad de abrirse un hueco en las redes sociales y los medios de comunicación a través del exabrupto y el desvergonzado uso de la demagogia”. Y que “ganó las elecciones contra todo pronóstico con un mensaje machista, racista y marcadamente nacionalista”.

Si bien el ahora postulante republicano es ícono del modelo de la “emocracia”, la lista mundial es inmensa. Por ejemplo, entran en ella Johnson, Trudeau, Netanyahu, Bolsonaro, Nayib Bukele, Javier Milei, Pedro Sánchez, entre tantos, que explotan las emociones y sentimientos de los ciudadanos en la consolidación del poder.

Para el analista español Germán Gorraiz López, hay dos situaciones que favorecen el alcance de los fines de los “emócratas”: Uno, la presencia de las redes sociales como X, antes Twitter, convertida en vehículo de transmisión de los postulados del “emócrata” de turno para propagar el maniqueísmo, el culto al líder y mediante las fakes news conseguir sumir a la población en la duda existencial. Dos, el 57% de los encuestados en 154 países se muestran insatisfechos con la democracia actual, situación que abre el camino de los “emócratas” al poder.

“Los emócratas se sirven de la llamada inteligencia maquiavélica, consistente en el ‘uso de comportamientos cooperativos o combativos que le puedan reportar mayores posibilidades de adaptación en función de una situación concreta”, afirma. “Asimismo, los emócratas se distinguen por su extraordinaria capacidad para encontrar las debilidades ajenas y utilizarlas en beneficio propio, así como realizar acciones complejas que pueden no ser entendidas en un principio por sus votantes pues sus metas se proyectan hacia un futuro mediato (implementación de un sistema Presidencialista con claros tintes autocráticos)”, agrega.

Según Gorraiz López, su labor vendría facilitada por el encefalograma plano de la conciencia crítica de la sociedad actual, sedada por el consumismo compulsivo y favorecida por la decadencia del llamado cuarto poder: “Así, en la actualidad, la práctica periodística estaría peligrosamente mediatizada por la ausencia de la exégesis u objetividad en los artículos de opinión, así como por el finiquito del código deontológico periodístico”, denuncia.

Concluye el autor con lo siguiente: “Asimismo, la emocracia sería el caldo de cultivo de la autocracia, forma de gobierno ejercida por una sola persona, especie de parásito endógeno de otros sistemas de gobierno (incluida la llamada democracia formal). Así, partiendo de la crisálida de una propuesta partidista elegida mediante elecciones libres, llegado al poder el emócrata se metamorfosea en líder Presidencialista con claros tintes totalitarios, lo que confirma el aforismo de Lord Acton ‘El Poder tiende a corromper y el poder absoluto corrompe absolutamente’”.

Como contexto, creo oportuno agregar algunos elementos acerca del consumo de medios de comunicación y el papel de la desinformación en El Salvador, tomando en cuenta que en la “emocracia” ese vicio tan propagado resulta un instrumento muy útil para los “emócratas” de turno en la consolidación del poder.

Veamos. La última encuesta de la Universidad Centroamericana “José Simeón Cañas” (UCA), referida al segundo año de la imposición del Régimen de Excepción, arroja algunos datos acerca del consumo de medios en El Salvador, que nos permiten acercarnos al análisis e interpretación del fenómeno de la desinformación.

En ese sentido, los salvadoreños dicen que se informan sobre el quehacer del gobierno del presidente Nayib Bukele a través de redes sociales (59.6%); televisión (29.5%); periódicos digitales (4.1%); radio (2.5%); periódicos impresos (1.9%); y otros (2.5%).

Hay cambios sustanciales con respecto al consumo de medios que reveló la encuesta de la UCA cuando se cumplió el primer año de la imposición del Régimen de Excepción, en 2023: redes sociales (46.8%); televisión (44.0%); periódicos digitales (3.9%); radio (2.9%); y periódicos impresos (1.8%).

En el estudio de opinión de la UCA anterior al del 2023 citado, que midió la opinión sobre el derecho humano al agua, fue la televisión (45.3%) y las redes sociales (42.9%) los espacios privilegiados para informarse por los ciudadanos. Como podemos observar, pues, en 2024 se refleja la forma en que las redes sociales se van imponiendo en el consumo mediático y, por ende, estamos más expuestos a la desinformación.

En otras ocasiones he expuesto que es necesario, por un lado, apostarle a la ciudadanización de la política a fin de apropiarse de ese derecho secuestrado por grupos de poder, mientras, también hay que apostarle a la ciudadanización de la comunicación. En otras palabras, participar de ese derecho a la par que el sistema mediático potencie el traslado de la información y se abra a la pluralidad de voces en el espacio público.

Que la sociedad se apropie de la comunicación con la alfabetización mediática y la alfabetización digital. Receptores educados en el manejo de los medios, además alfabetizados en el uso de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación (TIC) y que cuenten con acceso a la red de redes, para ejercer ciudadanía.

Pasar de ser simples consumidores de los espacios mediáticos a constructores de sus propios discursos, aprovechando las posibilidades que ofrecen las TIC.

El comunicólogo boliviano Carlos A. Camacho Azurduy cree necesaria la participación ciudadana en el sistema mediático y para eso hay dos formas concretas: Que los medios brinden una oferta informativa noticiosa de calidad “para que los ciudadanos viertan opiniones argumentadas capaces de establecer diálogos y generar debates públicos para llegar a consensos sobre lo que es común a todos (asuntos públicos)”.

En segundo lugar, “(…) También se debe procurar la educación para la recepción, en el sentido de ayudar a las personas a desarrollar sus propias capacidades y habilidades para apropiarse, usar y re-significar la información y, fundamentalmente, impulsar su capacidad crítica y argumentativa para formarse una opinión propia y sustentada y, de este modo, generar corrientes de opinión dominantes y promover acciones transformadoras”.

Ese binomio comunicación y política es de suma importancia para la sociedad. Los ciudadanos, a la vez consumidores de información, deben contar con las herramientas para acercarse de manera crítica a la oferta mediática, local y global, y la toma de conciencia parte de reconocer la forma en que se da el fenómeno en la realidad. Un buen antídoto contra la desinformación en tiempos de la “emocracia” y sus “emócratas”. 

viernes, mayo 03, 2024

Un internet social ante el monopolio de las plataformas digitales

Por Guillermo Mejía

Frente a la manipulación emocional de millones y el negocio que representa para las plataformas digitales surgen las siguientes preguntas de parte de especialistas y académicos: ¿Se puede rescatar el sentido social que debe tener la red de internet? ¿Se puede extinguir esa forma en que se explota a los ciudadanos en la red de internet por parte de las plataformas digitales?

Partimos de reconocer el aporte del académico holandés Geert Lovink, teórico de medios y crítico de internet, que habla sobre el problema en su informe “La extinción de internet: política, redes y plataformas” (2024), publicado por el Departamento de Comunicación de la Universidad Pompeu Fabra, con aportes de los profesores Laura Pérez-Altable y Carlos A. Scolari.

Dice Lovink que, a lo largos de los últimos años, “he señalado cómo las implicaciones políticas y estéticas del ruido y la distracción afectan nuestro estado mental, sobre todo en el caso de las generaciones más jóvenes. Aún está por verse si estos apuntes sobre la ansiedad, la ira y la tristeza en la red pueden ofrecernos piezas útiles para construir alternativas”.

Y luego se hace las siguientes preguntas: ¿Qué tipo de “tecnologías del ser” necesitaremos diseñar para poder conocernos a nosotros mismos en una dirección opuesta a la de los regímenes normativos que se nos imponen? ¿Cómo podemos vivir una vida no plataformizada mientras seguimos gozando de los beneficios de vivir conectados a través de las redes sociales?

Según Lovink, si bien las redes sociales pueden ser descritas como el verdadero motor de las tecnologías imaginarias del presente, una y otra vez se encuentran con una expropiación capitalista que, reactiva por naturaleza, obliga a lo social a rendirse; por lo tanto, es necesario revertir esa tendencia y devolver a lo social su propia autonomía, su propio poder de decisión.

“A pesar de las derrotas, lo tecnosocial aún conserva su poder transformador, y está lejos de ser una víctima indefensa del capitalismo. Este es un asunto a tener en cuenta si queremos anticiparnos a la sociedad tecnológica durante esta turbulenta ‘segunda crisis del petróleo’. Lo es, por ejemplo, si aspiramos a superar en términos energéticos a los dichosos data-centers, concibiendo nuevas arquitecturas computacionales de redistribución que nos den una alternativa a guardar todas nuestras bibliotecas de forma offline en discos duros de terabytes”, sentencia.

El impacto de las plataformas en el populismo

La maestra Laura Pérez-Altable reivindica a Lovink al considerar cómo las plataformas digitales no solo moldean la opinión pública y el discurso político, sino también influyen en nuestra visión del mundo y en la estructura de nuestras sociedades, a la vez de imaginar y pensar de forma crítica sobre el mundo que surgirá tras la “extinción” de internet tal como lo conocemos.

“Los algoritmos que buscan maximizar la participación a través de la personalización y la confirmación de sesgos preexistentes crean un ambiente en el que las narrativas simplificadas y cargadas de emoción predominan sobre el análisis detallado y fundamentado, promoviendo la normalización del discurso populista de extrema derecha en la esfera pública”, denuncia.

“Este fenómeno promueve la normalización y legitimación del discurso populista en la esfera pública, presentándose como una narrativa política más entre las diferentes opciones. Influencers y personalidades públicas, quienes no se identifican como actores políticos tradicionales, proyectan un discurso que parece más genuino, menos sesgado y más imparcial que el discurso político”, añade.

Pérez-Altable advierte que esto contribuye a una integración más discreta y a una adopción efectiva de sus puntos de vista entre la población, con el potencial de alterar la percepción pública sobre los partidos de extrema derecha entre los electores, normalizando así la elección de estas opciones políticas extremas en procesos electorales.

“Desde una perspectiva sociopolítica, la infraestructura y funcionamiento de las plataformas digitales facilita la aparición y consolidación de movimientos populistas que aprovechan la capacidad de las plataformas digitales para difundir rápidamente mensajes emocionales, a menudo en detrimento del razonamiento basado en hechos y la deliberación democrática”, recalca.

Es de recordar a figuras del mundo político como Nayib Bukele, Donald Trump, Javier Milei, Jair Bolsonaro, Marine Le Pen, Matteo Salvini y Santiago Abascal, algunos de ellos mencionados por la académica, que hábilmente han aprovechado el poder e influencia de las plataformas digitales en la configuración de la opinión pública.

“Utilizan estas plataformas para difundir sus ideas populistas, a menudo dirigidas contra las élites, que pueden ser tanto representantes corruptos del gobierno (según su versión) como empresas tecnológicas. Además, se presentan como defensores de la población frente a aquellos a quienes acusan de cometer delitos o quitar empleos. En ese contexto, la veracidad de sus declaraciones tiende a ser menos relevante que la emoción que suscitan entre su audiencia”, señala.

Según Pérez-Altable, desde una perspectiva social, surge la pregunta sobre cuánta importancia atribuimos a este discurso generado en las plataformas en nuestra opinión pública. En última instancia, se trata de salvaguardar el correcto funcionamiento de la opinión pública y asegurar que los debates que tienen lugar en este espacio se centren en los problemas cotidianos de nuestra sociedad, y los medios de comunicación juegan un papel crucial en este sentido.

“En ese contexto, al analizar el contenido de los mensajes de extrema derecha en las plataformas digitales nos podemos preguntar cómo influyen en la ciudadanía. En otras palabras, nos preguntamos por qué miles de personas siguen votando por partidos de extrema derecha elección tras elección, influenciadas por el contenido que encuentran en las plataformas digitales en algunos casos, incluso cuando los discursos de estos partidos van en contra de sus intereses fundamentales”, reflexiona.

Luego contesta: “La respuesta a esta importante pregunta radica en gran medida en la infraestructura de estas plataformas digitales y nuestra creciente dificultad para evitar una vida dominada por ellas, a pesar de alto coste que esto implica, tal como Lovink destaca en su texto. Sin embargo, Lovink también nos recuerda que no todo está perdido en este escenario desafiante”.

Recuerda que el autor holandés en su libro “Atascados en la plataforma” (2023) enfatiza en la necesidad de reconocer que simplemente pedir a las corporaciones que se abstengan de recolectar datos en una postura ingenua. No debemos esperar que una revolución surja únicamente a través de las regulaciones y multas, sino que se requiere un enfoque más activo y colectivo para cambiar las dinámicas actuales.

Pérez-Altable recuerda las palabras del filósofo italiano Antonio Gramsci, quien afirmó que en momentos de transición, “cuando el viejo mundo se desvanece y el nuevo tarda en emerger, en ese periodo de oscuridad surgen los monstruos”.

Y, en consecuencia, concluye: “Actualmente, nuestra sociedad podría estar atravesando este periodo de oscuridad, y nos corresponde reconocer esta realidad y colaborar en la construcción de un futuro donde estos ‘monstruos’, en términos de Gramsci, no dicten nuestro destino ni socaven nuestros sistemas democráticos. En este futuro, que en cierta medida ya es nuestro presente, abordar sus implicaciones requiere un esfuerzo colectivo que incluya la reformulación de nuestras prácticas informativas y la reestructuración de las plataformas digitales, tal como nos invita a reflexionar Lovink en su texto.”